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Los españoles del siglo XXI somos los mismos que hemos habitado estas tierras desde tiempos ha. Los universos culturales que han cristalizado en nuestra modernidad no son otros que los heredados de romanos, judíos, visigodos y los didtintos grupos étnicos que han habitado, y siguen habitando, la geografía ibérica. Enfocado en ello, tienes en tus manos un ensayo sobre el desarrollo sociopolítico y cultural de la sociedad occidental. Descubriendo el velo de sucesos clave como la expulsión de los judíos de Egipto y el poder hegemónico del Imperio romano, esta obra es la historia condensada de las luchas por la ocupación territorial e ideológica en las que se amalgaman los elementos políticos, económicos, geoestratégicos, culturales y religiosos de las civilizaciones europeas desde las sociedades imperialistas y feudalistas hasta el capitalismo actual. Es la historia del desequilibrio que reina en nuestra actual sociedad de Occidente. Haciendo gala de una sólida maestría narrativa, el autor emplea un lenguaje muy personal, alejado del rigor academicista y de toda sinuosidad retórica, con una voz íntima en las que destacan brillantemente el sarcasmo, la anécdota y la frescura.
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Seitenzahl: 134
Veröffentlichungsjahr: 2024
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ÍBERA SUBCONCIENCIA
Diego Pérez Benedicto
© Diego Pérez Benedicto
© Íbera subconsciencia
Junio 2024
ISBN papel: 978-84-685-8221-4
ISBN ePub: 978-84-685-8222-1
Depósito legal: M-16246-2024 SafeCreative: 2406288417109
Editado por Bubok Publishing S.L.
Tel: 912904490
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Índice
Íberia subconsciencia
Epílogo
Bibliografía
Íberia subconsciencia
En un mundo en el que la riqueza está concentrada en un uno por ciento de la población, es decir, que solo una de cada cien personas vive con lo mismo (dícese de «lo mismo» como la misma cantidad de «moneda de cambio», o sea, el dinero de las otras noventa y nueve), es, a todas luces, un mundo en el que tú y yo estamos. Y este mundo se llama «desequilibrio».
Cuando los ROMANOS entraron en España, allá por el 200 antes de la era común (a. e. c.), Iberia era un lugar lleno de grupos de personas que no compartían las mismas leyes si te ibas algunos kilómetros unos de otros. Había FENICIOS o CARTAGINESES, GRIEGOS, NUMANTINOS, TARRACONENSES, VASCUENCES, LUSITANOS, algún JUDÍO con su JUDÍA... En fin, un tanto de todo, excepto ROMANOS.
Es decir, cuando ellos todavía estaban intentando hacerse con «los papeles de Egipto», aquí, en una tierra llamada IBERIA, la vida se daba tanto o más que en cualquier otro lugar al oeste de CHINA. Por cierto, los ROMANOS estaban siendo ayudados por la inestimable ayuda de los JUDÍOS, a quienes, en su forzada marcha de tierras faraónicas, no se les ocurrió manera mejor de vengarse que dándoles «esos papeles» a sus nuevos protectores para que tuvieran con qué poder destruirles y, de paso, absorber así toda su sabiduría para crear lo que ellos andaban buscando desde sus inicios como mercenarios contra el IMPERIO ETRUSCO, es decir, un identidad que tapara esa inhumanidad.
Este acto de venganza se repetiría otra vez unos siglos después. Ya os contaré…
Spania... Qué bonito suena, ¿eh?... Porque… ¿España?... ¡Ufff!
El caso es que los FENICIOS ya la denominaban así cuando, en sus largos viajes por el Mediterráneo, traían y llevaban sus productos y comerciantes. Fue luego, cuando el nuevo grupito de superhombres les quiso quitar su poder, que se produjeron las llamadas Guerras Púnicas por las que, finalmente, se quedaron sin ellas, y por ende las dominarían los otros; aunque lo de «dominaron» nunca se produciría hasta 200 años después, lo que hoy llamamos la romanización.
Y ¿qué hicieron los ROMANOS por nosotros?... Pues sí, hicieron mucho…
La relación entre los JUDÍOS y los ROMANOS se forja entonces en una relación en lo que los biólogos quieren apoyarse cuando dicen «de mutualidad», es decir, que ambas se benefician sin dañarse la una a la otra; en el caso de los JUDÍOS, se sentían, por fin, acogidos por un imperio... Y en el caso de los ROMANOS, se sentían, por fin, apreciados como un imperio y, además, le copiaban todo lo que podían al verdadero imperio que fue, del que no se sentían acogidos los JUDÍOS.
Lo que no sabían los ROMANOS es que los judíos ya habían hecho ellos algunos deberes que, con el paso del tiempo, resultaron serles muy útiles para, finalmente, hacerse también con los ROMANOS; digo romanos, porque es así como se llamaban los que les acogieron, pero podían haberse llamado X.
La relación formal duró hasta que nació un tal Jesús de Nazaret. Entonces los JUDÍOS eran solo personas consideradas como sabias. Sabían leer, enseñar, rezar..., es decir, unas cualidades más «humanas» que las que eran las habituales por aquella época, más bien guerrear, copular y cazar. Así que, poco a poco, el imperio iba dándoles el poder que ellos mismos fueron creando. Vendían y compraban también, como buenos aprendices de los FENICIOS que fueron, por lo que digamos que los departamentos de comercio romano los llevaban mejor los JUDÍOS.
En Egipto las cosas eran gestionadas solo por ellos. Había una estructura más controlada para que no pasara lo que luego hemos llamado intrusismo, así que los JUDÍOS, que eran muy espabilados, fueron despreciados. Tanto es así que los médicos, que eran los mejores del mundo, al menos en Occidente, tenían con los JUDÍOS siempre el mismo problema y era que nunca iban a verles. Los JUDÍOS creían que sabían más que ellos y que no iban a ser capaces de curarles de nada.
La relación se fue viciando más y más, por lo que la inquina entre unos y otros creció, hasta el punto de que tuvieron que enfrentarse. El resultado ya sabemos cuál fue: se hicieron las víctimas, que si cuarenta días por el desierto, que si la zarza ardiendo, Moisés abriéndoles el camino en el mar Rojo, etc., etc., ¿no?
Muchas cosas han pasado desde entonces y todavía seguimos dándole vueltas.
En Spania, en el año 100 a. e. c., los FENICIOS iban y venían con menos asiduidad de un lado al otro del Mare Nostrum por el dominio acuciante de los ROMANOS y los triunfos que iban teniendo sobre los primeros en sus famosas guerras. Pero en Spania (o Hispania, como le terminarían llamando estos), las tribus no terminaban de cejar de ser quienes eran a pesar de toda la ROMANIZACIÓN. Eran valientes, ágiles y nobles estos pobladores de Hispania, pero no se ponían de acuerdo en acabar con Roma, llegó a decir el historiador romano Tito Livio (59 a. e. c. - 17 e. c.).
Mientras tanto, por el norte de la península itálica, Julio César entraba en acción intentando conquistar las tierras del norte europeo: con los BURGUNDIOS y los FRANCOS por un lado, en el oeste y norte de la actual Francia, o con los ALAMANES y los BAGAUDAS al sur del Rin. César se hacía con todo y con todos, dentro y fuera de Roma... Fue el gran esplendor de esta cultura, sin duda.
Sin embargo, por el este no tenía todo ganado, pues los ÁVAROS le pedían todo el oro que podían y los HUNOS empezaban a asomar la patita.
Por suerte, el hombre por antonomasia terminó sus días traicionado por los suyos y nunca vencido por los otros.
La zona más romanizada era la actual Cataluña. La Hispania citerior, que se llamó así porque era lógicamente la más cercana y accesible a Roma. El resto de España poco a poco se «iba haciendo»... Recordad solamente las batallas de Numancia (155 e. c.), sin ir más lejos, o Viriato, y podremos hacernos una idea de lo combativo del pueblo prerromano español. Tampoco es que haya cambiado tanto. Eso sí, al final, de tanto separar una parte de otra..., se acabó rompiendo... y, ahora, tenemos la península dividida entre Portugal y el resto. Hay que decir que Portugal fue invadido por los ALANOS, que los VISIGODOS dejaron escapar por la falta de interés al quedarse con todo lo que Roma tenía.
Grandes ciudades quedaron a la merced de Roma. La romanización las dibujó como si de la península itálica se tratara, y hoy podemos disfrutar de grandes circos alzados con increíble magnanimidad por Mérida, Córdoba o Sevilla. Si nos adentramos en Portugal, no. Segovia, Valencia o León (del latín Legión) son otra forma de demostrar el paso ROMANO.
No es que Hispania o los íberos no supiesen cómo acabar con los Romanos, como dice aquel otro historiador Lucio Anneo Floro (entre los siglos i y ii):
La nación hispana o la Hispania Universa
no supo unirse contra Roma (...)
Lo que en realidad pasó fue que Roma nunca supo unirse contra los JUDÍOS, por decirlo de alguna forma, y que los JUDÍOS sí supieron vencer a EGIPTO.
Si atendemos a la cronología de los hechos, vemos que EGIPTO comenzó su deterioro cuando sus médicos no sentían que podían acercarse a los JUDÍOS porque estos no les reconocían como tal. La verdad es que cuando uno intenta ayudar a otra persona a sanar y esta, por la razón que sea, no sana, entonces el médico o la médica se cae. Y se cae literalmente. Las fuerzas que se crean dentro de este choque son inimaginables para los seres que intervienen. Es tan fuerte la consecuencia que, como hemos visto, es capaz de acabar con un imperio de más de 4500 años.
Por eso los JUDÍOS sí supieron hacerlo. Debería decir las consecuencias... puede ser. Pero quiero enfatizar en que sí supieron, es decir, fueron conscientes de lo que estaban haciendo, porque más tarde volverían a hacerlo. Primero con Roma, pero también…
Los JUDÍOS «se inventaron» una religión, seguramente copiada de lo que los EGIPCIOS hacían. Por eso tenían que destruir la que no era propia de ellos.
Hoy Egipto es un desierto.
· · ·
En Europa corría una gran variedad de seres humanos, mientras el antiguo Egipto se forjaba con la desaparición de Mesopotamia y los nuevos pueblos comerciantes. No todo fue Egipto.
Masas y masas de seres humanos «emigraban» del norte de África hacia la Europa de entonces, en busca, ¡oh casualidad!, de nuevas oportunidades. Suerte que ellos no tuvieron la resistencia que tienen los de hoy en día. A pesar de ello, ellos y ellas también tuvieron la suya. Me estoy refiriendo por supuesto al clima. El frío que hacía en aquellos 5000 a. e. c., con más, no era como el que conocemos. Al menos tenía el triple de intensidad, sin contar con el ropaje que se usaba para combatirlo ni mucho menos la tecnología actual: casas, fuego, medios energéticos… O sea, la gran..., qué gran, la mayor de las preocupaciones entonces..., aunque... ¿no lo es hoy también?
Así que, aunque luego se establecieran grupos que llamamos de diferente manera, al final, cada ser humano se tuvo que hacer con el clima que le correspondía por área habitada. De ahí que los que tenían un cuerpo más atlético, proporcionado y fuerte, se habían formado por siglos habiendo vivido en condiciones de frío extremo, y los que lo habían hecho en otro, cálido y estable, lo tenían más achaparrado y moreno. Es como si pones al horno o a la plancha un trozo de pescado..., no te queda igual.
Por eso la cultura Egipcia duró tanto. Porque ellos y ellas no tuvieron la difícil situación del clima extremo ni mucho menos; al revés, ellos y ellas tenían las estaciones anuales al ritmo de un reloj suizo. Sus previsiones de producción solo podían aumentar, nunca disminuir. Tuvieron tiempo para pensar, crear, construir y, sobre todo, vivir en paz... Al menos entre ellos.
Imagínate cómo estaban los europeos de entonces…
Por eso, las primeras culturas en coger el relevo de los Egipcios fueron las más soleadas. Grecia, Roma… Como lo hiciera cada una es ya otra historia.
· · ·
En España, los VISIGODOS eran, para el año 412 e. c., los nuevos «guardianes» de los ROMANOS. Es decir, después de que Roma sufriera por primera y única vez en su historia el saqueo por parte de «bárbaros», fue cuando NO LES QUEDÓ MÁS REMEDIO que aceptar que había gente más chunga y que tenían que hacer algo con ella, porque si no se los «comerían». He aquí otra de las historias no contadas:
Los ROMANOS no eran sino una panda de mercenarios, es decir, asesinos, que querían hacerse con el Imperio etrusco por el sur de la península itálica. La jugada les salió bien y se asentaron en aquellas colinas que después llamaron Roma. El miedo hizo que muchos Etruscos y otros pequeños aldeanos de la zona dieran más aire a aquella rebelión sin causa. Poco a poco los mensajes se fueron confundiendo: de ser gentes malignas, ladronas e interesadas, para pasar a ser todo lo contrario... Ya sabemos cómo funciona el inconsciente, ¿no?: Cuando uno no puede con una idea, la acaba haciendo suya, y subrayo «haciendo».
Así que «la idea» de ser ROMANO se fue convirtiendo en LO QUE HABÍA QUE SER, lo que fue sin duda una de las mentiras más pesadas y efectivas para su época gloriosa, sobre todo para los que la quisieron gobernar…
Otra de las ideas subconscientes fundamentales ROMANA fue la protección sobre los JUDÍOS. Como bien se sabe, los Judíos fueron expulsados del Imperio Egipcio, por lo que acabaron errando por tierras pérsicas hasta dar con lo que hoy llamamos Israel. Pero los ROMANOS les encontraron y surgió la magia. Ellos eran un pueblo venido a menos, sin ganas de luchar contra nadie y con un bagaje cultural como no tenía nadie..., excepto los Egipcios. Los otros, un pueblo venido a más sin cultura, sin leyes y sin saber qué pasó, debían dar para poder ser un imperio.
Los JUDÍOS empezaron a difundir sus conocimientos sobre el Imperio Egipcio y los ROMANOS no podían más que comérselos, como si fuera caviar iraní. El día llegó y los ROMANOS se enfrentaron con los EGIPCIOS. Los ROMANOS ganaron y, desde entonces, la deuda con los JUDÍOS no hizo sino crecer como la espuma.
· · ·
El «Saco de Roma», realizado por quienes los ROMANOS llamaban «visigodos» («visi» tenía el significado de «occidentales»..., como «ostro» de orientales, es decir, los Godos de Occidente), supuso, como decía, la primera gran caída del Imperio romano, ya que no había ningún otro pueblo al que ellos les llamaran BÁRBAROS. Así que, por primera vez, los ROMANOS tenían la única salida de aquel varapalo de RECONOCER, repito, RECONOCER a otro pueblo como más poderoso que ellos mismos. Hasta ese momento, los ROMANOS se habían caracterizado, durante TODA su existencia, por creerse, sí o sí, los más fuertes del mundo..., literalmente. Lo que en las mentes de sus ciudadanos y ciudadanas podemos imaginar que debió de ser increíble, ¿no? Es decir que, por el hecho de ser ROMANO, te ha tocado el premio gordo de la autoestima... «¡YUHUUU!, soy romano, ¿a qué quieres que te gane?», diríamos hoy.
Los VISIGODOS solo sabían que tenían que arrasarles como fuese. ¿Por qué?, bueno, mi teoría es que, siendo la zona más difícil de conquistar para Roma la germana, debieron pasarlo fatal cuando al final les conquistaron también…
Pongámonos en situación:
Mientras los EGIPCIOS gobernaban el mundo, al menos el occidental, aunque habría que preguntarles a los mayas por esta rotundidad mía, a los seres humanos que decían que se habían ido a Europa en busca de otras tierras y otros que ya habían llegado, se las batían día sí, día también, con las terribles condiciones climáticas, amén de toda la flora y fauna del lugar, así como, por supuesto, las disputas entre unos y otros, por lo que cuando los ROMANOS empezaron a controlar la zona sur del continente, estos todavía seguían más preocupados por el frío que por crear un imperio. Así que, en el subconsciente nórdico debió de fraguarse una sensación de que si conseguían dominar el clima, no habría enemigo físico alguno que les impidiese controlar todo lo demás…
Esto se vino abajo cuando Marco Aurelio les arrebató sus tierras.
Por lo tanto, los pequeños grupúsculos que consiguieron evitar el control ROMANO, albergaron la necesidad de solucionar el conflicto emocional que se les vino encima: ¿aceptamos ser inferiores o intentamos ganar a estos invasores haciéndoles lo mismo?…
La respuesta fue evidente. Así que los hombres más fuertes de entre ellos «cogieron sus maletas» y emigraron de sus tierras para consumar su venganza, cayese quien cayese.
Llegaron a la zona más oriental controlada por los ROMANOS. Hoy en día la llaman Dniéper, en Ucrania.
