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A la autora de este libro, Margot Chamorro, le gustaba desde muy pequeña observar todo lo que le pasaba por delante de los ojos: las peleas, el barrendero, el Callejón, los pajaritos que andaban saltando por la Plazuela, el sol, una nube… Era todo tan hermoso que soñaba con plasmarlo, pero estaban viviendo la guerra del año 36, y no tenía pinturas, ni lápices, ni tan siquiera un trozo de papel. Un buen día dijo: "querer es poder". Así que, desde entonces, iba a la plaza de Calatrava y buscaba en la basura pequeños trozos de teja con los que dejaba grabadas en el suelo sus fantasías. En invierno la lluvia las borraba, pero, obstinada, las pintaba una y otra vez. Ya de mayor, fue a la academia Cid a estudiar dibujo, que luego le sirvió para ponerse a trabajar. De la mano de su profesor leyó aquel libro, Chiquillos, de William Saroyan. Saroyan fue quien la impulsó a poner por escrito todo lo que había vivido. Así nació este, su primer libro. Escribió además narrativa, poesía, teatro, artículos, cuentos y poesía para niños, colaborando en ediciones colectivas, periódicos y revistas, y ejerciendo de cuentacuentos. También pintó óleos y acuarelas que expuso en el Parador Nacional de Tui.