La ciudad vampiro - Paul Féval - E-Book

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Paul Féval

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Beschreibung

La ciudad vampiro es una novela gótica de vampiros del escritor Paul Féval escrita en 1873, mucho antes que la novela Drácula. Existe un lugar poco conocido y extraño. La gente que habita las tierras alrededor de Belgrado lo llaman Selene, y en ocasiones la Ciudad Vampiro, pero sus habitantes lo llamaban El Sepulcro y El Colegio.

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Veröffentlichungsjahr: 2016

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LA CIUDAD VAMPIRO

Paul Féval

PRIMERA PARTE

Existen muchos ingleses, pero sobre todo inglesas, que se sienten avergonzados cuando se les cuenta la descarada piratería que sufren los escritores franceses en Inglaterra. Su Graciosa Majestad, la Reina Victoria, firmó en el pasado un acuerdo con Francia con la loable intención de acabar con estos robos tan frecuentes. Se trata de un tratado muy bien redactado, aunque tiene también un pequeño apartado que hace ilusorio su contenido. En esta cláusula, Su Graciosa Majestad prohíbe a sus leales súbditos apropiarse de nuestros dramas, libros, etc., aunque permitiéndoles hacer lo que ella misma denominó «dorada imitación».

Es algo hermoso, pero incorrecto. El magnífico y amado Dickens me dijo en cierta ocasión, a modo de protesta:

—Yo tampoco estoy protegido. Cuando visito Londres y, por casualidad, llevo conmigo alguna idea original, cierro con llave la cartera, me la pongo en el bolsillo y la sujeto con las dos manos. Y a pesar de todo, a veces me la roban.

Lo cierto es que esa llamada «dorada imitación» podría darles una buena lección a los más hábiles «pick–pockets».

La propia Lady B..., la encantadora amiga de Dickens que vive en el castillo de Shr..., lleva veinte años repitiéndome la misma pregunta, cada vez que tengo la suerte de verla:

—¿Y por qué no roban ustedes también a los ingleses?

—Señora, sin duda existen ideas magníficas que se podrían coger de sus libros, pero ocurre que nuestra naturaleza no nos mueve a ese «hermoso» robo.

Esa respuesta habitual suele hacerle estallar en carcajadas. A veces me ha llegado incluso a citar apellidos de lo más franceses, especialmente recomendables... Pero ¡callemos!

Cierta mañana de finales del año pasado (1873), la dama en cuestión quiso honrarme por sorpresa con su visita.

—Se viene usted conmigo —me dijo—. Ya lo he arreglado todo con su maravillosa mujer. Partiremos esta noche.

—¿Hacia dónde?

—Hacia mi casa.

—¿En la calle Castiglione?

—No, me refiero al castillo de Shr..., en el condado de Stafford.

—¡Piedad!

Hacía un tiempo terrible, con la nieve derritiéndose mientras el viento rugía incluso en París. ¡Imaginen cómo sería entonces entre Dover y Calais!

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