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Recopilado y ordenado temáticamente, Citas de Stalin recoge fragmentos tanto de los textos como de los discursos formulados por Iósif Stalin, quien fuera secretario general del Comité Central del Partido Comunista de la Unión Soviética desde 1922 hasta 1952. Tras su muerte en 1953 y con los crímenes que se le atribuían como telón de fondo, se silenció su obra y se borró toda huella de su legado. La presente recopilación, elaborada por el doctor Borja García Vázquez, rescata del olvido lo esencial de sus ideas para, de esta manera, poder valorar la figura histórica que dirigió el rumbo del Estado soviético, y su influencia en los fundamentos y el devenir de aquel importante periodo del comunismo. Además, esta edición se complementa con un brillante epílogo de Slavoj Žižek, El estalinismo revisado, o cómo Stalin salvó la humanidad del hombre, donde hace una atractiva reflexión sobre el lenguaje estalinista
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Seitenzahl: 367
Veröffentlichungsjahr: 2023
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Akal / Serie Clásicos del pensamiento político / 362
Iósif Stalin
Citas de Stalin
Introducción, recopilación, traducción y notas de Borja García Vázquez
Seguido de Epílogo: El estalinismo revisado, o cómo Stalin salvó la humanidad del hombre, por Slavoj Žižek
Recopilado y ordenado temáticamente, Citas de Stalin recoge fragmentos tanto de los textos como de los discursos formulados por Iósif Stalin, quien fuera secretario general del Comité Central del Partido Comunista de la Unión Soviética desde 1922 hasta 1952. Tras su muerte en 1953 y con los crímenes que se le atribuían como telón de fondo, se silenció su obra y se borró toda huella de su legado. La presente recopilación, elaborada por el doctor Borja García Vázquez, rescata del olvido lo esencial de sus ideas para, de esta manera, poder valorar la figura histórica que dirigió el rumbo del Estado soviético, y su influencia en los fundamentos y el devenir de aquel importante periodo del comunismo. Además, esta edición se complementa con un brillante epílogo de Slavoj Žižek, El estalinismo revisado, o cómo Stalin salvó la humanidad del hombre, donde hace una atractiva reflexión sobre el lenguaje estalinista.
Borja García Vázquez es profesor de Derecho Internacional Público, acreditado contratado doctor por la Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y Acreditación (ANECA). Doctor en Métodos Alternos de Solución de Conflictos por la Facultad de Derecho y Criminología de la Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL), e investigador nacional nivel 1 del Sistema Nacional de Investigadores (SNI) de México.
Diseño interior y cubierta: RAG
Maqueta de portada: Sergio Ramírez
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Nota a la edición digital:
Es posible que, por la propia naturaleza de la red, algunos de los vínculos a páginas web contenidos en el libro ya no sean accesibles en el momento de su consulta. No obstante, se mantienen las referencias por fidelidad a la edición original.
Traducción del epílogo: Francisco López Martín
© Borja García Vázquez, 2023
© Ediciones Akal, S. A., 2023
Sector Foresta, 1
28760 Tres Cantos
Madrid - España
Tel.: 918 061 996
Fax: 918 044 028
www.akal.com
ISBN: 9788446053286
El libro Citas de Stalin se concibió durante la impartición de la asignatura Sociología de la Acción Pública, en la Facultad de Derecho y Criminología de la Universidad Autónoma de Nuevo León, como síntesis personal con que lograr identificar los elementos definidores del pensamiento de Stalin.
Para ello, a semejanza de Citas del presidente Mao Tse-tung (El Libro Rojo), recopilé de forma sistemática en apartados temáticos, algunos adagios y diferentes extractos repartidos en su vasta literatura, con el objetivo de conseguir una síntesis de su discurso. A este fin, se ha utilizado la base documental del Marxist Internet Archive, en la cual se han transcrito minuciosamente las obras completas publicadas por la extinta Ediciones en Lenguas Extranjeras, luego llamada Editorial Progreso (ediciones en español e inglés); entre otras, War Speeches: Orders of the Day and Answers to Foreign Correspondents during the Great Patriotic War, July 3rd, 1941-June 2nd, 1945, publicada en Londres en 1946 por Hutchinson & Co., Ltd.; Correspondence between the Chairman of the Council of Ministers of the USSR and the Presidents of the USA and the Prime Ministers of Great Britain during the Great Patriotic War of 1941-1945, publicada en Moscú por Progress Publishers; Resolutions and Decisions of the Communist Party of the Soviet Union, publicada en Toronto en 1974 por Toronto University Press; The Road to Terror, de J. Arch Getty y Oleg V. Naumov, publicada en Londres en 1999 por Yale University Press; The Stalin-Kaganovich Correspondence 1931-1936, de R.W. Davies, Oleg V. Khlevniuk y E. A. Rees, publicada en Londres en 2003 por Yale University Press; así como los trabajos de Svitlana M., Erdogan A. y del fondo documental de las bibliotecas universitarias de la UANL, en las que se conservan otros documentos procedentes de la Editorial Frente Cultural y del servicio de publicaciones de la embajada de la URSS, que han sido en conjunto claves para la elaboración de este libro.
Iósif Vissariónovich Dzhugashvili (18 de diciembre de 1878, Gori, Imperio ruso [actual Georgia]-5 de marzo de 1953, Moscú, Unión Soviética [actual Federación de Rusia]), conocido en su infancia por su diminutivo Soso, entre sus amigos como Koba y en la historia como Stalin, constituye una figura histórica controvertida, cuyo pensamiento es necesario conocer por formar parte de una experiencia real de gobierno durante 31 años. Secretario general del Comité Central del Partido Comunista de la Unión Soviética de 1922 a 1952, el padre de los pueblos (como se le conoció), comprende un personaje plagado de claroscuros.
«El genial teórico y guía del proletariado mundial, gran compañero de armas y amigo de Lenin, continuador de la doctrina y de la causa de Marx, Engels y Lenin»[1], nominado en 1945 y 1948 al Premio Nobel de la Paz, por sus esfuerzos para poner fin a la Segunda Guerra Mundial[2], fue un ser despiadado, como confirman los crímenes perpetrados en su nombre en la década de 1930.
Entre ellos destaca el holodomor (del ucraniano Голодомо́р, que significa literalmente «muerte por hambre»), una hambruna masiva provocada entre 1932 y 1934, por el proceso de colectivización agraria soviética, al intervenir las reservas de grano de Ucrania a fin de venderlo en el mercado internacional y obtener así divisas con las que industrializar el país; causando la muerte de entre 3.200.000 y 4.800.000 personas (dependiendo de la inclusión del descenso de las tasas de natalidad), a las que se negó cualquier clase de ayuda internacional para no afectar el prestigio de la URSS[3].
Asimismo, entre 1936 y 1938 fue el artífice del conocido como «Gran Terror», los procesos sostenidos contra los posibles opositores al líder, incluidos altos mandos del PCUS (como demostró la ejecución de 1.108 delegados del Comité Central del Partido) y de las Fuerzas Armadas (saldándose con el arresto del 75% de los mariscales, 91% de los comandantes de cuerpo, y 70% de los de división y regimiento)[4]. De acuerdo con los informes del NKVD[5], aproximadamente entre 950.000 y 1.200.000 personas, consideradas posibles rivales de Stalin y opositores al régimen, fueron asesinadas en la denominada «Gran Purga»[6]. Sin olvidar la deportación masiva a los campos de concentración, los gulags, diseminados por todo el país, en los que los condenados realizaban trabajos forzados[7], a través de los 476 complejos que tuvo la URSS entre 1921 y 1953, en los que pudieron permanecer unos 18 millones de personas, en calidad de desterrados, presos políticos y prisioneros de guerra, junto con delincuentes comunes[8].
En palabras de Kissinger, Stalin «era un monstruo, pero en la dirección de las relaciones internacionales fue el realista supremo: paciente, astuto, implacable, el Richelieu de su época»[9]. Considerada «una superpotencia con intereses planetarios»[10], la URSS consiguió un notable avance industrial con la reasignación de la mano de obra agrícola al medio industrial, con un crecimiento anual de la renta nacional del 6% entre 1928 y 1960, calificado «el esfuerzo de desarrollo económico más rápido de la historia hasta entonces»[11]. Aún hoy, Stalin sigue siendo reconocido por los logros obtenidos por el país bajo su mando, como demuestra una encuesta realizada en 2013, en la que el 47% de los encuestados estaba de acuerdo en considerarlo «un líder sabio que trajo poderío y prosperidad a la Unión Soviética», mientras que un 30% afirmaba que «nuestro pueblo siempre necesitará un líder como Stalin, que vendrá a restaurar el orden»[12].
Actualmente los símbolos del comunismo han sido prohibidos en muchos de los antiguos territorios de la URSS y sus Estados satélites, como en Alemania (Código Penal § 86a), Hungría (Código Penal, sección 335), Lituania (art. 188.18 del Código de Infracciones Administrativas) o Ucrania (art. 436-1 del Código Penal), entre otros. Desde la Unión Europea, la URSS es percibida públicamente como un régimen totalitario, que llevó al continente europeo a la guerra:
[...] la Segunda Guerra Mundial, la guerra más devastadora de la historia de Europa, fue el resultado directo del infame Tratado de NO Agresión nazi-soviético de 23 de agosto de 1939, también conocido como Pacto Mólotov-Ribbentrop, y sus protocolos secretos, que permitieron a dos regímenes totalitarios, que compartían el objetivo de conquistar el mundo, repartirse Europa en dos zonas de influencia[13].
Por otra parte, la Unión Europea ha criticado que Rusia siga defendiendo la era soviética, a pesar de la gravedad de los crímenes ocurridos en su territorio bajo aquel régimen:
Rusia sigue siendo la mayor víctima del totalitarismo comunista y su evolución hacia un Estado democrático seguirá obstaculizada mientras el Gobierno, la elite política y la propaganda política continúen encubriendo los crímenes comunistas y ensalzando el régimen totalitario soviético; pide, por tanto, a la sociedad rusa que acepte su trágico pasado[14].
El actual presidente de la Federación de Rusia, Vladímir Putin, quien ha sido comparado con Stalin por sus años situado al frente del Kremlin, ha mostrado una postura crítica con los detractores de la historia del país. En su conferencia anual de 2013, Putin preguntó:
¿Cuál es la diferencia esencial entre Cromwell y Stalin? ¿Pueden decirme? Ninguna. Desde el punto de vista del espectro liberal de nuestro sistema, él era un cruel dictador como Stalin. Debería decirse que fue muy traicionero. En la historia británica desempeñó un rol controvertido. Su monumento está de pie, nadie va a retirarlo. La esencia no está en estos símbolos, sino en la necesidad de tratar con respeto cada periodo de nuestra historia[15].
Al margen del reconocimiento al valor de la historia en la construcción de los países, el 19 de diciembre de 2019, en su conferencia anual de prensa, preguntado por Andréi Kolesnikov (Андрей Колесников) –periodista y director ejecutivo del grupo Kommersant (Коммерсантъ)– por la acusación a Lenin de destruir un Estado de mil años de antigüedad, Putin respondió criticando la política territorial de la URSS, comenzada por Lenin (un revolucionario y no un estadista) y continuada por Stalin (después de haber mostrado disconformidad con esta en sus escritos), al fragmentar el espacio soviético sobre elementos étnicos y ligar toda la unidad territorial sobre los lazos sostenidos por el Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS); reconociendo Putin que ahora era Rusia la que debía lidiar con sus efectos, al ser unos 2.000 espacios los presionados por esta circunstancia heredada[16].
La URSS se constituyó como un sistema federal de carácter plurinacional, en el que las múltiples nacionalidades existentes (georgianos, rusos, ucranianos, etc.) se unirían en una única nacionalidad soviética; un único partido, el PCUS –como elemento cohesionador y exclusivo detentador del poder–, y una sola fuerza común, el Ejército Rojo[17] –institución clave en la supervivencia del país, como evidenció su labor en la Segunda Guerra Mundial–.
Asimismo, tuvo que afrontar sus horas más duras con motivo de dicha guerra, conocida en Rusia como «la Gran Guerra Patria», en el curso de la cual el propio Stalin firmó la Orden 227, a razón de su puesto como comisario de Defensa del Pueblo, el 28 de julio de 1942, en que se exigía a los soldados soviéticos «¡Ni un paso atrás sin la orden del mando superior!»[18]; un enfrentamiento en el que, de los 12 millones y medio de soviéticos movilizados, murieron 8.668.400 soldados[19], y que en conjunto ocasionó una pérdida de 40 millones de personas, incluyendo los descensos en la natalidad[20].
Históricamente se ha culpado a Stalin de los errores cometidos en la contienda, como advirtió el mariscal soviético Zhúkov en sus memorias:
De estos yerros y falta se culpa las más de las veces a Stalin. Sin duda alguna, Stalin incurrió en equivocaciones, mas no es posible evaluarlas disociadas de los procesos y fenómenos objetivos históricos y del conjunto de los factores económicos y políticos. Nada más fácil que, una vez conocidas todas las consecuencias, remitirse al comienzo de los sucesos y emitir opiniones diversas. Y nada más complejo que comprender los problemas en su integridad, en toda la porfía de fuerzas y la contraposición de los múltiples hechos, opiniones y datos concernientes a un momento histórico dado […]. Stalin avizoraba bien las horrendas calamidades que podría acarrear a los pueblos de la Unión Soviética la guerra contra un enemigo tan fuerte y avezado como la Alemania fascista, y por eso él, como todo nuestro Partido, se esforzaba por conjurarla[21].
En esta contienda se celebró la Conferencia de Moscú, en octubre de 1943, que marcó el fin del liderazgo occidental en la oposición a los Estados fascistas, al incorporarse al acuerdo China y la URSS, así como EEUU y Reino Unido, siendo la antesala del escenario que imperó a partir de 1945, en las décadas restantes del siglo XX. Dicha Conferencia identificó los principios que regirían el mundo al finalizar la guerra, como el mantenimiento de la paz y la seguridad, y la fundación de una organización internacional basada en el principio de igualdad soberana de los Estados: la Organización de las Naciones Unidas[22].
Esta institución fue la encargada de aprobar la Declaración Universal de los DDHH, el 10 de diciembre de 1948, a cuya anuencia se abstuvieron Arabia Saudí (quien mantenía la esclavitud), la Unión Sudafricana (que practicaba el apartheid), la URSS y los países bajo la esfera soviética –Bielorrusia, Checoslovaquia, Polonia, Ucrania y Yugoslavia[23]–, no llegándose a reconocer nunca en todo el constitucionalismo soviético ninguna jurisdicción internacional en materia de protección de los DDHH[24]. En todo caso, la participación de Stalin fue clave en la fundación de la URSS, un proyecto de Estado de 69 años de duración. Su muerte, la falta de un efectivo sucesor, la avanzada edad de los dirigentes y el anquilosamiento burocrático llevaron progresivamente al país al estancamiento económico y la ineficiencia, hasta su desaparición el 25 de diciembre de 1991. Su descomposición, calificada por Putin como «la mayor catástrofe geopolítica del siglo», fue en sus palabras «una auténtica tragedia» para el pueblo ruso, por la cual «Decenas de millones de nuestros conciudadanos y compatriotas se encontraron más allá de los límites del territorio ruso»[25], habiendo expresado en 2018 que, si pudiera, revertiría aquel colapso[26]. Aunque dicho colapso ya había sido predicho por Johan Galtung años antes a su consecución, tras analizar las contradicciones ocurridas en el interior del país:
Entre la Unión Soviética y los países satélites; 2) entre la nación rusa y las otras naciones de la Unión Soviética que desean su autonomía; 3) entre ciudad y campo; 4) entre la burguesía socialista y la clase trabajadora socialista; 5) entre liquidez y la falta total de productos de consumo; y al final, 6) entre mito y realidad[27].
Lo que podría calificarse como «el milagro de Stalin» fue la capacidad de convertir un país atrasado, azotado por el constante flagelo de la guerra durante dos décadas sucesivas, en una superpotencia (con capacidad nuclear desde el 29 de agosto de 1949); fijando las bases tecnológicas que permitieron, tras su muerte, mandar a la primera persona al espacio, Yuri Gagarin, el 12 de abril de 1961, y la primera mujer, Valentina Tereskova, el 16 de junio de 1963. A pesar de todo ello, como expresó el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu en 2018:
La tecnología por sí sola no logra nada. Si quieres un país con grandes científicos, grandes matemáticos, grandes físicos, grandes metalúrgicos, ahí estaba la Unión Soviética. No logró nada[28].
Asimismo, en una visita a Rusia en 2020, en un acto conmemorativo por las víctimas de Leningrado en la Segunda Guerra Mundial (recordando que el 40% de las víctimas del holocausto procedían de la URSS), Netanyahu reconoció que:
No debemos empañar ni por un segundo el sacrificio y la contribución de la ex Unión Soviética en la derrota del monstruo nazi[29].
Despiadado, con las movilizaciones y muertes masivas de la población; implacable, con sus enemigos Trotski, Kámenev, Zinóviev, y todo aquel que pudiese haber constituido una amenaza (aunque sarcásticamente algunos escritores consideran que no tanto como se le atribuye, ya que la desestalinización partió de sus propias filas); escéptico, como demostró su incredulidad ante las advertencias del espía soviético Richard Sorge sobre el plan alemán de invasión de la URSS para el 22 de junio de 1941, con la Operación Barbarroja; ante todo fue, más que un pensador, un hombre de Estado.
El proyecto de comunismo soviético funcionó como un elemento intermedio entre el polo capitalista y las periferias desheredadas[30]; concretamente en China, su heredero, quien ha superado ampliamente a su difunto maestro, donde Stalin fue una personalidad vital para la consolidación de República Popular China. El cambio de sistema en este país en 1949, tras la victoria de Mao en la guerra civil china, fue acogida de buen grado por Stalin, coincidiendo ambos líderes en una visita realizada por su homólogo a la URSS ese mismo año, obteniendo la renuncia soviética a cualquier reclamación sobre el territorio de Manchuria[31].
Coetáneo de los últimos meses de vida de Stalin, Mao se encontraba desarrollando políticas relativas a la clase capitalista de China, como parte de su impulso para la transformación forzosa de la economía, en su mayoría privada, a un modelo socialista[32].
Este y otros hechos motivaron el interés intelectual de Stalin por conocer el pensamiento de su homólogo, debiendo mencionarse que, en los últimos días de vida del dirigente bolchevique, este pudo leer parcialmente algunos adelantos de los trabajos de traducción de la obras de Mao al ruso, dejando para la posteridad remarcado un texto del dirigente chino, en el que expresaba cómo «el pueblo chino afronta dos caminos, uno de luz y otro de tinieblas, dos destinos, uno brillante y otro oscuro», lo que podría interpretarse como una asociación con el futuro brillante que él esperaba para la URSS[33]. Por su parte, Mao recibió positivamente los trabajos de Stalin, destacando La historia del PCUS, libro del que se publicaron más de 42 millones de copias entre 1938 y 1953 en 67 idiomas, el cual siguió ocupando en China una posición privilegiada tras la desestalinización soviética, desempeñando un papel clave en la modelación de la economía china hasta la década de 1970[34].
Las buenas relaciones entre ambos países se ilustraron en el hecho de que la URSS aportó en concepto de ayuda a la RPCh el 7,7% de su renta nacional desde 1950 hasta 1960[35], permitiéndole industrializar el país, con la construcción de 156 centros de industria pesada[36], hasta la ruptura sino-soviética, que amenazó con una guerra nuclear entre ambos.
A lo largo de los años, Mao expresaba así sus simpatías:
[...] hay otra clase de amigos, los que sienten real simpatía por nosotros y nos tratan como hermanos. ¿Quiénes son? El pueblo soviético y Stalin.
«Stalin, amigo del pueblo chino» (20 de diciembre de 1939).
Obras escogidas, tomo II, pp. 347-348.
Felicitándole con motivo de su cumpleaños:
El camarada Stalin es maestro y amigo de los pueblos del mundo, así como maestro y amigo del pueblo chino. Ha desarrollado aún más la teoría revolucionaria del marxismo-leninismo y ha hecho contribuciones muy destacadas y extensas a la causa del movimiento comunista mundial. En la ardua lucha por resistir a sus opresores, el pueblo chino se ha vuelto profundamente agradecido por la importante amistad del camarada Stalin.
«Discurso en la reunión de celebración del cumpleaños de Stalin» (21 de diciembre de 1949). Publicado en el People´s Daily, de 23 de
diciembre de 1949.
Dando sus condolencias al Sóviet Supremo a su muerte, el 5 de marzo de 1953:
La victoria de la revolución del pueblo chino es absolutamente indisociable del incesante cuidado, liderazgo y apoyo del camarada Stalin durante más de 30 años. Desde la victoria de la revolución del pueblo chino, el camarada Stalin y el pueblo y el Gobierno de la Unión Soviética, bajo su dirección, han prestado ayuda generosa y desinteresada a la causa de la construcción del pueblo chino. Una amistad tan grande y profunda como la que el camarada Stalin tenía con el pueblo chino será recordada para siempre con gratitud por el pueblo chino. El faro inmortal del camarada Stalin iluminará para siempre el camino por el que avanza el pueblo chino.
«Telegrama a la URSS, a la muerte de Stalin» (6 de marzo de 1953). Publicado en el People´s Daily, de 7 de marzo de 1953.
Y ofreciendo un reconocimiento póstumo a su labor:
Cabe señalar que las obras de Stalin deben, como antes, ser estudiadas seriamente y que debemos aceptar todo lo que tiene de valor en ellas, como un importante legado histórico, especialmente aquellas muchas obras en las que defendió el leninismo y resumió correctamente la experiencia de la construcción de la Unión Soviética […]. Deberíamos ver a Stalin desde un punto de vista histórico, hacer un análisis adecuado y completo para ver dónde tenía razón y dónde estaba equivocado, y extraer lecciones útiles de ello. Tanto las cosas que hizo bien como las cosas que hizo mal fueron fenómenos del movimiento comunista internacional y llevaron la impronta de los tiempos.
«El lugar de Stalin en la historia». Editorial del People´s Daily,
de 5 de abril de 1956.
Mao prohibió todas las actividades recreativas durante tres días, ordenó ondear las banderas nacionales a media asta como parte del duelo oficial y el 9 de marzo se impuso un periodo de silencio de cinco minutos en conmemoración al fallecimiento de Stalin[37].
Apenas tres años después de su deceso, se celebró del 14 al 25 de febrero de 1956 el XX Congreso del PCUS, en cuyo día final Nikita Jruschov leyó el manuscrito titulado Acerca del culto a la personalidad y sus consecuencias, que reprobó toda la etapa previa de Stalin, en lo que se conoció como «desestalinización», la cual produjo «una amplia crisis de autoridad en el comunismo mundial»[38]. Se agravaría en la década de 1960 debido a las fricciones con Mao Tse-tung y Zhou Enlai, la Guerra de Vietnam, y las crisis de República Checa y Eslovaquia, en 1968 y 1969[39], poniendo fin «a la misión mesiánica de la Unión Soviética» al ser considerada «desviacionista»[40] por otros países de signo socialista.
A la muerte de Mao, el 9 de septiembre de 1976, los cambios en China se sucedieron con la llegada al poder de Deng Xiaoping, quien, abriendo el país al mercado internacional y manteniendo un estricto control de la sociedad a través del Partido Comunista, marcó un nuevo rumbo para la RPCh y la transformó. Hoy es
el Estado capitalista ideal: libertad para el Capital, con el Estado llevando a cabo «el trabajo sucio» de controlar a los trabajadores […] parece encarnar una nueva clase de capitalismo: indiferencia hacia las consecuencias ecológicas, represión de los derechos laborales, todo subordinado al implacable impulso al desarrollo y a la conversión en la nueva superpotencia[41].
Sin obviar que la actual Constitución de la RPCh, de 1982 (enmendada por última vez en 2018), contempla en su preámbulo el reconocimiento a la labor de Mao en la construcción del país desde 1949, y que en la actualidad el Partido Comunista de China sostiene su liderazgo bajo la guía del «marxismoleninismo y el pensamiento de Mao Tse-tung, defendiendo la verdad, corrigiendo errores y superando numerosas dificultades y penurias»[42]; pudiendo matizarse una diferencia fundamental respecto de la URSS, y es que la RPCh nunca ha procedido a realizar un proceso de «desmaoización», como evidencia su retrato perenne en la plaza de Tiananmén.
Pese al tiempo transcurrido, Stalin sigue siendo un elemento presente en la vida de la población de los territorios que otrora conformaron la URSS, especialmente en la Federación de Rusia. Símbolo del esplendor alcanzado un día en aquella región, su nombre sigue ligado a grandes crímenes, pero también a la salvación del Estado ruso frente al nazismo.
¿Qué habría sucedido si Jruschov no hubiese iniciado el proceso de desestalinización? ¿Habría sido posible la recopilación soviética de su obra, a semejanza de lo ocurrido en la China de Mao con su Petit Livre Rouge? No puede responderse a estas preguntas sin incurrir en historia-ficción. Stalin falleció en 1953, la URSS se desintegró en 1991, y quizá este libro sería algo idéntico a lo que podría haber ocurrido, aunque nunca llegara a materializarse.
Para valorar el pensamiento de un autor hay que leer la obra de esa persona y entenderla. Lo que el lector tiene ante sí no es un compendio de todo lo escrito por Stalin. Para eso deberá acudir a consultar sus obras completas. Lo que aquí se presenta tampoco es un catecismo, sino un estudio doxográfico compuesto por una enumeración de textos que pueden ayudar a comprender el pensamiento de Stalin (haciéndolo accesible al lector común y con algunos de sus puntos fundamentales), a través de una síntesis de sus escritos; siendo en todo caso necesario recordar que siempre se debe distinguir al autor de su obra, los escritos de los hechos históricos, y contrastar los resultados y contradicciones con la práctica.
En Monterrey, 4 de marzo de 2021,
Dr. Borja García Vázquez.
1M. Rosental y P. Iudin, Diccionario filosófico marxista, Montevideo, Ediciones Pueblos Unidos, 1946, p. 286.
2Puede consultarse en la página oficial del Premio Nobel [https://www.nobelprize.org/prizes/facts/facts-on-the-nobel-peace-prize/].
3B. Dianda, Political Routes to Starvation, Málaga, Vernon Press, 2019, pp. 217-222.
4C. Taibo, La Unión Soviética. El espacio ruso-soviético en el siglo xx, Editorial Síntesis, Madrid, 1999, p. 98.
5El Comisariado del Pueblo para Asuntos Internos (Народный комиссариат внутренних дел).
6M. Ellman, «Soviet Repression Statistics: Some Comments», Europe-Asia Studies 54, 7 (2002), p. 1157.
7C. B. Gándara y A. F. Vásquez, «Lecciones del Archipiélago Gulag», Transpasando Fronteras. Revista estudiantil de asuntos transdisciplinares 3 (2013), p. 212.
8L. Iordache y C. Güell, «Memoria del gulag: el exilio y la emigración española en la URSS y la represión estalinista», Historia contemporánea 46 (2013), p. 258.
9H. Kissinger, Diplomacy, Nueva York, Simon & Schuster, 1994, p. 333.
10S. P. Huntington, El choque de civilizaciones, Ciudad de México, Paidós, 2019, p. 195.
11D. Acemoglu y J. A. Robinson, Por qué fracasan los países, Ciudad de México, Crítica, 2013, pp. 155-157.
12H. Kissinger, Orden Mundial, Ciudad de México, Debate, 2016, pp. 65 y 386.
13Resolución del Parlamento Europeo, de 19 de septiembre de 2019, sobre la importancia de la memoria histórica europea para el futuro de Europa. Disponible en [https://www.europarl.europa.eu/doceo/document/TA-92019-0021 _EN.html].
14Resolución del Parlamento Europeo, de 19 de septiembre de 2019, sobre la importancia de la memoria histórica europea para el futuro de Europa. Disponible en [https://www.europarl.europa.eu/doceo/document/TA-9-2019-0021_EN.html].
15El fragmento aludido puede visualizarse en [https://www.youtube.com/watch?v=LW9uta00EHs].
16El fragmento aludido puede consultarse en [https://www.youtube.com/watch?v=LZ2NAfXB0rI&list=LL&index=1].
17Y. Lacoste, Geopolítica, Madrid, Editorial Síntesis, 2009, pp. 153-154.
18P. Zhilin, La Gran Guerra Patria de la Unión Soviética 1941-1945, Moscú, Editorial Progreso, 1985, p. 155.
19M. Clodfelter, Warfare and Armed Conflicts, Carolina del Norte, McFarland & Company, 2017, p. 527.
20I. G. Dyadkin, Unnatural Deaths in the USSR, 1928-1954, Londres, Transaction Books, 1983, p. 18.
21G. K. Zhúkov, Memorias y meditaciones, La Habana, Instituto Cubano del Libro, tomo 1, 1971, p. 292.
22Yale Law School, The Moscow Conference; October 1943, The Avalon Project, 2018. Disponible en [https://avalon.law.yale.edu/wwii/moscow.asp].
23J. Maestre Alfonso, «La posición de los países socialistas frente a los Derechos Humanos», Revista de estudios políticos 19 (1981), p. 136.
24V. Arkhipov, D. Bartenev, S. Belov, O. Kudryashova, D. Mushtakova y Vasil´ev, «La judicatura en el sistema constitucional ruso», Derecho PUCP: Revista de la Facultad de Derecho 71(2013), p. 559.
25Associated Press, «Putin: soviet collapse a genuine tragedy», NBC News, 25 de abril de 2005. Disponible en [https://www.nbcnews.com/id/wbna763 2057].
26REUTERS, «Putin before vote says he´d reverse Soviet collapse if he could», 2 de marzo de 2018. Disponible en [https://www.reuters.com/article/ uk-russia-election-putin-idUKKCN1GE2TD].
27J. Galtung, «Declive y caída del Imperio norteamericano», en A. Rojas Díaz Durán y R. Corral Quintero, Conferencia Internacional por la Paz, México, D. F., Universidad Obrera de México, 2004.
28Fox News, «Benjamin Netanyahu opens up about his history with America», 11 de marzo de 2018. Disponible en [https://www.foxnews.com/transcript/ benjamin-netanyahu-opens-up-about-his-history-with-america].
29The Times of Israel, «Netanyahu: Soviet sacrifice contribution during WWII should not be obscured», 23 de enero de 2020. Disponible en [https://www.timesofisrael.com/liveblog_entry/netanyahu-soviet-sacrifice-contribution-during-wwii-should-not-be-obscured/].
30J. Verstrynge, La guerra periférica y el islam revolucionario, Barcelona, El Viejo Topo, 2005, p. 63.
31R. H. Mcneal, The Bolshevik Tradition, Nueva Jersey, Prentice-Hall Inc., 1975, p. 126.
32Hua-yu Li, «Reactions of Chinese Citizens to the death of Stalin», Journal of Cold War Studies 11, 2, 2009, p. 74.
33D. Volkogonov, Autopsy for an Empire, Nueva York, Novosti Publishers, 1998, p. 166.
34Oregon State University, «Stalin´s book, “sacred” to Mao, provided short cut to uniformity», 2011. Disponible en [https://humanities.oregonstate. edu/stalin039s-book-039sacred039-mao-provided-short-cut-uniformity].
35B. Zhang, J. Zhang y F. Yao, «Technology transfer from the Soviet Union to the people’s Republic of China: 1949-1966», Comparative Technology Transfer and Society 4, 2 (2006), p. 117.
36Z. Wang, «The Chinese developmental state during the Cold War: the making of the 1956 twelve-year science and technology plan», History and Technology 31, 3 (2015), p. 186.
37Hua-yu Li, «Reactions of Chinese citizens to the death of Stalin», Journal of Cold War Studies 11, 2, (2009), p. 75.
38Luis Santiago de Pablo, «El XXII Congreso del Partido Comunista de la URSS», Revista de Estudios Políticos 122 (1962), p. 89.
39S. Glejdura, «La URSS de los años setenta», Revista de Política Internacional 130 (1973), p. 49.
40C. Schneider, «La URSS y la NATO: ¿enemigos o aliados?», Boletín de información del Centro Superior de Estudios de la Defensa (1966), p. 2.
41S. Žižek, «Mao Tse-tung, el señor marxista del desgobierno», en Mao Tse-tung, Sobre la práctica y la contradicción, Madrid, Akal, 2013, p. 30.
42Constitution of the People’s Republic of China (2018 Amendment). Disponible en la versión en inglés de la base de datos de la Universidad de Beijing [http://en.pkulaw.cn/display.aspx?cgid=311950&lib=law].
El Partido es una organización cohesionada y centralizada, bajo una dirección que se rige por un plan único, y una militancia compuesta por quienes aceptan el programa, la táctica, los principios de organización, y por todo aquel que ingrese en el mismo, contribuyendo materialmente, y teniendo por misión cumplir con dicho plan único de sus dirigentes.
Entre sus integrantes debe darse la solidaridad y la disciplina férrea. Para ello, ha de garantizarse la unidad de sus filas, no como si se tratase de un movimiento religioso, sino permitiendo la discusión entre sus miembros, pero siempre dentro de unos límites, no exigiéndose el acatamiento ciego de las órdenes, sino la «sumisión consciente y voluntaria». Por esta razón, para evitar rupturas insalvables entre sus componentes, el propio Lenin formuló, en el X Congreso del Partido, la posibilidad de expulsar a los militantes que incumplieran la disciplina de unidad de la organización.
El Partido tiene que estar en todos los frentes de lucha contra situaciones de abuso laboral, empleando las huelgas cuando correspondan, debiendo participar en conferencias cuando lo exijan las circunstancias y boicoteando cualquier acto cuando sea legítimo a los fines de la organización; y bajo ningún supuesto el Partido debe acatar lo que exijan los movimientos espontáneos, no puede dejarse llevar por emociones sino por hechos materiales. Debe imponerse a ellos con firmeza, tener una clara línea de actuación, un papel de liderazgo de la masa trabajadora, con el objetivo de defender los intereses del proletariado desde posiciones políticas.
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El Partido de los proletarios, como grupo combativo de dirigentes, tiene que ser en primer lugar mucho menos numeroso que la clase proletaria; en segundo lugar, su conciencia y su experiencia tienen que ser superiores a las de la clase proletaria, y en tercer lugar, debe ser una organización estrechamente unida […] el partido que se ha propuesto dirigir al proletario en lucha no debe ser un conglomerado casual de individuos aislados, sino una organización centralizada y estrechamente unida, para que sea posible orientar su trabajo de acuerdo con un plan único.
«La clase de los proletarios y el Partido de los proletarios»
(1 de enero de 1905).
Solo la unidad de principios puede agrupar a los miembros del Partido en un partido centralizado. Si se deshace la unidad de estos principios, se deshace también el Partido. Por tanto, solo puede ser considerado miembro del Partido quien acepte plenamente el programa del Partido, y la táctica y los principios de organización del Partido. Solo quien haya estudiado como es debido, y aceptado plenamente los principios programáticos, tácticos y de organización de nuestro Partido, puede estar en sus filas, es decir, en las filas de los dirigentes del ejército proletario […] quien desee ser miembro de nuestro Partido no puede limitarse a la simple aceptación de los principios programáticos, tácticos y de organización de nuestro Partido, sino que debe dedicarse a convertirlos en realidad, a ponerlos en práctica […]. Solo cuando ingresamos en una de las organizaciones del Partido y fundimos, de este modo, nuestros intereses personales con los intereses del Partido, entonces, y solo entonces, podremos convertirnos en miembros del Partido y, con ello, en verdaderos dirigentes del ejército de los proletarios […] si a esto añadimos la tercera condición que obliga al miembro del Partido a prestarle ayuda material, tendremos a la vista todas las condiciones que dan derecho a ostentar el título de miembro del Partido.
«La clase de los proletarios y el Partido de los proletarios»
(1 de enero de 1905).
Nosotros decimos que los verdaderos miembros del Partido en ningún caso deben contentarse con la simple aceptación del programa del Partido, sino que deben procurar obligatoriamente llevar a la práctica el programa aceptado […] además, para llevar a la práctica el programa hay que luchar, y para luchar hay que unirse. El deber del futuro miembro del Partido es ingresar en una de las organizaciones, fundir sus deseos con los deseos del Partido y dirigir con el Partido el ejército combativo de los proletarios; es decir, organizarse en los destacamentos bien formados del Partido centralizado.
«La clase de los proletarios y el Partido de los proletarios»
(1 de enero de 1905).
Para la confección de un programa no hay que partir de los rasgos específicos de ciertas partes de ciertas regiones periféricas, sino de los rasgos generales propios de la mayoría de las localidades de Rusia: un programa sin una línea dominante no es un programa, sino una combinación mecánica de distintos enunciados.
«Sobre la revisión del programa agrario» (1906).
No podemos decidir de forma definitiva el boicot de toda conferencia, como proponen ciertos «individuos» irritados y no del todo en su sano juicio. Por el contrario, podemos decidir la cuestión a favor de participar en las conferencias […]. El problema de la participación o el boicot, debemos enfocarlo teniendo en cuenta los hechos reales y concretos, y solo desde el punto de vista de estos hechos. Puede ocurrir que ante determinados acontecimientos, en determinadas condiciones, nuestra tarea de unir a las masas imponga la necesidad de la participación, y entonces deberemos participar sin ningún género de duda. Por el contrario, en otras ocasiones esa misma tarea puede imponer la necesidad del boicot, y entonces deberemos recurrir a él sin dudarlo.
«¡Hay que boicotear la conferencia!» (29 de septiembre de 1907).
Deseando fraccionar nuestro movimiento general, quieren provocarnos con estallidos espontáneos y parciales; por tanto, nuestra obligación consiste en no morder el anzuelo de los industriales petroleros, absteniéndonos en la medida de lo posible de las huelgas parciales, y no disgregando el movimiento general.
«Un viraje en la táctica de los industriales petroleros»
(9 de marzo de 1908).
La sola influencia ideológica dista mucho de ser suficiente. La amplitud de la influencia ideológica se estrella contra la estrechez del afianzamiento en el terreno de la organización: ahí es donde radica el origen del aislamiento de nuestras organizaciones respecto a las grandes masas.
«La crisis del Partido y nuestras tareas» (1909).
Al unirse, no hay por qué afanarse demasiado en reclutar gran número de militantes [...] lo principal es la calidad de los camaradas; lo principal es que los camaradas influyentes agrupados en organizaciones locales tengan conciencia de la importancia de la causa a la que sirven y desarrollen con firmeza su labor siguiendo la línea marcada por la socialdemocracia revolucionaria. Y que las organizaciones locales así formadas no se encierren en su caparazón, que participen constantemente en todos los aspectos de la lucha del proletariado, desde los más «menudos» y corrientes hasta los más importantes y «extraordinarios»; que no escape a su influencia ni un solo conflicto entre el trabajo y el capital, ni una sola protesta de las masas obreras contra las ferocidades del gobierno zarista: hay que recordar siempre que solo así se podrán fortalecer y sanear las organizaciones locales.
«¡Por el Partido!» (marzo de 1912).
Sin su ayuda sistemática desde la base, el Comité Central[1] se convertirá inevitablemente en un cero a la izquierda, y el Partido en una ficción.
«¡Por el Partido!» (marzo de 1912).
Nuestro Partido es sólido, unido y devoto, porque por encima de todo este es nuestro lema: «Termina la obra iniciada, aunque tengas que morir por ella». Solo gracias a su disciplina y solidaridad, el Partido es capaz de dirigir eficazmente a sus miles de trabajadores, a todos los distritos y regiones. Esta disciplina y esta solidaridad nos permitieron triunfar sobre el imperialismo, y nos permiten tener la esperanza de que también triunfemos sobre nuestro otro enemigo: la desorganización económica.
«Discurso en la IV Conferencia del Partido Comunista (bolchevique) de Ucrania» (17 de marzo de 1920).
El Partido no es solo una asociación de personas de ideas afines; también es una asociación de personas que actúan de manera similar, es una asociación militante de personas que obran de forma semejante y que luchan sobre una base ideológica común (programa, táctica) […]. Hay dos posibilidades: que el Partido degenere en una secta, en una escuela filosófica, porque solo en organizaciones tan estrechas es posible una total afinidad; o que se convierta en una sociedad de permanente debate y discusión, hasta llegar al punto en que se formen facciones y el Partido se escinda. Nuestro Partido no puede aceptar ninguna de estas posibilidades. Por eso creo que se necesita la discusión de los problemas, pero hay que ponerle límites para salvaguardar al Partido, para salvaguardar esta unidad de lucha del proletariado, y no degenerar en una sociedad de debate.
«Las tareas del Partido» (2 de diciembre de 1923).
El Partido es el destacamento avanzado del proletariado, construido desde abajo sobre el principio voluntario. El Partido también tiene su Estado Mayor, pero no es nombrado desde arriba, es elegido desde abajo por todo el Partido. El Estado Mayor no forma el Partido; por el contrario, el Partido forma su Estado Mayor […]. El Estado Mayor del Partido no proporciona suministros al Partido, no lo alimenta ni lo viste. Esto, dicho sea de paso, explica el hecho de que el Estado Mayor del Partido no puede mover las filas del Partido arbitrariamente donde y cuando le plazca, que el Estado Mayor del Partido puede dirigir al Partido como un todo solo de conformidad con los intereses económicos y políticos de la clase, del cual el Partido forma parte. De ahí el carácter específico de la disciplina del Partido, que, en su mayor parte, se basa en el método de persuasión, a diferencia de la disciplina militar, que, en su mayor parte, se basa en el método de coacción. De ahí la diferencia fundamental entre la pena suprema en el Partido (expulsión) y la pena suprema en el ejército (muerte por fusilamiento).
«La discusión, Rafail, los artículos de Preobrazhenski y Sapronov, y la carta de Trotski» (15 de diciembre de 1923).
No se pueden tolerar los grupos y facciones, el Partido debe estar unido, ser monolítico, no debe ponerse en oposición al aparato, no debe hablarse ociosamente de que nuestros cuadros están en peligro de degeneración, porque son cuadros revolucionarios; no deben buscarse divisiones entre estos cuadros revolucionarios y la juventud, que marcha al paso de estos cuadros y seguirá haciéndolo en el futuro […]. Creo que ha llegado el momento de hacer pública la cláusula de la resolución de unidad que a propuesta del camarada Lenin fue aprobada por el X Congreso de nuestro Partido […]. «Para asegurar una estricta disciplina dentro del Partido y en todo el trabajo soviético, y asegurar la máxima unanimidad, eliminando todo faccionalismo, el Congreso autoriza al Comité Central a que, en caso de quebrantamiento de la disciplina, o de un resurgimiento de la intolerancia o el faccionalismo, pueda aplicar todas las penas del Partido, incluida la expulsión del mismo y, en lo que respecta a los miembros del Comité Central, reducirlos a la condición de miembros candidatos, e incluso como medida extrema expulsarlos del Partido. Una condición para la aplicación de una medida tan extrema (a miembros y candidatos miembros del Comité Central y miembros de la Comisión de Control) debe ser la convocatoria de un pleno del Comité Central, en el que estarán todos los miembros candidatos del Comité Central y todos los miembros de la Comisión de Control. Si tal asamblea general de los líderes más responsables del Partido, por mayoría de dos tercios, considera necesario reducir a un miembro del Comité Central a la condición de candidato a miembro, o expulsarlo del Partido, esta medida entrará en vigor inmediatamente».
«XIII Conferencia del Partido Comunista (bolchevique) de Rusia» (16-18 de enero de 1924).
Ante todo, el Partido debe ser el destacamento avanzado de la clase obrera. El Partido debe absorber los mejores elementos de la clase obrera, su experiencia, su espíritu revolucionario, su abnegada devoción a la causa del proletariado. Pero para que sea realmente un destacamento armado, el Partido debe estar armado con teoría revolucionaria, con conocimiento de las leyes del movimiento, con conocimiento de las leyes de la revolución. Sin esto, será incapaz de dirigir la lucha del proletariado. El Partido no puede ser un partido real si se limita a registrar lo que sienten y piensan las masas de la clase obrera, si se ubica a la cola del movimiento espontáneo, si es incapaz de superar la inercia y la indiferencia política de los movimientos espontáneos, si es incapaz de elevarse por encima de los intereses momentáneos del proletariado, si es incapaz de elevar a las masas al nivel de la comprensión de los intereses de clase del proletariado. El Partido debe situarse a la cabeza de la clase obrera, debe ver más lejos que la clase trabajadora, debe conducir al proletariado y no ir a remolque del movimiento espontáneo.
Los fundamentos del leninismo (abril de 1924).
