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Intriga criminal con un toque supernaturalTodo comienza en Berlín, en el Museo de Pérgamo. Un joven ingeniero italiano decide volver a visitarlo, impelido por los placenteros recuerdos de un viaje previo.Un encuentro inesperado con un profesor experto en arte le ofrece la oportunidad de aprender más acerca de las obras exhibidas, de una forma completamente nueva y original.Pero, ¿quién es en verdad este extraño?¿Qué identidad oculta?¿Qué objetivos se esconden tras su aparente y generosa disponibilidad?A través de una serie de secuencias narrativas que encajan en una alternancia de planos reales y surreales, expresadas por el autor con un lenguaje cautivador y rico en fantasía, el personaje del profesor se irá revelando como cómplice de una intriga criminal de consecuencias imprevisibles.
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Veröffentlichungsjahr: 2017
Juego de tres
Gianluca Pisano
––––––––
Traducido por Andrés Mariano Giampietri
“Juego de tres”
Escrito por Gianluca Pisano
Copyright © 2016 Gianluca Pisano
Todos los derechos reservados
Distribuido por Babelcube, Inc.
www.babelcube.com
Traducido por Andrés Mariano Giampietri
Diseño de portada © 2016 Viviana Careddu
“Babelcube Books” y “Babelcube” son marcas registradas de Babelcube Inc.
Página de Titulo
Página de Copyright
Juego de tres
Indice
INTRODUCCIÓN
CAPÍTULO UNO
CAPÍTULO DOS
CAPÍTULO TRES
CAPÍTULO CUATRO
CAPÍTULO CINCO
CAPÍTULO SEIS
CAPÍTULO SIETE
EPÍLOGO
AGRADECIMIENTOS
NOTAS DEL AUTOR
JUEGO DE TRES
Gianluca Pisano
––––––––
INTRODUCCIÓN
CAPÍTULO UNO
CAPÍTULO DOS
CAPÍTULO TRES
CAPÍTULO CUATRO
CAPÍTULO CINCO
CAPÍTULO SEIS
CAPÍTULO SIETE
EPÍLOGO
AGRADECIMIENTOS
NOTAS DEL AUTOR
Jueves, 2 de enero de 2014
––––––––
“No tenía tanto tiempo libre desde el último verano del secundario. Siento como si hubiera pasado una eternidad desde entonces, pero no tengo ni treinta años.
Estoy cansado de estar en cama, llevo aquí seis meses. Podría pasarme horas perdido entre las maravillosas vistas de Cagliari, enmarcadas como pinturas originales por las ventanas que asoman a mi ciudad.
Adoro las vistas, es cierto, pero a la larga cansan.
De tanto en tanto me despiertan los gritos y gemidos provenientes de los corredores.
Sí, este no es un sitio para vacacionar.
Aquí se respira sufrimiento, a veces esperanza. Poca, a decir verdad.
Pero ayer era año nuevo y mi pabellón se animó un poco. ¡Menos mal! ¡Me hacía falta!
El tiempo libre, entonces. ¿Por qué desperdiciarlo? O, ya que no puedo evitarlo, quiero hacerlo de la mejor forma que conozco: empezando a narrarles, por ejemplo, el año más increíble de mi vida, apenas pasado.
Si no aprovecho ahora... luego el trabajo me absorberá tiempo y energías.
A propósito, ¿me querrán aún, en mi viejo trabajo? Si tan sólo pudiera hacer una llamada, una sola...
Mi novia volverá a visitarme mañana. ¡No puedo esperar! Me parece que ya siento su perfume, sus labios sobre los míos... Es una de las pocas cosas que...”
––––––––
<<Giorgio Mela, estamos listos, ha llegado el médico a cargo. Por favor, esta vez pórtate bien y trata de mantener la calma.>>
“Claro, me olvidaba. Me tienen que hacer una ecografía de cadera. Otra más. Permítanme completar este examen y luego continuaré con mi narración.”
A Sara y a nuestros niños.
Hace un año me enviaron a Berlín por trabajo, por dos semanas. Al final de la primera, decidí dedicar la mañana del sábado a visitar el Pergamonmuseum, situado en la espléndida Isla de los Museos de la orbe alemana.
No soy de esos a los que les gusta ir solos al museo o al cine. Extrañaba a Tania, mi novia.
Yo ya había visitado ese museo diez años antes. Me habían cautivado, entonces como ahora, la magnificencia de los hallazgos almacenados en sus gigantescas sala.
––––––––
La visita comenzaba en la sala que contiene el monumental altar de Pérgamo.
Continuaba luego en una segunda sala, che comprende ejemplos de arquitectura helénica. Lo que más me fascinaba se encontraba en la adyacente Antikensammlung, o sea el museo de antigüedades griegas y romanas, el cual albergaba no sólo esculturas sino también reconstrucciones arquitectónicas, mosaicos, bronces y joyas.
La visita a las civilizaciones griega y romana finalizaba en la sala de las esculturas helénicas. Fue allí que me topé con un visitante de comportamiento singular. Daba la impresión de estar obsesivamente interesado en una estatua femenina, frente a la cual gesticulaba.
El cuidador a cargo de esa sala no se le acercó nunca. Me pareció extraño, pero lo dejé pasar.
Proseguí con la visita, hasta que un movimiento del hombre atrajo mi atención y, con gran asombro, me di cuenta de que le susurraba algo a su obra favorita. Me acerqué a observarla. Estaba mutilada, como tantas otras allí dentro. Le faltaban el brazo derecho y una parte de la pierna izquierda.
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