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Un pasado oculto que, al negarse a morir, convierte al presente en una maraña de secretos y mentiras. El aparente suicidio de Sara, en junio de 2019, activó una serie de mensajes y acertijos que Dylan empezó a recibir periódicamente por medio de las apariciones de esta chica, instigándolo a sumergirse en una búsqueda riesgosa, frenética e impredecible de respuestas. El relacionar dicha muerte con la desaparición, 15 años atrás, de una joven llamada Angie, fue la primera pista sólida que encausó su intensa investigación, clave que le develó el año 2004 como el inicio de toda esta historia. Poco a poco Dylan fue obsesionándose al ir destapando junto a sus amigos detalles muy perturbadores, hechos que su propia familia había decidido enterrar. De esta manera, todo se redujo a un ineludible partido de ajedrez donde el silencio de muchos jugó en contra, sin embargo, sus mayores trebejos, además de la intuición y perspicacia, fueron los recuerdos que le regalaron algunas "visitas inesperadas" usando sus episodios oníricos como conductos. Dylan tiene la tarea de descubrir quién o quiénes son los responsables de que el peligro lo aceche sigilosamente día y noche. Su mayor temor es que los sueños le revelen algo que desconoce de su personalidad, formen parte de un pasado que ha decidido olvidar o lo envuelvan en un laberinto lleno de sufrimiento.
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Seitenzahl: 257
Veröffentlichungsjahr: 2021
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© Derechos de edición reservados.
Letrame Editorial.
www.Letrame.com
© Randy Sandí Castro
Diseño de edición: Letrame Editorial.
Maquetación: Juan Muñoz
Diseño de portada: Rubén García
Supervisión de corrección: Ana Castañeda
ISBN: 978-84-1386-613-0
Ninguna parte de esta publicación, incluido el diseño de cubierta, puede ser reproducida, almacenada o transmitida de manera alguna ni por ningún medio, ya sea electrónico, químico, mecánico, óptico, de grabación, en Internet o de fotocopia, sin permiso previo del editor o del autor.
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Para quienes perciben el mundo onírico como
una realidad mágica, enigmática y fascinadora.
Prólogo
Su mayor temor es que los sueños le revelen algo que desconoce de su personalidad, formen parte de un pasado que ha decidido olvidar o lo envuelvan en un laberinto lleno de sufrimiento.
Muchas veces, Dylan escuchó que los sueños carecen de significado alguno, que no revelan símbolos, mensajes ocultos, premoniciones ni misterios fascinantes, sino que son básicamente el procesamiento que emprende el cerebro mientras reposa, una clase de realidad en donde se reorganizan datos en relación a intereses, pensamientos, recuerdos y hasta preocupaciones del diario vivir a las que todo ser humano está sometido. Sin embargo, él no comparte este pensar. Sabe que la mayoría de los sueños tienen un origen, una razón y un alcance mucho más profundo y que pocos logran percibir, como lo es la necesidad de recordar vivencias de un pasado o de vidas anteriores, anuncios sobre sucesos futuros, una expresión de nuestras más insondables aprensiones, afanes, dudas e inclusive de nuestro mayor enemigo invisible: el ego. Por otra parte, cree que también pueden sugerirnos importantes advertencias, llevarnos a experiencias extracorporales, ser fuente de clarividencia o de discernimiento, una conexión con el Más Allá, entre otros.
Ya sea que los sueños tengan algún sentido o manifiesten una mezcla del mundo consciente con el inconsciente, es decir, de la realidad con las más arraigadas emociones, desde temprana edad Dylan mostró gran inclinación por indagar acerca del mundo onírico, decidiendo iniciar una búsqueda de respuestas pocos días después de que regresaran a él los episodios que se habían desvanecido mucho tiempo atrás, agitando en su mente sueños inusitados y continuó obsesionándose con el transcurrir del tiempo debido a que se fueron transformando en pesadillas que se prolongaron hasta el día en que logró descubrir la maraña de secretos, traiciones y mentiras que rodeaban su vida.
Al inicio de la investigación, la muerte de Sara, ocurrida tres meses antes, le resultaba ajena a toda esta situación.
1
En vida luchó para que no silenciaran sus gritos de auxilio. Ahora, donde se encuentra, el silencio es su mejor compañía.
Todo data del día 23 de agosto del 2019. Ese viernes por la noche Dylan se sumergió en un profundo sopor a pocos minutos de haberse acostado, entrando así en uno de esos característicos sueños en los que visita lugares que le proporcionan un estado de paz y tranquilidad. En ellos percibe y distingue carreteras, casas, edificaciones, paisajes, ríos e incluso sonidos y olores, pero no logra recordar dónde se encuentran o si los ha visitado físicamente, atribuyéndolo a recuerdos de su infancia o de probables vidas pasadas.
Algo muy característico de estos episodios es que no son para nada lúcidos, lo que significa no ser consciente de estar en ensueño, por lo cual no puede controlarlos. No obstante, los sitios que recorre, muchas veces repetidos, están relacionados entre sí. A pesar de que puede recordar esos detalles una vez que despierta y su memoria los evoca como escenas de una película, no le sucede lo mismo con las personas, quienes se muestran como simples rostros sin relación aparente con su vida.
Esta vez se encontraba en un pequeño pueblo en el que, aunque era la primera vez que lo visitaba, recorrió el camino empedrado de forma muy natural. En su interior conocía perfectamente hacia dónde quería o debía dirigirse, como si no fuera él quien manejaba su cuerpo sino los recuerdos de alguien más. Sentía un impulso y una necesidad de buscar algo o más bien a alguien. Claramente tenía la sensación de que precisaban de su ayuda o de que le reclamaban algo. Fue así como llegó a una vivienda humilde, alejada del pueblo y cercada por un absoluto silencio.
Era una casa lúgubre, sencilla y solitaria, con un armazón de madera marcado por los embates del tiempo. La espesa neblina a su paso le daba un aspecto muy misterioso. Dylan sentía que algo ajeno a sí mismo lo invitaba a entrar a los aposentos de ese hogar, pero al intentar ingresar, unos gritos de desesperación pidiendo ayuda hicieron que se despertara inmediatamente.
La voz le resultó conocida…
El resto de la madrugada se convirtió en vigilia. Quiso sacar de sí el sentimiento abrumador de desconsuelo que le dejó lo sucedido y que lo carcomía por dentro, pero por más que lo deseó, fue en vano.
Las horas completas de su día las contempló en su cuarto intentando darle un sentido a lo que había soñado, anhelando entender por qué la voz que escuchó le seguía haciendo eco en su mente o por lo menos recordar de dónde conocía ese lugar, ya que tenía la corazonada de que algo desconocido por él trataba de darle indicaciones.
Transcurría el tiempo en las manecillas del reloj hasta dar la bienvenida a la noche y, con ella como acompañante, un creciente pavor a la oscuridad, a dormir y sufrir otro incidente, pero por más que lo evitó, pasada la media noche su agotamiento hizo de las suyas y se durmió con el televisor encendido.
Al ser las 3:15 a.m. despertó de forma súbita, sintiendo un pánico extremo, claramente hiperventilado y con una frecuencia cardiaca alterada, sin ser consciente del porqué de esta reacción. En su cabeza solo retumbaba el ruido extraño de una ventana haciéndose añicos, sin distinguir de dónde provino, pero lo que más lo desconcertó es que tenía en su mente el nombre de Angie, sin tener la menor idea de qué lo pudo causar. Creyó que a lo mejor lo había escuchado de la tele mientras dormía.
Dylan sufrió de lo que se conoce como terror nocturno, trastorno del sueño en el cual la persona se despierta de forma repentina, sin ser muchas veces consciente, por algunos segundos o minutos, de su entorno. Agregado a esto, es difícil recordar detalles de lo soñado al despertar.
Ese día pasó sin contratiempos, ya que decidió ocupar sus horas realizando la planeación semanal de su trabajo. Procuraba no pensar en el dormir cuando se topara con la noche, pero volvió a ser vencido por el cansancio.
Al despertar, agradeció no haber tenido ningún incidente como los anteriores. Sin embargo, tenía claro que debía darse a la tarea de investigar todo lo relacionado con el enigmático y fascinador mundo de los sueños, y así lo hizo, pero al encontrar tanta información y al estar aún invadido por un temor inexplicable decidió pedir ayuda, consultando con la profesora de psicología del lugar en el que trabaja, quien se mostró muy interesada cuando le mencionó el motivo de su visita y al verlo tan agobiado lo citó al terminar el horario laboral.
Dylan Sandí, un joven docente de Historia de veintitrés años, tranquilo y dedicado, intentó esperar con paciencia, pero el deseo de respuestas lo llevó a contarle todo a Vicky, su gran amiga y colega. Antes de siquiera empezar a comentarle lo sucedido, esta inició el interrogatorio.
—¿Qué te sucede? —dijo la joven en tono de burla—. Te veo como una cabra loca. —E intentó sonreír, pero al ver que Dylan no respondió como habitualmente lo hace cuando utilizan esa frase, su actitud cambió, sentándose junto a él para escucharlo atentamente.
Dylan la observa mientras ella le lanza miradas, intentando descubrir qué es lo que mantiene a su amigo tan inquieto.
—Tú sabes que te conozco muy bien —continuó expresando Vicky—. Te noto muy angustiado.
—También te conozco perfectamente y sé que cuando te lo cuente vas a burlarte de mí —respondió Dylan—. Prométeme que, a pesar de que todo te parezca ridículo o carente de importancia, podré contar con tu apoyo.
—Listo —dijo Vicky mostrando una postura más seria.
—No he podido conciliar bien el sueño estas últimas noches —inició contándole Dylan— y tengo demasiado miedo de hacerlo hoy.
—Pero si tú duermes como un oso, no importa si es de día, noche, si hace frío o calor, si hay un bullicio o no. —La joven mostró cierto desconcierto—. ¡Debe ser serio! —se dijo a sí misma.
Dylan permaneció en silencio por unos segundos mientras encontraba las palabras adecuadas para expresarle lo que sentía, debido a que ni él lograba entenderlo.
—He tenido algunas experiencias que, si bien no han sido muy intensas, no logro comprender por qué causaron en mí tanto miedo —comentó de forma vacilante y nerviosa.
—Cuéntame desde el inicio para poder entenderte —respondió Vicky un tanto más accesible.
—El viernes soñé que estaba en un lugar de un aire muy familiar y de pronto llegué a una casa, algo que no puedo explicar me guio hacia allí, pero al irme acercando y arribar al portón escuché unos gritos suplicantes de una mujer pidiendo o pidiéndome ayuda. —Hizo una pausa para ver la reacción de su amiga y continuó—. Inmediatamente me desperté y me invadía un fuerte sentimiento de desesperación y angustia, no tanto por sus gritos sino más bien a que esa voz me resultó, además de conocida, exasperada, pero cada vez que la recuerdo no puedo relacionarla con nadie cercano a mí. Este sentir se hizo más intenso el sábado, no sé exactamente lo que soñé, pero debió de ser traumático, ya que me desperté de golpe y con los nervios de punta.
—Eso te pasa por estar pegado a esas series, al montón de películas y documentales que ves y por si fuera poco los libros y cuanto más relacionado con terror, misterio, suspenso y asesinatos —respondió Vicky, queriendo mostrar su sentido cómico de la vida e intentando no reír—. Recuerda la vez que estábamos en tu casa, tocaron la puerta y te sobresaltaste, como si alguien que viniera a hacerte daño se tomaría la molestia de anunciarse. O cuando íbamos caminando y viste aquella bolsa negra en el lote baldío, lo primero que se te vino a la mente era que había un cadáver, todo eso que pasas viendo te tiene psicótico, son manifestaciones de tu subconsciente.
Ese comentario le resultó razonable a Dylan y terminó por sacarle una sonrisa. Vicky le propuso que despejara la mente haciendo cosas diferentes, sugiriéndole que salieran tras el trabajo a por un helado.
Las horas transcurrían lección tras lección, tema tras tema y si bien esa plática le sirvió para relajarse un poco, un mensaje de su madre lo alteró nuevamente.
Ma
Lunes, 26 de agosto de 2019
Hola, ¿cómo estás?
No sabía si preguntarte ya que estos últimos días te noté raro.
En la madrugada te escuché como sollozando.
Oí que repetías el nombre de Angie.
¿Todo bien? Te quiero. 10:53 a.m.
10:56 a.m. Hola, ma. Sí, todo está bien.
A lo mejor fue una pesadilla sin sentido o algo por el estilo.
La verdad no lo recuerdo.
Sabes que puedes contar conmigo.
Puedes decirme lo que sea. 10:56 a.m.
11:01 a.m. Muchas gracias, te amo.
La conversación con Paula, la profesora de psicología, se volvió ahora más necesaria. Antes de lanzarse a dicha plática, ella le expresó que tuviera la completa libertad de decirle todo lo que sintiera, que no lo tomara como una consulta de especialista a paciente, ya que ella sería una figura de apoyo que lo aconsejaría, pero que si concluía que había una verdadera necesidad de ayuda profesional se lo haría saber para que la buscara, debido a que se recomienda que un psicólogo no trate a una amistad o un familiar.
Teniendo esto claro, Dylan habló durante unos cinco minutos mientras ella lo escuchaba atentamente.
—Muy sugestivo —dijo Paula, mostrándose interesada—. Parte de los sueños toman como base nuestras actividades cotidianas y preocupaciones que invaden la mente, por lo general dando como resultado sueños a menudo inverosímiles y cargados de emociones —agregó la profesora.
Ambos se mantuvieron por un transcurso de casi media hora hablando de la situación, lapso en el cual el semblante de Dylan fue cambiando.
—Siento, además de angustia y temor, una gran culpa —dijo Dylan haciendo un ademán de desconcierto—, pero no sé la causa o la circunstancia que lo provoca.
—Puede ser el reclamo para la resolución de un conflicto o quizás una duda, la necesidad del perdón de alguna persona cercana o un deseo reprimido —dijo Paula, mientras observaba que llegaba la buseta que transporta a los profesores hacia sus hogares—. Para poder dar una evaluación se necesitaría de más sesiones, por eso te recomiendo que si estos episodios siguen, busques ayuda experta. Muchos de estos sueños suelen transferirse a nuestro diario vivir, en el sentido de que cobran factura tanto anímica como mentalmente.
Dylan le agradeció a su amiga por haberse tomado el tiempo de atender sus inquietudes y con un afectivo abrazo se despidieron.
Esa noche y por varios días más no tuvo sueños de este tipo, lo que hizo que se sintiera un poco aliviado. Tanto la conversación con Vicky como la de Paula en cierta medida ayudaron a calmar y acallar todo ese remolino de sentimientos que lo invadían.
Hasta que semanas después, todo comenzó a salirse de control. Ella empezó a visitarlo por las noches.
2
Lo visitó en una noche fría. Estaba impregnada de nostalgia, melancolía y soledad. Le dejó su alma en pena. Irónico, pues ella es un espíritu errante que vaga sin consuelo.
Pasadas dos semanas, Dylan había recuperado su estado de ánimo e incluso su sentido del humor, pero sus miedos reaparecieron y se agudizaron a mediados de septiembre. El trece de ese mes, tras su participación en ciertas actividades patrióticas en su centro educativo, llegó a su casa, tomó una ligera ducha y se acostó, ya que a la mañana siguiente debía asistir al desfile en conmemoración a la independencia de su país.
Cuando por fin emprendió su viaje al mundo nocturno, la alerta de una extraña presencia en su cuarto lo invadió, compañía que más que miedo le generaba melancolía. Dylan se encontraba consciente auditiva y táctilmente, siendo incapaz de moverse o suscitar palabra alguna, lo que le provocó mucha zozobra y un efecto de vulnerabilidad e indefensión, pero a la vez, tenía el presentimiento de que esa entidad que percibía no quería hacerle daño.
Indudablemente, se encontraba sufriendo un episodio conocido como la parálisis del sueño, el cual es una incapacidad breve para realizar cualquier tipo de movimiento voluntario y está clasificado, según expertos, dentro de los trastornos del sueño en el grupo de las parasomnias. Muchas veces, esto se manifiesta junto con alucinaciones e incluso se pueden divisar sombras, ocasionando una sensación de gran angustia por un periodo de unos pocos minutos. La desesperación se acrecienta, ya que el individuo desea interrumpir el episodio o rogar por ayuda, pero le es imposible hasta que el trastorno decide abandonarlo.
En su caso, constantemente se le habían presentado como experiencias muy intensas donde alucinaba con frecuencias fuera de lo normal; voces, radios encendidos, y en ciertos momentos llegó a escuchar que le tocaban las ventanas y le gritaban cosas. Si bien nunca avistó figuras, como lo reportan muchos que la sufren, advertía cuerpos extraños que se acostaban a su lado.
Por mucho tiempo, los incidentes de este tipo se esfumaron como el humo de un pitillo en el aire, pero retornaron esa oscura y desolada noche, cuando aquella presencia deseosa de ejecutar otros planes se aproximó lentamente, susurrándole al oído: «Trata de recordarlo, debes hacerlo. Ella depende de ti; nosotras te necesitamos, pero ella se encuentra sola. Disculpa que irrumpí sin aviso ni permiso, era vital. Ya tengo que marcharme, por tu bien no debo estar acá».
Esta vez la voz hizo un clic en su mente. Era la de Sara y no fue un grito de desesperación sino un mensaje de súplica.
Dylan estaba acostumbrado a estos eventos. Anteriormente personas que quiso mucho lo visitaron después de morir. Su prima Katherine, con quien pasó la mayor parte de su infancia y pereció diez años atrás, se decidió a visitarlo con mayor asiduidad. Él es una persona muy propensa a ese tipo de fenómenos y los «sueños de visitas» formaban parte de ello. Jamás sintió miedo debido a que sus interacciones fueron para darle consejos, algún mensaje o advertencias, por lo cual acogió ese don como algo positivo. Asimismo, casi nunca se siente solo, hay una presencia que lo acompaña y fija su mirada en él, no resultando para nada desagradable o peligrosa, sino abrumadora.
La persona que le podía ayudar para empezar a entender todo era Bryan, su hermano mayor, debido a que fue un gran amigo de Sara, hasta que unas semanas antes del encuentro de ella cara a cara con el más allá, sin razón aparente, se distanciaron bastante. Pensó que si conversaba con él, este le podría asesorar o al menos propiciarle información importante, aunque no sería una tarea sencilla. Esperó el albor para escribirle.
Bry
Sábado, 14 de septiembre de 2019
07:42 a.m. Hola, hermano, ¿cómo estás?
Hola. Muy bien, acá con mucho trabajo, ¿tú? 07:53 a.m.
07:55 a.m. Bien. Tengo que preguntarte algo, pero es mejor personalmente.
¿Puedo pasar en la tarde a visitarte?
Mejor mañana que tengo libre.
¿Te parece temprano a las 9? 07:55 a.m.
08:08 a.m. Sí, claro, hace mucho no nos vemos…
Los lazos con su hermano mayor siempre fueron muy estrechos, pero desde que Bryan se había mudado a su propio apartamento, el tiempo en que logran coincidir es poco.
Daniela, vecina de Dylan, excompañera de trabajo y otra gran amiga, abriría el tema a nuevas posibilidades. No dudó en visitarla tras finalizar el desfile, siempre ha sido su cómplice y una gran aliada. Ellos comparten el mismo punto de vista sobre los temas esotéricos.
Le contó detalladamente todo lo acontecido en esas últimas semanas.
—Creo que no se trata de que Sara esté buscando el perdón de su familia o de que sea un mensaje de rencor o culpa por la forma en que terminó con su vida —planteó Daniela.
—Exactamente eso creo —agregó Dylan—. A mí me sonó más a una advertencia de un peligro real e inminente.
—Además, me parece que pretende buscar ayuda. Ahora puede estar perdida o atrapada en su viaje al Más Allá, algo le habrá quedado inconcluso o precisamente por ese peligro que tú mencionas, no ha querido trascender.
—Yo tengo dando vueltas en la cabeza los gritos de auxilio y sé que no es la misma voz que la de Sara. O sea, el mensaje de ella fue muy claro y conciso, y pude reconocer su dicción fácilmente, pero con ese clamor de desesperación no sucede lo mismo y me resultan cada vez más lejanos.
—¿No crees que se deba a viajes astrales o a una posible correlación de tu sueño con el de otra persona? —preguntó Daniela.
—Tendría mucho sentido —expresó Dylan en tono reflexivo—. No era yo quien dominaba mi cuerpo —agregó aún más pensativo—. Por lo general, cuando sueño con lugares, estos me parecen familiares, como de mi infancia, pero esta vez resultó ser un sitio nuevo, conocido para la persona que me guiaba. Es difícil de explicar, como si me condujera hacia esa casa valiéndose de sus recuerdos.
—Entonces debes volver a soñar para esperar recibir más pistas —expresó Daniela entre risas.
—Comúnmente la parálisis del sueño llega a mí cuando llevo muchas horas sin descansar o si duermo boca arriba —miró Dylan a Daniela con una mirada de complicidad—. Pero son episodios tan traumáticos e intensos que no sé si buscarlos voluntariamente sea muy inteligente.
—¿Por qué no tratas de describirle ese lugar o la casa a tu familia? Podrían ser de tu antiguo pueblo —propuso Daniela—. A lo mejor ellos logran reconocer algo.
—Aunque lo hicieran no creo que me lo digan. Desde que nos mudamos, hace quince años, las conversaciones sobre esa época quedaron enterradas y yo no recuerdo nada. Fue en el 2004, cuando tenía ocho años, que nos trasladamos para acá —respondió Dylan.
—Nunca has tratado de preguntarles al respecto —insistió Daniela.
—Sí, pero rehúyen al tema. Mañana iré donde Bryan para tratar de obtener información.
—Te has preguntado si habrá algo que te ocultan o si has bloqueado algún hecho que sucedió en ese tiempo que vivieron allá —prosiguió Daniela.
—Claro que sí, y de hecho sé que es así. Siempre me ha parecido extraño que mis padres se hayan alejado incluso de mi familia que reside allí, no hay relación alguna con mi tío y mis primos. Me resultó más insólito que semanas después la familia de Sara también se mudara. Estoy seguro de que el año 2004 es clave.
—Todo me parece inusual. El mensaje que te dejó Sara pidiéndote que recuerdes algo es sorprendente.
—El día de su funeral, mis familiares no estuvieron en la vela. Ni siquiera César, mi primo mayor, quien fue por mucho tiempo novio de Sara. Siempre me pareció que, a pesar de que ellos eran pareja y de que mi hermano y él eran los mejores amigos, Bryan se encontraba enamorado de ella y continúa queriéndola hasta el día de hoy, a pesar del suicidio, otro tema que me genera aún más dudas —reveló Dylan—. El que haya acabado con su vida es muy difícil de creer.
—Yo no sé mucho del asunto de Sara, solo lo que me has contado. Además, nunca llegué a conocerla, así que no puedo opinar al respecto —explicó Daniela—. Por otra parte, ¿no te gustaría tener algún tipo de relación con tus familiares?
—Aunque no recuerdo mucho a mi tío Rodrigo, siempre me resultó algo extraño y me generaba desconfianza y miedo. Su esposa, Carmen, murió un año antes de que nosotros nos mudáramos. Yo tenía siete años, así que mis recuerdos sobre ella son efímeros. Wendy, mi prima menor, tendría alrededor de dos años, era una bebé, pero a César y sobre todo a Nicolás sí llegué a extrañarlos por mucho tiempo. Nico y yo pasábamos jugando y haciendo travesuras. Yo me quedaba a dormir muchas veces donde ellos o él se venía a mi casa. Igual lo hacían Bryan y César. Recuerdo a Nico con mucho cariño —respondió Dylan con voz quebrada.
—Por lo que dices, Carmen murió dejando a Wendy muy pequeña. Debió de ser difícil para tu tío y tus primos —dijo Daniela.
—La verdad, nada de la muerte de ella resuena en mi memoria, ni del cómo crio mi tío a mis tres primos sin contar con una figura materna. Imagino que debió de tener ayuda de algún familiar. Lo que sí puedo afirmar es que toda esa situación lo endureció más.
—¿Y tu hermana qué dice de todo esto? Ella era unos años mayor que tú cuando decidieron hacer la mudanza para acá, quizás recuerda algo.
—Sofi es muy reservada, siempre lo ha sido, y si le cuento sobre esto creo que irá a decírselo a mis padres. Prefiero dejarla como última fuente de información —indicó Dylan sonriendo.
—¿Por qué no nos vamos a dar una vuelta el otro fin de semana a ese pueblo? Quizá puedas recordar cosas y hasta demos con esa casa misteriosa —dijo Daniela entusiasmada.
—Me parece una excelente idea —contestó Dylan con voz exaltada por la emoción—. Siempre he querido regresar, pero jamás he tenido el valor.
Antes de despedirse, Daniela le prometió a su amigo que investigaría y trataría de interpretar todo lo que le contó. Por su parte, Dylan le dijo que no comentara nada a nadie, ya que no quería que llegara a oídos de su madre.
Esa noche la pasó viendo series y documentales que lo mantuvieran despierto, pero alejado de los temas del misterio, suspense y todo aquello que le recordara los episodios anteriores. Cerca de la 1:00 a.m. se fue quedando dormido y, minutos después, se vio inmerso nuevamente en un ensueño.
En esta ocasión se encontraba dentro de una vivienda. Intentó salir de ella, ya que un ambiente pesado lo oprimía, pero sintió una mano en su cuello y escuchó la voz penetrante de Sara:«Ella sabe que tú la viste, por eso ha estado observándote». Dylan despertó bruscamente y lleno de ansiedad buscando a alguien más en su cuarto.
La residencia en la que se situaba le resultó muy familiar y la misiva esta vez le hizo recordar a muchas de las visitas que años atrás le hacía con frecuencia su prima Katherine, en las cuales le objetaba:«Ella se encuentra a tu lado, siempre está observándote». Pensó que era un tipo de consejo, ya que no lo relacionaba con nada misterioso o paranormal. Al poco tiempo, sintió un cansancio desmesurado y sus ojos se cerraron nuevamente, hasta que el despertador hizo su zumbido y le despertó a las 6:15 a.m., levantándose con gran agitación a causa del encuentro con su hermano.
Al ser las 9:23 a.m. Dylan llega al apartamento de Bryan. Durante todo el camino pensó en qué preguntarle referente a la etapa de niñez de ambos y la manera de indagar acerca de Sara, ya que sabía que no eran temas fáciles de tratar, sobre todo lo del suicidio.
Después de desayunar juntos y de charlar sobre temas de poca importancia, Dylan decidió iniciar el interrogatorio de forma directa.
—Hay cosas de nuestra infancia que necesito saber. Sé que nunca has querido hablar de ello, pero no entiendo el porqué. Solo viví ahí ocho años, pero tú diecisiete, así que debes de recordar más que yo. —Tomó aire y continuó—. Quiero saber por qué nos mudamos y sobre todo la causa del alejamiento de tío y de los primos. Tú, César y Sara eran inseparables, al igual que Nico y yo, pero a ti no te afectó como a mí. Es más, hasta creo que le sacaste provecho, ya que eso te acercó más a ella. En casa jamás se tocó de nuevo el tema, por lo cual mis recuerdos se desvanecieron poco a poco e intenté llenar ese vacío con nuevas experiencias y amistades, pero para ti todo fue tan fácil de llevar —objetó Dylan.
—Sabes que ese es un tema que no te incumbe, fueron problemas de adultos en medio de los cuales nosotros quedamos envueltos. Además, yo no soy tan sentimental como tú —respondió Bryan en un tono de voz molesto.
—Entonces, ¿por qué semanas después la familia de Sara también dejó ese lugar?
—¿Qué tiene que ver eso con nosotros? Sus motivos debieron de haber tenido.
Dylan siguió empecinado. Sabía que el 2004 significó un cambio radical en su vida familiar, por lo que a toda costa quería respuestas, pero ante las evasivas de su hermano decidió introducir el tema de Sara.
—Siempre me han dejado muy en claro que ese asunto es intocable. Recuerdo que cuando quería ir a visitar a Nico obtenía un no rotundo, pero como tú dices, sus motivos deben tener nuestros padres. Por cierto, ¿qué sabes de las pesquisas sobre el caso de Sara?
—Michelle, su hermana, me dijo que todavía hay muchas inconsistencias en cuanto al suicidio, pero la policía ha considerado esa hipótesis y hay muy poco que hacer. Ella no quiere que se cierre la investigación.
—Sé que tú y Sara siempre fueron grandes amigos y a pesar de que se distanciaron hace poco, ¿cómo te sientes?
—Ahora también me vas preguntar por qué nos alejamos ella y yo.
—Te noto muy a la defensiva —expresó Dylan.
—¿Cómo quieres que te responda? Tenemos casi un mes de no vernos y la única razón por la que vienes a visitarme es para hacerme preguntas absurdas —soltó Bryan.
Dylan no sabía si contar lo de los sueños; resultan muy difíciles de creer y más para su hermano, que es muy escéptico con esas manías, pero antes de referirse al tema fue él quien continuó con el interrogatorio.
—No me digas que todo esto se debe a que volvieron esos sueños en los que te visitan muertos —preguntó de forma burlesca—. ¿Ahora se trata de Sara?
—¿Por qué lo dices? —cuestionó Dylan de forma, más que molesta, sorprendida.
—Mamá me contó que has estado muy raro estas últimas semanas y que te ha escuchado en las madrugadas hablando dormido. Yo recuerdo muy bien esos episodios, los tuve que vivir muchas noches.
—Sé que esto te resulta chistoso y crees que son solo majaderías mías, pero es real. No sé si son fantasmas o recuerdos que se aparecen como imágenes o espectros del pasado, que surgen para llamar mi atención sobre algo que debo soltar, recordar o hasta indagar. No estoy loco —respondió ahora un poco molesto.
—Por eso estás acá, ¿verdad? Dime exactamente qué quieres saber de Sara o qué extraño mensaje te ha dejado ella —dijo Bryan con un tono de voz sarcástico.
—Dejémoslo así. Siempre te ha parecido que yo me invento esas historias y no quiero afectarte, ya que su muerte es aún reciente.
—¿Ahora me vas a dejar con la intriga? Cuéntame —insistió Bryan.
—Las veces que la he encontrado en mis sueños me ha hecho sentir la necesidad de recordar algo y que de ello depende alguien. No sé, suena extraño, pero creo que debo recordar algún o algunos sucesos del pasado, ya que también he soñado con un pueblo y una casa que posiblemente se ligan con esa época de nuestra vida —respondió Dylan.
—¿Crees que lo del suicidio tenga algo que ver? —agregó Bryan mostrándose ahora interesado en el embrollo.
—Sinceramente no lo he pensado mucho, pero puede ser. Entiendo que este asunto nos une con el pasado. Tengo la impresión de que Sara quiere que resuelva algo, por eso vine hoy para poder obtener algún dato relevante. ¿Ella no te dijo nada?
—No. Aunque todo esto me parezca un poco ilógico, ya que tú sabes que no creo en fantasmas ni en supersticiones, siento mucho no poder ayudarte. Veo que esto realmente te preocupa y afecta. Cuentas con mi apoyo para lo que necesites y si descubres algo no dudes en mantenerme informado, soy bueno escuchando. Prometo no burlarme y tener una mente más abierta. Trataré de recordar cualquier cosa que te pueda servir.
—Sería de mucha ayuda.
Dylan sabía que en esa visita terminaría obteniendo muy poca información. Igualmente, sintió en cierta forma que el comportamiento de su hermano era comprensible, así que abandonó el tema y pasó el resto de la mañana disfrutando del tiempo junto a él. También supo que la única forma de buscar más datos era por medio de los sueños, ya que hasta el sábado no iría a su antiguo pueblo, pero para eso faltaba mucho y la necesidad de respuestas lo ahogaba.
Fue así como poco a poco los encuentros con Sara, durante los siguientes días, le fueron dejando el alma rota.
3
Ella no es un demonio, tampoco un alma condenada a un constante martirio, se había convertido en una sombra errante hambrienta de justicia, haciendo todo lo que estaba en sus manos para aliviar su tormento.
Asomó la noche como de costumbre y Dylan consideró inducirse la parálisis del sueño. Pero a pesar de que sus ganas por menoscabar el secreto que lo conecta con el mundo espiritual eran enormes, el miedo a ese trastorno era superior.
