El Candidato
¿Qué precio estás dispuesto a pagar por poder?
Victoria Romano
Derechos de autor © 2024 Victoria Romano
© de los textos: Victoria Romano, 2024© de esta edición: Editorial Tequisté, 2024Corrección: M. Fernanda KarageorgiuDiseño gráfico y editorial: Alejandro Arrojo1ª edición: octubre de 2024ISBN: 9789878958712Editorial Tequisté:
[email protected]: @tequisteAR +54 9 11 6154 5552No se permite la reproducción total o parcial de esta obra, ni su tratamiento informático, ni su distribución o transmisión de forma alguna, ya sea electrónica, mecánica, auditiva, digital, por fotocopia u otros medios, sin el permiso previo por escrito de su autor o el titular de los derechos.LIBRO DE EDICIÓN ARGENTINARomano, VictoriaEl candidato : ¿qué precio estás dispuesto a pagar por poder? / Victoria Romano. - 1a ed - Pilar : Tequisté. TXT, 2024.Libro digital, EPUBArchivo Digital: descarga y onlineISBN 978-987-8958-71-21. Thriller. 2. Novelas. I. Título.CDD A863
Este libro está dedicado a la memoria de Felisa, y a Guadalupe, por haber sido protagonistas de una de las épocas más felices de mi vida.A mis queridas Rosario (Chiqui), Marisol, Natali, Cynthia y Giselle.
Agradecimientos
Cuando escribí mi primer libro, no pensé en los agradecimientos, imaginé que eso era algo que hacían otros autores (quizás más conocidos). Cerca del final de este querido libro, sentí una necesidad muy grande de agradecer, así que aquí vamos. En primer lugar, quiero darle las gracias al equipo de la editorial, en especial a Fer, mi editora; gracias por la dedicación que pusiste para que mis libros sean lo que son, sin tus correcciones y profesionalismo nada de esto sería posible. Gracias a una excelente escritora, mi tocaya Victoria Mora (que conocí a través de mi hermana del alma, mi Macuca), con quien emprendí los primeros pasos en esto que le llaman escribir un libro.
También quiero agradecer a mi familia, en especial a mi madre, por su apoyo incondicional y porque publicitó mi primer libro como nadie. Le doy las gracias a mi tío Mario y a mi tía Patricia, no tengo palabras para expresar lo agradecida que estoy con ustedes por toda su generosidad, sin su gran ayuda tampoco hubiera podido escribir y publicar mis libros. Quiero gradecer a todas mis amigas (las que son familia y elegí como amigas, las que conocí en el colegio, en el club y luego en mi trabajo, las que están lejos —cerca de mi corazón— o las que viven a unas cuadras) sin su apoyo representado en charlas, mensajes, audios y comentarios sobre series, mi vida sería otra. Ustedes también son parte de lo que me impulsa a escribir.
No quiero finalizar sin antes agradecer a personas fundamentales en mi vida que no están físicamente, pero no tengo dudas de que me guían e iluminan en todo momento. Creo que son las personas que más apostaron y confiaron en mí —cuando ni yo misma creía que iba a poder con todo—: mi amado padre, mi abuela Felisa y mi abuelo Julio; les debo mucho, parte de lo que soy.
El Candidato
ADI
—Adela, tenés que volver, es tu hermana.
Adi escuchó parte de la conversación y luego su presencia se fue lejos, la oscuridad se apoderó de ella.
LUISA
Luisa no se había sentido bien durante los últimos días y no quería hacer caso a lo que una amiga le había recomendado: hacerse un test de embarazo. Estaba con unos días de retraso, raro, ya que ella había sido siempre muy regular en su periodo. Finalmente, tomó coraje y fue a la farmacia junto con todos los miedos del mundo; en el trayecto ignoró varios mensajes de su madre, no veía la hora irse a vivir sola.
La joven había terminado su carrera en ciencias políticas y había dado comienzo a una maestría en gestión pública, le gustaba el mundo de la política. Su trabajo en una consultora a tiempo parcial no le permitía independizarse, gracias que le alcanzaba para pagar sus estudios y cubrir sus gastos, por ahora independizarse no era una opción. Su hermana le había ofrecido dinero, pero era demasiado orgullosa para aceptarlo, además no consentía la relación que estaba manteniendo desde hacía un tiempo con un hombre mayor y casado, por suerte sus amigas la cubrían cuando no volvía a dormir a casa. Estaba muy enamorada, apostaba a que en algún momento llegara el anillo y la idea de formar una familia, hasta ahora solo un sueño.
Estaba en el baño de la universidad, sentada en el inodoro esperando el resultado, así lo prefería, antes que dejar algún rastro en su hogar. La espera se hacía eterna entre voces indistintas de mujeres que entraban y salían, sentía los ruidos de las canillas, los golpes de la puerta, un mundo se formaba en su cabeza. Pasaron los minutos y allí estaba el resultado: estaba embarazada. Tiró el test en el cesto y lavó sus manos mientras pasaba agua por su rostro; la noticia la había agobiado, no podía negar que un poco la emocionaba, era una locura, así todo, podría funcionar. Ni bien estuvo fuera tomó su teléfono y le mandó un mensaje a su hermana, tenía que contárselo, Adi era su confidente. Aunque se opuso desde el primer momento a la relación, sabía todo lo que pasaba con el señor misterioso, tenía que apoyarla en esto. Pensaba también en como encararía a su novio, su amor estaba preparándose para uno de los pasos más importantes de su vida, la presidencia de la República. En cuanto al futuro de su relación, el plan era esperar hasta después de las elecciones para mostrarse por fin juntos, era su sueño. En ese momento pensó que lo mejor era llamarlo para hablar con él. Se sentó sola en un banco y marcó rápidamente su número.
—Hola, amor, tengo que hablar con vos. Es muy importante.
Del otro lado el tono era cortante.
—Hola, ahora no, estoy ocupado.
—Me imagino, pero lo que tengo para decirte es muy importante y no pienso esperar.
El tono de insistencia de Luisa le estaba molestando.
—Hoy a la noche, a la hora y en el lugar de siempre.
La línea quedó muda, y ella también. Luisa se sintió algo abrumada por la situación, no estaba acostumbrada a que nadie le cortara de esa manera, no a ella. Era una mujer muy hermosa y llamativa, todos los hombres se daban vuelta para mirarla; sus cabellos rubios, sus ojos verdes junto con su metro setenta y su cuerpo formado hacían delirar a cualquiera. Nunca le fue difícil conquistar hombres y conseguir todo lo que quería, a veces se aburría de tener todas las cosas tan fáciles, pero con su nuevo amor había sido diferente, siempre como en un peldaño más abajo, eso la irritaba y a la vez la desafiaba.
Se levantó del banco y se fue al comedor del campus en busca de sus compañeras.
ADI
Adela (para cualquiera que la conociera un poco su nombre era Adi) estaba ensayando en un uno de sus salones para el próximo concierto que daría. Vivía en Los Ángeles, en una hermosa casa en Bel-Air. A poco de haber terminado sus estudios en el instituto, dejó el país. Su padre y quien fuera en ese momento su novio estaban en total desacuerdo en que Adi comenzara a estudiar baile y actuación. Su padre estimaba que una joven de su clase no debía perder tiempo en esas cuestiones ni adentrarse en un mundo tan vulgar, en cambio, su madre sí estaba de acuerdo, pero con tal de no discutir apoyó la voluntad de su marido. La joven tenía muy resuelto su camino, se anotó en la universidad y faltó a todas las clases posibles para poder trabajar y conseguir la mayor cantidad de dinero. Cuando tuvo lo necesario para el pasaje y un poco más, partió a la gran manzana. Una exalumna del instituto al que iba se había mudado a New York y la había ayudado con el alojamiento y el trabajo; consiguió un puesto en un local de comidas rápidas y su tiempo libre lo destinaba a presentarse en castings de obras de teatro o comedias musicales, lo que fuera, su sueño era ser una estrella de Hollywood, cantar, bailar y actuar como las mejores. Su constancia y disciplina la llevaron a ser una de las mejores bailarinas de su época, lo que más le gustaba era el baile contemporáneo. Sus shows daban vuelta el mundo entero, sus coreografías y su voz dejaban a todos en vilo. Sin tener nada, y desde abajo, Adi se convirtió en una estrella del pop ícono, tenía una fortuna que jamás había imaginado, pero le dolía no haber compartido esto con su familia. A medida que la fama fue creciendo, y con ella el dinero, pudo pagar pasajes para que su hermana y su madre fueran a visitarla, lo hicieron pocas veces ya que su padre se oponía rotundamente. Luego de unos años dejó de insistir, hablaba poco con su madre, a la que sí veía, su único contacto con la familia y todo lo que tuviera que ver con su origen era su hermana, su pequeña Lucy.
Adi bebió un sorbo de agua, secó su cara con una toalla y tomó su teléfono último modelo donde titilaban varios mensajes de su hermana, parecía ansiosa (siempre lo estaba) por contarle una noticia importante; intentó llamarla.
—Lucy, ¿qué pasa?
—Adi, por fin apareces, tengo algo muy importante que contarte, pero ahora no puedo, estoy en la calle, salí de la universidad y voy directo a casa, a la noche tengo una cita importante.
—Por favor, no me digas que seguís viendo a ese tipo.
Adi caminaba por el salón, mientras estiraba sus músculos, no quería escuchar la respuesta de su hermana, ya la sabía.
—Claro que sigo, tenemos mucho que hablar, mañana hacemos una videollamada y te explico todo, besos a Trevor y a Leti.
Luisa colgó, Adi se quedó mirando el teléfono, como siempre su hermana no le daba tiempo a reaccionar. Cuando volvieran a conversar, todo sería un monólogo sobre ella y en algún momento podría contarle que hace semanas ella y Trevor estaban separados y que su vida se venía abajo. Tocaron la puerta, era Leti, su manager y amiga, le pidió que aguardara, tomó su bolso, cerró la puerta y no quiso pensar en nada más.
CONRADO
El senador Conrado López Subiri estaba finalizando una jornada de reuniones, estaba algo intrigado por el llamado de Luisa, siempre lo interrumpía en momentos en los que él no tenía tiempo para alguno de sus planteos. Mal que le pesara debía reconocer que esa chica tenía algo que lo dejaba fuera de juego, le encantaba. Su juventud, su frescura y lo hermosa que era lo llevaban a soportar todos sus caprichos. Pensó que nada de lo que hubiera sucedido sería tan grave que una cartera de primera marca no podría solucionar. Sabía como funcionaba el mundo femenino y como tener a las mujeres encantadas. Había funcionado durante años con su esposa, lo que algunos llamaban un matrimonio envidiable. Le costaba mantenerse fiel, no podía, la relación con Luisa se le había ido de las manos. Durante toda su vida había tenido amantes, nada que superara algunos encuentros, ellas se cansaban de su desatención y él no quería planteos. Con Luisa fue diferente, la conoció en un evento que organizaba la universidad donde estudiaba. No se olvidó nunca de ese momento. Conrado llegó con Osvaldo (su mano derecha y guardaespaldas) y Luisa estaba ahí, con un vestido negro muy corto, riendo y eclipsando el lugar.
—Que alguien me diga cuál es la fórmula para divertirse así en un evento como este.
—Tu cara me suena conocida.
—¡Luisa! Es el senador Conrado López Subiri.
La mujer que estaba con ella —docente de la universidad— se lo dijo en tono de reproche, y a Luisa no parecía ni importarle, cosa que terminó de seducir a Conrado.
—Tranquila, somos muchos senadores, podés no saber quién soy.
Luisa sonrió y se mordió el labio, y lo miró tímidamente. En ese momento pasó un mozo y los dos tomaron una copa de champagne. Charlaron animados tanto tiempo que Conrado olvidó por completo que también estaba ahí para empezar con su campaña presidencial.
—Bueno, senador, perdón, tengo que irme, mañana madrugo.
—¿Agenda complicada?
—Trabajo en la consultora a tiempo parcial y estoy cursando una maestría en políticas públicas y medio ambiente.
—Interesante, me imagino que te queda poco tiempo para salir.
En ese momento, uno de sus asesores ahí presente le hizo señas a Conrado por una persona importante a la que debía ver.
—Sí, algo así, me las arreglo, pero si querés algún día de estos podemos vernos, me interesaría tener la oportunidad de trabajar con alguien importante en el congreso.
Luisa no dejaba de coquetearle a Conrado que cada vez estaba más interesado en ella.
—Podemos intercambiar números de teléfono y nos comunicamos, ¿te parece?
—Dale, cuando tengas tiempo me escribís, que seguro debés estar siempre ocupado —dijo Luisa en un tono socarrón.
Esa desfachatez de la joven terminó por conquistarlo, estaba acostumbrado a trabajar con gente que siempre trataba de ser más formal de lo requerido y le molestaba.
Volvió de sus pensamientos y recordó que antes de partir al encuentro, no solo tenía varias reuniones de campaña con gente del partido, sino que tenía que avisarle a su mujer que no volvería a casa al horario fijado, sabía que Virginia había organizado una cena con parte de la familia. Por un lado, estaba contento de no tener que soportar a su cuñada, sabía que vendrían los reproches, pero su mujer estaba tan ilusionada (o más que él) con la posible vida como primera dama que últimamente le perdonaba cualquier cosa, además de utilizar las tarjetas de crédito hasta reventar. Sentado en su escritorio mientras miraba una foto de su mujer y sus dos hijas en una hermosa playa del caribe, marcó su número.
—Hola, amor, me surgió una reunión de campaña a último momento.
—Pero Conrado, viene mi hermana con su familia a cenar, hoy por la mañana tu secretaria me confirmó que estabas libre.
—Sí, pero esto es algo del momento, sabés que las elecciones están cerca, los dos acordamos darle prioridad absoluta a esto, y por otro lado tu hermana no me quiere mucho.
—No digas eso, Cora te quiere, a su manera.
Los dos rieron, Virginia sabía que era muy probable que Conrado se viera con alguna mujer, estaba al tanto de algunas infidelidades ocasionales, donde luego del reproche llegaban la calma y la reconciliación con algún viaje. A esta altura no le importaba mucho, su sueño de convertirse en primera dama la mantenía en foco.
—No me esperes despierto, besos, te quiero.
—Yo también, besos.
Estaba tratando de dejar todo en orden para poder marcharse cuando apareció Andrés Catami, su desagradable compañero de fórmula. No lo soportaba, era un moralista con cero carisma, pero habían sido las reglas, muchas de las personas que ayudaban a financiar la campaña lo querían cerca de él. Mientras que siguiera como una simple foto al lado de él no le molestaba, pero así y todo no tenía ganas de ponerse de charla en ese momento. Se levantó para saludarlo a la vez que lo invitaría a retirarse.
—Andrés querido, voy de salida, si es algo importante dejáselo agendado a mi secretaria y después lo vemos.
—Conrado, a veces pienso que me evitas a toda costa. ¿Tan mal te caigo?
Conrado se rio incómodo, trató de ser más cordial.
—No digas eso, somos compañeros de equipo y sé cuánto trabajás por ganar las elecciones, pero realmente estoy llegando tarde un compromiso.
—¿Algo sobre lo que tenga que estar al tanto?
—No, para nada, es personal.
Conrado ya estaba saliendo de la oficina, por suerte Osvaldo estaba ahí dispuesto a llevarlo rápidamente a su encuentro con Luisa.
—No te distraigo más entonces, mañana conversamos.
En cuanto salió, Andrés observó que su compañero de fórmula hablaba en voz baja con su chofer, a Catami no le gustaba ese tal Osvaldo, le parecía sospechoso, y Conrado era la persona más tramposa del mundo. Todos sabían en el partido que Subiri medía más que nadie y estaba cerca de convertirse en el presidente de la república, no estaba dispuesto a conformarse con el segundo lugar. Agarró su teléfono y llamó a quien debía.
—Está saliendo de las oficinas del congreso, me dijo que tiene algo personal de último momento, estoy seguro de que va a verse con su amante.
Del otro lado no respondieron, se limitaron a escuchar y cortaron la comunicación. Hacía un tiempo unas fotos comprometedoras de Conrado con una hermosa joven habían llegado a su correo electrónico pero se borraron automáticamente, en el mensaje le indicaban que si hacía todo lo que le indicaba y no perdía de vista a Conrado, él —y no su compañero de fórmula— sería el presidente. Desde entonces seguía a su rival (porque eso es lo que era) a sol y sombra, le brindaba a esta gente misteriosa todos los datos que podía sobre su vida y sus movimientos. Estaba ansioso por conocer a este grupo de gente, sabía —por confidencia— que era uno de los grandes aportantes de la campaña. Esa sonrisa que siempre traía López Subiri en su cara se borraría en cualquier momento.
FRANCISCO
Francisco estaba manejando en dirección a su departamento en el centro de la ciudad, había terminado una importante reunión, otra de las tantas que tenía en esos momentos. Su principal objetivo era convertir a Conrado López Subiri en presidente de la república, sabía que tenía las herramientas para hacerlo, el carisma de Conrado y su habilidad para llevarlo a lo más alto eran la ecuación que no podía fallar. Trató de comunicarse con Conrado, pero no contestaba su teléfono. En el semáforo agarró su celular y abrió su cuenta de Instagram. Sin prestar mucha atención pasaba las imágenes y vio una selfie que lo impactó, era Adela (para él Didi) preparándose para una salida con amigas, impactante, hermosa y famosa; no podía creer la cantidad de likes y de comentarios que tenía la fotografía. En todos los años sin permanecer en contacto directo le iban llegando noticias de la fama que iba alcanzando su novia de la adolescencia.
La separación entre ellos había sido demasiado traumática como para tener que ponerse en contacto otra vez. Habían sido los novios (y amigos) más felices en toda su adolescencia, tenían proyectos y mucho amor, pero Francisco coincidía con el padre de Adela: eso de ser bailarina y cantante no podía ir en serio, ¿de qué iba a vivir?, ¿con qué clase de gente se iba a juntar? Hasta que llegara la fama, ¿de qué iba a vivir? El año siguiente a que terminaran el instituto comenzaron los conflictos, él asistía a la universidad, estudiaba Ciencias Políticas, ella también, pero se salteaba clases. Se había anotado en Marketing —todos en su familia sabían que no le interesaba— y lo hacía solo para que su padre la dejara seguir tomando sus clases de baile, sacaba notas solo para aprobar. Los fines de semana trabajaba en una casa de comidas rápidas. Su padre le daba lo mínimo indispensable para que pudiera costearse los libros y el acceso a la facultad. La relación se fue tensando y a fin de ese año Adela había conseguido ahorrar para su pasaje a New York, y su madre y su hermana también habían logrado darle uno ahorros para poder vivir un tiempo. Francisco recordó que Didi estaba tan enojada con él que ni se había despedido. En ese momento la comunicación era más complicada. Estuvieron meses sin hablarse. Francisco había conseguido averiguar dónde se hospedada y fue a visitarla, las cosas no resultaron, Adela ya era otra persona y no le perdonaba el haberle cortado las alas. Recordó sus últimas palabras cuando se reencontraron en algún bar allí por Brooklyn:
—Sos igual que mi papá, y se van a arrepentir. Me voy a convertir en la mejor artista de mis tiempos, la más rica y exitosa del mundo. Pudrite Francisco
El semáforo titiló la luz para avanzar y Francisco volvió a pensar en Conrado y las elecciones.
VIRGINIA
—Sofi, por favor abrí la puerta, que estoy arreglándome.
La joven hizo caso a su madre, con una mano sostenía su teléfono y a las mascotas de la casa y con la otra habría la gran reja para que entrara su tía Cora junto con su tío Daniel y sus primos. Le gustaban las reuniones familiares, aún más cuando estaba su papá. Sabía que las elecciones eran muy pronto y su padre tenía muchos asuntos que atender, soñaba con formar parte de su equipo de trabajo. Sofía era la mayor, su hermana Micaela, siempre rebelde y viviendo de fiesta, solo estaba interesada en la moda y las relaciones públicas. Era súper popular en la universidad, no solo por ser la hija del Senador López Subiri sino por su propio carisma. Las hermanas no tenían el mejor de los vínculos y su madre era quien más lo padecía.
—Virginia, bajá por favor que hoy no es una cena de protocolo.
—¡No seas así!
Las hermanas se dieron un abrazo, Cora y Virginia tenían una excelente relación. Últimamente se veían en algún almuerzo donde no estuviera Conrado, para Cora él era un mujeriego sin remedio y la política lo estaba transformando en un personaje que no era de su agrado.
—Vamos todos a la sala que Marta preparó una cena espectacular —dijo Virginia.
Sofía charlaba con sus primos mientras Micaela no dejaba de tomarse fotografías, para luego subir a las redes. La sala era grande, una mesa rectangular puesta de modo impecable coronaba la casa digna de una revista de decoración.
—¿Nos podrás contar qué era eso tan importante que tenía que hacer tu marido que no tenía un rato para compartir con nosotros?
—Cora, Conrado es senador y candidato a presidente, debe estar con muchas obligaciones.
Daniel trató de hablarle a su mujer en un tono en el que entendiera que no debía decir nada más.
—Es así como lo dice tu marido, está muy ocupado en la recta final, acá con las chicas ya estamos acostumbradas, pero sabemos que son tiempos en donde debemos sumar.
—Sí, Micky opina lo mismo.
Cora rio cómplice con su sobrina. Sofía se mostró algo enojada, no le gustaba que su tía criticara a su padre, no si después iba a usar sus influencias para hacerse famosa en el colegio de sus hijos.
Siguieron la velada tranquila, aunque a Virginia cada vez le pesaba más que Conrado tuviera esas ausencias y que en el fondo su hermana tuviera razón.
CONRADO
Cuando Conrado entró en la habitación, Luisa estaba recostada jugueteando con el móvil, le había mandado una foto a su hermana desde la habitación. Dejó el aparato, se levantó y fue a abrazarlo ilusionada.
—Mi amor, ¡qué lindo verte! Por fin viniste, estaba muriendo de hambre y aburrimiento.
—Tuve unos compromisos de último momento, pero ya está, ahora a disfrutar.
Conrado y Luisa se besaron apasionadamente, él se sacó el saco y trató de quitarle la remera, pero ella lo sacó.
—Ahora no, quiero comer, tenemos que hablar.
—Ok.
A Conrado no le gustaba cuando Luisa le decía que no (a lo que fuera), reconoció que él también estaba algo hambriento. Ordenaron algo simple para comer, en realidad Luisa no estaba tan apetente, pero fue lo primero que se le ocurrió, todavía no sabía cómo iba a contarle a Conrado sobre el embarazo. Él no podía deja el teléfono a un lado, ahora hablaba con Francisco, su jefe de campaña. Ella aprovechó para contestarle el mensaje a su hermana y contarle que estaba en el hotel de las cinco fuentes, en un día de spa. No quería mentirle, no encontraba otra opción por el momento.
—Conrado, por favor, tenemos que hablar, dejá ese teléfono y prestame atención.
—Estoy trabajando y sabés que estos momentos son cruciales.
El candidato abrió la puerta, Osvaldo había interceptado al servicio del hotel y les alcanzaba la comida. Cuando se daban esos encuentros, entraba por la cocina con anteojos oscuros y sin presencia de nadie. Era lo acordado con el gerente del hotel, quien recibía muchos beneficios a cambio.
—Lo sé, pero últimamente no tenés ni un segundo para mí, te aviso que tu familia sube muchas fotos a las redes y ahí andás paseándote con ellas o con alguien de la campaña.
—Luisa, este tipo de reproches, en este momento, no, vamos a comer por favor.
Conrado se sentó en la pequeña mesa que tenía la habitación, dispuesto a olvidar todo, se llevó una pieza de sushi a la boca y le hizo señas a Luisa para que dejara el drama y se sumara.
—No puedo comer eso, Conrado, estoy embarazada
El senador se quedó completamente inmóvil sosteniendo la pieza de salmón con los palillos, la escena le parecía ridícula e increíble a la vez, por supuesto que su primer pensamiento y el único que cabía en esta situación era que Luisa no tuviera a ese hijo. No solo era algo completamente inviable en ese momento de la campaña de su vida, sino que no estaba con ganas de tener un hijo. Alguna vez se acordó de que sería más adelante, ya que Luisa fantaseaba con la idea de tener un bebé y él quería consentirla para seguir disfrutando de la juventud del sexo y de lo divertido que le parecían estos encuentros. Más adelante podría, pero no estaba dispuesto ahora a romper el acuerdo que tenía con su mujer de llegar juntos a la presidencia, ni siquiera había sido electo presidente y soñaba con ser reelecto; otra vida si Luisa seguía acompañándolo, ahora ese hijo no podía ser.
—¿Te vas a quedar inmóvil sosteniendo los palillos y no vas a decir absolutamente nada?
—Amor, sé que debés tener mucho en tu cabeza, y no imagino tus emociones, pero la verdad, sabemos que lo mejor es que no sigas adelante con este embarazo. Puedo llevarte al mejor lugar y por supuesto hacerme cargo de todos los gastos que implique, atendida por los mejores profesionales, y si después necesitas algún tipo de ayuda psicológica yo lo voy a afrontar.
Conrado se levantó de la silla para acercarse y Luisa se alejó, quería tratar de sonar lo más empático posible y contenerla en este momento.
—Estoy viendo tu peor cara, en un momento crucial de mi vida no te importa en lo más mínimo qué pueda estar sintiendo, las ganas que tengo o no de seguir con el embarazo. Cuán sabia fue mi hermana al advertirme que solamente estabas disfrutando de mí un rato, hasta que te aburrieras, porque estás acostumbrado a tener todo Conrado. Sos despreciable.
A Luisa le temblaba la voz, su ira la envolvía, lloraba sin poder creer lo que sucedía, había estado enamorada de una persona que no estaba dispuesta a tener nada más que eso: encuentros en hoteles de lujo, algún restaurante siempre en sectores vip donde no los vieran… no podían siquiera tomarse de la mano, un fin de semana de escapada a algún lugar costero alejado de todo el mundo. Así era el vínculo que Conrado quería mantener, quizás por años y con ello llevarse su tiempo de ilusiones y deseos. No estaba dispuesta.
—Lucy ahora no es el momento de tener un hijo, es mi última palabra, no quiero que sigas adelante con este embarazo.
—A mí no me importa lo que me digas, no podés imponer una orden sobre mi cuerpo, la que decide soy yo y voy a seguir adelante con este embarazo y cuando lo considere pertinente seguramente voy a revelar que el hijo que estoy esperando es tuyo, ¿qué vas a hacer?, ¿me vas a silenciar?, ¿o me vas a mandar a matar?
—Por favor, no seas ridícula, sabés perfectamente que te perjudicaría mucho hacer eso, tenés una carrera en ascenso y querés codearte con gente de la política. Si revelás tu verdad, vas a quedar completamente arruinada y nadie va a creer en vos.
En algún punto Luisa sabía que Conrado tenía razón, si ella le revelaba al mundo el origen de esa criatura podía pasarlo muy mal. Se puso los zapatos, agarró su abrigo y su cartera, estaba dispuesta a irse. El candidato trató de tomarla del brazo, ella se zafó y se dio vuelta.
—No te quiero ver cerca de mí nunca más, te odio, sos lo peor que me pasó.
Luisa salió del hotel hecha una furia, no le importó ningún tipo de código y salió por el lobby principal. Allí estaba Osvaldo que en ese momento había recibido un mensaje de Conrado para que siguiera a Luisa porque estaba muy inestable.
Conrado estaba en la habitación del hotel sin poder creer lo que había pasado, de imaginar una velada romántica, intensa y divertida —porque jamás había imaginado que el problema de Luisa iba a ser esa locura— a esa discusión. Sabía que podría convencerla, tentarla con algún fin de semana en alguna playa solitaria, un regalo costoso, pero no, el planteo era que estaba esperando un hijo de él y él estaba completamente convencido de que no había manera de seguir con el embarazo. En algún punto le daba miedo la reacción que podía tener la joven, esperaba que su custodio la convencida para llevarla a su casa y después lo pasara a buscar a él para terminar con esta noche de terror.
La joven se tropezaba por la calle de los nervios, llegó a mandarle un audio, una nota de voz a su hermana que decía: “Adi, tenías razón, el tipo del que estaba enamorada resultó ser un canalla, mostró su peor cara en un momento tan especial para mí. Mañana hacemos una videollamada y te cuento todos los detalles, pero Conrado López Subiri es el peor del mundo”.
En su estado, ya no le importaba revelar la identidad de la persona con la que se había estado viendo todo este tiempo. No sabía —y no quería— protegerlo. Sintió que alguien se acercaba, se dio vuelta bruscamente y era Osvaldo.
—Señorita, por favor acompáñeme, déjeme que busque el auto y la llevo a su casa. Es de noche, no hay nadie en la calle, puede ser peligroso.
—Tu jefe es más peligroso, así que no. Gracias, en definitiva, son todos una porquería. Conrado quiere que me calme, quiere que me calme para poder manipularme y que tome decisiones que a él le convienen.
Osvaldo no quiso contradecir a Luisa porque la veía muy nerviosa.
—Voy a seguir caminando para despejarme y a pedir un taxi, chau.
Osvaldo vio como Luisa se alejó una cuadra y, en ese instante, alguien se bajó de una camioneta negra sin patente y arrastró a la joven, la metió dentro, arrancó a toda velocidad y dobló en la esquina. No había absolutamente nadie en la calle, era de madrugada. El guardaespaldas se levantó y fue corriendo a dar aviso a Conrado.
—Pero ¿cómo que se la llevaron?, ¿en una camioneta sin patente? Osvaldo, ¿qué mierda es lo que estás diciendo?
—Señor, pasó todo muy rápido, parecía que esa camioneta estaba esperando que la señorita saliera del hotel en algún momento, creo que es eso, la estaban siguiendo, probablemente a los dos.
Conrado caminaba dando vueltas por la habitación sin dar crédito a nada.
—¿Decís que esto tiene que ver conmigo?
—Puede ser, señor, no le robaron nada, la secuestraron, es raro.
Ahora sí, el senador estaba desesperado, tampoco podía hacer mucho. Darle aviso a la policía lo pondría en una situación compleja, podía esperar… quizás a que alguien se contactara con él pidiendo rescate. Estaba viviendo una pesadilla en el momento más importante de su vida.
—Desde acá no voy a poder resolver nada y me parece que no es lo mejor seguir en este hotel. Llevame a casa, por favor, necesito descansar. Estemos atentos por lo que pueda pasar en las próximas horas.
—Sí, señor, tengo la camioneta esperando en la puerta. Los dos se marcharon rumbo a la casa del senador.
LUISA
Luisa estaba dentro de la camioneta completamente aterrorizada. Un hombre manejaba, otro estaba delante de acompañante y el de atrás la sostenía a ella. Rápidamente le había puesto una mordaza en la boca y le había atado las manos. La joven lloraba desencajada, en un día su vida había cambiado por completo: se había enterado de que estaba embarazada, la persona de la cual estaba totalmente enamorada la había desilusionado y dejado en el peor de las situaciones y ahora este espanto. Un grupo de hombres la secuestraba sin decir absolutamente nada, no paraba de llorar, la persona que tenía al lado trataba de hacerle señas para que se calmara, estaba descontrolada, como podía suplicaba que la soltaran, el hombre le aflojó la mordaza.
—Por favor no sé quién se piensan que soy, pero yo no hice absolutamente nada, estoy embarazada, por favor no me hagan daño, se los ruego.
El hombre que estaba a su lado parecía conmovido por lo que escuchaba y quien manejaba le hizo señas para que le ponga la mordaza y la callara, y luego habló por teléfono.
—Jefe, ya está hecho, fue más fácil de lo que pensábamos, la encontramos en la calle.
—Perfecto, procedan como les dije, que sea algo limpio y rápido —ordenó una voz del otro lado del teléfono.
Luisa no tenía idea de con quién estaba hablando el hombre que manejaba, pero no le quedaban dudas de que eso tenía que ver con Conrado de alguna manera, algún enemigo, alguien de la política. No sabía, le parecía todo un cuento de película, pero definitivamente era una venganza contra él.
La camioneta siguió avanzando unos kilómetros más y paró cerca de la costanera, lograron bajarla y en ese momento con una maniobra Luisa le pegó a la persona que la estaba agarrando y logró correr unos metros. Vio la libertad cruzar por delante de sus ojos. En ese instante sintió dos disparos y cayó completamente desplomada y, con eso, sus sueños, su ilusión y su vida.
—Pero ¿cómo se te va a escapar? Casi se te escapa una chiquilla en vestido y zapatos. Mock, por favor, salí de mi vista.
—Calma, estoy tratando de hacer las cosas como ordenó el jefe.
Charles luego de dar los disparos les habló:
—En un rato va a amanecer, vamos a mover el cuerpo al río.
En ese momento, cuando iban a mover el cuerpo de Luisa, un perro que apareció cerca de ellos ladró, no parecía del lugar, se veía limpio y con collar; por ahí alguien estaba haciendo deporte o traía a su mascota a pasear, no había tiempo, la dejaron ahí tirada. Agarraron la camioneta y salieron rápidamente, lo mejor era no dejar rastros. Otra vez llamaron por teléfono.
—Tarea cumplida.
Del otro lado no contestaron, solo se limitaron a saborear el principio del fin.
BART
Tantos años de pensar y de imaginar cómo iba a ser la venganza, por fin su plan maestro ya se estaba poniendo en marcha. Supo esperar, desde las sombras siguió la vida de Conrado López Subiri. Iba a pagar por haberlo dejado sin lo que más amaba, por haberlo traicionado. Conrado lo sumergió en la ruina. Ahora la ruina iba a ser para él.
ADI
Adi daba vueltas en la cama, no podía dormirse. Bajó a tomar un poco de agua y vio que había dejado su teléfono en la cocina. Estaba por amanecer. Agarró el móvil y escuchó el mensaje de su hermana en shock, trató de llamarla varias veces y el teléfono no contestaba. Finalmente colgó, no quería llamar a su madre, tenían muy poco vínculo y no era necesario, seguramente su hermana estaba en uno de esos berrinches y se le pasaría. Se quedó mirando fijo la extensa mesada, allí estaban los papeles de divorcio, ella también tenía noticias.
BART
—Jefe, tratamos de hacerlo lo más limpio y rápido posible, la camioneta no llevaba patente y donde la dejamos no había una sola cámara, todos encapuchados; es imposible que reconozcan a alguien.
—Sí, puede ser, aún así tenemos que ser rápidos. Mock y Baldu tienen que desaparecer ya, no los necesitamos; a vos, Charles, no puedo darte salida, te necesito para todo lo que se viene, estoy junto con Marie.
Charles era uno de los hombres en los que Bartolomeo confiaba, su equipo de confianza junto con Marie, gente que le servía hacía años, la mayoría de su fortuna provenía de negocios lícitos. Bart (como todos lo llamaban) era un empresario millonario de la industria farmacéutica, vivía en París, estaba divorciado y no tenía hijos. Su objetivo desde joven había sido arruinarle la vida a Conrado, siempre pensó que los hijos podían ser un obstáculo que lo retirara del juego. No todo en su vida fueron millones y París, estuvo en la ruina y al borde del suicidio. El responsable de su dolor y su angustia fue Conrado y su traición. Mandar a ejecutar a esa chiquilla era simplemente una parte de su plan para destruir al político, al que no le iban a quedar ganas de traicionar a nadie más.
CLARA
La detective Clara Rosatti recibió una llamada a su teléfono, era temprano en la mañana… o eso creía.
—Clara, te necesito, estoy en la rivera, encontramos un cuerpo.
—Ok.
El que la había llamado era su superior, el comisario Garri. Salió eyectada de la cama, estaba de licencia por una lesión que le produjo una herida de bala en un enfrentamiento, nada grave, pero su médico y la psicóloga de la fuerza insistían en que debía tomar un tiempo más de descanso. Si su jefe la llamaba era por algo importante. Se cambió rápidamente, se lavó la cara con agua bien fría, acarició a su gato y salió.
Llegó a la escena del crimen a toda velocidad, el dolor en el brazo le molestaban para manejar la moto, pero nada que un calmante no pudiera solucionar. De lejos vio a Garri, a Salvador Ramírez y a la gente de científica.
—Clara te llamé porque quiero que estés presente y tomes la investigación, sé que estás con la baja…
—No, no, por supuesto que puedo hacerme cargo, iba a recibir el alta en unos días, así que para mí es lo mismo, decime qué tenemos.
Clara miraba el cuerpo de Luisa sin vida y, después de tantos años, no podía entender cómo en el mundo había gente tan despreciable. Antes que nada, se aceró al testigo que estaba con Salvador.
—Esta persona estaba corriendo junto con su perro, la mascota se adelantó y lo alertó con sus ladridos, vio de lejos personas corriendo, luego subirse a una camioneta que al parecer no tenía patente, vio a la víctima en este estado y lo primero que hizo fue llamar a la policía.
—Muy bien señor, actuó de modo responsable, ¿alguna otra información que pueda darnos al respecto?
—No, yo estaba lejos, sentí los ladrillos de mi perro y me adelanté un poco más rápido. Estas personas ya se estaban metiendo en la camioneta y se estaban yendo. La camioneta, como le dije a su compañero, era negra, parecía lujosa pero no tenía patente. Las personas estaban con pasamontañas o con algo que les cubría la cara, imposible reconocerlos.
—¿Y los disparos?
—Nada, deben haber usado algún silenciador porque no escuché nada, evidentemente mi mascota sí escuchó algo.
Clara miró a Ramírez, la gente veía tantos policiales que ya sabía sobre silenciadores y demás.
—Muchas gracias por la colaboración prestada, tenemos su número por cualquier cosa.
—A las órdenes, oficial.
Clara y Salvador de acercaron a Garri que les estaba hablando:
—Según lo indica su documento se llama Luisa Robledo.
—Muy extraño que haya terminado acá —dijo Clara—, con ver lo bien vestida que está y lo que vale esa cartera, posiblemente sea una cita que terminó mal.
—¿Cómo sabés que la cartera es costosa?
—Garri, que me veas vestida informal todo el tiempo no implica que no sepa lo que salen los accesorios de moda. Es una cartera de diseño, varios miles de dólares.
En ese momento Clara se puso los guantes y tomó el teléfono que estaba en el piso.
—Teléfono móvil último modelo, todo este lujo y no le robaron nada.
Clara se acercó a Luisa, tomó su pulgar y logró desbloquear el móvil.
—¿Qué hacés? —le dijo Garri en tono de reto. Salvador miraba algo sorprendido.
—Si fue una cita o alguien que conocía a la víctima, la información está acá y algo importante es darle aviso a la familia.
Garri revoleó los ojos, estaba acostumbrado a que Clara hiciera las cosas a su manera, pero no podía quejarse, era la mejor y obtenía los mejores resultados.
Clara se alejó unos pasos, empezaba a sentir los efectos de estar en ayunas una mañana fresca, cerca del río el viento era algo molesto. Del otro lado de la línea alguien respondió.
—Hija, ¿dónde estás?, ¿pasó algo?
—Señora, soy la detective Clara Rosatti, tenemos que hablar.
ADI
Adi estaba reunida con su secretaria personal, Leti, una mujer increíble que en todos estos años se había transformado en una gran consejera y asistente, la acompañaba a todas sus giras y eventos. Si era necesario, también la asesoraba con el vestuario y el peinado; Leti era su familia. Se habían conocido años atrás a través de Trevor, fue amor a primera vista, discutían, pero esa era la base del éxito, ser sinceras en todo.
—Hola Let, pasá, perdón por hacerte venir a casa, pero no me apetecía salir.
—Tranquila cariño, solo tuve que atravesar toda la ciudad para venir a verte.
Ambas rieron, Leti contorneaba su cuerpo al mismo tiempo que sus trenzas, fueron al escritorio. La casa de Adi era muy grande, con muchos ambientes, se destacaban el gimnasio, un estudio de baile y una cancha externa de básquet. Cuando Adela y Trevor comenzaron su romance fueron una gran sensación para los medios del mundo: la artista desconocida en ascenso y el joven basquetbolista. Los tabloides los amaban al mismo tiempo que los hostigaban, era muy complicado vivir con el asedio de la prensa, ahora afrontaba los rumores de divorcio.
—Adi, chica, te prohibí que compraras esas revistas de porquería, tú sabes bien que eso es pura porquería.
—Me la trajo mi estilista, nos causó un poco de gracia la cantidad de photoshop, creo que todavía no lo necesito.
Leti dejo el café que había comprado de camino y miró por arriba la revista, haciendo gestos de desaprobación.
—Claro que no y, en todo caso, la medida justa la ponemos nosotras.
Ambas rieron.
—Por favor, deja de hacerle caso a esos rumores, sé que las cosas con TJ (así le decían) no están bien, pero también sé que está intentando cambiar.
—Dejá de defenderlo, Leti. Tengo los papeles del divorcio, en cualquier momento los firmo y los presento en la corte.
—Te estás apresurando.
Adi se levantó, fue a la cocina por un vaso de agua y de paso les abrió la puerta a sus mascotas.
—Yo creo que después de todo lo que pasé, no me estoy apresurando, le di a Trevor todas las oportunidades del mundo, estoy agotada de ser la única madura en este vínculo.
—Ok,I know that, pero creo que quizás, no sé, una terapia en pareja les vendría bien. Se conocieron jóvenes en pleno ascenso de sus carreras, llevando una vida de lujos y tentaciones que marean a cualquiera; él y su familia te adoran.
—Su familia es lo más sagrado para mí, ellos y el amor de mi hermana siempre me han mantenido a flote.
Leti puso sus ojos en tono de reproche.
—¡Y tú también! Es más, vamos a fijarnos pasajes para escaparnos unos días al mediterráneo, me gustaría invitar a Kate y a Lena.
Iban a disponerse a preparar todo para armar el viaje y el celular de Adi comenzó a sonar. Era su madre, algo insólito, con suerte hablaban solo para días festivos y con las magias de los audios, ya ni eso. No le podía perdonar haberse puesto del lado de su padre cuando le prohibieron seguir con su carrera de artista. Si bien le había dado unos ahorros para viajar, una sola vez había viajado a verla. Su madre se enteraba todo por Luisa que sí iba a verla muy seguido, en la casa había un dormitorio para ella. Se adoraban con Trevor, eran amigos, se hablaban seguido. Su madre no había ido al casamiento y eso no se lo perdonó jamás. Del lado de la novia solo estaba Luisa y familia lejana que solo iba porque tenían los pasajes pagos. Adi se prometió desde ese día borrar por completo a su familia y tener contacto mínimo y necesario. Leti vio la cara de disgusto de Adela, la conocía demasiado.
—¿Qué necesitás?, estoy ocupada.
—Adela, tenemos que hablar, es, grave por favor.
El tono de voz entrecortado y angustiante que llevaba su madre no indicaba nada bueno, además odiaba que la llame así.
—Estoy en una reunión muy importante (lo era de alguna forma), así que te pido que seas breve.
—Tenés que volver cuanto antes, es tu hermana —el que hablaba ahora era su padre.
—¿Qué paso con Luisa?, decime ya.
—Nos llamaron de la policía… tu hermana está muerta, la asesinaron.
Adi se quedó con el móvil en la mano mirando su biblioteca, todo comenzaba a perder sentido. Tenía que ser una broma, nada feo debía de pasarle a su pequeña. ¿Qué monstruo podía ser capaz de algo así?
—Reservo el primer vuelo y viajo, no hagan nada sin mí, por favor, quiero despedirme.
En las condiciones en las que pudo, logró contarle lo que pasó a Leti para que la ayudara a sacar un vuelo. Comenzó a armar la valija sin prestar atención a nada, vio que tenía un mensaje de Trevor, pero no quiso contestar. Le avisaría de todo cuando estuviera en el aeropuerto.
CONRADO
El senador no había pegado un ojo, su mujer le reclamó durante la noche que dejara de dar vueltas, así que optó por ir al escritorio. Estaba preparándose un café en la mañana (su empleada tomaba el día libre) cuando sonó el teléfono, era Osvaldo.
—Por Dios, decime que hay buenas noticias y Luisa está bien.
—Señor… por mis contactos en la policía pude averiguar que encontraron un cuerpo cerca del río, por la descripción coincide perfectamente con la joven.
Conrado tiró la taza de café, un estallido —en todos los sentidos— se apoderó de él.
—Necesito que vayas a la morgue y lo compruebes, voy a hablar con el gerente del hotel para que borre las cámaras de seguridad, nadie puede situarme ahí.
—Igualmente quédese tranquilo, siempre salimos por detrás, en la cocina no hay cámaras y en la zona vip tampoco.
Conrado sabía que era verdad, aun así, todo le daba miedo, que lo relacionaran con Luisa esa noche sería un golpe muy duro en el camino hacia la presidencia.
—Ocupate de eso y después me pasas a buscar, tenemos que hablar con Francisco y ver qué hacemos.
El senador cortó la comunicación, en ese momento entraron su mujer y una de sus hijas para desayunar.
—Papá, ¡tan desastre sos que no podés prepararte un café sin romper todo!
—¡Me descubriste!
Todos sonrieron, Virginia notó a su marido tenso, pero lo atribuyó a algún tema de la campaña.
—Sofi, vayan con papá a la sala que yo llevo el desayuno para todos.
FRANCISCO
Francisco estaba descansando —por así decirlo—, había tenido una noche algo ajetreada, entre reuniones de campaña y tragos con una joven que había conocido recientemente, nada serio aún. Su vida —en ese momento— no le permitía un compromiso estable, y tampoco estaba interesado. Estaba por darse una ducha cuando su teléfono comenzó a sonar.
—Fran, decime que estás en tu casa.
—Acá estoy.
—Por favor, no te muevas, vamos con Osvaldo para allá. Tenemos que hablar, es urgente y no puede ser ni en mi casa ni en las oficinas del partido.
Francisco empezaba a inquietarse.
—¿Podés adelantarme algo?
—Nada por acá, en unos minutos estamos.
Francisco se dispuso a tomar una ducha rápida y esperar el caos, estaba acostumbrado a apagar incendios de la gente con la que trabajaba, pero lo agotaba que fuera en sus momentos libres.
ADI
Adi tuvo que pagar una gran suma de dinero para tomar un vuelo privado, no había manera de conseguir pasajes en aerolíneas comerciales y por otro lado le pareció lo mejor, mantendría a la prensa alejada bastante tiempo. Antes de tomar el vuelo, le dio indicaciones a Leti para que cuide la casa y a sus mascotas, no quería hablar con Trevor, así que opto por un breve audio: “Hola, estoy tomando un vuelo para regresar a casa, algo pasó con Luisa, es grave, pedile más detalles a Leti”. Sabía que su mensaje era distante, pero no quería saber nada con su ex, la había lastimado demasiado y, si bien él adoraba a su hermana, la que la iba a pasar peor era ella. Se hubiera portado mejor y dejado todos los excesos y la juerga en su momento.
Al arribar, el piloto tomó coraje y le pidió una foto.
—¡Oh! Por favor, claro que sí, pero no reveles donde estoy, que sea un secreto.
—Por supuesto, para mí es un honor que haya elegido este equipo para volar con nosotros, señorita, y de ningún modo podemos filtrar información. Lo que no puedo prometerle es que una vez que esté acá y baje por esas escaleras alguien revele su identidad.
—Es parte del juego.
Adi se colocó unas gafas negras y una gorra, su cabello extenso y con volumen la cubría desde los costados, usaba ropa deportiva, toda de negro. Una camioneta estacionada en la pista tenía las órdenes de llevarla a la casa de su familia. Comenzaba la pesadilla.
CLARA
Clara estaba en la morgue, tratando de conseguir más información. Sabía que la familia ya había reconocido el cuerpo y estaba en camino a entrevistarse con ella y con Garri.
—¿Algo más que puedas decirme?
Su familia estuvo hace unos minutos y reconoció el cuerpo, pero no quise darle ningún tipo de información sin ustedes.
—Hiciste bien.
El forense terminó de escribir algo en su computadora y se juntó con Clara.
—Los impactos de bala la fulminaron, murió en el lugar donde estaba, se ve que trataron de mover el cuerpo, pero quedó ahí. No hay señales de violencia sexual, pudimos recolectar ADN de sus uñas, pero no hay muestras de lucha en su cuerpo. De los últimos resultados que me acaban de llegar pudimos comprobar que la víctima cursaba un embarazo de unas ocho semanas aproximadamente.
Clara se quedó impactada, no porque no estuviera acostumbrada a esa situación, sino porque Luisa le generaba algo, no sabía qué. De pronto el lugar se volvió más frío de lo habitual.
—Todo está en el informe, ahora lo mando por correo electrónico.
—Perfecto, muchas gracias.
Clara se subió a la moto y fue directo a la comisaría a hablar con la familia de Luisa.
FRANCISCO
Conrado se anunció y lo autorizaron a subir al departamento de Francisco, una torre algo exclusiva en el centro de la ciudad. Subía por el ascensor con Osvaldo cuando recibió un mensaje de su mujer por alguna cuestión sin sentido, a la que contesto con un automático “ok”. Francisco les abrió la puerta.
—Me tenés preocupado Conrado, se puede saber qué está pasando.
Conrado se sentó en uno de los sillones, Osvaldo permaneció de pie, cerca de la puerta.
—Tenemos, bah tengo, un gran problema y necesitamos estar preparados por lo que pueda llegar a pasar.
Francisco tomó asiento cerca de él.
—Te escucho.
—Bueno, sabés que tengo debilidad por las mujeres jóvenes y que cada tanto salgo con alguna, nada serio, cosas del momento.
Francisco lo sabía bien y era algo que le molestaba, no por una cuestión moral, pero la imagen de un candidato con amantes no era algo que le encantara a la sociedad, más si terminaba en escándalo.
—Entiendo, y ¿qué pasa con eso?
—Desde hace tiempo estuve manteniendo una relación con una joven, se transformó en algo serio. Nos conocimos en un evento en el que empecé a juntar fondos para la campaña, realmente me cautivó su frescura, sin decir que su cuerpo era de otro planeta… en fin sabía que en algún momento debía cortar el vínculo porque empezaron las presiones por mi separación.
—En este momento sería una locura.
El senador miró a Francisco irritado, porque su comentario fue obvio.
—Dejame terminar el relato, por favor. Como te decía, sabía que tenía que hacer el corte, pero no encontraba el momento, o quería seguir un tiempo más… ni yo lo sé a estas alturas. Luisa se comunicó conmigo y me dijo que tenía que decirme algo importante, pensé que era una chiquilinada, pero tenía ganas de verla. La cité en el Hotel de Las Cinco Fuentes, tengo acceso VIP y fue nuestro lugar de encuentro durante casi un año.
Francisco mordía sus labios, no quería que el senador dijera nada más porque todo lo que vendría sería peor, se puso tan nervioso que fue a la cocina por agua y le trajo un vaso a Conrado. Osvaldo sin moverse negó con un gesto de su mano.
—Para resumir, Luisa me contó que estaba embarazada.
Francisco se atragantó con el agua sin saber que lo peor estaba por venir.
—Sí, sé lo que pensás, tomamos precauciones, pero esto es nada a lo que sigue. Discutimos porque obviamente me opuse rotundamente a la idea de seguir con el mismo. Luisa entró en un estado de nervios y llanto imparable y se largó del hotel. La mandé a seguir con Osvaldo, pero en medio de una discusión Luisa se alejó y la secuestraron.
—¿Me estás cargando?, ¿qué clase de chiste macabro es este?
Francisco se puso de pie, también Conrado, los dos sabían que esto podía ser el fin de su carrera política. Osvaldo se acercó para intervenir en la charla.
—Se la llevó una camioneta negra sin patente, hombres encapuchados. Averigüé con mis contactos de la policía y una chica con las características similares a las de la joven apareció muerta hoy a la madrugada. Un llamado de una persona que hacía ejercicio por el lugar los alertó.
—Bueno, pero puede no ser ella, una maldita casualidad y ya.
Francisco no sabía qué decir. Además, no escuchaba ese nombre hacía años, le recordó otra situación y un hilo de nostalgia se apoderó de él.
—No quise interrumpir, pero me acaba de llegar una foto desde la morgue; es ella.
Osvaldo acercó su móvil al Senador y a Francisco. Conrado se desplomó en el sillón; Francisco tardó unos segundos en reaccionar y, cuando su cerebro terminó con las reacciones, fue directo al baño a vomitar. Conrado y Osvaldo se extrañaron al ver la respuesta, era triste pero la imagen solo mostraba la cara fallecida de una joven.
—Francisco, ¿estás bien?, por favor, que tenemos que ver cómo hacemos con esta mierda.
—Yo… yo conozco a esa chica, es Luisa Robledo.
—Sí, ese es su apellido.
Ahora el sorprendido era Conrado.
—Fue como mi familia durante años. Su hermana, Adela, Didi… fue novia mía durante toda nuestra etapa escolar. Nos separamos tiempo después de finalizado el instituto y hasta hace unos años tuvimos algún contacto por redes. Recuerdo que Luisa estudiaba Ciencias Políticas y me había pedido consejo en su oportunidad. Dios mío, Conrado, esto es un desastre, cuando se entere su familia.
—No puedo creer esta casualidad, quizás nos ayuda. Si algo se filtra, tal vez podamos controlar a la familia, yo no le hice nada.
Francisco quería golpear a Conrado, haciéndose el inocente. Puede que no la haya matado, pero en parte era responsable. Pensó en Adi.
—Por favor, te pido que respetemos a esa familia, que para mí es importante. Te aclaro además que su familia es gente de bien y con recursos, no van a dejar embaucarse y van a ir hasta el final. Otro tema: sí, esto está directamente relacionado con vos. Secuestran a esta chica desde una camioneta sin patente, no piden rescate y la matan. Puede ser que no llegaron a extorsionarte y algo salió mal, o pudo haber pasado otra cosa, pero Conrado no me niegues que este regalito era para vos.
Conrado notaba lo molesto que estaba su asesor estrella.
—Sí, con Osvaldo lo pensamos, imaginé que era alguien que quería plata, pero luego pasó esto, en algún momento van a conectar conmigo lo sé.
—Creo que lo mejor es que te presentes voluntariamente en comisaría, no tenés nada que ocultar y fuiste la última persona que estuvo con ella. Si hay cámaras en el hotel…
—Me niego, yo no tuve nada que ver con lo que pasó. Siempre fui cauteloso, no hay cámaras por donde yo entraba y en el pasillo VIP tampoco, no pueden relacionarme de primera mano con esto. Te lo conté simplemente para que lo sepas y estemos alerta.
Francisco no estaba de acuerdo, pero tampoco tenía cabeza para pensar.
—Bueno, te recomiendo que por ahora sigas con tu vida lo más normal que puedas, volvé a tu casa, hace algún programa con tu familia, alguna buena foto de campaña y estamos en contacto. Voy a averiguar dónde hacen el servicio de despedida para presentar mis respetos.
Conrado asintió y se marchó con Osvaldo.
Francisco cerró la puerta y se sentó en el sillón. Miles de imágenes recorrieron su cabeza: los primeros encuentros con Adi, Luisa más pequeña molestándolos siempre. Divertidos, compañeros. Esto era un desastre y, por primera vez, limpiar la mugre de Conrado le traería consecuencias personales muy negativas.
ADI
El chofer estacionó en la casa de la familia de Adi, típica construcción de casa de dos plantas con en ladrillo a la vista situada en los suburbios. Ese hogar le traía recuerdos cálidos de su infancia y su adolescencia. Bajó de la camioneta su valija de LV. Su madre oyó ruidos y salió a recibirla. Adi no sabía bien qué hacer o decir. Bingo, la mascota de su familia, salió a recibirla, sin conocerla pareció percibir que eran familia, no paraba de mover su cola, fue amor a primera vista. Adi cruzó por la reja y su madre la abrazó fuertemente.
—Hija.
Adi correspondió el abrazo, sentía la tristeza y las lágrimas de su madre, no quería derrumbarse frente a ellos. Ambas entraron. Su padre la esperaba sentado en la sala, su madre se sentó junto a él.
—Adi, estamos destruidos, es todo espantoso.
—No entiendo que es lo que pasó.
Su Padre intervino con voz grave:
—Nosotros tampoco. Recibimos una llamada de una agente de policía, comunicándonos que Adi estaba muerta, que teníamos que ir a la morgue a identificarla. Volvimos hace un rato. Cuando la policía termine con todas las cuestiones burocráticas para seguir con la investigación, podremos enterrarla.
—Mi chiquita…
Susana rompió en llanto, Alfredo la consolaba. Bingo se quedó cerca de Adi que en silencio agradeció el gesto del can y no dejaba de acariciar su cabeza.
—¿Hablaron con la policía?, ¿se sabe algo? Tenemos que reclamar justicia, y encontrar a ese cabrón, no podemos quedarnos de brazos cruzados
—Estamos de acuerdo, no vamos a dejar que esta barbaridad quede impune. Te estábamos esperando para que pudieras entrar en casa y dejar tus cosas.
Su padre se puso de pie.
—Como saben, vine directo del aeropuerto, no reservé un hotel así que, si es posible me gustaría darme una ducha, tomar un café y despejarme unos minutos antes de ir a la comisaría.
Su madre se levantó del sillón y fue directamente hacía ella.
—Hija, esta es tu casa, tenés tu dormitorio esperándote. Cuando supe que venías acomodé todo, te preparé tu cama y despejé el ropero para que pudieras guardar lo que trajeras. No voy a permitir que te vayas a un hotel, tenemos que estar unidos en todo sentido.
Adi asintió, no sabía si era la mejor idea, pero por un instante sintió que ese era su lugar, que la unión es fuerza y se necesitaban los tres. Subió por las escaleras, mirando los retratos que había en la pared: hermosos recuerdos. Una foto feliz en la que sonreía con su hermana un verano en la costa la hizo volver al dolor. Se dio cuenta de que su padre subía por detrás con su valija de lujo y se la dejó en la que fue, durante tantos años, su habitación. Se acercó con ganas de hablarle.
—Adela, sé que durante este tiempo no hemos tenido casi vínculo, pero quiero dejarte en claro que vos y tu hermana son lo más importante para mí.
Vaya su manera de expresarlo, pensó Adi.
—Te pido que, por su memoria y por la tranquilidad de tu madre, te quedes con nosotros y nos unamos.
—Sí, claro, no me voy a mover de este lugar hasta que sepamos quién le hizo esto a Luisa y lo encerremos de por vida.
Su padre asintió con un gesto y se quedó mirándola. Adi se mordió los labios para no llorar, se excusó y fue directo a la ducha.
Susana estaba abajo mirando su teléfono sin prestar atención cuando vio una nota en un portal que decía: “Misterioso viaje de la artista Adi Taylor, rumores de divorcio”. Ella sabía que su hija había adoptado su apellido de soltera, todavía le sorprendía que fuera tan famosa, acá en su país no era tan famosa, pero sí lo bastante como para inquietar a la prensa si estaba de regreso por algo. Le preocupaba lo que había leído sobre su divorcio, se sentía culpable por no haber ido a la boda y apoyarla tan poco. Dejó su teléfono y fue a la cocina por un té.
CLARA
Clara estaba sentada en su escritorio, no daba crédito al correo que acababa de recibir, eran fotos del Senador Conrado López Subiri y Luisa en diferentes oportunidades, todas en restaurantes de lujo, sonriendo, pasando un gran rato. Nada de malo en eso. Las últimas fotos la mostraban a Luisa entrando al hotel de las Cinco Fuentes y saliendo más tarde, otra persona la seguía de cerca. Clara debía investigar quién era ese hombre. La dirección era anónima y el correo decía: “El Senador era amante de Luisa, hagan justicia”. Clara llamó enseguida a su asistente para que se pusiera a trabajar.
—Salvador, te pido por favor que hables con la gente de científica, hay que chequear que estas fotos sean reales y de dónde vino este correo.
—Enseguida.
En ese momento el comisario Garri se asomó para hablarle:
—Clara, vení a mi despacho que está la familia de Luisa. Clara salió al encuentro, quizás la familia de esta chica podría darles algún tipo de pista que aclarara la situación.
Entró y, como siempre, las emociones de la familia traspasaban cualquier muro, lo que no tenía idea era que Luisa era familiar de esa artista famosa, ahora se le había olvidado su nombre, sus sobrinas más jóvenes eran fanáticas de ella, era algo con A…
—Sí, pasá Clara. Les presento a la detective Rosatti, ella está al frente de la investigación, es una de las mejores.
Clara les extendió la mano a los tres y se sentó cerca de su jefe.