Marcela Thesz
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Me formé como instructora de tai chi y, posteriormente, de qigong. Di clases grupales durante once años antes de enfocarme en la práctica terapéutica individual, en la que llevo ya varios años. Además, me formé en distintas terapias energéticas orientadas a la sanación y estudié mucho sobre filosofías orientales y energía.En 2007 comencé formalmente a escribir. Abrí el blog Tai Chi del Parque, en el que escribí durante diez años sobre las prácticas corporales y la meditación. Los años que guie el Círculo de Mujeres también escribí relacionado a eso. Y, luego, publiqué dos libros de manera independiente: El camino de la serpiente y Memorias de luz.En 2010 conecté con el budismo y la meditación zen. Era una búsqueda interna que estaba pendiente en mí y cuando la pude concretar sentí que todo tomaba un nuevo sentido, como si hubiera sido practicante toda la vida. En 2012 tomé los votos de Bodhisattva en la Sangha Viento del Sur y posteriormente realicé también una Diplomatura en Budismo. Desde entonces la practica zen, junto con el qigong, son una constante en mi vida.Pero no fue esa mi primera experiencia en meditación. Comencé a meditar de niña, cuando mis padres me llevaron a un entrenamiento de meditación trascendental. Mi primer recuerdo de haber utilizado la meditación como un recurso de gestión emocional es de los ocho años, cuando le pedí a mi maestra de tercer grado que me permitiera meditar en el recreo para así regular mi enojo. Ella accedió y, junto con el apoyo que me brindaron mis padres, se sembró en mí una semilla que germinaría años después.Comprendí de tan pequeña que la observación y la voluntad para estar bien dependen de mí y luego me olvidé de todo, porque incluso semejante consciencia se pierde si no se practica. Necesité varios golpes de la vida para reaccionar y recordar esos principios básicos.En 2016 sentí que era momento de cerrar todas las prácticas grupales que dictaba para orientarme a la terapia individual. Amplié mi formación hacia la bioenergética y otras prácticas occidentales de consciencia corporal-emocional. Creé progresivamente la terapia del útero además de abrirme a asistir a personas en procesos psicocorporales, emocionales y energéticos a través del movimiento consciente, la respiración y la meditación, dándoles herramientas para lograr su bienestar de manera activa y voluntaria. Por supuesto, mis alumnas son mayoritariamente mujeres.