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Entre las obras del papa san Gregorio Magno (+ 604 d.C.) se encuentra el Libro de los Diálogos, donde relata la vida de varios santos de la península itálica venerados en su época. El segundo libro lo dedica enteramente a san Benito, nacido en Nursia (Umbria) hacia el año 480 d.C. San Gregorio pudo informarse sobre la vida del monje y abad Benito a través de varios discípulos directos. Siendo Benito un joven estudiante en Roma, decide cambiar radicalmente su vida y se hace monje. Una hermana suya, de nombre Escolástica, ya había sido consagrada a Dios desde su infancia. Al inicio de su nueva vida, Benito habita en una cueva de la región montañosa de Subiaco, donde más tarde establecerá varios monasterios con sus discípulos. Años después se traslada a la región de Montecassino, donde funda un nuevo monasterio, en el cual reside hasta su muerte. Allí aumenta su irradiación espiritual, y escribe la conocida Regla de los monjes, que a lo largo de los siglos tendría amplísima difusión. El abad Benito muere santamente rodeado de sus discípulos en torno a los años 555-560 d.C.