Liderazgo de Poder - Carlos Cuauhtémoc Sánchez - E-Book

Liderazgo de Poder E-Book

Carlos Cuauhtémoc Sánchez

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Beschreibung

El método de liderazgo más sólido y novedoso explicado a través de una historia real que no podrás dejar de leer. Sumérgete en los vertiginosos sucesos de: Una escuela al borde del colapso. Un equipo sin pasión ni compromiso. Una familia que debe aprender las lecciones más profundas de la vida. Liderazgo de poder te sacudirá, inspirará y recordará por qué vale la pena seguir cuando todo parece perdido. Pero, sobre todo, te enseñará cómo reconstruir lo que amas, guiar a los tuyos y convertirte —junto a tu equipo— en una fuerza imposible de detener.

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Seitenzahl: 179

Veröffentlichungsjahr: 2025

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ISBN 978-607-69709-5-9

Está estrictamente prohibido por la Ley de Derechos de Autor copiar, imprimir, distribuir por Internet, subir o bajar archivos, parafrasear ideas o realizar documentos basados en el material de esta obra. La piratería o el plagio son un delito. Si usted desea usar parte del material de este libro deberá escribir la referencia bibliográfica. Si desea usar más de dos páginas, puede obtener un permiso expreso con la Editorial.

Derechos reservados:

D.R. © Carlos Cuauhtémoc Sánchez. México, 2025

D.R. © Ediciones Selectas Diamante, S.A. de C.V. México, 2025

Privada Santa Rita 13. Colonia San Juan Bosco, Atizapán de Zaragoza, Estado de México, CP 52946

Miembro número 2778 de la CANIEM

Tels.: (55) 5565-6120, 555390-7343 y 5565-0333

Lada sin costo: 01-800-888-9300

EU a México: (011-5255) 5565-6120 y 5565-0333

Resto del mundo: (0052-55) 5565-6120 y 5565-0333

Más información al correo electrónico:

[email protected]

[email protected]

www.carloscuauhtemoc.com

www.editorialdiamante.com

ÍNDICE

CONTROL DE LA ENTROPÍA

CUIDARNOS UNOS A OTROS

GENERAR ENERGÍA

FUERZA MENTAL Y VELOCIDAD COMPETENTE

SUEÑO COMPARTIDO

PROPÓSITO TRASCENDENTE

PROMESA DE SERVICIO

LA HISTORIA DE TU MARCA

POSTULADOS CONDUCTIVOS

SERVICIO AL CLIENTE

MANIFIESTO DE CONVICCIONES

RUTINAS Y TÉRMINOS PROPIOS

DECLARACIONES DE EXCLUSIVIDAD

LAS REGLAS DEL JUEGO

COMPROMISO DE PRESENCIA Y MOVIMIENTOS ÁGILES

El SUPER PODER DE ANTICIPARSE

INICIATIVA MÁS ALLÁ DE LA OBLIGACIÓN

EJECUTORES DE EXCELENCIA

EQUIPO DE PRODUCTORES

JUNTA DE CONSEJO

RELEVOS CONTINUADOS Y SINFONÍA CORAL

COMUNICACIÓN FRONTAL

CRITERIO BASADO EN OBJETIVOS

PRINCIPIO 1

CONTROL DE LA ENTROPÍA

¿Diriges gente? ¿Eres coordinador, supervisor o maestro?,(por cierto, en este libro usaremos el idioma castellano de forma correcta: los sustantivos primigenios significan “personas de ambos sexos”; cuando, por ejemplo, decimos “coordinador, supervisor o maestro”, nos referimos TAMBIÉN a “coordinadoras, supervisoras y maestras”). Va de nuevo: Eres ¿director, entrenador, capacitador o encargado de un equipo? Entonces, este libro es para ti. No importa cuántos discípulos tengas, o cuántas personas dirijas o reporten contigo; si parte de tu trabajo es instruir a otros para que hagan algo, este libro le dará PODER a tu LIDERAZGO.

Empecemos con la triste realidad.La gente que diriges está distraída, desconectada, desmotivada; ha perdido la capacidad de pensar; no lee libros (como tú) solo ve videos cortos en el teléfono, y delega su razonamiento a la inteligencia artificial. Casi todas las personas siguen tendencias y pensamientos ajenos. Además, son depresivas, reactivas, propensas a ofenderse y desalentarse. Por cualquier detalle se sienten heridas. Les gusta repasar y exagerar los malos tratos que sufrieron; difunden sus dolencias y sus sufrimientos. Muchas se vuelven en tu contra, hablan mal de ti, desacreditan tus logros, susurran comentarios tóxicos sembrando desconfianza y división. Y aunque seas su maestro, director o entrenador, te critican como si ellos supieran más que tú.

David Dunning y Justin Kruger en su libro Incompetentes e inconscientes de ello. Revelan un sesgo psicológico muy común: “los ignorantes tienden a creer que saben y pueden hacer mucho más de lo que realmente saben y pueden hacer”. Se llama EFECTO DUNNING KRUGER. Es la falta de capacidad de los individuos para reconocer su propia ineptitud. Así, las personas de tu equipo que apenas saben un poco creerán que saben mucho; incluso se negarán a aprender o a ser capacitadas porque, siendo inhábiles, se proclamarán expertas e impondrán opiniones como si fueran leyes.

Poco análisis y mucha exaltación. En las democracias populistas, millones de votantes apoyan con entusiasmo a dictadores abusivos, se transforman en espías de sus propios compatriotas. Igual que en la revolución francesa cuando la turba mandaba a inocentes a la guillotina gritando “¡traidor!” sucede ahora en equipos de trabajo (y redes sociales). ¡Gente con razonamiento perezoso se deja llevar por influyentes amarillistas! Hacen turbas de protesta y linchamiento sin pensar.

Es una realidad objetiva: todo se deteriora. Lo dice la segunda ley de la termodinámica. La entropía de cualquier sistema evolucionahacia un estado de desorden y menor energía utilizable. Es científico. Cualquier sistema (auto, casa, aparato, mueble, familia, pareja, grupo humano) se deteriora. A menos que se le dé mantenimiento activo.

Hace poco visité el vecindario donde crecí. Pensaba ver la belleza del pasado. Encontré lo contrario. Todo estaba desgastado, despintado, deshumanizado. Lo bello había desaparecido. Incluso los vecinos se habían vuelto sucios, desconectados, ausentes. Confirmé con tristeza la ley del deterioro. Si no le damos mantenimiento activo a las cosas, mueren.

Por eso, querido lector, toma el timón del barco.Tus colaboradores no suelen ser malas personas. Solo que reaccionan desde el miedo y a veces desde la herida. En vez de buscar soluciones, se derrotan. En vez de razonar, se dejan llevar por las opiniones ajenas. Sucede siempre. Debes estar alerta. Porque si permites que la negatividad sea normal, tu proyecto se vendrá abajo. No puedes ser ingenuo o negligente. Necesitas convertirte en estratega.

PRINCIPIO # 1. Todo sistema se deteriora y desorganiza con el tiempo. El buen líder sabe que la única forma de evitar que el proyecto colapse es dándole mantenimiento activo y permanente al equipo. Su presencia física y moral (a través de un manual operativo) es clave para el mantenimiento diario.

De eso se trata este libro; de encontrar las fallas del sistema y crear un modelo de corrección a tiempo. Los principios te llevarán, paso a paso, hacia un liderazgo más eficiente. Por eso, estúdialo, subráyalo, tómalo en serio. Es un mapa del tesoro que te dará poder y transfomará a tu equipo.

PRINCIPIO 2

CUIDARNOS UNOS A OTROS

Si te enemistas con tu familia y equipopierdes gran parte de tus razones para esforzarte. Cuando perdemos conexión humana vemos morir proyectos, sueños, vínculos; incluso gente. Porque las personas necesitamos pertenecer a un equipo. Lo aprendí de la manera más terrible.

Sentí que me ahogaba, como si hubiese recibido un golpe físico.

—¿Dice que Saúl… falleció?

El hombre agachó la cara sin poder articular palabra. Su silencio fue una afirmación ficta.

Saúl era un alumno de mi clase. Sus compañeros solían rechazarlo, dejarlo fuera de los equipos. Él trataba de integrarse, pero no lo lograba. Quiso hacerse amigo de una chica y ella también lo despreció. Un día, fuera de sí, la abrazó y se encerró en el baño con ella. Rescatamos a la chica y llamamos al padre de Saúl. El hombre se puso histérico. Abofeteó a su hijo en mi oficina. El joven salió huyendo. Fue la última vez que supe de él.

Inhalé. Me costó trabajo volver a respirar.

—¿Qué pasó?

El doctor articuló con voz baja, mirando al suelo:

—Después de que usted me llamó para informarme que mi hijo se había encerrado en el baño con una muchacha, se fue, desapareció… tal vez estuvo por ahí vagando, con malos amigos —hizo una pausa, como buscando la forma de terminar una explicación que no quería dar—. Es todo lo que sé.

―¿Se accidentó?

No contestó a mi pregunta.

―Solo deme sus papeles, por favor. Lo necesito para hacer los trámites del sepelio.

—¿Qué le pasó? —insistí.

Su semblante estaba oscurecido por una tristeza profunda.

—Se fue de la casa —repitió como autómata—; su madre y yo lo buscamos por todos lados. No lo encontramos. Pero regresó… una noche… esa noche… —carraspeó—, no sé, yo, caray, yo bueno; estaba solo en la casa, tomando una copa. Mi esposa y mi hija habían salido. Saúl tocó la puerta y le abrí. Lo vi frente a mí. Borrosamente. Creí que soñaba. Debí abrazarlo; era mi niño, solo, roto, confundido. Pero hice lo contrario. No sé por qué; lo abofeteé… ―miré al hombre con pavor; yo había sido testigo de sus arranques de violencia en mi oficina―. Mi hijo cayó al suelo como si fuera de trapo. No se defendió. No pidió perdón. Solo lloró. Lo regañé. Me ensañé con él. Ni siquiera recuerdo todo lo que le dije. Cuando bebo digo cosas que luego no recuerdo. Entre nubes lo vi subiendo la escalera a gatas; se detuvo para mirarme. De eso sí me acuerdo. De su última mirada, era como si emitiera por los ojos un grito desesperado pidiendo ayuda.

Sus últimas palabras me retumbaron en el alma. Imaginé los ojos de mi alumno emitiendo “un grito desesperado pidiendo ayuda”.

El doctor Hernández agachó la cara y comenzó a sollozar.

Un alud de emociones, pesadas cayó sobre mi alma. La piel se me erizó cual si hubiese recibido una descarga de corriente directa. Estuve varios minutos sin poderme mover. Después, muy despacio, abrí el cajón de mi archivero y busqué el folder académico de Saúl. Yo fui su maestro de escritura. En el expediente había exámenes reprobados y tareas mal presentadas. Hojeé sus escritos: escuetos, lacónicos, mal compuestos. Tenían innumerables marcas rojas de corrección. Entonces sentí que el peso de una culpa legítima me aplastaba. Como maestro de redacción, solo me centré en la forma de sus textos, nunca en el fondo. Leí al azar algunas frases de sus tareas: La gente es odiosa. El mundo apesta. Me enojan mis compañeros. La amistad no existe.

Yo revisé esas tareas. ¿Por qué no me di cuenta de su confusión?

Su padre seguía sollozando.

—Lo siento mucho —balbuceé.

—Director, ¿me puede dar el expediente de mi hijo?

—Claro.

Llamé a mi asistente. Revisamos que todos los papeles estuvieran ahí. Le adjunté también el folder con los trabajos de redacción. Se puso de pie; salió sin decir más.

¿Por qué se fracturan familias y proyectos?Porque perdemos de vista que las personas necesitamos apoyo mutuo;que la unión hace la fuerza; que donde hay alianza, hay victoria; que la carga compartida es más ligera; que el mejor general necesita un ejército; que el verdadero talento de los grandes genios es la capacidad de formar equipos poderosos.

Pero hacemos lo contrario.Apenas nos reunimos para emprender un proyecto, comenzamos a pelear y a discutir. Nos culpamos unos a otros de cualquier problema; nos robamos ideas, méritos y objetos; acabamos declarándonos la guerra. Al final, las parejas se divorcian, las familias se rompen y los planes de equipo se quedan a la mitad.

En los deportes de riesgo hay una regla fundamental: Está prohibido ir solo. No puedes bucear, escalar, esquiar ni hacer senderismo sin pareja. Debes llevar a alguien a quien cuidar y que te cuide.

Mi hija Sheccid y yo somos compañeros de buceo. Debajo del mar, mi misión es protegerla y la misión de ella es protegerme a mí. Nos miramos, nos hablamos con señas, nos cuidamos.

Una vez, mientras buceábamos, una mantarraya enorme pasó a mi lado. Como tenía una cámara nueva, quise fotografiarla de cerca. La mantarraya me sintió tras ella y aleteó. La perseguí pataleando con mucha potencia (toda la que tenía), empeñado en conseguir una gran foto, pero en mi obsesión, no noté que me estaba alejando, ni que había perdido de vista a mi pareja. Después de un sprint, dejé de patalear, exhausto. Por el gran esfuerzo físico, respiraba muy rápido y la manguera no me daba el aire necesario. Vi el manómetro: el tanque estaba por vaciarse. Me invadió el pánico. Sentí el regulador endurecerse; la aguja llegando a cero; ya no tenía aire; me encontraba a veinticinco metros de profundidad; no podía emerger; necesitaba al menos cinco minutos de descompresión. Pero tampoco tenía cinco minutos.

El aire se había terminado. Me invadió una claustrofobia atroz. Iba a morir. Entonces, sentí que alguien me tocaba por la espalda. Era Sheccid. Vio mi desesperación, entendió. Me dio su regulador de emergencia y colocó las manos sobre mis brazos para obligarme a mirarla a los ojos y calmarme. Poco a poco, comencé a respirar y a tranquilizarme. Ella estaba en control. Me indicó con señas “vamos hacia arriba”. Hicimos las paradas de descompresión necesarias y subimos poco a poco juntos.

Lo escribo con todas sus letras. Yo no estaría vivo si ella no hubiera estado ahí.

Nadie sobrevive solo.No importa cuánta experiencia tengas, siempre necesitas a un compañero que te mire a los ojos y te rescate cuando no puedas respirar. Porque liderazgo no es ir al frente sin mirar atrás. Es ir juntos y no abandonar a nadie bajo el agua. En los momentos de crisis no sobreviven los más inteligentes, sino los que tienen cerca un colega fiel. Por eso no necesitas ser invencible, necesitas un equipo de gente capaz y leal.

PRINCIPIO # 2. El equipo se fortalece cuando los integrantes tienen la consigna clara de cuidarse unos a otros, y saben que, si se rompe la buena relación entre ellos, se rompe gran parte del sentido del proyecto.

Ninguna inteligencia artificial puede sustituir la convivencia humana. Aunque el conocimiento se haya vuelto barato y accesible a cualquiera que tenga un teléfono en la mano, las escuelas siempre existirán, por una razón muy simple: los jóvenes van al colegio por los amigos, los romances, los juegos, las competencias, las celebraciones, las alianzas, las disputas, las exhibiciones públicas. Es simple. Los estudiantes aman el recreo. Y curiosamente, a la larga, es el recreo lo que más les enseña. Lo mismo nos sucede a los adultos. Trabajamos por la sonrisa de nuestros seres queridos. No para ganar dinero como fin último, sino para tener recursos y pasarla bien, en el recreo, junto a la gente que amamos.

Estuve un rato sentado en mi oficina sin poderme mover. Quise recuperar la calma.

Salí de la oficina y caminé hasta la calle. Entonces lo vi. El doctor Hernández seguía sentado frente al volante de su auto. No se había ido. Tal vez no tenía fuerzas para manejar.

Me acerqué al vehículo y le toqué el cristal con suavidad. Bajó la ventanilla.

—Doctor Hernández, ¿le puedo hacer una pregunta?

―Sí.

—Perdón que le diga esto. Estoy en shock. Me cuesta mucho trabajo asimilar lo que pasó. Esto tan sin sentido, ¿puede tener algún sentido? Yo soy escritor… y no sé…. quizá podríamos redactar juntos un mensaje a los padres de familia de esta escuela, y de muchas otras, para que estén atentos, tengan precaución y se comuniquen a nivel profundo con sus hijos…

—¿Quiere hacer públicos mis errores como padre? ¿Ponerme de ejemplo de lo que no se debe hacer? ¿Ventilar lo que pasó en mi familia?

—Usaríamos otros nombres; otro contexto. Haríamos una historia distinta.

—No… no creo… No. Gracias.

Cerró la ventanilla y arrancó su automóvil.

PRINCIPIO 3

GENERAR ENERGÍA

Hice una junta con mi equipo de profesores.

Los cité en el aula magna después de su hora de salida. Era urgente. Vi miradas molestas y rostros cansados; muchos revisaban el reloj.

La muerte de mi alumno me había sacudido el alma, pero también estaba dejando al descubierto el caos que reinaba alrededor: profesores apáticos y estudiantes rebeldes. Epidemia de pensamientos negativos.

El aula se llenó de maestros; el ambiente era frío, denso.

Tomé aire y comencé:

—Todos conocen lo que le pasó a nuestro alumno Saúl, de tercero A —me costaba trabajo explicarlo—. El funeral fue hace tres días. Mi esposa y yo estuvimos ahí ―agregué sin intención de reproche, aunque así sonó―. Ustedes, no.

Hubo un prolongado silencio. Al fin alguien se justificó.

—No se nos informó de ese evento.

—Es cierto. Nadie hizo un comunicado del evento; pero algunos investigamos ―la tensión de la sala aumentó―. En fin. La muerte de ese joven fue una tragedia que pudo evitarse. En sus tareas dejó escritas frases que yo no descifré a tiempo, frases que anunciaron su depresión y su desesperación.

—¿Cuánto va a durar esta junta? —preguntó una maestra.

La hostilidad del ambiente no era normal. Quizá había algo que yo desconocía.

—¿Por qué están enojados? —pregunté.

—No estamos enojados —contestó la misma maestra—, solo que tal vez usted no se da cuenta de cómo nos afecta todo esto a nosotros.

—¿Cómo les afecta?

—Se está corriendo la voz de que en esta escuela el ambiente es caótico y por eso ocurren tragedias. Algunos aquí hemos sido agredidos y culpados por padres de familia. Es terrible que nos ataquen por algo en lo que no tenemos nada que ver. Solo soy maestra de literatura. Mi labor es enseñar corrientes literarias. Nada más.

—Yo pensaba igual —respondí, caminando despacio—. Nunca me preocupé por ayudar a ese joven. Solo lo castigué y lo expulsé unos días por mala conducta.

—Estaba en el baño haciendo el amor con su novia.

—No estaba haciendo el amor. Solo quería protestar. El muchacho se sentía rechazado por todos. Nadie le dio un consejo ni detectó que lo necesitara. A mí, la culpa no me deja dormir.

—Con todo el respeto ―insistió la profesora―, yo no doy terapias. Mi trabajo es dar clase de literatura.

—Y el mío, de filosofía —dijo otro profesor.

—¡Claro! ―acepté―, pero la filosofía enseña sobre el ser y la interpretación de la vida; la literatura enseña valores positivos si elegimos bien los textos; además de matemáticas y ciencias los maestros enseñamos puntualidad, honestidad, cumplimiento, compromiso, perseverancia, empatía, comunicación, trabajo en equipo. Por favor; no solo informamos; también formamos: ¡nuestros estudiantes son personas, no números! ¡Por Dios! ¡podemos hacer más por ellos!

—¿Usted qué va a hacer?

—Pienso escribir la historia de ese joven. Le voy a pedir permiso a sus padres, porque lo que pasó me duele en el alma.

El maestro Lomelí opinó:

—¿Ahora quiere lucrar con el dolor ajeno?

—¿Por qué dice eso, profesor?

―Usted escribe libros y los vende.

―Yo no lucro con mis libros. Ningún escritor lo hace. Los libros son mensajes urgentes que queman el alma del autor. Ahora más que nunca necesito que las familias sepan lo que pasó y cómo evitar que vuelva a pasar ―observé rostros indiferentes―, ocurrió una tragedia aquí. ¿No se dan cuenta?

—La tragedia no ocurrió aquí. Eso hay que aclararlo —Lomelí porfió—. Además, todos tenemos problemas. Y no podemos hacernos responsables de los de los demás. Si un alumno se droga, se corta la piel, participa en orgías o abandona sus estudios, lo hace por decisión propia y porque tiene padres ausentes e indiferentes. ¡Nadie aquí es culpable de que ese adolescente se ahorcara con su cinturón! Ni estoy de acuerdo en que algo así manche nuestra reputación de docentes.

Se levantó un fuerte murmullo en la sala. La mayoría asentía.

—Qué decepción —murmuré.

Mi comentario exacerbó las exclamaciones ruidosas. Contestaron gritando desordenadamente.

—¡Nadie valora nuestro trabajo!

—¡Los alumnos son majaderos y los padres, prepotentes!

—¡Los maestros trabajamos horas extra que nadie nos paga!

Intenté detener el alud antes de que se desbordara:

—¿Dónde quedó su vocación? ―pregunté―. ¿Están aquí solo por dinero?

Pepe, el maestro de historia, respondió con sarcasmo:

—Qué pena, pero sí. Yo cobro honorarios por impartir clases. Punto.

Perdí la diplomacia.

—Ahora entiendo el porqué de este caos. ¡Los he escuchado en los pasillos! Siempre hablando de dinero, prestaciones, condiciones sindicales. Pero muchos de ustedes llegan tarde a sus clases, o faltan; no terminan sus programas académicos, ni tienen pasión por enseñar.

Uno de los maestros se levantó bruscamente y salió sin despedirse. Otros dos lo siguieron. La atmósfera era irrespirable. Lomelí lanzó su último dardo antes de irse:

—En la escuela de enfrente ofrecen mejor sueldo y no te estigmatizan por estar en un lugar desorganizado donde suceden tragedias. Yo me voy a ir. Y los que quieran pueden seguirme.

El resto de los profesores se levantó y todos abandonaron la sala poco a poco.

Me quedé clavado en mi asiento. Fue como si mi fuerza moral y física se hubiese esfumado por un agujero negro. No tenía energía para moverme.

Entendí que los profesores me habían drenado la energía y que fueron (algunos en especial) quienes le robaron también la energía al grupo.

Un equipo sin energía no puede trabajar ni enfrentar retos. Cuando los miembros del equipo se victimizan, dividen y justifican su apatía, pierden la fuerza de cohesión y movimiento.

La energía es lo más valioso que tenemos.Nos permite trabajar, crecer, disfrutar y vivir. Envejecer es perder energía. Morir es quedarnos sin ella. Una persona que se quita la vida lo hace porque está vacía de fuerza física y emocional. Todo lo grande, todo lo bueno, todo lo próspero proviene de la energía.

Hay dos tipos de energía. Física y emocional. Ambas se conectan. Cuando pierdes una pierdes otra. Piensa, por ejemplo, si enfermas, te da fiebre y te sientes débil (sin energía física), entonces, te embarga la tristeza y la aflicción. Lo mismo, al revés. Site enteras de que un familiar murió o percibes una amenaza de peligro (baja tu energía emocional), tu cuerpo flaquea al punto de que no te puedes ni mover. Lo mismo en la ganancia. Después de dormir bien, comer bien o hacer ejercicio, (pleno de energía en el cuerpo), te sientes feliz y emocionalmente fuerte.Y si recibes buenas noticias (pleno de energía emocional), te dan ganas de bailar, cantar y saltar.

Necesitas un equipo energizado.Como líder, genera dinámicas, competencias, desafíos interesantes; brinda motivación, felicitaciones, premios. Fortalece las emociones y el físico. También haz que tu gente se mueva, pueda comer y descansar bien entre cada jornada.

PRINCIPIO # 3. La energía, igual que el dinero, la puedes ganar y generar, pero también te la pueden robar. La falta de energía en un grupo provoca desánimo, apatía y renuncias. El trabajo principal del líder es mantener altos niveles de energía en el equipo.

Me quedé en la silla después de la reunión, totalmente debilitado.

Solo una profesora joven permaneció sentada en su lugar. Mariana. Psicóloga. Al parecer ella no pensaba como sus compañeros. Era delgada como entrenadora deportiva, tenía el cabello muy corto, facciones finas, lentes con armazón azul y mirada firme.

—Lo siento mucho —susurró.

Sonreí con tristeza.

—Yo también.

—Este equipo está roto ―me dijo―. Es disfuncional. Habrá que hacer muchos cambios. En lo que yo pueda ayudarle, director.

Asentí.

—Gracias, profesora Mariana.