Erhalten Sie Zugang zu diesem und mehr als 300000 Büchern ab EUR 5,99 monatlich.
La Historia elemental de Cuba para uso de las escuelas primarias, tuvo más de diez ediciones entre 1928 y 1964. La presente selección abarca varios capítulos del texto original. A cargo de Ramiro Guerra, uno de los más connotados historiadores cubanos, esta obra relata los avatares de la historia nacional de Cuba desde los tiempos previos a la conquista hasta el siglo XX.
Sie lesen das E-Book in den Legimi-Apps auf:
Seitenzahl: 447
Veröffentlichungsjahr: 2010
Das E-Book (TTS) können Sie hören im Abo „Legimi Premium” in Legimi-Apps auf:
Ramiro Guerra
Historia elemental de Cuba
Barcelona 2024
Linkgua-ediciones.com
Título original: Historia elemental de Cuba.
© 2024, Red ediciones S.L.
e-mail: [email protected]
Diseño de cubierta: Michel Mallard.
ISBN rústica ilustrada: 978-84-9007-162-5.
ISBN tapa dura: 978-84-9007-039-0.
ISBN ebook: 978-84-9953-163-2.
Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos, www.cedro.org) si necesita fotocopiar, escanear o hacer copias digitales de algún fragmento de esta obra.
Créditos 4
Brevísima presentación 9
A los maestros 11
Advertencia preliminar 17
Libro I. Los indios. El descubrimiento y la exploración de Cuba. Ocupación de la Isla por los españoles 21
Capítulo I. Cuba en la época del descubrimiento 21
Capítulo II. Descubrimiento y explotación de Cuba por los españoles 33
Capítulo III. Conquista y ocupación de Cuba por los españoles 40
Capítulo IV. Cómo se organizó el Gobierno de Cuba 49
Capítulo V. Cómo vivían los conquistadores, encomienda de los indios y esclavitud de los negros 55
Capítulo VI. Principales acontecimientos desde la conquista hasta la muerte de Velázquez 61
Capítulo VII. Principales acontecimientos desde la muerte de Velázquez hasta que los franceses quemaron La Habana (1524-1555) 66
Libro II. Crecimiento de La Habana y Bayamo. Las flotas. El contrabando. Comienzos de la industria azucarera. 1555 a 1607 75
Capítulo VIII. Cómo Cuba fue creciendo poco a poco 75
Capítulo IX. Gobernadores que tuvo Cuba desde 1555 hasta 1607 85
Libro III. Noventa años de guerra constante. Los holandeses. Los filibusteros. Los ingleses. Los franceses. Comienzos de la industria tabacalera. Lento crecimiento de Cuba. 1607 a 1697. Desde la división de la Isla en dos gobiernos hasta la paz de 1697 93
Capítulo X. Un siglo de guerra sangrienta 93
Capítulo XI. La vida, las costumbres y el Gobierno de Cuba durante el siglo XVII 99
Libro IV. Guerras con los ingleses. Protestas armadas de los vegueros. Privilegios abusivos. Las primeras libertades comerciales. Los primeros progresos efectivos de Cuba. Desde 1697 hasta 1790 109
Capítulo XII. Las guerras del siglo XVIII 109
Capítulo XIII. El Gobierno de Cuba durante el siglo XVIII 115
Capítulo XIV. Población de la Isla y progreso de la enseñanza de 1607 a 1790 123
Libro V. Un período de agitaciones externas e internas. Guerras exteriores. Luchas sociales y políticas en el interior. División de cubanos y españoles, y establecimiento del régimen absoluto. Gran desarrollo de la riqueza de Cuba e incremento de la esclavitud. Progresos en el orden literario y en la cultura general. Desde el Gobierno de don Luis de las Casas hasta el relevo del general don Miguel Tacón. 1790 a 1838 129
Capítulo XV. Historia política de Cuba, desde 1790 a 1838 129
Capítulo XVI. Gobierno de Cuba de 1790 a 1838 145
Capítulo XVII. Desarrollo económico, crecimiento de la población, cultura y estado social de Cuba, desde 1790 hasta 1838 153
Libro VI. Cuba durante el régimen del Gobierno absoluto. Luchas por la libertad política. Guerras de Independencia. Guerra Hispanoamericana. Terminación de la dominación española. Desarrollo económico de la población y de la cultura 165
Capítulo XVIII. Historia política de Cuba desde el relevo de Tacón hasta el comienzo de la Guerra de los Diez Años 165
Capítulo XIX. Guerra de los Diez Años 176
Capítulo XX. Lucha pacífica por la libertad, de 1878 a 1895 194
Capítulo XXI. La Guerra de independencia 208
Capítulo XXII. La Guerra Hispanoamericana 224
Capítulo XXIII. La administración de Cuba de 1838 a 1898 236
Capítulo XXIV. Desarrollo economico, aumento de la población, estado social, cultura y desarrollo literario de Cuba, de 1838 a 1898 246
Libro VII. El Gobierno Militar de los Estados Unidos. La República. Gestión de los primeros presidentes. Progresos de Cuba independiente 261
Capítulo XXV. Cuba durante el Gobierno militar de los Estados Unidos 261
Capítulo XXVI. Breve resumen histórico de Cuba desde la constitución de la República 269
Guía metodológica para el empleo del texto 319
Ramiro Guerra y Sánchez (31 de enero de 1880, Batabanó-29 de octubre de 1970, La Habana). Cuba.
Historiador, economista y pedagogo, colaboró con la causa independentista cubana y, al término de la guerra en 1898, se graduó de bachiller. Poco después estudió en la Universidad de Harvard en un curso especial para maestros cubanos.
Más tarde se graduó de doctor en Pedagogía en la Universidad de La Habana (1912), con la tesis La lección en la escuela primaria.
Fue director de Escuela práctica anexa (1912-1913), superintendente provincial de escuelas de Pinar del Río y superintendente general de escuelas de Cuba (1926), y profesor y director de la Escuela Normal de maestros de La Habana. Asimismo dirigió el Heraldo de Cuba (1930-1932), el Diario de la Marina (1943-1946) y la Revista Trimestre (1947-1950).
La Historia elemental de Cuba para uso de las Escuelas Primarias, tuvo más de diez ediciones entre 1928 y 1964.
Esta obrita, que ha sido compuesta con el deseo de fomentar el estudio de la historia patria y de ayudar a los maestros a enseñarla, necesita pocas explicaciones previas para fijar su carácter y sus tendencias. La importancia de la enseñanza histórica, por otra parte, es tan evidente, que tampoco requiere grandes encarecimientos.
Los profesores de alguna experiencia saben que a medida que se avanza en el conocimiento de la historia nacional, la noción de la patria aparece ante el espíritu con un contenido mucho más rico que el que comúnmente tiene en el pensamiento de las personas incultas.
La patria no es ya entonces un trozo de territorio ante el cual nos sentimos más o menos curiosos o indiferentes, sin experimentar ninguna emoción de simpatía, o de amor, sino una obra viviente y real, profundamente humana en su esencia y en su contenido, capaz de suscitar entusiasmo e inquietud, de exaltar la inteligencia y el sentimiento, y de determinar firmemente la voluntad al cumplimiento de los más altos deberes cívicos y sociales.
La patria, a medida que se la conoce mejor, surge cada vez más claramente ante la conciencia, iluminada por una luz nueva, como una colectividad moral, que siente, y piensa, y trabaja, y sufre, y lucha, y avanza siempre, impulsada por un deseo irrefrenable de vivir, de conservarse y de sobreponerse a todas las causas de destrucción y muerte que puedan afectarla. La epopeya centenaria de su vía crucis dolorosa nos conmueve intensamente, y hasta su suelo mismo, aparte de su belleza o de su fecundidad, acaba por inspirarnos un respeto casi religioso. Cada rincón del suelo patrio guarda recuerdos imborrables de dolor o de gloria y con las partículas de mineral inerte que lo forman, nos parece ver mezcladas las que un día fueron los huesos, la carne, la sangre y los nervios de nuestros padres y nuestros hermanos muertos, que van ahora, arrastradas por los vientos y las aguas, a infundir nueva vida vigorosa y lozana, a cuanto medra y florece sobre el amplio confín de Cuba.
Todo cuanto miramos en torno nuestro nos habla elocuentemente de la labor creadora de nuestros mayores. Las plantas que nos nutren o que embellecen nuestras casas y nuestros campos, traídas fueron en su mayoría por ellos de extraños climas, y plantadas a la vera del hogar de sus hijos. La tierra, cubierta de pantanos y de maleza, fue saneada, desmontada y roturada por ellos, que levantaron, en la linde del bosque, el primer albergue que cobijó la familia, fuerte ya bajo su techo rústico en la callada soledad del campo, por el amor de los padres a los hijos y de los hermanos entre sí. El camino que atraviesa los montes y los valles uniendo los hogares, y el puente que se levanta sobre el río, obras fueron de sus manos también, expresión tenaz de su voluntad de vivir y de asociarse. Ellos domaron la naturaleza y la pusieron a nuestro servicio; ellos levantaron templos, fábricas y ciudades: ellos forjaron a Cuba material y espiritualmente, tal como ahora la contemplan nuestros ojos.
La naturaleza dio la materia prima, tosca y ruda —el suelo virgen y el bosque salvaje— ellos la pidieron y la conformaron a su voluntad, le infundieron su espíritu y produjeron una obra nueva: la patria tal como ella es. Lo que ellos quisieron, ahí está.
Su obra, a poco que meditemos sobre ella, la comprendemos imperecedera. Para aniquilarla, sería menester descuajar de raíz todas las plantas que importaron y devolver al bosque su salvajez primera: dejar al pantano extender otra vez sus aguas muertas y cenagosas sobre el campo robado a su dominio; borrar la traza del camino que cruza la llanura acercando a los hermanos; arrancar el castillo fijado en la roca como un bizarro accidente del paisaje, y devolver a éste su aspecto desamparado y solitario; arrasar hasta los cimientos las casas y las ciudades, echando sus restos al mar para que las ruinas no recuerden su existencia; y, finalmente, nivelar el suelo y dejar que la maleza cubra de nuevo, hasta el centro del batey o el borde de la playa, los sitios donde se alzan los ingenios, los muelles y los palacios.
Y cuando toda esa obra de destrucción, se haya cumplido, el estudiante de historia sabrá que aún la patria seguirá existiendo en su parte espiritual, más grande y más hermosa: en la obra de cultura y de civilización de nuestros maestros, y nuestros pensadores; en la memoria de los grandes hechos realizados por nuestros padres en defensa de nuestros hogares, nuestra libertad y nuestros derechos; y en los cantos de nuestros músicos y nuestros poetas, llenos de altas y nobles inspiraciones artísticas.
El cubano que llega a conocer en la historia todo ese pasado nuestro se siente heredero de un rico patrimonio y halla en sí mismo nobles estímulos para acrecentarlo y engrandecerlo. Se sabe fuerte y digno, en sus obras y en su derecho, y aprende a estimar a los suyos, y a pensar con respeto, en las cosas de su país. Y si no es un ser mediocre y degenerado, experimentará, sanamente orgulloso, el deseo de continuar, sin vergonzosas soluciones de continuidad, la gran obra de edificación material y moral comenzada por sus mayores.
Para tratar de fijar los lineamientos y los caracteres esenciales de esa gigantesca labor constructiva de nuestros padres, en lo que tiene de grande, de noble y de buena, y grabarlos firmemente en el pensamiento y en el corazón de la adolescencia y la juventud, he tenido el empeño de escribir este libro. Por eso, cada una de sus líneas ha sido meditada con amor y traduce un anhelo patriótico. En ellas vibra, oculta y disimulada a la fría mirada de los indiferentes, una emoción honda y sincera de mi alma de cubano, que los maestros, sin duda alguna, sabrán descubrir y hacer sentir a sus discípulos.
El empeño, bien lo he apreciado al tratar de realizarlo, ha resultado superior a mis fuerzas. Requería un recogimiento de espíritu, una penetración intelectual, un poder de síntesis, una intuición artística y medios materiales de que carezco. A muchos parecerá este libro, por consiguiente, una obra incompleta y festinada, fruto prematuro de la impaciencia y de la audacia... La crítica, con dolor lo declaro, será justa. Sírvame de excusa, sin embargo, el silencio de los más competentes y el vivir atormentado por el deseo de que los cubanos conozcan a Cuba, para que la estimen y la amen... Sí, para que la amen, tal como ella es, obra de la inteligencia y el querer rudos de nuestros padres, trabajada en medio de la adversidad, la ignorancia y el error; pero obra, no obstante, que lleva impreso el sello indeleble de una voluntad firme y benéfica; de un pensamiento robusto y generoso, y de los sentimientos profundamente humanos y ennoblecedores que siempre la inspiraron y la dirigieron: el amor a los hijos y el deseo de levantarles un hogar seguro, donde viviesen en un ambiente de bienestar, de libertad y de paz.
Por lo demás, me conforta la idea de que mis compañeros del Magisterio suplirán con su devoción patriótica las grandes deficiencias de esta obra, que yo hubiera querido que fuese más digna de la grandeza del asunto y de la nobleza de los fines que persigue.
Víbora, 26 de julio de 19221
Ramiro Guerra
1 La fecha pertenece a la primera edición de la Historia elemental de Cuba. La presente es la cuarta edición y abarca la historia cubana hasta la década de 1940 (N. del E.).
La obrita que ofrecemos a la consideración de las personas que se dedican a la enseñanza de los adolescentes y los jóvenes de uno y otro sexo, y de cuantos se interesen por el conocimiento de la historia de Cuba, se divide en siete «Libros», correspondientes a los períodos históricos principales. Cada «Libro» comprende varios capítulos, los cuales, a su vez, subdividen en partes menores, con su encabezamiento respectivo. Cada una de las partes en que se subdividen los capítulos, constituye una unidad, desde el punto de vista del estudio, y lleva su número para facilitar las referencias. Estas se hacen en el texto, colocando la abreviatura de la sección con el número correspondiente dentro de un paréntesis. Al final de cada capítulo aparece un resumen en letra más pequeña y algunos Temas para estudio. Cada «Libro» lleva también un resumen y un sumario de hechos importantes.
El propósito del autor ha sido tratar de dar una idea de las condiciones generales de la vida del país dentro de cada período histórico, sin limitarse a referir, como se hace comúnmente, los sucesos de carácter político más notables. En tal virtud, los asuntos, dentro de cada época, se han agrupado según su naturaleza, porque la narración cronológica de todos los acontecimientos a la vez, produce una gran confusión en el espíritu del estudiante, y no le permitiría discernir la relación que guardan entre sí los hechos históricos.
El texto de cada «Libro» está acompañado de mapas, gráficas y algunos grabados ejecutados especialmente, para ayudar a fijar en el espíritu del estudiante ciertos hechos y el carácter del período a que se refieren.2 Estos grabados son de dos tipos. Unos han sido ejecutados según documentos auténticos, y expresan por consiguiente, hechos reales con toda fidelidad; y los restantes son composiciones imaginativas, cuidadosamente hechas, las cuales a falta de datos auténticos y precisos, ayudarán también a los estudiantes en su esfuerzo para representar las condiciones de vida de cada período.
En toda la extensión del «Libro primero», como ejemplo, se han hecho diversas «reflexiones» que aparecen con un tipo de letra distinto en el texto, para inducir al estudiante a meditar sobre lo que lee y a resumir el fruto de la enseñanza.
Esas «reflexiones» pueden hacerse igualmente en los demás «Libros» pero el autor ha creído pertinente dejar en este punto en completa libertad a las personas que hagan uso de la obra.
Relacionando unos «Libros» con otros puede apreciarse con toda claridad la continuidad del desarrollo histórico, y comparando los grabados de una época con los de las épocas posteriores, resaltará vigorosamente el adelanto del país. Los bohíos de los indígenas, comparados con los grandes edificios públicos y privados de la época actual, evidencian la gran transformación experimentada por Cuba, al pasar de la barbarie primitiva, al brillante estado de su civilización presente. La grande y reconfortante enseñanza que se deriva de esas comparaciones, no necesita ser encarecida.
En la cuarta edición además de las mejoras introducidas en la tercera como son: un índice alfabético de nombres y materias y una guía metodológica para el uso del texto, se ampliaron los mapas haciéndolos a plana entera. Estas mejoras serán de gran utilidad tanto para los estudiantes que usen el libro, como para los maestros que lo empleen en sus aulas.
Los editores3
2 Lamentablemente, en esta edición hemos tenido que prescindir de los grabados por no encontrarlos con la resolución gráfica adecuada (N. del E.).
3 Se trata de los editores de la edición original (N. del E.).
1. Aspecto primitivo de Cuba. Hace poco más de 400 años Cuba presentaba un aspecto muy distinto del que hoy muestra a nuestros ojos.
El país estaba casi totalmente cubierto de frondosos bosques desde un extremo a otro.
No existían ciudades, ni ferrocarriles, ni carreteras, y en los campos no había ingenios ni fábricas de ninguna clase.
Entonces no había ni una sola mata de caña, ni muchas plantas que hoy existen, tales como matas de mangos, naranjos, aguacates, limones, mameyes, café y multitud de árboles más. No pocas de las hierbas que hoy cubren los campos y sirven de pasto al ganado tampoco existían entonces, como la hierba de Guinea, la cañuela o hierba de don Carlos y varias más.
Había palmas, pero en mucho menor número que ahora.
La mayor parte de los animales útiles que hay ahora en Cuba no se conocían entonces en la Isla. No había ganado vacuno, caballar, lanar ni de cerda; ni perros, gatos, gallinas, ni otros animales domésticos. El más valioso de nuestros insectos, la abeja no se encontraba en nuestra patria.
El aspecto de Cuba ha cambiado mucho, por lo tanto, desde entonces hasta nuestros días.
Si una persona de las que vivían en aquella época se encontrara ahora en medios de nuestros campos, creería que había sido transportada a un país distinto y no reconocería su propia tierra.
Todo esto no quiere decir que Cuba no fuera hermosa entonces, sino que era diferente de cómo es ahora en muchas cosas.
2. Quiénes vivían en las Antillas primitivamente. Indios taínos, caribes, siboneyes. Cuba y las demás Antillas Mayores estaban pobladas primitivamente por unos habitantes de tipo muy distinto al nuestro. Tenían el color rojizo, el pelo grueso y lacio, y las facciones algo parecidas a las de los chinos. Eran de carácter pacífico, vivían principalmente de la agricultura y hablaban una lengua muy extraña. Pertenecían a la raza india, cobriza o americana y se llamaban taínos.
En las Antillas Menores vivía otro pueblo diferente, llamado caribe, perteneciente a la misma raza india. Era de condición valerosa, feroz y sanguinaria, y aterrorizaba con las incursiones de sus guerreros a los indios de las Antillas Mayores.
Además, en la parte occidental de Cuba se encontraba otra clase de indios, que se llamaban guanatabibes, ganahacabibes o guanatebeyes, de costumbres muy rudas, estado muy atrasado y diferente idioma.
Como se ve, los indios de las Antillas formaban tres grupos distintos:
1.º, los indios pacíficos y agricultores de las Lucayas y las Antillas Mayores;
2.º, los indios guerreros de las Antillas Menores, y
3.º, los indios selváticos del Oeste de Cuba. A los primeros se les aplica hoy el nombre de taínos los segundos han conservado en la historia su antiguo nombre de caribes, y a los terceros muchos sabios proponen que se le designe con el de siboneyes o ciboneyes.
3. Origen de los indios de las Antillas. El origen de los siboneyes es más dudoso que el de los taínos y caribes. Quizás los siboneyes fueran los primeros habitantes de Cuba, de Haití y de otras islas. No hay pruebas ciertas para saber si vinieron de la América del Norte, del Centro o del Sur. Sin embargo, hay mayores probabilidades de que procedieran de la Florida.
Los taínos y los caribes se cree que eran oriundos de la América del Sur. Los taínos descienden de los indios arahuacos, que aún viven en la América del Sur. También existen en esa parte del Continente antepasados de los caribes.
Es casi seguro que los arahuacos partieron de la América del Sur primero que los caribes. Avanzaron hacia el Norte por las Antillas Menores y después hacia el Oeste por las Mayores, y empujaron delante de sí a los antiguos siboneyes, donde éstos existían, hasta reducirlos al extremo occidental de Cuba. Se establecieron en las Antillas Mayores, acabaron por olvidar el lugar de donde procedían, así como su antiguo nombre, y se aplicaron el de taínos, que en el idioma de ellos quería decir «gente buena y pacífica».
Los caribes salieron de sus tierras de la América del Sur mucho tiempo después que los arahuacos o taínos probablemente. Fueron avanzando por las Antillas Menores, conquistándolas y aniquilando a los habitantes taínos, aunque quizás mataban a los hombres nada más. Cuando Colón descubrió las Antillas Menores, realizaban incursiones a Puerto Rico, Haití y Cuba. Por esa época, los taínos se extendían por Cuba con rapidez y empujaban a los siboneyes al extremo occidental de la Isla y a los cayos vecinos o los obligaban a servirles como súbditos o criados.
4. Restos de los indios antillanos. Todos los indios de las Antillas se han extinguido, pero aún se encuentran restos de sus armas, de los utensilios que usaban y de algunas otras cosas, en los lugares donde habitaban. El hecho de que los restos encontrados puedan agruparse en tres clases distintas, prueba la existencia en lo antiguo de las tres clases de indios: taínos, caribes y siboneyes.
En Cuba se han encontrado muchos restos pertenecientes a los taínos y los siboneyes, y muy pocos atribuidos a los caribes. En las islas Bahamas, Haití y Jamaica, se han hallado muchas cosas de los taínos y pocas de los caribes. En Puerto Rico se han encontrado muchos objetos taínos, pero los caribes abundan también. En cambio, en las Antillas Menores se han descubierto objetos taínos y caribes, pero los de origen caribe son mucho más abundantes.
5. Los indios de Cuba. Los tres tipos de indios de las Antillas no estaban representados en Cuba. Los taínos se hallaban extendidos por toda la Isla. Los caribes se cree que realizaban incursiones en las costas del extremo oriental, cerca de Maisí, pero que no llegaron a establecerse en ella. En cuanto al tercer grupo, hay ciertas dudas sobre si los guanacabibes y los siboneyes eran la misma gente. El padre Bartolomé de las Casas, que recorrió casi toda la Isla y vivió varios años entre los indios creyó distinguir tres clases de indios en Cuba: unos muy parecidos a los de Haití y que él creía que procedían de aquella Isla; otros que le parecieron ser la población nativa y primitiva de Cuba, a los cuales llamó siboneyes o cibuneyes; y un tercer grupo de indios, más salvajes, que vivían en la provincia de Pinar del Río, los guanatebeyes.
En la actualidad algunos sabios creen que los indios que el padre las Casas consideró procedentes de Haití, eran los taínos, y que los guanatebeyes y los siboneyes eran la misma gente.
Una parte del pueblo siboney se había refugiado al Oeste, huyéndole a los taínos y conservaba sus antiguas costumbres salvajes. La parte que se quedó a vivir junto con los taínos, llegó a aprender la lengua de éstos y alguno de sus usos y sus costumbres. Tal vez por eso el padre las Casas creyó que eran distintos de los de Pinar del Río y los llamó siboneyes. Esta opinión se funda en el hecho de que en Cuba solo se han encontrado restos de dos clases de indios, esparcidos por toda la Isla, abundando las reliquias de los taínos en la región oriental y las de los siboneyes en la occidental.
6. Los siboneyes. Alimentación, armas y habitaciones. Los siboneyes, aplicando este nombre a los indios más atrasados y salvajes que vivían hacia la actual provincia de Pinar del Río, ya se ha dicho que pueden ser considerados como los más antiguos moradores de la Isla. Cuando Colón descubrió a Cuba, tal vez muchos de ellos vivían mezclados y confundidos con los taínos, así como en los cayos y las islitas vecinas.
Estos indios se alimentaban de productos naturales y no poseían ningún conocimiento de la agricultura. Algunos de los frutos con que se sustentaban los comían en sazón, tomándolos directamente de las plantas que los producían: otros, como los cocos y los corojos, los almacenaban en cuevas para las épocas de escasez. Los cangrejos terrestres y los caracoles formaban una gran parte del alimento diario. Además, comían con frecuencia pescado, jutías y otros pequeños animales. Hay indicios de que un enorme animal de la clase de los perezosos, llamado megalocnus —extinguido en Cuba desde antes del descubrimiento— pudo haber servido también de alimento a los siboneyes.
No se sabe qué armas usaban éstos, pero se cree que el arco y la flecha se contaban entre ellas. Es posible que tuvieran canoas de troncos ahuecados como las de los taínos, pero de más tosca construcción.
Los siboneyes ocupaban cavernas y abrigos habitables en las rocas, cerca de las playas o los ríos, lugares donde se encuentran restos de ellos con frecuencia, pero en ocasiones vivían también en campo abierto, probablemente en bohíos fabricados de manera muy tosca.
7. Industria y adornos de los siboneyes. Muchos de los depósitos de restos de los siboneyes no muestran trazas de alfarería, aunque quizás tuvieron alguna después de su trato con los taínos. Hacían tazas de madera, con la ayuda del fuego, empleando pedazos de caracol para raspar la parte quemada, a medida que adelantaban en el trabajo. Los mismos caracoles grandes, los convertían también en tazas y cucharones, quitándoles las espirales del interior. Empleaban, además, morteros y martillos de piedra muy toscos. En los trabajos de pedernal eran muy inhábiles, consistiendo principalmente los que hacían, en cuchillos y raspadores. En los lugares que ocuparon los siboneyes, suelen encontrarse hachas de piedra y de concha, pero son raras y difieren de las del tipo taíno.
De los vestidos que usaban, si es que los tenían, nada sabemos. Sus adornos consistían en collares de cuentas, formados de conchas y de vértebras de pescado. Usaban también pendientes de pedacitos de concha, piedra o dientes de tiburón, gastados y pulidos por las aguas. Estos objetos los agujereaban, para suspenderlos por un hilo o cordel.
En las prácticas religiosas de los siboneyes nada se sabe de cierto. Tal vez correspondan a este pueblo ciertas caras y figuras muy toscas e imperfectas, que se han hallado esculpidas o más bien arañadas sobre los pilares de algunas cavernas de la Isla.
8. Los taínos de Cuba. Sus casas y pueblos. Los taínos no tenían poblaciones grandes como las hay ahora en Cuba, ni gustaban de vivir en casas aisladas, como se ven muchas actualmente en el campo. Preferían reunirse en caseríos o pequeños pueblos, situados en terrenos llanos de cultivo, donde tuviesen agua potable cerca. Los pueblecitos de los taínos no tenían calles. Las casas se fabricaban casi todas alrededor de un espacio vacío, llamado batey. Las casas eran de madera al natural. Las paredes estaban formadas de gruesas estacas clavadas en el suelo o de tablas de palma. Construían los techos con varas de madera, a las cuales amarraban cujes, destinados a atar en ellos las pencas u hojas de palma. Muchas casas eran circulares. Las piezas de madera no se sujetaban con clavos porque los taínos no los tenían, sino se amarraban con ariques y bejucos.
En las casas había ciertos objetos típicos. Entre ellos merecen mencionarse las camas, que eran hamacas, formadas de una red de hilos gruesos de algodón, colgadas de las vigas del techo; unos asientos llamados dujos, trabajados con frecuencia de una manera muy bella, en forma humana o animal, con dibujos e incrustaciones de conchas, y algunas vasijas de madera o de alfarería, hermosamente decoradas. También se hallaban cestas de tejidos de hojas de palma y otras materias, colgadas de las vigas. Contenían provisiones y otras chucherías diversas.
Los pueblos más grandes no llegaban a igualar los más pequeños de los nuestros. Las mejores casas se parecían a los más pobres bohíos de nuestros campesinos.
9. Trabajos y ocupación de los taínos. Los taínos vivían principalmente de sus cosechas de maíz, del casabe que preparaban con los tubérculos de la yuca, y de los frutos de otras plantas indígenas. Además, cultivaban boniatos, tabaco y algodón. Se dedicaban también a la pesca y a la caza, pero ésta, a causa de la escasez y del pequeño tamaño de la mayor parte de los animales terrestres, era de poca importancia. Casi toda la pesca la realizaban con redes o anzuelos. Unos palos cortos y gruesos, llamados macanas, y las lanzas arrojadizas o jabalinas, eran sus instrumentos favoritos para la caza y la guerra. El arco y la flecha, aunque existían entre ellos, parece que eran poco usados.
Los taínos construían canoas para viajar por los ríos y el mar. Eran grandes troncos ahuecados por el fuego, de una sola cavidad. Las había muy grandes y bien construidas, impulsándolas con remos. Con ellas hacían también viajes a las islas vecinas.
Para cortar madera y otros usos semejantes, los taínos empleaban hachas de una piedra muy dura, llamada pedernal. Algunas las pulían muy bien, dándoles una forma tan perfecta, que resultan muy difíciles de superar. Estas hachas se montaban y amarraban en mangos de madera. Los taínos ejecutaban también trabajos de talla y recorte de piezas de madera, de hueso y, de conchas, utilizando cuchillos, raspadores y taladros hechos de pedernal. Su habilidad para trabajar el pedernal era muy inferior a la que manifestaban para lo demás. Cuando terminaban la labor más gruesa de un objeto, lo pulían, empleando para ello piedras areniscas, sobresaliendo mucho en sus tallados de madera y concha. Los hacían con tanta delicadeza y simetría, que es muy difícil hallar otros mejor ejecutados entre los indios del Continente. Los objetos eran decorados con patrones o modelos geométricos, generalmente círculos, óvalos y complicados dibujos de líneas, con figuras representando en formas convencionales personas, animales y seres sobrenaturales, siendo estos últimos muy grotescos.
10. Manera de vivir de los taínos. Los taínos vivían en mucho atraso. En sus casas se carecía casi hasta de lo más indispensable para disfrutar de alguna comodidad. Andaban descalzos, no usaban nada para cubrirse la cabeza y casi siempre iban desnudos. Solo las mujeres se vestían con un pequeño delantal tejido de algodón o de paja. En cambio gustaban de adornarse mucho, pintándose el cuerpo y usando collares y pendientes de piedra, de concha y de hueso, y aretes circulares de concha para las orejas. También empleaban para el adorno personal semillas, frutas de diversas plantas y plumas de colores vivos y vistosos.
Cocían los alimentos en cazuelas u ollas de barro, fabricadas por ellos mismos, o colocándolos directamente sobre el fuego. Además de casabe, maíz, boniatos y frutas, comían pescados, aves, jutías, guabiniquinajes, jubos, lagartos, jicoteas y cuantos animales caían en sus manos.
Para preparar el casabe, construían unos ralladores especiales, incrustando numerosas piedrecitas en la superficie de una ancha tabla de madera. Con estos ralladores desmenuzaban la yuca, convirtiéndola en catibía. El jugo venenoso que cierta clase de yuca suele contener, se lo extraían prensando la catibía en una cesta o un saco de paja, tejido a mano. Esta clase de rallador y esta prensa se usan todavía entre los indios arahuacos de la América del Sur. La catibía, después de prensada, se disponía en forma de tortas delgadas, que colocaban al fuego sobre una plancha circular de barro cocido o de piedra, llamada burén. Entre los restos de los antiguos pueblecitos de los taínos, abundan fragmentos o pedazos de estos burenes. Hasta hace unos pocos años, todavía en Cuba se fabricaba casabe de una manera parecida a como lo hacían los indios.
La vida de los taínos era muy monótona. Los trabajos caseros, la caza, la pesca y el cultivo de sus conucos ocupaban casi todo su tiempo. La caza y la pesca no eran deportes, sino trabajos necesarios y penosos. Sus principales diversiones consistían en unas fiestas llamadas areitos y en cierto juego de pelota. Los areitos se celebraban casi siempre de noche. Consistían en cantar y bailar a la luz de hogueras encendidas en medio del batey. Las pelotas que usaban en sus juegos eran de resina endurecida. Otro de sus placeres era fumar tabaco. Como en sus casas los asientos eran muy raros, permanecían casi siempre en cuclillas. Al hablar gesticulaban mucho, tal vez porque su idioma era muy pobre y se daban a entender por gestos.
11. Carácter de los taínos. Los taínos eran de carácter amable y pacífico. Los padres eran cariñosos con sus hijos y los cuidaban lo mejor que podían. Los que vivían en un mismo pueblo, tenían un jefe, al cual llamaban cacique. El cacique era respetado y obedecido por todos los del pueblo, quienes se llevaban bien unos con otros. La caza, la pesca y los frutos recolectados, se entregaban al cacique, distribuyéndolos éste después entre todos.
Generalmente, nunca los de un pueblo peleaban con los moradores de los pueblos próximos, aunque cada pueblo era independiente y la Isla no tenía un Gobierno común.
Los taínos no tenían la cualidad de la previsión, propia del hombre civilizado. Pensaban poco en lo porvenir y vivían al día. No obstante, eran fieles y leales a sus amigos.
Aunque no eran guerreros, a veces los de la región oriental tenían que pelear con indios de otras islas que venían a Cuba, principalmente con los caribes, los cuales solían hacer incursiones en las costas. En sus peleas, los taínos gritaban mucho para atemorizar a sus enemigos.
De la mitología o religión de los taínos se sabe poco. En sus ceremonias religiosas usaban máscaras, unos ídolos llamados cemíes y otros objetos.
Probablemente, la mayor parte de los objetos de uso religioso eran de un material de fácil destrucción por la acción del tiempo, y debido a eso no se han encontrado entre los restos de sus caseríos.
12. Aislamiento y atraso de los indios. Tanto los taínos como los siboneyes vivían muy atrasados, si se les compara con nosotros. Los pueblecitos o lugares que habitaban, estaban aislados unos de otros por bosques muy espesos. En la Isla no habían caminos y los indios viajaban casi siempre en canoas, a lo largo de los ríos o de la costa, sin alejarse mucho de sus lugares respectivos.
Cada lugar era independiente de los demás y la Isla no tenía un solo Gobierno como ahora.
Aunque los indios eran todos de la misma raza y vivían en un mismo país, los de unos pueblos sabían poco o nada de lo que ocurría en los otros y en las islas vecinas, a causa del aislamiento y la incomunicación en que estaba cada lugar de la Isla. Cuba no era una patria en la época en que la habitaban los indios, porque una patria es un país cuyos habitantes piensan de la misma manera en muchos asuntos, se conocen y aman unos a otros, quieren ciertas cosas con el mismo fervor y pueden discutir y ponerse de acuerdo sobre ciertos propósitos y trabajar juntos para realizarlos.
13. Resumen. En Cuba primitiva faltaban muchas de las plantas y los animales que hoy forman la principal riqueza de la Isla. El país estaba poco poblado y en estado salvaje. Los habitantes eran de la raza india y se cree que pertenecían a dos pueblos diferentes: el taíno y el siboney, más adelantado el primero que el segundo. Cuba no era una patria o una nación entonces, a causa del aislamiento y la independencia en que vivían los pobladores unos de otros.
14. Temas para estudio.
Los encabezamientos de las secciones numeradas, y, además, los siguientes:
1. Paralelo entre Cuba actual y Cuba primitiva, en plantas, animales y obras de la industria humana.
2. Paralelo entre taínos y siboneyes.
3. Comparación entre la abundancia de medios de transporte y de comunicación de ideas de Cuba actual, y la falta de los mismos en Cuba primitiva.
15. Los europeos intentan hallar un nuevo camino para la India. En la época en que en Cuba solo vivían indios siboneyes y taínos, los europeos, que habían comenzado a extender sus dominios fuera de Europa, tenían mucho comercio con la India, a través del Mediterráneo y de los países del Asia Menor. Los turcos, enemigos de los europeos, se apoderaron de dichos países y de las costas asiáticas del Mediterráneo. Desde entonces, los comerciantes de Europa no pudieron continuar sus tratos con los de la India.
El comercio con la India, que era muy necesario a los europeos producía grandes ganancias, de manera que éstos trataron de hallar un nuevo camino para continuar sus negocios. En esta situación, un marino llamado Cristóbal Colón, pensó que navegando por el Atlántico, hacia el Este, se podían descubrir nuevas tierras y, además, dar la vuelta al mundo y llegar a la India, con lo cual el problema de hallar un nuevo camino para el comercio quedaría resuelto.
Colón era un hombre de gran talento, tenaz y perseverante; había estudiado mucha Geografía y ambicionaba hacerse rico y famoso.
Se cree que nació en Génova, y en la época en que concibió su proyecto, era un marino de mucha experiencia.
Colón había concebido un excelente plan para descubrir tierras al Oeste del Atlántico, pero no podía realizarlo. Era pobre, no tenía barcos ni dinero con que pagar a los marineros ni sufragar los demás gastos del viaje, y carecía de medios y de poder para conquistar los países que descubriese.
En vista de esto Colón trató de que algunas naciones europeas. Portugal en primer término, le facilitaran recursos para el viaje. En varios países se los negaron, pero al fin consiguió, después de vencer muchas dificultades, que los reyes de España, llamados don Fernando y doña Isabel, le proporcionaran los medios necesarios para realizar su empresa.
Después de firmar un convenio con los reyes, Colón se trasladó a un puerto del sur de España llamado Palos, y auxiliado por dos marinos de apellido Pinzón, logró preparar tres barcos, tripulados por unos noventa hombres, con los cuales emprendió el viaje.
Colón partió de Palos el 3 de agosto de 1492. Desde dicho puerto se dirigió a las Islas Canarias, y después se lanzó a atravesar el Atlántico.
Este viaje era una empresa muy atrevida; nadie había cruzado aún el Atlántico y no se sabía dónde terminaba. Los marinos más experimentados y valientes, no osaban aventurarse mucho en dicho Océano. Solo hombres tan valerosos como Colón y sus compañeros, se hubieran lanzado a hacerlo en sus pequeñas carabelas.
16. Colón descubre las islas Lucayas, Cuba y Santo Domingo.Colón y sus compañeros tardaron dos meses y nueve días en atravesar el Atlántico. Al cabo de este tiempo, llegaron a una islita perteneciente al grupo de las Lucayas. Los habitantes daban a dicha islita el nombre de Guanahaní, pero Colón la llamó «San Salvador», como acción de gracias a Dios, que los había conducido al éxito de su empresa y librado de los peligros de ésta. El almirante se hallaba en la creencia de que habían llegado a la India o muy cerca de dicho país.
Colón supo en las Lucayas que al sur había tierras mucho mayores, y continuó el viaje en la dirección mencionada.
Descubrió otras islas más, pertenecientes al mismo archipiélago, y finalmente el 27 de octubre de 1492, arribó por primera vez a las costas de Cuba.
No se sabe con certeza el sitio de la costa de Cuba a que llegó Colón primeramente, pero se cree que fue a algún lugar entre Nuevitas y Cabo Lucrecia.
Colón quedó encantado de la hermosa vegetación de Cuba y de la suavidad del clima de ésta.
Él y sus compañeros, pensaron que habían llegado a algún punto del Japón. En esta creencia, el almirante envió algunos hombres a recoger noticias del interior del país, y después exploró la costa septentrional de Camagüey y Oriente, hasta Baracoa. De este lugar navegó con rumbo al Este y descubrió la Isla de Santo Domingo.
Esta última Isla le atrajo más que Cuba, porque supo que en ella se encontraba oro en abundancia. Uno de sus barcos se fue a pique en la costa y con los restos del mismo construyó un fuerte, al cual le puso el nombre de «Navidad». Dejó en él treinta y seis hombres y emprendió el viaje de regreso a España. La travesía fue muy penosa, pero cuando Colón llegó a España y dio cuenta a los reyes de los descubrimientos que había hecho, fue muy agasajado por estos.
El descubrimiento de América es uno de los sucesos más famosos de la historia del mundo y ha hecho célebres para siempre a Colón, a sus compañeros y a los reyes don Fernando y doña Isabel.
17. Colón vuelve a las Antillas y reconoce la costa meridional de Cuba. Los reyes don Fernando y doña Isabel quedaron muy satisfechos de los descubrimientos realizados por Colón, e inmediatamente le facilitaron abundantes recursos para realizar un segundo viaje y comenzar la colonización de las tierras descubiertas, así como las demás que se descubriesen en lo adelante.
En este segundo viaje, Colón se dirigió más al sur; descubrió las Antillas Menores y la Isla de Puerto Rico, y llegó con toda felicidad a Santo Domingo.
Colón encontró el fuerte de Navidad reducido a cenizas, y supo que los soldados que lo guarnecían habían sido muertos por los indios, en venganza de las atrocidades que dichos soldados habían cometido con los indígenas de las cercanías del fuerte.
El almirante fundó una población, a la cual puso el nombre de Isabela, castigó a los indios, emprendió algunos trabajos agrícolas y comenzó la explotación de las minas de oro.
Después de realizados estos trabajos, Colón continuó sus descubrimientos, pues deseaba conocer mejor a Cuba y saber si era una Isla o un continente. Partió de Santo Domingo, navegó por la costa meridional de Cuba, y visitando los puertos y las islas que la rodean por el sur, llegó hasta la ensenada de Cortés, en Pinar del Río. De allí regresó a Santo Domingo, creyendo que la costa de Cuba se extendía mucho más aún, y que ésta no era una Isla, sino un continente. Colón continuó prefiriendo a Santo Domingo y no trató de colonizar a Cuba.
18. Los últimos hechos de la vida de Colón.Colón efectuó otros dos viajes más al Nuevo Mundo, pero no tienen interés para la historia particular de Cuba.
El Gobierno de la colonia que había fundado en Santo Domingo le ocasionó muchos disgustos. Los españoles que le acompañaron en el segundo viaje, y otros más que vinieron de España después se establecieron en Santo Domingo. Todos reconocían a Colón como jefe, pero muchos de ellos eran hombres díscolos, crueles y ambiciosos, resultando muy difícil gobernarlos bien. En su mayoría, no querían trabajar y no respetaban a las autoridades ni las leyes. Además, tal vez Colón no era tan buen gobernante como buen marino. Los colonos se quejaban mucho de él, y los reyes enviaron a un juez llamado don Francisco de Bobadilla, para que se hiciera cargo del Gobierno y para que averiguara quiénes eran los responsables de los trastornos que ocurrían en Santo Domingo, a fin de aplicarles el castigo merecido. El juez dio oídos a los enemigos de Colón, encarceló a éste y lo envió a España preso y cargado de cadenas.
Cuando Colón llegó a España, los reyes ordenaron que se le dejara en libertad inmediatamente, pero no lo repusieron en el Gobierno de Santo Domingo.
Colón pasó los últimos años de su vida en la mayor pobreza, reclamando el derecho que tenía a ser gobernador, según el contrato que los reyes habían firmado con él. La reina doña Isabel, que era su protectora, murió algún tiempo después de la fecha en que le habían privado de su Gobierno, y el rey don Fernando se negó a acceder a las reclamaciones del célebre marino.
Cristóbal Colón murió el 20 de mayo de 1506, en la ciudad de Valladolid, situada en el centro de España.
El nombre de Colón es famoso en el mundo entero. Para perpetuar su memoria se han erigido bellos monumentos en Europa y América.
En la ciudad de Cárdenas hay un monumento a Colón, y en la provincia de Matanzas una población rica y floreciente se llama Colón, en honor del descubridor del Nuevo Mundo.
19. Sebastián de Ocampo da la vuelta a la Isla. Después de los dos primeros viajes de Colón, los españoles tardaron en volver a Cuba. Las costas de nuestro país no fueron exploradas regularmente hasta cerca de quince años más tarde, cuando ya los españoles habían fundado muchos pueblos en Santo Domingo.
En el año de 1508, un marino llamado Sebastián de Ocampo, natural de Galicia, recibió el encargo del gobernador de Santo Domingo, de continuar la exploración de las costas de Cuba, averiguar si esta era una Isla o no, y enterarse si podría o no colonizarse fácilmente.
Ocampo partió de Santo Domingo con dos barcos, navegó a lo largo de la costa septentrional de Cuba, visitó el puerto de La Habana, dobló el cabo de San Antonio y regresó a su punto de partida, por el sur de la Isla.
Ocampo comprobó que Cuba era una Isla muy extensa y fértil, y los españoles de Santo Domingo supieron por él que los habitantes de Cuba eran numerosos y pacíficos y que en el país había oro. Estas noticias decidieron a muchos españoles a pasar a la Isla con el propósito de establecerse en ella.
20. Otros españoles tocan en la Isla después de Ocampo. Actitud de los indios. Después del viaje de Ocampo, todavía transcurrieron tres años antes de que los españoles de Santo Domingo viniesen a establecerse en Cuba.
Durante este tiempo, varios barcos españoles tocaron en nuestras costas, además de algunos que naufragaron en ellas.
En unos casos, los indios recibieron bien a los españoles de dichos barcos, pero en otros los trataron mal y mataron a todos los que pudieron.
En cierta ocasión, un barco con treinta y seis españoles naufragó en la costa septentrional de Pinar del Río o de La Habana. Los indios mataron a los náufragos, excepto a un hombre y a dos mujeres, que retuvieron prisioneros.
La hostilidad de los indios se debía a varias causas justificadas. Colón se había llevado a la fuerza en sus barcos a algunos indios con sus mujeres y sus hijos, y otros españoles también habían cometido abusos con los indígenas al tocar en las costas de Cuba. Además, muchos indios que se habían refugiado en la Isla huyendo de Santo Domingo, contaban cómo los colonos españoles habían matado a casi todos los habitantes de aquel lugar, reduciendo los demás a la esclavitud.
Los indios cubanos que llegaron a saber esto, consideraban a los españoles como enemigos y los mataban siempre que podían, por temor a que intentaran quedarse en Cuba.
21. Resumen. Cuando los europeos trataban de hallar una ruta marítima para comerciar con la India, Cristóbal Colón concibió el plan de descubrir tierras al oeste del Atlántico y llegar al citado país a través de dicho Océano, fundándose en la idea, poco aceptada entonces, de la redondez de la Tierra. Los reyes de España, don Fernando y doña Isabel, le facilitaron los medios de emprender el viaje descubriendo Colón las Lucayas y las Antillas Mayores, entre ellas a Cuba. Colón creyó que Cuba formaba parte de un continente, pero Sebastián Ocampo navegó a todo el rededor comprobando que era una Isla.
22. Temas para estudio.
Los encabezamientos de las secciones numeradas, y, además, los siguientes:
1. Biografía de Colón.
2. Hechos, monumentos y lugares que recuerdan a Colón en Cuba.
3. Resumen de las noticias que los españoles tuvieron de Cuba antes de emprender la colonización de la Isla.
23. Los españoles resuelven conquistar a Cuba. Velázquez. En el año 1511, cerca de veinte años después de haber sido descubierta Cuba por Colón y cuando ya éste había muerto, el jefe de los españoles en Santo Domingo era un hijo del almirante Colón, llamado don Diego Colón.
En esa fecha, ya los españoles se habían establecido en las islas de Puerto Rico y Jamaica, y en varios lugares del Continente, cerca del istmo de Panamá.
Don Diego Colón pensó que él debía conquistar y gobernar a Cuba, porque esta Isla había sido descubierta por su padre, el Gran almirante, y resolvió que un jefe español, llamado Diego Velázquez, natural de Cuéllar, pueblo de Castilla, España, quedase encargado de realizar dicha conquista.
Diego Velázquez era valiente y rico, y tenía mucha autoridad entre los españoles, porque se había distinguido peleando contra los indios de Santo Domingo y había fundado varios pueblos en la citada Isla.
Velázquez se comprometió a reunir gente para la conquista de Cuba, y a pagar los gastos con su propio dinero, cobrándolos más tarde con lo que Cuba produjera.
24. Comienza la conquista de Cuba.Diego Velázquez reunió unos 300 españoles en un lugar de la costa septentrional de Santo Domingo, emprendió viaje con ellos en varias carabelas y tomó tierra en la parte oriental de Cuba, para comenzar la conquista de la Isla.
Los propósitos de Velázquez cuando desembarcó en Cuba, parece que eran tratar de dominar a los indios sin pelear con ellos ni matarlos, a fin de poder utilizarlos para trabajar en los campos y las minas.
Muchos indios eran mansos, pero otros odiaban y temían a los españoles. Habían nacido libres y no querían ser esclavos de nadie. Sus armas eran pocas y malas, pero a pesar de esto, se hallaban dispuestos a pelear contra Velázquez y su gente, para impedir que se estableciesen en Cuba.
25. Lucha con los indios. El cacique Hatuey. El jefe principal de los indios que estaban resueltos a pelear contra la gente de Velázquez, era un cacique llamado Hatuey.
Hatuey había sido jefe de una región de Santo Domingo, llamada Guahabá. Los españoles de dicha Isla habían matado a casi toda su gente y él había logrado escapar y refugiarse en Cuba.
Hatuey era muy valiente, se expresaba bien y era más inteligente que la mayoría de los demás indios.
Cuando Hatuey supo que Velázquez venía para Cuba, hizo saber a los indígenas que si las gentes del jefe español, que quedaban en la Isla, matarían a los indios o los harían esclavos; les aconsejó que echaran al mar o a los ríos todo el oro que tuvieran, para que los españoles creyeran que en Cuba no lo había, y, finalmente, los animó a combatir contra los españoles enseguida que estos desembarcasen. Cuando Velázquez tomó tierra en la costa, Hatuey dividió sus indios en pequeños grupos, ordenándoles que atacaran a los españoles por sorpresa, cada vez que pudiesen; que les arrojaran piedras y flechas, molestándolos sin cesar, y que se dispersaran cada vez que la gente de Velázquez intentase pelear con ellos de cerca o cuerpo a cuerpo.
Diego Velázquez conocía bien la manera de pelear de los indios, así es que mientras una parte de su tropa se ocupaba en fundar el primer pueblo (que fue Baracoa), dividió el resto en pequeños grupos, para perseguir sin descanso a la gente de Hatuey.
Los españoles usaban corazas y cascos de acero, y escudos o rodelas para defenderse de las flechas y las pedradas de los indios. Además, contaban con armas de fuego, llamadas arcabuces, y con unas flechas mucho mejores que las de los indios, llamadas ballestas. Antes de que un indio pudiera acercarse lo necesario a un soldado de Velázquez para dispararle una flecha o tirarle una piedra, el español podía matarlo de un tiro de arcabuz o de ballesta. De modo que cada vez que se trababa una pelea, los españoles mataban muchos indios, mientras que éstos no podían matar a ningún español.
Lo peor para la gente de Hatuey, era que los españoles tenían muchos perros bravos y feroces, que rastreaban a los indios por el olor. Los indios preparaban emboscadas para sorprender a los españoles en las veredas de los montes pero los perros las descubrían. Cuando la gente de Hatuey se dispersaba, después de un combate, los perros seguían el rastro, daban alcance a los indios y los destrozaban a mordidas con sus agudos colmillos. También guiaban a la gente de Velázquez hasta los refugios más ocultos de los indios en los bosques.
Además, los indios que sostenían la guerra no eran todos los de la Isla, sino solamente los de algunos pueblos de la región oriental, de manera que pronto los españoles fueron acabando con ellos.
Como quiera que Hatuey era el que más alentaba y dirigía mejor a los indios en la lucha, Velázquez trató de matarlo o de hacerlo prisionero. Al fin logró esto último, obligando a algunos indios a denunciar dónde se hallaba oculto el cacique, al cual sorprendió y apresó junto con varios de sus compañeros.
Hatuey fue condenado por Velázquez a ser quemado vivo, castigo bárbaro que se aplicaba en aquella época a ciertos criminales.
El suplicio de Hatuey se efectuó cerca de un lugar llamado Yara. El cacique murió con heroico valor, sin querer hacerse cristiano, por no encontrarse en el cielo, según dijo, con los españoles.
El cacique Hatuey fue un valiente que peleó por su libertad y la de sus hermanos de raza. Su nombre debe recordarse con admiración y respeto. Él y sus compañeros fueron vencidos porque los conquistadores disponían de mayores adelantos y estaban más unidos. La fuerza de un país no depende solo del valor de sus hijos, sino de la civilización que hayan llegado a alcanzar, y de la unión que entre ellos exista.
26. Velázquez ocupa toda la región oriental. Después que Velázquez venció y dio muerte al cacique Hatuey, se dispuso a ocupar toda la región oriental.
Desde Baracoa envió dos grupos de españoles, uno a lo largo de la costa septentrional hasta cerca del límite de Camagüey, y otro hacia las tierras llanas que baña el río Cauto.
El primer grupo iba al mando del segundo jefe de Velázquez, llamado Francisco de Morales, y el segundo llevaba al frente a un español cuyo nombre era Pánfilo de Narváez. Los jefes llevaban órdenes de tratar de dominar a los indios por medios pacíficos, y de no pelear con ellos sino para defenderse, en caso de necesidad.
Morales no cumplió las órdenes de Velázquez, cometió muchos abusos con los indios de la región llamada Maniabón, y dio motivo a que los indios se sublevaran y mataran a algunos españoles. Velázquez le quitó el mando a Morales y lo envió preso a Santo Domingo.
Narváez llegó con su gente a la zona en que hoy está Bayamo. Sus soldados eran en su mayor parte arqueros, armados de ballestas. Habían venido con él de Jamaica, y cada uno de ellos tenía uno o más asistentes indios que habían traído de dicha Isla.
A pesar de las órdenes de sus jefes, tanto los arqueros como los indios jamaiquinos cometían muchos abusos con los naturales, así es que éstos no tardaron en resolverse a matarlos a todos. Reunidos en gran número, atacaron una noche por sorpresa a Narváez y a su gente, pero no pudieron lograr su intento, aunque los pusieron en grave aprieto. A los pocos días, Velázquez acudió en auxilio de Narváez; entonces los indios de toda aquella zona se fueron huyendo a Camagüey.
Velázquez envió a Narváez en seguimiento de los indios, con encargo de inducirlos a que regresaran a Bayamo bajo la promesa de que no se les haría daño. Narváez no pudo darles alcance y volvió a Bayamo. Sin embargo, poco tiempo después los indios regresaron, porque los de Camagüey no les dieron de comer ni los dejaron permanecer entre ellos.
Velázquez logró apaciguar a los indígenas y volvió a Baracoa, después de recomendarles que continuaran el cultivo de sus tierras.
Velázquez temía que si se maltrataba a los indios, éstos se fugarían a los montes y abandonarían sus cultivos. En ese caso, los españoles podían llegar a verse sin tener qué comer y sin trabajadores para las minas de oro, como les había ocurrido en Santo Domingo.
27. Velázquez planea la ocupación de toda la Isla.Velázquez distribuyó tierras entre los pobladores españoles de Baracoa y ordenó a los indios que trabajaran en las fincas de los mismos durante cierto tiempo. Cuando ya se habían hecho bastantes siembras para que no faltara la comida, decidió ocupar todo el resto de la Isla.
Velázquez dispuso que su gente fuese avanzando de Oriente a Occidente, dividida en tres grupos: uno por la costa del Norte de la Isla, otro por el centro y el tercero por la costa meridional.
El grupo del Norte debía salir del puerto de
