Keine Suchergebnisse
Hola, me llamo Javier Rivera, nací en Lima, Perú, el año 1962. Desde la pubertad moraron en mí esos incontenibles deseos de expresar en un manuscrito lo que mi corazón sentía. Para entonces, me dedicaba como tantos, a escribir poemas. La vida me llevó por un rumbo diferente, y me encontré estudiando administración de empresas para posteriormente trabajar justamente en eso... dirigiendo empresas. Sin embargo, cuando la incontenible fuerza natural interior, intrínseca, es ignorada por mucho tiempo, se rebela, se impone y se manifiesta doblegando toda voluntad o circunstancia externa. Es que nace junto con nosotros, y tenemos que cultivarla para que durante el desarrollo de nuestra vida, esa facultad inherente, se transforme en vocación y luego en misión de vida. Y fue así, corría el año 2004 mientras trabajaba en una importante empresa, mi espíritu se fue imponiendo a la rutina laboral, robándole espacio y tiempo, para poco a poco, escribiendo ideas en papelitos, una historia que danzaba en mi corazón veía la luz. Frente al teclado, logré romper el hielo del "no puedo" y empecé a hacer realidad esas imágenes abstractas que me acosaban tiempo atrás. Poco a poco "Pisando Hojas Secas" fue apareciendo, fue adquiriendo coherencia hasta convertirse en una realidad. No fue fácil, no fue difícil, fue mágico y fluido; alguien te lo dicta al oído a una velocidad inclemente y tienes que tener una enorme capacidad de retención para que no huyan las ideas... tal cual me ocurre en este instante. Paralelamente, cuando "Pisando Hojas Secas" se estaba creando, decidí renunciar a esa gran empresa que me acogió durante catorce años, y viajar al siempre místico Cusco. Luego de andares inciertos iniciales, integré durante seis años un grupo dedicado a meditaciones trascedentales, lo cual sirvió para un importante crecimiento interior. Compartía esas actividades con más escritos, novelas y poemas que posteriormente publicaré. Ahora radico en Arica Chile, desarrollando actividades que sostienen mi vida exterior; mientras, la interior continúa vibrando con creaciones literarias que dan soporte a la necesidad de sentirme vivo, dejando fluir ese río interno que es posible encauzar, pero represar, nunca más.