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Ginnie Forcher creció pensando que iba a ser escritora, aunque después la vida (¿el miedo?) la llevó a ser traductora y maestra de inglés. Al final, esas experiencias (y mucha terapia) le sirvieron para ponerse a escribir. Vive en Buenos Aires (con dos gatos), donde pueden encontrarla leyendo, tomando té (con azúcar y leche, obvio) o armando playlists para cada estado de ánimo. No somos el principio es su primera novela.