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Francisco de Arango y Parreño fue el gran auspiciador del liberalismo económico en Cuba desde fines del siglo XVIII hasta las primeras décadas del XIX. El pensamiento económico de Arango estuvo a la altura del de Adam Smith, cuya obra conocía. Arango supo utilizar las coyunturas políticas y económicas de su tiempo para conseguir la liberalización de las relaciones comerciales, el fomento de la trata de esclavos y la consolidación del sistema de producción esclavista, lo cual condujo a un intenso desarrollo de la economía y de la agricultura colonial en Cuba. Una vez alcanzado el auge económico deseado y hecho patente la necesidad de introducir nuevas tecnologías para mantener la competitividad en el mercado mundial, su objetivo fue acelerar la introducción de mano de obra libre y blanquear tanto la producción como la población mediante la abolición del tráfico. Para conseguir la aprobación de la Corona, Arango utiliza en su correspondencia representaciones del sujeto africano basadas en los estereotipos del esclavo dócil y el esclavo rebelde. Por lo general, para fomentar la trata usa la imagen del esclavo dócil en relación con Cuba, mientras que la del rebelde la asocia con Haití. Para apoyar el blanqueamiento, sin embargo, le atribuye la rebeldía al sujeto de origen africano en Cuba. Además de trazar cómo Arango modifica su posición respecto a la trata para favorecer los intereses económicos y culturales de la oligarquía, este ensayo analiza cómo las construcciones dicotómicas del sujeto dócil y el rebelde son centrales en su discurso.