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Thomas Hall es un joven de la ciudad de Massachusetts que, desde una temprana edad, padece de un trastorno conocido como parálisis del sueño. A lo largo de esta obra, conoceremos sus peores experiencias y horrores que van más allá de la realidad.
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Seitenzahl: 123
Veröffentlichungsjahr: 2023
Producción editorial: Tinta Libre Ediciones
Córdoba, Argentina
Coordinación editorial: Gastón Barrionuevo
Diseño de tapa: Departamento de Arte Tinta Libre Ediciones.
Diseño de interior: Departamento de Arte Tinta Libre Ediciones.
Suárez Míguez, Octavio
Atrapado en mí / Octavio Suárez Míguez. - 1a ed. - Córdoba : Tinta Libre, 2023.
114 p. ; 21 x 15 cm.
ISBN 978-987-824-552-2
1. Narrativa Argentina. 2. Novelas. 3. Novelas de Terror. I. Título.
CDD A863
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Hecho el depósito que marca la Ley 11.723
Impreso en Argentina - Printed in Argentina
© 2023. Suárez Míguez, Octavio
© 2023. Tinta Libre Ediciones
Para una persona muy especial en mi vida.
Te doy las gracias por siempre confiar en mí.
Este libro va dedicado para vos.
En donde quieras que estés.
Te echo de menos, abuelo.
J. E. M
Atrapado en mí
CAPÍTULO 1
Eran las 2:45 a. m. de un jueves, Thomas estaba durmiendo profundamente en su sillón que se encontraba en la sala de estar; la televisión estaba encendida en un canal de series que él solía mirar los martes y jueves. Se despertó, se sentó en el sillón y se refregó los ojos para poder abrirlos bien. Al momento de ponerse de pie, la televisión comenzó a hacer estática y se apagó. Toda la sala quedó a oscuras (no sabía por qué se había despertado a esas horas de la mañana), la televisión seguía apagada, pero no le dio importancia. Caminó hacia la cocina a beber un vaso de agua, tenía la garganta seca, volvió a la sala de estar, pero notó algo raro en el ambiente, como una especie de sensación de frío y de ser observado. Se recostó en el sillón e intentó cerrar los ojos por un momento; de repente, sintió una pesadez en el pecho, como si alguien o algo estuviera sentado en él y lo dejaba sin poder respirar. Entonces abrió los ojos tan grandes como pudo y en ese instante fue cuando pudo discernir una sombra inhumana que por lo menos alcanzaba dos metros de altura, con una cara alargada y unos ojos color sangre, que le hacía presión con una fuerza tan brutal que pensó que iba a morir por asfixia.
La respiración se le aceleró, su corazón empezó a latir más fuerte. Se quedó mirando a esa sombra terrorífica por unos instantes e intentó gritar, pero fue en vano, por más que lo intentó una y otra vez no pudo emitir ni un solo ruido, como si se le hubieran roto las cuerdas vocales. Quiso mover los brazos y las piernas, pero no pudo, sintió como si el cuerpo le pesara una tonelada, entró en pánico y ese monstruo que vio con sus propios ojos le susurró algo al oído que no pudo comprender ya que fue en una lengua desconocida. Luego de toda esa experiencia, la sombra que logró discernir en la oscuridad se había ido como si nada hubiera pasado.
Thomas continuaba sin poder moverse, pero comenzó a poder hablar después de unos segundos y lentamente empezó a mover el cuerpo. «¿Qué fue toda esa mierda?», se preguntó a sí mismo. «¡Qué sueño tan horrible, la puta madre!». Todavía seguía tenso debido a la horrible experiencia. Logró levantarse del sillón y caminó hasta el baño para lavarse la cara y estar más lúcido, se miró en el espejo por unos minutos y su cara comenzó a cambiar drásticamente haciendo formas escalofriantes, pensó que, tal vez, era debido a la falta de sueño que había empezado a alucinar. Apagó la luz del baño y caminó hacia la cocina por otro vaso de agua, mientras se dirigió hasta allí, escuchó unos pasos atrás de él, como si lo estuvieran siguiendo, pero era imposible ya que se encontraba solo en su casa. Las piernas le habían empezado a temblar cuando tomaba el vaso con agua; terminó de beber y fue rápidamente a su habitación, que quedaba a unos metros de la sala de estar.
Justo cuando iba corriendo, se tropezó con algo y se cayó en el pasillo. “¡Carajo!”, dijo Thomas, casi gritando como enfermo.
Se levantó y siguió hasta la habitación. El pasillo estaba con las luces encendidas, lo que lo tranquilizaba un poco. Abrió la puerta y encendió la luz, miró el entorno y notó que la ventana estaba abierta, entonces, fue corriendo a cerrarla y se metió en la cama debajo de las sábanas como un niño que se encuentra asustado. Thomas se acordaba de que a la puerta la había dejado abierta, pero tenía tanto miedo de salir de las sábanas o de tan solo fijarse por encima de ellas que decidió cerrar los ojos y tratar de dormirse.
Despertó de golpe y estando acostado agarró el despertador, eran las 4:35 a. m. «Qué temprano que es», pensó para sus adentros. Escuchó unos pasos en el pasillo, pensó que era otra vez esa cosa que había visto y comenzó a apretar los dientes para no gritar; se metió de nuevo entre las sábanas, se tapó la boca para no emitir ni un solo ruido y se hizo el dormido. Los pasos se escuchaban cada vez más cerca y fuertes, ya no sabía qué hacer para no escuchar esos ruidos que se le metían en la cabeza, haciéndola retumbar por dentro. Toda esa pesadilla que estaba viviendo se hizo interminable. De pronto, los ruidos cesaron; por debajo de las sábanas cerró los ojos lo más fuerte que pudo para no ver otra vez a esa figura. De un minuto a otro, los pasos se hicieron presentes nuevamente y se sentían cada vez más cerca de la cama. Thomas se dio cuenta de una respiración cerca de su oído y esa cosa aterradora le murmuró una frase que no entendió de nuevo porque era en un idioma desconocido, estaba seguro de que era la misma sombra de la sala de estar. Con un miedo terrible, apenas se pudo dormir.
Con los ojos entreabiertos miró la hora en el despertador que se encontraba en su mesa de luz, eran cerca de las 08:30 a. m.; no quería salir de la cama por miedo a que esa figura monstruosa lo viera de nuevo. Tomó aire y decidió mirar a su alrededor por encima de las sábanas empapadas de transpiración, giró hacia el respaldo de la cama y notó un escrito en la pared.
«¿Qué es eso?», se preguntó. Se levantó de la cama y tocó el escrito en la pared. Quedó paralizado al darse cuenta de que era sangre fresca; se miró el cuerpo y vio que en la pierna derecha tenía un rasguño bastante profundo y comenzó a temblar del pánico mediante unos intensos escalofríos. El escrito decía: “¡Sé que estás despierto!”.
CAPÍTULO 2
Thomas esta vez se encontraba con unos amigos de la universidad que lo ayudaban a despejarse cuando sufría alguna parálisis y no lograba dormirse de nuevo. Eran las 09:20 p. m. de un viernes, él y sus amigos decidieron encontrarse en la casa de Frederick, un amigo del grupo, para mirar una película de terror. A Thomas no le gustaba mucho la idea ya que las pesadillas se hacían peores, pero decidió ir sin importar lo que pasara después porque se quería despejar un poco y pasarla bien.
Thomas:¿Ya está todo listo para ver la película?
Frederick: Sí, amigoYa la vamos a empezar a ver, nos vamos a sentar en el sillón.
Thomas: Genial.Ahí voy a mirarla. Por cierto, ¿cuál vamos a ver?
Uno de los amigos del grupo: Amityville; me dijeron que está buena y está basada en hechos reales.
Frederick: Tranquilo, amigo, no pasa nada. La puedes dejar de mirar cuando quieras.
Pasadas las 11:00 p. m. ya habían terminado de ver el film y a uno de ellos se le ocurrió hacer una exploración urbana, debido a que por el barrio donde vivían había un bosque a unas pocas cuadras y la noche estaba ideal para una aventura de esas. Todos ellos decidieron ir. Frederick tenía algunos equipos de grabación, así que los llevaron para la exploración con el fin de tener todo filmado, por si pasaba algo paranormal o veían algo fuera de esta realidad. Entonces, comenzaron a caminar un par de cuadras hasta llegar a aquel sitio. Para describirlo mejor, tenía un aspecto bastante tenebroso y los que habían entrado allí habían tenido experiencias horribles o habían quedado traumados por lo que habían visto. Thomas y sus compañeros tomaron un poco de valor y decidieron entrar al bosque, Frederick encendió la cámara y un micrófono que había llevado para poder grabar alguna psicofonía o algún audio que no se grabara con ella.
Habían estado allí dentro como una hora y Thomas había empezado a sentirse mareado y con náuseas debido a lo nervioso que estaba por haber acompañado a sus amigos. El grupo decidió que ya era hora de irse a sus casas antes de que su amigo tuviera un ataque de pánico o se desmayara por la tensión que tenía.
—Chicos, esperen —dijo Thomas—. No me siento bien, estoy muy mareado.
—De acuerdo, amigo, creo que ya es hora de irnos —dijo Frederick—. Vamos, te voy a acompañar hasta tu casa.
—Gracias. Ya quiero irme de aquí.
Luego de unos minutos, llegó a su casa acompañado por su amigo; seguía mareado por la tensión en su cuerpo y decidió ir a la cocina a prepararse un café con whisky para poder relajarse un poco y conciliar el sueño. Caminó hacia su habitación, dejó el café en su mesa de luz y agarró un libro, una biografía del famoso Hannibal Lecter que lo tenía a medio terminar y comenzó a leerlo recostado en su cama, mientras tanto, tomaba el café. Minutos después se quedó dormido con el libro abierto sobre su pecho, la taza estaba en la orilla de la mesa de luz con la lámpara de lectura encendida, él, entredormido, tenía una sensación de que alguien se acostaba al lado y se quedaba viéndolo un largo rato, él sabía que estaba medio dormido, con los ojos cerrados, pero de todos modos sentía esa horrible sensación de estar siendo observado por algo o por alguien. Por unos instantes sintió como si alguna cosa lo estrangulara con unas manos inmensas y se despertó con un grito desgarrador (se escuchaba una fuerte agitación). «Otra vez no, la puta madre», se dijo a sí mismo. «¿Cuándo va a terminar todo esto?».
Sin querer, golpeó la mesa de luz con uno de sus brazos y tiró la taza con un poco de café que le había quedado; esta se hizo mierda al instante que cayó al suelo, derramando el líquido del lado en el que se encontraba durmiendo. Se levantó con cuidado de no pisar ese desastre y fue hasta la cocina a buscar un trapo para limpiar y juntar los pedazos que estaban desparramados por todos lados; cuando terminó de limpiar, se volvió a acostar. «Espero poder dormirme de nuevo», pensó.
Miró la hora en su reloj, eran las 02:33 a. m. del sábado, Thomas se encontraba un poco mejor de lo que estaba, dejó el libro que había estado leyendo en la mesa e hizo un esfuerzo para volver a dormirse, sin darle importancia a esa pesadilla que había tenido.
Luego de algunas horas, se despertó con esa horrible y misma sensación de que alguien o algo lo estaba estrangulando, entonces, decidió quedarse un tiempo despierto para que esa pesadilla no le pasara de nuevo. «Este infierno no se termina más», pensó. «Tengo todo el cuerpo tenso».
Media hora más tarde, con algo de dificultad, se quedó dormido, pero con el objetivo de saber qué era esa cosa que le impedía dormir esa noche. Luego, por fin pudo verla. Thomas se arrepintió de haber hecho esa estupidez, esa cosa tenía la cara toda desfigurada, como si la tuviera cortada con navajas; un par de ojos oscuros que daban una impresión tan horrible que te erizaban la piel; unos brazos de al menos dos metros y medio de largo que estaban apoyados con fuerza sobre el pecho de Thomas, que no lo dejaban respirar y le provocaban un dolor inmenso. Cuando logró ver mejor a esa figura, se dio cuenta de que era su abuelo, que había muerto hacía dos años.
CAPÍTULO 3
Era un domingo lluvioso de invierno, Thomas se encontraba en su habitación recostado en su cama, escribiendo en su laptop, con una taza de té. Relataba sus experiencias o sucesos que había experimentado durante todo este tiempo, y como no sabía explicárselo a alguien, había decidido escribir algunas notas para sentirse más relajado, porque en un futuro cercano las quería publicar en alguna página para que otros lectores pudieran leer sus relatos.
Pasadas las once y media de la mañana, Thomas apagó su laptop y se dirigió hacia la cocina para prepararse algo de comer y ponerse a mirar televisión en su sillón de la sala de estar; pasaron unos minutos, lo llamaron por teléfono desde un número desconocido; decidió atender y cuando contestó, nadie le respondía. Por un momento, pensó que se había quedado dormido y que estaba en algún sueño, entonces, una voz del otro lado del teléfono le preguntó: “¿Puedes verme?”. Se dio cuenta de que le estaban haciendo una broma de mierda, alguno de sus amigos, seguramente, porque la voz del otro lado le pareció media forzada. De pronto, se vio a sí mismo acurrucado en su sillón y dedujo que se había quedado dormido, pero este sueño no era como los otros que había tenido, sino que era parecido a un viaje astral (son esos sueños en que tu alma se desprende de tu cuerpo y te puedes ver a ti mismo durmiendo), entonces, se dijo a sí mismo: «¡MIERDA! Esto no es real, es solo un puto sueño».
De nuevo, esa voz que le decía: “¿Puedes verme?”. Sintió tanto miedo que creyó que iba a colapsar, pero tomó un poco de aliento y decidió caminar en dirección hacia aquella voz que lograba escuchar a lo lejos. Empezó a caminar con rapidez con el fin de que esa pesadilla terminara lo antes posible. Aquella voz que podía escuchar estaba ahora más cerca y sonaba con más fuerza, pero no era una voz normal, se parecía a la voz de un niño y al mismo tiempo la de un demonio, se escuchaba gutural de lo fuerte que era, hasta que al fin logró hallar a ese ser, o lo que se parecía a uno, y en ese momento sintió un escalofrío muy intenso. «¡Carajo!», pensó. «No puedo moverme, la puta madre, quiero salir corriendo, pero no puedo. ¿Qué mierda puedo hacer? Mi cuerpo está paralizado».
Ese ser demoniaco tenía la cara quemada, unos ojos completamente negros y enormes, que al mirarlos transmitían una sensación de un terror inexplicable, como si aquello no tuviera alma. Esa cosa le sonrió con una mirada aterradora y le volvió a preguntar: “¿Puedes verme?”. Thomas de un momento a otro sintió que le estaban arrancando los putos ojos con las manos y entró en una desesperación de despertarse lo antes posible, cuando el niño le preguntó: “¿Ahora, puedes verme?”. Despertó con un grito desgarrador e intentó tocarse la cara, pero los brazos no le respondían. «¿Qué hago ahora?», pensó para sus adentros. «No puedo mover ni un músculo». «¡Ayuda!, ¡ayuda!», se repetía una y otra vez en su cabeza.
