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Alan Brian Giraud obtuvo, desde el principio de su existencia, el hollín y el cielo de posibilidades infinitas de la Ciudad de Buenos Aires, inaugurando sus noveles pulmones junto al adoquín y el arte que recubre la imponente urbe. Desde chico comenzó a respirar arte por doquier. El cine se hizo carne con sus pasiones, y posteriormente la literatura, donde todo comenzó con una lectura ingenua de la Biblia, para después desarrollarse una enérgica pasión por libros que cuestionan la trama que se oculta detrás de una existencia "normal". Mientras el fervor religioso se extinguía en él, el ateísmo y un espíritu atento a las sensibilidades del mundo, en conjunto con una posición cuestionadora e inconforme, sembraron en el autor una semilla del arte. De pequeño no tenía amigxs, solamente los personajes de las pelis, que "lo esperaban" a la vuelta de su colegio de instrucción militar en el barrio porteño de Caballito. Ante la rigidez de la disciplina militar y la agresividad natural de su contexto se le antepuso el amor por el arte, que luego desembocó en sus dos vertientes de sublimación: la escritura y el teatro. A su vez, otra pasión comenzó a emerger en su búsqueda por respuestas es el gran misterio de la mente y los vínculos, misterio que intenta desentrañar la psicología, carrera que el autor desarrolla con la misma pasión.