Los años itinerantes de Wilhelm Meister - Johann Wolfgang von Goethe - E-Book

Los años itinerantes de Wilhelm Meister E-Book

Johann Wolfgang von Goethe

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Beschreibung

En "Los años itinerantes de Wilhelm Meister" retoma Goethe la vida de su protagonista, cuya formación, o camino preformativo, había trazado el autor en "Los años de aprendizaje de Wilhelm Meister". Si en la primera novela Goethe intentaba responder a la pregunta de cómo se puede llegar a ser feliz, en la segunda concluye que lo auténticamente decisivo en la formación de los individuos y los colectivos es la estructura productiva y económica y sus posibles dinámicas y cambios. En "Los años itinerantes" hay un rechazo de las revoluciones y un alegato contra los abusos del despotismo. La paz ha de ser no solo preservada mediante el orden, sino lograda mediante la justicia.

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Seitenzahl: 970

Veröffentlichungsjahr: 2017

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JOHANN WOLFGANG VON GOETHE

Los años itinerantes de Wilhelm Meister

Introducción de Miguel Salmerón Infante

Traducción de Miguel Salmerón Infante

Índice

INTRODUCCIÓN

La traducción del título. Breve apunte

Los años de aprendizaje. ¿Primera parte de Wilhelm Meister?

Sinopsis del Libro primero

Sinopsis del Libro Segundo

Sinopsis del Libro Tercero

Los relatos intercalados

Las máximas

Elaboración

Recepción post mortem

El Goethe político real y el itinerario de Wilhelm

La religión

Las artes

El estilo del último Goethe

La cuestión de género

América

La anulación de lo trágico por lo colectivo

BIBLIOGRAFÍA

LOS AÑOS ITINERANTES DE WILHELM MEISTER

Libro primero

Capítulo primero

Capítulo segundo

Capítulo tercero

Capítulo cuarto

Capítulo quinto

Capítulo sexto

Capítulo séptimo

Capítulo octavo

Capítulo noveno

Capítulo décimo

Capítulo undécimo

Capítulo duodécimo

Libro segundo

Capítulo primero

Capítulo segundo

Capítulo tercero

Capítulo cuarto

Capítulo quinto

Capítulo sexto

Capítulo séptimo

Mensaje intercalado

Capítulo octavo

Capítulo noveno

Capítulo décimo

Capítulo undécimo

Consideraciones del viajero

Legado

Libro tercero

Capítulo primero

Capítulo segundo

Capítulo tercero

Capítulo cuarto

Capítulo quinto

Capítulo sexto

Capítulo séptimo

Capítulo octavo

Capítulo noveno

Capítulo décimo

Capítulo undécimo

Capítulo duodécimo

Capítulo decimotercero

Capítulo decimocuarto

Capítulo decimoquinto

Capítulo decimosexto

Capítulo decimoséptimo

Capítulo decimoctavo

Del archivo de Macaria

Poema final

CRÉDITOS

INTRODUCCIÓN

A Chiqui

 

Retrato de Johann Peter Eckermann, carboncillo de Joseph Schmeller.

 

TAL vez la condición sine qua non para que un texto sea literario es que asuma la función estética del lenguaje. Aquella que según Jakobson consiste en captar la atención del receptor haciendo que este se centre en la forma del mensaje1. ¿Predomina suficientemente la forma sobre el contenido en Wilhelm Meisters Wanderjahre de Goethe como para que podamos llamarla obra literaria? Desde luego, el autor con su redacción, dictada a John2 y debatida con Riemer y con Eckermann3, pide que el lector se fije en un mensaje formulado en forma apelativa y dirigido a él: «renuncia». Cuando el contenido cobra una preponderancia tal, ¿hay literatura? Puede ser un indicio que la obra tenga un título doble, y no un título y un subtítulo. A saber: Wilhelm Meisters Wanderjahre oder Die Entsagenden (Los años itinerantes de Wilhelm Meister o Los renunciantes). También fijémonos en esta más que significativa, y, aunque rotunda y provocativa, no exenta de acierto, frase de Friedenthal: «definitivamente Los años itinerantes no son ya una novela, sino un repositorio de la veterana sabiduría de Goethe... Él se burla de todas las reglas y se burla de sí mismo»4. En definitiva, el carácter literario de los Wanderjahre siempre se ha puesto en entredicho.

Tanto la versión de 1821 como la de 1829 quieren ser un testamento. Ya pasaron los años salvajes del «Sturm und Drang», los del Werther y de la primera lírica. Ya se disipó la fiebre clasicista contraída en Italia, con sus certámenes de pintura y su combate contra el diletantismo. Ya terminó, para su bien según el propio escritor, la malhadada y excesivamente dilatada experiencia teatral. Por pasar, ya ha pasado la fuerte implicación en la lucha contra Newton en pos de una concepción diferente de la ciencia. Es cierto que muchas convicciones adquiridas permanecen, pero la combatividad se ha visto ya inevitablemente atenuada. Se trata ahora de mostrar lo definitivo, lo más relevante, aquello que debe pasar a la posteridad, ya que el fin se intuye próximo. Y lo que el escritor elige como legado es la renuncia.

Los Wanderjahre son en síntesis una teoría de la renuncia. Y, por extenso, son una recopilación de novelas cortas, un escrito jalonado de ocultas claves masónicas, una proclama (casi un panfleto) a favor de la funcionalidad, un programa de aprovechamiento de los recursos naturales del Viejo Mundo y de emigración masiva al Nuevo, un escrito de filosofía a la helenística, en el que la felicidad es la consecuencia de evitar el dolor, y, a su vez, un tratado de ética utilitarista en el que las acciones deben perseguir el mayor bien para el mayor número.

Si hay que buscarle un hermano a este último Wilhelm Meister, lo encontraremos en el último Fausto, el que quiere detener el tiempo, y perder el alma ganando la apuesta, cuando ve «un pueblo libre en una tierra libre». Ve a personas unidas en el empeño de ganarle tierra al mar, porque están sometidas a una fuerte presión natural a la que solo se puede responder con una solidaridad que asegure la supervivencia5. Si Fausto se zafa de las telarañas de la individualidad estéril, convirtiéndose en facilitador de un proyecto solidario, Wilhelm Meister emprende un camino análogo. Abandona el teatro, en el que, en lugar de ser un buen intérprete solo se representaba a sí mismo, y se convierte en espectador implicado y en persona activa. Espectador implicado en la transformación social propugnada por la Provincia Pedagógica y la Sociedad de la Torre. Y persona activa, al convertirse en un individuo cualificado que desempeña una función útil para el todo social. A saber: ser cirujano.

LA TRADUCCIÓN DEL TÍTULO. BREVE APUNTE

Centrémonos por un momento en el primero de los títulos, Los años itinerantes de Wilhelm Meister. Verter así el título puede resultar discutible. Mi amigo y maestro de traducción, Miguel Ángel Vega Cernuda, a la sazón director de la sección de literatura alemana de Letras Universales, es uno de los que se pregunta por lo apropiado de esa versión. Aduce razonablemente que los años no son itinerantes, que los años sin más transcurren. Sin entrar en la discusión filosófica bergsoniana sobre la diferencia entre lo que simplemente transcurre (el tiempo) y lo que se percibe y siente mientras el tiempo transcurre (la duración), he de decir que decantarme por los «años itinerantes» tiene la intención de atender al contenido mismo de lo que hace Wilhelm a lo largo de los años de la narración.

En realidad, tal y como señala Udo Rukser, hasta la publicación de su libro Goethe in der hispanischen Welt que data de 1958, solo había dos traducciones al castellano de los Wanderjahre6: la de Zaqueo Rogerio Falguera de 1916 y la de Rafael Cansinos Assens de 1944.

La tercera es la mía de 2006 publicada por la cordobesa editorial Almuzara, en la colección Biblioteca de Literatura Universal, dirigida por el tristemente desaparecido Claudio Guillén. La citada traducción apareció en un volumen que recogía la narrativa de Goethe bajo la edición de Marisa Siguán. Respecto a las dos primeras, esta tercera versión cuenta con las dos colecciones de aforismos «Consideraciones del viajero» y «Del archivo de Macaria». Estas series estaban ausentes en los trabajos de Falguera y Cansinos Assens, porque tomaron como referencia la Weimarer Ausgabe, cuyos editores decidieron excluirlas. Solo en 1949 la Gedenkausgabe de la berlinesa Editorial Artemis las retomó y desde entonces están incorporadas a la novela.

Falguera hizo la primera publicación en Buenos Aires. Su traducción fue reimpresa por la editorial Sopena en Barcelona en 1920. La traducción aparecía en un volumen intitulado Wilhelm Meister, donde se incluían tanto los años de aprendizaje como los que él tituló como Años de viaje de Wilhelm Meister. Discrepamos. Wilhelm viaja, sí, pero no está haciendo ni excursiones ni turismo. Está siguiendo un itinerario formativo, claramente definido. Esas etapas son: las montañas, la Provincia Pedagógica, el Lago Maggiore y el puerto desde el que los renunciantes (o parte de ellos, los que viajan) parten para América. Y lo que está más claro es que a través de todas esas etapas Wilhelm Meister se convierte en un socialmente útil y funcional cirujano. No es, sin más, un viajero que busca esparcimiento y evasión, sino todo lo contrario, es alguien que está obteniendo en todo momento enseñanzas que van troquelando su reconversión a la vida activa.

En 1944, bajo el título genérico Obra literaria, Cansinos Assens llevó a cabo el primer intento de editar gran parte de la obra goethiana. Con la saga de Wilhelm Meister fue tan generoso y audaz que no solo tradujo los Lehr- y los Wanderjahre, sino que incluso hizo una versión del Ur-Meister (o Proto-Meister) Wilhelm Meisters theatralische Sendung (que tradujo por Misión teatral de Guillermo Meister). En cuanto a lo que nos concierne, Cansinos tradujo Wanderjahre por «años de andanzas». Sin restar mérito alguno a su admirable labor translaticia, he de decir que no me sumo a su propuesta. Ese título convertiría a Wilhelm Meister en un pariente de Guzmán de Alfarache, Estebanillo González o Lázaro de Tormes o incluso de un Juan de Mañara o un Tenorio. De nuevo la propuesta sería totalmente ajena a la ruta de Wilhelm, muy conducida por la razón, y llevada por una planificación, que, aunque él desconoce en la totalidad de sus extremos, es sumamente estricta, y en absoluto expuesta al azar.

También se ve escrito, en literatura secundaria, Años de peregrinaje, título igualmente desafortunado.El peregrino lleva a cabo un viaje hacia un lugar sacro con un propósito de depuración espiritual o de cumplimiento de una promesa bien sea en petición de una gracia o en agradecimiento por una ya concedida. El itinerario que sigue Wilhelm no tiene ese sentido. Wilhelm está obligado al voto de movilidad por la Sociedad de la Torre, y aquello que ha de conocer en su recorrido es de índole pedagógica y formativa (la Provincia Pedagógica, los proyectos de la Sociedad de la Torre y la habilitación en la profesión de cirujano, así como el ejercicio de ella). No es que el viaje adquiera sentido cuando se llegue al destino, sino que el mismo viaje, con cada una de sus etapas, va confiriendo sentido a la vida de Wilhelm.

De ahí nuestra convencida apuesta por «años itinerantes.

«LOS AÑOS DE APRENDIZAJE». ¿PRIMERA PARTE DE «WILHELM MEISTER»?

En 2000, y a mi cuidado, la Colección Letras Universales publicó una edición de Los años de aprendizaje de Wilhelm Meister. Goethe llevó a cabo la elaboración de esta novela en un periodo muy dilatado, concretamente desde el 16 de febrero de 1777 hasta octubre de 1796, cuando se publicó el cuarto y definitivo volumen de la obra. Antes de que salieran a la luz Los años de aprendizaje, está documentado que Goethe, en carta a Schiller de 12 de julio de 1796 ya tenía en mente una segunda parte. Ahora bien, ¿son Los años itinerantes la segunda parte de Los años de aprendizaje? Es evidente que la figura central es la misma y que hay personajes que aparecen tanto en una como en otra novela. El Abate (autoridad suprema de la Sociedad de la Torre y director del itinerario de Wilhelm), Félix (el hijo que tuvo el protagonista con la actriz Mariana), Natalia (que aparece en epístolas y no presencialmente), Jarno (que ahora se llama Montan), Lotario, Lidia, Federico, Mignon y Agustín (estos dos últimos en el recuerdo) establecen una continuidad. Con todo, qué diferente es una novela de otra. Que la narración del itinerario de Wilhelm Meister es la segunda parte de lo iniciado con sus escarceos teatrales es una afirmación tan problemática como la de la continuidad entre la primera y la segunda parte de Fausto. Goethe lleva a cabo una transformación personal tan intensa y una reelaboración tan fuerte de los parámetros bajo los que escribe, que las primeras tomas de contacto con Meister y con Fausto se hacen irreconocibles desde las segundas. Por así decirlo, los personajes crecen, pero la narración sobreentiende este crecimiento.

El personaje de Wilhelm Meister recogía la inquietud de su creador por la constitución de un teatro nacional alemán. Concretamente un teatro que, siendo de calidad, fuese interclasista. Las compañías populares ambulantes ofrecían representaciones que sencillamente intentaban ganar el favor del público. Los teatros cortesanos, tan numerosos como las cortes en el área de habla alemana del siglo XVIII, sí que se adentraban en proyectos más ambiciosos y en temáticas de prestigio, como la mitológica, pero sus propuestas, al no pretender traspasar los límites de su estamento, carecían de eco.

Wilhelm se ve envuelto en la atmósfera de las tablas al enamorarse de una actriz, Mariana. El fracaso de este amor, inesperadamente contrariado, le induce a dedicarse al comercio. Sin embargo, el veneno del teatro ya se había apoderado de él, y un viaje comercial, por encargo de su padre y su cuñado Werner, propicia que conozca a unos cómicos de la legua a los que se une. Wilhelm cosecha un rotundo triunfo en el papel de Hamlet, pero es un éxito engañoso. Se trata de una victoria no asentada en el talento dramático, sino en emociones que Wilhelm siente hacia la figura de su padre. Y esa limitación queda demostrada cuando interpreta de modo irrelevante el papel del príncipe Hettore Gonzaga en Emilia Galotti de Lessing. La estancia en los dominios de un Barón, que pone en solfa a la aristocracia ociosa (diametralmente opuesta a la de Los años itinerantes), el ataque a la compañía por salteadores de caminos, y el incendio provocado por el arpista Agustín hacen insostenible la persistencia de Wilhelm en la que él ha tomado por vocación teatral. Pero lo que lo aleja definitivamente de esta son las apariciones en su vida de Jarno, Lotario y de la que acabará siendo su mujer, Natalia. Todo ello avalado por la Sociedad de la Torre. De hecho, la boda de Wilhelm con Natalia es más bien la certificación del compromiso del héroe con la citada Sociedad.

Tanto en una como en otra novela de Wilhelm Meister (y como bien se sabe, en Fausto) está presente la teodicea. Aunque pueda parecer prolongadamente lo contrario: de lo erróneo, de las caídas y de lo errabundo surgen lo certero, los enderezamientos y lo dotado de sentido. Aunque Wilhelm fracase en el teatro, halla su lugar en el mundo. De hecho, el teatro es lo que le permite dejar de ser un burgués, o al menos, un burgués limitado. Mignon y el arpista Agustín, por su irracionalidad, son figuras totalmente ajenas a la formación de Wilhelm, son aquello de lo que debe radicalmente escapar. Sin embargo, no solo fungen de contraejemplo, sino que también son figuras a las que está adherido el misterio de la vida, y, con aquel la evidencia de que la formación del individuo nunca podrá llegar a ser plena ni perfecta. Desde el punto de vista de la teodicea y de la francmasonería, es necesario reformular la vivencia de la religión. Frente al pietismo estéril que permanece en la ortodoxia y el ritual, tal y como es mostrado en las «Confesiones de un alma bella» (Sexto libro de Los años de aprendizaje), Goethe propone un pietismo productivo como repliegue reflexivo que sirva de propedéutica y preámbulo a un despliegue en el mundo cimentado en una religión de la humanidad. Superando la virtud privada de la «Hausfrömmigkeit», Goethe estaba a favor de la virtud pública, de la «Weltfrömmigkeit». Y para conseguir que la buena conciencia se transformara en conciencia operativa, para conseguir que la religión se convirtiera en una instancia dinamizadora, era necesario un pacto entre la nobleza y la burguesía. Estos pactantes están, respectivamente, simbolizados por Lotario, aristócrata activo, y por la Sociedad de la Torre (colectivo burgués)7.

Y los proyectos y las acciones de ese pacto son los que se piensan y se ponen en práctica en Los años itinerantes. Hay quien piensa que la auténtica formación de Wilhelm se produce no en Los años de aprendizaje, sino en los itinerantes8. En la segunda novela habrá lugar para todos los propósitos deseables para la transformación modulada y reformista de la realidad social: la introducción moderada del maquinismo, la migración a América, el tránsito de una formación o «Bildung» integral a una visión funcional y especializada del trabajo, el arte puesto al servicio de este ideal de vida activa, y la religión vertida a un Absoluto, si bien no alcanzable, pues es Absoluto, sí asible en la aproximación a él.

En definitiva, con respecto a Los años de aprendizaje, en Los años itinerantes pasamos del neohumanismo humboldtiano a una filosofía si no materialista ni positivista, sí claramente utilitarista. La supraestructura es sustituida como determinante de la conciencia por la base estructural. Mientras que al comienzo del Meister se creía en la capacidad formativa del teatro, al final del segundo se entiende que lo auténticamente decisivo en la formación, es decir, en el pensamiento y en la conducta, de los individuos y los colectivos, es la estructura productiva y económica y sus posibles dinámica y cambio.

SINOPSIS DEL LIBRO PRIMERO

Y ahora, adentrémonos en Los años itinerantes. Haremos una sinopsis prolija y tripartita, pues la complejidad de vericuetos y meandros de la obra lo requiere. Si algo está claro es que Goethe no escatimó exigencias a la paciencia del lector.

Wilhelm y Félix, de camino por las montañas, se encuentran a una familia. El padre lleva herramientas de carpintero. Wilhelm reconoce a la madre por haberla visto en el cuadro La huida a Egipto. El joven cabeza de familia invita a Wilhelm y a Félix a pernoctar en San José.

San José es un monasterio semiderruido, una de cuyas alas, aún en pie, se conserva en buen estado. Los niños del carpintero llevan a Wilhelm ante una serie de pinturas que representan la vida de San José. Uno de los cuadros representa a San José trabajando como carpintero. En el siguiente, San José conoce a María y entre ellos brota un lirio del suelo9. El joven que ha encontrado Wilhelm en las montañas se llama José y su mujer María. José le cuenta cómo se casó con ella siendo viuda y estando embarazada.

Wilhelm escribe a Natalia manifestándole envidia de José por poder vivir con María bajo el mismo techo, algo que a él le está vedado. Sin embargo, también declara que acepta el destino itinerante que se ha comprometido a asumir.

En su ruta Wilhelm y Félix se encuentran con Jarno, quien está dedicado a estudios mineralógicos y ahora se llama Montan. Desengañado de los seres humanos, Montan solo quiere ahora descifrar el lenguaje de la naturaleza. Wilhelm y Montan hablan de la educación de Félix. Montan le recomienda a Wilhelm que para convertirse en maestro adecuado de su hijo, se dedique a un oficio, a dominar, por propia voluntad, un ámbito de la realidad. Wilhelm, persuadido, decide dedicarse a cultivar un oficio. Montan se compromete a ayudarlo, intercediendo ante la Sociedad de la Torre para que le levante la obligación de no pernoctar más de tres noches en el mismo lugar y le permita permanecer donde necesite y precise para completar su formación.

Wilhelm y Félix prosiguen su camino, hasta que este último ve un enorme palacio. En la siguiente parada de descanso, Félix desaparece durante un rato de la presencia de su padre y encuentra un cofrecito del tamaño de un volumen en octava, que parece de oro y está esmaltado. Los viajeros retoman la marcha en dirección al palacio de cuyo propietario han oído hablar10.

El dueño del palacio, un hombre entrado en años, pero muy activo, vive en su propiedad con sus dos sobrinas: Juliette y Hersilia. Esta traduce muy bien francés y les ofrece una muestra de sus habilidades leyendo un relato que ella misma ha vertido al alemán: «La loca errante».

La loca errante es una joven que encuentra durmiendo en sus dominios el pudiente Señor de Revanne. Este la acoge en su casa y ella se queda allí a vivir. Pasados dos años, tanto Revanne como su hijo se enamoran de la muchacha. Cuando ambos le declaran su amor, ella se marcha de los dominios de su protector.

Hersilia le habla a Wilhelm de Lenardo, un primo suyo ausente ya hace tres años y de quien esperan su vuelta. También le da noticia de Macaria, una tía suya que tiene su morada no lejos del palacio y que es un auténtico espíritu protector de la familia. Hersilia le da a Wilhelm algunas cartas para que compruebe y aprecie las virtudes de Macaria.

Félix le hace a Hersilia la corte y cabalgando cae en un foso. Es atendido por un cirujano. «Sí los médicos no son siempre necesarios, los cirujanos lo son en todo momento —repuso Hersilia»11.

En la lectura de la correspondencia entre la Tía, Hersilia, Juliette y Lenardo, Wilhelm comprueba que Hersilia se extraña de que Lenardo confunda a Valeriana, joven rubia felizmente casada, con Nacodina, joven morena, cuyo padre fue despedido por el Tío, y de la que nada saben hace años en la familia.

Acerca del Tío, Wilhelm se informa de que su padre nació en Filadelfia. El hoy dueño del palacio vino a Europa cuando era un jovencito y supo invertir bien para preservar y aumentar los bienes familiares.

Sin introducción previa, se intercala «¿Quién es el traidor?». Este relato cuenta la historia de Lucidor, quien, incitado por un alto funcionario, estudia Derecho para alcanzar un puesto relevante en la administración. El alto funcionario tiene dos hijas, Julia y Lucinda. El padre de Lucidor, viudo, insta a su hijo al matrimonio con Julia, el cual ya concertó con el padre de esta hace años. Sin embargo, Lucidor está enamorado de Lucinda, y esta, a su vez está comprometida con Antoni. Lucidor, frustrado, decide irse del palacio de su mentor, pero es interceptado por Lucinda, quien le dice que es suya. Todo se ha arreglado, porque la pasión de Lucidor por ella había sido expresada en un vehemente monólogo que, escuchado sin que él lo advirtiera, da pistas a la familia para cambiar radicalmente las tornas y dar lugar a un final feliz. Lucidor se casará con Lucinda y Antoni con Julia.

Wilhelm y Félix llegan a un antiguo edificio, allí encuentran a Macaria. Esta es portada en una silla por dos bellas muchachas. También conocen al astrónomo de Macaria y a su archivera Ángela. Macaria le da total confianza a Wilhelm convirtiéndolo en interlocutor para hablar de cuestiones, en las que, por no ejercer influencia alguna en el mundo externo, se puede avanzar sin problemas. Félix se aburre. Wilhelm hace observaciones telescópicas con el astrónomo y tiene un ligero ensueño en el que aparece Macaria, cuyo rostro es sustituido por una estrella. Al despertar ve por la ventana esa misma estrella, que es el lucero de la mañana. A la mañana siguiente ve a Ángela dirigiendo el trabajo activo de unas muchachas12 y le dice a Wilhelm que su misión es hacer acopio de todos los pensamientos bellos de Macaria. Por otra parte, le revela a Wilhelm que él, de un modo inesperado, ha intuido los principales misterios del lugar y que en consecuencia está en condiciones de continuar cumpliendo su itinerario.

Wilhelm va en busca de Lenardo y este le cuenta la historia de «La muchacha de piel de nuez». En este caso, una historia no solo intercalada, sino también integrada en la narración principal. Ya ha habido noticia de esta muchacha en las cartas de Lenardo donde confundía a Valeriana con Nacodina. La historia se remonta al momento en que Lenardo es animado por su tío a hacer un viaje por el extranjero. El hacendado decide liquidar cuentas con sus arrendatarios para financiar el viaje de su sobrino. Nacodina, llamada piel de nuez por lo tostado de su tez, le pide a Lenardo que interceda por su padre, insolvente, ante su Tío. Aunque lo promete, no lo hace, y, desde entonces, tiene remordimientos preocupado por la suerte de Nacodina y su padre. Aliviado, creyendo que Nacodina es Valeriana, va con Wilhelm a visitar a esta. Sin embargo, al darse cuenta del equívoco, la preocupación vuelve y le encarga a Wilhelm que busque a Nacodina.

Wilhelm deposita una cajita que encontrara Félix junto al palacio del tío de Hersilia en la tienda de un anticuario, para quien, tal y como afirma, si esa cajita significara algo, encontrará la llave y del modo más impremeditado. En todo caso, el héroe está decidido ya a especializarse. Para él, es mucho más formativa la educación en un campo que la mediocridad en muchos.

SINOPSIS DEL LIBRO SEGUNDO

En su búsqueda de Nacodina, Wilhelm deja a Félix en una Provincia Pedagógica, en la que, a diferencia de los dominios de Macaria destinados a la formación femenina, son educados jóvenes varones. Se pone en contacto son los superiores y es, hasta cierto punto, iniciado en los secretos educativos. Instrumentos importantes de la educación son la música y el canto coral. En la Provincia los jóvenes desarrollan tres respetos: al cielo, a la tierra y a sí mismos.

De nuevo inadvertidamente se intercala otro relato: «El hombre de cincuenta años». El Mayor, de cincuenta años de edad, es informado por su hermana de que su hija Hilaria lo ama profundamente. Entusiasmado, hace a un actor amigo suyo asesor de rejuvenecimiento cosmético, y obtiene el sí de Hilaria. Flavio, el hijo del Mayor, vuelve a casa y le confiesa a su padre que está enamorado de una joven y bella viuda. Las atracciones cambian: Flavio se enamora de su prima y el Mayor de la viuda. La frustración de los planes de la Baronesa, la hermana del Mayor, hace que se queje de la viuda en carta a Macaria (lo que integra la novela corta en la novela marco). No obstante, la Baronesa sí que promueve ahora la boda de los dos primos. En una cita en una casa de postas, la viuda da a leer al Mayor la correspondencia entre la Baronesa y Macaria. Macaria, en sus cartas, hace ver a la viuda bajo una luz favorable. Esta lamenta todas las molestias causadas a la familia.

Se interrumpe aquí la narración de la peripecia del Mayor y su familia. Lo siguiente en la novela consiste en que Wilhelm le envía al Abate la solicitud que le planteó a Montan y que este ha presentado ya ante el director de la Sociedad de la Torre. Concretamente, la solicitud de que se le levante el voto de movilidad para poder dedicarse a la formación en un oficio.

Bajando de las montañas a la llanura y a orillas del Lago Maggiore, Wilhelm encuentra allí a la bella viuda y a Hilaria. Las dos, al igual que él, son renunciantes, porque han renunciado al sexo opuesto. El abate libera a Wilhelm de la movilidad forzosa.

Pasan unos años y Wilhelm recoge a Félix de la Provincia Pedagógica. Este se ha enamorado de Hersilia, lo que sabe su padre por una carta de la muchacha. Tras volver a encontrarse con Montan, quien vuelve a recordarle lo importante que es la unión de pensamiento y acción, Wilhelm escribe a Natalia. Le recuerda a esta cómo hace tiempo encontró un estuche de cirujano, y cómo ese objeto le hizo caer en cuál era su vocación y le dio un nuevo sentido a su vida.

SINOPSIS DEL LIBRO TERCERO

Federico, personaje de Losaños de aprendizaje y hermano de Natalia, es recibido por Lenardo. Su aparición viene a confirmar una conexión entre una novela y otra a través de la Sociedad de la Torre.

Hersilia le escribe a Wilhelm diciéndole que ha hallado la llave de la cajita y que desea que traiga a Félix y la cajita consigo. Wilhelm no se deja atraer.

Wilhelm comienza sus estudios como cirujano y en ellos realiza una disección, así como es instruido por su maestro sobre la necesidad de hacer modelos de cuerpos humanos para las prácticas de Anatomía. Posteriormente, Wilhelm estudia el diario de Lenardo, donde se circunstancia detalladamente las prácticas y los avances de la fabricación textil y se comentan las ventajas e inconvenientes del maquinismo.

Y tras tanta descripción de la vida objetiva, un cuento fabuloso, el de «La nueva Melusina», en el que un joven encuentra a una mujer de la que se hace servidor. Ella porta una cajita en la que cada noche se introduce, pues es hija de Eckwald el rey de los gnomos. Tras sentirse tentado de casarse con la princesa y convertirse en enano, el muchacho la abandona, y decide volver a su tamaño normal y a la vida cotidiana.

El anticuario que tenía la cajita muere y ya Hersilia tiene en su poder la llave y el cofrecillo. Hersilia añora a Félix y a Wilhelm.

De nuevo la narración se ve interrumpida por el relato «La apuesta peligrosa». En este, una broma a un noble, cogerle de la nariz mientras se le afeita, es causa de graves heridas por duelo, cuando llega a oídos de este que se han chanceado de él.

Tras otro relato, «No demasiado lejos», donde se refieren las tribulaciones conyugales de Albertina, Odoardo y el amor frustrado de este por la Princesa Sofronia, el propio Odoardo cuenta sus planes de dar tierra y trabajo a aquellos que se queden y no emigren a América.

Posteriormente Wilhelm y Federico hablan del gran don que es el tiempo y Wilhelm acaba de leer la descripción de Lenardo de la fabricación textil.

Precisamente es en un taller textil donde se encuentra a Nacodina, que ahora se llama Susana. Esta abandona la fábrica por mor del amenazador maquinismo y a instancias de Macaria ocupa el lugar de Ángela. Lotario, Teresa, Natalia y el Abate viajan en barco rumbo a América. Filina, Lidia, Lenardo, Federico y Montan tomarán el mismo camino. Como todos emigran, Wilhelm ha de volver a tomar a Werner como socio.

Se nos explica, acto seguido, la relación de Macaria con el astrónomo. Cómo la increíble condición de esfera armilar viva de la dama fue tomada inicialmente por inverosímil por el calculador y descreído científico. Sin embargo, al comprobar él cómo ciertas intuiciones de Macaria se adelantan a descubrimientos y observaciones astronómicas, acaba creyéndola y admirándola.

Con ello, acaba la presencia de Macaria en la novela y se retoma «el cuento terrestre».

Ya solo quedan dos desenlaces.

Odoardo se marcha a sus dominios con los que han decidido quedarse para iniciar una colonización interior.

Por su parte, Hersilia revela a Wilhelm su pasión por Félix. Este llega fogoso e intenta besarla, pero ella, renunciante, está obligada a rechazarlo. Félix se marcha proclamando que cabalgará hasta morir. El jinete y su caballo caen en un foso, y Wilhelm salva a su hijo con su saber quirúrgico.

LOS RELATOS INTERCALADOS

En Los años itinerantes, hay relatos que cortan el discurrir novelístico y no tienen relación orgánica con el núcleo («La apuesta peligrosa»). También en esta obra Goethe nos ofrece, igualmente, otros relatos o novelas cortas que, interrumpiendo el continuo narrativo y estando aparentemente desconectados de él, retornan de un modo inopinado a este, pues hay una relación desconocida de la que posteriormente se nos da noticia («El hombre de cincuenta años»). Asimismo, hay relatos que solo se mueven en lo fabuloso y tienen una intención de divertimento («La nueva Melusina»). Y finalmente, también se incluyen en la obra, narraciones, en un principio colaterales a la trama, pero integradas en ella, que, sin embargo, van cobrando centralidad («La muchacha de piel de nuez» o «No demasiado lejos»). En este sentido Los años itinerantes son un pariente cercano del Decamerón de Bocaccio, del Heptamerón de Margarita de Navarra y de Las mil y una noches, pero probablemente lo sea más, y en esto no han reparado los estudiosos, del Quijote, tanto del de 1605 como del de 1615. Así, trazando paralelismos, podríamos emparentar a «La apuesta peligrosa» con la peripecia de Grisóstomo, y Marcela (Primera Parte, caps. XII y XV)13 y con la novela corta «El curioso impertinente» (Primera Parte, caps. XXXIII a XXXV)14 por su carácter externo a la trama central. Igualmente relacionaríamos a «El hombre de cincuenta años» con la cuádruple historia de Cardenio, Luscinda, Fernando y Dorotea (Primera Parte, caps. XXIII, XXIV, XXVII, XXVIII, XXIX, XXX y XXXVI)15 por su inicial externalidad y posterior integración. Por su parte, a «La nueva Melusina» la conectaríamos con la «Cueva de Montesinos» (Segunda Parte, caps. XXII y XXII)16 por su carácter fabuloso. Y también a «La muchacha de piel de nuez» y a «No demasiado lejos» con «Las bodas de Camacho» (Segunda Parte, caps. XIX a XXI)17 por una colateralidad a la trama que no excluye su integración en ella.

¿Qué papel desempeñan estos relatos con respecto a la novela y a su apelativo, por no decir imperativo, mensaje de renuncia?

Los relatos intercalados ofrecen siempre temas contrapuestos a los principales temas de la novela. Ocurre así con «No demasiado lejos», antítesis del amor o con «la apuesta peligrosa» de las grandes comunidades.

Los relatos son aleccionadores, pero no moralizantes: muestran lo inmaduro, lo extravagante, lo unidireccional y limitado, lo torcido del destino. Teniendo en cuenta su carácter no estrictamente moralista, no exhiben desenlaces trágicos, e incluso en ocasiones se sirven de lo fabuloso como en el cuento «La nueva Melusina» y de lo irónico como en el sainete «La apuesta peligrosa».

Hay, por así decirlo, tres planos en estos relatos: el superior, el inferior y el medio.

Lo superior, donde se dirimen asuntos relativos a los saberes teóricos y prácticos y a la educación, son los dominios de Macaria, la Provincia Pedagógica, las tierras del Tío y la historia de José.

Pertenecen a lo cotidiano la novela corta de Lucidor, el cuento de «La nueva Melusina» y «La apuesta peligrosa».

Por su parte, lo intermedio está representado por «El hombre de cincuenta años» y «Piel de nuez». No es casual que estos relatos de lo intermedio contengan personajes que luego se incorporan a la novela y cuyo destino se dirime en ella.

Los relatos le dan vida a un escrito que solo sería doctrina fría y tediosamente expuesta. Mientras que la narración marco aboga por la renuncia y muestra las grandes comunidades, los relatos nos ofrecen el antes y el después de la renuncia, así como coexistencias más particulares e individualizadas.

Fundamentalmente, es cuestión de contenido la relación entre la novela marco y los relatos.

Algunas novelas cortas crecen dentro de la novela principal porque sus personajes se convierten en renunciantes: «San José II», «El hombre de cincuenta años» «El diario de Lenardo» y «Piel de nuez».

Otras se quedan en sí mismas porque sus personajes no alcanzan el nivel de la colectividad («La loca errante» o «¿Quién es el traidor?»).

Finalmente hay otras relacionadas de un modo laxo con la narración principal, pues ofrecen contraejemplos («La nueva Melusina» o «La apuesta peligrosa»).

Hay diferencia de tono entre las novelas cortas, que tratan de socializaciones problemáticas y tienen estilo dramático, y la novela central, que aborda la creación de las grandes colectividades y tiene un estilo épico y sentencioso.

En los Wanderjahre se aúnan lo constructivo, racional e ilustrado del siglo XVIII (cuando se describen los dominios del Tío y de América) y lo místico (cuando la escritura se adentra en los dominios de Macaria).

También hay un momento muy significativo con la figura de Odoardo: auténtica muestra de optimismo y carácter emprendedor en la vida pública y destino trágico en la privada.

En definitiva, la novela nos ofrece un mural completo de la vida.

LAS MÁXIMAS

Tras el segundo y el tercer libro Goethe ubicó dos series de aforismos: respectivamente, «Consideraciones del viajero» y «Del archivo de Macaria» (en conexión con la novela, la compilación que había hecho la archivera Ángela de los pensamientos de su señora).

Más interesante que la revisión de los pensamientos allí contenidos es el examen de su sentido. En 1953 en la editorial Klostermann, el insigne investigador sobre Nietzsche Karl Schlechta publicó el libro Goethes Wilhelm Meister, donde aborda un estudio conjunto de la totalidad de la obra, no desligando el estudio de los años de aprendizaje y los itinerantes.

Allí compara la función de las máximas en las dos novelas.

En los Lehrjahre lo sentencioso aparece en alternancia con lo que sucede y se ve animado por la intención de sacar conclusiones de ello. Mientras que Wilhelm muestra y no esconde la poca experiencia que atesora en su alma cándida, sus interlocutores cuentan con una profunda sabiduría que ofrecen solo parcialmente de un modo reservado y básico18. Sin duda, esa forma de proceder es ante todo propia de los miembros de la Sociedad de la Torre, pero también está presente en aquellos sujetos que por haber tenido experiencias más conclusivas que las de Wilhelm (Teresa o Mignon) se manifiestan así de lapidarios19. En su búsqueda de formación integral con el vehículo del teatro, Wilhelm aspira, de un modo socrático-platónico, a determinar lo que es noble, bello y bueno. Y enfrente tiene siempre a Serlo, que ejerce de sofista y tiende a relativizar los hallazgos que cree hacer Wilhelm20. En definitiva, en los Lehrjahre se pone de relieve el carácter escurridizo, mutable y proteico de la vida, como si ella fuera un tablero de ajedrez en el que jugaran fichas que se han descubierto a sí mismas e igualmente van tomando conciencia de cuáles son sus reglas21.

En los Wanderjahre, Schlechta apunta una presencia mucho más densa y expresiva de lo sentencioso. Más allá de las dos series de máximas, en todos los diálogos hay constantemente una presencia, casi una omnipresencia, de definiciones22. Ante todo, eso se explica, porque ya no se cree en la formación individual, porque no es el individuo el interpelado. Ya no es el individuo el que es «ser humano» y puede serlo, solo todos los seres humanos representan algo así como al «ser humano»23. No por ello los pensamientos contenidos en las máximas son concluyentes. Ante la gran cantidad de máximas que lee y escucha en la casa del tío de Hersilia y Lenardo, Wilhelm dice que, ante una máxima, siempre busca su contenido antitético e intenta ponerlo en armonía con el originario. A ello el Tío le contesta que es precisamente eso lo que han hecho los hombres más razonables en todos los tiempos24.

ELABORACIÓN

Wilhelm MeistersWanderjarhre es un libro extraño. De la tenue percepción de lo temporal en la novela, hace una buena valoración Rafael Cansinos Assens refiriéndose a la última etapa de la existencia del escritor: vivió en el plano inactual de lo siempre actual25. Esa constancia de lo no actual, de lo que se sabe o quiere saberse eterno se percibe en el carácter de acta y documento a lo largo de prolongados tramos de la novela.

Sin dejar el tiempo, fijémonos en algo sumamente significativo en lo que ha reparado Francisco Manuel Mariño. Tanto en el título del primer Meister como en el del segundo aparece la palabra «Jahre» (años), pero ¿cuántos años? Eso no se nos aclara:

Si pensamos en el asunto de Werther (el enamoramiento y la imposibilidad de alcanzar el objeto amado, que lleva al héroe al suicidio), vemos que fácilmente puede llevarse a cabo y con credibilidad en el tiempo que el autor ha establecido. Lo mismo sucede en Die Wahlverwandschaften, donde el asunto no varía mucho con respecto al de Werther. Sin embargo, el aprendizaje para una vida, que en definitiva es el asunto de ambas partes del Wilhelm Meister, no puede llevarse a cabo en año y medio; se necesita un amplio capítulo de esa vida y de ahí los años que se anuncian en los títulos y la falta de concreción26.

Por otra parte, además de este sensorio intemporal, hay otro rasgo innegable: la preponderancia de lo colectivo. No se puede decir mejor que Hernández y Maldonado:

El centro de interés se ha desviado del individuo a la comunidad de los hombres, influido evidentemente por los grandes cambios que empezaban a tener lugar en la sociedad alemana y que en cierto modo anunciaban ya la masificación que traería consigo la industrialización27.

Tras estos preliminares temáticos, comenzaremos por las referencias que sobre la novela hay en otros escritos que corrieron a cargo de la pluma de Goethe.

Tenemos una primera noticia de la redacción de los Wanderjahre en el diario de Goethe de 17 de mayo de 1807, mientras el escritor se encontraba en Jena. Continúa su redacción en la estación balnearia de Karlsbad (hoy Karlovy Vary). Desde allí le escribe a Charlotte von Stein, mostrándole lo heteróclito del escrito que está redactado donde hay narraciones románticas, descripciones, paradas en el reino de los minerales y las sierras, y finalmente vuelta «a una fantasía más libre, la región en la que últimamente mejor nos encontramos»28. El objetivo de Goethe era hacer tres novelas, los Lehrjahre, los Wanderjahre y los Meisterjahre, pero «ars longa vita brevis», no hubo tiempo para la tercera29.

El 3 de mayo de 1810, Goethe le muestra a Meyer su orgullo por el conocimiento que está adquiriendo en el estudio de la fabricación de tejidos de algodón30.

En los escritos de los diez años siguientes continúa la escritura, y merecen mucha más atención los relatos intercalados que la narración marco. Es el 9 de diciembre de 1820 cuando sabemos, por carta a Sulpiz Boiserée, que ha comenzado la impresión de la obra. Claro está que se trata de la primera versión de 1821. Esta va acompañada de un poema:

Die Wanderjahre sind nun angetreten,

Und jeder Schritt des Wanders ist bedenklich.

Zwar pflegt er nicht zu singen und zu beten;

Doch wendet er, sobald der Pfad verfänglich,

Den ersten Blick,wo Nebel ihn umtrüben,

Ins eigne Herz und in das Herz der Lieben.

El poema viene a decirnos que, ante las dudas y ante las debilidades, en lugar de cantar y rezar, el itinerante ha de retornar a su propio corazón y allí encontrar a los amados. ¿Los amados? Los que apoyan, los que dan soporte a la búsqueda, la Sociedad de la Torre, trasunto de las logias masónicas.

Entre 1809 y 1819, había tenido lugar, en la revista Taschenbuch für Damen, editada por Cotta, la publicación como obras independientes de algunos de los relatos incluidos en la novela.

A partir de mediados de 1821, comienza la interacción de Goethe con los lectores de los Wanderjahre pertenecientes a su círculo de confianza. Y ahí comienza cierta captatio benevolentiae del escritor respecto a su obra: disculpa y justifica lo aparentemente incompleto y fragmentario de la obra, y también remite a la inteligencia de sus lectores afrontar y resolver esa carencia de unidad y el complejo simbolismo (El Canciller von Müller, Boiserée y Zauper). Y, dando muestras de cómo desea ser comprendido y consecuentemente el 21 de marzo de 1822 en Morgenblatt für gebildete Stände publica una reseña de reseñas. Es decir, hace revisión, y elogio, de tres comentarios a los Wanderjahre. Del primero, de Varnhagen von Ense pondera lo muy atentamente que ha seguido su trayectoria. De una segunda reseña, de autor anónimo31 publicada en Literarische Conversationsblatte dice que la buena disposición hace ver las cosas de forma clara y distinta. Y del maestro Kayser de Breslau elogia la capacidad para haber distinguido la conexión que establece entre la pedagogía mostrada en la novela y la platónica.

Ya, al hablar de los relatos y su función, hemos apuntado la presencia de ciertas analogías entre el Meister y el Quijote. Hay, al menos, una más. Al igual que ocurriera con el Quijote de Avellaneda, se produce la publicación de unos Wanderjahre anónimos, que para el dolor de Goethe vinieron a publicarse poco antes de que saliera a la luz su primera versión de 1821. Posteriormente, se dio a conocer como autor el pastor evangélico Friedrich Wilhelm Pustkuchen (1793-1834). Este, entre 1821 y 1828 en cinco partes y dos suplementos, hizo una continuación de los Lehrjahre sometiendo a crítica las concepciones goethianas de formación, arte, moral y religión.

Lo mismo que Avellaneda fue catalizador del Quijote de 1615, Pustkuchen lo fue del Meister de 1829. Precisamente el periodo de mayor actividad de Goethe tuvo lugar entre 1825 y 1829, época en la que también trabajaba principalmente en la segunda parte de Fausto.

Entre 1825 y 1829, los escritos de Goethe en torno a la novela atienden a cómo se va gestando la segunda versión. Manifiesta su preocupación a Wilhelm Reichel, director de publicaciones de la editorial Cotta, por lo pequeño que podía resultar el volumen de los Wanderjahre y decide en consecuencia la introducción en él de las dos series de aforismos32. Pero además estos segundos Wanderjahre incluyeron el «Diario de Lenardo» (para cuya escritura el autor se afanó por conocer al detalle la fabricación de tejido de algodón para describirlo fielmente), las utopías americana y europea (de Lenardo y Odoardo) y el dominio místico de Macaria33.

Una vez publicada la versión definitiva, vuelve a mostrar su agradecimiento a Boiserée por su valoración positiva de la novela y le reconoce que, si bien no hay nada que le falte en contenido a aquella, la forma es mejorable pero había que acabar la obra ya34. Goethe era consciente de las dificultades que entrañaba la lectura de su obra.

Y quizás lo más significativo y concluyente sobre la novela se lo escribe Goethe a Johann Friedrich Rochlitz el 23 de noviembre de 1829.

 

Portadilla de la edición de 1821 de los Wanderjahre.

Este librito es como la vida misma: se mueve en el complejo de la totalidad necesaria y lo arbitrario, de lo preconcebido y lo agregado, es tan pronto logrado como fracasado. De ese complejo brota un no acabamiento que no puede captarse ni aprehenderse plenamente mediante conceptos racionales [...] «Actúa con sensatez» es la cara práctica de «Conócete a ti mismo». Ninguna de estas dos máximas puede ser contemplada ni como ley ni como exigencia. Es como esa parte de la rebanada que siempre debe haber en el grano, pero que no siempre se encuentra. Los seres humanos serian ser más sagaces y más felices si supieran distinguir entre la inalcanzable meta y el objetivo limitado, y se acercaran poco a poco, según sus posibilidades se lo permitieran alcanzar35.

Según recogen las Conversaciones con Goethe de Eckermann, el escritor sonreía cuando pensaba en el enorme esfuerzo hermenéutico que iba a producir en los lectores cuando intentaran establecer relaciones entre el conjunto de la novela, y las dos colecciones de aforismos, así como con los poemas que cerraban el segundo y el tercer libro de la novela. A saber, «Kein Wesen kann zu Nichts zerfallen» y «Bei Betrachtung von Schillers Schädel». Afán interpretativo poco menos que estéril si tenemos en cuenta que, según Eckermann, los aforismos se incluyeron para engrosar el volumen, y los poemas por dar acabamiento elegante a los dos libros citados. Este distanciamiento respecto a los aforismos no es compartido por Bahr36, ni tampoco por Wundt, para quien estos son «estilísticamente y en lo tocante a su contenido una parte integrante de la novela»37.

RECEPCIÓN POST MORTEM

Aunque tuvo lugar antes de que muriera Goethe, el pistoletazo de salida de la recepción negativa de Goethe durante el siglo XIX y el principio del XX lo dio Pustkuchen con la publicación de sus espurios Wanderjahre. Si bien la recepción que hace el pastor evangélico (no podía ser de otra forma) es de los Lehrjahre, en su diatriba se ofrece todo el arsenal crítico que emplearán los detractores de Goethe. En esta obra, el conservadurismo, el pliegue ante la nobleza, el pragmatismo, el clasicismo caduco, el panteísmo (irreligioso para el pastor, pero insuficiente por no desarrollado para otros) se convierten en muñecos de feria en los que hacer impactos. Así, por ejemplo, los miembros de Junges Deutschland encontraron en Pustkuchen una mina de denuestos38 para deplorar a Goethe, y así se lo reconoce el mismo Heinrich Heine al eclesiástico de Lemgo39.

En general, la recepción inicial del estilo del último Goethe lo acusa de poseer un estilo senilmente fantasioso, carente de gusto y forzado. Las críticas de Friedrich Theodor Vischer al Fausto II sentaron cátedra al respecto.

Sin embargo, Gustav H. Hotho, Varnhagen von Ense, Karl Rosenkranz, Karl Grün, Ferdinand Gregorovius, Hermann Hettner y Alexander Jung se pusieron de parte de la novela y la consideraron una anticipación del socialismo utópico bajo el signo de Saint-Simon.

En su libro sobre Wilhelm Meister de 1849, Gregorovius señala que, en su esencia íntima, la última novela de Goethe es poesía social40. Hermann Hettner, en reseña de 1852 a Gregorovius constata la coincidencia de la obra con los ideales del socialismo moderno. Karl Grün41 considera al autor de Frankfurt, incluso, un comunista, algo que Engels en recensión del libro de aquel sobre Goethe rechazó de plano, pues tanto los Lehr- como los Wanderjahre escatimaban la perspectiva de lucha de clases del socialismo revolucionario a favor de un abstracto ideal de humanidad.

Sin embargo, la recepción negativa sigue siendo la predominante, en su Geschichte der poetischen National-Literatur der Deutschen de 1842, Georg Gottfried Gervinus señala que ni las novelas cortas ni el hilo en torno a ellas tiene ninguna relevancia. Wilhelm Scherer en Literaturgeschichte de 1866 indica que el conjunto no es un libro, sino que tan solo ofrece material para un libro. Para Friedrich Gundolf en su monografía sobre Goethe de 1916 considera que los Wanderjahre son un libro de sabiduría, pero una novela fallida. Según Korff en 1953, las expectativas despertadas por los Lehrjahre se ven frustradas en la segunda novela, y a juicio de Staiger en 1959, no hay unidad orgánica en ella42.

Max Wundt consideró esta obra tardía novela cultural y didáctica, así como producto de vejez que permite al lector conocer, profundizar y valorar críticamente el pensamiento de su autor. Por otra parte, Wundt distingue claramente el diálogo del poeta con el último Platón43. La edición de los Wanderjahre a cargo de Gerhard Küntzel en Artemis-Verlag de 1949, y la Hamburger Ausgabe de Erich Trunz realizada entre 1948 y 1960 supusieron un punto de inflexión favorable en la recepción44. Una línea de interpretación confirmada por Hermann Broch, quien ve en Los años itinerantes la base de la nueva poesía, de la nueva novela, lograda por una forma adecuada a ella, apoyada en el dominio de todos los medios expresivos y de la universalidad. Si Fausto volatiliza todas las formas teatrales, los Wanderjahre hacen lo propio con las narrativo-novelísticas45: la novela corta, el cuento, el sainete, el diario, el informe industrial, la carta, el documento, la canción, la máxima y el poema filosófico46.

Retornando a la recepción socialista, Degering considera que los Wanderjahre son un precedente de Marx no ya de los Manuscritos económico-filosóficos, sino del mismo Capital, y que en ellos se ofrece una crítica de la división del trabajo capitalista materializada en la figura del personaje novelístico San Cristóbal, expresión del daño físico y mental de un trabajador47. Esa interpretación le parece descabellada a Bahr, pues estima que, en la novela y en sus proyectos de reforma social, están asegurados los conceptos de propiedad, familia y matrimonio en el sentido burgués48.

EL GOETHE POLÍTICO REAL Y EL ITINERARIO DE WILHELM

Tal vez una de las claves para comprender la vida y la obra de Goethe y muy especialmente del último Goethe, el de los Wanderjahre, es el tamaño. La escala pequeña o, al menos, la escala humana. En su artículo «Goethe», para la Enciclopedia Soviética, que nunca llegó a publicarse, Walter Benjamin pone el dedo en la llaga. Comienza su escrito comparando el tamaño de las ciudades alemanas de la época con las grandes metrópolis: Berlín contaba con 126.000 habitantes, Fráncfort 30.000, mientras que tanto París como Londres superaban el medio millón. Todas las revoluciones dependieron de las grandes ciudades.

Por otra parte, fue característico de Goethe el haber tenido toda su vida un fuerte rechazo a permanecer en grandes ciudades. Por ello jamás pisó Berlín, en edad avanzada solo visitó su ciudad natal dos veces a desgana, pasó la mayor parte de su vida en un pequeño estado de 6.000 habitantes y solo llegó a tener conocimiento de los centros italianos Roma y Nápoles49.

Pequeña escala, escala humana, o tal vez escala Weimar. Pero Goethe nunca es tan sencillo. Si deseaba lo pequeño y controlable en su relación con la humanidad, era para hacer más cercana a la inmensa, desbordante y sublime naturaleza. Demanda una escala humana para que la naturaleza se le abra en toda su magnitud. Sus deseos de llevar a Lili Schönemann a la descomunal América50, o su postrera demanda de luz más luz51 tienen que ver con esta voluntad de apertura a lo exorbitante natural.

En todo caso, lo importante aquí es la aversión a lo desbordante humano, cultural y citadino. Goethe tenía tanta aversión a las grandes ciudades como a la revolución. Y, en consecuencia, el proyecto de los años itinerantes, la Sociedad de la Torre creando Provincias Pedagógicas limitadas, evitando la superpoblación mediante la emigración forzosa a América y buscando el pacto entre una aristocracia activa y la burguesía, es un programa reformista y paliativo de la revolución. O para ser más exactos, no tanto de los objetivos de la revolución cuanto de los desórdenes y la violencia que esta generaba.

En 1988 Ekkehart Krippendorff ofreció un excelente estudio sobre las concepciones políticas de Goethe que cambia la visión habitual respecto a este tema: Wie die Großen mit den Menschen spielen. De algún modo, hay una interpretación generalizada que quiere ver en el autor un egoísta favorecido por el destino que aprovechó e instrumentalizó su buena suerte para así hacer su voluntad. Según estos parámetros, Goethe, reconocido por su éxito con Werther, aceptó la llamada de Carlos Augusto para ser su consejero privado, por la posibilidad de hacer allí carrera y desplegar su amplio abanico de intereses: la poesía, la interpretación y dirección teatrales, la óptica, la ingeniería de minas y mineralogía, la anatomía y la morfología. Krippendorff argumenta que, si bien aprovechó esa situación privilegiada para hacer todo eso, el motivo de su marcha no fue egoísta, sino guiado por la intención de promover el bien común. Si Goethe hubiera querido sin más dedicarse a la escritura, lo podría haber hecho con facilidad sin salir de Frankfurt. Ténganse en cuenta tres aspectos: el éxito de Goetz y de Werther, su titulación de Doctor en Derecho recién obtenida en Estrasburgo y la buena situación económica de su familia, en la que había muchos juristas. ¿No habría sido más fácil vivir de la abogacía y ser un escritor libre que partir a un destino incierto como el de Weimar? ¿No podría, dada su ventajosa posición haber abandonado Weimar en cualquier momento?52. Así se desmonta la hipótesis de que Goethe fuera un traidor a los ideales y la estética del «Sturm und Drang», ¿no sería más bien que la literatura no ocupaba un lugar tan predominante en sus intereses como su vocación política? A lo mejor el gran poeta no se sentía a sí mismo como poeta. También hay quien tacha a Goethe de traidor a su estamento burgués, pues buscó un lugar entre la nobleza. Sin ir más lejos, Novalis decía que Los años de aprendizaje eran una «peregrinación hacia un título nobiliario»53. ¿Fue Goethe un individuo obsesionado por añadir a su nombre, Johann Wolfgang, un «von»? Weimar fue para Goethe un experimento, un modelo de una posible buena gobernanza y una alternativa a la irracional política de potencias estatales que era predominante en su tiempo. En Weimar Goethe intentó un experimento que pretendía mostrar una perspectiva nueva válida y aplicable en términos generales54. La irracionalidad tenía una manifestación mayúscula, la guerra. Es famoso el pasaje de las Conversaciones con Goethe de Eckermann en el que Lord Bristol considera Werther un libro inmoral y condenable. A esa valoración su autor contesta acerbamente diciendo que si habla así del pobre Werther qué no dirá de los grandes de este mundo que de un plumazo mandan al campo de batalla a decenas de miles para que se maten entre sí. Y añade irónicamente que Lord Bristol seguro agradecería a Dios ese horror y le dedicaría un tedeum55.

El testamento político-social de Goethe, los Wanderjahre, es, pues, no solo un rechazo de las revoluciones, sino un alegato contra los abusos del despotismo. La paz ha de ser no solo preservada mediante el orden, sino lograda mediante la justicia. El despotismo y la revolución están conectados por vasos comunicantes. La violencia despótica genera la violencia revolucionaria, esta, la contrarrevolucionaria, y suma y sigue. Ese rechazo de la violencia por parte de Goethe se muestra en la desconfianza que acabó generándose en él acerca de los grandes líderes carismáticos. Así, es significativo el temor que ve en los niños romanos en un desfile triunfal de César en una descripción de un cuadro de Mantegna, y así reniega de Napoleón después de sentirse fascinado por él. Si bien Bonaparte encarnó la esperanza de acabar para siempre con el despotismo de las decadentes monarquías europeas, su recurso a la violencia hizo caer de nuevo la dinámica política en el movimiento pendular de agresión y respuesta. La fábula de las grullas y los pigmeos, en el tercer libro de la segunda parte de Fausto, es muy significativa de su rechazo de la violencia. Los pigmeos son los burgueses y los sans culottes que asesinan a grullas, los aristócratas. Sin embargo, estas llaman a las grullas del otro lado del río, los nobles alemanes y las monarquías del otro lado del Rin, y se vengan. Igualmente, la muerte de Filemón y Baucis, si no ordenada, sí propiciada por Fausto al persistir en su intención no tanto de cumplir su sueño como de verlo realizado, es una muestra más de lo abominable que a Goethe le parecía la violencia y de la equiparación implícita, en este fragmento, de la figura de Fausto y la de Napoleón56.

La naturaleza, en la que Goethe ve una sabia maestra, aconseja la gradualidad en la acción. Aunque son posibles las acciones violentas ejercidas sobre la naturaleza y la sociedad, estas no pertenecen más que al proceso de aprendizaje del género humano. Son intentos de dominar la naturaleza. Pero la violencia, si no es eliminada y superada, nos hace ciegos para la diversidad del ser y el devenir, y, en el mejor de los casos, empobrece al ser humano, y, en el peor de ellos, lo destruye57.

Una paz asentada en la justicia solo puede obtenerse mediante una reorganización del trabajo y la producción. Una reorganización que prescinda de las burocracias estatales. Y eso se muestra en las soluciones que propone Goethe en la novela a la superpoblación y a la injusticia en Europa. En el plan de emigración a América presupone implícitamente que no se quiere la formación de la creación de una nueva entidad política en el marco de los Estados Unidos (es decir, un estado más de la unión). El proyecto americano de Lenardo y el de colonización de Odoardo ligado a aquel, tienen en común estar libres de sujeciones estatales58.

LA RELIGIÓN

Uno de los aspectos más relevantes de la novela es el papel que desempeñan otros elementos de la cultura, muy especialmente la religión y el arte, en el cumplimiento y la puesta en práctica de este programa.

La religión no es la de una confesión determinada, sino la de todo aquello que el conjunto de las religiones ha aportado al acervo espiritual del ser humano. Si bien pueden engañarnos los dos primeros capítulos en el Monasterio de San José, por tomar el cristianismo, y muy especialmente el catolicismo iconográfico, como modelo, esa impresión equivocada se disipa con el itinerario posterior de la novela. Todo lo estimable y apreciable de las creencias religiosas trascendentes y de los respetos y veneraciones a lo inmanente es puesto en valor por Goethe. Según Erich Trunz, ningún escritor ha logrado, en ese sentido, lo que él en los Wanderjahre. A saber, situar en una misma novela la vida virtuosa de la familia católica (Libro 1, capítulos 1 y 2), la de las comunidades pietistas, la de los tejedores de la sierra (Libro 3, capítulo 5), la visión de un ilustrado, el Tío (Libro 1, capítulos 5 a 7), la de un investigador científico, Jarno (Libro 1 capítulos 3 y 4), la de un innovador social, Odoardo (Libro 3, capítulos 9 y 12) y la de un artista (Libro 2, capítulo 7), entre otros, consiguiendo dotar de unidad simbólica a todo lo que relaciona entre sí estas concepciones.

En el primer capítulo del Libro segundo de la novela se expone el papel que debe desempeñar la religión en la realidad y el desarrollo de la cultura. Allí, la Sociedad de la Torre tiene claro, para empezar, que se debe distinguir el temor y el respeto.

Es fácil, pero penoso, temer; es difícil, pero agradable, respetar. Sin embargo, al hombre le cuesta asumir el respeto y se podría decir que no se resigna nunca a este, porque para que respete necesita que se sume a su sentido natural uno superior, que únicamente poseen ciertos hombres privilegiados, que pueden ser considerados como santos y dioses. He ahí donde radica la dignidad y la misión de las auténticas religiones, de las cuales solo hay tres verdaderas, teniendo en cuenta los objetos que son dignos de respeto (Libro 2, capítulo 1).

Es decir, se rechaza cualquier religión que tenga como fundamento el miedo. El respeto que el hombre siente por sí mismo, hace compatible que se venere sin que pierda la dignidad y no quede desgarrado en su interior. La Sociedad de la Torre, desde sus enclaves formativos de la Provincia Pedagógica y los dominios de Macaria, trata de desarrollar una religión de la humanidad basada en tres respetos. Hay una religión basada en el respeto a lo que está sobre nosotros, y es denominada por los miembros de la Sociedad de la Torre, religión étnica. Está constituida por el fondo de rasgos comunes compartido por todas las religiones de todos los pueblos.

La segunda religión, la filosófica, se basa en el respeto por lo que es igual a nosotros. El ser humano, en cuanto filósofo debe colocarse en el punto medio. Es decir, debe poner todo a la altura de donde se encuentra, bajando todo cuanto se halle arriba y subiendo cuanto se halle abajo. Solo si consigue mantener esa media altura, merece recibir el nombre de sabio. Solo si consigue una relación así con sus semejantes y mantiene la relación con todos los ámbitos de lo terreno, tanto los necesarios como los arbitrarios, conseguirá vivir en la verdad.

Y la tercera religión, la del respeto por la que está bajo nosotros, recibe el nombre de cristiana. Esta debe considerar algo divino aspectos negativos de la vida, como la bajeza y la pobreza, la sorna y la desconsideración, la vergüenza y la miseria, el sufrimiento y la muerte como algo divino, y (con un eco muy fuerte de la teodicea) considerar que los pecados y los crímenes no son obstáculos, sino realidades que fomentan la veneración y el apego a lo santo. Hay vestigios de esta creencia en todos los tiempos. Por su parte, la meta, como tal, es inalcanzable para el ser humano particular, pero como llegó a materializarse de un modo divino, no puede diluirse.

LAS ARTES

En cuanto al arte, Goethe parece seguir las recomendaciones de Platón en República