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Oliver Kross es un joven común y corriente de la modernidad, al que se le otorgó el título del Guardián. De esta forma, es el primero de millones en enfrentarse al despertar de un mal antiguo que ya se había dado por olvidado. Junto a los aliados que conseguirá durante sus viajes, peleará en nombre de la vida y de todos los seres vivientes de todos los mundos. Sin embargo, ¿estará listo para saber el peso que implica llevar consigo aquel nombre? ¿Podrá vencer los peligros que enfrentará o descubrirá que hay más detrás de este despertar? En esta primera novela de una saga naciente, te invito a que leas y revivas la historia del Guardián más famoso de la historia. ¿Estás preparado para vivir la aventura de tu vida?
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Seitenzahl: 583
Veröffentlichungsjahr: 2022
Producción editorial: Tinta Libre Ediciones
Córdoba, Argentina
Coordinación editorial: Gastón Barrionuevo
Diseño de tapa: Departamento de Arte Tinta Libre Ediciones. María Magdalena Gomez.
Diseño de interior: Departamento de Arte Tinta Libre Ediciones.
Miranda Martínez, Ignacio
Guardián / Ignacio Miranda Martínez. - 1a ed - Córdoba : Tinta Libre, 2021.
420 p. ; 21 x 15 cm.
ISBN 978-987-817-002-2
1. Novelas. 2. Novelas Fantásticas. 3. Novelas de Aventuras. I. Título.
CDD A863
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Impreso en Argentina - Printed in Argentina
© 2022. Miranda Martínez, Ignacio
© 2022. Tinta Libre Ediciones
GuardiánLibro I Tomo I
Ignacio Miranda Martínez
PRÓLOGO
En una Tierra idéntica a la nuestra, pero sin que seamos parte de ella, se encuentra un joven soñador, con esperanzas de que algún día lo adoptasen para poder salir del orfanato, en el cual ya había pasado diez años de su vida. El nombre de este soñador es Lucius, un niño que cree en la fantasía más inocente de que vendrían alguna vez a adoptarlo o que sus padres biológicos volverían, ya que una vez la directora del orfanatorio Santa María le había relatado la historia de cómo llegó a sus manos.
Un joven de tez común, con el cabello levemente largo y siempre mal cuidado, teniéndolo siempre hecho un disparate. Tanto su cabello como sus ojos son completamente negros, llegando a medir por el momento un metro con cuatro centímetros con tan solo tener siete años de edad por el momento. Su complejo no es nada de otro mundo, siendo levemente rellenito como cualquier otro niño en su etapa de crecimiento, pero presentando uno que otro rasguño, moretón y cicatriz en sus brazos y piernas por siempre estar jugando y lastimarse accidentalmente.
En una fría noche de septiembre, el cielo lloraba como nunca antes, los relámpagos danzan entre las nubes, festejando el acontecimiento a suceder. La directora Evangelina estaba a cargo de proteger a los niños que se espantan con las danzas de los relámpagos, provocando gritos de miedo y pánico, ella con tan solo dos empleadas hacían lo que podían para calmar a los niños. En medio de esa tormenta estaba yo: mis padres fueron a la puerta del orfanatorio, me dejaron en un cesto con el mismo tamaño mío y tocaron la puerta, para luego escapar… Dicen que escucharon varias veces el sonido de la puerta crujir, exigiendo presencia de los superiores, pero ellas ignoraron su petición ya que cuidar a los niños que estaban a cargo ellas. Al pasar la tormenta, la directora Evangelina examinó los daños que pudo haber causado la terrible tormenta, dejando como último la entrada principal para examinar, pero ¡vaya sorpresa!: estaba yo aún, un bebé que había llorado toda la noche, pero que sobrevivió a la tormenta solo y con tan solo una galería exterior que protegía la entrada desde la vereda hasta las puertas del orfanatorio. Evangelina me llevó adentro y me cuidó como a uno de sus tantos ‘hijos e hijas’ como ella nos llama.
Así es como nací yo; me gusta considerarlo de esa manera, porque nunca entenderé a aquellos padres que dejan a sus hijos. Juré ese día que, cuando tuviera hijos, estaría de su lado, que jamás me iría de ellos y los protegería con mi vida… como mis padres nunca hicieron.
Se puede considerar que estoy relatando mi historia, así que prosigo a los años siguientes. Al paso del tiempo crecí y aprendí lo básico para poder estar dentro de la sociedad del orfanatorio, la cual está dividida entre los chicos que salen por las noches, los peligrosos, los mayores y los que son callados, entre otros grupos. Pero sentía que no pertenecía a ninguno, no porque no se me dé la oportunidad de estar con ellos, sino porque me sentía amado de alguna manera, de que alguien me cuidaba tras mi espalda y que me quería como a su hijo, siempre tuve la misma sensación para poder seguir en el camino que estoy.
En esos tiempos me llamaban ‘Canasta’, por el simple hecho de que a los más jóvenes los llaman así, pero cuando cumplí los siete años, Evangelina me citó para hacer el papeleo oficial y poner mi nombre, con otros datos, en una libreta, a la que llaman “documento”. Pero no me lo entregó, solo sé que se lo quedó ella con el resto de papeles en una caja gris y dentro de su enorme escritorio de madera. Evangelina es una mujer extremadamente dulce, con el cabello medio canoso a pesar de que siga siendo muy joven, teniendo su cara uno que otro grano por su descuido personal por atender a los huérfanos y no dándole tiempo de poder arreglarse para salir, arreglándose con lo que tiene y decidiendo vivir con ellos para que no se sintiesen solos. Ella tiene treinta y ocho años de edad y mide un metro con sesenta y dos con mucha suerte, pero siempre me pareció muy alta.
Al no relacionarme con los demás niños del orfanatorio, quedé solo. Jugaba solo, comía solo, no hablaba con nadie y nadie se me acercaba, solo cuando estaba tranquilo y se desconcentraban las empleadas, corría hasta el patio del orfanato que daba directamente a un bosque muy pequeño, o así lo identifiqué yo toda mi vida. Me quedaba ahí un par de horas para examinar la naturaleza del lugar, jamás me aburría de ver a las aves, hormigas, entre otros pequeños animales de la zona. Incluso tenía un secreto: un perro muy viejo, cubierto de pelos canosos y con manchas negras, de un gran hocico largo y con dientes tan filosos como para desgarrarme el brazo de un solo tirón. Él siempre se encuentra encadenado en el medio de un círculo de tierra, dándole directamente el sol, provocando que lentamente sufriera una agonizante muerte, teniendo varias cicatrices y tajos expuestos que no terminan de sanar, siendo una verdadera tortura para el pobre perro. Todos los días me escapo para poder protegerlo con sombra y llevar agua y comida de mis almuerzos y cenas para darle a él, pero jamás me acerqué, ya que este al estar encadenado, pienso que valora esa cadena con mucho aprecio, ya que cada vez que me acerco tiene la intención de morderme para protegerla, pero de igual manera lo cuido, de hecho, lo nombré Bullter por cariño.
Cuando cumplí los nueve años exactamente, entre tantos nuevos huérfanos que vinieron, cayeron las pesadillas de Elías, José y Antonio, chicos peores que todos los chicos malos del orfanato juntos, llegando a ser peligrosos en todos los sentidos, ya que Elías consiguió una navaja precaria que había hecho entre todos sus viajes nocturnos, siendo el mayor de todos los menores al tener tan solo doce años, mientras que sus amigos tienen diez. Nadie se metía con ellos e intentaban zafar cuando hablaban con ellos, claro que yo no me salvé, siempre me molestaban cada vez que podían, pero todo cambió cuando apareció ella aquel día.
Entre todas las niñas que vinieron al orfanato, hay una niña pelirroja, pálida, la cual resalta entre todas las niñas ingresantes, pero ella solamente me vio a mí cuando ingresó al orfanatorio, yo no entendí el porqué de dicha acción. Tal vez le caía mal la gente como yo, hasta que me di cuenta de que a ella también le llamaba la atención. Aún recuerdo ese día cuando la hablé por primera vez o, más bien, ella me hablo a mí.
Estaba siendo pateado por Elías desde el suelo, mientras José y Antonio custodiaban la entrada de mi habitación. Me golpeaba únicamente por haber tomado el último postre que le encanta de la cocina, el cual era mío por orden de fila. En ello, escucho que José y Antonio son empujados por una quinta persona y esta saca a Elías por encima de mí.
—¡Déjenlo en paz!
—¡¿O qué, Bianca?! No me digas que te gusta este chico —dice Elías, incitándola a pelear.
—No debo pelear contra alguien que me da pena, lárgate de acá.
Elías se sintió amenazado, sacó de su bolsillo la famosa navaja corta y gastada que tanto temíamos en el orfanato, pero antes de poder tocar un solo mechón de cabello pelirrojo de Bianca, Antonio les grita bajo a todos dentro de la habitación.
—¡Ahí viene la directora!
Elías guarda en su bolsillo la navaja que tanto aprecia y actúa preocupado por mí, intentando zafar del daño que me provocó, mientras que yo debía seguir su juego para que no se vuelva algo personal.
—¿Qué pasó acá? —pregunta sorprendida Evangelina.
Bianca tuvo que mentir para que no se volviera personal contra nosotros. Diciendo la mentira que me caí de la cama y escucharon ellos al estar en el mismo pasillo, llevándome a la camilla del salón médico del orfanato para que descansara. Tal cual dijeron la mentira, Evangelina controló que verdaderamente actuaran según sus palabras, siendo que Bianca y Elías me llevaron hasta el centro médico del orfanatorio, pero al momento de irse Evangelina, cita a los tres brabucones para que la ayuden en una tarea más, en la cual necesita unas manos para lograr terminarla para el día de hoy, salvándonos a mí y Bianca de una pelea la cual no podíamos ganar bajo estas circunstancias.
—¿Cómo estás? —pregunta Bianca.
—Nunca estuve tan lastimado como hoy, pero creo que me recuperaré.
—En el mundo que vivimos debemos ser fuertes para sobrevivir. Lo entiendes, ¿cierto?
—Solo… me gustaría que hubiese un poco más de paz en esta vida… ¿Sería tanto pedir? —pregunté, confundido.
Ella me sonrió, pero sus ojos se quedaron brillando al frente mío, como si de alguna manera me hiciera recuperarme asombrosamente. En aquel momento, empezó a florecer una bella amistad entre nosotros. Bianca y yo nos consideramos amigos, le mostré el mundo en el que vivía, asombrándose de todo. Me dio nuevos conocimientos, ayudándome a que Bullter se librase de su cadena y corriera hacia su libertad, a hacerme feliz, entre otras aventuras que vivimos juntos, pero cada vez que pasaba el tiempo, sentía como de a poco nuestra amistad se transformaba para ser algo aún más fuerte.
Creo que sabiendo todo esto, les comento que hoy, seis de septiembre cumplo mis diez años y que me llegó la hermosa noticia de que hoy me adoptaría una familia, por fin saldría de este orfanatorio, pero el hecho de despedirme de Bianca creo que sería lo más difícil que habría hecho en estos próximos diez años. Pero también comenzaría esta historia, la historia que definiría toda mi vida a partir de una sola decisión. Así que comenzaré de nuevo: mi nombre es Lucius Miranda Martínez y esta es mi historia.
El día está claro, con pocas nubes y muy claras, siendo esos típicos días de película donde creerías que el momento jamás llegaría y aquí yace nuestro protagonista, cumpliendo sus diez años y estando preparado para ser adoptado el día de hoy. Al levantarse, sale disparado de la cama y empieza a guardar todas sus pertenencias. Tales recuerdos como la cadena de Bullter, el diente que se le cayó en la pelea de la cena que tuvo con Elías y todos los del orfanato. Abre las ventanas de su habitación y respira un nuevo día, con el sol resplandeciendo en toda su cara, junto al canto de las aves pasando por el orfanato despertando a todos los huérfanos.
Al estar listo, sabe que dentro de unas horas lo iría a recoger su familia para llevárselo, pero se despertó a las once y media, quedándole muy poco tiempo para ir a hablar con su única amiga, Bianca.
Sale de la habitación como un rayo, corriendo por el pasillo con enormes ventanas que dan el amanecer para todos, alguno de los huérfanos lo saludan por su cumpleaños, agradeciendo Lucius mientras corre. Baja las escaleras con prisa, intentando averiguar dónde está Bianca, pero en ello, un hombre de cabello claro brillante, tez similar a la suya y bastante bien presentable por tener consigo un traje gris con corbata roja y de buen carácter pasa al lado de Lucius. Este lo saluda gentilmente, pero él al desconocer por completo al hombre, solamente se percata de que se dirige por el mismo lugar de donde se está yendo, pero sin importarle o llamarle mucho la atención, sigue corriendo hasta la puerta principal, ve por delante que un auto plateado ya está en la vereda, dándole nada de tiempo para encontrar a Bianca.
Lucius recorre todo el orfanato de Santa María, en búsqueda de Bianca, hasta sale al patio con prisa para intentar ver si se esconde en el pequeño bosque. Lucius, al llegar, revisa todas las construcciones que hicieron: una casa del árbol, un fuerte, pero al final, ella se encuentra en el “Puente de Piedra” que habían hecho, siendo en realidad enormes piedras arrojadas al río para que dejen pasar, pero Bianca se encuentra sentada en la más grande mientras ve la corriente de agua circular por ella.
—¡Bianca! —grita Lucius con preocupación.
—Ah… Buenas, Lucius… Feliz cumpleaños —responde Bianca fingiendo encontrarse alegre por el día de hoy.
Lucius, al notar su tristeza, empieza a tranquilizarse para no hablar tan exaltadamente. Da pequeños pasos por las inestables rocas que componen el puente para acercarse a ella mientras que Bianca se pone de pie al percatarse de que Lucius intenta llegar hasta ella.
—¿Qué sucede? —pregunta Lucius.
—Nada.
—Por favor, Bianca, no soy tonto. Sí estuvieras bien, me hubieras molestado mínimo cinco veces por mi cumpleaños.
Al llegar Lucius hasta ella, Bianca se da la vuelta en un abrir y cerrar de ojos, quedando ambos enfrentados cara a cara, entrando en vergüenza ambos al tenerse tan cerca del uno al otro, ruborizándose al mismo tiempo por el momento y separándose un par de centímetros del otro mientras fingen actuar normal. Bianca se queda su mano derecha con su brazo izquierdo mientras que Lucius aparta la vista a un costado mientras silba y se rasca la nuca para controlar sus nervios, pero su comportamiento infantil acaba al instante al recordar cuál es su misión.
—Sé que hoy te vas del orfanato, en nada te irás y me… olvidarás—dice Bianca antes de que Lucius pueda decir algo en su contra.
—Bianca, jamás me olvidaría de mi mejor amiga.
—Conocerás un mundo nuevo, junto a una nueva familia que te amará y te apreciará. Tendrás nuevos amigos con los cuales jugar y amigas con las cuales divertirte… Seguramente halles a una nueva mejor amiga y eso… está bien Lucius, en verdad que está bien —responde Bianca sonriendo lastimosamente mientras evita llorar en frente de él.
Lucius ya no es tonto como en aquellos tiempos, percatándose acerca de los sentimientos de los demás, en específico de Bianca. La única persona con la cual compartió tantas cosas en el orfanatorio e hizo de su vida brillante y divertida. Sin miedo alguno ni perdiendo más el tiempo, Lucius toma la mano de Bianca mientras que ella se sonroja más de la vergüenza, siendo incapaz de poder decir una sola palabra mientras que él soporta la incomodidad para poder hablar con total franqueza a su preciada mejor amiga.
—Te prometo que te buscaré sin importar las distancias. Pase lo que pase, crezcamos o cambiemos. Te buscaré para que estemos juntos por siempre —responde Lucius mientras le sonríe con una gran y dulce sonrisa inocente.
En aquel momento, aquellas palabras inocentes y sinceras tuvieron doble sentido, las cuales Bianca interpreto erróneamente al entenderlo desde el otro punto de vista. Ella se queda paralizada, sus ojos se empiezan a cristalizar por las lágrimas que contiene de la felicidad. Todo este tiempo en el que han pasado juntos, Lucius jamás se percató de que aquella niña salvadora, empezó a enfermarse gravemente con su presencia, siendo sus síntomas un gran palpitar en su pecho, atontamiento y pesar. Bianca empezó a sentir amor por aquel chico, desbordándose en lágrimas al escuchar aquella declaración tan indirecta. Por su parte, en cambio Lucius no se percata de lo que entendió Bianca en el momento.
Ella se arroja hacia Lucius mientras llora de la alegría, preocupándolo, ante la desesperación y confusión del momento. Lucius abraza con todas sus fuerzas a Bianca mientras frota su espalda para tranquilizarla, pero solamente produce el efecto contrario de lo que realmente debería experimentar. Ella siente un gran alivio al saber que él la buscará, por más tiempo que pase o la distancia que los separe, sabría de ahora en más que su mejor amigo la buscaría para que estén juntos por siempre.
Lucius, poco a poco, empieza a ruborizarse nuevamente, percatándose de la escena que tienen ambos y que cualquiera que los viese podría pensar que se encuentran en algo. Sin miedo alguno, la aparta bruscamente de su pecho mientras que ella se seca las lágrimas.
—Ya, Bianca. Si alguien nos viese en esta situación… se harían de la idea equivocada…—dice Lucius con las mejillas ruborizadas y rascándose nuevamente la nuca de la vergüenza.
Bianca se ríe levemente al notar el comportamiento de su mejor amigo, tapándose levemente con la boca, pero no pudiendo tapar por completo su gran y hermosa sonrisa sincera de niña. Ella lo ve directamente a los ojos, estando decidida a ocultarle lo que siente hasta que sea el momento adecuado y en una mejor situación que la actual. Sin embargo, no la detiene para que le dé un regalo de despedida, un regalo con el cual la pueda recordar todo el tiempo que lo vea.
Ella toma desde su cuello un hilo que la recubre y saca, por debajo de su vestimenta, un collar bastante llamativo. El único objeto que tuvo desde que nació y llegó al orfanato, un collar de cuerda que tiene un dije, el cual es de plata con una luna que cuelga en ella, mientras que posee en su interior otro dije que se une a la luna, siendo este un sol más pequeño, la única cosa con la cual nunca se ha separado y que lo tuvo desde que era pequeña.
—Llévatelo —dice ella, mientras deja su collar colgando en la mano.
—Bianca, ese collar lo es todo para ti, no puedo.
—Pero ahora tú eres importante para mí, Lucius… Te quiero en mi vida y también te buscaré… para que estemos juntos —responde Bianca de la misma dulce y sincera manera que Lucius, sonrojándolo de la vergüenza tras oír aquellas maravillosas palabras.
Ella lo da vuelta y le coloca el collar en su cuello, Lucius no puede evitar ruborizarse al sentir las cálidas manos de Bianca tocar su piel, sintiendo como su corazón palpita fuertemente de la alegría.
—Sé que algún día volveremos a encontrarnos. Este collar jamás me ha fallado con mi suerte, sé que nunca lo hará. Te esperaré cuanto tiempo sea necesario, pero al final… sin importar el tiempo, nos volveremos a encontrar y te prometo que seremos felices… juntos.
Lucius vio el collar con el dije en la mano, sabiendo que nunca más debería separarse de aquel collar por el resto de su vida, teniendo como guía para volver a ella alguna vez.
Lucius y Bianca caminan juntos hasta al interior del orfanatorio, donde se encuentra la directora Evangelina hablando con el hombre que saludó Lucius en la escalera, con las maletas suyas entre las manos. Lucius, confundido, se acerca al hombre y lo toma de su saco.
—Disculpe, señor, ¿por qué tiene mis pertenencias en sus manos?
—¡Ah! ¿Es tuya?
—Sí, señor.
—Entonces tú debes ser Lucius—dice el hombre mientras se arrodilla.
—¿Quién es usted?
—Mi nombre es Leonardo Miranda, pero como decirte quién soy… solamente diré que seré tu nuevo padre —responde Leonardo mientras le regala una cálida sonrisa.
Lucius quedó asombrado, impactado al escuchar de aquel hombre sería su padre, impidiendo contener la emoción y abrazarlo con todas sus fuerzas, mientras las lágrimas de emoción caen por su rostro.
Al finalizar el abrazo, Leonardo toma nuevamente el maletín y le extiende su mano hacia Lucius.
—¿Estás listo para conocer a tu nueva familia?
Lucius, con la cara de asombrado y llorando, para de llorar de repente y se dirige hacia la directora Evangelina y la abraza con todas sus fuerzas.
—Gracias, Eva… Muchas gracias.
La directora le acaricia suavemente su cabello, como un ángel que por fin cumplió el objetivo de hacer feliz al niño que tanto soñó por este momento.
—Esto lo conseguiste tú solo, Lucius, mientras seas el buen niño que siempre fuiste, tendrás todo lo que merezcas.
Lucius suelta a la directora y va hacia Bianca, donde no se abrazan, únicamente se quedan viendo la cara el uno al otro, hasta que ella toma el dije que le regaló a Lucius y lo mira fijamente.
—No importa cuánto tiempo pase, mi amigo volverá a mí.
Lucius le sonrió a la cara, confiando en los poderes mágicos que tiene el collar hacia ellos dos, sabiendo que alguna vez volvería a ella.
Luego de ellos, Lucius caminó hacia la mano de Leonardo y se aferró a esta, para luego caminar hasta la salida y por fin ser un niño que tiene mamá y papá con él. Mientras caminan hasta el auto blanco de último modelo sacado al mercado, donde hay una señora con dos niños al frente de él, Leonardo le pregunta a Lucius.
—¿Una amiga?
—Sí.
—Ah… si quieres, cuando quieras dinos y te traemos hasta acá.
—Sí, por favor…
Al llegar con la señora, ella se presenta y consigo a sus dos hijos. Ella tiene todo lo que debe tener una madre, una mirada y actitud que complace al corazón con solamente estar a su lado, de cabello castaño tirando más a un rubio claro, moderadamente maquillada, teniendo sus labios rojos y las pestañas tan levantadas como las suyas a pesar de que sea hombre. Ella viene vestida con un vestido de una pieza celeste como si fuesen olas de mar o ventiscas de viento por el gran blanco que comprende la otra mitad del vestido. Tanto ella como Leonardo, aparentan encontrarse cerca de los cuarenta años de edad.
Al momento de presentar a sus hermanastros, ve que el joven aparenta tener la misma edad que él, teniendo el cabello castaño no tan claro como su familia, teniéndolo levemente rizado y largo como él, quedándole bastante bien el revuelto de mechones. Trasmite la misma clase de aura revoltosa como Elías con tan solo verlo en silencio, teniendo la piel levemente más blanca que todos ellos y unas ojeras que apenas se notan por el cansancio de estar siempre amaneciendo, ocultando sus ojos castaños claros con bastante sutileza, vestido con una remera negra por completo y franjas rojas horizontales a la remera, siendo bastante linda a la vista para alguien de su edad, pareciendo ser casi exactamente tener el mismo complejo físico.
Por otra parte, Elizabeth es por cuatro centímetros más grande que ambos jóvenes, teniendo la misma edad que su hermano a pesar de ser la menor de la familia y aparentar tener la misma edad que el muchacho, teniendo su largo cabello castaño claro y trenzado en el frente izquierdo de su rostro el cabello, dejando que este repose casi en su hombro. Sus ojos son más castaños que los de su hermano, teniendo unas manchas celestes en algunas partes, ella viene vestida con un vestido blanco pareciendo más de un evento de comunión en vez de venir a recoger a su nuevo hermano, pareciendo estar más para una boda de su edad que para un recibimiento.
—Hola, corazón, tú debes ser Lucius, yo soy tu madre, Angélica Miranda Martínez… Ellos son tus hermanos, Octavio y Elizabeth Miranda Martínez—dice dulcemente Angélica.
—Buenas —saluda Octavio, de manera fría y distante.
—Hola, Lucius—dice Elizabeth, mientras le sonríe.
—Octavio, compórtate, es tu nuevo hermano.
Octavio mira para otro lado, ignorando las palabras de su padre. Leonardo mira a Lucius y le dice, en frente de toda su familia:
—Ahora vámonos, que lo primero que haremos es recorrer la ciudad y mostrarte todo lo bueno de ella.
Lucius saltó de la emoción, impaciente por todas las nuevas cosas que conocería. Leonardo saca el seguro del auto y todos entran a este, emocionados por el paseo que harían con Lucius para conocer Córdoba capital. A punto de arrancar el auto, Angélica recibe un llamado, el cual atiende y responde, pero aquella sonrisa del comienzo empezó a desaparecer por preocupación, se tapó la boca para contener su susto y sus lágrimas empezaron el juego de escapar de sus ojos para recorrer su rostro y manos llena de tristeza y pesar.
—Amor, ¿qué sucede? —pregunta Leonardo preocupado.
—Es mi padre… Ignacio está mal, debemos ir al hospital de San Roque urgente.
Leonardo mira con preocupación a los niños, los cuales Octavio y Elizabeth se preocuparon por su abuelo, mientras que a Lucius se le borra su sonrisa y se preocupa por ellos.
—Niños, lo lamento, pero el viaje se cancela, debemos ir a ver a su abuelo urgentemente —dice Leonardo, saliendo con el auto y empezando a conducir hasta el hospital.
Durante el viaje, Lucius ve por la ventana todo el paisaje, los edificios, las personas, árboles y animales por las calles. Mientras que Octavio escucha música en el medio de los asientos del auto y Elizabeth se pone a leer un libro, intentando pensar en otra cosa en vez de su abuelo en el estado en el que está. Lucius examina una realidad gris, no ve ese famoso sol entre los rascacielos o los árboles verdes por las veredas, se encuentra en un mundo que jamás había logrado ver si se quedaba más tiempo en el orfanatorio.
Al cabo de una hora, la familia llega hasta el hospital de San Roque, donde ahí estaría esperando toda la familia, según su padre Leonardo. Toma su celular y los llama, mientras esperan una respuesta, Angélica prepara a Octavio y a Elizabeth para ver a su abuelo, pero Lucius nota que, al frente del edificio y en la otra vereda, se encuentra un hombre con un sombrero y saco gris que le cubren su rostro. En su mano derecha, tiene una correa, con un perro siberiano atado a esta, el cual se encuentra sentado y viendo al edificio atentamente sin emitir sensación alguna de normalidad en sus ojos.
Lucius cruza la calle sin que Angélica se diera cuenta y se acerca lentamente hacia el desconocido mientras que este no reacciona de ninguna manera, se acerca para desenmascararlo y librarse de este sentimiento de suspenso. Apunto de desenmascararlo, su perro el cual se encuentra atado con unas cadenas a su mano izquierda reacciona de forma inusual, viéndolo fijamente a los ojos.
—Yo que tú no lo molesto —dice el perro.
Lucius se asusta y sale corriendo hasta Angélica, cruzando la calle sin armar ninguna escena entre los autos para abrazarla y pedirle protección, mientras que el hombre y el perro desaparecen entre la gente.
Leonardo viene del hospital y le avisa a su familia:
—Están todos adentro, así que presentaremos a Lucius, luego los grandes deberán ir a ver al abuelo, te dejaremos con tus hermanos y primos —dice Leonardo para tranquilizar a su hijo.
Leonardo y Angélica entran en el hospital junto a los niños, recorriendo los consultorios médicos, pasillos y enormes patios, llegando hasta una enorme sala donde se encuentra una pequeña tienda de comida junto a un par de mesas y sillas. Los enormes ventanales permiten que ingrese la luz en su interior, sintiéndose un ambiente frío y azulado, siendo un diseño arquitectónico bastante peculiar para un simple hospital. Caminan hasta llegar con el resto de su familia, la cual esperan afuera de la habitación del abuelo Ignacio.
Leonardo y Angélica se van con el abuelo, mientras que vienen los familiares a saludar a Octavio y a Elizabeth, sin poder haberse enterado antes de la adopción de Lucius.
De repente se les acerca una mujer que aparenta ser menor que su madre, teniendo el cabello marrón claro y recogido por encima, una bata de científico con prendas de casas como si hubiese salido del trabajo y teniendo sus lentes puestos en el bolsillo de la bata. Ella posee una tez levemente morena, pareciendo como si realmente hubiese tomado sol, pero no lo suficiente para quemarse.
—Hola, niños, ¿quién es su amigo? —pregunta la tía alegremente, la cual los saluda con todos sus ánimos para calmarlos de la situación que está viviendo su abuelo.
—Tía Alegra, no es nuestro amigo, es nuestro hermanastro, Lucius —dice Octavio.
—¡Oh! No dijeron nada de una adopción. ¿Me equivoco, amor? —pregunta la Tía Alegra.
—No, querida, pero de igual manera, saludos Lucius, mi nombre es Harry, Harry Linker y ella es Alegra Miranda Martínez —dice Harry cortésmente.
Harry aparenta ser mayor que Alegra por un par de años de edad, teniendo el cabello corto y bien arreglado con varias canas por encima de él, vestido igual que ella tal cual como si fueran una pareja, salvo que él se deja los lentes en sus ojos al ser necesarios para poder ver.
—Cariño, me podía haber presentado sola.
—Lo sé, pero sabes que me encanta fastidiarte de vez en cuando.
Antes de que pueda responder a su marido, viene su hijo de nueve años de edad, teniendo el cabello en mechones por encima de ella y usando lentes como sus padres, siendo que los tres usan el mismo modelo, uno negro de marco con patillas metálicas y grande en vidrio, pareciendo estar más en la moda que usándolos por necesidad. El joven tiene vestido una remera verde común junto a unos pantalones cortos de primera mano tras la noticia de su abuelo. Este se acerca con una bolsa de caramelos en mano y saluda gentilmente a sus primos Octavio y Elizabeth, mientras les da un poco de caramelos de la bolsa. Al terminar de darles, él se va con sus papás y queda en el medio de ambos, pero Alegra toma un poco de la bolsa de su hijo y le da unos caramelos a Lucius, mientras que él reprocha.
—¡Mama, ya compartí mis caramelos!
—¡Marcos, no lo hiciste! Te falto a tu nuevo primo, Lucius —dice Alegra.
Marcos mira a Lucius y entiende que es un conocido de sus primos.
—Disculpa, no sabía que venías con ellos, me llamo Marcos.
—No hay problema, mi nombre es Lucius, me adoptaron hoy, así que estoy acá para acompañar, lo lamento.
—No, ¿en serio? Un nuevo primo —dice Marcos emocionado.
Lucius abre el caramelo y lo prueba emocionado, hasta que siente el sabor desabrido del caramelo. Mientras lo come, finge saborearlo para hacer sentir bien a Marcos y a sus tíos. Hace el gran esfuerzo de tragarse el caramelo y decir la mentira más creíble posible.
—Guau, que rico caramelo. ¿Cuál es?
—¿Esto? Es un caramelo que tiene cero azúcares y cero glútenes, solo el sabor y sentir de la bolita tan deliciosa que me gusta comprar —dice Marcos.
Marcos y sus padres se van a la recepción para saber en dónde se encuentra el abuelo Ignacio, mientras que ve a sus hermanos tirando los caramelos al suelo y pisándolos.
—¿No se los comen? —pregunta Lucius.
—Nos gustan los caramelos, pero no estos —dice Elizabeth, mientras saluda a su primo.
—Él es Marcos Linker, el prodigio de la familia, los tíos Alegra y Harry andan siempre tras de él, es como si fuera la única joya de la familia —dice Octavio.
—¿Qué tiene de malo? —pregunta Lucius.
—No le va muy bien en la vida social —responde Elizabeth.
En ello, se acerca la segunda parte de la familia, una mujer muy bien vestida y elegante, con un traje gris que le combina con su cabello rubio recogido con un lápiz, toda una modelo la señora, acompañado por un hombre encorvado, con el pelo lacio un poco caído, con lentes que se le caen por los nervios y la traspiración, tal vez tenga que ver el hecho de que lleva algo en la mochila escondido, ya que se mueve un poco o tal vez el hecho de que tiene la beba en sus manos.
En ello salta a las espaldas de Octavio y Angélica un niño con apariencia más cálida y divertida que sus hermanos o todos los primos que conoció por el momento, teniendo el cabello largo y sujetado únicamente por la parte de encima de él con una cola de caballo mientras que el resto la deja por detrás. Posee varias pulseras en sus muñecas y viene vestido con una campera gris con franjas negras y blancas mientras que su pantalón es negro y ajustado, teniendo un buen sentido de la moda.
—¡Ramiro! ¿Qué onda, hermano mío? —dice Octavio feliz.
—Acá andamos. ¿Cómo andas, Elsa?
—Con tu nuevo primo —dice Elizabeth, ya que de esa manera le llama Ramiro a Elizabeth.
—Oh, un nuevo primo, mi nombre es…
A punto de hablar, es cortado por su madre.
—¡¡Ramiro Vonatti!! ¡¡¿Qué estás haciendo?!! —grita su madre, la modelo.
—¡Ma, estoy saludando a mis primos!
—Esa cosa al lado de Elizabeth no es parte de tu familia.
Lucius apaga su emoción del día, por conocer a una de las personas más ricas y poderosas de Córdoba, Nina Vonatti, señora de los medios y de la economía actual de la Argentina, pero el hecho de que no lo considerasen parte de la familia le destroza.
—¡Tía, es nuestro hermano! —grita Elizabeth, defendiendo a Lucius.
—Ya hablaré con su padre de esto —dice Nina, mientras se va a la recepción.
—¡Qué mujer! Un placer, sobrino. ¿Tu nombre? —pregunta el hombre.
—Mi nombre es Lucius.
—Un placer, Lucius, mi nombre es Anfiel Miranda Martínez, soy parte de la familia del abuelo… te presento a la pequeña… —dice Anfiel, mientras deja ver la cara de la beba con su primo Ramiro.
Una beba vestida con mantas rosas y un chupete azul, durmiendo como un ángel, sin haber presentado ni un solo mechón de cabello aún y teniendo la piel rosa del frío, aparentando ser aún recién nacida.
—Su nombre es Maia.
Lucius queda emocionado al ver a su primita tan chiquita, pero de repente de la mochila de Anfiel sale una cola verde moviéndose en cualquier sentido y una cabeza de un reptil enorme, nunca antes visto por Lucius antes, quedando asustado.
—¡Lehahiah, adentro! —grita Ramiro serio, mientras intenta alcanzar el cierre de la mochila de su padre y cerrarla, dejando un poco abierto para que respire.
—¿Qué… qué… qué era eso? —pregunta Lucius nervioso.
—Ella es mi mascota, Lehahiah, una dragona de komodo que encontré en un viaje a Australia… —dice Ramiro, pero Anfiel lo mira serio, obligándolo a contar toda la verdad.
—Accidentalmente me llevé el huevo de Australia a nuestra casa, donde nació Lehahiah y tuvieron que hacer cientos de papeles para que me la quedara ya que ella me quiere mucho y me tiene como su madre.
—¡¡¡Ramiro y Anfi, ahora!!! —grita Nina.
De esta manera, se van sin decir peros, pero despidiéndose cortésmente de Lucius y de sus hermanos.
Al cabo de unos minutos, y a punto de ser llamado por sus padres, se acerca un hombre con el pelo recogido, lacio y con un bigote cubriendo toda la parte superior de su boca, muy pero muy alto, este hombre se acerca a los niños.
—Hola, niños—dice el hombre.
—¡Tío Víctor! —gritan Octavio y Elizabeth de la emoción, lanzándose ambos para abrazarle.
—¡Jo, jo! ¿Cómo están mis niños? —pregunta Víctor.
—Bien, tenemos a un nuevo invitado —responde Elizabeth.
—Y vaya bienvenida que le dio la tía Nina.
Víctor vio al niño, medio preocupado por su apariencia.
—Tranquilo, muchacho, soy de los buenos—dice Víctor, mientras saca una placa de policía, perteneciendo a las fuerzas policiaca.
—¿Eres policía?
—No, mejor aún, un detective.
En ello, Víctor ve a Leonardo, viéndolo a él y a los niños, listos para que ellos fueran a ver a su abuelo.
—Niños, no les voy a mentir, lo que van a ver va a ser muy feo, pero deben ser fuerte por su abuelo… Tú más, niño… Por cierto, ¿cuál es tu nombre?
—Lucius, señor.
—Por favor, llámame Víctor.
De esta manera, se pone de pie y acompaña a los niños hasta el ingreso en donde espera su padre para darle las instrucciones de cómo comportarse.
—Víctor, un placer siempre verte.
—Igualmente, Leo.
Dicen ambos, mientras se saludan con la mano y luego finalizan con un abrazo con palmada en la espalda. Leonardo se agachó y vio fijamente a sus tres hijos para decirles cómo comportarse.
—Niños, el abuelo Ignacio está consciente para hablar, pero intenten que no hable mucho porque no sabemos si su corazón… su corazón es lo que está averiado, ya no soporta la carga de su cuerpo.
De esta manera, los tres niños se preocuparon, pero fueron llevados hasta la sala siete, en la cual descansa en su cama, pero en la puerta están todos sus familiares y los niños al frente para ver a su abuelo.
—Leo, tenemos que hablar —dice Nina, intentando no parecer descortés.
—Hablaremos de ello ahora con todos, pero dejemos que los niños vean a su abuelo.
De esta manera, Leonardo abre la puerta y entra a todos los niños para poder hablar con los adultos, sabiendo el tema a tratar que les preocupa a algunos. Antes de que Ramiro entre, le pide a su padre Anfiel que le entregue la mochila para que su mascota pueda ver al abuelo, sin contradecir la imaginación del niño, le entrega la mochila y descansa su pobre espalda de llevar a la mascota, de esta manera entrando y dejando solo a sus padres, mientras que los niños no escuchan de lo que hablan.
Lucius ve la habitación, blanca por completo, con un televisor apagado y un enorme ventanal con persianas que lo protegen del sol, pero dando a un patio interior con árboles y plantas hermosas. Lucius ve al hombre, un anciano de aproximadamente ochenta años, ya cansado del mundo en sí, pero emocionado al ver a sus nietos.
—Niños…, vinieron —dice el abuelo, emocionado.
—Abuelo, Iga —responden todos en tiempos diferentes y dándoles abrazos.
Hasta sale Lehahiah de la mochila para poder ver al abuelo, siendo un reptil que llega a medir hasta un metro y medio de longitud por lo joven que es aún, llegando a tener como mínimo aún un año y medio de edad.
—Ah, Lehahiah, un placer verla, señorita.
Entre toda la emoción, nota la presencia de un sexto niño más, el cual se queda del otro lado de la cama.
—Dime, joven, ¿quién eres tú? —pregunta cortésmente Ignacio.
—Me adoptaron hoy, soy su nuevo nieto, Lucius, señor.
—¡Un nuevo nieto, ja, ja, ja! Vaya que me perdí de esta noticia, ¡ja, ja, ja!
La risa termina con una tos muy grave que deja exhausto al abuelo.
Ignacio se acuesta cómodamente para poder ver bien a sus nietos, sabiendo que le llegó el momento de partir, pero antes debía hacer algo más importante.
—Saben… les quiero… contar una… o más bien algunas historias.
—¿Historias? —pregunta Octavio.
—Sí, esa clase de historia que yo les contaba a sus padres cuando eran más jóvenes.
—¿Estás seguro, abuelo? No puedes hablar mucho —pregunta Marcos.
—Les contaré algunas historias de personas que nunca creerían que existirían, pero solo les pido una cosa.
—¿Qué cerremos la boca y te dejemos hablar? —pregunta Ramiro.
—Siempre aciertas en todo, Ramiro, siempre me sorprendes.
De esta manera, Ignacio se acomoda al respaldar de la cama y pide a sus nietos que se acomoden entre su cama, suelo o en la otra cama del dormitorio que no usa nadie.
—La historias que contaré dejaré que ustedes piensen si puede o no existir, pero solo les diré esto… las historias que escucharán ahora vienen de otra laniakea, o sea de otros mundos, quiero ver si son creyentes o no…
De esta manera, el abuelo Ignacio empezó por contar la primera historia, la del Guardián que cambió y alteró todo el mundo que se conocía por aquel entonces.
CAPÍTULO 1
No sé cómo empezar o relatar todo esto… así que empezaré por saludar, si te parece bien. Buenos días, tardes o noches… Sí, la verdad que empezó muy mal, ahora te preguntarás, ¿quién soy en este relato? Algunos me llamarán como un tonto que tuvo que haber escapado del problema, otros como un héroe que se enfrentó al peligro…, pero la verdad es que en realidad soy el Guardián… ¿Qué es un Guardián? No tenía la mínima idea de lo que significaba ser, pero solo sé que ese nombre está dirigido para mí, el deber de proteger a todos los seres vivos. Como un héroe, pero sin capa, sin poderes o habilidades especiales sacadas de historietas… De hecho, sí tengo habilidades, pero ni siquiera son mías realmente, solo soy un joven de catorce años con la habilidad de manipular los elementos, manejo leve del parkour y en el combate cuerpo a cuerpo.
Este fue un buen comienzo… Bueno, la verdad que no fue para nada un buen comienzo, empezaré una vez más, pero está vez me remontaré al comienzo de todo. ¿Listos?
Mi nombre es Oliver Kross y yo soy el Guardián de mi tierra, de mi laniakea y de todas aquellas que le llegue la sagrada luz de la estrella suprema. Ahora bien, mi historia comenzó en aquel día….
Oliver Kross, un joven de cabello medio largo dirigido hacia la izquierda, pero al tener el cabello ondulado varios mechones se separan del grupo y siguiendo cada uno su rumbo. Él es una persona tranquila, que no busca problemas entre otras personas, prefiriendo vivir y dejar vivir al otro. No es tan alto como el resto de sus amigos y compañeros, un metro sesenta y cinco, pero la determinación y la actitud que tiene lo ha llevado a ser uno de los mejores promedios de su curso.
Oliver asiste al acto del primer día de clases, en el cual entra a tercer año del ciclo, estando listo para poder dar todo de si durante el año para poder pasar el curso. Con tan solo dieciséis años se ha ganado el odio de varias personas, algunas especialmente del mismo curso. Su complejo físico es lamentable al no poseer fuerza física alguna, siendo que al estudiar todo el tiempo ha evitado hacer actividades físicas durante toda su vida, dándole su aspecto pálido de paciente de hospital, mugriento por todas las veces que lo interceptaron en la salida para poder golpearlo por sus esfuerzos, pero él no es tan débil como aparenta, sabe defenderse de sus agresores, mostrándose que a pesar de recibir golpes e ir lastimado a su casa o al secundario, él no se rendiría y dará todo de sí para alcanzar sus sueños sin que nadie lo detenga. Oliver es esa clase de persona que no conoce la palabra derrota.
Oliver ingresa en su secundario, al ver la hora del día nota que llega justo a tiempo para el comienzo del acto, siendo cuatro de marzo el día que volverá a aquel lugar para sobrevivir un año más por su cuenta. Oliver asiste a un instituto de Villa Allende, Córdoba, Argentina, en el cual tiene la orientación de ser maestro mayor de obra. El colegio tiene una reputación que mantener al ser sus alumnos del técnico los mejores de su categoría, pudiendo desenvolverse en las competencias intercolegiales por sus méritos, tanto en los estudios como en los deportes, debiendo los alumnos mantener el estatus del colegio durante los años que asistan.
Oliver al llegar a tiempo no puede bajar al salón de gimnasia. Una enorme cancha que alberga actividades para básquet y vóley, la cual está expuesta por completo del lado izquierdo, dejando ver un pequeño predio para jugar futbol y más allá del colegio se encuentra el río por el cual trascurre tranquilamente su recorrido por el lugar. Del otro lado de la cancha se encuentra el piso superior, el cual sería el pasillo de ingreso al colegio, debiendo Oliver ver por encima de los demás estudiantes el acto de comienzo de año, viendo al director preparar su discurso elaborado de varios días para dirigirse a sus estimados alumnos.
¿Saben? A estos momentos los extraño verdaderamente, no los necesito a los directivos, compañeros o al colegio de por sí, pero este ambiente, esta sensación de tranquilidad al saber que soy igual a los demás, verdaderamente me gustaría volver a sentirme así sin sentirme culpable por dentro…
Durante el discurso del director a sus preciados alumnos del instituto, se escucha un espeluznante sonido de algo cayendo por encima de ellos. Los alumnos empiezan a hablar entre ellos mientras que ignoran las palabras del director, sintiendo interés por aquel extraño sonido.
Oliver lo ignora al no estar interesado, pensando únicamente en acabar el acto para empezar las clases, pero lo que no se esperaba es que este llegase a partirse drásticamente por la mitad, derrumbándose todo el techo metálico por encima del alumnado junto a un gran volumen de agua que llega a espantar a los sobrevivientes de dicha masacre inesperada. Los sobrevivientes de aquel ataque junto a Oliver corren a la salida en un intento desesperado de escapar del peligro en el cual se ven envueltos, pero el agua empieza a comportarse de una manera muy extraña, inundando el colegio desde el lado derecho, mientras finge que una barrera invisible del lado izquierdo permite que mantenga el volumen de su cuerpo intacto, destruyendo todas las leyes de la física al ver que el agua no cede del lazo izquierdo.
Oliver no piensa en rendirse tan fácilmente a la muerte, corre hasta el techo de la dirección del instituto, siendo el más bajo de todos y permitiendo escapar del colegio sin ser obstruido por el resto de los alumnos, profesores e invitados que decidieron venir a la apertura del año secundario. Usa objetos tales como la saliente de las ventanas y macetas que tiene el muro para trepar.
Con ello llega al techo plano de la dirección y corre hasta llegar al límite de la dirección, saltando desde el techo hasta la vereda, habiendo poca distancia entre ambos puntos que lleguen a afectar físicamente a Oliver. Al caer, cae ileso, pero al ver la puerta del colegio, nota que esta jamás logró abrirse, pero al salir a la calle ve a una enorme ballena hecha completamente de agua saltando entre los escombros, la cual parece festejar la masacre de tantos humanos, moviendo sus aletas y cola felizmente, balanceándose de un lado a otro para intentar trasladarse con esta forma.
Oliver queda paralizado al ver tal bestia en la tierra y atacando su secundario, su primer instinto es correr del lugar mientras estaba desconcentrada y escapar hasta su hogar que queda a un par de cuadras. Oliver sale corriendo del lugar para llegar a la calle principal, mientras que la ballena de agua da pequeños saltos con su enorme cuerpo mientras que se ayuda con su enorme cola, inundando y destruyendo todo lo que haya por debajo de esta, acabando con todo en un radio de setenta y cinco metros de distancia. Oliver, al llegar a su hogar, se queda perplejo ya que no queda rastro alguno de este, solamente algunos materiales de este y un par de muros que quedaron destrozados por completo a través de los impactos de la cola de la ballena. Oliver cae en la oscuridad de su corazón y mente al sentir que todo lo que tuvo en su vida fue arrebatado cruelmente por aquella criatura sin corazón alguno.
Bueno ya no hace falta que sigamos hablando de ese día… Creo que queda más que claro que ese día perdí todo lo que amaba… quedé huérfano en un escenario de guerra, la ballena de agua provocó que Villa Allende dejara de existir y se transformara en un lugar de guerra, y no solamente sucedió acá, sino que pasó por todo, distintas criaturas elementales siguen atacando a varias ciudades sin que los ejércitos puedan contenerlas. Ahora bien, ¿qué sucedió con el resto de los sobrevivientes de la ciudad de Villa Allende? Pues ninguno salió vivo de allí, durante estos días, ninguno pudo escapar del lugar, de hecho, los ejércitos trajeron la guerra a la ballena de agua sin importarles la destrucción de la villa, dejando que se transformen en daños colaterales.
Un encapuchado sube por fuera de un muro metálico de un hangar abandonado hacia una ventana que se encuentra abierta y permite ingresar en este lugar, siendo antiguamente un taller para automóviles, teniendo aún las máquinas del taller tiradas y destruidas por todos lados, los materiales arrojados en cualquier parte, como si la anarquía hubiese dominado el lugar y hubiesen dejado los restos de un saqueo masivo. Lo triste de este escenario es que el taller era muy reconocido en su tiempo y de renombre, conociéndolo todas las personas del barrio y ayudando dando sus vehículos para que los decorasen para poder pagarles y que los empleados pudiesen mejorar el lugar poco a poco, llegando a medirse con los mejores talleres de la zona.
El cielo claro que alguna vez se mostró sobre la ciudad se borró por completo para mostrar uno nublado rojizo, simulando ser el cielo del infierno que envuelve a la ciudad de Villa Allende en llamas, por las bombas que lanzaron los militares sin conseguir efecto alguno sobre la ballena, siendo que este paisaje pareciera sacado de una película de terror que aterrorizaría a cualquiera que lo viese.
El encapuchado se libera de su capa para poder descansar unos minutos, revelando que es Oliver Kross, el cual pudo sobrevivir durante todo este tiempo, dentro del caos que había dominado en la villa y sin ayuda por parte del gobierno, ya que solamente mandan a sus soldados para vencer a la bestia a cualquier costo. Pero Oliver se había dignado a tener que convivir con aquella monstruosidad, por el simple hecho de que se había transformado en una triste realidad en la que no podrá escapar. Oliver ingresa al único lugar donde podría considerarse hogar tras toda esta locura, ingresando por una ventana para acceder al interior de un hangar, revisando todos los días en los que ha estado y controlando en mantener la distancia con la enorme ballena, teniéndole resentimiento y odio por matar a tantos seres queridos para él, mientras que ella los ignora por completo para seguir devastando los restos de la ciudad.
Se sienta sobre el pobre intento de sofá y abre una bolsa de compras que robó de un supermercado para ver qué puede comer en este mismo instante, mientras ve a la ballena de agua como si fuera una clase de programa, el cual nunca acaba porque nadie puede vencerla.
Ya viste, esta es mi miserable vida, viviendo en este hangar y alimentándome de basura, en otras palabras, vivo como una cucaracha hasta mi muerte, viendo y durmiendo junto a aquella ballena de agua… Les juro que deseé tanto tiempo que esa ballena desapareciera para poder volver a vivir mi vida… pero, claro, ¡ocurrió exactamente lo contrario!
Oliver duerme tranquilamente por encima del viejo y polvoriento sofá que se encontraba desde antes de su llegada, dejándolo siempre polvoriento y deshecho al no tener tiempo para poder remodelar el precario hogar donde se encuentra. Varias horas después, Oliver escucha el ruido de armamento pesado cerca del taller, obligándole a levantarse lentamente mientras se levanta del sillón para asomar la cabeza sobre la ventana y ver lo que ocurre, se impacta al ver a la ballena a un par de metros cerca de él. Nervioso, toma su mochila y la llena con comida de emergencia y algunas pertenecías suyas de antes y después de este “Apocalipsis” mientras tropieza con la basura que tiene dispersa en el suelo, encontrándose bastante alterado al no poder pensar con claridad ante la presencia de dicha criatura. Corre hasta la escalera de madera y baja de la planta alta hasta la inferior, quemándose levemente las palmas al bajar con suma rapidez. Se acerca corriendo hasta el portón hasta que siente varios estruendos por la salida de esta, provocando que pierda la compostura mientras intenta acercarse a la salida, preocupándose si los militares se encuentran atacando a la bestia desde su base.
Abre el portón rápidamente para salir del taller, impactándose al ver a la armada de Argentina atacando a la bestia con armamento pesado de la mejor calidad posible, escuchándose fuertes estruendos y haciendo temblar el suelo con la artillería pesada, pero la ballena ni se inmuta por sus ataques, en cambio, solamente responde con su triste canto de ballena que llega a espantar a los presentes mientras que el movimiento de sus aletas y cola destruye todo lo que tiene a su alrededor mientras lo deja completamente mojado.
Oliver corre por su vida, dejándole el resto del trabajo a la milicia antes de que se percaten de su presencia, intentando no tropezar con la basura y escombros de la calle y evitando principalmente que lo detecten. Al acercarse a los escombros de una antigua vivienda, se dispara nuevamente el arsenal pesado, haciendo temblar a la tierra y provocando que Oliver tropiece con sus pisadas, cayendo su rodilla izquierda en una armadura de hierro que la llega a traspasar directamente.
Oliver no logra contener el dolor que siente en aquel momento, gritando alocadamente al ver como su rodilla izquierda empieza a desprender sangre a lo loco. Se da la vuelta para intentar detener la hemorragia y arrancarse el pedazo de hierro de su rodilla, pero se distrae al ver a la ballena desde el suelo, pensando que el intento de la humanidad por detener a esta clase de criaturas es en vano, siendo la extinción total de esta si no llega alguien capaz de plantarle cara. Oliver vuelve a recordar aquel día donde la maldita criatura hecha de agua vino a destrozar lo que quedaba de su vida. Entre tanta ira acumulada que siente en su cuerpo e impotencia, se sienta e intenta ponerse de pie mientras arrastra sus dedos por el suelo para retener el polvo y cenizas por debajo de él, enloqueciendo con la presencia de dicha criatura, pero aquel pensamiento homicida es interrumpido al escuchar los gritos de alguien dirigiéndose directamente a él hasta lograr ver a un soldado por delante de él.
—¡¡¡Muchacho, salga de acá, este lugar ya no es seguro!!!
El soldado es un joven poco mayor que Oliver, físicamente estable para ser un soldado con el aspecto levemente desnutrido, teniendo su barba al ras y aparentando rasurarse diariamente los costados y la parte trasera de su cara, teniendo más aspecto nórdico que de argentino. Este ayuda a Oliver al ver el estado en el que se encuentra, lo ayuda a ponerse de pie mientras que él nota el aspecto de su uniforme, siendo el típico que aparece en las películas, completamente verde y teniendo algunas zonas camufladas, pero siendo ligero para que se pueda movilizar por el campo de batalla.
De repente, se escucha un gran estruendo por detrás de ellos, quedando Oliver alarmado al ver el infierno que tiene por delante. El soldado se da la vuelta lentamente para ver el acontecimiento, notando que la gran mayoría de sus compañeros recibieron el impacto de la aleta derecha de la ballena, dejando a la mayoría débiles o muertos, dispersos por toda el área, pero muy pocos deciden seguir peleando contra la criatura en un desesperado intento por detenerla.
El soldado vuelve al ataque mientras ayuda a alejar a Oliver, disparando con su rifle que pareciese más de juguete que en verdad contra aquella criatura. Oliver no logra moverse al tener a dicho monstruo de agua por delante de él, pero nota que al frente de él, a pocos metros se encuentra el lanzamisiles a disposición para que cualquiera pueda dispararlo. Sin tiempo que perder, Oliver corre hasta este y dispara los misiles en un vago intento por vengar a su familia y conocidos difuntos por culpa de dicha abominación. Los misiles impactan directamente contra la cabeza de la ballena de agua, explotándola por completo y cubriendo la zona con una corta lluvia que pareciera ser más una lluvia de esperanza que de culminación del combate.
El soldado al ver que la ballena queda atontada tras el ataque, ve que el resto de sus compañeros se encuentran muertos a su alrededor, es el único presente que logró sobrevivir tras el combate por el momento. Se percata el soldado que seguir combatiendo contra la ballena de agua bajo estos términos sería un suicidio, pero no se perdonaría si dejara al joven malherido peleando solo por su cuenta al haberse descuidado un minuto de su cuidado.
El cabo corre hacia el vehículo donde se encuentra Oliver, ayudándose para poder cargar su cuerpo antes de que la ballena de agua vuelva a atacar. Oliver golpea la espalda del cabo para que lo deje pelear solo contra la ballena de agua que masacró a su familia, vacilando varias palabras que no llegan a provocar cambio alguno por la terqueza del soldado. Al irse cada vez alejándose más del lugar, Oliver ve al frente de él a la ballena reconstruir su rostro por completo, pero se queda perplejo al ver una clase de objeto brillante que es mucho más claro que el resto del agua que la rodea, como si ese objeto brillante fuese su debilidad en realidad.
En ese momento me arrepentí de haberle disparado a la ballena de agua, no sabía la verdad… sobre ella, pero tal vez empiecen a adivinar lo que sucede ahora.
La ballena termina de rearmarse por su cuenta, pero decide escapar del lugar, dando la vuelta lentamente mientras da leves saltos de a poco. Oliver toma aquella brillante esperanza para poder usarla a su favor, debiendo de atacar ahora antes de que escape de la escena. Perfora con sus uñas la espalda del cabo para que lo suelte.
—¡Cálmese por favor, es un valiente usted, pero debe de escapar ahora! Mi nombre es Emanuel Flores… Por favor, permítame que lo saque de acá antes que de su estupidez lo mate antes.
—¡Necesito vengar a mi familia!
—¡Véngala viviendo otro día más!
Un avión caza pasa por encima de la ballena, disparando varios cohetes por encima de ella, provocando grandes explosiones que son levemente absorbidas por su acuoso cuerpo de agua, pero la ballena al darse cuenta de su presencia, salta por encima del suelo para interceptar la segunda oleada de cohetes, explotando todos en su interior, pero al caer al suelo, provoca un gran temblor a su alrededor, provocando que Emanuel pierda la postura y caiga junto a Oliver, quedando ambos separados a tan pocos centímetros.
Oliver levanta la vista mientras ve todas las estructuras a su alrededor desvanecerse por delante de él mientras que la ballena de agua termina de regocijarse tras su exitosa defensa.
—¡¡¡No esperaré más, mataré a la ballena yo solo!!! —grita Oliver con todas sus fuerzas, sintiendo como su cuerpo empieza a cambiar drásticamente por completo.
Emanuel toma del hombro a Oliver mientras se pone de pie e intenta detenerlo, pero se sorprende al ver sus ojos, estos son completamente negros y dejan ver varios puntos brillantes a su alrededor. Emanuel se espanta al ver que el muchacho es mucho más que un simple humano.
Oliver grita con todas sus fuerzas mientras corre a gran velocidad hacia la cola de la ballena y logra saltar por encima de esta, pero en vez de hundirse como cualquier persona común y corriente, Oliver logra mantenerse por encima de esta solamente unos segundos de diferencia, que son suficientes para poner un segundo pie por delante y consecutivamente correr hasta la cabeza de la ballena. Oliver corre por todo su lomo sin hundirse sobre este, sorprendiendo a Emanuel mientras que él no hace nada para poder ayudarlo.
En un intento desesperado, ayuda a Oliver al dispararle hacia la cola, impidiendo que la ballena de agua logre matar al joven que arriesga su vida para plantarle cara. Oliver, por su parte, entre medio de su carrera y escalando a la criatura sin presentar riesgo alguno, llega hasta la cima de su enorme cabeza, donde sigue corriendo a una gran velocidad para deslizarse por su rostro y dejarse caer sin miedo alguno a morir. Se deja caer hasta el punto donde se aferra con su mano izquierda al rostro de dicha ballena y sin miedo a destruirse los dedos, mantiene la presión sin separarse de esta. La ballena cae lentamente en rodillas y canta su dolor al no poder defenderse ante tan corta distancia contra su agresor.
Oliver grita en un intento desesperado de lograr lastimarla en medio de su bajada, provocando que sus ojos brillen como dos enormes luceros que penetran la oscuridad del cielo rojizo. Ante la presencia de Oliver, la ballena reacciona al empezar a brillar como si fuera una perla, siendo succionada rápidamente por Oliver en su mano izquierda hasta el punto de crear una piedra celeste que queda levemente incrustada en él. La ballena rápidamente es absorbida hasta el punto de serle de freno para Oliver, descendiendo rápidamente hacia el suelo sin presentar daño alguno mientras que él la sigue absorbiendo hasta desaparecer de la escena sin explicación aparente. Al finalizar la absorción por completo, los ojos de Oliver lentamente vuelven a la normalidad y empieza a retomar la conciencia de la situación, percatándose de que la ballena de agua se había esfumado de la escena.
Los soldados que lograron sobrevivir al último ataque de la criatura y fingían estar muertos para salvarse de su ira, se levantan con sus armas de fuego, pero en vez de festejar la derrota de la criatura, ellos se quedan espantados al encontrarse con aquella figura humana, pero en realidad era cualquier cosa menos humana.
Bien, acá tenemos dos escenarios posibles, o ataco como un tonto y me toman como un enemigo del pueblo para ser estudiado como una rata de laboratorio o ¡me rindo e intento explicar la situación que claramente desconozco, por el amor de Dios! Lo siento, me emocioné, veamos cómo acaba este momento…
Oliver se pone nervioso al ver que varios soldados apuntan directamente hacia él, Oliver pone sus manos detrás de su espalda e intenta ponerse de rodillas para ser arrestado de manera pacífica, pero la piedra de su mano izquierda empieza a brillar un fuerte color celeste, provocando que tentáculos aparezcan desde su espalda hechos de agua y estos atacan a los soldados sin piedad alguna. Oliver intenta detener el ataque con sus propias manos, pero de repente siente un gran ardor en su pecho que lo llega a quemar tanto por dentro como fuera, en el lado del corazón. Oliver se arranca su remera para poder ver que, de la nada misma, un tatuaje con olas de un océano se graba en su cuerpo en contra de su voluntad.
