Desfibrilador - Gilraen Eärfalas - E-Book

Desfibrilador E-Book

Gilraen Eärfalas

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Beschreibung

Cada quien vive sus propios tormentos. Los míos me trajeron hasta donde estoy hoy, no sin antes intentar hundirme. La muerte me miró a los ojos una noche de febrero de 2010, recuerdo la sangre manar a borbotones de mis entrañas, me ahogaba, desaparecía. Tuve la fuerza para transformar aquel martirio. Comencé a escribir y, a pesar de que me quisieron silenciar, cada letra fue una compresión, cada poema, una arritmia salvada. Varias arritmias después, me condujeron a escribir este libro. Desfibrilador es una cita con el médico. En estas páginas se traduce el dolor que se siente y no puede señalarse: heridas de abuso, abandono, soledad, desamor y despedidas. Si buscas un analgésico, no es este, pero si quieres puedo acompañarte hasta que pase el dolor.

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Seitenzahl: 86

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Gilraen Eärfalas

Desfibrilador

La poesía llegó como desfibriladora reiniciarme el corazón

Desfibrilador

© 2019, Gilraen Eärfalas

1ª edición: abril 2019

2ª edición: agosto 2020

3ª edición: febrero 2021

Gilraen Eärfalas

© de esta edición: julio 2021

Ediciones Venado Real

[email protected]

ISBN: 978-9915-9363-9-0

Dirección editorial y corrección: Juliana Del Pópolo

Diseño de cubierta: Gilraen Eärfalas y H. Kramer

Diagramación: H. Kramer

Reservados todos los derechos.

No se permite la reproducción total o parcial de esta obra, ni su incorporación a un sistema informático, ni su transmisión en cualquier forma o por cualquier medio (electrónico, mecánico, fotocopia, grabación u otros) sin autorización previa y por escrito de los titulares del copyright. La infracción de dichos derechos puede constituir un delito contra la propiedad intelectual.

Contenido

Terapia intensiva

Autopsia de un poeta

Auto (Amor) Estima

Esta noche no vas a apagar la luz

Besos que dan explicación

El corazón te lo rompiste tú

Te van a herir el corazón

Perdóname

Cuando me hablan de ti

Hoy no quiero ser fuerte

Esdrújulas y agudas que no son tan graves

Aprendiendo a estar sola

Mamá, si un día desaparezco, no les creas

Me dijo que yo era el amor de su vida

Tu peor error

Despedida número once

Sin anestesia

Baúl de granadas

Máscaras

Cuarto de choque

Mi héroe se fue

Siempre soy la mala de la historia

La escala del dolor: del 1 a ti

Te veo en todos lados

Una mujer bicolor

Diferente chico, el mismo bar

Un pecho menos te hace más

Costumbres

No vi, no sentí, no hablé, no viví

Cuando te encuentre

Voces que fabrican sueños

Te fui infiel

Así es vivir con depresión

Ella no sabía que era bonita

Mamá

Vacío

Mi yo de la noche vs mi yo de la mañana

No es una chica de revista

Me divorcié de un hombre bueno

Mamá, hay un monstruo en mi puerta

No eres lo que dicen de ti

Cuando vuelvas a verme

No todos los hombres son malos, las mujeres también violan

Dispárame

Lo juro

¿Por qué escribo?

Desbridación

Silla eléctrica

Los domingos son para olvidar

Querida extraña:

Dijiste:

Veneno en el corazón

Me dijeron que no era poeta

Sobre la autora

Dios, quien movió mi corazón para reeditar este libro.Esta cuarta edición fue por él.

Mamá, la mujer que amputó sus alas para que yo no detuviera mi vuelo.

Armando, gracias por creer en mí cuando yo me siento irremediable.

Lissbeth, gracias por hacerme creer en ese amor que atraviesa fronteras y pantallas.

Querido lector:

No quiero prometerte el libro más feliz del mundo, de hecho, no sé si un par de hojas empastadas puedan merecer el título de ‘libro’, pero en pocas palabras, es una recopilación de sentimientos e historias que, según yo, les doy el toque poético para incluirlo en una de estas clasificaciones que te piden las librerías en línea.

Quizá no te saque risas, y puede que sean más lágrimas saladas que en todo el mar muerto, no se me da la motivación ni la superación personal al estilo Instagram ®.

Lo que hay en estas páginas son recuerdos que tenía que suturar porque estaban abiertos, con vasos desgarrados infectándose día a día porque quería hacer de cuenta que ya no están. Lo que no se habla, no se sana. Una herida no se debe cubrir de manera hermética, solo acumula bacterias, hongos, humedad, en las del alma pasa igual, destápala. Sé que a veces hablar no es opción, para mí, escribir es el principio de la curación. Todo lo que ves fue el proceso, desde asepsia hasta sutura. Cada texto es parte de mi fórmula: bálsamo, antiséptico, curita, gasa, transfusión, trasplante y antibiótico.

Y aquí estoy, reeditando por cuarta vez ya, mi pequeño desfibrilador, esperando que sea una agradable y triste charla conmigo, donde si no te ayudo a superar, al menos te ayudo a identificar qué cosas pueden estar escondidas en ese ático del aparente olvido, digo aparente porque cuando no estamos dispuestos a enfrentar algo lo encerramos en un closet viejo o lo escondemos como polvo debajo de la alfombra, al final, no se ve, pero allí sigue y si no hacemos algo con eso, empeora, sale o se pudre, así que, o le hacemos frente y lo tiramos o lo reparamos, pero de que algo debemos hacer, es ley.

No somos bodega, no somos tiradero, ni recicladores ni nada de esas cosas insensibles. Las apariencias engañan, el físico puede verse impecable, la casa puede estar reluciente, pero…

¿Qué hay dentro de los muebles? ¿Qué pasa cuando las luces se apagan? ¿Qué hay después de la media noche? ¿Qué canciones se escuchan cuando nadie está? ¿Qué lloramos cuando no paramos de reír? ¿Qué reímos para ocultar?

Piénsalo.

Dicen que algo no funciona bien en mi cabeza…y estoy de acuerdo.

Terapia intensiva

Tengo miedo de mí,de creer mentiras que mantengan mi corazón con tratamiento paliativo, de pensar que aún nos queda tiempo, que mañana voy a despertar y ya no sentiré este vacío en el ventrículo derecho.

He llorado tantoy es tan raro que aún no tenga un choque hipovolémico.

Hay metástasis en tantas partes de mi alma,pero una tomografíano me ayuda a localizarlas.

Sé que algo me duele,no puedo indicarlo en ningún cuadrantesolo siento que irradia.

Tengo miedo de ti, de que me mientas para no seguir hiriéndome, de que sigas ligándome venas y, entonces, ya no encuentre retorno, de que solo tengas el papel de morfina en mi enfermedad.

La muerte es inminente, pero me haces creer que todavía quedan tres días más.

Tengo miedo de ti, de que hagas con mi vida solo datos para una historia clínica, inconclusa,mal redactada, que la evolución solo sea poesíay el diagnóstico tenga una pregunta: ¿Cuándo uno decide qué es suficiente?

¿El tratamiento?¡Quitar el estímulo lesivo! —Un adjunto de hoja de referencia—¡Que se haga cargo otro! Un tanatólogo que me diga qué se gana con una pérdida.¿Un cardiólogo? que me explique cómo se vive con un corazón ajeno aquí en el pecho.

Solo dame 11 Benzodiacepinas,yo me ocupo del resto.

Una persona puede estar feliz sin sonreír,una persona puede sonreíry estar llorando por dentro.

Autopsia de un poeta

Llegó un nuevo cadáver y eso no era raro. Todos los días recibo decenas, abro y cierro anotando la causa de su muerte, esa es mi ordinaria rutina. Sin embargo, esta vez, la chica que lloraba afuera esperando respuestas me gritaba:

—¡Cuidado, es poeta! —

¿Qué tendría de diferente? ¿Qué relevancia tiene un oficio donde solo utiliza papiros y tinta? Es carne, sangre, todo en estado de descomposición, pero hay que escuchar las advertencias, pues nadie te advierte solo porque sí, lo aprendí tarde… mas lo aprendí.

Lo abrí, y fue similar a haberlo hecho años atrás con la caja de Pandora porque, aún sin circulación, brotaba tinta negra y se escuchaban palabras en el viento que juraría componían el poema más triste del universo.

Por mis dedos entraba una melancolía inexplicable, mis ojos se irritaban como si aquello fueran cenizas esparciéndose por la morgue. En efecto, era diferente, no solo era otro cuerpo, sino el de uno que poseía el arte de las letras, que entregó su vida a dejar sus fantasmas entre cartas. Era el cuerpo de alguien que llevaba sobre su sien las lágrimas de quizá mil personas, mil y una personas, incluyéndome.

La habitación no olía a sangre, olía a lamento, juraría que aún se movían sus manos.

La muerte, enferma de melancolía, también se rehusaba a llevárselo.

Kronos pisaba el reloj con toda rabia por detener el tiempo.

¡Maldita la hora en que sucedió esto!

Desaparece del mundo la única oportunidad de cambiar balas por letras, la única oportunidad de hacer que un niño tome un lápiz y no un arma. Desaparece la única forma verbal de explicar qué piensa el corazón. No es un muerto más, es un poeta menos y no sé cuántos quedan. ¡Oh, Dios! ¿Cuántos quedan? Solo tú sabes cuántos están en extinción.

Sólo tú sabes la fecha en que la tecnología va a reemplazarlos, algún programa como esos que ahora sacan música con una tecla. ¿Qué carajos sabrá una máquina de manifestaciones entre el latido y la razón?

Y observé el tórax, toqué el corazón. Allí, el quiebre culpable de que todo el cielo llore y las estrellas griten un lamento.

Todos mis libros, todo lo que sé, totalmente contradicho. Tenía lesiones que no pertenecían a ninguna patología, ni el síndrome de Tako-tsubo me pareció tan sombrío. Esta era la causa, esta era la razón, porque sí había crimen en esta aparente escena de suicidio: Era homicidio sin mano encima. Murió de algo que no tiene tema de relevancia en las sesiones académicas. Murió por la única razón por la que podía seguir vivo.

—Ten cuidado —me dijo aquella mujer.

¡Déjame que me ría! Cuidado debías tener tú.

No lo mató la depresión, ni sus letras, ni la sobredosis de risperidal...

De amor sí se muere.

Pd: Gilraen, he resuelto tu duda.

Auto (Amor) Estima

¿Hola?, ¿me recuerdas? Nos conocimos hace muchos años, casi desde que comenzaste a tener uso de razón. Recuerdo cuando eras tan chiquita y te sentías la más linda del universo, y no, no era ninguna ilusión. ¡Lo creías porque era verdad! Eras tan segura en cada paso que dabas, tu vista siempre iba hacia adelante y nada ni nadie te hacía creer lo contrario.

Y yo… yo siempre estuve a tu lado, en forma de una vocecita, allí, cerquita de ti, recordándote que las estrellas sí andan por la tierra. Tenías tanta confianza que no importaban los días malos, pronto te levantabas con la cabeza en alto.

¿Ya me recuerdas? Estuve allí cada vez que alguien quería minimizarte. Soy la que te dijo que eres más que un número en la báscula o en la cinta métrica, más que una prueba o un papel con firma.

¿En serio no te suena familiar esto? Déjame decirte más: