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Conoció el rigor del sur de Chile y de su época a los 12 años, cuando, desde su acogedor Puerto Aysén, debió emprender un viaje a lo desconocido. El destino, la Escuela Normal de Valdivia; era el año 1959. Sólo un año después, la tierra se remeció durante los 10 más largos minutos que la humanidad haya conocido. Una de las pocas cosas que quedarían en pie sería la misma Escuela Normal junto con sus ilesos alumnos, entre ellos Segismundo. En su etapa adulta, en Santiago, casado y con un hijo, estudia Construcción Civil en la Universidad Técnica del Estado, ahí volvería a encontrarse con el rigor del sur y de su época. Su padre, quien aún seguía viviendo en Puerto Aysén junto a su madre, en 1973, fue tomado preso y torturado. El único camino posible, el autoexilio en Argentina. Segismundo volvería a Chile para terminar sus estudios, mientras sus padres y hermanos buscarían rehacer sus vidas en el árido Comodoro Rivadavia. Ya con tres hijos y en plena dictadura, el destino lo llevaría nuevamente a vivir a Puerto Aysén y Coyhaique, desde donde se desempeñaría, por largos años, como jefe del departamento de agua potable rural, del entonces SENDOS. Antes de la construcción de la carretera Austral. El conocimiento profundo del rigor de su geografía y su época, continuo y áspero, como el viento del sur, no produjo herida; sino callos y dureza, además de agudeza mental y picardía. Así, la pluma del autor no es quejido ni llanto; sino relato vívido, ágil, rudo, desapegado, sagaz, risueño. Características comunes de los sobrevivientes de ese espacio y tiempo.