Keine Suchergebnisse
Nací en año bisiesto y tuve una niñez mala. A los siete años, deploraba las matemáticas y por eso un lunes soleado me escapé de clase. La bibliotecaria del colegio me refugió entre los libros, que resultaron ser una válvula de escape. Mucho más crecido, en 1999, y a punto de terminar la universidad, se me ocurrió huir de nuevo. Abandoné la carrera y cuando mi madre se enteró me rompió la cara a bofetadas. En mis tiempos de librero en la Buchholz y en la Alianza, nació mi primer hijo, Santiago. Desde que ese niño palpitó por primera vez, Dios sabe que empecé a querer de verdad. Años después, cuando me dedicaba al negocio de los bares, conocí a Cielito, la madre de Samuel, mi segundo hijo, quien además me indujo a retomar mis estudios. En 2014 recibí mi diploma. La noticia del grado fue tal que mi padre, en público, me ofreció un regalo. Yo propuse una Maestría en Escrituras Creativas y me di el lujo de verlo capitular ante mi vocación. En la actualidad, soy profesor de universidad, como quería, y ayudo a mi padre a luchar contra un tumor en el párpado izquierdo.