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Laberinto de fortuna, también conocido como Las trescientas, es la obra maestra de Juan de Mena. Es un poema alegórico en honor a Juan II de Castilla. Influido por Lucano, Virgilio y Dante, está escrito en verso dodecasílabo y casi trescientas coplas de arte mayor. Su estilo poético está caracterizado por el uso de un lenguaje latinizante y cultista, muy influido por la retórica latina. El poema relata el peso de la Providencia en la vida humana y en el destino de Castilla. Dejando de lado la carga simbólica, la trascendencia de Laberinto de fortuna radica en la descripción apasionada de sucesos históricos que apelan al patriotismo ibérico. Por tanto, es muy palpable la intención del poeta español de generar un sentimiento de unidad nacional alrededor del rey Juan II. Juan de Mena, con su obra cumbre El Laberinto de Fortuna (1444), es uno de los más grandes poetas en castellano adelantándose al Renacimiento literario. Gozó en vida de gran fama y alta consideración. Su obra esboza a la perfección el modelo de intelectual puro, dedicado en exclusiva a los goces culturales de las letras.
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Seitenzahl: 39
Veröffentlichungsjahr: 2010
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Juan de Mena
Poemas
Barcelona 2023
Linkgua-ediciones.com
Título original: Poemas.
© 2023, Red ediciones S.L.
e-mail: [email protected]
Diseño de cubierta: Michel Mallard.
ISBN rústica: 978-84-9816-887-7.
ISBN ebook: 978-84-9897-915-2.
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Sumario
Créditos 4
Brevísima presentación 7
La vida 7
Laberinto de fortuna 9
Coplas de la panadera 47
Libros a la carta 51
Nació en Córdoba. Parece que fue nieto del señor de Almenara Ruy Fernández de Peñalosa y su padre fue Pedrarias, regidor o jurado de Córdoba. Tras iniciar estudios allí, los terminó en Salamanca (1434). En esa ciudad conoció al cardenal Torquemada, con el que viajó a Florencia en 1441 y a Roma. Tras regresar a Castilla en 1443, sirvió a Juan II como secretario de cartas latinas. Poco después el monarca lo nombró cronista oficial.
Mena murió en Torrelaguna de una pulmonía.
El poema relata el peso de la Providencia en la vida humana y en el destino de Castilla.
Al muy prepotente don Juan el segundo
aquel con quien Júpiter tuvo tal zelo
que tanta de parte le fizo del mundo
quanta a sí mesmo se fizo del çielo,
al gran rey de España, al Çésar novelo;
al que con Fortuna es bien fortunado,
aquel en quien caben virtud e reinado;
a él, la rodilla fincada por suelo.
Tus casos falaçes, Fortuna, cantamos,
estados de gentes que giras e trocas,
tus grandes discordias, tus firmezas pocas,
y los que en tu rueda quexosos fallamos;
fasta que al tempo de agora vengamos
de fechos pasados cobdiçia mi pluma
y de los presentes fazer breve suma:
y dé fin Apolo, pues nos començamos.
Tú, Calïope, me sey favorable,
dándome alas de don virtuoso;
por que discurra por donde non oso,
convida mi lengua con algo que fable;
levante la Fama su boz inefable,
por que los fechos que son al presente
vayan de gente sabidos en gente;
olvido non prive lo que es memorable.
Como no creo que fuessen menores
que los de Africano los fechos del Çid,
nin que feroçes menos en la lid
entrasen los nuestros que los agenores,
las grandes façañas de nuestros señores,
la mucha constançia de quien los más ama
yaze en teniebras, dormida su fama,
dañada de olvido por falta de auctores.
La grant Babilonia, que ovo çercado
la madre de Nino de tierra cozida,
si ya por el suelo nos es destruida,
¡quánto más presto lo mal fabricado!
E si los muros que Febo a travado
argólica fuerça pudo subverter,
¿qué fábrica pueden mis manos fazer
que no faga curso segunt lo passado?
Ya, pues, desrama de tus nuevas fuentes
en mí tu subsidio, inmortal Apolo;
aspira en mi boca por que pueda solo
virtudes e viçios narrar de potentes.
A estos mis dichos mostradvos presentes,
o fijas de Tespis, con vuestro thesoro,
y con armonía de aquel dulçe choro
suplid cobdçiando mis inconvenientes.
Dame liçençia, mudable Fortuna,
por tal que blasme de ti como devo:
lo que a los sabios non deve ser nuevo
innoto a persona podrá ser alguna;
pues que tu fecho así contrapugna,
faz a tus casos como se concorden,
ca todas las cosas regidas por orden
son amigables de forma más una.
La orden del cielo exemplo te sea:
guarda la mucha constançia del Norte;
mira el Trión, que ha por deporte
ser inconstante, que siempre rodea;
e las siete Pleyas que Atlas otea,
que juntas parescen en muy chica suma,
siempre se asconden venida la bruma;
cada qual guarde qualquier ley que sea.
¿Pues cómo, Fortuna, regir todas cosas
con ley absoluta, sin orden, te plaze?
¡Tú non farías lo qu´el çielo faze,
e fazen los tiempos, las plantas e rosas?
O muestra tus obras ser siempre dañosas,
o prósperas, buenas, durables, eternas:
non nos fatigues con vezes alternas,
alegres agora e agora enojosas.
Mas bien acatada tu varia mudança,
por ley te goviernas, maguer discrepante:
ca tu firmeza es non ser constante,
tu temperamento es destemperança,
tu más çierta orden es desordenança,
es la tu regla ser muy enorme,
tu conformidat es non ser conforme,
tú desesperas a toda esperança.
Como las nautas que van en poniente
fallan en Cádiz la mar sin repunta,
Europa por pocas con Libia que junta,
