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Es feliz siendo esposo, padre y psicólogo logoterapeuta en escuelas primarias y secundarias en contexto de vulnerabilidad sociocultural. La universidad no fue una época placentera, pues no encontró, dentro de las teorías de los docentes, un lugar donde desarrollar lo que sentía. Rindió siete veces una materia sin saber que cuando se recibió de psicólogo abrazó la logoterapia de Víctor Frankl, teoría que impartían en esa cátedra. Cuando se recibió y comenzó a trabajar descubrió para lo que estaba hecho. Mucho más cuando la vida lo llevó a trabajar en las escuelas, rodeado de niños y adolescentes. Sabe, siente y piensa que está para darse a ellos. Y el sentido creció, se le hizo patente que necesita ayudar a las nuevas generaciones a descubrirse y encontrar el camino. Pero no se quedó ahí, pensó que ellos también necesitaban adultos felices, viviendo lo que son y por eso escribió este libro.