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Muchos docentes silencian que enseñan con miedo. Miedo a intervenir y a quedar desautorizados. A ser juzgados por las familias, los estudiantes o por sus propios equipos. A sostener una clase sin perder el vínculo ni ceder a la tensión. En escuelas atravesadas por desigualdades, neurodivergencias, reclamos y emociones intensas, se ha vuelto un desafío urgente ejercer la autoridad pedagógica sin renuncia ni autoritarismo. ¿Cómo poner un límite que no humille? ¿Qué significa sostener la palabra sin imponerla? ¿Cómo acompañar sin absorber? ¿Y cómo enseñar sin dejarse llevar por el miedo ni por el automatismo? Este libro no ofrece fórmulas. Pero sí habilita preguntas, escenas, estrategias y reflexiones para pensar la autoridad como un vínculo que se construye y se cuida cada día. En la mirada que aloja. En el límite que contiene. En la norma que se revisa. En la ternura que no se retira. Con una escritura clara y profundamente pedagógica, el texto invita a recuperar el deseo de enseñar como acto político y ético. Y a pensar la escuela como una comunidad que educa desde el cuidado, la palabra y la responsabilidad compartida.
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Seitenzahl: 203
Veröffentlichungsjahr: 2025
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Ruth Chackiel
DECISIONES DOCENTES PARA ENSEÑAR SIN MIEDO
Infancias que incomodan. La autoridad se pone a prueba
Chackiel, Ruth
Decisiones docentes para enseñar sin miedo: infancias que incomodan: la autoridad se pone a prueba / Ruth Chackiel. - 1a ed. - Ciudad Autónoma de Buenos Aires : Noveduc Gestión, 2025.
(Noveduc Gestión)
Libro digital, EPUB
Archivo Digital: descarga y online
ISBN 978-631-91457-2-4
1. Gestión Educacional. 2. Planificación. 3. Pedagogía. I. Título.
CDD 370.711
Corrección de estilo: Liliana Szwarcer
Coordinación pedagógica: Ada Kopitowski
Diseño e ilustración de cubierta: Pablo Gastón Taborda / es.123rf.com
Diagramación del interior: Pablo Gastón Taborda
Los editores adhieren al enfoque que sostiene la necesidad de revisar y ajustar el lenguaje para evitar un uso sexista que invisibiliza tanto a las mujeres como a otros géneros. No obstante, a los fines de hacer más amable la lectura, dejan constancia de que, hasta encontrar una forma más satisfactoria, utilizarán el masculino para los plurales y para generalizar profesiones y ocupaciones, así como en todo otro caso que el texto lo requiera.
Las referencias digitales de las citas bibliográficas se encuentran vigentes al momento de la publicación del libro. La editorial no se responsabiliza por los eventuales cambios producidos con posterioridad por quienes manejan los respectivos sitios y plataformas.
1º edición, octubre de 2025
Edición en formato digital: noviembre de 2025
Noveduc libros
© Centro de Publicaciones Educativas y Material Didáctico S.R.L.
Av. Corrientes 4345 (C1195AAC) Buenos Aires - Argentina Tel.: (54 11) 5278-2200
E-mail: [email protected]
ISBN 978-631-91457-2-4
Conversión a formato digital: Numerikes
No se permite la reproducción parcial o total, el almacenamiento, el alquiler, la transmisión o la transformación de este libro, en cualquier forma o por cualquier medio, sea electrónico o mecánico, mediante fotocopias, digitalización u otros métodos, sin el permiso previo y escrito del editor. Su infracción está penada por las leyes 11.723 y 25.446.
Cubierta
Portada
Créditos
Sobre la autora
Prólogo
Introducción. Punto de partida: de la experiencia a la reflexión sobre la autoridad
Capítulo 1. Poder disciplinar vs. autoridad pedagógica. Cambios que desafían el rol docente
Autoridad pedagógica vs. poder disciplinar
El poder disciplinar: mandar, controlar, sancionar
La autoridad pedagógica, otra forma de presencia docente
El contexto también educa
Una nueva apuesta institucional
Cuando la autoridad se pone a prueba
La palabra abre la escena
Infancias con voz propia. Reconfiguraciones del lazo educativo
Una invitación
Antes de seguir…
Capítulo 2. Entre el mandato institucional y la construcción vincular
¿Crisis de autoridad o transformación del lazo educativo?
Cuando la norma no cuida. Decisiones que erosionan el vínculo
Una escena, muchas preguntas
Hilos para seguir tejiendo
Infancias y adolescencias que interpelan. ¿Cómo responder?
Familias que desafían: entre la legitimidad institucional y la necesidad de escucha
¿Cómo ejercés tu autoridad en la escuela?
Decidir en contexto: una ética del cuidado como brújula
Capítulo 3. La escuela como escenario de disputa de sentidos
Normas, emociones y desigualdades: ¿quién tiene la voz legítima?
El aula como espacio político
Discursos de odio y el desafío de sostener la autoridad
Presencias, ausencias y contradicciones del Estado en la vida escolar
Cuando las familias disputan sentido
Redes sociales y sobreexposición digital: nuevas voces, viejas tensiones
Un fenómeno que genera nuevas tensiones para la escuela
Autoridad pedagógica: una práctica situada en disputa
Capítulo 4. Infancias que incomodan, miedos que paralizan. Desarmar prejuicios, habilitar encuentros
¿De qué tiene miedo la escuela?
Cuando el aula incomoda: entre etiquetas, silencios y resistencias
No etiquetar para excluir: comprender sin patologizar
Autismo: otra forma de habitar el aula
Estrategias pedagógicas para una inclusión genuina
Beneficios de una escuela que abraza la neurodiversidad
Desafíos y compromisos
Infancias trans: del respeto formal al reconocimiento profundo
Comportamientos desafiantes: cuando el límite también es una forma de cuidado
Entre el temor y la desautorización: cuando la autoridad docente se siente amenazada
Enseñar con otros ojos
Del miedo al encuentro, del límite al lazo
Capítulo 5. Escuchar no es ceder. La potencia de la palabra en las decisiones escolares
Escucha activa como práctica institucional
La diferencia entre el capricho y la demanda legítima
Cómo sostener el lugar adulto sin autoritarismo ni abandono
El valor del tiempo, el gesto y la revisión
Autoridad, palabra y cuidado
Capítulo 6. Autoridad y cuidado: dos caras de una misma pedagogía
El cuidado como política institucional
Enseñar es también poner un marco. ¿Cómo hacerlo sin violencia?
Casos de intervención: límites claros, lazos firmes
El límite como gesto de cuidado
Capítulo 7. La conducción como acompañamiento pedagógico
Una mirada histórica
El rol de directivos y supervisores más allá del control: habilitar, sostener, acompañar
Sostener no es ordenar. Otra idea de autoridad institucional
Acuerdos compartidos: criterios comunes y revisión permanente
Escenas reales: entre la urgencia y la escucha
Autoridad institucional como tejido de acompañamiento: un compromiso cotidiano
Capítulo 8. La autoridad que se construye: experiencias y microdecisiones cotidianas
Lenguajes que invitan, prácticas que excluyen
Coherencia entre lo que se dice y lo que se hace
La coherencia pedagógica
¿Cómo se erosiona y cómo se recupera la autoridad?
La autoridad en lo cotidiano: el poder de las microdecisiones
Reflexión sobre las decisiones docentes
Capítulo 9. Enseñar sin miedo. Condiciones para una autoridad pedagógica que cuide
La autoridad como vínculo que se renueva cada día
Desactivar los mecanismos del miedo
La ESI como camino para educar sin miedo
Dispositivo institucional para educar sin miedo
Elegir enseñar, cada día
Anexo. Mapa de ruta para una práctica innovadora
Estrategias participativas para equipos escolares y grupos estudiantiles
a) Actividades para analizar colectivamente el ejercicio de la autoridad
b) Actividades y dinámicas para promover un marco sin violencia en el aula
Epílogo. Construir desde el conflicto, sostener desde el cuidado
Bibliografía
Cubierta
Tabla de contenidos
Portada
Créditos
Decisiones docentes para enseñar sin miedo: infancias que incomodan: la autoridad se pone a prueba
Páginas finales
RUTHCHACKIEL. Docente, licenciada en Educación y maestranda en Psicología Educacional (UBA). Se desempeñó durante más de tres décadas en la escuela pública de la Ciudad de Buenos Aires como maestra, vicedirectora, directora y supervisora. A lo largo de treinta y seis años de trayectoria, acompañó a docentes, familias y estudiantes, con la convicción de que la educación es un derecho y un espacio de construcción colectiva.
Especialista en Educación Sexual Integral, participó activamente en la implementación de la Ley N° 26150, desde sus inicios en 2006, impulsando proyectos institucionales, capacitaciones y materiales que fortalecen la inclusión y los derechos en las escuelas. Escribe y coordina talleres y espacios de formación, tanto en Argentina como en otros países de la región.
Es autora de ESI, derechos y educación. Construyendo inclusión en las escuelas (Letra Viva, 2024) y coautora de Prácticas docentes en tiempos de inteligencia artificial (Homo Sapiens, 2025).
Sostiene que enseñar implica cuidar, alojar la palabra y construir comunidad en un tiempo que necesita más que nunca de la escuela pública.
Este libro coloca en primer plano la actualidad de la escuela del siglo XXI en la Argentina: sus marcos legales, sus narrativas, las nuevas subjetividades de alumnos, docentes y familias, los avances y retrocesos de las políticas públicas en temas tan sensibles como son la educación sexual integral y la inclusión escolar, entre otros.
Ruth Chackiel –a quien tengo el privilegio de conocer y con quien he compartido muchos años de valioso trabajo– fue maestra, directora y supervisora. Esta trayectoria no es un mero dato curricular, sino que constituye la columna vertebral de su escritura. Cada línea, cada reflexión, cada pregunta planteada en el texto nace de su práctica escolar, de los pasillos transitados, de las conversaciones en la sala de maestros, de la observación atenta de niños, niñas y adolescentes. Por eso, no sería exagerado afirmar que todas aquellas personas que se desempeñan en áreas de la docencia, la dirección o la supervisión y quienes despliegan su saber como profesionales integrantes de un equipo de orientación hallarán en estas páginas el reflejo de su propia práctica, sus interrogantes y sus búsquedas.
El libro Decisiones docentes para enseñar sin miedo. Infancias que incomodan. La autoridad se pone a prueba está estructurado sobre un eje central y potente: el pasaje del sistema disciplinar al sistema de convivencia escolar. Desde el mismo se ordenan y se ponen en relación entre sí todos los temas abordados: autoridad pedagógica, participación, límites educativos, acuerdos escolares de convivencia, reparación, educación sexual integral, etcétera. Con posterioridad a la sanción de la Ley Nacional de Educación (2006), en las escuelas se hizo evidente un campo de tensiones entre las prácticas pedagógicas autoritarias y aquellas enmarcadas en una concepción democrática, derivada de la aplicación de la nueva norma. Veinte años después, esa tensión persiste y Ruth no la elude: la aborda con valentía, lee sus efectos en los vínculos y ofrece caminos para construir puentes. Así, nos confronta con la dificultad que experimenta un docente cuando impone su propuesta sin dar lugar a la singularidad, pero también con el riesgo que representa confundir los límites con el autoritarismo, desconociendo la vital importancia de crear hábitos y normas en los procesos de enseñanza y aprendizaje.
La autoridad pedagógica es, sin duda, uno de los pilares de esta obra. La autora subraya la necesidad de que las comunidades educativas cuenten con una autoridad que escuche, aloje y acompañe al conjunto de alumnos –y a cada uno de ellos–, sin imponer un modelo que funcione como corsé. Que sea capaz de plantear procesos de aprendizajes que iluminen un horizonte para los chicos y las chicas en su rol de estudiantes; que esté interesada en escuchar a su comunidad educativa y dispuesta a tomar decisiones que permitan a sus integrantes sentirse parte activa de la escuela. Esta autoridad no debe ser confundida con la idea del laissez faire, aclara Chackiel: es una autoridad que enseña, propone, convoca a la conversación, entiende el límite como cuidado y a la presencia docente como un pilar insustituible. Es una manera de ejercer y construir autoridad que se enfrenta radicalmente a la antigua concepción vertical, que impone y no acuerda, que no escucha porque existe el miedo a perder el “poder” de tomar las decisiones.
A lo largo de todo el libro aparece de modo recurrente una idea que se revela como central: “Escuchar no es ceder y acordar no es renunciar”. Esta frase resume la esencia de la propuesta de Ruth acerca de la autoridad pedagógica, para quien escuchar y acordar no son signos de debilidad, sino una fortaleza que conduce a convocar la palabra. Y “convocar” es un verbo que deja huella en estas páginas: es una marca registrada de una autoridad que debe volverse plenamente consciente con respecto a la necesidad de escuchar a toda la comunidad, para tomar decisiones que generen efectos positivos en la trama institucional escolar.
A partir de su experiencia en el sistema educativo, Ruth sostiene que escuchar a un estudiante implica que quien ocupa el rol de docente debe ser capaz de asumir que no lo sabe todo, que ignora la “verdad” única y singular del niño o del joven. Solo cuando él acepta esa “ignorancia” puede convocar al alumno a expresar su propia palabra y, así, acompañarlo en la construcción de su rol como estudiante. De este modo, el verbo “convocar” se vuelve vital en el texto y hace red con el significante “ética de la intervención docente”. Esta ética demanda al enseñante asumir un “saber no todo”; porque únicamente desde esta posición subjetiva podemos invitar a los estudiantes al lugar de la palabra, permitiendo que en cada niño y cada joven emerja un sujeto ético, capaz de asumir un decir y un hacer responsables.
Un aspecto crucial que se desprende de la lectura del texto es no confundir la singularidad de un alumno o una alumna con una excepción a la regla. En ese sentido, la autora explica que la singularidad sería el punto de partida que permite a niños y jóvenes acceder a lo común de la trama institucional escolar. Cuando los docentes escuchan, los alumnos se animan a hablar, y es desde sus singularidades que se los debe acompañar, para que logren ser pares de sus compañeros y alumnos plenos de la escuela.
Si bien es sabido que la autoridad pedagógica implica una dimensión vincular y una dimensión institucional, la autora pone énfasis en recordarnos que no podemos concebirla por fuera de este binomio, y desarrolla su argumentación consolidando la idea de que la una es imposible sin la otra. Un docente no puede ejercer su rol en soledad, porque la autoridad exige acuerdos y compromisos institucionales; sin embargo, esos acuerdos no tendrían un impacto real sin el hacer artesanal de cada docente en el aula. El entramado de ambas dimensiones revela que las intervenciones sostenidas por la mayoría o por todos los actores de la comunidad educativa son mucho más efectivas que aquellas que dependen solo de quien está al frente del aula. Cuando la mayor parte del equipo docente y de la conducción toman una decisión y la sostienen de manera conjunta, la comunidad educativa se muestra más predispuesta a legitimar y consentir la propuesta de la escuela. Es en este punto donde se genera un verdadero “efecto institución” en el rol docente, con el que se fortalecen los sentidos institucionales que dan orientación y cohesión a toda la comunidad.
La autora también se detiene en un tema de trascendental importancia, sobre todo en el contexto sociopolítico actual, en el que se observan notorios retrocesos en derechos conquistados: la Educación Sexual Integral (ESI). Así, subraya el carácter imprescindible de este contenido educativo, recordando que su legitimidad permite a los docentes transmitir y visibilizar que los cuerpos se respetan y se cuidan, defendiendo al mismo tiempo una política pública esencial.
En momentos en que otras instituciones –la salud, la protección de derechos, los clubes de barrio, la trama vecinal, las propias familias– se encuentran debilitadas, la escuela emerge en este libro con una centralidad desbordante, sobre todo, porque está amenazada por políticas de ajuste que exceden su función pedagógica en sentido amplio. Ruth Chackiel, con su profundo conocimiento, transita este borde sin descuidar las múltiples dimensiones que implica construir el rol docente: institucional, profesional, familiar, social, económica y política. Su experiencia se traduce en un valioso aporte de marco teórico y recursos didácticos para los diferentes roles, siempre reconociendo la interconexión con otras instituciones necesarias para que un niño, una niña o un joven logren entrelazar plenamente su vida con la escuela.
Este libro es, en definitiva, un acto de profundo amor por la educación en general y por la escuela pública en particular. A través de viñetas impregnadas de humanidad, de intervenciones institucionales y de preguntas que interpelan, la autora nos invita a un diálogo constante y siempre abierto.
Agradezco a Ruth no solo los años compartidos, sino también la confianza de haberme elegido para prologar esta obra. Estoy convencida de que cualquier lector interesado en la educación, que busque construir y fortalecer el valor simbólico de la escuela, encontrará aquí una fuente de inspiración y reflexión.
¡Que la lectura de estas páginas sea un impulso para seguir pensando y construyendo la escuela que nuestros niños, niñas y adolescentes necesitan y merecen!
Marina Lerner
La autoridad siempre exige obediencia, pero jamás puede ser impuesta por medios externos como la fuerza. Donde termina el consentimiento, desaparece la autoridad.
Hannah Arendt
Escribir sobre autoridad no fue una decisión repentina. Fue, más bien, el resultado de haberla habitado durante años en múltiples escenas escolares, no como un atributo estático, sino como una tensión persistente entre sostener y ceder, entre intervenir o callar, entre cuidar sin controlar y poner límites sin castigar. Fue también una forma de devolverle densidad a una palabra que, demasiadas veces, se reduce a un sinónimo de obediencia o poder, cuando en realidad remite a lo que hace crecer, a lo que habilita, sostiene y convoca.
La escuela está cambiando y, con ella, los modos de enseñar y de vincularse. Las infancias y adolescencias interpelan con nuevas formas de nombrarse, de expresarse, de habitar el aula. Lo que antes parecía suficiente para “mantener el grupo” hoy ya no alcanza –y, en muchos casos, ya no debería alcanzarnos. La autoridad no puede ser un intento de restaurar un orden perdido, sino un acto ético que se construye cada día, desde el vínculo y la escucha.
Este libro nace del deseo de pensar cómo ejercer ese rol sin apelar al grito ni al control. Cómo estar presentes sin invadir. Cómo decir “no” sin herir. Cómo sostener el aula sin hacerlo desde el miedo.
Hablar de autoridad implica, también, revisar mi propia trayectoria: fui maestra, directora, supervisora de distritos diversos y desafiantes. Escuché a docentes desbordados, a directivos buscando sostén, a estudiantes que se retiraban sin haber sido nombrados por nadie. Pero también fui testigo de escuelas que construyen otras formas de autoridad: más silenciosas, más dialogadas, más cuidadas. Escuelas que no niegan el conflicto, pero que no devuelven violencia como respuesta. Que acompañan sin renunciar. Que enseñan sin imponer.
La autoridad, como plantea Arendt, no puede sostenerse en la mera tradición ni en la imposición. Debe construirse en la interacción cotidiana, en el reconocimiento mutuo entre adultos y estudiantes. Es un acto relacional, frágil pero poderoso, que se legitima en la práctica más que en el mandato.
Escribir sobre autoridad en este tiempo implica sumergirse en zonas inciertas donde el cuidado, el deseo, el temor y la ternura se entrelazan. No hay certezas cerradas, pero sí preguntas insistentes. Como señala Tenti Fanfani, las formas verticales de autoridad han perdido eficacia y sentido frente a las nuevas realidades escolares. Sin embargo, eso no involucra renunciar a enseñar ni dejar de marcar un rumbo. Implica repensar cómo hacerlo: no desde el mandato, sino desde el reconocimiento del otro como legítimo interlocutor.
En más de tres décadas de trabajo en educación –primero en el aula, luego en la gestión y la supervisión– aprendí que la autoridad no se ejerce en soledad. Se construye con otros, en la práctica compartida. La autoridad pedagógica se legitima en la escucha, en el respeto y en el modo en que se habitan los espacios comunes dentro de la escuela.
Acompañar escuelas en sus desafíos cotidianos, formar equipos de conducción, intervenir en conflictos y sostener búsquedas pedagógicas, me permitió comprender que la autoridad no se impone: se teje. Es una trama de vínculos, decisiones pequeñas y sostenidas, gestos que trazan un encuadre sin romper la relación. Supervisar, en este sentido, fue aprender a alojar sin invadir, a sostener sin someter, a marcar un límite sin quebrar la confianza.
Este libro no ofrece respuestas acabadas. Invita a pensar una tarea silenciosa, paciente y esencial: construir una autoridad pedagógica que cuide, que acompañe, que repare, que no tema a la pregunta y que sea capaz de abrir caminos frente a los desafíos de una escuela en transformación.
Como señala Philippe Meirieu (2007), ejercer la autoridad en la escuela, hoy, exige sostener el lazo con los estudiantes y, al mismo tiempo, animarse a reinventarlo. En ese equilibrio frágil, profundamente humano y profundamente político, se juega la posibilidad de seguir enseñando.
Capítulo 1
La palabra “autoridad” resuena en la escuela con una carga ambivalente. Para unos, significa respeto, guía, referencia. Para otros, impone jerarquías, silencios, obediencia. Esta ambigüedad no es menor: en la escuela, muchas veces se espera que se ejerza la autoridad, pero pocas veces se la interroga. ¿Qué significa tener autoridad para enseñar? ¿Qué pasa cuando esta no es reconocida? ¿Y qué consecuencias trae confundirla con el poder de controlar?
En tiempos marcados por la transformación de los vínculos escolares, recuperar el sentido pedagógico de la autoridad se vuelve urgente. Ya no alcanza con preguntarse cómo mantener el orden: hay que preguntarse también cómo crear las condiciones para enseñar y aprender en un marco de confianza y respeto mutuo. Pensar la autoridad, entonces, no como un atributo individual ni como un poder que se ejerce desde arriba, sino como una dimensión ética y pedagógica que organiza el vínculo.
En muchas escuelas persisten formas de intervención que responden al modelo disciplinar clásico. En él, quien sabe manda y quien aprende obedece. El aula se convierte en un espacio en donde se valora más la contención del conflicto que la apertura al pensamiento. El énfasis recae en “hacer callar”, “mantener el orden”, “evitar desbordes”. En esta lógica, la docente se transforma en garante de la disciplina más que en facilitadora de aprendizajes significativos.
Beatriz Greco (2007) cuestiona esta concepción verticalista y propone comprender la autoridad como una práctica que se sostiene en el reconocimiento mutuo y en la coherencia entre el decir y el hacer. Bajo el poder disciplinar, en cambio, se instala una relación asimétrica que alimenta el aislamiento de quien enseña y la resistencia de quienes aprenden. La eficacia del docente se mide, muchas veces, por su capacidad de mantener el aula en silencio, como si el silencio fuera sinónimo de enseñanza lograda.
Este tipo de intervención centrada en la sanción y la vigilancia no solo agota emocionalmente a quienes enseñan, sino que también debilita el vínculo con el grupo. Lejos de construir una comunidad educativa, refuerza dinámicas de control que generan desconfianza y temor. El aula se transforma en un campo de batalla en el que hay que sostener el poder, en lugar de ser un espacio donde se construyen saberes colectivos.
Desde esta perspectiva, el orden deja de ser una condición para aprender y se convierte en un objetivo en sí mismo. Se mide la eficacia docente por la capacidad de mantener la disciplina, de evitar conflictos, de “manejar” el aula, como si la convivencia fuera un fin separado del proceso educativo. Así, la energía institucional se concentra en contener, corregir, evitar el “desborde”, en lugar de apostar a la creación de vínculos que habiliten el deseo de aprender, la curiosidad y el pensamiento crítico.
El problema no radica en la existencia de normas o en la necesidad de establecer límites, sino en la forma en que esos límites se implementan. Cuando se confunden con castigos o se aplican sin reflexión, se rompe la posibilidad de construir una experiencia educativa con sentido. El respeto forzado nunca genera compromiso genuino: solo reproduce obediencia pasiva.
Por eso, es necesario distinguir entre poder disciplinar y autoridad pedagógica. Mientras el primero se sostiene en la amenaza de la sanción, la segunda se construye en el reconocimiento, en la consistencia entre palabra y acción, en la capacidad de generar un marco de sentido donde las normas no se imponen por la fuerza, sino que se comprenden, se aceptan y se respetan como parte de un proyecto común.
Superar el poder disciplinar implica revisar prácticas, inspeccionar sentidos, y animarse a construir otra forma de presencia docente: una presencia que no mande desde el miedo, sino que invite desde el deseo de aprender juntos.
En contraposición a las lógicas de control, la autoridad pedagógica se juega en una presencia docente que convoca, habilita, propone. Es una práctica que se ejerce desde el vínculo, no desde la amenaza; desde la palabra que orienta, no desde el gesto que impone. No se trata de ceder el lugar adulto, sino de habitarlo con responsabilidad, firmeza y sensibilidad.
Esa presencia adquiere valor cuando logra generar confianza, cuando quienes aprenden perciben que hay alguien que se hace cargo, que escucha, que nombra el conflicto sin desautorizar, que pone límites sin violencia. La legitimidad no reside en el cargo, sino en la coherencia entre lo que se dice y lo que se hace, entre la norma y el modo en que se la enmarca.
