Destacar o callar - Carmen Sanz Chacón - E-Book

Destacar o callar E-Book

Carmen Sanz Chacón

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Un refrescante ensayo sobre el tema de la superdotación en las mujeres y, por ende, la situación de las mujeres inteligentes en general. A través de datos, informes y curiosidades, la autora nos expone de manera sólida cómo las mujeres se ven en desventaja social cuando se trata de hacerse valer intelectualmente: han tenido que callar, disimular o incluso mentir para encajar en el molde preestablecido. La autora nos muestra cuántas mujeres se han visto silenciadas a lo largo de la historia por tener que encajar en esta tesitura, y nos hace ver y reivindicar tanto a las grandes mujeres del ayer y del mañana como a las de hoy: a nosotras mismas.

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Seitenzahl: 219

Veröffentlichungsjahr: 2023

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Destacar o callar

Niñas y mujeres con altas capacidades

Carmen Sanz Chacón

Prólogo de Carmen Guaita y Pilar Gómez-Acebo

Primera edición en esta colección: mayo de 2023

© Carmen Sanz Chacón, 2023

© del prólogo, Carmen Guaita y Pilar Gómez-Acebo, 2023

© de la presente edición: Plataforma Editorial, 2023

Plataforma Editorial

c/ Muntaner, 269, entlo. 1ª – 08021 Barcelona

Tel.: (+34) 93 494 79 99

www.plataformaeditorial.com

[email protected]

ISBN: 978-84-19655-33-2

Diseño y fotocomposición: Grafime Digital S. L.

Reservados todos los derechos. Quedan rigurosamente prohibidas, sin la autorización escrita de los titulares del copyright, bajo las sanciones establecidas en las leyes, la reproducción total o parcial de esta obra por cualquier medio o procedimiento, comprendidos la reprografía y el tratamiento informático, y la distribución de ejemplares de ella mediante alquiler o préstamo públicos. Si necesita fotocopiar o reproducir algún fragmento de esta obra, diríjase al editor o a CEDRO (www.cedro.org).

Índice

Prólogo de Carmen GuaitaPrólogo de Pilar Gómez-AceboIntroducción1. EllasMartaMaríaMargaritaSaraRosa MaríaLauraCaracterísticas de las chicas superdotadas y de altas capacidades2. Identificación de las niñas con altas capacidadesLas niñas se adaptan mejor a la escuela y presentan menos problemasLos estereotipos sociales de los profesoresLos estereotipos sociales de los padresLas niñas se ocultan más3. Diferencias en la inteligencia por género¿Los hombres son más inteligentes que las mujeres?«Las niñas se ocultan debajo de la alfombra»Diferencias en la organización del cerebro de hombres y mujeres4. El desarrollo de la autoestima en las chicas superdotadasPrimera Infancia (0-6 años)Educación Primaria (6-12 años)Adolescencia (13-18 años)Diferencias en la autoestima por género5. El desarrollo emocional de las chicas superdotadasDesarrollo emocional en la infancia y adolescenciaDesarrollo emocional durante la juventud6. Familia y matrimonioRazones para el matrimonioEl complejo de CenicientaDificultades para encontrar pareja o el emparejamiento selectivoLa evolución del matrimonio y la natalidadSatisfacción vitalÉxito profesional y personal7. Barreras para el éxito profesionalInfluencias familiaresEl efecto Pigmalión y el efecto Pigmalión negativoEl síndrome del impostorElecciones profesionalesFalta de planificación para el futuroSíndrome de supermujerCómo mejorar las oportunidades de las mujeres superdotadas8. Mujeres en la cienciaEl efecto MatildaNettie Stevens, descubridora de las características sexuales en los cromosomasRosalind Elsie Franklin, descubridora de las propiedades clave delLise Meitner, la descubridora de la fisión nuclearIsabella Karle desarrolló técnicas para analizar la estructura molecularJocelyn Bell Burnell, descubridora de los púlsaresChien-Shiung Wu, la «Marie Curie china»Agnes Pockels, el ama de casa que hacía física en el agua de fregarAugusta Ada ByronHenrietta Swan Leavitt, la astrónomaAmalie Emmy Noether, la matemática que revolucionó la física y el álgebraMarie-Sophie GermainHedy LamarrVera Rubin, astrónoma, dedujo la existencia de la materia oscuraFalta de reconocimiento9. Mujeres Premios Nobel de CienciasMarie CurieIrène Joliot Curie (hija de Marie Curie)Gerty CoriMaria Goeppert-MayerDorothy Crowfoot HodgkinRosalyn Sussman YalowBarbara McClintockRita Levi-MontalciniGertrude Belle ElionChristiane Nüsslein-VolhardLinda B. BuckFrançoise Barré-SinoussiElizabeth BlackburnCarol W. GreiderAda YonathEmmanuelle Charpentier y Jennifer A. DoudnaAndrea M. GhezMay-Britt MoserYouyou TuDona StricklandFrances Hamilton ArnoldEsther DufloElinor OstromKaren Uhlenbeck10. Las mujeres superdotadas en la sociedadSafo de Lesbos (600 a. C.)Aspasia de Mileto (470 a 400 a. C.)Hipatia de Alejandría (355 o 370, 415 o 416)Teodora de Bizancio (500-548)Hilda de Whitby (614-680)Ethelfleda de Wessex (869-918)Matilde de Toscana (1046-1115)Hildegarda de Bingen (Alemania, 1098-1179)Leonor de Aquitania (1122-1204)María de Francia (1160-1215)Juliana de Norwich (1342-1416)Cristina de Pizán (1364-1430)Juana de Arco (1412-1431)Olympe de Gouges (1748-1793)Mary Wollstonecraft (1759-1797)Flora Tristán (1803-1844)Margaret Fuller (1810-1850)Elizabeth Cady Stanton (1815-1902)Lucy Stone (1818-1893)Rosalía de Castro (1837-1885)Emilia Pardo Bazán (1851-1921)Clara Zetkin (1857-1933)Emmeline Pankhurst (1858-1928)Margaret Sanger (1879-1966)Virginia Woolf (1882-1941)Coco Chanel (1883-1971)Clara Campoamor (1888-1972)Simone de Beauvoir (1908-1986)Rosa Parks (1913-2005)Amelia Earhart (1897-1937?)Referencias

Por Marta, que manifiesta problemas de conducta y está somatizando su ansiedad por ir a la escuela.

Por María, adolescente con un expediente brillante, que se siente muy sola y piensa que la vida no vale la pena.

Por Margarita, que ha dejado de comer hasta el punto de tener que ser ingresada en el hospital y ya no va al instituto ni sale de su casa.

Por Sara, que se enfrentó a los prejuicios de su familia para desarrollar una carrera profesional brillante.

Por Luisa, que no entiende por qué no encuentra una pareja que acepte su éxito profesional.

Por Carmen, que ha abandonado su carrera profesional para poder atender a sus hijos y a su madre dependiente.

Por Lucía, que ha antepuesto la carrera de su esposo a la suya, cuando tenía un brillante futuro como investigadora.

Por todas las mujeres que han renunciado a desarrollar su potencial, o que no han tenido la oportunidad de hacerlo, por ser solamente eso: mujeres en un mundo de hombres.

Gracias a mi hijo Daniel, por sus aportaciones y su paciente trabajo de revisión.

Prólogo

Albert Einstein, Isaac Newton, Stephen Hawking, Steve Jobs, Bobby Fischer, Wolfgang Amadeus Mozart… Estos nombres masculinos son la respuesta más común cuando se nos invita a mencionar personas de altas capacidades.

Ellos han alcanzado la categoría de estrellas de la constelación de la alta capacidad intelectual y constituyen algo así como el Olimpo de la humanidad. Sin embargo, a lo largo de los siglos, hemos ignorado a otra maravillosa categoría de estrellas: las personas superdotadas que son mujeres.

Quizá, en esta invitación a nombrar genios, alguien se atreva a sugerir a Marie Curie o a Sharon Stone, la actriz norteamericana que fue capaz de declararse superdotada hace ya algunas décadas, pero no es lo habitual. Cuando decimos «los superdotados» no empleamos un sustantivo genérico, sino directamente masculino. No obstante, existen millones de mujeres con alta capacidad intelectual. Su contribución a la humanidad y a las historias cotidianas es impagable, y ya va siendo hora de que ellas asciendan al Olimpo también.

¿Dónde están las superdotadas? En todas partes, y esa es la revelación que nos hace Carmen Sanz Chacón en este libro que ya es imprescindible. Las mujeres muy inteligentes habitan en nuestras aulas de colegios y universidades, en las fábricas y oficinas, en nuestras casas, en las redes sociales. Ayer fueron legendarias abuelas que «llegaban a todo» o pioneras que presenciaron cómo se les arrebataban premios y honores; hoy son nuestras alumnas silenciosas y, a veces, dolientes, son nuestras hijas rebeldes o sumergidas en trastornos de alimentación, son las superwomen de tantos chistes y bromas, las que, según el canon del viejo patriarcado, aún están obligadas a poseer escaso atractivo físico, las bellísimas que tienen que ocultarse, las que en las reuniones se disculpan por sus ideas geniales. Las innumerables anónimas, las poquísimas célebres.

Cuántas veces hemos despreciado las características psicológicas de las superdotadas, que hoy nos revela Carmen Sanz Chacón, y hemos etiquetado como lloronas a las hipersensibles, como intensas a las observadoras, como sabihondas a las cultivadas. El caso fue anularlas, como ahora, por fin, el caso es reconocerlas y ofrecerles el lugar y el apoyo que merecen.

El Mundo del Superdotado lleva mucho tiempo luchando para que nuestro país proporcione a quienes representan el más alto grado de la inteligencia humana un lugar y un apoyo.

No puede pasar una ley de educación más sin convertir este país en un lugar de oportunidades académicas y laborales, un lugar para el apoyo a las superdotadas y los superdotados, para que aprendan a manejar la poderosísima y compleja maquinaria de su mente, y la desplieguen en toda su riqueza.

Después de leer este nuevo libro, responderemos de distinta forma a la pregunta sobre la citación de nombres de superdotados. Ya no tendremos problema en decir: Jocelyn Bell, Hannah Arendt, mi hija, mi madre, mi hermana… Ya no tendremos vergüenza en proclamar en voz alta: ¡Soy superdotada!

Debemos agradecer estas páginas por el movimiento al que nos invitan, por la profundidad y amenidad que contienen, y porque constituyen un nuevo avance en el objetivo que Carmen Sanz Chacón se propuso hace ya varias décadas: iluminar el mundo de los superdotados y de las altas capacidades.

CARMEN GUAITA, 2023

Escritora y profesora

Prólogo

«Hay que ser muy lista para hacerse la tonta».

Esta frase tan conocida sirve de consuelo para todas aquellas mujeres que, a diario, se ven ninguneadas por su alto nivel de conocimiento, comportamiento e, incluso, forma de ser.

Siempre me ha llamado la atención cómo se ha anulado, ocultado e incluso eliminado a inventores, creadores, pensadores que destacaban en sus respectivas especialidades, especialmente cuando se trataba de mujeres. Curiosamente, el procedimiento es siempre el mismo, se las va aislando para bajar su autoestima y, a continuación, se prescinde de ellas.

El texto que nos ocupa ofrece casuística y reflexiones de esta realidad todavía muy desconocida, pero cada día más frecuente, dado el alto índice de personas de altas capacidades que predomina en nuestro país.

En términos generales, un alto nivel de inteligencia genera sensación de humillación a los que les rodean, lo cual dificulta el entendimiento y la convivencia en todos los ámbitos.

Si el alto cociente intelectual no va acompañado de un alto nivel emocional-relacional, se puede volver en contra del que lo posee. Relacionarnos aprovechando nuestras capacidades genera conexión y encuentro, evitando la soledad que produce el sentirse distinta, diferente y consciente de que la inteligencia en soledad puede llegar a ser nuestro peor enemigo.

A veces, este camino exige hacerse el tonto, no darse por enterado o, incluso, hacerse el perdedor a corto plazo para poder ganar al largo.

Es esa visión de medio-largo plazo la que permite aguantar las situaciones adversas e inevitables que se producen en el corto plazo de la vida.

Muchas mujeres han pasado su vida aparentando inferioridad para poder sobrevivir en un mundo de hombres, lo que demuestra su alto grado de inteligencia emocional. Afortunadamente, cada vez más mujeres pueden dejar de hacerse las tontas y tomar las riendas de su vida, aunque sigan utilizando esa capacidad siempre que sea necesario.

PILAR GÓMEZ-ACEBO, 2023

Conferenciante, escritora y profesora de escuelas de negocios

Introducción

A lo largo de los siglos XIX, XX y de lo que llevamos del XXI, se han alcanzado múltiples objetivos en el ámbito de la igualdad. Desde la consecución del voto femenino con el movimiento sufragista, pasando por tener cuenta bancaria o poder trabajar sin necesitar el permiso de sus maridos, a la teórica igualdad de condiciones profesional.

En la actualidad, y a pesar de tantos avances, siguen presentes muchas cuestiones que influyen en el desarrollo emocional, profesional y social de las mujeres más inteligentes:

¿Por qué las chicas más inteligentes ocultan sus capacidades durante la adolescencia?

¿Por qué asisten menos a las consultas de los psicólogos para detectar esas altas capacidades intelectuales?

¿Por qué hay tantas mujeres que abandonan sus aspiraciones profesionales para ocuparse de su familia e hijos?

¿Cuál es el motivo de que muchas escojan preferentemente las áreas de educación y salud para su desarrollo profesional?

¿Por qué siguen representando una mínima parte del personal directivo en el ámbito empresarial?

A estas y a otras preguntas vamos a intentar responder, tanto desde nuestra experiencia clínica, como desde la experiencia de mujeres como Leta Hollingworth, quienes lucharon por conseguir el respeto de la sociedad por la inteligencia de las mujeres, ya fueran niñas, adolescentes o adultas, dotándoles de la posibilidad de desarrollar su talento profesional.

A lo largo de la historia, numerosos ejemplos de mujeres lo han conseguido, algunas a costa de su propia vida, pero dejando un legado que nos ha facilitado el camino a todas nosotras.

Este libro solo pretende ser un pequeño homenaje a todas ellas. Gracias.

1.Ellas

Marta

Marta tiene siete años y un desarrollo normal y equilibrado, sin problemas de salud para su edad. Siempre ha dormido bien, aunque manifiesta que le cuesta coger el sueño.

Actualmente, tiene algunos problemas de estómago y está recibiendo tratamiento para ello. Asimismo, se queja frecuentemente de dolores de cabeza y, cuando era más pequeña, sufrió bruxismo.

Con apenas tres años aprendió a leer al mismo tiempo que su hermano de cinco, aunque su tutor no lo sabía.

En el último curso de Infantil no quería ir a clase porque sus compañeros le hacían el vacío, no querían jugar con ella.

En el primer curso de Primaria su profesor les comentó a sus padres que era muy inquieta y que en los momentos en que le ha pedido que ayudase a algún compañero, directamente le ha hecho los deberes. La profesora le pone más deberes para que no moleste y le da libros de tercero.

Recientemente, ha comenzado a fallar en cosas que ha demostrado entender anteriormente, algo que han notado tanto profesores como padres, y es que no quiere avanzar más que sus compañeros. Apenas se relaciona con ellos, comportándose de forma tímida e introvertida. Le gusta estar o bien con niños más pequeños, o bien más mayores que ella, por lo que es habitual que juegue con los amigos de su hermana mayor. Además, se pasa los recreos con el profesor.

En casa es poco obediente, discute por todo y rebate los argumentos de sus padres. Siempre tiene que tener la última palabra. Asimismo, tiene problemas de control de la ira, tanto con ellos como con sus hermanos.

En la valoración psicológica realizada se observan claramente síntomas de depresión y ansiedad social. Es una niña más activa de lo habitual y manifiesta problemas de conducta que están desesperando a sus tutores. Se encuentra muy aislada, aunque niega tener algún problema con sus compañeros de curso.

Su cociente intelectual es de 142, su edad mental es de casi diez años y está en una clase con compañeros de siete. No encaja, y esta situación le está causando problemas psicológicos que también está somatizando con dolores de estómago y de cabeza.

Inconscientemente, Marta está intentando llamar la atención manifestando problemas de conducta, como la mayoría de los niños que lo están pasando mal y no saben expresar sus necesidades a sus padres y profesores.

María

María tiene doce años y está finalizando el último curso con buenas notas.

Se ha adaptado al colegio y hasta ahora no ha tenido problemas. Siempre ha tenido un rendimiento escolar y un comportamiento excelentes.

Según su familia, tiene buenos amigos en clase, aunque, lamentablemente, parece no tener una relación cercana con ninguno de ellos. Además, le cuesta interactuar con personas que no conoce.

María siente el rechazo de algunas de sus compañeras. Las critica por ello, pero no piensa esforzarse para que la acepten.

Desde los diez años, se niega a aceptar las normas en casa y, por ello, continuamente surgen conflictos con sus padres y hermanos. Es frecuente que responda a estos conflictos con ataques de ira, sin que sus padres entiendan qué le ocurre. También observan su tristeza y desmotivación, además de haber empezado a tener problemas con las comidas.

En privado, María confiesa que recibe insultos y acoso por parte de sus compañeros, algunas veces querría morirse porque siente que su vida no tiene sentido, le vienen imágenes desagradables de cosas que le han pasado y desconfía de los demás. Necesita ayuda.

Margarita

Margarita tiene quince años y dice que nunca ha sido feliz, aunque cree que la vida le ha ido bien. Siempre ha sacado buenas notas y tenía amigos para los que era un referente, querían ser como ella.

Pero no le gusta destacar, no quiere que le digan que saca buenas notas, ni que su madre diga que su hija es la mejor. Siente impotencia y tristeza.

Confiesa que nunca ha podido abrirse ante sus padres, ni explicarles que le habían hecho bullying. Un acoso escolar sistemático, con constantes críticas y humillaciones por parte de sus compañeros y lo que, en su momento, consideraba «amigas». Siente que no encaja.

Siempre ha destacado por sus notas, pero también por su desarrollo físico. Por este motivo se burlaban de ella y no se sentía bien consigo misma. De hecho, cuando iba a comprarse ropa se agobiaba, y es una de las razones por las que empezó a encerrarse en sí misma.

A los once años, comenzó a obsesionarse con la obtención de la máxima nota en todas las asignaturas y a dejar de comer para no destacar, buscaba sentirse cómoda y aceptada por sus amigas. Incluso llegó un momento en que pensó en dejar de comer totalmente, porque no quería seguir viviendo así.

Tras un periodo en que la ausencia de nutrientes se convirtió en algo habitual, su estado físico se deterioró y comenzó a caérsele el pelo y a sentir que casi no podía andar.

Se asustó. Volvió a comer y, a continuación, se obsesionó con el deporte, pero tuvo que abandonarlo tras una lesión.

Con su cuerpo siempre se ha sentido mal, aunque estuviese muy delgada. Se avergonzaba de sí misma, hasta el punto de pensar que no valía para nada, ni podría hacer nada con su vida.

Así estuvo, entre la anorexia y la obsesión por el deporte, hasta tercero de Educación Secundaria Obligatoria, momento en que decidió abandonarlo todo. Ya no va al gimnasio, pero tampoco va al colegio, ni sale con ninguna amiga.

Se odia a sí misma. No quiere sentirse observada, por lo que ya no sale de casa. Cuando su madre insiste en que se arregle, salga o que vuelva a estudiar se defiende con uñas y dientes. Tampoco quiere salir con sus amigas, sinceramente, no quiere ver a nadie.

Su autoestima es muy baja, es hipersensible y le da pena ver sufrir a su familia, pero no sabe cómo solucionar sus problemas.

No le gusta presumir de sus capacidades, ni que le digan que siempre ha sacado buenas notas. Cuando se le pregunta por qué, cree que esa forma de destacar fue una de las razones principales por la que sus compañeros le hacían bullying.

Cuando sus padres le preguntan por qué no va al colegio, se bloquea, no puede respirar. No quiere pasar más por esos momentos de ansiedad. Por eso ha decidido quedarse en casa y que todos le dejen en paz.

En su análisis, recuerda detalladamente una anécdota:

Una mañana de invierno, su profesora les dijo a todos: tenéis que ser como Margarita. Ella se sintió humillada al instante. Más tarde, ya en el recreo, sus compañeros la rodearon y comenzaron a repetir burlona y constantemente: ¡Queremos ser como Margarita! Cada vez más roja, ansiosa y triste, a Margarita se le nubló la vista por las lágrimas. Aún hoy recuerda vívidamente la humillación que le hicieron sentir.

A partir de ese momento, decidió sacar malas notas y no destacar.

Sara

Sara tiene cincuenta años y es una profesional de prestigio en su campo.

El último día del primer curso de Educación Primaria, Sara, con apenas seis años recién cumplidos, llegó a su casa con unas notas que no destacaban en nada, ni para bien, ni para mal. Como siempre, su padre la recibió con el periódico en las manos y un escueto saludo. También, como todos los días, Sara comenzó a ver los dibujos y su padre desapareció entre los papeles del despacho anexo. Cuando se volvieron a cruzar, supo que algo pasaba. Su padre acababa de entrar por la puerta del salón y tenía las calificaciones en la mano y cólera en la mirada. Tras una buena bronca que la marcó durante años, supo que la mediocridad no era suficiente para él, por lo que a partir de ese momento se exigió el máximo a nivel académico.

Cree que uno de sus mayores problemas ha sido el nivel de exigencia y la falta de reconocimiento por parte de su padre. De trato difícil, siempre hubiese querido sentir su apoyo y cariño, pero nunca lo consiguió. Para él nada era suficiente.

Asimismo, su padre siempre trataba a su madre de forma ligeramente despectiva, como si fuera boba, porque esa era la imagen que tenía de las mujeres. Al mismo tiempo, resaltaba la belleza de su madre y su hermana, y le decía a Sara que tenía que ser como ellas, más femenina, cuidando su forma de vestir y de ser.

Sara no aceptó esa imposición. Por eso, asumió el papel de chico de la familia, rechazando de forma explícita esa «forma de ser» y decidiendo destacar por su inteligencia.

Cuando se fue de casa para estudiar en la universidad, dejó de sentirse como en una cárcel. Comenzó a ser ella misma.

Realmente, quería ser investigadora, pero no se lo permitieron. Sus padres le decían que cursara una carrera profesional y por ello le costó mucho conseguir su título universitario, porque nunca le interesó lo que estaba estudiando.

Poco a poco, consiguió desarrollar una carrera profesional exitosa, conociendo a personas como ella y sintiéndose cada vez mejor al entender el origen de su baja autoestima. Incluso, con el tiempo, ha conseguido dejar de sentirse culpable por no cumplir todas las expectativas de su padre.

Sin embargo, lamenta no haber encontrado una pareja con la que se pueda sentir realmente feliz, tras varios noviazgos y un divorcio. Actualmente está sola y se dedica por entero a su profesión.

Se siente muy afortunada por tener un trabajo que la satisface y ahora comprende mucho mejor a su madre. Siente una rabia y una impotencia infinitas cuando piensa en su infancia y en cómo su padre la hacía sentir por no ser una chica convencional, preocupándose únicamente por su falta de feminidad y de belleza impostadas.

Rosa María

Rosa María tiene veinticuatro años y nunca le gustó estudiar. En retrospectiva, reconoce que nunca le hizo falta, porque, con lo que escuchaba en clase y un pequeño repaso el día antes del examen, siempre obtenía muy buenas notas. Nunca hacía los deberes, aburriéndose hasta la extenuación cuando les dedicaba más de diez minutos.

Recuerda que durante la Primaria sus notas siempre fueron excelentes, pero que durante la Secundaria estaba más pendiente de salir y de divertirse con sus amigos, siempre de mayor edad, o de aparentar tener más edad, motivos por los que surgieron múltiples conflictos con sus padres.

Su infancia tuvo una constante: la soledad. Con los de su edad se sentía como una extraterrestre, no encajaba y nunca se sintió integrada. En ocasiones, se descubría imaginando que no era un problema real, sino que se trataba de una mera cuestión idiomática, cual Torre de Babel.

En Secundaria dejó de estudiar. Los suspensos no tardaron en aparecer, lo que conllevó una culpabilidad y una ansiedad que decidió no afrontar, motivo por el cual fue faltando cada vez a más clases.

Recuerda entre lágrimas que fue en esa misma época cuando pasó por varios episodios de depresión grave, incluso llegando a ser hospitalizada.

Una psicóloga le hizo pruebas de inteligencia y les dijo a sus padres que tenía altas capacidades, pero como no recibió ningún tipo de apoyo educativo, decidió abandonar los estudios porque sentía que ya no podía más.

Tras un periodo del que no guarda muy gratos recuerdos, retomó sus estudios y consiguió terminar la Educación Secundaria, posteriormente intentó continuar con su formación, pero le fallaron las fuerzas y tiró la toalla.

Actualmente está intentando volver a la universidad, porque no le gustan los trabajos a los que puede acceder con su poca formación y siente que es capaz de terminar una carrera superior si se lo propone.

Tiene algunos amigos y una pareja que la comprende porque es como ella. Su compañero es artista y nunca ha encajado; como ella, se ha sentido incomprendido tanto por sus padres como por sus compañeros. Se apoyan el uno en el otro.

Laura

Laura siempre pensó que su vida era normal, como la de tantos otros, aunque ahora sabe que de normal no tiene nada.

Laura era la mayor de tres hermanos. Siempre ocupó el rol de hermana mayor y de madrecita de los pequeños. Nunca destacó en los estudios, aunque es consciente de que se aburría profundamente en el colegio, por lo que su única prioridad era avanzar de curso.

Nunca lograba encajar con sus compañeros, ya que le parecían profundamente inmaduros e irresponsables. Siempre trató de no llamar la atención, de camuflarse y que nadie viera su auténtica forma de ser, pues sospechaba que le podría salir muy caro.

Su vida no fue fácil, sufrió malos tratos psicológicos en la infancia por parte de sus padres y, más adelante, al inicio de la adolescencia, cuando a su madre le detectaron un cáncer, comenzó a sufrir también malos tratos físicos.

Nunca fue consciente del daño que le produjo, tanto para su autoestima como para su personalidad, ese clima tóxico hasta que comenzó una terapia.

En algunos aspectos de su vida tuvo suerte, pues pudo estudiar lo que quería, a pesar de no esforzarse casi nada y de atender poco en clase a lo largo de todo el Bachillerato.

En la universidad tampoco le fue mal, aunque no sobresalía porque, como siempre, se esforzaba lo mínimo y necesario. Un día cualquiera en su facultad, uno de sus profesores se dio cuenta de que Laura poseía una extraordinaria capacidad para aprender y comprender problemas complejos, motivo por el que le aconsejó que nunca comentara lo poco que estudiaba, ya que podría provocar envidias.

Al terminar su carrera universitaria, Laura intentó obtener una plaza en la Administración, preparando las correspondientes oposiciones. En la mayoría de esos intentos estuvo a punto de obtener plaza, a pesar de esforzarse muy poco, pero decidió abandonar ese camino y trabajar en la empresa privada.

Poco después, conoció al que ahora es su marido, se enamoraron y contrajeron matrimonio relativamente pronto. Tras nacer su primer hijo volvió a presentarse a oposiciones y obtuvo una plaza de la máxima categoría laboral en la Administración pública. Una de sus tías le decía que no entendía cómo podía tener tanta facilidad para aprobar unas oposiciones tan difíciles: Me lo tienes que explicar, le repetía.