Educación emocional y apego - Rafa Guerrero - E-Book

Educación emocional y apego E-Book

Rafa Guerrero

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Beschreibung

Psicólogo y doctor en Ciencias de la Educación. En la actualidad es director de Darwin Psicólogos, un centro de psicoterapia referente en Madrid. Es profesor en varias universidades, entre las que destacamos el Centro Universitario Cardenal Cisneros y la Universidad Alfonso X El Sabio. Antiguo profesor de la Universidad Complutense de Madrid y de la Universidad Rey Juan Carlos. Además, es docente en varios másteres relacionados con la inteligencia emocional y el vínculo. Experto en TDAH, trastornos del aprendizaje y problemas de conducta. También es experto en apego, educación emocional y vínculos saludables. Recientemente ha lanzado su propio pódcast con diferentes temáticas sobre educación y crianza: El podcast de Rafa Guerrero. Es autor de varios libros entre los que destacan TDAH. Entre la patología y la normalidad (2021) y El cerebro infantil y adolescente. Claves y secretos de la Neuroeducación (2021). Miembro de la Sociedad Española de Medicina Psicosomática y Psicoterapia (SEMPP) y del Instituto para el Desarrollo y la Aplicación de EMDR (IDAE). Colaborador habitual del periódico El País, ABC, Cadena COPE, Radio Nacional de España, Educar es todo y Educación 3.0 entre otros medios de comunicación. Conferenciante en congresos nacionales e internacionales. Formador de profesores y padres en numerosos colegios y centros educativos. Gran conocedor del desarrollo evolutivo del niño y defensor de los buenos tratos en la infancia, además de uno de los grandes expertos en apego e inteligencia emocional.

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Seitenzahl: 395

Veröffentlichungsjahr: 2023

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Esta obra ha recibido una ayuda a la edición del Ministerio de Cultura y Deporte del Gobierno de España, por el Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia, Financiado por la Unión Europea (NextGenerationEU)

Educación emocional y apego

Primera edición: 2020

Segunda edición: 2023

© Texto: Rafa Guerrero

© Ilustraciones de interior: Sergio Cordero Cañizares y Alberto Plaza Cámara

Fotógrafo de la imagen de solapa: David Benito

Diseño de la cubierta: ENEDENÚ DISEÑO GRÁFICO

Diseño del interior: Libros Cúpula (Grupo Planeta, S.A.)

Maquetación: cuantofalta.es

Corrección: Nuria Barroso y José López Falcón

Directora de colección: Mercedes Bermejo

Directora de producción: M.a Rosa Castillo

© 2023 Editorial Sentir es un sello editorial de Marcombo, S. L.

Avenida Juan XXIII, n.º 15-B

28224 Pozuelo de Alarcón. Madrid

www.editorialsentir.com

Ejemplar solo venal en Latinoamérica.

Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos, www.cedro.org) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra.

ISBN del libro en papel: 978-84-267-3594-2

ISBN del libro electrónico: 978-84-267-3655-0

Producción del ePub: booqlab

Para Nacho y Patricia, en agradecimiento por todo el tiempo robado.

ÍNDICE

Agradecimientos

Prólogo de Rafael Bisquerra

Introducción de Begoña Ibarrola

BLOQUE I: ASPECTOS INTRODUCTORIOS

Capítulo 1. La importancia de las emociones y el apego

•Entrando en materia

•Las emociones en nuestra sociedad

•Los primeros días

•El apego: la mejor herencia para nuestros hijos

•¿Por qué los padres deben aprender a gestionar sus emociones?

BLOQUE II: SOMOS SERES EMOCIONALES ANTES QUE RACIONALES

Capítulo 2. Neurociencia de las emociones

•Las emociones en nuestro cerebro

•Modelo pedagógico de los cuatro cerebros

•Cerebro rojo

•Cerebro verde

•Cerebro azul

•Cerebro amarillo

•El secuestro de la amígdala

•Psicoeducación: el cerebro en tu mano

Capítulo 3. El desarrollo emocional y social de los niños

•El nacimiento de las emociones

•Desarrollo emocional desde el periodo prenatal hasta los 6 meses

•Desarrollo emocional desde los 6 meses hasta el primer año

•Desarrollo emocional desde el año hasta los 2 años

•Desarrollo emocional de los 3 a los 6 años

•Desarrollo emocional de los 7 a los 11 años

BLOQUE III: LOS ESTILOS DE APEGO

Capítulo 4. La teoría del apego

•¿Qué es la teoría del apego?

•Características del apego

•La situación extraña de Ainsworth

•¿Por qué desarrollamos un estilo de apego y no otro?

Capítulo 5. Necesidades básicas del ser humano

•Necesidades y deseos

•Tipos de necesidades

•Necesidades fisiológicas

•Necesidades afectivas

•Necesidades cognitivas

•Necesidades sociales

Capítulo 6. Los tipos de apego

•Apego seguro y apegos inseguros

•Metáfora del bidón

•La falta básica

•La bandeja pastelera de los apegos

•Los estilos de apego explicados con figuras geométricas

Capítulo 7. Apego seguro

•Definición de apego seguro

•Características de la figura de apego seguro

•Protección y seguridad

•Autonomía

•Decodificación

•Ser visto

—Atención

—Afecto

—Normas y límites claros

•Responsividad

Capítulo 8. Apego evitativo

•Definición de apego evitativo

•Consecuencias del apego evitativo

•Características de los padres evitativos

•Características de los niños evitativos

Capítulo 9. Apego ansioso ambivalente

•Definición de apego ansioso ambivalente

•El niño ansioso ambivalente en el colegio

•El ámbito social del niño ansioso ambivalente

•El apego ansioso ambivalente en la situación extraña

•Sobreprotección

•Características de los padres ansiosos ambivalentes

•Ley del 33 %

•Diferencias entre el apego evitativo y el ansioso ambivalente

Capítulo 10. Apego desorganizado

•Definición de apego desorganizado

•Características del apego desorganizado

•Tipos de apego desorganizado

•Abuso sexual en la infancia

•La disociación como mecanismo de defensa

BLOQUE IV: EDUCACIÓN EMOCIONAL

Capítulo 11. Definición y características de las emociones

•La importancia del equilibrio

—Sensaciones

—Emociones

—Pensamientos

—Acciones

•¿Qué es una emoción?

•Características de las emociones

•Emociones, sentimientos y otros términos relacionados

Capítulo 12. Emociones básicas

•Las emociones básicas

•Clasificación de las emociones básicas

•Miedo

•Rabia

•Tristeza

•Amor

•Alegría

•Curiosidad

•Vergüenza

Capítulo 13. Cómo hacer de tu hijo un experto emocional

•Fases para convertirse en experto emocional

•Fase 1: Conocer las emociones básicas y su función

•Fase 2: Reconocer las emociones en nosotros mismos y en los demás

•Fase 3: Legitimar las emociones

•Fase 4: Aprender a regular las emociones

•Fase 5: Reflexionar sobre la emoción que estoy sintiendo

•Fase 6: Actuar las emociones de manera adaptativa

•Fase 7: Establecer una narrativa adaptativa y coherente

Capítulo 14. La empatía: un aspecto básico

•Definición de empatía

•Empatía y simpatía, ¿es lo mismo?

•¿A qué edad se muestran empáticos los niños?

•Los tres niveles de la empatía

—Empatía emocional

—Empatía cognitiva

—Empatía con cambio de perspectiva emocional

•Estudios científicos sobre la empatía

•Las neuronas espejo

•Teoría de la mente

•El problema de la pelota de Sally y Ann

BLOQUE V: ESTRATEGIAS DE INTERVENCIÓN PARA DESARROLLAR LA INTELIGENCIA EMOCIONAL

Capítulo 15. Principios generales de intervención en el ámbito emocional

•Todos los niños quieren pasar por el aro

•Si quieres, puedes

•Relación asimétrica

•Atribuciones y expectativas

•La pelota siempre está sobre nuestro tejado

•Teoría de las cajas independientes

•Diferenciar entre culpa y responsabilidad

•Mirada incondicional

•Yo estoy bien, tú estás bien

•Lo que cura es el vínculo

•Características del profesor excelente

•Heterorregulación y autorregulación

Capítulo 16. Estrategias específicas de gestión emocional

•Hazte cargo del mundo emocional de tus hijos

•Legitima las emociones, deseos y pensamientos de tus hijos

•No racionalices sus emociones

•Fomenta la espera y permite el aburrimiento

•¡A jugar!

•Nombrar para dominar

•Ante una emoción intensa, ayúdale a hipoactivar su amígdala

•Sitúate por debajo de sus ojos

•Si el comportamiento de tu hijo no te gusta, piensa en ECHA

•¿Qué hacer ante las rabietas de tu hijo?

—Rabietas del cerebro inferior

—Rabietas del cerebro superior

•Deja que tu hemisferio derecho tome la iniciativa

•La importancia de la causalidad

•Critica la conducta, pero jamás a la persona

•No provoques a la lagartija

•Conecta y redirige

—Etapa de conexión

—Etapa de redirección

•Antes de aplicar disciplina, hazte estas tres preguntas

•No preguntes nunca el porqué de su comportamiento

Capítulo 17. Pasos para establecer un vínculo seguro con tu hijo

•Explicitarles nuestro cariño

•Enseñarles a regular sus emociones

•Mucho tiempo de calidad

•Ofrecerles contextos de seguridad y protección

•Sintonía emocional

•Responsividad

•Asumir el rol que nos corresponde como padres

•Establecer unos límites claros y respetuosos

•Respetar, aceptar y valorar

•Estimulación suficiente y adecuada

•Favorecer su autonomía

•Sentido de pertenencia

•Favorecer la capacidad reflexiva del niño

•Identidad

•Magia

BLOQUE VI: REFLEXIONES DE EXPERTOS

•Laura Mari Barrajón: Emociones y apego en primates humanos y no humanos

•Álvaro Bilbao: Educando sin saberlo. Cómo los niños aprenden a demostrar emociones

•David Bueno: Genética emocional

•Carlos González: ¿Y ahora qué hago con mis hijos?

•Pepa Horno: Apego y abuso sexual infantil. Claves para la protección

•Rosa Jové: La importancia del amor y el cuidado

•Francisco Mora: Algunas consideraciones en torno a la emoción

•Marisa Moya: Disciplina positiva. Educar desde el afecto y la firmeza

•Mar Romera: Educación emocional: emociones, sentimientos y valores

Glosario

AGRADECIMIENTOS

Me gustaría dar las gracias a todas las personas que, de una manera u otra, han colaborado activamente en el resultado final de este libro. Gracias a ellas este libro está hoy en tus manos.

Quiero agradecer a mis maestros de la Sociedad Española de Medicina Psicosomática y Psicoterapia, en concreto a José Luis Marín y a Begoña Aznárez, todo el cariño, la paciencia y el conocimiento que me han transmitido a lo largo de estos años (y los que nos quedan). Gracias por enseñarme que otro tipo de psicoterapia es posible. Este libro tiene vuestro sello.

También quiero agradecer la oportunidad que me da nuevamente la editorial Sentir por volver a publicar con ellos. Ha sido un verdadero placer. Gracias a Mercedes, Jeroni y Rosa por su confianza en mi trabajo.

El último bloque del libro está escrito por excelentes profesionales, que aceptaron el reto de escribir una breve reflexión para este libro. Toda mi admiración y respeto para Laura Mari Barrajón, Álvaro Bilbao, David Bueno, Carlos González, Pepa Horno, Rosa Jové, Francisco Mora, Marisa Moya y Mar Romera. También estoy muy agradecida a Rafael Bisquerra y a Begoña Ibarrola, quienes aceptaron gratamente escribir el prólogo y la introducción, respectivamente, de este libro. Las ilustraciones corren a cargo de mis buenos amigos Sergio Cordero Cañizares y Alberto Plaza Cámara. Gracias, artistas, por todo el tiempo que habéis invertido.

Gracias a todos mis pacientes de Darwin Psicólogos y a los alumnos de las diferentes universidades donde imparto clase.

Y en último lugar, y no por ello menos importante, quiero agradecer el apoyo incondicional de todos mis familiares, en especial de mi mujer, Patricia, y mi hijo, Nacho, quienes han tenido una paciencia infinita mientras escribía este libro.

PRÓLOGO

Durante los primeros diez años de vida, como mínimo, los niños dependen totalmente de sus progenitores o personas que les cuidan. Desde el nacimiento, se establecen relaciones de apego entre el niño y algún adulto. En palabras de Rafa Guerrero, el apego es una relación emocional que se establece entre el bebé y una figura significativa, cuyo objetivo es poder satisfacer las necesidades de cada etapa del desarrollo evolutivo.

Tal como asevera Rafa Guerrero, el apego es un vínculo afectivo asimétrico; por lo tanto, no se rige por una relación de igualdad, sino de dependencia emocional del bebé respecto de algún adulto. Durante la segunda década de la vida, las personas deben desarrollar su autonomía personal, con la ayuda de la educación, tanto en la familia como en la escuela. La cuestión que se plantea es la siguiente: ¿podemos pasar del apego a la autonomía emocional? ¿Podemos educar para establecer vínculos emocionales satisfactorios a partir de la libertad, igualdad y responsabilidad? ¿Podemos pasar del apego inseguro al apego seguro? Estas preguntas tienen como fondo la educación emocional y su respuesta no es sencilla.

En este magnífico libro, Rafa Guerrero aborda la relación entre apego y educación emocional como uno de los aspectos más importantes, junto con por qué los padres deben saber dominar sus emociones, la neurobiología de las emociones, el desarrollo emocional y social, emociones y otros procesos psicológicos (memoria, aprendizaje, toma de decisiones), etc. El libro no se limita a una descripción y explicación de los conceptos, con un lenguaje fácilmente comprensible para cualquier persona, sino que presenta propuestas prácticas para «hacer de tu hijo un experto emocional», lo cual deja claro que esta obra va dirigida a las familias y personas encargadas del cuidado de los niños, principalmente madres, padres y profesionales de la educación.

Un aspecto importante a desarrollar es la empatía, ya que en ella reside el origen de las relaciones personales positivas, la compasión, el amor, la moral, el derecho, la justicia, los valores humanos, la convivencia en paz y la prevención de la violencia. Las personas nacen con capacidad empática, pero, si no se educa y desarrolla apropiadamente, se puede atrofiar.

Tal como señala Rafa Guerrero, según como se establezca el tipo de apego, puede tener repercusiones posteriores en el acoso escolar (bullying) y, por lo tanto, en la violencia. Hay que tener presente que, muchas veces, la violencia infantil es una forma de llamar la atención por parte de personas que no han establecido un apego seguro. Los bebés que han establecido un apego seguro no necesitan llamar la atención, y por lo tanto es más probable que no se impliquen en este tipo de comportamientos. En cierta forma podríamos decir que desarrollar un tipo de apego seguro puede ser una forma de prevenir la violencia infantil y juvenil.

Por esta y por muchas otras razones, es importante e imprescindible que las necesidades emocionales de los bebés sean satisfechas de forma apropiada. La mejor forma de hacerlo es a través del establecimiento de un tipo de apego seguro, lo cual requiere que las familias adopten unos comportamientos apropiados en las relaciones con el bebé, de tal forma que permitan establecer este tipo de relación. Para que sea así, puede ser de gran utilidad la lectura de este libro por parte de las familias, ya que la ignorancia y la impulsividad emocional por parte de madres y padres en momentos críticos son factores que pueden favorecer el establecimiento de un tipo de apego problemático (evitativo, ansioso ambivalente, desorganizado) que puede tener serias repercusiones a lo largo de la vida. Este libro se propone contribuir a la formación de las familias en el establecimiento de un tipo de apego seguro, lo cual es muy importante para el desarrollo de las personas adultas.

Una de las propuestas prácticas para potenciar un desarrollo emocional óptimo es a través de la educación emocional, que tiene como objetivo el desarrollo de competencias emocionales. Entre las competencias emocionales están la conciencia emocional, la regulación emocional, la autonomía emocional, las habilidades sociales, la competencia para la construcción del bienestar personal, la tolerancia a la frustración, el control de la impulsividad, la asertividad, la autoestima, etc. La educación emocional se dirige, en primer lugar, a los educadores, para que puedan ayudar mejor a los educandos a desarrollar sus competencias emocionales. Entre los educadores están el profesorado y las familias, a quienes va dirigido principalmente este libro.

Uno de los objetivos esenciales de la educación emocional es el desarrollo de la autonomía emocional, que consiste en un difícil equilibrio entre la dependencia emocional y la desvinculación emocional. Muchas personas pasan de la dependencia emocional total, propia de los primeros años de vida, a la dependencia del grupo. Después pasan a la dependencia de la pareja, con lo cual muchas parejas no llegan a asumir prácticamente nunca la auténtica autonomía emocional. Se ha observado que algunas mujeres que son víctimas de violencia de género sufren dependencia emocional patológica, que las lleva a preferir el maltrato de su pareja antes que asumir su propia autonomía. Por otra parte, hay personas que se desvinculan de su familia, y a veces de amigos íntimos, pasando al extremo contrario. La autonomía emocional es una competencia que debe ser aprendida.

Uno de los retos de la educación es formar personas autónomas. Esto significa autonomía de pensamiento y de comportamiento, lo cual implica autonomía emocional. Solamente una persona con autonomía emocional es capaz de pensar por sí misma, tomar sus decisiones y comportarse autónomamente, lo cual implica asumir la responsabilidad de los propios actos y decisiones que se toman en virtud de la propia libertad. Muchos comportamientos de violencia se escudan en el grupo. Por lo tanto, en el fondo, se asocia a personas con falta de autonomía y con necesidades afectivas que pueden venir de lejos. Se puede remontar al tipo de apego que se estableció desde los primeros momentos de la vida.

A partir de la autonomía emocional se pueden crear vínculos emocionales simétricos, que es lo contrario de los vínculos emocionales asimétricos propios de la primera etapa de la vida. La persona con autonomía emocional establece vínculos afectivos con otras personas con libertad y responsabilidad. No es la teoría de la media naranja la que preside las relaciones de pareja, sino la naranja entera. Las personas con autonomía emocional son naranjas enteras. Como tales, establecen vínculos emocionales con otras personas, con libertad y responsabilidad, sin tener una relación de dependencia.

¿Podemos educar para pasar de la dependencia emocional (apego) a la autonomía emocional (vínculos simétricos basados en la igualdad)? ¿Podemos educar para ayudar a superar el apego inseguro y desarrollar la autonomía emocional? ¿Podemos educar personas que tengan sus necesidades afectivas satisfechas y no tengan necesidad de llamar la atención mediante actos de violencia? Estas son algunas de las preguntas que se plantea la educación emocional. La mejor estrategia para responderlas reside en la prevención, que debe iniciarse desde la cuna.

Rafa Guerrero aporta entre sus propuestas abundantes estrategias específicas de gestión emocional en la familia. Llama la atención de madres y padres para que se hagan cargo del mundo emocional de sus hijos. Enseña a legitimar las emociones, deseos y pensamientos de los hijos. Hay que aprender a dar nombre a las emociones. Se pregunta, por ejemplo, qué hacer ante las rabietas de los hijos. Hay que aprender a criticar la conducta, jamás a la persona. Estas y muchas más propuestas para la práctica se pueden encontrar en este libro, eminentemente práctico.

Entre otras aplicaciones, Rafa Guerrero presenta los pasos para establecer un vínculo seguro con los hijos. Para ello hay que explicitarles nuestro cariño; enseñarles a regular sus emociones; dedicarles tiempo de calidad y en cantidad; ofrecerles contextos de seguridad y protección; establecer sintonía emocional; conocer el fenómeno de la responsividad; asumir el rol que nos corresponde como padres; establecer unos límites claros; respetar, aceptar y valorar a los hijos; proporcionarles estimulación suficiente y adecuada; favorecer su autonomía; desarrollar un sentimiento de pertenencia; favorecer la capacidad reflexiva del niño y muchas otras propuestas que hacen de este libro un instrumento útil para familias y profesionales de la educación.

Rafa Guerrero obtuvo el título de licenciado en Psicología por la Universidad Complutense de Madrid (UCM) en 2005. Es doctor en Ciencias de la Educación con la calificación de sobresaliente cum laude por su tesis doctoral, llamada Personalidad eficaz en adolescentes diagnosticados de trastorno por déficit de atención con hiperactividad. Ha realizado una larga lista de cursos de formación permanente sobre temas tan diversos como psicoterapia breve, TDAH (trastorno de déficit de atención con o sin hiperactividad), psicología educativa, emoción y salud, psicología del deporte, psicoanálisis, medicina psicosomática, psicodiagnóstico, teoría del apego, universo de emociones, etc. Actualmente es profesor asociado en la Facultad de Educación de la Universidad Complutense de Madrid. Dirige el centro Darwin Psicólogos, donde se realiza psicoterapia con niños, adolescentes y adultos. También imparte docencia en el Centro Universitario Cardenal Cisneros en el grado de Psicología y en el máster de Atención a la Diversidad y Apoyos Educativos. Es profesor del máster de Formación del Profesorado de Educación Secundaria en la Universidad Rey Juan Carlos. Es autor del libro Trastorno por déficit de atención con hiperactividad. Entre la patología y la normalidad (Libros Cúpula, 2021). Además, es miembro de la Sociedad Española de Medicina Psicosomática y Psicoterapia.

Siendo tan joven (nació en 1981) y con este extenso currículo, es sin duda la persona idónea para escribir el libro que tengo el honor de presentar. La intención es que los lectores disfruten con la lectura y encuentren propuestas útiles para la práctica educativa, tanto en la familia como en el contexto educativo.

RAFAEL BISQUERRA

DIRECTOR DEL POSGRADO EN EDUCACIÓN EMOCIONAL Y BIENESTAR

UNIVERSIDAD DE BARCELONA

BARCELONA, 28 DE FEBRERO DE 2018

INTRODUCCIÓN

La Organización de Naciones Unidas publicó las observaciones generales adoptadas respecto al artículo 29 de la Convención sobre los Derechos del Niño, en las que se declara que dicho artículo:

[…] insiste en la necesidad de un planteamiento holístico de la educación que […] refleje un equilibrio satisfactorio entre la promoción de los aspectos físicos, mentales, espirituales y emocionales de la educación […]. El objetivo general de la educación es potenciar al máximo la capacidad del niño para participar de manera plena y responsable en una sociedad libre. Debe hacerse hincapié en que el tipo de enseñanza que se concentra fundamentalmente en la acumulación de conocimientos, que estimula la competencia e impone a los niños una carga excesiva de trabajo, puede ser un grave impedimento para el desarrollo armonioso del niño para realizar todo el potencial de sus capacidades y aptitudes.

Si queremos crear una sociedad sostenible y centrada en el bienestar de nuestros futuros ciudadanos, hoy sentados en nuestras aulas, no podemos seguir manteniendo una misma educación competitiva y dirigida casi exclusivamente al desarrollo de su dimensión cognitiva. Otro modo de educar es posible, que no depende de las condiciones externas, sino de una decisión, de un modo de mirar y tener la valentía de arriesgarse para hacer algo diferente; un modo de educar que dirija la atención al desarrollo integral del alumnado, ofreciéndole herramientas para su presente pero que los prepare para el futuro.

Podemos anticipar que se tendrán que enfrentar a problemas serios y las soluciones no estarán en nuestras manos sino en las de ellos. Y en el mundo interdependiente en el que vivimos, las soluciones no serán sencillas, de esto estamos seguros.

Además, la infancia de hoy en día no es la misma que la de generaciones anteriores. La evolución progresa a un ritmo muy variable y no de un modo lineal nítido y comprensible, ya que la vida se adapta a los retos de su entorno, que se ve afectado por esta y viceversa.

Teniendo en cuenta los turbulentos cambios que ha experimentado el mundo en los últimos tiempos, sería un disparate creer que podemos predecir de manera realista el futuro que vivirán nuestros niños. Muchas de las habilidades que en el pasado permitieron que la vida humana prosperara deben ser ahora desarrolladas y reformuladas para hacer frente a los desconocidos retos que nos depara el futuro. Algunas personas piensan que las habilidades esenciales que nos permitirán mejorar nuestra vida y la de los demás son, sobre todo, la creatividad y la comprensión social.

Debemos tener en cuenta, además, que, en estos últimos años, se ha producido un incremento en el número de niños que reciben tratamiento por trastornos psicológicos y conductuales. También han aumentado las expectativas puestas en los niños en lo que respecta a su buen rendimiento académico, y las políticas educativas de muchos países están orientadas a la consecución de ese objetivo; sin embargo, nos estamos enfrentando a la mayor crisis laboral de nuestras vidas, sobre todo la gente joven.

Por tanto, en este escenario lleno de incertidumbre es necesario más que nunca ser resilientes. Este término hace referencia a los rasgos personales que determinan el modo de hacer frente a la adversidad y situaciones de estrés. Pero la resiliencia es un proceso, no un estado, que puede desarrollarse en los niños desde bien pequeños, ayudándoles a ser fuertes y sensibles a la vez, a superar adversidades con una mirada optimista y a tener el coraje de enfrentarse a los retos que la vida les depare.

Los trabajos de investigación llevados a cabo durante décadas nos han revelado que existen características comunes en los entornos familiares, escolares y sociales que pueden proporcionarnos procesos protectores que actúan como factores que permiten que los niños manifiesten una buena resiliencia. Uno de esos factores es la educación emocional. En un mundo con una tecnología en creciente sofisticación, las habilidades emocionales y sociales que requeriremos serán cada vez más la empatía, la atención, la tolerancia, la responsabilidad, la creatividad y la imaginación, si es que tenemos la esperanza de contar con alguna posibilidad de preservación de nuestra especie, y estas son capacidades que no encuentran réplica en la inteligencia artificial.

La OCDE (2001) definió la educación de calidad como aquella que asegure a todos los jóvenes la adquisición de conocimientos, capacidades, destrezas y actitudes necesarias para prepararlos para la vida adulta. En este sentido, el término competencia hace referencia al dominio de un conjunto de conocimientos, actitudes y destrezas necesarias para el ejercicio de un rol profesional y de sus funciones correspondientes, con cierta calidad y eficacia (Repetto, 2003). Entre estas competencias se destacan las socioemocionales, ya que el análisis de la literatura justifica el diseño de las estrategias para la formación socioemocional de los niños y jóvenes como un medio para mejorar la calidad personal y educativa. La educación emocional es una innovación educativa que responde a necesidades que las materias académicas ordinarias no cubren. «El desarrollo de las competencias emocionales puede ser más necesario que saber resolver ecuaciones de segundo grado», dice Rafael Bisquerra.

Los informes confirman que los niños que la reciben desarrollan una serie de competencias emocionales y viven la experiencia de aprendizaje para la vida como algo enriquecedor, innovador, además de un reto, y que son más capaces de afrontar la incertidumbre con comprensión, resiliencia, creatividad y sentido de la responsabilidad.

Diversas investigaciones (Aluja y Blanch, 2004; Pena y Repetto, 2008) han mostrado, además, que los alumnos con mayor éxito académico poseen mejores niveles de competencias socioemocionales y cómo se vincula un rendimiento académico deficiente con ciertos estados depresivos y baja adaptación social. Asimismo, son numerosos los trabajos que prueban cómo la aplicación de algunos programas para el desarrollo de estas competencias (Lopes y Salovey, 2004) incrementan no solo el proceso de aprendizaje y el éxito académico de los alumnos, sino que también favorecen la integración social de los mismos y, con ello, ejercen una función preventiva ante otros factores de riesgo, tales como el absentismo, el abandono escolar, la violencia, el bullying y el desempleo o el escaso desarrollo laboral.

Fruto de esta constatación y de las recientes investigaciones de la neurociencia, en numerosos países se han puesto en marcha diferentes programas de educación emocional, diseñados con el fin de educar las emociones y desarrollar una serie de competencias y habilidades emocionales de gran utilidad en diferentes áreas de nuestra vida.

Es preciso reconocer, como nos dice Goleman, que todos tenemos dos mentes: una que piensa y otra que siente. Pero ¿acaso razón y emoción se oponen? Ahora sabemos que no, que son dos formas fundamentales de conocimiento que interactúan para construir nuestra vida mental. Ambas mentes tienen que ser atendidas en toda situación de la vida, no debe haber predominio ni oposición y, en todo momento, se debe buscar su equilibrio, ya que los sentimientos son indispensables para la toma racional de decisiones, porque nos orientan en la dirección adecuada para sacar el mejor provecho a las posibilidades que nos ofrece la fría lógica. Por lo tanto, ambos componentes de la mente aportan recursos sinérgicos: el uno sin el otro resultan incompletos e ineficaces. Afortunadamente, la era de la información se está abriendo a un nuevo sistema de valores en que el corazón se une a la mente para trabajar juntos por el bienestar de la persona.

Por otro lado, todos estaremos de acuerdo en que la finalidad de la educación y el objetivo compartido, tanto por los padres como por los educadores, es el desarrollo integral de los alumnos. Pues bien, en este desarrollo pueden distinguirse, al menos, cuatro dimensiones importantes a las que hacía referencia la ONU: la conductual, la cognitiva, la emocional y la espiritual. Sin embargo, la educación tradicional también se ha centrado más en el desarrollo cognitivo de los alumnos, olvidando casi de forma generalizada la dimensión emocional del ser humano, de tanta importancia para su vida personal y en sus relaciones con los demás.

Muestra de ello es que los currículos tradicionales en el mundo de la enseñanza se basan, sobre todo, en el aprendizaje de habilidades académicas (lenguaje, cálculo matemático, información sobre el medio social) y dejan de lado otros aspectos de la inteligencia que se pueden educar, como son la imaginación, la sensibilidad, la creatividad, el autoconocimiento, el control emocional, la resolución de conflictos, el optimismo, etc., mucho más importantes a la hora de conseguir un buen nivel de bienestar personal y social.

Sin embargo, numerosas investigaciones demuestran cómo una tensión emocional prolongada, o incluso cualquier tipo de problema emocional, puede afectar seriamente al rendimiento y a la conducta de nuestros alumnos. Cuando no saben manejar adecuadamente esas emociones, pueden «boicotear» sus procesos cognitivos y, como decimos coloquialmente, «quedarse en blanco», por ejemplo, ante un examen.

Científicos de la Universidad de Oregón afirman: «Sabemos que la emoción es muy importante en el proceso de aprendizaje porque potencia la atención, que, a su vez, potencia el aprendizaje y la memoria. Sin embargo, nunca hemos acabado de entender la emoción. Y por ello no sabemos cómo regularla en la escuela, aparte de definirla y relegarla en su mayor parte a las actividades artísticas, el recreo y las actividades extraescolares. Medimos si los alumnos saben leer correctamente y si escriben sin faltas de ortografía, no su bienestar emocional. Y cuando el tiempo se nos echa encima recortamos de las asignaturas «emocionales» como si fueran de segundo orden. Al separar la emoción de la lógica y la razón en la clase hemos simplificado el sistema escolar y el proceso de evaluación, pero también hemos separado dos caras de una misma moneda, y hemos perdido algo muy importante en el proceso».

Los alumnos deben entender, además, que la emotividad no es algo sorprendente e incontrolable, sino un medio de expresión de su personalidad y, como todo medio de expresión, puede ser educado. Por este motivo, enseñarles a identificar, reconocer y controlar sus emociones debería incluirse como objetivo en cualquier programación educativa.

Los jóvenes con un mayor dominio de sus emociones presentan un mejor rendimiento académico, mayor capacidad para cuidar de sí mismos y de los demás, predisposición para superar adversidades y menor probabilidad de implicarse en comportamientos de riesgo (como el consumo de drogas), según los resultados de varios estudios publicados por el GROP.

Ha sido en estos últimos años cuando los educadores, psicólogos y pedagogos han constatado que el pleno desarrollo de la inteligencia exige también una dedicación especial a estos aspectos. Incluso se ha podido comprobar experimentalmente que los alumnos entrenados en habilidades emocionales obtienen un mejor rendimiento académico y tienen más éxito cuando se incorporan al mundo laboral. La educación es una llave para el cambio. La manera en que utilicemos esa llave ejercerá un verdadero impacto sobre el futuro de nuestros hijos y de nuestro planeta. Darse cuenta es el primer camino para el cambio.

En mi opinión, es tiempo ya de dejar de construir sobre modelos antiguos y sobre viejos paradigmas que la propia ciencia ha desmontado, y de transformarnos en comadronas de la nueva sociedad del conocimiento y de la innovación; donde el sentir y el pensar se conviertan en aliados y donde la emoción y la razón tengan un puesto importante en nuestra vida y en la vida de nuestros alumnos; donde mente y corazón tomen juntos las riendas de nuestra vida, colaborando con el fin que todos los seres humanos compartimos: ser felices.

No podemos esperar un mundo ideal, pero no hay duda de que podemos trabajar para mejorarlo, y en nuestra vocación de educadores está la clave del bienestar social, que empieza, lógicamente, ayudando a que cada uno de nuestros alumnos consiga su propio bienestar personal.

BEGOÑA IBARROLA

PSICÓLOGA Y ESCRITORA

EXPERTA EN EDUCACIÓN EMOCIONAL

EL ESCORIAL, 10 DE DICIEMBRE DE 2017

CAPÍTULO 1

LA IMPORTANCIA DE LAS EMOCIONES Y EL APEGO

Entrando en materia

Las emociones en nuestra sociedad

Los primeros días

El apego: la mejor herencia para nuestros hijos

¿Por qué los padres deben aprender a gestionar sus emociones?

LA IMPORTANCIA DE LAS EMOCIONES Y EL APEGO

Educar la mente sin educar el corazón no es educar en absoluto.

ARISTÓTELES

Entrando en materia

Aunque el tema de la educación emocional parezca algo muy innovador, vemos en la frase de Aristóteles que inicia este capítulo que, aunque no con este concepto, los antiguos griegos debatían y hablaban mucho sobre la importancia de la gestión emocional. A lo largo de buena parte del siglo XX dominó el conductismo, liderado por John B. Watson, una corriente en la que las emociones apenas se investigaban ni se tenían en cuenta. En 1990, Peter Salovey y John Mayer publican un artículo, que no tiene mucha repercusión mediática, en el que definen la inteligencia emocional como «un conjunto de habilidades que contribuyen a la valoración exacta y a la regulación efectiva de las emociones, en uno mismo y en los otros; y el uso de los sentimientos para motivarse, planificar y alcanzar lo que uno se propone en la vida». Cinco años después, en 1995, Daniel Goleman publica su best seller Inteligencia emocional, que supone una auténtica revolución. A partir de este libro, la educación emocional adquiere mucha fuerza en multitud de ámbitos (educativo, empresarial, personal, etc.).

No es mi intención señalar a nadie ni hacer sentir mal a ningún padre, madre o profesional, sino al contrario. El presente libro se escribe con todo el cariño y respeto que tengo a todas las personas que han decidido formar una familia y afrontar uno de los mayores retos que tiene el ser humano: educar y criar a los más pequeños. Parto de la base de que todos los padres, madres y maestros, desde sus posiciones y roles, lo hacen lo mejor que pueden. Hacemos las cosas de una determinada manera, pero siempre con muy buena intención. Solo hay una excepción: los progenitores maltratadores, abusadores y negligentes. El resto de los padres, que somos la inmensa mayoría, lo hacemos siempre lo mejor que podemos. El hecho de que eduquemos a nuestros hijos con nuestra mejor intención no nos asegura hacerlo bien. Fijaos, sin ánimo de alarmar: los estudios llegan a la conclusión de que, hasta los padres más entregados y volcados en sus hijos, solo les atienden en un 50 % de las ocasiones en que son requeridos. Es materialmente imposible que los padres y las madres atiendan a todas las necesidades que presentan sus hijos. Es ahí donde entran en escena los maestros y otras figuras de referencia para los niños. Los profesores son figuras de referencia de segunda oportunidad. Cuando las cosas no se hacen bien desde casa o no se llega por diferentes motivos, puede aparecer un profesor que «salve» al niño. El objetivo no es conseguir superpadres ni supermadres, sino, como bien dice Donald Winnicott, padres suficientemente buenos. Con esto es más que suficiente. Lo que pretendo, en resumidas cuentas, en este libro es ayudar a entender qué es el apego, cómo aprenden los niños a relacionarse afectivamente, cuáles son las emociones básicas y ofrecer estrategias de intervención que sean útiles para padres y maestros. En definitiva, ayudar a saber manejar las emociones que experimentan nuestros hijos, así como a establecer relaciones de apego seguro con ellos. Dos tareas tremendamente complicadas, dicho sea de paso.

Las emociones en nuestra sociedad

Vivimos en una sociedad de izquierdas. No, no me refiero a la política, me refiero a la educación. El hemisferio izquierdo está relacionado con las matemáticas, las ciencias, la lingüística, la lógica, lo numérico y lo racional. En cambio, nuestro hemisferio derecho es más emocional, musical, artístico, caótico, etc. Hoy en día le damos, desgraciadamente, demasiada importancia al ámbito académico de los niños. Parece como si el resto de los ámbitos (familiar, social, emocional, etc.) no tuvieran la categoría que tiene lo escolar. Esto se ve reflejado en diferentes contextos. Por ejemplo, un 90 % de los motivos de las consultas en centros de psicología tienen que ver con el ámbito escolar: bajo rendimiento, desmotivación por los estudios, fobia escolar, pocos amigos en el colegio, acoso escolar, dificultades para prestar atención en clase, mala planificación a la hora de hacer los deberes, etc. Casi nadie consulta por el área emocional o social. En mi caso, cada vez que recibo en mi centro a unos padres a los que les preocupa el ámbito emocional o social de su hijo les doy la enhorabuena. ¿Por qué la gestión emocional y las dificultades para hacer amigos es menos importante que obtener sobresalientes en el boletín de notas o no repetir curso? Son numerosos los estudios que llegan a la conclusión de que el factor que tiene mayor peso sobre la calidad de vida de nuestros hijos es la autoestima. Y, sin embargo, no le damos la importancia que en realidad tiene. Son muchos los ejemplos que podría poner que demuestran este desequilibrio entre el ámbito escolar de nuestros hijos y el resto de los ámbitos, pero me quedaré con el siguiente, que es muy significativo.

Caso práctico

Hace unos meses recibí en consulta a una mamá muy preocupada por la situación por la que estaba atravesando su hijo de 7 años (2.º de educación primaria). La madre me contaba angustiada que una mañana su hijo se despertó muy caliente. Su madre le puso el termómetro y vio que el niño tenía 37°. En ese momento, el niño miró a su madre preocupado y le preguntó: «Mamá, ¿37 es aprobado o suspenso?». Este ejemplo real refleja la excesiva trascendencia que le damos a los estudios en detrimento del resto de áreas del niño. Debemos entender al menor desde una perspectiva integral.

¿Qué lugar ocupan las emociones en nuestra sociedad? Podemos decir que las emociones en la sociedad occidental se conciben de manera binaria, es decir, solo existen dos posiciones. Es como si fuera un interruptor de la luz. Son dos posiciones extremas. O bien se tiende a negar, reprimir y no expresar las emociones; o bien todo lo contrario, es decir, la emoción «ahoga» a la persona que la está experimentando. En este libro, abogo por legitimar y expresar las emociones a partir de la autorregulación emocional. No podemos negar la existencia de las emociones ni la expresión de estas. Respecto del primer extremo del que hablábamos (negar las emociones y no expresarlas), se han hecho verdaderos avances en los últimos años. Cada vez somos más conscientes de la importancia y función de las emociones, así como de su expresión y regulación. Ejemplos de esta corriente son las clásicas frases de «los chicos no lloran» (que por cierto es el título de un álbum de Miguel Bosé de hace unos cuantos años) y «las chicas no se enfadan». Por lo tanto, vemos como la emoción de rabia no está permitida en las mujeres y la emoción de tristeza está prohibida para los hombres. En cambio, socialmente, la depresión no está tan mal vista en la mujer como en el hombre. Lo contrario pasa con los ataques de ira o furia. Aunque ya no tanto, pero se sigue escuchando este tipo de comentarios. En el otro extremo, nos encontramos con lo opuesto: las emociones son tan poderosas que me poseen hasta hacerse con el control de mi vida. Este tipo de mensajes se encuentran muy fácilmente en las letras de numerosas canciones. Algunos ejemplos de letras de canciones conocidas son «después de ti no hay nada» (Alejandro Sanz), «sin miedo» (Rosana), «me estoy ahogando sin tu amor» (Maná), «no, no hay que llorar, que la vida es un carnaval» (Celia Cruz), «sin ti no soy nada» (Amaral), «ya me es imposible soportar otro día más sin verte» (Jon Secada), etc. Me gusta utilizar la metáfora del interruptor para reflejar que o bien se tienen que reprimir las emociones o bien te controlan tu vida. No existen puntos medios. En este libro trataremos de dar ideas y recursos para aprender a gestionar nuestras propias emociones y las de nuestros hijos.

En cuanto a la investigación de las emociones se refiere, hay un interés más marcado por estudiar las emociones desagradables (miedo, rabia y tristeza) que las agradables (alegría, felicidad, amor, etc.). Por ejemplo, si comparamos el número de estudios de depresión y de felicidad, encontramos que hay 22 estudios que investigan la depresión por cada estudio que trata de la felicidad. Curioso, ¿verdad?

Y ya para concluir este subapartado, os dejo una reflexión que trataré de resolver a lo largo del libro. Si atendemos a nuestros hijos cuando se hacen un corte o les duele una caída y consolamos a un amigo a quien su pareja le acaba de dejar, ¿por qué no atendemos a nuestros hijos y alumnos cuando alguna emoción les supera? ¿Les consolamos y tranquilizamos cuando suspenden algún examen? Uno de los objetivos del libro es aprender a conectar con las emociones de nuestros hijos.

Los primeros días

Desde que los padres saben que van a ser padres comienza una carrera emocional de fondo. A partir de ese momento pasamos a ser ríos de emociones. Además, tenemos que hacer el duelo por el cambio de situación. Pasamos de ser una pareja para formar una familia con la llegada de nuestro hijo. La pareja desaparece y formamos un triángulo. La paternidad y la maternidad implican un ajuste, una adaptación. Tenemos que pasar el duelo por la pérdida de la relación dual. Ese cambio no es fácil para nadie, ni para los padres ni para el neonato, que pasa de estar en un ambiente tranquilo, sin luz y sin apenas ruido, a una situación hiperestimulante. Y qué decir del parto, quizá uno de los momentos más traumáticos que viviremos en nuestra vida.

Dibujo de la triangulación: madre, padre e hijo

A lo largo de los primeros días ya vemos en el neonato su temperamento. Podemos observar que existen diferencias individuales entre los bebés. Unos niños son más tranquilos y otros son más irascibles. Unos duermen mejor y otros se despiertan más veces. El temperamento, que es de componente genético, influye en las emociones que sentimos y en cómo gestionamos esas emociones, y esto es algo que ya se ve en las primeras semanas de vida. Los bebés altamente reactivos son más difíciles que los que no lo son. Se muestran sensibles a cualquier estímulo, inquietos, llorones y son más difíciles de calmar. Ya en esos primeros días, vamos desarrollando poco a poco otra de las disposiciones innatas con las que venimos de serie: establecer vínculos con las personas que nos cuidan y expresar nuestras necesidades. El temperamento y la vinculación emocional con nuestros cuidadores van a influir significativamente en cómo nos adaptamos a los diferentes retos de la vida. Por ejemplo, de ello depende cómo el niño se adapta a los primeros días de guardería.

Como mamíferos que somos, nos vinculamos emocionalmente con nuestros cuidadores principales, que suelen ser nuestros padres. Además, tenemos la capacidad de expresar cómo nos sentimos desde bien pequeños. Evidentemente, no es a través del lenguaje, sino a través del llanto y con gestos faciales. Si las necesidades que tienen estos pequeños no son satisfechas por los adultos que están al cargo de él, esto tendrá consecuencias negativas para su desarrollo emocional y social. Una de las circunstancias más terribles que puede llegar a tener un ser humano es vincularse de manera insegura con sus padres. No es que no exista apego, porque sin relación no sobreviviríamos, pero sí que habría un apego inseguro que tendría consecuencias negativas para la persona y su entorno.

El apego: la mejor herencia para nuestros hijos

Ya Bowlby describía en 1958 que el ser humano tiene la tendencia a establecer un vínculo con su cuidador de manera innata y no aprendida. Es algo preprogramado en el ser humano y en el resto de los mamíferos. El apego es un proceso, no un resultado. Tampoco es algo que aparezca de la noche a mañana. El apego es un tipo de relación especial entre el menor y sus figuras de referencia, por lo que requiere de tiempo y cariño. Somos animales sociales, y esto es una característica innata. El ser humano desde que es bien chiquitito se apega a sus padres, pero ¿el tipo de apego que ha desarrollado en virtud de cómo hayan respondido sus padres a sus necesidades se mantiene cuando sea adulto? La investigación ha demostrado que es así. En un estudio se evaluó el estilo de apego de 60 niños mediante la situación extraña de Mary Ainsworth (que desarrollaremos más adelante) y veinte años después evaluaron el estilo de apego adulto de esas mismas personas. ¿Qué encontraron? Pues que el estilo de apego de esos niños se mantenía estable después de veinte años en un 70 % de los casos. Por lo tanto, el estilo de apego es algo que se transmite de generación en generación, de padres a hijos. Los padres con apego seguro tienen hijos con apego seguro. Y así también sucede con los diferentes tipos de apegos inseguros. Es transgeneracional, pero no se transmite genéticamente sino relacionalmente.

Todas las situaciones en las que se mueven los niños son o bien facilitadoras de la relación de apego o bien interfieren negativamente. No hay ninguna situación para un niño que sea neutra. Por lo tanto, podemos decir que todas las experiencias y circunstancias llevan al niño a una estructura normal/sana o patológica, y esto dependerá de las situaciones que vivamos de pequeños, de la familia que tengamos y de cómo y cuánto nos ayuden a encauzar dichas experiencias. Podemos decir entonces que la primera escuela donde se enseña a manejar las emociones es la familia. Una característica común a todos los niños es su baja tolerancia a la frustración y su poca capacidad de espera. Estas dos «habilidades» se educan en casa. Si cuando llego a casa del colegio no hay nadie que me atienda o me ayude en mis dificultades emocionales, o si hay alguien, pero no me hace caso, difícilmente van a poder ayudarme en la adquisición de estas habilidades emocionales.

¿Te has planteado alguna vez qué quieres dejarles en herencia a tus hijos? La mejor herencia que les podemos dejar a nuestros hijos es una buena vinculación emocional. Habrá aprendido a relacionarse de manera adaptativa conmigo, pero esto le servirá para el resto de las relaciones que tenga a lo largo de su vida. Pero también es posible que mi mala enseñanza en cuanto a la vinculación afectiva marque a mi hijo de por vida. Mi poca implicación como padre y mi negligencia como madre puede resultar tremendamente perturbadora para mi hijo para siempre. Está claro que no podemos evitar el sufrimiento de nuestros hijos, es inherente al ser humano, pero lo que sí que podemos hacer es dejarle el mejor factor de protección y de seguridad que conocemos: un apego seguro. Se ha visto que los estilos de apego inseguro dificultan el aprendizaje, mientras que el apego seguro sirve de trampolín para la adquisición de nuevos conocimientos. En ocasiones comparo el apego con un colchón. En la vida siempre hay caídas, pero ¿preferimos caernos sobre un colchón viejo y de unos centímetros de grosor o sobre uno nuevo y de 50 centímetros? Pensemos en el tipo de colchón que les queremos dejar a nuestros hijos.

Los padres lo hacemos siempre lo mejor que podemos y no siempre como deseamos, ya que a veces nos faltan herramientas, recursos y formación. Somos responsables, pero no somos culpables. Hay una gran diferencia entre ambos conceptos. La culpa se refiere al pasado, mientras que la responsabilidad está orientada al futuro y al cambio. Por eso pretendemos entender, no culpar ni señalar a nadie. Un factor que juega muy a nuestro favor es que todos los niños idealizan a sus padres y madres cuando son pequeños. ¿Habéis escuchado a vuestros hijos decir cosas como «mi padre es el más fuerte», «mi madre es la más guapa» o «mis padres son los mejores padres del mundo»? Es evidente que no somos ni los más fuertes, ni las más guapas ni los mejores padres del mundo, pero lo importante es que para ellos sí que lo somos. Y con eso basta. Este tipo de creencias mágicas son necesarias para la supervivencia del niño. ¿Qué pasaría si no creyeran que estas ideas son verdades absolutas? Habría muchísima incertidumbre en el niño. La idealización de nuestros padres es un mecanismo de defensa tremendamente positivo.