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¡Prepárate para una aventura felina llena de misterios y diversión! Conoce a Limón, el intrépido aventurero, y a Pomelo, el gato intelectual, dos hermanos con personalidades muy distintas que viven con la bruja Valentina en un bosque cerca de Venado Tuerto. Todo comienza cuando Pomelo descubre su verdadera identidad felina a través de una enciclopedia y decide emprender un viaje junto a su hermano para encontrar sus orígenes. A través de mágicos portales, nuestros amigos gatunos visitan lugares donde habitan muchos animales de su misma especie. En cada capítulo, se desvelan pistas sobre la mamá de Limón y Pomelo, la gata Tita, y descubren que tienen un hermano perdido, Naranja. Acompaña a Limón y Pomelo en esta maravillosa odisea llena de amistad, descubrimientos y, sobre todo, ¡gatos fascinantes!
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Seitenzahl: 71
Veröffentlichungsjahr: 2024
Producción editorial: Tinta Libre Ediciones
Córdoba, Argentina
Coordinación editorial: Gastón Barrionuevo
Ilustración de tapa: Victoria Murzi (@viccstudio.co).
Diseño de tapa: Departamento de Arte Tinta Libre Ediciones.
Diseño de interior: Departamento de Arte Tinta Libre Ediciones.
Altuna, Gladis Isabel
Citrus brothers : en búsqueda del origen / Gladis Isabel Altuna. - 1a ed - Córdoba : Tinta Libre, 2024.
84 p. ; 21 x 15 cm.
ISBN 978-987-824-873-8
1. Novelas. 2. Literatura Infantil. 3. Novelas de Aventuras. I. Título.
CDD A863.9282
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Impreso en Argentina - Printed in Argentina
© 2024. Altuna, Gladis Isabel
© 2024. Tinta Libre Ediciones
Citrus Brothers
Capítulo I
Descubrimiento
Limón y Pomelo eran las mascotas de una simpática, amable y apasionada bruja llamada Valentina. Los tres vivían en un pequeño bosque de las afueras de Venado Tuerto.
Valentina era una apasionada por los gatos. A Limón y Pomelo los había rescatado durante una de sus giras por la ciudad. Los había encontrado en la Gran Plaza Central, cerca de donde hay muchas estatuas, mientras buscaba ingredientes para sus conjuros.
Pomelo tenía debilidad por la biblioteca de Valentina. Un lugar lleno de sabiduría donde se podía encontrar información sobre todos los temas que te imaginaras: ecología, química, física, matemática y zoología. Y este último tema era el que más le fascinaba a Pomelo. Su instinto lo llamaba siempre a esa sección de la biblioteca y se pasaba horas tranquilo en la mesa más grande, donde esparcía todos los libros de la colección que, a modo de investigador, leía y releía.
Un día encontró el fascículo que hablaba de gatos. Claro, al ver la portada se vio reflejado en ella y allí no más comenzó a leerlo. Pasó todo el día investigando sobre el universo gatuno, más leía y más se sentía uno de ellos. La lectura resonaba en su cabeza… características principales de los gatos… mamífero, cuadrúpedo… claro, tenía cuatro patas… con cola, como la suya, larga y activa… porque siempre la usaba para rodear las piernas de Valentina si quería comida, o simplemente mimarla o marcar su territorio. Garras retráctiles…
—¡Cómo las mías! —exclamó. A Pomelo le encantaba afilar sus garras en los muebles de la casa y, a veces, en pequeños juegos de guerra que practicaba con Limón.
Y, por último, muuucho pelo, como el suyo y el de su hermano. ¡Cuánto costaba limpiarlo!
Esta actividad genera bolas de pelo, además hace falta tiempo para tenerlo limpio y sedoso. Animal que posee doscientos treinta huesos que le permiten flexibilidad y elasticidad.
Seguía leyendo. Ahora comprendía por qué con su hermano podían trepar a los árboles tan fácilmente, pasar entre diferentes muebles y no tocarlos. Podían dormir en posiciones diversas, hasta retorcidos y despertarse sin dolor alguno… Distinto a como la escuchaban quejarse a Valentina todas las mañanas de sus dolores de espalda, de rodillas, de columna, aparecía uno a uno cada día. Ellos pensaban que estaba vieja, pero al final resultaba que Valentina no tenía la flexibilidad de los gatos.
Y sucedió que cuando Pomelo descubrió este libro sobre la historia y el origen de los gatos en la inmensa biblioteca, se sintió intrigado por las diferencias que tenía con Valentina, su dueña. Esa tarde sí que había sido una tarde de aprendizaje. ¡Cuánto había descubierto sobre él y su hermano! Comenzaron a resonar en su cabeza preguntas… «¿De dónde vengo? ¿Tendré más hermanos? ¿Quiénes serán mis padres? ¿Qué pasó para que llegara hasta aquí? ¿Por qué Valentina no nos contó nada?».
El hallazgo hizo que Pomelo se marcara un objetivo. Si Valentina no era su familia de sangre, habría que salir al mundo a buscar sus orígenes. Por supuesto, corrió hacia Limón para contarle:
—¡Limón, Limón! ¡Somos gatos! —gritó Pomelo, el pequeño felino devorador de libros.
—Sí, no digas. ¡Qué gran noticia me has dado! —contestó irónico Limón.
—Necesitamos saber de dónde venimos. ¡Tenemos que investigar!
—¿Y qué se te ocurrió?
—¡Salir al mundo a buscar nuestros orígenes!
Después de escuchar las conjeturas de Pomelo, Limón consintió en largarse a la aventura, pero solo porque le gustaba salir al mundo. La historia del origen felino no le había impactado tanto.
Tomada la decisión, Pomelo y Limón prepararon el equipaje.
Pomelo era más bien ortodoxo y hasta entonces sus aventuras solo se habían desarrollado en su habitación o en la biblioteca de Valentina. Sus viajes habían sido en su imaginación. En esta aventura él tendría la teoría.
Limón, en cambio, aportaría la práctica porque era muy vagabundo. La mayor parte de las noches las pasaba afuera, en el bosque, y no volvía hasta el amanecer. Cuando Valentina se levantaba, Limón maullaba en la puerta y ella abría: así se disponía a desayunar un suculento y rico plato de alimento para gatos junto con un tazón de agua limpia y fresca.
También desde esas diferencias Limón y Pomelo armaron su equipaje. Pomelo llenó su mochila de libros, libros y más libros.
—¡¿Cuántos libros vas a llevar?! ¡¿Vas a comer libros?! —le recriminaba Limón. Ante estos interrogantes, Pomelo introducía algún que otro paquete de alimento y una cantimplora con agua. En cambio, Limón era todo un aventurero: su mochila tenía desde latas de comida, brújulas, planos de ciudades, teléfono con Google Maps y cargador de baterías, hasta herramientas como martillo, tenazas, destornillar, incluso sogas y poleas. Sabía lo que iban a enfrentar.
Capítulo II
La aventura comienza
El bosque donde vivían Pomelo, Limón y Valentina se situaba en la zona oeste de Venado Tuerto, una ciudad del sur de Santa Fe, en Argentina. Formaba parte de un parque ecológico surgido desde una actividad privada para preservar las especies arbóreas del país. Era tupido y hábitat de gran cantidad de pájaros y animales de la zona.
El bosque estaba lleno de sorpresas. Lo recorrían senderos laberínticos que terminaban en una puerta que permitía salir al mundo exterior. Limón lo conocía a la perfección, inclusive conocía la puerta a las que llegaban los senderos, pero nunca había intentado salir por ella. La puerta era a dos hojas de hierro labrado con diferentes inscripciones. Una vez había seguido a Valentina hasta ella, vio cómo la abría con una llave gigante que, al ingresar en la cerradura, irradió una luz azul y la puerta se abrió de par en par: Valentina salió, pero él no se animó a seguirla. Solo vio que, cuando se cerró la puerta, la llave se escondió entre las ramas y las hojas de un álamo.
Los hermanos gatunos habían vivido en una casa que pendía de dos robles macizos que hacían de cimientos. Una escalera guiaba la entrada, hacía una curva y remataba en los últimos peldaños con dos columnas donde Valentía posaba dos faroles que prendía llegada la noche y justo antes de retirarse a sus aposentos.
Ahora, habiendo crecido en un bosque aislado de la civilización, los felinos emprendían un viaje en busca de conocer el mundo más allá de los límites de ese lugar tan familiar. Una noche superluminosa los acompañaba. Se despidieron de Valentina con una carta donde le contaban su cometido y le agradecían todos los cuidados que habían tenido de su parte.
Pomelo salió primero alumbrando con un candil y Limón lo siguió con el celu que los guiaría hacia la puerta del álamo.
Llegaron sin mayores problemas. Pomelo solo se dispuso a observar la audacia de su hermano para abrir la puerta. El momento le recordó a alguien muy especial que habían conocido. Limón trepó al árbol y encontró la llave. La tomó con mucha delicadeza, la introdujo en la cerradura y la luz que irradió abrió la puerta mágica.
De pronto, los hermanos se encontraron ante una urbe particularmente felina. Hipnotizado ante tanta belleza, con el sigilo que caracteriza a todo gato, ingresaron en ella.
Cuando Valentina despertó se dispuso a comenzar su día. Imaginaba el conjuro que debería preparar para un adolescente cuya solicitud había sido: ser feliz. Interrogándose acerca de qué sería la felicidad, Valentina recorrió su casa, extrañada por la falta del recibimiento de Pomelo y Limón. Sin darle mucha importancia, se dirigió a la cocina para prepararse su rutinario desayuno: café con leche, tostadas con mermelada de durazno o higo, según hubiera en la heladera, y queso crema. Solo Miyina había salido a recibirla esa mañana. Pero ya se habían saludado porque Valentina y Miyina dormían juntas. Para su sorpresa, se encontró con la carta que habían dejado sus mascotas felinas sobre la mesa.
