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El volumen ofrece un recorrido por algunos de los siempre atrapantes mitos griegos. Incluye "El dios Apolo y la hermosa Dafne", "Las hazañas de Teseo", "El ingenioso Dédalo y su hijo Ícaro", "Faetón y el carro del Sol", "El valiente Perseo", "El vellocino de oro" y "El viaje de Jasón y los Argonautas", en versiones especialmente realizadas para esta colección.
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Seitenzahl: 81
Veröffentlichungsjahr: 2021
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COLECCIÓN La puerta secreta
REALIZACIÓN: Letra Impresa
DISEÑO: Gaby Falgione COMUNICACIÓN VISUAL
VERSIÓN: Patricia Roggio
EDICIÓN: Patricia Roggio
ILUSTRACIONES: Fernando Baldó
Roggio, Patricia Dicen que los dioses? : mitos griegos 1 / Patricia Roggio ; ilustrado por Fernando Baldó. - 1a ed . - Ciudad Autónoma de Buenos Aires : Letra Impresa Grupo Editor, 2019. Libro digital, EPUB Archivo Digital: descarga y online ISBN 978-987-4419-75-0 1. Mitología griega. 2. Narrativa Griega. I. Baldó, Fernando, ilus. II. Título. CDD 372.4
© Letra Impresa Grupo Editor, 2020 Guaminí 5007, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina. Teléfono: +54-11-7501-126 Whatsapp +54-911-3056-9533contacto@letraimpresa.com.arwww.letraimpresa.com.ar Hecho el depósito que marca la Ley 11.723 Todos los derechos reservados. Queda prohibida la reproducción parcial o total, el registro o la transmisión por un sistema de recuperación de información en ninguna forma ni por ningún medio, sea mecánico, fotoquímico, electrónico, magnético, electroóptico, por fotocopia o cualquier otro, sin la autorización previa y escrita de la editorial.
Esta colección se llama La puerta secreta y queremos invitarlos a abrirla.
Una puerta entreabierta siempre despierta curiosidad. Y más aún si se trata de una puerta secreta: el misterio hará que la curiosidad se multiplique.
Ustedes saben lo necesario para encontrar la puerta y para usar la llave que la abre. Con ella podrán conocer muchas historias, algunas divertidas, otras inquietantes, largas y cortas, antiguas o muy recientes. Cada una encierra un mundo desconocido dispuesto a mostrarse a los ojos inquietos.
Con espíritu aventurero, van a recorrer cada página como si fuera un camino, un reino, u órbitas estelares. Encontrarán, a primera vista, lo que se dice en ellas. Más adelante, descubrirán lo que no es tan evidente, aquellos “secretos” que, si son develados, vuelven más interesantes las historias.
Y por último, hallarán la puerta que le abre paso a la imaginación. Dejarla volar, luego atraparla, crear nuevas historias, representar escenas, y mucho, mucho más es el desafío que les proponemos.
Entonces, a leer se ha dicho, con mente abierta, y siempre dispuestos a jugar el juego.
¿Cuál sería la respuesta si les preguntaran qué saben sobre mitología griega? ¿Pensaron en contestar “Nada, no sabemos nada”? En ese caso, debería sonar una chicharra y una voz diciendo: “Respuesta incorrecta”. Porque no es así.
Para empezar, ustedes conocen a Hércules. Es cierto que, en realidad, los griegos lo llamaban Heracles. Pero se trata del mismo que vieron en la película de Disney: el grandote y forzudo de los doce trabajos. En la película también descubrieron a la Hidra, el monstruo que no se hacía problemas si le cortaban la cabeza, porque le volvía a aparecer. Y no una, sino que le salían tres. Y vieron a Pegaso, el caballo alado, volando por el éter. Todos son personajes de la mitología griega.
En otros dibujitos conocieron a Medusa, convertida en Madame Medusa. Y aunque este personaje no es exactamente el del mito, lleva su nombre porque se le parece bastante, por lo mala y por el pelo. Seguramente y no hace mucho tiempo, en DVD o en el cine, disfrutaron de Furia de Titanes, que también es una historia basada en mitos de la Grecia antigua.
Si del cine pasamos a los videojuegos, hay muchísimos que se inspiran en la mitología. Como en la película del mismo nombre, en el jueguito Furia de Titanes el personaje principal es Perseo, quien pelea contra una Gorgona, monta el caballo Pegaso y tiene como misión rescatar a Andrómeda. Estos nombres que a nosotros nos parecen tan raros, para los griegos eran muy comunes: son los de los personajes de su mitología y en este libro van a conocer mucho más sobre ellos.
Pero sigamos investigando cuánto saben de mitología. ¿Jugaron u oyeron hablar de God of War III? Lo mismo que ocurre en sus dos versiones anteriores, en este videojuego el protagonista es Kratos (que en la mitología era la personificación del Poder y luchaba junto a Zeus contra los Gigantes). En God of War III, Kratos se enfrenta a Helios, el dios griego del Sol, y al titán Perses. Y ya que hablamos de Kratos, fíjense qué interesante: cuanta el mito que tenía una hermana llamada Niké, que era nada menos que la diosa de la Victoria. ¿Ahora entienden por qué la marca de ropa deportiva que se usa para entrenar y competir lleva este nombre?
Ya ven: la mitología está muy presente en sus vidas y, aunque no se hayan dado cuenta, saben bastante sobre el tema. Ahora llegó el momento de conocer un poco más y de divertirse con las increíbles aventuras de estos y otros dioses, héroes y monstruos. Como si se apagaran las luces del cine o se encendiera la pantalla de la compu, los invitamos a que entren en sus aventuras y las disfruten.
______...______
Eros, el dios del amor, era un niño famoso por sus flechas y por sus travesuras. También es importante recordar que fue quien provocó el primer amor de Apolo. Y este, como sucede muchas veces, fue un amor con final triste.
Cuentan que Eros tenía una gran habilidad para lanzar flechas. Pero las suyas no eran de las comunes, de las que se usaban para cazar animales o para pelear en las guerras. Las flechas de Eros eran de dos tipos. Había unas que al dar en el blanco enamoraban a quien las recibía. Otras que hacían que su destinatario huyera del amor, como si enamorarse fuera lo más terrible que le pudiera suceder a alguien. Las primeras tenían la punta de oro y las segundas, la punta de plomo.
Dicen que cierto día, Eros llegó volando con sus pequeñas alas al Parnaso, el monte donde vivía Apolo. Allí se posó en un rincón, sin que nadie lo viera, y preparó dos flechas. Si hubiera sido un niño sensato, las habría elegido del mismo tipo. Pero, como se sabe desde aquel tiempo, Eros era terrible. Por eso eligió una flecha de cada clase, para hacerles la vida imposible a sus destinatarios.
Lo cierto es que hirió a la joven Dafne con la que hacía rechazar el amor. Y Apolo recibió la que enamoraba.
Sin duda, aquel fue un gran flechazo, pues enseguida a Apolo le entró el amor por los huesos, le llegó hasta la médula y desde ahí, directo al corazón. En cuanto a Dafne, fue ver que Apolo se le acercaba para salir huyendo tan rápido como se lo permitieron sus piernas.
Y desde ese día, la hermosa Dafne no se escapó solo de Apolo. También, de un montón de pretendientes que intentaban enamorarla. Su padre muchas veces le decía que quería tener un yerno y nietos. Pero Dafne se ponía colorada y siempre se negaba.
Mientras tanto Apolo, con solo mirarla, se consumía de amor y no deseaba otra cosa más que casarse con ella. Amaba sus cabellos, sueltos y despeinados por el viento; amaba sus ojos, brillantes como estrellas; sus labios sonrosados; sus manos; sus brazos, y hasta sus hombros. La amaba toda, completa. Hasta que Dafne, cansada de tantas miradas y de tanto acoso, un día huyó corriendo hacia los bosques.
–Hermosa ninfa, espérame –le gritaba Apolo mientras la seguía–. Te lo ruego. No soy tu enemigo ni quiero hacerte daño. Te sigo porque te amo.
Pero ella no le hacía caso y escapaba de su amor como lo hacen las palomas, de las águilas o los corderos, de los lobos.
Sin embargo, Apolo seguía corriendo tras ella. Y le hablaba, para ver si de ese modo lograba convencerla.
–Ten cuidado –le decía–. No vayas a caerte y a golpearte. Mira que las zarzas tienen espinas y yo no quiero ser la causa de tu dolor. Y no me confundas con un pastor. Soy Apolo. Mi padre es Zeus, el rey de todos los dioses. Yo creé la medicina, si bien ahora ninguna hierba me sirve para curar el dolor que me causa tu rechazo.
Y aunque Apolo hablaba y hablaba, nada de lo que decía alcanzaba para que Dafne cambiara de actitud. Después de todo, no era dueña de sus actos, sino que sufría las consecuencias del flechazo de Eros. Por eso seguía huyendo, y las palabras de su enamorado quedaban atrás, casi sin ser oídas.
Así, los dos corrían por el bosque. A Apolo, que iba detrás, Dafne le gustaba más y más, con su vestido y sus cabellos flotando en el viento. Y la esperanza de alcanzarla le daba fuerzas. Mientras que a ella la impulsaba el temor de ser alcanzada.
Hasta que, cuando su enamorado estaba a punto de tocarla, pues el amor parecía darle alas, Dafne, cansada, comprendió que ya no podía seguir huyendo. Entonces, se encomendó al dios padre.
–Oh, Zeus, ayúdame –le rogó–. Ya no tengo fuerzas y Apolo está muy cerca. Realiza un prodigio y haz que mi cuerpo se transforme, para que él se desencante y deje de perseguirme.
Apenas terminó su ruego, Dafne sintió que el cuerpo se le ponía rígido. Las piernas y el pecho se le cubrieron con una suave corteza, sus brazos se convirtieron en ramas, sus cabellos se volvieron hojas y los pies, que habían sido tan veloces, se prendieron al suelo, convertidos en raíces. Dafne ya era un hermoso laurel y de la joven solo quedaba su belleza.
Pero ni aún convertida en árbol, Apolo dejó de amarla. Triste por la transformación que acababa de ver, puso su mano derecha sobre el tronco y sintió cómo todavía latía el corazón de su amada. Después abrazó y besó la madera. Entonces le dijo dulcemente:
–Hermosa Dafne, ya que no podrás ser mi esposa, serás el árbol que me represente. Con tus ramas se harán las coronas de los generales que regresen victoriosos de las batallas, y se adornarán los salones en las fiestas y las puertas de las casas. Y serás, especialmente, la corona que yo siempre lleve en mi cabeza.
