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El Camino de Santiago se emprende por motivaciones culturales, deportivas o religiosas. Pero al final del viaje el peregrino descubre que todas ellas acaban mezclándose entre sí, y que un viaje a pie de casi 700 kilómetros se convierte en una de las grandes travesías de la vida, en la que además se descubren algunos de los rincones más desconocidos de la Península Ibérica. Esta guía lleva de la mano al peregrino por el Camino francés y proporciona las informaciones de carácter cultural, histórico, artístico y especialmente práctico (donde dormir y comer), con todos los datos actualizados en 2022. Incorpora mapa detallados de todas las etapas, la reseña de casi 500 albergues del Camino, fotografías y propone visitas urbanas a las cinco grandes capitales que cruza: Pamplona, Logroño, Burgos, León y Santiago de Compostela.
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Seitenzahl: 339
Veröffentlichungsjahr: 2022
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La ruta propuesta en este libro viene señalizada con trazo rojo. En algunas etapas surgen alternativas, que se marcan en color verde. En el texto principal se especifica por qué motivo se ha escogido una u otra. Junto al nombre de las localidades de inicio y fin de etapas hay pictogramas que identifican los servicios de los que dispone. En el caso de las poblaciones intermedias, se cita también mediante símbolos si disponen de albergue y/o bar restaurante. Además, los mapas vienen acompañados de un perfil para prever el desnivel que espera cada día al caminante.
El Camino de Santiago vive un momento excelente, si de frecuentación hablamos. Esta “autopista” que se puso en funcionamiento de forma popular –aunque fomentada por las autoridades– durante la Edad Media vive una edad de oro similar a la de sus inicios, hace ya más de un milenio.
Hoy las ansias de conocimiento, el turismo, el deporte... se superponen con las motivaciones religiosas. El peregrino que echa a caminar hacia Santiago no siempre lo hará bajo motivaciones espirituales, pero pronto descubrirá que está realizando tanto un viaje hacia el interior de su mente como por la zona norte de la Península Ibérica. Y además tendrá ocasión de disfrutar un gran desplazamiento: pasará por algunas de las catedrales más impresionantes, visitará pequeños pueblos de los que jamás había oído hablar, entablará conocimiento con gente de todo el mundo, pondrá a prueba su resistencia física y mental. El Camino de Santiago encierra muchos viajes en uno solo.
La peregrinación no tiene porqué ser religiosa, pero enseguida se convierte en un viaje introspectivo.
Hasta la llegada de la pandemia de covid-19, cada año se incrementaban las cifras de personas que peregrinan a Compostela. En el último año "normal" (2020) fueron casi 348.000. Lo hacen desde diferentes inicios, todavía muy concentrados en los meses veraniegos (más del 60%). Quedan retos pendientes, como que la señalización sea un poco más uniforme, que los pícaros que se aprovechan del caminante desaparezcan –tal vez eso sea imposible, al fin y al cabo su existencia se remonta también mil años–, que muchos servicios estén abiertos en la temporada baja, para que la tendencia estacional se reconduzca. O que albergues, bares y restaurantes publiquen datos fiables sobre cuándo estarán abiertos.
Este papel de mejora no incumbe únicamente a las autoridades. También los peregrinos deben mejorar en algunos aspectos: su comportamiento en el interior de albergues o en las poblaciones, especialmente en el pico del verano, pueden resultar chocantes para lugareños y otros peregrinos que no buscan únicamente vacaciones sino una experiencia íntima.
Hay cosas por mejorar, sí, pero el Camino de Santiago es un viaje sensacional en el que el peregrino descubrirá tantas cosas del país como de sí mismo. Entenderá la diferente percepción que otorga la velocidad del viaje a pie, adquirirá cultura arquitectónica y paisajística, se relacionará con diferentes lenguas y gentes. Un gozo rematado con la limpieza espiritual de verse libre de pecado, aunque sea por un solo día.
Lo fundamental es escoger la ruta que vamos a seguir. Según estadísticas de la iglesia compostelana, se acercan a los 350.000 los peregrinos que anualmente se acercan a pedir la compostela, el documento que acredita que se ha realizado la peregrinación a pie, a caballo o en bicicleta al menos durante 100 kilómetros. Estos viajeros se concentran (por orden de afluencia) en los meses de agosto, julio, junio y septiembre. El resto del año la concurrencia es mucho menor. De ellos, solo un porcentaje muy minoritario realizan todo el viaje de un tirón desde los clásicos inicios de Saint-Jean-Pied-de-Port (Donibane Garazi) o Roncesvalles (Orreaga). La mayoría de los que caminan toman un punto intermedio, como Burgos o León. Y son multitud los que únicamente cubren el tramo gallego, bien desde O Cebreiro -punto en el que se entra en la comunidad autónoma- o desde Sarria, que proporciona los 100 km necesarios para obtener la compostela.
Esta guía propone cubrir el llamado Camino Francés desde su inicio antes de cruzar los Pirineos, aunque, lógicamente, podrá tomarse desde cualquier punto del Camino, pues la información está organizada para que el lector/usuario no pierda ninguno de los datos que le serán valiosos.
Partiendo de la base de que vamos a efectuar un viaje a pie de más de cuatro semanas y que se acerca a los 800 kilómetros, deberemos tener en cuenta varios aspectos organizativos absolutamente esenciales:
Cerca de la mitad de los peregrinos son españoles, según las estadísticas. Ello explica que el grueso de los caminantes se agrupen en los meses centrales del verano, cuando tradicionalmente tienen lugar las vacaciones en nuestro país. Mientras que en los “extremos” de esa estación el viaje es muy recomendable (junio y septiembre), el centro del estío es, por el contrario, una época altamente contraindicada para realizar el Camino de Santiago. Aunque a favor del viajero estén las muchas horas de luz solar con que cuenta en cada jornada, hay que valorar otros elementos que no aconsejan escoger esas fechas: las temperaturas son altísimas ya desde primera hora de la mañana, la insolación es muy fuerte y los servicios están abarrotados. Ello ha desembocado en que, en los últimos años, los peregrinos se vean prácticamente empujados a una carrera por ver quién madruga más para terminar la etapa y así hacerse con una plaza en los albergues (aunque el sistema de reservas ha aliviado esta situación). Lógicamente, eso pervierte las esencias de la peregrinación, que reclama calma y visita a los lugares culturalmente interesantes. Si convertimos las vacaciones en una prolongación del estrés cotidiano, no conseguiremos nada.
SEÑALES La ruta está señalizada desde el primer paso hasta el último con las características flechas amarillas. Puede haber algún tramo marcado de manera que nos genere incertidumbre. En ese caso siempre es mejor preguntar a un lugareño. Esta guía da todas las pistas en aquellos lugares donde hay falta de señales o abundancia de ellas, lo que a veces también genera confusión.
Primavera y otoño son, sin duda, los mejores momentos del año para realizar la peregrinación. Los servicios están, mayoritariamente, funcionando y las temperaturas son agradables. Los días son suficientemente largos como para no pasar agobios con que oscurezca. Solo las lluvias y alguna tormenta de nieve aislada pueden poner a prueba la resistencia del viajero.
El invierno está reservado a los más aguerridos. Si uno es fuerte mental y físicamente es ideal, pero habrá que cruzar los Pirineos en un momento de clima riguroso y también enfrentarse a los vientos fríos y las bajas temperaturas de Castilla y León, amén de las lluvias del Bierzo y Galicia. En contra está también que muchos albergues, bares y restaurantes están cerrados, y requiere de una planificación cuidadosa para no quedarse en la calle tras un día de caminata.
Escogida la fecha, hay que ser prudentes al máximo con la longitud de las etapas. Esta guía incluye pocas que sobrepasen los 30 kilómetros por día. Oíremos de boca de otros peregrinos “hazañas” relativas a 35, 40 o 45 kilómetros por día. Nosotros no lo recomendamos. El viaje debe ser placentero, con posibilidades para detenerse a visitar pueblos, iglesias, puentes, departir en un bar, realizar un pícnic en un prado… Además, hay que tener en cuenta el esfuerzo sostenido.
En relación al kilometraje, vale la pena señalar que no es tradición entre senderistas y montañeros medir las distancias en kilómetros sino en horas. En esta guía hemos dado preeminencia a esta forma de mesurar el día, pues nos parece más lógica. Como la “tradición” del Camino marca que se indiquen también los kilómetros, lo hemos hecho. Se han medido con un GPS, por lo que son bastante exactas. Pero aún así, mejor estar atentos a las horas y minutos que se indican, que son mucho más fiables y dan al caminante una referencia más fácil de seguir, acorde a la tradición del senderismo.
⇒ El Camino de Santiago es perfectamente asumible para personas de todas las edades que estén en buena forma física. Exceptuando la primera etapa y algunas muy puntuales –cuando el cuerpo ya está habituado al esfuerzo–, la mayoría de jornadas son llanas o con puertos sin importancia. Se trata de caminar entre 4 y 6 horas de media al día. Cualquier puede hacerlo. Pero atención, porque un elemento definitivo de esta travesía es su duración. Es verdad, todo el mundo puede caminar varias horas al día aunque no esté muy bien entrenado. Pero ya no es lo mismo sostener ese ritmo durante un mes. Las musculatura se quejará, enviará avisos en forma de agujetas o dolores e incluso puede aparecer una tendinitis que definitivamente nos envíe a casa. Por eso es especialmente importante entrenar un poco en las semanas previas al viaje, para tonificar el cuerpo.
La forma más inteligente de afrontar una travesía de larga duración como esta es siendo consciente en todo momento de que nuestro cuerpo es nuestro medio de transporte. Hay que proporcionarle los máximos cuidados para que no se resienta del esfuerzo.
Lo mejor es madrugar, empezar a caminar en torno a las 8 de la mañana –en pleno verano puede ser una hora antes, porque ya ha amanecido– para asegurar de que por lo menos durante tres o cuatro horas viajaremos en un ambiente fresco donde el calor no apriete demasiado.
Es conveniente tomar un desayuno completo y realizar una parada cada hora, más o menos, para echar un trago de agua. Habrá quien prefiera una bebida isotónica, para recuperar sales, aunque los que deban cuidarse del exceso de azúcar tendrán en cuenta que estas bebidas lo contienen en abundancia.
Lo mejor es realizar una comida ligera pero energética para la hora del almuerzo. Un bocadillo, frutos secos y fruta fresca o barritas energéticas serían suficientes –y así no cargamos demasiado peso– para terminar la jornada a primera hora de la tarde. Podemos realizar una merienda ligera y una cena contundente, de plato caliente. Eso sí, habrá que tener en cuenta no tomar alimentos demasiados pesados o grasientos que nos impidan dormir bien.
La ingesta de alcohol, además de disminuir la atención, deshidrata mucho el cuerpo. El peregrino debería limitar su consumo al máximo. Aunque en las horas de máximo calor o al final de la etapa considere que se ha “ganado” una cervecita, será moderado en este aspecto.
Es importante dormir bien y un número adecuado de horas. En el Camino se suele conocer a mucha gente y la tentación de alargar la tertulia nocturna es evidente, pero hay que darle al cuerpo un mínimo de ocho horas de descanso para que se reponga del esfuerzo realizado y esté listo para el siguiente reto. Estamos ante una prueba de resistencia.
Deberemos prestar una atención especial a los pies, nuestro auténtico “motor”. Hay que caminar con un calzado cómodo –botas de trekking o de hiking–, con buena suela y que no sean nuevas. Los calcetines nunca deberán hacer arrugas (los hay específicos para montañismo, con punteras, planta y talón reforzados precisamente para evitar eso). Si aparecen las temidas rozaduras o ampollas, aparte de remedios tradicionales, lo mejor es pegar una tirita de “piel artificial”, de venta en todas las farmacias. Son mano de santo, el dolor desaparece casi al instante y el apósito se mantiene fijado hasta que la llaga está curada.
Es importantísimo protegerse del sol con crema en cara, brazos y piernas y llevar sombrero.
Solo una parte pequeña de los peregrinos son senderistas o montañeros habituados a travesías largas. De ahí que valga la pena mentalizarse de lo que tendrá lugar en las semanas que durará el viaje.
⇒ Nuestros pies serán el medio de transporte. Hay que caminar al ritmo propio, ni más deprisa ni más despacio de lo que nos pida el cuerpo.
⇒ Los lugareños son generalmente amables y cariñosos con los peregrinos, pero también encontraremos personas dispuestas a aprovecharse de la debilidad del que viaja a pie y desea contratar una noche para dormir o una comida.
⇒ Los albergues no son hoteles sino lugares de acogida. En muchas ocasiones las instalaciones pueden ser básicas o estar insuficientemente mantenidas.
⇒ Muchos hospitaleros son voluntarios que no cobran por su tarea. Es mejor facilitársela que complicársela.
⇒ Hay días en que el viento, el calor, el frío, la lluvia o la nieve pondrán a prueba nuestro sistema nervioso. Hay que ser positivo y asertivo y encarar las dificultades con la vocación más de buscar una solución que de regodearse en el problema. Viajar sin sentido del humor es posible, pero no recomendable.
Como ya hemos señalado, los albergues no son hoteles. Su moderado precio tiene el peaje de que obliga a convivir. Hay que ser el máximo de ordenado con el espacio asignado, contribuir a que los lavabos y los espacios comunes no se ensucien demasiado, dejar la cocina limpia tras haberla utilizado y ser muy respetuoso con el descanso de los demás. Aunque cada vez hay más albergues que ofrecen salas para agrupar a los roncadores, estos pueden convertirse en una auténtica pesadilla. Una de las compras que el peregrino deberá valorar será tapones para los oídos. Son una garantía de descanso.
Algunos de los albergues ofrecen cenas. Nunca será alta cocina, pero sí platos energéticos y abundantes. Los bares y restaurantes del Camino, por su parte, suelen ofrecer menús a precios ventajosos para los peregrinos.
Para tener derecho a utilizar los albergues de titularidad pública (y algunos privados, en otros no harán preguntas) hay que disponer de la credencial de peregrino. Se obtiene en las sedes de la asociación de amigos del Camino de Santiago de nuestra comunidad autónoma y en algunas iglesias. Deberemos recordar que sellen a nuestro paso cada etapa si queremos conseguir la compostela. En las webs especializadas suele reseñarse si los albergues exigen la credencial de peregrino.
Aunque discurre por zonas de la Península Ibérica que en muchos casos no han desarrollado una industria turística al uso, el Camino ofrece todos los servicios que vayamos a necesitar. De ahí que el peregrino deba preparar una mochila lo más liviana posible. Si pasa de los 10 kilos de peso ya hemos cometido el primer error: se convertirá en una tortura. Una mochila idónea –de no más de 35 litros de capacidad– debería contener:
⇒ saco de dormir
⇒ poca ropa (un equipaje limpio, las mayoría de albergues tienen lavadora y secadora si hay que hacer una colada rápida)
⇒ chanclas para la ducha y el descanso
⇒ toalla
⇒ bolsa de aseo mínima
⇒ botiquín mínimo
⇒ impermeable cortavientos
⇒ cantimplora
⇒ gafas de sol y crema solar
⇒ sombrero o gorra
⇒ guía, documentación, dinero y equipo fotográfico
Ante cualquier contingencia que vaya surgiendo seguramente podremos hacerle frente a lo largo del Camino –ya sea comprar un medicamento específico, una pieza más de abrigo, un protector labial, toallitas húmedas…–, máxime teniendo en cuenta que el Camino cruza ciudades grandes como Pamplona, Logroño, Burgos o León.
El Camino Francés está muy bien acondicionado y son cada vez menos los momentos en los que el peregrino se ve obligado a caminar por el arcén de la carretera sin protección. Sin embargo, haylos, por lo que debemos estar concentrados.
SENSIBILIDADES Muchas localidades que cruza el peregrino no son “turísticas” al uso. Será mejor ser respetuoso con las tradiciones locales, descubrirse la cabeza al entrar en templos, vestir de forma decorosa y abstenerse de bañarse desnudo en pozas y ríos si eso puede ofender a alguien.
Es mejor caminar siempre por el lado izquierdo, para ver a los vehículos y que te vean los que vienen de cara. Si se camina a oscuras es mejor llevar ropas de colores vistosos y una linterna que advierta a los coches de que hay alguien cerca del asfalto. Hay que ser muy prudentes al cruzar carreteras, travesías y vías de ferrocarril. En algunos tramos de las últimas etapas hay profusión de veces en los que estamos obligados a atravesar el asfalto, lo que reclama máxima atención y prudencia. Como llamada de atención veremos varias veces a lo largo del Camino recordatorios o advertencias de personas que han fallecido por imprudencias propias o ajenas.
En lo que respecta a la seguridad personal, el Camino ofrece garantías, aunque algunas mujeres han informado de asaltos y/o molestias en lugares y momentos puntuales. En los albergues hay que ser cuidadoso con las pertenencias personales, el dinero y los objetos de valor como cámaras fotográficas, teléfonos móviles, relojes o joyas. Una buena idea es contar con una bolsa impermeable en la que agruparlos y llevarla a la ducha, momento propicio para sufrir un hurto.
Cubrir el Camino no es difícil. Sin embargo, casi todos los días tropezaremos con peregrinos que cojean, con ampollas insoportables o fatiga extrema. Hay que ser cauto en la programación y no ir con los días muy justos. Lo ideal sería que nos pudiéramos permitir parar una jornada y descansar cada diez días, por ejemplo. Ello daría una tregua al cuerpo y podríamos reponer sales minerales, hidratación y recuperar alguno de los kilos perdidos. En cualquier caso, hay que ser valiente para admitir cuándo no podemos más. Si hay que abandonar, el Camino nos esperará hasta otra ocasión.
Proliferan los servicios para que el peregrino se dedique a caminar sin preocuparse por cargar el equipaje o qué hacer con su bicicleta, lo que animará a muchos.
La mayoría de albergues anuncian estos servicios extra. Pero si no es así, atrévete a preguntar si te podrían llevar el equipaje hasta el siguiente destino o conocen a alguien que lo haga. La respuesta casi siempre es afirmativa.
Empresa que transporta equipajes a lo largo de todo el Camino, entre Roncesvalles y Galicia. También alquila y transporta bicicletas. Y lo mismo con los peregrinos, que por problemas de calendario o lesiones deban saltarse algunas etapas.
Esta agencia se dedica a planificar todos los aspectos del Camino, desde qué itinerario elegir, reserva de albergues, transporte de mochilas, alquiler de bicicletas, transporte hasta el punto de inicio... Una web muy cómoda que permite organizar toda la travesía, sin dejar nada al azar.
Desde Saint-Jean-Pied-de-Port hasta Finisterre, transportan equipajes y bicicletas. También alquilan o venden algún material como mochilas y tienen un sistema de consigna de equipaje sin límite de tiempo. Llevan la bicicletas desde tu domicilio hasta el punto de inicio y le dan un repaso mecánico.
Transporte de equipajes y envío de bicicletas, tanto al punto de partida como hacia casa, una vez finalizado el viaje en Santiago o Finisterre. El servicio, en general, es más caro que los que ofrecen transportistas locales, pero se puede hacer todo previamente desde la web.
Empresa que enfoca todos sus servicios para el peregrino en bicicleta. Lleva las máquinas hasta la etapa de inicio y las retorna a casa desde Santiago. También alquila bicicletas y material adicional. Incluso tiene una lista de bicis de ocasión por si uno decide que quiere comprarse una máquina tras el viaje. A lo largo del Camino hay talleres concertados.
Saint-Jean-Pied-de-Port → Honto1 h 15 min Dejamos la acogedora Saint-Jean-Pied-de-Port (Donibane Garazi en euskera) siguiendo la céntrica calle de España, pasando por debajo de la torre del reloj, cruzando el puente sobre el río Errobi y salvando la Puerta de España. Enseguida vemos unos rótulos grandes que indican el camino. Hay que seguir la calle Marechal Harispe cuesta arriba. Nos enfrentamos a un desnivel en ascenso muy marcado, con rótulos y balizas amarillas que nos ayudan a seguir el camino correcto. Casas sueltas nos muestran los distinguidos suburbios de la capital bajonavarra. No habrá prácticamente ningún descanso hasta llegar a la granja Ithurburia.
Honto → refugio de Orisson2 h
Honto es una aldea que queda en la curva por debajo de nosotros, cuando pasamos junto a la granja Ithurburia –una casa rural–. Sigue el asfalto, pero apenas han pasado 350 m encontramos un desvío muy bien señalizado a la izquierda que nos introduce por un camino herboso. Nos da un respiro de caminar por el alquitrán y, en subida muy franca, evita un largo rodeo por el montículo, que nosotros venceremos en línea casi recta.
Salimos nuevamente al asfalto. Hay que prestar atención a una fuente con grifo y, treinta metros más arriba, una mesa de orientación que nos sitúa, al norte, las crestas de Iparla.
Una vez deleitados con el paisaje podemos animarnos a cubrir 15 min más en ascenso por el asfalto hasta llegar a la puerta del refugio de Orisson. Ya hemos cubierto más de un tercio del total de la jornada y todavía están por llegar los mejores paisajes.
Refugio de Orisson → desvío de Arnéguy3 h 15 min
Seguimos la misma solitaria carretera en ascenso, ahora ya mucho más desprotegida, pues circulamos por lomas herbosas. Pequeños atajos en línea recta nos permiten pisar más blando y acortar el camino que marca el alquitrán. Algunos están señalizados, pero otros son tan evidentes que no necesitamos rótulo alguno: debemos seguir cuesta arriba manteniendo en todo momento un ojo puesto en la cinta de asfalto. A las 3 h 15 min de haber comenzado encontramos a la derecha el desvío que conduce a la localidad de Arnéguy (trazado alternativo en temporada invernal, véase recuadro en esta pág.). No debemos tomarlo y sí en cambio seguir el rótulo que indica “liaison Urkulu”.
⇒ Los peregrinos que acometan esta primera etapa fuera de temporada pueden encontrar mucha nieve entre noviembre y mayo. Por eso es importante preguntar bien en los albergues de Saint-Jean-Pied-de-Port si el camino “de la montaña” es transitable. Sobre todo porque el rótulo que anuncia que el paso queda prohibido en invierno se encuentra cuando el peregrino ya ha caminado varias horas. Esa informaciçón debería estar bien visible en Saint-Jean-Pied-de-Port, pero no es así.
En caso de nieve hay que tomar el itinerario alternativo, perfectamente señalizado. Deja la villa por la Puerta de Francia y va en parte por la carretera de Luzaide (Valcarlos), a menudo sin arcén, por lo que habrá que estar muy atentos al tráfico y circular por el lado izquierdo de la vía. Siempre que puede se escurre por el bosque, y tiene tramos realmente bonitos por Ganekoleta y Gorozgarai. Es más larga pero segura, y conecta con el camino principal en Ibañeta.
Desvío de Arnéguy → fuente de Roldán4 h 30 min
Es el momento de dejar definitivamente el asfalto. El camino alquitranado conduce a las cercanías del monte Urkulu, pero nosotros seguimos las marcas hacia Roncesvalles. Apenas veinte metros más adelante está la cruz de Thibault y un monolito dedicado a unas víctimas del nazismo. El camino se dirige en línea recta, por blandos campos de hierba alpina, hacia el collado de Bentartea.
Pronto se llega al paso estrecho entre rocas donde encontramos una placa metálica clavada en la piedra con una larga leyenda en francés.
Empiezan a hacer acto de presencia grandes ejemplares de hayas y una valla de alambrada nos protege por la derecha de una ladera que cae en fuerte desnivel hacia el río Arnéguy.
Justo a partir de este punto la inclemente cuesta que nos ha exigido gran esfuerzo prácticamente durante cuatro horas ya se suaviza y no volverá a aparecer. Un gran rótulo informa de la prohibición de pasar entre noviembre y marzo. Lo lógico sería que estuviera al principio de la jornada, y no en este punto. Nos queda poco desnivel que salvar hasta el collado de Lepoeder. Ahora el camino llanea, es de arcilla compacta.
La fuente de Roldán, con un banco de piedra, se nos ofrece como tentación para el almuerzo, recargar la cantimplora y tomarnos un respiro antes de afrontar la parte más sencilla de la etapa.
Fuente de Roldán → Collado Lepoeder5 h 15 min
Seguimos el mismo camino de montaña entre hayas y a los pocos pasos aparece el mojón 199 que marca la línea fronteriza entre los estados español y francés. También hay un gran rótulo con un mapa que nos sitúa en el lugar de la etapa que nos hallamos y otro mojón de piedra que señaliza la entrada en la comunidad foral de Navarra. Aparecerán algunas rampas cortas y poco exigentes para acercarnos al “techo” de la jornada, el collado de Lepoeder, situado a 1.430 m de altitud. Llegamos a él siguiendo unos útiles postes numerados que en caso de niebla cerrada –muy común en esta zona– nos servirán para evitar toda pérdida. Están más juntos en las zonas más comprometidas y nos dejan en el collado y junto a un HELPoint, un timbre de socorro en caso de apuro.
Collado Lepoeder → Puerto de Ibañeta6 h 40 min
Los rótulos son explícitos: bajada abrupta por la izquierda o suave por la derecha. Optamos por esta última, tanto por la comodidad que supone como por no saltarse el histórico punto en el que los peregrinos consideraban que habían vencido ya los fatídicos Pirineos y donde la leyenda sitúa la muerte de Roldán que dio paso al cantar de gesta Chanson de Roland.
La bajada sigue el sendero de Gran Recorrido GR-11 –bien marcado–, que va atajando las curvas de la carretera asfaltada. En poco más de media hora llegamos al collado de Ibañeta, donde podemos relamernos con haber vencido la cara norte de la cordillera. Ya queda muy poco hasta terminar la caminata del día.
Puerto de Ibañeta → Roncesvalles (Orreaga)7 h 10 min
Un descenso sin complicación pegado a la carretera nos conduce en menos de media hora a la colegiata de Roncesvalles, a la que llegamos por su “espalda”. Hay que rodear los edificios y buscar el túnel y el patio hasta el albergue.
Podemos visitar la iglesia, la sala capitular y el museo. A menos de cincuenta metros carretera abajo, encontramos una ermita y la cripta donde habría muerto el héroe Roldán. Por la tarde se celebra la misa en que se bendice a los peregrinos. La etapa más dura del viaje –por el desnivel– ha llegado a su fin.
Roncesvalles → Burguete (Auritz)45 min Nada más salir del complejo de Roncesvalles (Orreaga) carretera abajo topamos con un gran rótulo señalizador que desanima un poco: “a Santiago, 790 km”. El peregrino puede conformarse pensando en que esa es la distancia por carretera, que los senderos le harán atajar y que, al fin y al cabo, no hay más que verlo desde el lado positivo, es decir, queda un gran viaje lleno de sensaciones por delante. Unas decenas de metros después un indicador nos invita a penetrar en el bosque de hayas, muy frondoso, y a caminar sobre una alfombra de hojas. Hay que andar con cuidado, el lugar es umbrío y puede estar bastante encharcado incluso semanas después de haber llovido. Arbolillos de acebo decoran el sendero, en descenso apenas perceptible. Al cabo de 30 min de haber comenzado a andar llegamos junto a la cruz blanca de Roldán. Justo donde se emplaza la cruz salimos del bosque y encontramos asfalto. Son las afueras de Burguete (Auritz). Se trata de un típico pueblo pirenaico navarro, con casas alineadas a lado y lado de la carretera. Son enormes construcciones de fachadas blancas y piedra parcialmente a la vista. Los escudos heráldicos entretienen nuestro paseo por la calle principal.
Burguete (Auritz) → Espinal (Aurizberri)1 h 45 min
No hay que despistarse por la calle principal de Auritz, más o menos a la mitad, a la altura del nº 27, la oficina del Banco Santander (hay una placa azul con la característica concha amarilla) marca el lugar donde debemos girar, descender esa calle y plantarnos en el puente de madera que salva el río Urrobi. Llanearemos durante un buen rato por una pista muy ancha sin asfaltar. Multitud de pajarillos se posan en las vallas. Se supera una granja de vacuno y varios puentes de piedra o sencillamente de pilones para vadear algunos arroyuelos cantarines. Todo el recorrido está muy bien marcado con mojones y conchas jacobeas. Aparecemos en el asfalto de la carretera un cuarto de hora antes de desembocar en Espinal (Aurizberri), pasando junto al enorme frontón.
Espinal (Aurizberri) → Alto de Mezkiritz2 h 15 min
La segunda etapa del Camino cruza un territorio donde los aldeanos han elevado a categoría excelsa la elaboración de cuajada, que aparece incluso ahumada. No hay que perdérsela.
Emprendemos la subida hacia el Alto de Mezkiritz por un sendero embarrado y que se va estrechando paulatinamente. Asciende entre vallas de alambre para evitar que se disperse el ganado. No hay pérdida si estamos atentos a las marcas. Aparecemos en el asfalto, lo cruzamos y vemos una estela que pide una Salve para la Virgen en euskera, castellano y francés. Cinco metros a la izquierda de la imagen están las señales por las que continúa el camino, en franco descenso y con bastante barro, aunque al cabo de un kilómetro, más o menos, el firme se convierte en la imitación de un enlosado hecho de cemento. Es cómodo pero hay que tener cuidado con los resbalones, especialmente en las épocas en que a primera hora de la mañana se pueden formar placas de hielo. Prosigue esta “alfombra de bienvenida” hasta llegar a la aldea ganadera de Biscarreta.
Alto de Mezkiritz → Biscarreta3 h
Cruzamos por la calle principal del pequeño pueblo. Antes de abandonarlo debemos prestar atención a una tienda en la que aprovisionarse y una fuente que hay justo enfrente. El camino que imita enlosado prosigue a la salida y acaba justo en una bifurcación que está bien marcada. Pero hay que estar atentos, tal vez acabamos de comprar algo en la Tiendica de Biscarreta, salimos y tomamos el que no es.
Biscarreta → Lintzoain3 h 15 min
Hay un paseo de poco más de un cuarto de hora hasta Lintzoain, pequeña localidad de casas imponentes, varias de las cuales compaginan la actividad agrícola-ganadera con el turismo rural. Es momento de hacer una parada y preparar el ánimo para subir el Alto de Erro.
Lintzoain → Alto de Erro4 h 30 min
Desde Lintzoain se ataca un sendero ancho y muy bueno. Primero es pedregoso y después blando. Pinos aromáticos y decorativos bojes bordean el camino y dan sombra. El camino no deja de subir en todo este tramo, a ratos de forma bastante exigente y zigzagueando. Pero no se pierde la señal en ningún momento. Desembocamos en el asfalto, lo cruzamos.
Alto de Erro → Zubiri5 h 25 min
Descenso por un bosque frondoso como seguramente no volveremos a encontrar hasta tres semanas más adelante. Pasamos junto al antiguo refugio de peregrinos de la Venta de Agorreta. Hay señales eficaces para evitar cualquier desvío y equivocación. No dejaremos de descender por un sendero cómodo hasta tocar el fondo del valle. Aparecemos en los arrabales de Zubiri, que para muchos peregrinos es final de etapa, pues vale una visita y está bien equipado. Sin embargo, como la jornada no ha sido muy larga, proponemos prolongarla un poco más con la finalidad de que la siguiente, la tercera, sea corta y nos permita un buen paseo por Pamplona.
⇒ Las dos etapas pirenaicas no son, desde luego, la manera más suave de iniciar la travesía. Sabiéndolo, hay que ir mental y físicamente preparados. Y, sobre todo, revisar el material que se va a utilizar antes de partir. No es infrecuente ver botas desfondadas y abandonadas que han dicho basta en los bosques navarros. Debemos llevar botas usadas y cómodas con buen dibujo en la suela.
Zubiri → Ilarratz6 h
Quien desee echar un vistazo a Zubiri deberá cruzar el puente de la Rabia y adentrarse en el casco urbano. Se trata de una construcción gótica de la que se dice que los habitantes de la localidad llevaban a sus animales domésticos a prevenirlos de la temida enfermedad haciéndoles girar entorno al pilón del arco central. En la película El Camino, es donde el protagonista (Martin Sheen) pierde, de forma un tanto dramática, la mochila.
El pueblo es bonito y merece la visita, pero la fábrica que procesa magnesitas emiten un molesto “ronroneo” –bastante estridente, a decir verdad– que rompe con el encanto rural de la zona.
Seguimos por el Camino, bien marcado, que nos deja en apenas un kilómetro en la bonita Ilarratz, una aldea con fuente en la que tal vez podamos hacer el último descanso antes de afrontar el tramo final de la jornada. El sendero está emboscado a partir de este punto y no es muy ancho, pero sí perfecto para caminar tranquilo, dejando atrás los ruidos fabriles. Por cierto, que todo el tramo que discurre por los terrenos propiedad de la industria extractora están convenientemente señalizados a fin de no invadir una zona frecuentada por camiones y maquinaria.
Salvamos otro grupo de casas, Ezkirotz y el camino, que va muy pegado al río Arga, a ratos ofrece estampas magníficas.
Ilarratz → Larrasoaña7 h
Según recogen documentos históricos, Larrasoaña cuenta con acogida para peregrinos desde hace casi mil años, aunque ahora son mayoría los caminantes que terminan la etapa en Zubiri, el pueblo anterior.
En el centro urbano encontramos el albergue municipal y otros de gestión privada. La iglesia que está dedicada a san Nicolás de Bari, es del siglo XIII. El pueblo no es ahora un paraíso para el peregrino, pero el pequeño añadido de etapa nos ha hecho ganar algunos kilómetros para que al día siguiente lleguemos temprano a la capital navarra a hacer turismo. Además, evitamos el molesto ruido de la fábrica de Zubiri.
Larrasoaña → Akerreta20 min
El peregrino hará bien en echar un vistazo a la cordillera pirenaica que acaba de salvar en las dos primeras etapas del Camino, pues no volverá a encontrar montañas de cierta envergadura –no comparables en altitud ni extensión– hasta por lo menos una semana después, cuando se presente en la base de los Montes de Oca.
La salida de Larrasoaña evita la carretera general, donde los automóviles se deslizan peligrosamente veloces, y toma una pista de cemento en ligero ascenso. Apenas ha dado tiempo a calentar la musculatura y ya nos situamos en la aldea de Akerreta, donde hay una casa rural, la iglesia y poco más. En un ambiente claramente agrícola y ganadero, el peregrino deberá salvar alguna valla de madera con rótulos en euskera que recuerdan que deben dejarse cerradas. Curioso, algún pottoka (poni vasco) se acercará para olisquear la mochila del caminante.
Akerreta → Zuriain1 h 10 min
El río Arga se convierte en el hilo de Ariadna que nos conduce sin pérdida. El sendero, metido de lleno en el bosque, llanea y tiene el cauce a la derecha. Justo antes de desembocar en Zuriain hay una fuente que prácticamente vierte al río. Está acondicionada con unos escalones y una barandilla de madera para bajar hasta ella. Aparecemos en Zuriain, pueblo donde encontraremos por primera vez un elemento que se hará familiar a partir de ahora: una máquina expendedora de bebidas. El llamado vending se ha convertido en un fenómeno generalizado a lo largo de todo el Camino de Santiago, pero en esta zona de Navarra es omnipresente.
Zuriain → Irotz1 h 40 min
Un paseo cómodo nos deja en Irotz. A la salida de la localidad aparece la posibilidad de acercarse a la capital navarra por un paseo fluvial frecuentado por ciclistas y paseantes de Pamplona. Nosotros proponemos seguir el Camino de Santiago oficial, que además es casi tres kilómetros más corto, aunque en la parte final discurra por avenidas urbanas que solo se distinguen entre sí porque vamos leyendo rótulos de cambio de municipio.
Irotz → Arleta2 h 15 min
Al salir de Irotz hay que caminar por el sendero bien señalizado que va a media altura entre una pista de cemento y la carretera asfaltada, dejando a la derecha el núcleo de Zabaldika hasta que lleguemos a una zona habilitada como merendero. Es un buen momento y lugar para tomarse un respiro, pues aunque la jornada va a ser corta y prácticamente ya hemos cubierto dos terceras partes, a continuación viene una subida pedregosa. En esta área recreacional hay lavabos públicos abiertos, unas cuantas mesas de pícnic, fuente de agua potable y barbacoas de ladrillo.
Retomamos la caminata siguiendo las flechas amarillas, que aparecen bien visibles, en dirección a Arleta, un caserío enorme que habla sin palabras de su pasado esplendoroso, pues tiene adosada una ermita para uso de capilla privada. El camino, justo al pasar la casa, llanea un momento. Es el lugar desde el que se tienen las mejores panorámicas del valle del río Arga, que nos habrá acompañado casi todo el día y que a partir de ahora perderemos de vista hasta justo entrar en la ciudad.
⇒ De las cuatro grandes ciudades que cruza el Camino Francés, Pamplona es la más bulliciosa. La tentación de tomar alojamiento en el casco viejo deberá ser bien sopesada, pues el descanso puede ser difícil, especialmente en fines de semana. Además, los peregrinos deben evitar a toda costa la semana de los sanfermines y los carnavales, cuando todo está lleno, es más caro y el descanso es imposible.
Arleta → Trinidad de Arre2 h 40 min
Descendemos de forma un tanto brusca por el pedregoso camino, pasamos por un túnel corto que salva una autovía y 45 minutos después de haber pasado Zabaldika nos encontramos prácticamente en el puente medieval de Trinidad de Arre. Lo cruzamos, deteniéndonos en el centro para contemplar la placidez del río Ultzama. La obra tiene seis ojos, y justo al otro lado estaba el albergue medieval.
