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Ernesto Giménez Caballero (Madrid, 2 de agosto de 1899-Madrid, 15 de mayo, 1988) publicó su primer poema en Blanco y Negro a los quince años. En 1920 finalizó brillantemente sus estudios universitarios de Letras y empezó a trabajar en el Centro de Estudios Históricos. Fue lector de español en la Universidad de Estrasburgo y allí escribió una novela titulada El fermento. En mayo de 1921 cumplió el servicio militar en el protectorado de Marruecos y en el mes de julio de ese año se produjo el desastre militar de Annual. Giménez dejó constancia de su opinión en su libro Notas marruecas de un soldado. Algunos de los capítulos fueron reproducidos en El Liberal y La Libertad. Le granjearon los apoyos de figuras como Unamuno e Indalecio Prieto, pero también un proceso por difamación en el que se le pidieron dieciocho años de cárcel. No llegó a haber sentencia porque en septiembre de 1923 comenzó la dictadura de Primo de Rivera y regresó a la Universidad de Estrasburgo. Desde allí colaboró en el periódico La Libertad y, a su regreso a España, en El Sol y la Revista de Occidente. Impulsó las vanguardias artísticas en España. Su segundo libro, Carteles, deconcepción entre lo textual y lo plástico, fue una de sus más significativas aportaciones al espíritu vanguardista. Fundó y dirigió La Gaceta literaria en 1927. En los años posteriores escribe las siguientes obras: Los toros, las castañuelas y la Virgen;Julepe de menta; Hércules jugando a los dados;Yo, inspector de alcantarillas, y Trabalenguas sobre España. Fue uno de los primeros intelectuales españoles en adherirse abiertamente a las ideas fascistas y estuvo vinculado con la Italia de Mussolini. Sus ideas políticas se expresan en los libros Genio de España (1932), La nueva catolicidad (1933) o Arte y Estado (1935). Ganó la cátedra de Literatura del Instituto Cardenal Cisneros de Madrid en 1935 con un tribunal presidido por Unamuno. La sublevación militar del 18 de julio de 1936 le sorprendió en Madrid. Se refugió en casa de su dentista alemán, se tiñó de rubio y tomó un avión con destino a Italia, de donde pasó a Salamanca para ponerse a las órdenes personales de Franco. En 1937 hizo los cursillos de alférez provisional en la academia de Pamplona con el fin de incorporarse al frente. No entró en acción, pero convivió con las tropas nacionales y desarrolló un culto a la muerte, a la vez que radicalizaba hasta la caricatura su catolicismo patriótico, como puede apreciarse en su periódico de trincheras Los Combatientes o en el curioso folleto El vidente. A este período pertenece también Los secretos de la Falange (1939). Fue procurador en las Cortes franquistas hasta 1958 y profesor de Literatura en la Escuela Oficial de Periodismo. A partir de la década de los cincuenta y hasta 1970 ejerció también como diplomático (agregado cultural, primero, y embajador, después) en Iberoamérica. A su regreso a España, colaboró en la prensa nacional y prosiguió su labor literaria. En 1979 publicó Memorias de un dictador y en 1985 recibió el Premio Espejo de España de la editorial Planeta por su obra Retratos españoles (bastante parecidos).