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Rapsoda por oficio, epitafista por convicción. Vladimir Boroa ha desarrollado su obra profanando la tumba del verso medido, la cadencia y la rima, abarcando los temas y tópicos de la literatura y el pensamiento clásico. Reniega de los premios que ha ganado (2017; etc.), destruyendo los poemas ganadores de cada convocatoria; y de las menciones honrosas recibidas, de cuyo nombre no quiere acordarse (2018, 2019, 2020). Es autor del libro «Escatología. Poemas para un holocausto nuclear» (Ediciones Filacteria, 2024). También aparece en las antologías «120 poemas para Pablo de Rokha» (Ediciones Askasis, 2014. Chile), «Callejones de Palabras, Antología poética de Valparaíso» (Ediciones Caronte, 2019. Chile); y «Homenaje a Gustavo Adolfo Bécquer» (Estandarte, 2015. España). «Creo haber nacido en la época equivocada. Debí nacer el último día del mundo», reza la inscripción en su lápida ya adquirida. Le han llamado poeta extemporáneo. Él no sabe qué significa extemporáneo.