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Un Titán de gran corazón, esencia de niño y alma soñadora, esculpido con el cincel de esos huracanes que no agotan su soplido hasta que dejan huella a su paso, así es Paul Montiel, un ángel en la tierra, con impaciencia por vivir, que te empuja a recordar que la vida es una carrera de fondo y que, abrir los ojos cada mañana, un gran regalo. Venezolano, adoptado en Asturias, siempre fue alegre, inquieto y enérgico hasta que, los avatares de la realidad, intentaron apagar su luz. En plena juventud, a los 24 años, un accidente le dejó sin una pierna y con 80 clavos en la otra. Comenzó ahí un camino de profundo aprendizaje y reconquista personal que ha culminado a los 50 con la fehaciente certeza de que, justo cuando parecía que la vida le estaba quitando todo, le dio lo más importante: la verdadera felicidad.