Manual de Pasión El libro del buen querer - Gonzalo Blasco Morales - E-Book

Manual de Pasión El libro del buen querer E-Book

Gonzalo Blasco Morales

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Conversaciones con la vida, encuentros con viejas oportunidades que dejamos pasar inconscientemente, viajes en el tren equivocado, ensoñaciones con aquellos seres queridos de los que no nos pudimos despedir, relatos de ciencia ficción más próximos a la verdad de lo que quisiéramos reconocer, en los que los monstruos y los seres incivilizados, aquellos que asesinan por placer y desprecian lo que la naturaleza les regala, somos nosotros, los humanos, nosotros que contaminamos nuestro planeta y exterminamos especies sin remordimiento por el interés económico de unos pocos.
A través de unos relatos que podríamos creer protagonizados por nosotros, por cualquier lector que se acerque al libro, dada la proximidad y cotidianidad de los mismos, Gonzalo Blasco Morales nos acoge en reflexiones sobre cuestiones trascendentales como pueden ser la vida, la verdad, la muerte o la existencia de Dios y nos invita a la aceptación y defensa de nuestra individualidad frente a la opresiva colectividad.

Gonzalo Blasco Morales nació en la ciudad de Játiva (Valencia), cuenta en la actualidad con cuarenta y cinco años de edad y ejerce en este momento la profesión de abogado. Este consagrado autor, que ha publicado algunas de sus obras precedentes con esta editorial, nos presenta en esta ocasión una trilogía reunida en un único volumen, Manual de pasión - El libro del buen querer.

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Gonzalo Blasco Morales

Manual de Pasión El libro del buen querer

EDIFICARE

UNIVERSI

© 2020 Europa Edizioni s.r.l. | Roma

www.europaedizioni.it

I edizione elettronica febbraio 2020

ISBN 978-88-5508-835-0

Distributore per le librerie Messaggerie Libri

A Don Juan Ruiz (Arcipreste), con todo mi respeto

y admiración, sirviendo esta obra como homenaje suyo

NOTA DEL AUTOR

¡Bienvenidos sean todos los que frente a este libro se hallen reunidos, a la hasta ahora desconocida Dimensión 3! Donde todo es posible, nada resulta improbable y poco deviene cierto en completa satisfacción de lo que ya ha sido sucedido de antemano. Sí, a usted me estoy dirigiendo, ese/a que sostiene el libro con tanto vigor en reseña del monetario erario invertido; no hace falta que mire hacia atrás ni a los lados, no lo precisa, soy yo quien le estoy hablando, sí yo, desde la propia obra, aun cuando mi voz solo resuene en su despierta mente a modo de tenue susurro de convicta corrección. Antes de nada, y desde su más recatado interés, quiero informarle por segunda vez, que está a punto de entrar en un mundo en el que todo es posible, sin que nada devenga de antemano improbable, hasta que finalmente acabe sucediendo desde su más recóndita razón de certeza; de todas formas, no se preocupen por su demorada integridad intelectual, nada les va a suceder que no quieran que ocurra hacia su particular rectitud, respondo por todos ustedes mientras se encuentren bajo mi más estricta supervisión personal, desde la cual, no existe menos verdad de la que hay ahora mismo ahí fuera, pues poco de lo que digan sus ajenos, debe ser más cierto a lo que cada uno de quien me esté prestando atención así desee que sea.

Tan solo puedo decirles que el presente libro, que ante sus despiertos ojos, en turno de llegada acontece, deviene inofensivo en lo referente a sus intenciones literarias, siempre que sea tomado, claro está, con la debida precaución y cautela que requiere, por ello, no le tengan ningún reparo o temor al actual manuscrito, que de forma apócrifa, empieza a emerger hacia la pertinaz realidad de su inolvidada presencia, mas desearía lo considerasen en efecto de su necesidad, como una admirada puerta de entrada hacia sus más exclusivos y plausibles sueños de futuro, esa que rara vez se abre cuando más se la requiere, no dejando traslucir más de sí misma, que la escasa y advenediza luz que logra adivinarse, después de mucho esfuerzo, por debajo de la bisagra de su constatado suelo.

Ahora bien, si de algo estoy seguro, es que si estas líneas, que en decoro, he preparado para su conformada conveniencia, están leyendo, es porque han adquirido la obra, por lo cual y en primer lugar, encarecidas gracias quiero darles, y reiterarles de nuevo que ningún mal les va a deparar adentrarse en el mundo que les he creado hacia su premiada recitación, más al contrario, de su lectura, espero consigan abordar aquella parte de sí mismos, que aun cuando eran conscientes de disponerla, nunca consiguieron rescatarla de su apaciguado interior, pudiendo a través de la presente reflexión, emerger hacia esa peculiar e intrínseca luz de cada cual, que solo refulge si se la cita, espero de todo corazón que esta sea una de esas solicitadas ocasiones de inédita oportunidad.

Supongo que cada uno de ustedes, con juicio de indagado motivo, no parará de preguntarse: ¿Pero qué es exactamente Dimensión 3 o para qué sirve o cuál es su verdadero cometido? No se preocupen, de inmediato lo van a descubrir, pues el referido umbral que están a punto de cruzar, una vez han decidido pasar por la caja de la librería o bien pulsar el Enter de la descarga telemática, pronto se encontrará a sus espaldas, por eso, solo me queda invitarles a mi distinguido orbe de exclusivas y detalladas singularidades, que en breve y sin recato ninguno de exclusión, a su vez, empezará a ser el suyo, así como el mío… el nuestro, desde la merecida composición que a ambos nos va a amparar en derecho de nuestra mutua representación individual.

Por eso, les pido, siempre y cuando lo consideren conveniente, pasar al otro lado de la novela, sí, como lo oyen, tiempo tendrán para ello, no se preocupen, pues sin duda les explicaré cómo hacerlo, yo a cambio, les prometo que si encuentro la adecuada ocasión, de igual forma, me adentraré todo lo que pueda en la privativa satisfacción de sus particulares vidas, al modo que ya lo he hecho con el resto de mis precedentes obras; así que por favor, siéntense cómodamente, porque entiendo que van a disfrutar de su exclusiva estancia conmigo, hacia la cual de inmediato se van a sumergir, sus dulces y mansas aguas de conformada y cristalina verdad ya les están esperando.

En cuanto a mí, deviene un distinguido placer presentarme ante ustedes por primera vez, aun cuando no descarto que entre mi variopinto y deseado auditorio haya alguien que me conozca de precedentes piezas literarias, a estos últimos ya les indico que nada de lo que lean ahora les va a sorprender, pues de sobra nos conocemos e intuirán cada uno de los pasos que de forma adyacente voy a tomar, por haber efectuado idéntico camino con anterioridad. En cambio, a quienes hayan acudido a mi encuentro de modesta pluma por primigenia e inicial ocasión, les puedo afirmar que lo más probable sea, que cuando acaben de leer el presente manuscrito, resuelvan descubrir en su interior más dudas cognoscitivas a cuando lo iniciaron, si así sucede, ya me habré dado por satisfecho en mi esmerado afán personal.

Precisamente a ese aspecto, es al que me refería en las antepuestas líneas, cuando les invitaba a pasar al otro lado de la novela, trascendiendo aquello que por inmediato van a realizar, más allá de lo que pueda suponer una mera e interesada lectura de curiosidad, esperando por mi parte que cuando el presente proyecto, que ahora emprendemos de mutuo acuerdo, resulte finalizado, convengan en su específico interés, la necesidad de no olvidar la utilidad, de conquistar las más excelsas colinas de su concertada convicción intelectual, pues si así no proceden, los demás les pueden superar en sus requeridos objetivos diarios, cuando contra los mismos, se vean obligados a competir, más, si en el momento en que se les ofrezca la inicial señal de salida, todavía se encuentran insertos en el fondo del particular valle de cada cual, por eso, siempre deben tender a desplazarse hacia los cerros más altos de su intrínseca cognición individual, con el fin de que la bandera a cuadros de llegada, descienda victoriosa en primer lugar sobre ustedes.

Aparte de seguir preguntándose qué es Dimensión 3, que entiendo ya lo habrán hecho, pese a las razones ofrecidas, motivadas por mi encarecida invitación inicial de bienvenida, supongo que por su mente también aparecerá el interrogante del porqué un libro así, tan taciturno y extraño respecto a lo que pueda ofrecerles la tan temible y feroz competencia editorial de quienes su ingenio han decidido echar a volar junto al mío. Por eso, no voy a dilatar más la respuesta, sinceramente creo que merecen que ya se la adelante, pues bien, lo que seguidamente va a mostrarse ante sus despiertos y atentos ojos de usual complacencia, bien sean de agotada nocturnidad, acomodada tarde o bien ganada alba, son historias totalmente distintas e independientes, que no guardan relación alguna entre sí (excepto una), de las cuales, unas son reales o bien basadas en hechos verídicos en su integridad o en parte, y otras devienen totalmente fabuladas por la imaginación de quien ha osado darlas en ideada creación. De las fidedignas, he obtenido personal conocimiento, habiendo constatado su certeza con todo tipo de confrontadas y no menos cotejadas fechas, lugares y datos; y en cambio, de las ficticias, como acertadamente supondrán, han sido originadas, desde la parca invención de quien a través de este advenedizo estado de íntima voluntad les habla.

Por mi parte, no he querido que ninguna muera en el anonimato del olvido de quien no consigue recordar más que aquello que ha conseguido marcar su conformada vida, por eso he decidido plasmarlas en correcta impresión de veraz impronta, para que el tiempo las pueda honrar, sin que descuido ninguno, produzca la negligente omisión de lo que merece, por merced de su razón, ser evocado por siempre. Así pues, nunca ha sido mi loada intención hacer doblar la rodilla a historia alguna acontecida, sino tan solo, someterla a la realidad que otros han decidido hacia ella; si con tal resuelta actitud me he equivocado, espero que quien deba en consecuencia de mi error perdonarme, lo haga, desde aquí le adelanto mis más sinceras disculpas de invocada rectificación, pues no creo que nadie deba quemarse dos veces en idéntico fuego de convicta insumisión, en cambio, si con tal transparente acto he acertado, deseo a su vez, me lo hagan saber.

Por tanto, no pretendo de ningún modo, hacer cambiar la formada opinión de nadie, que entiendo, justificadas y adecuadas persuasiones dispondrá hacia sí misma, con lo cual, no será tal mi intención, sino tan solo anhelo narrarles algo, que ustedes no han acreditado todavía, a fin de que conozcan lo mismo que yo, para así nuestros destinos confluir en uno solo mientras su presencia se encuentre en mis manos y la mía en las suyas, por la unión literaria que entre autor y lector, en este momento está teniendo lugar, por lo cual, más credo de razón no les puedo ofrecer, para que convengan otorgarme su mejor crédito de confianza, hacia la peculiar invitación creativa que, con estima y afecto, les dirijo desde mi más ganada voluntad de impenitente aspirante a escritor.

A su vez, coincidirán conmigo, que para que tenga sentido narrar cualquier relato se necesita alguien que se atreva a contarlo y un/os otro/s que se avenga/n a escucharlo, en la presente situación, ambos elementos de la ecuación se dan, por eso ustedes disponen lo que sostienen en sus manos mientras mi voz resuena en su conciencia al modo que cada cual la desee imaginar. Quizá por ello, en cada uno de nosotros subyazcan idénticos valores, lo único que tal vez reste, sea atrevernos a compartirlos en atención de nuestra más mutua necesidad, sin perjuicio de que muy pocos sepan verdaderamente quiénes son en realidad; si esto último les sucede no se preocupen, porque a mí en ocasiones, y no pocas, sí me ocurre y para nada lo considero negativo, pues hace tiempo dejé de ocultar la certeza de aquel que la pudiese conocer, por al fin, haber aprendido a aceptarla como es y no como desearía que fuese; por su parte, ella me ha otorgado igual concesión, lo cual, desde las presentes líneas la agradezco encarecidamente; por ello, el primer beneficio que he obtenido de la indicada labor, es el hecho de haberme reconciliado con mi privativo espejo de específica intimidad, cuyo diario encuentro afronto sin temor ninguno de lo que me alcance ofrecer, espero que a ustedes en breve les suceda igual.

Así pues, si algo he aprendido, pese a lo viejo que soy, por los días que he dejado a mis envejecidas espaldas, sea que toda historia, antes de nada, deviene en una tradición hacia el interior de cada cual, siendo lo más difícil del citado trayecto, el hallarse en el lugar más adecuado en el momento más idóneo, por ello les debo confesar, desde mi más señalada confianza, que en mi caso, muy pocas veces lo he conseguido; por eso, todavía me pregunto, qué parte de mí ha quedado anclada en el olvido del camino de mi ayer, y cuál me sigue acompañando en la actualidad, sin poder evitar que aún hoy, los vestigios de lo que nunca fui, parasiten los restos de aquellas concertadas ilusiones de acontecido pasado que ninguna vez dispuse; prefiero no pensar más en ello, ni tampoco en las medio borradas huellas de todas aquellas desaforadas realidades no acaecidas, que de ningún modo, decidieron salir a mi concertado encuentro de bienvenida, limitándose en este momento a ser meras ruinas de una realidad jamás producida.

Por eso una y otra vez, me planteo, en mitad de que perdido lugar de individual insatisfacción personal me he quedado varado, aferrado a un disipado tiempo de principiada complacencia, que tal vez no confluyó hacia su más específica realidad, preguntándome si la parte de lo que soy es más útil que la totalidad de lo que hubiese podido haber llegado a ser, supongo que a ustedes les sucederá igual; como verán, no es necesario que nos conozcamos para que razonemos de idéntica manera, por disponer mayor bagaje conjunto del que podamos imaginar, yo con ustedes y ustedes conmigo… pues hasta tal vez seamos análoga certeza, solo que vista desde distinto prisma de similar delectación personal, sin que recíprocamente nos atrevamos a decírnoslo, por la no producida sinceridad que entre nosotros hubiésemos necesitado, posibilidad que tampoco descarto.

Por lo cual, espero en mi favor, que es el mismo que el suyo y el de todo aquel que nos pueda estar escuchando y/o leyendo, que la integridad de lo que entre nosotros representemos, sea mayor al fragmento de lo que nunca llegó a suceder y este último sea menor a lo que alguna vez, desde nuestro meritado esfuerzo de convicción, podamos alcanzar a ser, para así devenir consciente de que cuando hable conmigo mismo, a su vez lo esté haciendo con ustedes así como con nosotros, sin llegar a dudar en ningún momento que nuestros mundos sean exactamente el mismo, aun cuando no parezcan serlo.

Demasiadas cosas conservan idéntico recuerdo para que no considere que me encuentro en lo cierto por pensar así y más cuando ambas realidades, la suya y la mía, convergen en equivalente dirección… la del presente libro, por eso, espero que los renglones que lo componen, devengan todo lo rectos que puedan, pues solo hay uno que tiene derecho a originarlos torcidos, no hace falta pronunciar su nombre, y aun cuando no me decida a creer en su rotunda existencia, tampoco me obstino en negarla, pues razones para lo cual, a su vez, no encontraría.

Supongo coincidirán conmigo, al menos en parte, si así lo precisan conveniente, que todas las certezas que nos representan y que no tienen por qué ser necesariamente hijas de idéntica verdad, se hayan escondidas en el interior de cada cual, a la espera de que les sea otorgado su consecuente descubrimiento de oportunidad; yo las mías, se las ofrezco sin ningún tipo de objeción, a la espera que de igual manera, ustedes me brinden las suyas, que como ya les he dicho en anterioridad, son las de todos. Si en algo de lo que les digo no están de acuerdo, por favor, levántenme la mano y consecuente turno de réplica les aceptaré, pues tal atento acto de educada disconformidad por su parte no dejaré de atender.

También deseo decirles que en cuanto a los limítrofes lindes que me separan de su presencia, márquenlos ustedes mismos, con aquella imaginaria frontera que deseen crear para la ocasión; en esa perseguida faceta, absoluta libertad les concedo pues cualquier decisión suya será respetada por mí, al conocedor ser, que somos hijos de idéntica realidad por compartir iguales convicciones, aun cuando las mismas devengan de menor consideración de lo que alguna vez pudieron haber llegado a ser.

El único favor que de corazón sí les pido, es que no me cierren la puerta de su encausada conciencia, por muy extraño sea lo que les vaya a contar, pues sin curiosidad no existe noticia y sin esta no sobrevive verdad alguna, aun cuando esta última, deba conformarse la mayoría de las veces, en contar solo la apariencia de lo que una vez aconteció; a cambio y en agradecimiento a su retribuido acto, les ofrezco aquellas distintas sendas, que mi imaginación sea capaz de fabular, para que no experimenten pérdida alguna en el tránsito que les estoy solicitando, el cual, si bien en algunos tramos permanece oscuro e inclinado, peligro de extravío no dispone.

Así como a su vez, y respecto al retorno del itinerario que con posterioridad deberán emprender hacia su anterior vida, una vez leído el libro, les puedo afirmar que se encuentra asegurado, pues para tal fin, solo deberán revertirlo en sentido contrario al inicialmente emprendido, para cuando vuelvan a su antepuesto hogar, comprueben que todo se encuentra ubicado en su correspondiente lugar, dándoles de nuevo las gracias por sostener mi manuscrito en sus abnegadas manos de cortés atención, esa sin la cual, nada de esto sería posible entre nosotros, circunstancia que tanto les agradezco, desde mi resignada voluntad de principiante «escribidor» de olvidados libros por nadie recordados.

Por tanto, y como epílogo a lo indicado en las antepuestas líneas, únicamente me cabe señalar en certeza de lo que les he dispuesto, que tanto ustedes como yo, pertenecemos a idéntica realidad y no a la que los demás nos han hecho creer, aun cuando de momento prefiera no descubrir definitiva respuesta al respecto, por no ayudarme a mejor comprender lo que a diario y a mi pesar veo a mi alrededor, entiendo que a mi admirado auditorio le sucederá igual, aun cuando no me lo digan o no me lo puedan decir.

A su vez, y antes de que se me olvide, también desearía indicarles el por qué del título que lleva este modesto y abnegado trabajo; quienes me hayan leído en anterioridad, sabrán a poco tiento que hayan empleado, que todos los encabezamientos de mis obras, parten del nombre de un capítulo de otra creación precedente, así pues, si hojean mi anterior libro Cuando el Silencio Duerme verán que allí, reposa un capítulo denominado «Manual de Pasión», sin embargo, no he querido conformar este último alumbramiento literario, únicamente con el referido epígrafe, añadiendo por mi parte, espero con acierto, el subtítulo El libro del buen querer, y ello es así, porque creo que este pequeño catálogo de breves y extrañas historias todavía por clasificar, que en su merecimiento, les pienso ofrecer, sirve no solo para el mayor y más adecuado conocimiento de uno mismo, sino que aprovecha para un mejor agrado, en la conformación de la siempre necesitada estima de cada cual.

Y ya, sin más preámbulos, solo me queda decirles, en agradecimiento a su confianza, que pueden empezar el libro por donde quieran, esto es, o bien seguir el impuesto orden que en su consecuencia el susodicho presenta, o tal vez principiar su lectura en el dictamen que crean más conveniente, sin olvidar por qué no, que también pueden hacerlo desde el final hasta el principio, como hacen a diario con su habitual y cotidiano periódico. De todas formas y sin perjuicio de lo indicado, permítanme que les obsequie con unas breves instrucciones de lectura ad hoc, para un más ecuánime aprovechamiento de lo que disponen en sus manos, a continuación se las reseño:

1. Olviden de inmediato cualquier prejuicio que ocupe su actual momento, sobre todo si proviene de conciencia ajena.

2. Lean cada capítulo dos veces, olvidando repentinamente lo ojeado por primera vez, solo así entenderán en verdad lo que les he querido contar.

3. No reflexionen más de lo necesario después de cada historia leída, pues la cautela en cualquier ámbito de la vida siempre deviene oportuna.

4. Cuando lean el manuscrito, inicien dos capítulos paralelos, uno por la mañana y otro por la noche, verán que distinto les parece el acontecer de su particular día, en virtud de tal específica consecuencia.

5. Empiecen el libro por el capítulo que quieran, esto es, aquel que en mayor razón y orgullo les cautive por título, continuando en orden descendente de atracción, ahora bien, si no es esa su intención y desean por mi parte mandato de disposición en cuanto a su uso, les propongo las siguientes alternativas:

a) Lean en todo caso la nota del autor y la introducción en cualquier circunstancia, para luego usar el sucesivo orden que yo les he indicado, es decir, seguir el libro desde la primera hasta la última hoja, a esta opción la podríamos considerar la más conservadora y clásica de aceptar.

b) Empiecen el libro por el final (muy posiblemente sea la más acertada decisión que puedan tomar en beneficio de su responsabilidad, les puedo asegurar que no se arrepentirán), eso sí, sin mirar el apartado denominado soluciones y que más adelante les indicaré en qué consiste exactamente.

c) Lean todos los capítulos desde el inicio hasta el final, volviendo a detenerse por segunda vez (si no lo han hecho antes como en anterioridad les he indicado) en aquellos que no hayan conseguido entender como ustedes crean que su cognición merece, en sus manos dejo tal elección.

d) Inicien la nota de autor por segunda vez, olviden pasar por el prólogo y solo lean los quince primeros capítulos, para al cabo de cinco años, volver a leer aquellos que dejaron por escrutar, esto es, los quince siguientes, verán que el libro, pese a ser idéntico, ha mutado de similar manera a como lo han hecho ustedes, pues nadie, deviene el mismo al que dejó congelado en el particular tiempo de sus confrontadas fotografías.

e) Calculen el tiempo que estimen les queda por vivir, divídanlo por los capítulos que aparecen en la obra y distribúyanlos equitativamente, para que el manuscrito empiece a ser consumido, equidistantemente, en función del recto transcurrir de su existencia, para que así ambos envejezcan al unísono de lo que su vida les permita.

f) Dejen olvidado el libro en estantería que permanezca a la vista de su anuencia, iniciando el presente original en aquel momento, en el que se consideren preparados para escrutar una verdad, que no se les va a presentar tan irrefutable a como la hubiesen conceptuado en un principio; no se imaginan la de veces que la certeza les ha llegado a mentir, para su suerte nunca lo sabrán, por eso, jamás lean esta obra si no se descubren totalmente seguros, de que algún día puedan aceptar por verdad, una distinta a la que hasta este instante han considerado por correcta, porque otros así se lo hayan constatado.

Y todo lo indicado, no lo hagan sin dejar de suponer, que el problema que arrastran hacia sí cada una de las contradicciones que puedan acompañar su cotidiana vida, es que todas ellas, para su desgracia, son en parte válidas, recordándole con tal acto a la realidad, su equivocada permeabilidad, aunque tal vez ni ella misma lo sepa, por ello, una vez enunciadas las susodichas instrucciones, las cuales he considerado imprescindibles, desconociendo quien les habla por qué no todo en la vida no viene obsequiado con las mismas, les dejo ya con el libro o ebook que acaban de adquirir o de descargarse ilegalmente de Don Internet para beneficio de su entretenimiento; indicándoles como ya les he adelantado desde precedentes líneas, que de los relatos que a continuación les voy a mostrar, unos devienen ficticios, desarrollados desde el escaso y limitado ingenio de quien ha decidido idearlos, y por otra parte, y en contrapunto a tal razonada fabulación de fantasía, habrá otras historias que devendrán reales en su íntegra totalidad o en parte de ella, las cuales no tendrán excesiva dificultad en descubrir, pues no siempre la invención, consigue cubrir de ficción a la verdad.

Y por si no se lo he dicho ya, ahora se lo digo, que de todas las historias reales, hay una que ha acontecido al autor y ahí es donde sí creo que encontrarán mayor dificultad en descubrir la misma, pues no me cabe duda de que todos y cada uno de mis admirados lectores, correrán prestos a considerar idéntico capítulo hacia la certeza del novelista, pero les adelanto que no es ese, con lo cual, no pierdan más tiempo del estrictamente necesario en la consideración de su veracidad, y vayan hacia aquel que por eliminación se delate por cierto, aun cuando se resistan a creerlo como tal.

Mas de la certeza o incerteza de cada historia, podrán dar cuenta en el apartado que aparece al final del libro bajo el nombre «Soluciones», en el que convengo explicarles, cual relato pertenece a un signo y cual al otro,sin embargo, les ruego encarecidamente que no lo visiten antes de leer cada una de las historias ofertadas, no se lo pido en mi favor sino en el suyo y en el del manuscrito que en este momento están ojeando, cuya estampa perdería gran parte de su interés, si accediesen por anticipado a dicha sección, resultando curioso la de veces que nos negamos a aceptar la realidad por el sencillo hecho de parecernos extraña de admitir, sin entender que (casi) siempre esta, acaba superando a la ficción, probablemente porque la segunda no disponga de tanta imaginación como la primera o tal vez porque la puerta de los sueños solo consienta ser abierta únicamente por quien sea capaz de entenderla, ofreciendo permiso de entrada solo a aquel que por sus actos, se haya hecho merecedor de su presencia.

A veces, cuando he hablado con ella (con la puerta de los sueños), siempre me ha comentado lo mismo, lo poco dignos que son quienes pretenden franquearla, por ello, tantos quedan cegados por su inabarcable resplandor cuando se molestan en abrirla hasta el tope de su consentimiento, la cual, con tal defensivo acto, no hace más que delatarles su ruin condición. La mía, la particular, pocas veces he osado concederle apertura, permaneciendo para mí, sus bisagras, nuevas y por estrenar, por darme miedo que aquello que permanezca a la otra parte de la celada, no posea la condición imaginada, y ello sin desconocer que toda puerta dispone de unos topes que le impide o bien ser abierta o bien ser cerrada en su integridad, yo los míos, todavía los estoy buscando, por eso, en cuanto a ilusiones, prefiero de momento no se cumplan, dudo conlleven más certeza que la utopía que las ampara. Hasta hoy, su particular llave he guardado, a la espera de que se haga digna de uso en mejor situación, que no dudo a mí vendrá, pues no siempre los instantes escogen la hora más adecuada para aparecer, por eso, el principal problema que a menudo he observado en quienes viven la vida, es el no saber leerla como esta merece, mas siempre he creído que lo importante no es ser feliz sino encontrar el adecuado instante para serlo, sin importar qué precio haya que pagar al respecto, muy pocos he conocido que esto último, hayan acertado llevar a correcto término de adecuación.

Por mi parte, no pretendo mostrarme cual espejo de nada, muy posiblemente porque el mío, el particular, se encuentre cubierto del desdeñado polvo que me haya olvidado de limpiar y tal vez por ese motivo no consiga reflejarme en él como debiera, mientras que otras veces, es el vaho del pasado de mis antecedentes huellas, esas que le he dejado descuidadamente impresas en su faz, el que me impide tal recepción de deseo. Nunca he querido preguntarle cuestión alguna de lo que estoy refiriendo a ningún espejo, no me llevo demasiado bien con ellos, no me gusta que no sepan hacer más que refractar lo que tienen delante, probablemente nadie les enseñó a disponer de particular criterio, y todavía lo estén pagando con su obligada sumisión hacia el primero que se la solicita, quedando inmisericordemente condenados a ser idénticos a quien se les sitúe enfrente, desgracia la suya.

Personalmente, no me seduce nadie que no tenga identidad propia aunque se encuentre equivocada, prefiero antes participar el error personal que reflejar la verdad ajena, cuando esta no me ayude a vivir mejor. Quizá por eso, tenga algo que contarles y no sepa hacerlo de otra manera más que a través de la escritura de un libro, pues siempre he pensado que si muchas palabras se reúnen en torno a alguien, no pueden estar equivocadas, aunque solo sea por simple probabilidad de ocasión, deseo este sea el caso y tengan muchas cosas a decirles; ellas antes de surgir de mi imaginación, me han pedido inminente permiso de partida, evidentemente no se lo he negado por buenas intenciones haberlas visto, anhelo no estar equivocado y que su lectura les refrende mi definitiva impresión, esa que pese a poder ser desacertada, he validado en consecuencia de su utilidad por correcta. Por todo ello, pretendo de nuevo adverar, como me habrán escuchado decir en precedentes obras, que el acierto sea algo más que un error sucesivamente corregido por el paso del tiempo que lo ha transcurrido, me entristecería enormemente que solo fuera eso.

Pero aun con todo lo que les he indicado, espero haber conseguido mi concreto objetivo frente a ustedes, que no es otro que, para una vez hayan leído la obra, lleguen a las siguientes invitadas reflexiones, que me adelanto plantearles:

1. Que todos ustedes deben regularizarse, día a día, de la forma que entiendan más adecuada, hacia su entorno más inmediato, solo así conseguirán razonarlo en el esmero que este merece.

2. Que nunca serán tan jóvenes como lo son ahora, no hace falta se pregunten por qué, creo que más razones no necesitan les refiera al respecto, tal vez sea por eso, que el principal problema de todos los viejos sea siempre el mismo, el acabar convirtiéndose en unos malos imitadores del joven que una vez fueron.

3. Que si a sus sueños son capaces de no ponerles fecha, se convertirán en sus mejores metas, sin preocuparse de si finalmente no son alcanzadas, por eso siempre es preferible disponer dudas antes que malas certezas.

4. Que cuando vean temblar el suelo a su paso, no apaguen la luz que dejen tras de sí, solo así no se perderán entre tanta oscuridad, ni tampoco rompan cuaderno alguno de pasado acontecimiento, por muy desilusionado que este acontezca.

5. Que jamás le pierdan la vista al desierto cuando en posición lo tengan a sus espaldas, él no confía en nadie, menos en ustedes.

6. Que cuanto más se ofrece a la vida más se recibe de la misma, especialmente por parte de aquel que lo da todo sin esperar nada a cambio.

7. Que quien no arriesga no gana, no hay máxima más cierta a esa ni que aguante tan bien el paso del tiempo, búsquenla, no la encontrarán.

8. Que quien con niños se acuesta meado se levanta, sin remedio ni omisión.

9. Que quien no paga, siempre tiene, pues el dinero que no abona, jamás abandona su bolsillo.

10. Que no hay mejor verdad que aquella que todavía quede por descubrir.

11. Que si desafortunadamente la opción B resulta mejor que la A, no remuevan su vida por pretender ese cambio, pues si de lo bueno son portadores, no deben empeorar la dicha de quienes están a su lado por pretender lo mejor, entiendo que con lo que ya poseen es suficiente.

12. Que nunca abran bajo justificación alguna, el torno de esa especial sala del particular inframundo de pequeñas tristezas, que cada cual llevamos asido dentro de nosotros mismos, nada bueno les acarreará, ya se lo digo yo, por en mi pasado no haberlo dejado de visitar.

13. Que la máxima de la vida que dice que siempre hay que dar más que recibir no debe ser un lema únicamente de los púgiles, sino también del resto de gente que lo pueda aprovechar.

14. Que nunca le consientan a la vida que les trate como un juguete; si no lo son, no le hagan creer que tal vez si lo hayan sido alguna vez.

15. Que nadie debe aprender a odiar desde joven, pues si así procede, luego de mayor, no sabrá hacer otra cosa.

16. Que a veces las cosas pueden ser perfectamente verdad, ahora bien, que lo sean, ya es otro cantar.

17. Que no olviden llevar el cuchillo entre los dientes. Si puede ser afilado mejor, por la oportunidad presentárseles cuando menos lo esperen, doblando aquella esquina que jamás hubiesen imaginado.

18. Que a la verdad se la encuentra donde menos se la espera y en el lugar que menos se supone, sé de lo que hablo, créanme.

19. Que cuando la desesperación venga diligente hacia su encuentro, ustedes con orgullo deben decirle: «¡Aquí no se rinde nadie! ¡Aquí todos siguen luchando!»

20. Que no por mucho madrugar amanece más temprano, yo lo llevo haciendo años y aún no he conseguido que el sol salga antes para mí, de todas formas, lo sigo intentando.

21. Que un escritor no es más que un impostor que sabe contar historias que otros deciden creer por ciertas.

22. Que nadie debiera rezar por nada que pudiese conseguir por sí mismo.

23. Que aunque el combate de su vida lo estén perdiendo en cada uno de sus asaltos, no se preocupen, porque en cualquier momento les puede entrar esa diligente y pesada mano que a su adversario tumbe en el suelo, no pierdan la fe de que así pueda suceder.

24. Que jamás se sientan avergonzados, por no pronunciar palabra alguna, cada vez que la maldad decida llamar a su puerta.

25. Que no den de comer nunca a los lobos y menos en su propia mano, ellos nunca se lo agradecerán, en todo caso procederán a arrancársela después del último bocado, no antes.

26. Que nadie se levanta de la mesa sin pagar la cuenta, ya bien sea en ese instante, en un año, en cinco, en diez o en veinte, por eso no le pidan a otros que les quieran, antes háganse de querer.

27. Que lo que enriquece a la gente no es el dinero que acumulen, sino la educación que les hayan inculcado sus mayores.

28. Que siempre deben encontrar esa maravillada forma de hacer posible que sus sueños se conviertan en realidad, ellos no esperan menos de ustedes.

29. Que el que empieza a discutir siempre es el culpable.

30. Y que nadie que se les presente como escritor lo es, ninguno de ellos pasa de ser un mero aspirante a tal honroso oficio.

Si todo ello convienen aceptarlo por verdad, les puedo asegurar que conseguirán ser bastante más felices a cuando nos conocimos por primera vez, para cuyo cometido les deseo toda la suerte del mundo, especialmente esa que yo no pude alcanzar cuando la tuve tan cerca de mí, que casi la podía tocar con mis agarrotados dedos de equivocación, esos que precisamente decidieron empujarla hacia delante por no disponer la suficiente valentía para atraparla, aunque en mi descargo debo decir, que cuando el mejor día de mi vida acudió a mi encuentro, ya había llegado alguien antes, para indicarle distinta dirección, a la que yo en aquel momento poseía.

Por lo que veo, las impacientes historias, que en su recato he preparado, están llamando a la puerta de forma insistente, buscando el protagonismo que creen merecer, por mi parte y hasta que mis lectores me digan lo contrario, voy a permanecer callado, espero no por demasiado tiempo, para que ellas puedan llevar a cabo la labor, para la cual han sido creadas. Con las mismas los dejo, ya me dirán al final del libro si han sido aptas de cumplir las expectativas, que en este instante, ustedes las han depositado, ellas cada vez parecen más ansiosas de iniciar el relato que se espera de su contenido, pidiéndome que las libere del cajón de olvido en el que han estado morando durante casi un lustro, no quiero hacerlas esperar más, pues merecen de forma inminente ser dadas en inicio, a continuación voy a hacerlo.

Aunque antes de proporcionarles conveniente paso de conformidad, si quiero convenirles que como podrán comprobar de forma inmediata, están desarrolladas bajos tres distintas clasificaciones, relatos de esperanza, de realidad y de ayer; los primeros hacen referencia a esa peculiar cualidad que nadie debiese dejar de acarrear a diario, honrándola desde sus más distinguidas prebendas. Los segundos hacen justicia a aquello que de forma continua se desenvuelve a su alrededor, sin que tal manifestación deba ser igual a como la desearon y/o imaginaron en su anhelado discurrir de pretendida cotidianidad; mientras para finalizar, la última parte del manuscrito (relatos del ayer) viene dedicada a esos pequeños momentos que una vez acontecen, ya no vuelven a la trivial presencia de nadie nunca más; por mi parte, solo deseo que esos tres jinetes que les he ofertado en antepuesta presentación, ninguna vez les convenzan de que no vale la pena seguir mirando hacia delante, pues cuando los antedichos se empeñan en cabalgar su polvoriento trayecto, no siempre respetan a quienes quedan apostados a la orilla de su acontecido camino.

Así pues, con ellas los dejo, aquí vienen, de una en una y cogidas de la mano, educación no les falta, son muchas y con ganas de gustar, si alguna les pregunta desde su más distinguida corrección, qué les han parecido, sean sinceros en su respuesta, pues ellas quieren conocer la verdad de su veraz opinión, al menos la que ustedes les puedan mostrar. Nos vemos como siempre al final de la obra, por ello, sin vergüenza ni recato alguno, levántenme la mano cuando lleguen a su término y lo más rápido que pueda acudiré a su encuentro, soy el que lleva la camisa a rayas y el pantalón gris, les prometo no fallarles y allí estaré. Espero lo pasen bien.

El último en salir que apague la luz… El libro no ha hecho más que empezar. ¡Hasta ahora!

PRÓLOGO

Lot (1) y su familia vivían junto a su tío Abraham en la tierra de Canaán (2), situándose todos ellos en un punto intermedio entre la llanura de Sodoma (3) y el monte Hebrón. Sin embargo, ambos fueron acumulando tantos animales que no había espacio suficiente para que todos pudieran convivir en paz, produciéndose disputas entre pastores de ambos lados, llegando a contender por la tierra, que en justicia de cada cual debían ocupar, por eso, llegado fue el día que en consecuencia de su responsabilidad, el sabio y condescendiente Abraham le dijo a su obediente sobrino Lot «No debe haber altercado entre nosotros, entre mis pastores y los tuyos porque somos hermanos, aquí no hay bastante tierra para nuestros animales. Vamos a separarnos, por favor. Si tú vas para un lado, yo iré para el otro.»

Lot, por mutuo acuerdo y en correctos términos de amistad, alzó sus ojos, miró la tierra y vio una muy buena que tenía agua y mucha abundante hierba para sus animales, que al instante decidió para sí, era el distrito del Jordán, muy parejo al huerto de Jehová como a la región de Egipto. Por eso, en conveniencia de respeto hacia su tío, mudó en correspondida ordenanza su familia y animales hacia allí, marchando hacia Oriente, ubicando su casa en la ciudad de Sodoma, cerca de Gomorra.

Consecuentemente, Lot plantó su tienda a la entrada de dicha localidad, para permanecer en tal encontrado lugar, no obstante, los Reyes de esas tierras sostuvieron en ese tiempo una guerra contra reinos vecinos, resultando vencidos en la batalla de Sidim (4), siendo Lot y su parentela hechos prisioneros por parte de los vencedores hacia su particular cautiverio. Abraham supo de la suerte corrida por su obediente sobrino, organizando un necesario rescate, el cual obtuvo su preciada recompensa, pues tanto él mismo como sus bienes y su gente fueron liberados exitosamente, volviendo a reemprender su vida en Sodoma como antes de tal referido suceso.

La gente de Sodoma así como la de su población vecina era muy díscola, tanto que Jehová (5)decidió destruir ambas ciudades. Tal actitud de los sodomitas enfadaba a Lot, porque él sí era bueno y para nada estaba conforme con el equivocado comportamiento de sus conciudadanos, pues su alma se afligía día a día por todo lo que veía a su alrededor, no habiendo paz en él. No era el único que así pensaba, el propio Dios estaba igual de molesto con dichas ciudades, a causa no solo de sus pecados, sino también por su particular arrogancia, despreocupación y manifiesta gula, por la cual, tanta falta de adoración llevaban a término contra el Superior y sus correspondidos mandamientos de verdad.

Por todo ello, el Supremo comunicó inequívocamente a Abraham que iba a destruirlas, este último pidió clemencia al adorado Dios porque en una de esas ciudades vivía su obediente y disciplinado sobrino Lot, junto con el resto de su familia y animales, sin embargo, Aquel no escuchó a nadie que lo pudiese desviar de sus rectos propósitos, por algo era quien era, en definitiva quien decía ser; su decisión estaba tomada y por nada la iba a mutar, solo cabía llevarla a término en la justa corrección de su excelso poder, ese que hacía recaer en bondad de los demás.

De todas formas, ello no hizo que el propio Dios no enviara a dos distinguidos ángeles a avisar a Lot, de que en breve destruiría Sodoma y la ciudad cercana de Gomorra al ir por mal camino desde hacía tiempo. El Supremo sabía que el sumiso sobrino de Abraham era justo así como toda su parentela, por eso no deseaba que estos unieran el destino de sus vidas junto a las de aquellos impenitentes malhechores, por tener reservado algo mejor para ellos que vivir entre condenados pecadores, por lo cual, no olvidándose de él, no tardó en remitirle en su ayuda, a dos correspondidos emisarios divinos. Estos, al ser de hermosa apariencia y gran talla, llamaron inmediatamente la atención de los habitantes del lugar.

Al verlos, el visitado los invitó e insistió en que pasaran la noche en su casa, ofreciéndoles el máximo que les pudiera brindar de su particular hospitalidad, para lo cual les dijo: «Os ruego señores que vengáis a la casa de este servidor, hacéis noche, os laváis los pies, y de madrugada seguiréis vuestro camino». Tanto porfió, que al final se hospedaron allí. Ellos, en función de la misión que a esa tierra habían ido a efectuar le dijeron: «¿Tienes aquí alguno más? Saca lo que poseas en la ciudad, tanto yernos como hijos e hijas porque vamos a destruir el lugar, por cuanto el clamor de la mala conducta de quienes de forma equivocada lo habitan ha subido hasta el mismo Jehová; el cual nos ha enviado para devastarlo.»

Antes de la destrucción, Lot pidió a los ángeles que no arrasasen la ciudad de Zoar (6), por ser el lugar donde quería irse a vivir junto a los suyos y sus animales. Los ángeles, en justicia de lo suplicado, aceptaron sin hostilidad alguna tal solicitud, dándole una advertencia «Cuando te marches corre y no mires hacia atrás y no pares en ningún lugar de la llanura antes de llegar a las montañas.»

Una vez hecho el aviso y antes de que se acostasen los ángeles, los sodomitas cercaron la casa, exigiendo al sobrino de Abraham que les entregase a sus invitados para abusar de ellos. A lo cual Lot se negó ofreciéndoles a cambio sus dos hijas todavía vírgenes, para que se saciaran con ellas de lo que pudiesen necesitar. Por lo cual y a continuación, Lot salió de su hogar para dirigirse hacia ellos, cerrando la puerta tras de sí, diciéndoles nuevamente: «Les ruego hermanos míos que no cometan semejante maldad. Miren, tengo dos hijas todavía vírgenes. Se las voy a traer para que hagan con ellas lo que quieran, pero dejen tranquilos a estos hombres que han confiado en mi hospitalidad.» Pero ellos le respondieron empujándolo violentamente y disponiéndose a romper la puerta: «¡Quítate de en medio! ¡Eres un forastero y ya quieres actuar como juez! Ahora te trataremos a ti peor que a ellos.»

Resultaba evidente que la muchedumbre no aceptaba el cambio ofrecido por el justo Lot e intentaron romper la puerta, sin embargo los dos invitados, con el poder que portaban en su ser, cuando tal fin aquellos consiguieron, cegaron de inmediato a los asaltantes, los cuales tuvieron que retroceder en sus impías intenciones. Posteriormente, los ángeles, consecuentes de lo que iba a suceder por destino, le dijeron a Lot con bondadosa cercanía: «¡Aprisa! ¡Toma a tu esposa y tus dos hijas y sal de aquí! ¡Marcharos de esta ciudad! ¡Jehová la va a destruir!»

Lot y su familia no fueron lo suficientemente rápidos en tomar la decisión, por eso, los ángeles, en beneficio de su salvación los cogieron de la mano y los sacaron de inmediato de la ciudad. Entonces, uno de los emisarios divinos dijo «¡Corred por vuestra vida! No miréis atrás. Corred a los montes para no perecer. ¡Si miráis atrás moriréis!» Lot y sus hijas obedecieron y huyeron de Sodoma como se les había dicho, siendo respetuosos con la orden recibida, por eso no se detuvieron ni un momento en su recatada fuga, y por supuesto no miraron hacia atrás, como resultaba convenido, siendo considerados al mandato acogido; sin embargo, no todos ostentaron igual decisión de probado cumplimiento, pues la esposa de Lot, a iniciativa propia, desobedeció la indiscutible resolución celestial, pues cuando se había alejado algo de Sodoma, se paró y miró hacia atrás, observando todo el fuego y azufre que llovía desde el cielo a petición del propio Jehová.

Entonces y por su acto, la mujer de Lot, Edith (7), se convirtió de inmediato en un pilar de sal (Génesis 19, 26), pagando el atrevimiento de curiosidad que nadie le había otorgado en consentimiento de su parecer, dejando muy claro el Creador, que desde su infinita gracia, solo salvaba a quienes le ofrecían la más adecuada obediencia, por lo cual, Edith pereció al instante tal como se le había predicho. Mientras tanto, Abraham, desde una montaña a lo lejos, vio la columna de humo que se levantó sobre la destruida Sodoma, contemplando la catástrofe, que devastadora, se alzaba ante sus atónitos ojos.

Junto con Sodoma y Gomorra fueron destruidas conjuntamente Adma y Zeboím. Cuando Lot escapó de la ciudad proscrita, pidió de nuevo a los ángeles enviados por Yahvé, huir a la pequeña localidad de Zoar, los cuales aceptaron sin objeción alguna, diciéndole que no se destruiría ese lugar para que pudiese ser utilizado como ruta de escape. Finalmente, Lot tuvo miedo de morar en Zoar (quizás por ser el único paraje superviviente) y se fue al monte a vivir con su familia, habitando una cueva.

Una vez allí, sus hijas, al encontrarse en edad de merecer y preocupadas al no hallar varón con el que asegurar su deseada descendencia, emborracharon a su padre y copularon con él, la mayor, la primera noche y la menor, la segunda, sin que aquel se diese cuenta, diciendo para ello: «Nuestro padre es viejo, y no queda ningún hombre que se una a nosotras como es costumbre en toda la tierra. Ven, démosle de beber, acostémonos con él y conservemos su descendencia.»

De esa manera, las dos concibieron de su padre y tuvieron descendencia. El primero de los hijos fue llamado Moab (8) (del hebreo ‘del padre’) cuyo linaje daría lugar a los llamados Moabitas (Génesis 19:30-38). La tierra de Moab estuvo ubicada en el lado suroriental del citado como Mar Salado (Mar Muerto) y forma parte de la península de Lisán. El segundo hijo fue llamado Ammon (9) o Ben-Ammi (en hebreo, ‘hijo de mi gente’), este último fue el patriarca de la nación de Ammon, cuya descendencia daría lugar a los Amonitas.

Tal pecado de concepción familiar, como no podía ser de otra manera, fue severamente condenado en la Torah (texto que contiene la ley y el patrimonio identitario del pueblo judío, llamada pentateuco en el Cristianismo, constituyendo la base y el fundamento del Judaísmo); por su parte, contra su propia voluntad y para su particular castigo, Lot acabó convirtiéndose irremediablemente en el padre de sus propios nietos, debido al incesto efectuado por sus propias hijas, el cual dio origen a tal espurio linaje.

Lot (1): Personaje del libro del Génesis, del Antiguo Testamento y del Corán. En hebreo significa ‘escondido’. Era hijo de Haran, hermano de Iscá y Mildá. Sobrino de Abraham, siendo a día de hoy considerado como el justo que escapó junto a sus hijas de la destrucción de Sodoma.

Tierra de Canaán (2): Denominación antigua de una región de Asia Occidental, situada entre el Mar Mediterráneo y el Río Jordán y que abarcaba parte de la franja sirio-fenicia conocida también como el Creciente fértil. En la actualidad se corresponde con Israel, Palestina (la Franja de Gaza y Cisjordania), la zona occidental de Jordania y algunos puntos de Siria y Líbano. Sus límites comprenderían desde la antigua Gaza al sur, hasta la desembocadura del Río Orantes al norte, englobando todas las tierras no desérticas del interior, hasta una extensión de unos 150 km desde la costa del Mar Mediterráneo, incluso algunos kilómetros más allá de la ribera oriental del Río Jordán.

Sodoma (3): En la actualidad dicha palabra deviene una clara herencia de la cultura judeocristiana, en varios idiomas occidentales se utiliza el gentilicio «sodomita» para designar a quienes practican la homosexualidad, aunque esas definiciones resultan modernas, pues en la Antigüedad, tales prácticas tenían otra connotación que podría estar relacionada con la falta de amor al prójimo, es más, la mayoría de los eruditos contemporáneos indican que de un estudio adecuado y detallado de la Biblia, podemos concluir que su pecado era la falta de hospitalidad, incluso el propio Ezequiel dejó escrito que los habitantes de dicha ciudad, disponían de demasiados alimentos, sin ocuparse de las necesidades de sus prójimos.

Los arqueólogos convienen que la ciudad de Sodoma equivaldría a la actual Tall El Hamman, la cual se encuentra ubicada a 12 kilómetros del Mar Muerto, pudiéndose fechar entre el 1.750 a.C. y el 1.650 a.C. (en plena Edad del Bronce), llegándose a realizar excavaciones sobre el terreno que confirman que tal urbe del pecado pudiese estar perfectamente allí, al haberse extraído capas de terreno calcinado con huesos carbonizados en ellas, desenterrándose incluso cerámica vidriada (similar a la trinitita), cuyo origen se produce a temperaturas de 1600ºC, explicación que no puede ser hallada en un incendio o en un terremoto, pues el primero no alcanza tales temperaturas y respecto al segundo, no existen zonas cercanas de actividad volcánica.

Por lo cual, la evidencia nos invita a pensar que la ira de Dios no fue más que un acto natural, exactamente una explosión aérea producida por el impacto de un asteroide cósmico que estalló en la atmósfera terrestre y más si tenemos en cuenta que el azufre que caía del cielo, según la Biblia, (la traducción más exacta del mismo sería ‘luz amarilla’) reforzaría todavía más la tesis de que aquello que destruyó Sodoma, no fue más que una roca que desencadenó una potencia de varias decenas de megatones en la atmósfera terrestre, que supuso una explosión 200 veces mayor que la bomba atómica de Hiroshima, la cual propició la combustión instantánea de la localidad, exterminándola por completo y volatilizando los cuerpos de los que allí vivían.

Sidim (4): Valle que las Escrituras relacionan con el Mar Salado (Muerto). (Génesis 14:3.) En tal baja llanura fue donde los Reyes de Sodoma y Gomorra, Admá, Zeboyim y Zóar se rebelaron y guerrearon contra el Rey elamita Kedorlaomer y sus tres aliados en los días de Abraham. Derrotados, los monarcas de Sodoma y Gomorra huyeron, pero parte de sus tropas cayó en los pozos de betún (expresión que define al actual petróleo) de la zona, en la que había «pozo tras pozo de betún.» (Génesis 14:4, 8-10.)

Jehová (5): La mayoría cree que este término es de finales del año 1.100 d.C., siendo la forma híbrida derivada de la combinación de las letras latinas JHVH con las vocales de Adonai, sin embargo, algunos sostienen que hay evidencias de que la forma Jehovah del Tetragrámaton habría sido usada en los textos fonéticos en semítico, griego y artefactos de la antigüedad tardía. Otros dicen que la pronunciación «Yahweh» deviene testificada en pasajes religiosos y paganos de la era del cristianismo primitivo.

Zoar (6): Fue una ciudad del distrito, cercana a una llanura fértil en los extremos del Río Jordán. En la Biblia, en el capítulo 13:10-12 del Génesis aparece registrada con el nombre de Bela. En los tiempos del patriarca Abraham, la ciudad se hayaba gobernada por un Rey que tras doce años de tributo a Kedorlaomer, se reveló al mismo tiempo que los otros tres Reyes que se encontraban en su distrito, pero este monarca Elamita junto con sus tres aliados fueron derrotados. Relato registrado en el libro del Génesis 14:2-11.

Edith (7): Su nombre no se encuentra en la Biblia como tal, la cual siempre es referenciada como la mujer de Lot, sin embargo, su nomenclatura exacta es indicada en un libro de la Torá oral, denominado Midrash, allí se indica que su nombre era «Yrit» cuya asimilación latina sería Edith, siendo a día de hoy considerada como claro ejemplo de desobediencia al Creador.

Moab (8): Territorio que antiguamente habitaban los moabitas, también se le llamaba «el campo [o los campos] de Moab.» (Génesis 36:35; Nú 21:20; Rut 1:2; 1Cr 1:46;8:8; Sl 60:8.) Anteriormente habían residido en esa tierra los emim, pero es posible que los moabitas los expulsaran de la zona. Cuando terminó el período que pasó Israel vagando por el desierto, el territorio de Moab probablemente se extendía desde el valle torrencial de Zered al sur, hasta el valle torrencial de Arnón al norte; el Mar Muerto formaba el límite occidental y el desierto de Arabia, un límite oriental no definido.

Ammon (9): En hebreo, Ammon, ‘pueblo’; en árabe, Ammūn; en griego, Ammōníta, era una tribu semita que habitaba en la franja comprendida entre el desierto de Siria y el Río Jordán, y entre los Ríos Jabbok y Arnon, en la actual Jordania. La mayor parte de la información que se tiene sobre este pueblo proviene de la Biblia y la arqueología.

I. PARTE PRIMERA: RELATOS DE ESPERANZA

CAPÍTULO I. MERRY CHRISTMAS

Pregúntate si eres feliz y dejarás de serlo

(John Stuar Mill)

«…Y si entras en mi humilde morada es porque la juzgas digna de ti, cuando ello haces me permites que te considere merecedor de mí, como si hermano mío fueses, tenemos suerte ambos de habernos encontrado, pues muchos como nosotros nunca han llegado a conocerse como debieran, me pregunto si no hubiese sido así: ¿Dónde estaría nuestra amistad en este momento? Seguro que no en este sitio.»

Desde el recuerdo de ese concertado lugar, que a día de hoy, no sabe más que recordar con tristeza.

Ahora que el tiempo me excede y por fin he aprendido a llamar a las cosas por su nombre, ese que siempre han dispuesto, viéndome llena de amontonados y arrugados papeles, así como desordenada, sucia y silenciada desde el olvido que nadie consigue recordar, os puedo asegurar que no siempre fui así, pues mejor condición de presencia experimenté a la que en este momento podéis observar. Quién lo diría, ha pasado tanto tiempo que no sé si seré capaz de evocar aquella pretérita época en la que otros me concedieron la importancia, que en mi mérito, consideraron adecuada hacia su apreciable felicidad. Creo aun retener en mi aislada memoria, el recato que conseguirá que ese fugaz pasado, que tanto añoro, vuelva a resplandecer desde la más propicia dignidad de mi ser.

Quiero que la felicidad, o al menos algo que se le parezca, vuelva a brotar sobre cualquier parte de mi sufrida apariencia; a su vez, persigo que la dicha nunca se ponga en mi horizonte, como sol que no conozca ocaso por no precisarlo jamás, así pretendo ser yo de nuevo. Tampoco requiero agitado mar que me cubra la cabeza, solo ambiciono un encendido y sutil río de privativa placidez al que me pueda unir en su mundanal corriente, esa que me reflejará hacia la manifiesta transparencia de sus cristalinas aguas, pretendiendo desde mi particular evocación, retornar a sentir aquello que en un pasado tuve y ahora no dispongo, no pido más de lo que puedo ser, ni exijo ser más de lo que alcanzo pedir.

Pretendo esa alegría que nadie me da ni ofrece, esa que guardan los designados por el azar para sí mismos y para su propia oportunidad, deseo la compartan conmigo, como yo a su vez la participaría con ellos si la tuviese. Desgraciadamente, no encuentro el ubicuo principio de lo que me sucede, espero tener más suerte en el hallazgo del reprobado final que a mis circunstancias aguarde. No acometo entender nada porque tal vez no haya nada que entender, solo preciso hallar el porqué de lo ocurrido, espero exista ese alguien, venga de la parte que venga, que razón me entregue al respecto; su necesitada llegada anhelo algún día se produzca, no quiero morir sin saber para qué he vivido, espero todavía me aguarde el cielo desde su azul particularidad.

Mi vida es un desierto en el que nada hay porque nada puede haber, hace tiempo se marcharon quienes la moraban, habiendo abandonado a sus espaldas hasta el olvido de sí mismos, incluso hasta la negada forma de que todo fuese diferente. Que duro deviene que no haya nada aparte de la más absoluta nada que no sabe ser nada ni para sí misma, pues si hubiese algo en ella, no sería nada sino algo y eso por lo que parece no puede ser, mas a veces, la gente está vacía porque les falta ese algo que no se han molestado en buscar. Qué triste es no ser nada para nadie, pues hasta para ser nadie se necesita ser algo, pero no se puede ser algo si no se es nada, dudo que todo esto importe nada a nadie, pero a mí sí, porque creo ser alguien que todavía entiende que puede llegar a ser algo, a fin de no ser más nada para nadie. Sé que en algún lugar, una pequeña parte de mí, quiso ser decididamente algo para ese alguien que me hubiese conseguido rescatar de esta terrible nada que tanto me aleja de los demás, sin embargo, por mi parte no he conseguido ser ese algo que me hubiese permitido converger en otro distinto al que ahora soy. No tengo duda de que si aquel que pude haber sido y no fui, tuviese que medir sus fuerzas conmigo, me dejaría en evidencia en cualquier faceta en la que nos tuviésemos que enfrentar, sin embargo entre él y yo hay una diferencia todavía más innegable, no otra que yo existo y él no.

Consciente soy de que mi día más largo todavía está por venir, el cual se diferenciará del resto, en que no se querrá llevar lejos de mí esa angustia que tanto acarrea mi compungida alma, acercándomela, para que desde mi más connotada insatisfacción, la conozca hasta en sus últimos recodos de presencia; cuando así suceda, lo lamentaré por ella y por mí, no sé qué dirá mi ayer de todo esto, no se lo pienso preguntar, no creo tuviese contestación que de convicción me cubriese.

Empiezo a plantearme si nada bueno puede crecer en el trasnochado jardín de ese eterno ayer que nunca más volverá a poblar mi presencia, aparte de ofrecerme aquellos girones de reprobada nostalgia, que disfrazada de falso pasado, a mi presente, rauda desee acudir. Pese a todo, quiero buscar recuerdos que de este desconcertado laberinto de forzadas sensaciones me rescaten, pero solo encuentro momentos felices que no regresarán más, aun así, prefiero no evocarlos desde ningún otro rescoldo de inmotivada insatisfacción que más me pueda lastimar; no quiero que mi alma enferme, volviéndose vacía de lo que no consiga recordar, mejor miraré hacia delante, con decisión y valentía, no creo que el futuro se atreva a pedirme cuentas de por qué no he sido feliz. Espero al menos, que las nubes de mi ayer borren la tristeza de lo que mi actualidad no me ha consentido rememorar, así tal vez alcance mirar al mañana con la complacencia de aquel que se sabe en paz consigo mismo, para que así, al nuevo día que decida albear no le duela la noche que lo haya antecedido.