Mi ángel guardián II - J. Rosewell - E-Book

Mi ángel guardián II E-Book

J. Rosewell

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Beschreibung

Haley Dickens se entera de la muerte de su amor platónico del instituto, quien nunca le había tomado atención salvo el primer día de clases, un año atrás. El día después de su muerte, Haley no tendrá ni idea de que Tyler Ross estará junto a ella por azar del destino. ¿Por qué ella? Pues quizás porque juntos se complementan, quizás porque Haley es su ángel de la guarda y tiene la misión de traerlo a la vida. ¿Podrá conseguirlo? Ahora ya nada es lo mismo, las cosas han cambiado, las personas tampoco son las mismas. Y aún faltan secretos que revelar y mentiras que desenmascarar... Y es que la verdad duele, pero la mentira mata.

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Seitenzahl: 1232

Veröffentlichungsjahr: 2019

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Publicado por:

www.novacasaeditorial.com

[email protected]

© 2016, J. Rosewell

© 2018, de esta edición: Nova Casa Editorial

Editor

Joan Adell i Lavé

Coordinación

Maite Molina

Portada

Vasco Lopes

Maquetación

Daniela Alcalá

Revisión

Abel Carretero Ernesto

Primera edición: Septiembre de 2016

Segunda edición: Abril de 2018

ISBN: 978-84-17589-53-0

Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra (www.conlicencia.com; 91 702 19 70 / 93 272 04 47).

Índice
Capítulo 1 Arma
Capítulo 2 Tic-Toc
Capítulo 3 Despertar
Capítulo 4 Mentira
Capítulo 5 Declaraciones
Capítulo 6 ¿Quién?
Capítulo 7 Ley
Capítulo 8 Cita
Capítulo 9 Lauren
Capítulo 10 Colapso
Capítulo 11 Llanto
Capítulo 12 ¿Amor o venganza?
Capítulo 13 ¿Whitey?
Capítulo 14 Evidencias
Capítulo 15 Fotos
Capítulo 16 Respuestas
Capítulo 17 Sentimientos
Capítulo 18 ¿Abrazos?
Capítulo 19 Consuelo
Capítulo 20 Conversaciones
Capítulo 21 Grito
Capítulo 22 No existen los cuentos de hadas (1)
Capítulo 23 No existen los cuentos de hadas (2)
Capítulo 24 Ángel
EPÍLOGO
AGRADECIMIENTOS

Capítulo 1 Arma

Haley

Me llevé una mano a la otra por décima vez, tocándome los dedos. ¿Cómo había sido posible? Él estaba muerto, su cuerpo estaba pudriéndose en un ataúd bajo tierra. No podía ser real. Levanté la vista para ver a la mata de cabellos rubios, que estaba disimulando ver la televisión a mi lado, pero al igual que yo me echó una mirada aún sorprendido.

Y es que luego del contacto físico que tuvimos lo intentamos nuevamente. Pero nada. Fue igual que siempre, solo que había una diferencia: lo que sucedió fue muy distinto a esa vez que sentí su mano en mi hombro.

Con algo de disimulo moví mi brazo para colocarlo en su cuerpo, a ver si resultaba. Pero en el momento en que debía sentir su brazo junto al mío lo traspasé. Como si fuera una imagen colocada en un proyector. Solté un suspiro, frustrada.

—Vamos, no te desanimes —este ladeó la cabeza curvando sus labios—, al menos pude abrazarte. ¿No?

Carraspeé rezando para que mis mejillas no se encendieran. Pero, sin ningún éxito por la carcajada de Tyler, me levanté del sillón en busca de agua para refrescarme.

—Es raro. ¿Por qué? ¿Por qué justo en ese momento?

—¿Por qué estoy aquí? ¿Por qué tú? ¿Por qué no otra? ¿Por qué no estoy muerto? ¿Por qué solo tú puedes verme? Vamos, Haley, sabes que no tengo ni la menor idea de la respuesta ni del porqué de todo lo que nos está sucediendo.

Asentí con la cabeza, ya que tenía razón. No teníamos ni idea de lo que estaba sucediendo.

—Recuerdo cuando sentí tu mano, fue algo rápido, un leve apretón. Pero esto fue algo muy... diferente —reflexioné.

—Dímelo a mí. Sentir por fin a alguien que no fuera yo mismo fue... —este intentaba encontrar las palabras— ...extraño —cerró los dedos, apretando el puño—. Sentí... como si... —¿Cómo si qué?—. No importa.

Iba a seguir insistiéndole, pero la puerta del departamento se abrió de golpe, y mamá entró, apresurada.

—Y llegó por fin —me burlé, fulminándola con la mirada.

Ya era domingo, y ayer al volver caminando con Tyler esta no apareció, y era bastante tarde. En fin, al menos llegó a desayunar.

—Cuida la lengua si quieres volver a ver tu celular —me amenazó sin siquiera mirarme.

—¡Vamos, mamá, devuélvemelo! —le supliqué acercándome.

Pero pasó corriendo a su habitación sin mirarme, cerrando la puerta de golpe. Terminé de comerme los cereales, para irme a estudiar pero antes me acerqué a Tyler, que estaba con la cabeza cabizbaja.

—Mírame —le pedí, y se demoró en subir la vista, ya que al parecer estaba en otro mundo—. Sé que es fuerte todo lo que has sabido, pero me tienes a mí, tienes a Kyle, tienes a tus hermanos. Y tu padre y Roy te quieren un montón.

Este soltó una carcajada bastante fría que retumbó en mis oídos, erizándome los pelos.

—Cuando alguien miente con algo así, Haley, significa que le importas una jodida mierda.

«Otra vez con esto», me repetí en mi mente. Desde que Tyler me contó todo lo que había escuchado con Fernando y Roy su ánimo estaba entre el humor y la ironía a la vez. En simples palabras: había estado desde ayer por la noche con su humor negro, que al principio era pasable, y lo entendía. Pero ahora ya se estaba volviendo cansador.

—No, estás equivocado —negué—. Uno miente con algo así cuando quiere tanto a una persona que no tiene el valor de decirle la verdad para no lastimarla.

Se quedó en silencio, mientras yo rezaba para que no fuera tan testarudo y aceptara de una vez que su familia le quería.

—En algunos casos, pero créeme que no es el mío —este se levantó del sillón, yo lo miraba atenta—. Sé que habíamos quedado en que te ayudaría a repasar para el examen, pero tengo que ir a ver a Kyle —su tono de voz fue cortante, lo que me dejó aturdida.

No sabía por qué, pero sentí como si me clavaran un cuchillo por la espalda. Y es que él había dicho que Kyle era aburrido y prefería pasar el rato conmigo antes que con él. ¿Y ahora se iba a verlo? ¿Se había enojado conmigo?

Lo peor era que no quería dejarlo ir, quería que se quedara aquí. Tyler iba acercándose a la pared para salir, y yo abrí la boca.

—Te acompaño —esas dos palabras, al salir, hicieron que me arrepintiera al instante. ¿Qué iba a hacer yo ahí? Se dio la vuelta al instante, encontrándose con mis ojos azules y yo con los suyos grises. Sabía que este no se lo tragaba. «¿Haley Dickens quiere ir a ver a Kyle Reyes? No me lo creo».

—Vamos, entonces —dijo mostrando una curvatura en el labio con una leve sonrisa.

Yo estaba sorprendida, ya que esas dos palabras no me las esperaba para nada del mundo.

Tyler

—Ven, es luego de este pasillo a la derecha —le señalé a Haley mientras doblábamos por los pasillos del hospital.

Paré al notar que su presencia ya no estaba junto a mí. Me di la vuelta hacia ella, que había sido acorralada por una enfermera. Me acerqué cabreado, ya que era la tercera vez que la paraban desde que habíamos llegado.

—Señorita, se lo repito. La hora de visitas aún no comienza.

—¿Un minuto? —le suplicó, aunque más bien sonó como un suspiro agotado. Y es que en realidad Haley no estaba haciendo mucho esfuerzo.

Y la entendía, no tenía ganas de acompañarme a ver a Kyle. En realidad, me había sorprendido que hubiera accedido a venir conmigo. Pero a la vez también me había puesto tremendamente feliz, ya que con toda la mierda que ahora pasaba por mi cabeza al menos prefería ir acompañado. Así podía olvidarme de todo lo que había pasado ayer, en esas verdades en que intentaba no pensar. Si no me adentraba en ellas menos daño me hacían. Eso es lo que había decidido, lo mejor era ahorrárselas y de ese modo luego iba a olvidarlas.

Por eso quería venir a ver a Kyle, ya que si él no sabía lo que había ocurrido no iba a mirarme como Haley para darme unos sermones de que todo el mundo me ama. Si me amaran no me mentirían, así de simple. Eso era lo único que había aprendido hasta ahora: no confíes absolutamente en nadie.

«Pero sí en Haley», me habló la vocecita nuevamente, a lo que reprimí una sonrisa, era la primera vez que estaba completamente de acuerdo. «Pero sí en Haley», me repetí. Eché un vistazo a esa chica, que seguía hablando desanimada con la enfermera, intentando con un leve entusiasmo que la dejara ir a ver a su “hermano que estaba en coma”, cosa que la enfermera chequeó en su papeleo preguntándole su apellido. Bien.

— Anda a la cafetería del primer piso, yo voy a ir a buscar a Kyle y nos encontramos ahí —hablé, interrumpiendo el tartamudeo de Haley, a lo que asintió con la cabeza y se excusó con la enfermera de que se iba.

—¿Kyle? ¿Estás ahí amigo? —dije ya dentro de la habitación, donde su cuerpo seguía inmóvil conectado a los aparatos a su lado.

—¡Por fin! —exclamó por detrás de mí, a lo que salté sin poder evitarlo, ganándome una carcajada por su parte—. ¿Acaso viste a un fantasma? —no alcancé ni a reaccionar que este explotó a carcajadas por el mal chiste que había dicho.

—¿Entendiste? Porque en realidad sí soy una especie d... de fan-fan... tas... —no podía ni seguir hablando al retorcerse de la risa.

—Créeme que sí entendí el “chiste” —le corté en su segundo intento de explicármelo.

Al ver que no le seguí la broma cerró la boca de golpe.

—Aguafiestas. ¿Sabes?, ni te dignas a aparecer y cuando lo haces solo es cuando estás de mal humor.

—¿Qué quieres que haga? Para ti es fácil sonreír cuando al menos no está tu cuerpo pudriéndose en un ataúd bajo tierra. ¿No?

Kyle se demoró en responder.

—Joder. ¿Mala mañana?

«Mejor dicho. ¿Mal mes?», ironicé en mi interior. Negué de golpe, no quería darle explicaciones a Kyle de mi mal humor, ya que si lo hacía iba a querer que le contara qué había descubierto.

—¿Discusión con Haley? —ya se le había pasado la risa, mirándome serio y atento.

Negué de nuevo.

—¿Más mentiras?

Y nuevamente hice el mismo gesto.

—¿Entonces qué te sucede?

—¿Por qué debería sucederme algo? ¿No es que siempre aparecía de mal humor?

—Pero no con uno de tal tamaño, pareces un depresivo al que se le han acabado las pastillas.

Eso quisiera. Gruñí, acercándome a la puerta.

—Este depresivo sin pastillas te trajo una visita —Kyle me miró enarcando una ceja—: Haley. Pero, pensándolo bien, mejor quédate aquí con tus chistes de mal gusto.

La idea de dejar a Kyle plantado y volver con Haley al departamento a estudiar me llamaba a gritos.

—¿Y perderme la oportunidad de echarle los tejos a la chica que tiene loco a Tyler Ross? Ni de coña —este se acercó hacia mí sonriendo de lado, guiñándome un ojo—. ¿Dónde está? —salió de la habitación y yo lo seguí por detrás.

No respondí, puesto que ahora me había arrepentido de traerla aquí, porque, ¿para qué quería Kyle verla?

—Vamos, hombre. ¿Dónde está la chica?

—En el casino, debe estar esperándonos.

Haley

Tyler estaba demorándose en llegar. Por un lado, me sentía más tranquila, ya que no sabía cómo lidiar con Kyle Reyes cerca de mí sin que pudiera verlo. Espeluznante, ¿no? Sentí cómo un escalofrió me recorría desde la planta de los pies hasta los cabellos, y es que con solo pensarlo realmente se me aceleraba el pulso. No quería venir, solo había accedido en un intento desesperado de no separarme de Tyler después de lo que había descubierto. Tyler era adoptado.

Eso significaba que Fernando no era su padre. Pero entonces, ¿quién lo era? Sin pensarlo dos veces tomé una servilleta que estaba junto al chocolate caliente que había pedido y saqué un lápiz de mi cartera. Primero coloqué los nombres del cuarteto, donde puse una flecha de Holly y Fernando y fui colocando notas a los lados.

En resumen, Holly y mamá estaban conectadas con Fernando y Roy por el hecho de que la madre de Holly, Martha, trabajaba en casa de Fernando, por lo que Holly vivía ahí también. Entonces esos dos se enamoraron cuando Holly tenía dieciséis años y Fernando, dieciocho. Mamá y Roy eran mejores amigos. En ese tiempo algo sucedió y mamá y Holly quedaron embarazadas. Holly, de Fernando, y mamá no tengo ni idea aún. Por el accidente que tuvo Fernando con Natalia, la madre de Tyler, James y Mark, se separó completamente de Holly, que se fue a Colombia con su padre.

Volviendo con el tema de Natalia, esta murió, pero alcanzó a dar a luz a Tyler, puesto que estaba embarazada. Entonces Fernando de alguna forma pudo tomar en adopción a James, Mark y Tyler, pero se fue a la universidad. Y hasta ahí era lo que sabíamos con Tyler. Pero había aún cabos sueltos, como: ¿Quién era mi padre? ¿Dónde estaba el padre de Tyler? ¿Dónde se quedaron los Ross cuando Fernando se fue a la universidad? ¿Por qué se había peleado mi madre con Fernando? ¿Qué había ocurrido con Roy? En fin, sentía que mi cabeza iba a explotar en cualquier momento, por lo que me llevé la taza a la boca y di unos cuantos tragos.

—Haley —me llamó la voz que justamente no quería escuchar, puesto que sabía que ya Kyle Reyes debía estar a mi lado.

«Por favor, no», rogué en mi interior, pero el escalofrío hizo presencia de todos modos. Maldito Tyler Ross y su amigo invisible.

Tyler

Haley ni se volteó hacia mí, cosa que no me extrañó, puesto que se notaba lo nerviosa que se encontraba.

—Está aún más guapa que la última vez que la vi —comentó Kyle, que estaba a escasos centímetros de su rostro.

—Déjale espacio, idiota —le insistí, intentando que mi tono de voz no fuera tan tajante.

Haley se volteó hacia mi dirección, con el ceño fruncido.

—¿Dónde está?

Mierda, había olvidado que Haley podía oír solo lo que yo hablaba. En ese momento mi cerebro se debatía en decirle que Kyle estaba justo a menos de cinco centímetros de su rostro o mentirle con que no lo había traído. La segunda opción era bastante tentadora, puesto que Haley se relajaría de una vez y pararía de estar tan nerviosa por la mera presencia de Kyle Reyes.

—Apoyado en la mesa, tú no le prestes atención —finalicé, puesto que me había decidido por la primera, pero sin entrar en detalles.

Me rasqué el cuello, nervioso.

—Créeme que no será tan difícil.

Noté mi olvido, y Kyle se adelantó para hablar, soltando una carcajada.

—Perdónalo, se pone tonto al estar enamorado.

Gruñí y lo fulminé con la mirada. Kyle, en cambio, se echó hacia atrás, distanciándose de Haley.

—¿Feliz?

—Si mantienes la distancia —le apunté, a lo que levantó las manos, como diciendo “Eso estoy haciendo” —. Un poco más —le pedí, a lo que Kyle dio un paso atrás, mirándome volcando los ojos—. Otro... —soltó un suspiro, distanciándose bastante poco—. ¿Eres una niña? Camina como un hombre y da otro paso atrás

—refunfuñé frunciendo el ceño, molesto.

—Que te pones pesado —contraatacó Kyle, entrecerrando los ojos pero haciéndome caso, y se quedó a una distancia prudente de Haley.

Bien.

—Tyler —me llamó esta, a lo que me volteé hacia ella, que estaba con los brazos cruzados—. Sigo aquí, no te olvides.

Le sonreí, acercándome a ella.

—Y el quarterback Ross va acercándose para completar la anotación, se puede sentir la atención que todas las gradas tienen puestas en él. ¿Se atreverá? ¿Le confesará su amor a Haley Dickens de una vez por todas? Digan sus apuestas, vamos —intenté evitar los comentarios de Kyle por detrás, pero a mi rostro no le pasó por alto.

—¿Qué dice? Vamos, Tyler, que no lo veo ni le escucho, y es inquietante —esta miró a mi alrededor, como si pudiera encontrar a Kyle en algún lugar de la cafetería.

—Te manda saludos —mentí.

—Dile que yo... —esta cerró la boca, volcando los ojos—. Hola, Kyle. ¿Cómo estás? —un silencio. Esta soltó una pequeña risa nerviosa.

—Ross, que si tú no la quieres me la quedo yo, es adorable —Reyes ahora ya estaba a mi lado, nuevamente junto a Haley.

—¿Me escuchó? —me llamó de nuevo la voz de esta. Asentí con la cabeza.

—Hola, Haley, estoy bien, pero estaría aún mejor si convencieras a mi amigo de aquí, que está completamente enamorado de ti.

—Dice que bien y que gracias por tu preocupación, muy amable —volví a excusarme, ganándome gritos de parte de Kyle, que supe disimular a la perfección.

Al parecer no había sido buena idea tener a Kyle por un lado y a Haley por el otro. «Me hubiera quedado con ella en el departamento», refunfuñé dentro de mí.

Haley

La visita a Kyle fue todo un fracaso, puesto que Tyler siempre hablaba con uno de los dos, por lo que yo no podía saber qué decía o hacía Kyle Reyes, y en cierto modo me desconcertaba. Y más aún cuando Tyler se enroscaba en una discusión de la cual yo no formaba parte, aparte de no entender nada. Estupendo.

Ya era lunes y Simon no pasó a buscarme por la mañana. Y lo peor es que mamá ya se había ido al trabajo temprano, llevándose mi celular. «Bien, mamá, gracias», ironicé en mi interior mientras estaba perdiendo minutos en su habitación buscando mi preciado aparato.

—El autobús, ¿no? Lo usamos casi siempre.

—Ya no llego, el timbre sonará en diez minutos —hice un puchero.

Tyler estaba a mi lado, sentado en los escalones de mi edificio, rascándose la barbilla.

—Lo tengo —sentenció—. Podemos tomar el metro, hay una vía que te deja al lado del instituto. Además, si no lo recuerdo mal, hay una estación aquí cerca. ¿No? —me quedé quieta, en silencio—. ¿Haley?

Me tomé la cabeza con las manos, exhalando un bocado de aire para tranquilizarme.

—Vamos por el autobús, mejor tarde que nunca —pude decir, enderezándome y comenzando a caminar por la calle.

—Pero es más rápido si vamos...

—Tyler, iremos en autobús. Fin de la historia —le corté, ignorando su pregunta de “¿Por qué el bus y no el metro?”.

«Pues por algo, algo de lo que habíamos quedado en que no hicieras preguntas», sentencié en mi interior.

Tyler

Llegamos tarde, por supuesto. Y todo por la gruñona de Haley, que no aceptó que Tyler Ross podía ser un chico inteligente y dar una buena solución al problema. Pero bueno, ¿por qué será que nunca me esfuerzo? Nadie valora mi opinión cuando se trata de Haley o cualquier ser que se cree superior a mí en inteligencia. Me encogí de hombros. Ella se lo perdía, porque en definitiva el sermón que le estaba dando el profesor con toda la clase como testigo no era nada de bueno.

—...¿Quedó claro, Señorita Dickens? Odio los atrasos. Una vez más y queda suspendida de mi clase. Ahora comience su examen.

No pude evitar soltar una carcajada.

—Te lo dije —le molesté, haciendo un baile mientras se acercaba a un pupitre vacío en segunda fila—. Ahora tienes que decir: “Desde ahora te haré caso en todo, Tyler, tú siempre tienes la razón» —chillé, poniendo cara de “Hola, soy una chica”.

Solo me gané un bufido de parte de Haley, aunque sonrió de todas formas. Noté que se puso a escribir algo en la punta de su cuaderno, a lo que alcé la vista hacia ahí.

Fuera de aquí, no puedo concentrarme si estás hablándome. ¿Vas a quedarte por aquí? ¿Irás a espiar al cuarteto? ¿A ver a Kyle?

Me lo pensé un momento.

—Me quedo aquí. Kyle es aburrido, y sobre el cuarteto... Voy a tomarme unas vacaciones de ellos.

Haley levantó la vista directamente hacia mí, y parecía que quería decirme algo. Pero sonrió de lado. Asintió con la cabeza mientras escribía nuevamente en su cuaderno.

“Entonces nos vemos por aquí”.

Al terminar la miré y me la encontré poniendo toda su atención en el examen que tenía en sus manos.

—Suerte —finalicé, saliendo de la clase.

Entonces me encontré el pasillo despoblado. Me resté a caminar solo, como siempre lo hacía. Por supuesto, no faltó una escena de las que siempre me encontraba. Hoy los protagonistas eran Steve y Lauren. Genial... Yo que pensaba que este día iba a ser estupendo, sin nada de dramas, ni mentiras, ni secretos. Al parecer eso no podía ser posible.

—Vamos, Lauren, no le hagas caso a Marie. Sabes que todo lo que te dice es mentira.

¿Marie? ¿De qué hablaban ahora?

—¡No lo es! —se le quebró la voz—. Ayer había subido cuatro kilos. ¡Cuatro! Ni me cabían los pantalones. Tuve que venir con esta falda larga para que no se notaran mis piernas.

—¡Que no estás gorda, Lauren!

—No me mientas más, Steve. Al menos Tyler se comportaba como un hombre y me lo decía cuando lo estaba.

¿Yo? ¿Me había mencionado a mí? Recordé que sus palabras eran ciertas. La mayoría de las veces que Lauren se colocaba algo que no le sentaba bien, porque se veía gorda de algo, se lo decía.

—Tyler exageraba.

—No lo hacía, solo decía la verdad. Algo que tú no haces, y estoy cansándome de que mi propio novio me mienta.

—Claro —este se rio, cansado—. Yo estoy siendo honesto contigo, Lauren, estás perfecta.

Cansado de su pelea tan superficial seguí mi camino sin darles importancia. «Pedazos de Ken y Barbie», me burlé en mi interior.

Haley

Salí del examen algo indecisa, porque había unas cuantas preguntas que se me habían olvidado, puesto que ayer no había tenido mucho tiempo de estudiar. Vi a Marie en su taquilla guardando libros, y noté cómo la cerraba furiosa, con un humor de perro. Me acerqué a ella de inmediato, sonriendo. Y es que no la veía desde el sábado, y tenía que admitir que la había echado mucho de menos.

—Un paso y te advierto que podrías salir lastimada, Haley Dickens —esta puso su mano al frente. Me miraba enojada.

—¿Qué hice?

—Lo sabes perfectamente. Te llamé todo el sábado por la noche y ayer, y no contestaste ninguna llamada —me apuntó, a lo que iba a abrir la boca, pero me interrumpió—. Piensa bien tu excusa, que al menos me convenza, o te las vas a ver.

Volqué los ojos. Marie era tan dramática cuando se lo proponía.

—Fue mi mamá, me quitó el teléfono. Me pilló vomitando en el baño, y bueno... Ya debes imaginarte.

El rostro despiadado de mi amiga cambió radicalmente, abrió los ojos y la boca de golpe.

—¡NO PUEDE SER! —gritó, aún pasmada. Yo asentí con la cabeza—. Eso es ilegal. ¿Y si tu mejor amiga estaba a punto de morir y ocupa su única llamada para evitarlo llamándote? No pueden quitarte el celular, es como... quitarte... la vida —solté una carcajada sonora, ya que Marie estaba haciendo un gran espectáculo.

—¿Acaso estuviste a punto de morir y me llamaste?

—No, pero pudo haber sucedido, quién sabe. Qué bien que no sucediera, porque si hubiera ocurrido... —esta se llevó las manos al rostro, aturdida— ...estaría muerta.

—Vamos, que no te sucedió nada —le espeté ahogándome de la risa. Y es que ver a Marie preocupada por algo que no sucedió era inolvidable.

—¡Haley! —la voz de Simon me hizo dejar a la Marie dramática a un lado y eché un vistazo a mi mejor amigo, que venía caminando hacia mí.

Noté cómo bastantes chicas le echaban el ojo, además de saludarlo coquetamente. «Simon Adams, al fin eres apreciado por el hombre que eres», pensó mi subconsciente, lo que me alegró al instante.

—Campeón —le saludé colgándome en sus brazos de golpe. Necesitaba transmitirle lo orgullosa que me sentía con él—. ¡Realmente te felicito por el viernes! —por su parte, me apretó más hacia él.

—Gracias, aunque creo que es la décima vez que me lo dices.

Me separé de él y volví a mi lugar.

—¿En serio? —este me miró soltando una carcajada—. Debe de ser la resaca, aún no recuerdo mucho del viernes —Simon me miró intrigado—, pero, en fin... ¿Cómo te fue en el parque de diversiones?

—Bien, estuvo genial. ¿Por qué no fuiste? Te llamé, pero...

Marie habló, cortando nuestra conversación.

—Hola, Marie, ¿cómo estás? También te eché de menos el fin de semana —esta imitó la voz de Simon—. Ah, ¿en serio, Simon? Qué tierno —mi mejor amigo le dijo un “lo siento”, a lo que ella sonrió irónicamente—. Ahora, no te contestó porque Anna le quitó su celular. La pilló vomitando en el baño.

Abrí los ojos a Marie, puesto que estaba hablando demasiado alto, y podía notar cómo los presentes estaban escuchando. Ahora todos iban a saber que era una borracha. «Gracias, Marie». En eso, vi cómo la mata de cabellos rubios se acercaba por el pasillo. No dudé en hacerle una seña para irnos a hablar a algún lado. Él me guiñó un ojo.

Todavía me resultaba difícil asimilar que Tyler Ross estuviera junto a mí, que fuéramos “amigos”. Que habláramos. Que riéramos. Que nos apoyáramos. Y más aún, que ahora formara parte de él, al igual que él formaba parte de mí.

Tyler

Nos pusimos detrás de las gradas de la cancha, ya que los baños estaban atestados. Era primera hora y a la mayor parte de las chicas les gustaba maquillarse durante este periodo, mientras se saltaban clases y se fumaban un cigarrillo a escondidas. Y todo esto lo sabía por ser un maldito fantasma aburrido.

—¿Cómo te fue en tu examen? —le pregunté a Haley cuando ya había llegado.

—Con algunas cuantas preguntas estuve indecisa, así que realmente no lo sé.

—A la próxima avísame y le miro la prueba a otro para pasarte las respuestas. No tendrás ni que estudiar.

«Oh, sí, Tyler, eres perfecto», me dije a mí mismo, imaginándome ya cómo Haley iba a estar besándome los pies. Pero su respuesta fue todo lo contrario.

—¿Copiar? No, gracias.

—¿Por qué no? No es copiar, yo haré el trabajo sucio por ti. Tú solo escucharás cuando las diga en voz alta.

—Es lo mismo, solo que en vez de copiar directamente lo hare a través de ti. Está mal de todas formas. Es robarle información a otra persona.

—¿Robar? —solté un bufido—. No me hagas reír. ¿Y qué robas exactamente?

—Conocimiento. Estoy tomando la respuesta de alguien, lo que es robar.

—¿Y esa persona sale perjudicada por tu culpa? ¿Pierde algo?

—No.

—Entonces no es robar —me crucé de brazos, victorioso.

—Lo es igual. No es tuyo, es de otra persona. Si es tu examen, pues respondes con tus respuestas, no con las de otro. La idea del examen no es la nota, es para que el estudiante aprenda bien y el profesor pueda evaluar ese conocimiento. ¿Qué sentido tiene responder con algo que no es tuyo? Quizás engañes al profesor, pero no a ti mismo. Es absurdo que alguien copie, y por eso no me gusta para nada tu ofrecimiento, así que paso.

Me demoré en responder, estaba analizando lo que me había dicho.

—No te pongas así, tampoco —dije volcando los ojos—, que te lo tomas todo tan a la defensiva ahora.

—¿Ahora?

—Sí, antes ni abrías la boca, y ahora cuando lo haces parece que vas a comerme —le solté al fin—. No digo que no me guste, en realidad no está mal así.

Y era cierto, Haley estaba bastante más... ¿Cómo decirlo? Con personalidad. Aunque más bien siempre había sido así, pero en casa, con su madre.

—¡Eso no es cierto! —chilló refunfuñando—. Es solo que tú me sacas de quicio —me apuntó.

Solté una carcajada, a lo que ella me miró entrecerrando los ojos, haciendo un puchero. «Es adorable, ¿no?», esa voz nuevamente vino a fastidiarme. Era como tener a Kyle Reyes junto a mí. En eso, se escucharon unos cuantos pasos que se dirigían hacia donde estábamos Haley y yo.

—Simula que estás hablando por celular, que viene alguien.

—No tengo, mi mamá lo tiene.

—Joder, entonces escóndete en algún lugar o que tu cerebro piense una respuesta cuando te pregunten qué haces aquí sola —ni tomé en cuenta mi tono de voz autoritario y frío.

Pero no había tiempo para disculparse, no quería que otra persona, aparte de James Ross, notara que Haley estaba loca hablando con un muerto. Haley se colocó detrás de unos altavoces antiguos que tenían guardados en una esquina de las gradas, donde era imposible que la vieran.

Los pasos cada vez fueron notándose más próximos. Mark Ross estaba ahí, solo, caminando hacia donde me encontraba. Estaba ocupado intentando prender su cigarrillo, y cuando lo consiguió comenzó a darle unas cuantas caladas. Su celular comenzó a sonar y se lo llevó a la oreja de golpe.

—¿Dónde estás? —un silencio. Yo lo miraba interrogante—. Joder, que no hay ningún policía, ni guardias de seguridad. Tú solo tráeme lo que te pedí —Mark cortó furioso la llamada.

Yo lo miraba, interrogante. Se apoyó donde hace unos segundos estaba Haley. Soltó un suspiro. Se le notaba nervioso. ¿Quién venía? ¿Qué era lo que quería que le trajera? Me acerqué a Haley, que estaba hecha un ovillo en el suelo, con los ojos cerrados.

—Es Mark, quédate ahí. Y no te muevas —esta asintió y abrió los ojos, y sin que la viera miró a mi hermano, que se encontraba dándole la espalda a Haley, apoyado en el palo vertical justo al frente de ella.

En eso que unos pasos entraron al lugar. Había un chico con pinta mayor y muchos tatuajes que le tapaban los brazos por completo. Su camisa tenía estampados de una banda de rock, y tenía el cabello largo, con una coleta. ¿Quién carajo era?

—Aquí está —este abrió su mochila y sacó una caja negra que me llamó la atención, puesto que parecía...

No podía ser. No. No. No. ¿Eso era...? No, no, no. Mark no podía estar pensando si quiera en comprar eso.

—En la bolsa está todo el dinero. En efectivo, como me pediste —Mark sacó del bolsillo de sus vaqueros una bolsa transparente que dejaba ver bastantes billetes.

Me negaba a pensar que Mark estaba comprando eso.

—¿Seguro que es lo que te pedí?

—Compruébalo tú mismo —le animó mientras lo miraba por un momento. Este se decidió a verificarlo.

Abrió el maletín, y lo único que cruzó por mi mente fue que estaba en lo cierto. Mark la tomó con las manos, observándola con un brillo de satisfacción en el rostro.

—Es una USP Compact, más unos cuantos cartuchos. No deberías tener dificultades con usarla. Es fácil de manejar.

Mark la sacó mientras apagaba el cigarrillo para así tomarla con ambas manos, acomodándosela. Este apuntó con ella, pero sin apretar el gatillo.

—¡¿Te volviste loco?! —le grité fuera de control.

¡Había comprado un arma! Miré a Haley, que justo había sacado un poco la cabeza hacia mí, puesto que debió haber escuchado mi grito. Y su rostro, al ver la pistola colgando de las manos de mi hermano, causó que ahogara un grito tapándose la boca al instante. Mark, por su parte, dio las gracias al hombre, que desapareció por donde había venido. Mi hermano se quedó con el arma en las manos, mirándola fijamente. Abrió la boca, y me dejó desconcertado.

—Esto es por ti, Tyler.

¿Acaso Mark iba a matar a ...? Abrí los ojos al descubrir el plan de mi hermano. ¡Mierda!

Capítulo 2 Tic-Toc

Haley

Estaba en pleno ataque nervioso, sentía cómo mi mano apretaba mi boca en un intento de que el grito no se me escapara. ¡MARK ROSS ESTABA CON UN ARMA! Unas lágrimas comenzaron a caer por mis mejillas, y ni sabía por qué. Quizás debía ser el asombro y la inquietud a la vez.

Mis piernas temblaban, y estaba segura de que me iba a desmayar, pero si lo hacía Mark quizás podía verme y a saber qué podía hacerme con la pistola que aún sostenía con sus manos. Más lágrimas y más temblores acechaban mi cuerpo. Esto era mucho para mí.

—Haley, aguanta un poco más, ya se está yendo —la voz de Tyler al menos me transmitió tranquilidad. Y es que quería salir a buscar a la policía en ese momento.

Sentí cómo los pasos de Mark se iban alejando de las gradas hasta que al cabo de poco ya habían desaparecido por completo, cosa que no me calmó. Solo hizo que pudiera sacarme la mano de la boca para soltar un grito, aunque leve. No quería que Mark volviera. Me eché al suelo, sosteniéndome al césped, y las lágrimas comenzaron a caer simultáneamente.

—Ty-ty-tyler —tartamudeaba— es-es-ta estaba c-con u-n-a —no podía ni terminar de hablar.

—Tranquila —se puso a mi lado, desde donde me observaba atentamente—, mírame —no le hice caso y desvié la vista mientras me caían más lágrimas—. ¡Joder, Haley, mírame! —gritó, y le hice caso, a lo que noté que él estaba tan afectado como yo.

Ahí caí en la cuenta de que para Tyler era aún peor, puesto que se trataba de su propio hermano.

—¿Qué va a hacer con la... pistola, Tyler? —pude decir cerrando los ojos y esperando la respuesta.

Lo miré fijamente y noté que estaba atando cabos, hasta que por fin soltó la respuesta. Una que me hizo abrir los ojos de golpe.

—Creo que va a matar a Aaron Grey.

Tyler

Sí, tenía que ser así. ¿O para qué más iba a necesitar una pistola? Aaron Gay, ese era su objetivo. No me cabía la menor duda.

—Tenemos que evitarlo —Haley seguía tirada en el césped, pero ahora las lágrimas ya se las había limpiado con su mano, y estaba mirándome, atenta—, no podemos dejar que mate a Aaron Grey.

Yo no respondí, sino que desvié la vista.

—¿Tyler? No me digas que...

—¿Que qué? ¿Que si tengo unas ganas tremendas de darle un disparo directo al rostro? —hubo un silencio, en el cual Haley no dijo nada, por lo que proseguí—. Si una cosa he aprendido desde que me he convertido en esto es a no mentir. ¿Quieres la verdad? Pues me muero de ganas de matar a ese maldito hijo de puta.

Nuevamente el silencio nos envolvió, y Haley me miraba intentando averiguar si estaba hablando en serio. Y yo se la devolví sin indicios de que se tratara de una broma.

—¿Quieres matarlo? ¡No puedo creerlo! —esta se levantó apresurada sin darme tiempo para explicarme—. ¿Cómo quieres volver a la vida pensando de ese modo, Tyler? Sigues siendo el mismo, no puede ser... ¡Dime que estás bromeando! —me exigió, a lo que hubo un silencio en el que nuevamente me dio la espalda mientras respiraba profundamente.

—Vamos, Haley, ponte en mi lugar. Él me mató y ni paró el coche, solo siguió su maldito camino sin importarle nadie más que él mismo.

Esta se dio la vuelta hacia mí, mirándome frunciendo el ceño. Soltó un bufido, incrédula.

—¿Lo culpas por ser igual que tú?

¿Qué? Aaron Gay era lo opuesto a mí.

—¿De qué hablas?

—Vamos, Tyler, ¿no hubieras hecho lo mismo? No puedes culpar a alguien de algo que tú mismo hubieras hecho en su lugar.

Haley me miraba directamente a los ojos y una lágrima se le escapó. Yo, por mi parte, me quedé ahí, quieto como una piedra. Y es que lo último que dijo Haley me había dejado sin palabras. «No puedes culpar a alguien de algo que tú mismo hubieras hecho en su lugar». ¿Me creía capaz de algo así?

Haley

—¿Qué te sucede? —Marie me miraba atenta mientras yo alzaba la vista de mi libro, el cual leía debajo del árbol. Nuestro árbol.

—Nada. ¿Por?

—Estás rara. Además, ¿desde cuándo que no vienes a almorzar? 

Desde que me di cuenta de que Tyler Ross se había vuelto un asesino despiadado. Y desde que Mark Ross anda con una pistola guardada debajo de su chaqueta. «Es que no quiero que me dispare cuando le dé la gana», me dije, con unas ganas tremendas de decírselo a Marie. «Y esos dos Ross iban a estar en la cafetería, así que paso».

—No tenía hambre —me encogí de hombros sonriendo forzadamente para que no notara mis nervios.

—Me hubieras avisado, este día ha sido una completa mierda —se sentó junto a mí, colocándose como un indio mientras sacaba una barra de chocolate de su sostén—. ¿Quieres?

Yo abrí los ojos, olvidándome del arma, de Tyler y de Mark.

—¿Qué haces con chocolate ahí?

—No quería perderlo, además apenas se siente.

Ni me resté a responderle. Sin evitarlo una sonrisa escapó de mi rostro y ladeé la cabeza. Y es que Marie Acuña era un chiste.

—Ni te imaginas todas las chicas que han ido detrás de Simon. ¡Es que ni tienen vergüenza! Parecía que iban a quitarse la ropa en cualquier momento para atraer su atención —Marie volcó los ojos.

—Vamos, si es guapo. Además, ¿qué chica no se enamoraría de Simon? —agregué, ganándome una sonrisa traviesa de mi amiga, que me extrañó—. ¿Qué? ¿Qué pasa?

—Nada, solo un consejo... Cuando te lo diga, te obligo a darle una oportunidad. ¡Es que se ven geniales juntos! —dijo parándose de inmediato sin siquiera darme la oportunidad de preguntarle de qué iba eso—. Necesito ir a buscar al estúpido y arrogante de Ross. No te vayas sin mí, que voy a cenar a tu casa, hoy.

—¡Ei! ¡Marie Acuña, no te vayas! —le grité, pero esta solo miró hacia atrás mientras corría, riendo, dejándome sola.

¿Qué quería decir con eso? No me digas. Simon... ¿Y yo? No, no podía ser. En eso, un recuerdo sacudió mi mente.

—¡Simon Adams, el ganador del juego ha salido al fin! —aplaudieron la mayor parte de la mesa, a lo que miré a mi lado, donde Simon estaba sonriendo amigablemente, como siempre, pero algo sonrojado.

Aunque no podría asegurar si era por nervios o efecto de su borrachera.

—¿Verdad o reto? —le preguntó uno de los chicos de la mesa.

—Reto —respondió, mientras se pasaba una mano por el cabello, poniendo toda su atención en las próximas palabras que iban a decirle.

—Tienes que besar durante diez segundos a cualquier chica de la mesa, tú elige —le guiñó un ojo, soltando una carcajada.

Me mordí el labio para no reírme. ¿Simon iba a besar a una chica? ¡Y yo iba a estar en primera fila para verlo!

Este, por su parte, no se movía, al parecer debía estar algo nervioso, puesto que ni siquiera a mí nunca me había comentado qué chica del instituto encontraba guapa. por lo que no pude evitar darle un apretón en el hombro.

—Vamos, Simon, hay muchas chicas aquí. No querrás hacerla esperar —le animé, pegándome a su oído para que nadie más nos escuchara.

Esperé que me diera una respuesta, sin volver a mi asiento. Pero la que hubo fue totalmente la contraria a la que imaginaba. Simon movió su cabeza hacia mi dirección, quedando frente a frente conmigo. Cuando iba a decir algo estampó sus labios a los míos, sin darme tiempo de reaccionar.

«¿Me había besado con Simon?», me chillé en mi interior al volver a la realidad. Se

escuchó el timbre resonar en mis oídos, lo que me llevaba a mi última clase. Literatura. ¿Qué iba a decirle a Simon? En eso, recordé por qué estaba tan raro el sábado en mi casa. Y más aún cuando había hablado con él hoy.

Aunque, si lo pensaba bien, solo me había besado por ser la “la única chica que más conocía en la mesa”, no porque hubiera sentimientos por entremedio. ¿No? Eso tenía que ser, porque Simon era mi amigo. Mi mejor amigo.

Tomé mis cosas del césped, enderezándome, y me encaminé hacia mi clase. Por el camino fui recordando bien todo lo que ahora veía más claro: primero que nada, la actitud de Simon. Luego las insinuaciones de Marie. Y, finalmente, Tyler. ¡Por dios, Tyler me había visto besando a Simon!

Recordaba su rostro, junto al de Mark. Él había entrado en el juego justo en ese momento. ¡Él sabía lo del beso y no me había dicho nada! No podía creérmelo. En eso, recordé nuestra pelea, en que al final Tyler se fue refunfuñando y me dejó sola.

—Haley, vamos, que vas a llegar tarde a mi clase —la profesora Torres, que iba caminando en mi misma dirección, me miraba con interés—. ¿Cómo va todo? He percibido un notable cambio en ti —esta me miró de arriba abajo y me avergoncé por llevar la falda corta que Tyler me había elegido hoy por la mañana—. Tengo más libros para ti, son espectaculares.

Yo asentí sin muchas ganas, puesto que el último que me había dado ni siquiera había tenido tiempo para comenzarlo. Así fue como entré en clase, donde busqué a Simon, nerviosa, y para mi sorpresa este estaba sentado atrás, con los del equipo. Excelente.

—Haley, ponte con nosotros —dijo uno de ellos, pero sin responderle me senté en primera fila, sin mirar a Simon.

No iba a sentarme atrás con ellos. Y mucho menos si Simon estaba a su lado, era muy gallina para mirarlo a los ojos después de lo que había sucedido.

Al acabar el instituto evité a Simon lo mejor que pude, aunque fue fácil, ya que muchas chicas se tiraban encima de él, y al menos eso lo mantenía ocupado. Aunque en cierta manera también me decepcionaba el hecho de que en todo el día ni se había acercado a mí desde la mañana.

Terminé sacando conclusiones inseguras que hacía mucho que no venían a mí, como por ejemplo: ¿Y Si ya no quería ser mi amigo? ¿Y si encontraba novia y nunca más hablábamos? ¿Y si me encontraba una “rata de biblioteca” y no quería hablarme por vergüenza? ¿Y si me odiaba?

Negué con la cabeza, haciendo que desaparecieran de una vez. Me desplomé en mi cuarto. Tenía junta con el comité periodístico, pero realmente no podía más. Estaba que explotaba por todo lo que estaba pasando, necesitaba relajarme. Además, Tyler ni había dado señales, así que mejor para mí, puesto que con nuestra última conversación las cosas no habían quedado muy bien.

—Estupendo. ¿Crees que yo también soy capaz de hacer algo así? ¡Es que te volviste loca! ¿Cómo puedes compararme con alguien como él? —Tyler estaba furioso, me eché un paso atrás, puesto que me temblaban los pies.

—Digo que eras capaz. Antes, no ahora.

—Como si hubiera una diferencia —bufó mientras volcaba los ojos, sin mirarme.

—A ver, ¿quieres que te mienta? Es así como lo veo, Tyler, no voy a mentirte y decirte lo contrario.

Este soltó una carcajada.

—Tú no sabes ni una mierda de mí. ¿Estamos? No me conocías antes, no tenías ni idea de cómo era, porque NO NOS CONOCÍAMOS —este me miraba sonriendo como un estúpido—. Ni habíamos hablado, así que no vengas a decir algo sobre mí sin saberlo realmente.

Asentí con la cabeza, sin poder mirarlo a los ojos, puesto que me picaban y no iba a ponerme a llorar enfrente de él.

«Que sí lo hicimos», me repetía en mi cabeza, «imbécil». Pero, por supuesto, no salió de mi boca.

Con todo el valor y cuidado para no derramar ni una sola lágrima me di la vuelta, comenzando a caminar hacia dentro del instituto sin decirle ni una sola palabra.

—¡Haley! No he terminado de hablar contigo.

Sin pensarlo, y aunque no soy una persona para nada agresiva, ni mucho menos, subí mi mano hacia arriba dejando ver mi dedo del medio. Para que le quedara claro que era un total cretino.

Cerré los ojos, puesto que los tenía cansados, además de que no pude evitar que las lágrimas comenzaran a caer. Eran tantas las cosas por las que estaba pasando que a veces olvidaba que todo esto era real. Que Mark Ross había comprado un arma, que Tyler había muerto, que su padre había matado a su madre, que Aaron Grey se había chocado con él en el coche...

Eso y mucho más eran cosas que realmente estaban sucediendo. No se trataba de una telenovela ni mucho menos de una película. Real. Todo era real. Y lo peor era imaginar qué vendría después, qué pasaría cuando Mark apretase el gatillo, cuando se supiera la verdad, cuando los secretos salieran a la luz y cuando Tyler muriera o viviera. ¿Qué pasaría luego? ¿Vivir como si nada?

En ese momento el tema de la supervivencia de Tyler era lo que más me importaba, puesto que ahora mismo estábamos muy alejados de lo que el sacerdote nos había dicho. Solté un suspiro y me dejé caer en un sueño profundo.

Estaba en un sendero, caminando a paso lento, donde una tenue luz al final me hacía entrecerrar los ojos, puesto que me impedía ver con claridad, y más aún cuando unas sombras se movían a gran velocidad cerca de mí. Asustada me di la vuelta, pero no había nadie. Luego volví a mirar al frente, pero el escenario había cambiado, ahora me encontraba en un prado en el que unas risas de unos niños se escuchaban a lo lejos.

Me acerqué, indecisa, y los encontré a ambos jugando, dándome la espalda. Estos reían. Noté que el niño tenía el cabello rubio. Estaba vestido con una jardinera y unos zapatitos que me hicieron sonreír, eran tan diminutos... A su lado había una niña que tenía el cabello oscuro. Llevaba un vestido claro, de color amarillo. Los dos debían de tener entre cinco y seis años.

—Perdiste, como siempre —le molestó el pequeño. Su voz aguda y tierna me hizo ampliar la sonrisa, y me acerqué más a ellos para poderles ver el rostro.

—Malo, es porque haces trampa —noté que esta se cruzó de brazos.

En ese momento solo me faltaban unos pasos para verlos, pero por una extraña razón no podía moverme. Estaba estática. Intenté mover los músculos en un intento desesperado, pero no podía. Y al parecer los niños no me veían, como si no estuviera realmente ahí. Una desesperación comenzó a entrar en mi pecho. Mis respiraciones cada vez eran más rápidas.

—Claro que no.

—Claro que sí.

—A la cuenta de tres. Uno... Dos...

—Espera, no estoy lista.

—¡Tres! —el chico comenzó a correr por el prado en el lado contrario a mí, por lo que verle el rostro fue imposible. La chica soltó un grito y comenzó a correr también.

En eso, sentí cómo una ráfaga de viento pasó por mi cuerpo, haciendo que me pudiera mover y cayendo al césped. Noté cómo un grito inundó la estancia. La pequeña se había tropezado. Noté cómo el niño se dio la vuelta corriendo hacia ella. No dudé en levantarme también para acercarme hacia ellos. En el camino escuché los sollozos de la pobre niña.

—Vas a estar bien, confía en mí —escuché decirle.

Justo en ese momento el escenario cambió: ahora estaba en unas vías del metro. El corazón se me aceleró de golpe. Tengo que salir de aquí. Tengo que salir de aquí. Miré hacia los lados. Estaba en mitad de las vías, y se escuchaba el ruido del metro acercándose. Corrí como una loca hacia el lado para poder subirme y salir de las vías, pero cada vez que saltaba estas se hacían más grandes.

Me puse nerviosa, comencé a gritar y a llorar como una loca. La gente que pasaba por los lados ni siquiera me miraba, seguían con su actitud indiferente, como si yo no existiera. El corazón me iba cada vez más rápido, miré hacia los lados intentando buscar una salida, pero en vez de eso vi a mi abuelo. Estaba ahí, al frente de mí. No, esto no puede ser real. Cerré los ojos, gritando como una loca. Tenía que salir, no podía estar ocurriendo esto.

—¡Haley! ¡Haley! —su voz, esa voz, era la de mi abuelo. Me tapé las orejas con las manos, para así no escucharlo, no podía hacerlo.

—¡Ayuda, Haley! ¡Haley! —los gritos cada vez se hacían más fuertes.

—No eres real, no eres real —me susurraba a mí misma.

—¡Despierta, joder! —escuché decir.

Abrí los ojos de golpe. Solté un grito pasmada, asustada, y me moví bruscamente hacia el lado, donde caí de mi cama dándome un golpe en el suelo. Aturdida, pero aún con el corazón en el pecho, me enderecé en posición de ataque, encontrándome con Marie, que me observaba desde la cama, frunciendo el ceño.

—¿Estás bien? ¿Qué te paso? ¿Con qué soñabas?

Pestañeé unas cuantas veces. ¿Había sido un sueño? Claro que lo había sido, ya que ahora recordaba que había cosas que era imposible que ocurrieran en la vida real. Pero... se había sentido tan... cierto. Pensé en contárselo a Marie, pero al fin desvié el tema.

—¿Qué haces aquí?

—Auch, pero qué tono. Te dije que vendría a comer, y llegué hace... —esta miró su reloj con atención— dos minutos. Escuché tus gritos desde afuera, por lo que saqué la llave que esconde tu mamá en el macetero —me informó.

—¿Estaba gritando?

Esta abrió los ojos, mirándome atenta.

—Lo más probable es que llegue en cualquier momento una patrulla. Tus gritos deben haber asustado a todo el edificio. Yo pensaba que iba a patear unos traseros al entrar, pero solo eras tú con una pesadilla. ¿De qué iba? Para ponerte en ese estado debía de ser bastante horrorosa.

Asentí con la cabeza.

—¿Y?

—No quiero hablar de eso. ¿Mamá no ha llegado?

—Nop.

Solté un suspiro frustrado, y es que no tener celular me estaba empezando a molestar, por lo que le pedí a Marie que me prestara el suyo. Porque en nuestra línea telefónica fija no estaba permitido llamar a celulares por el gasto. Después de cuatro tonos, al fin cogió el teléfono.

—¿Vienes a comer?

—¿Haley? —esta soltó una carcajada, al parecer venía muy feliz. Bastante, para mi gusto. Puse los ojos en blanco, ya que si estaba borracha iba a vérselas conmigo.

—¿Dónde estás?

—¿Qué te sucede? Estoy llegando a casa ahora.

—¿Estás bebida?

—No, lo juro —se escuchó la voz de un hombre a su lado... Genial—. Voy a llegar en cinco minutos —esta bajó el tono de voz, pero igualmente se escuchó—. No, no voy a invitarte.

—¿Qué?

—No, no hablaba contigo. Llego en cinco —iba a cortar, pero esta al parecer no lo hizo sin darse cuenta.

Sé que estaba mal escuchar, pero la curiosidad me ganaba.

—Roy, tú no vas a comer en casa, entiéndelo —¿Estaba con Roy? ¿Había salido con él?

En eso, recordé esa cita para comer que Tyler me había contado, en la que mamá había salido con este. ¿Le habría ido bien?

—¿Por qué no? Haley me invita.

—La dueña de casa soy yo, así que tú no entras. Ya tengo mucho por hoy contigo.

—Vamos, si lo hemos pasado bien.

—Pero eso no significa meterte en mi casa.

—¿Es por Haley? Vamos, Anna, supéralo de una vez. Nos llevamos bien.

¿Por mí? ¿Qué tenía que ver yo en esto? No quería saber más, un escalofrío me recorrió de pies a cabeza. Entonces recordé las palabras de Tyler: Estoy seguro de que Roy es tu padre. Y ahora eso que tantas veces le negaba me estaba empezando a convencer.

Tyler

Ya era de noche y Mark Ross estaba en el jardín de nuestro hogar fumándose un cigarrillo a escondidas mientras miraba las estrellas, pensativo. Sí, me había prometido alejarme de todas las mentiras y secretos, pero luego de ver la pistola que llevaba consigo todo se fue a la mierda. Necesitaba saber para qué diablos la quería, puesto que yo creía que era para Aaron Grey, pero también había otras opciones, como Fernando Ross o él mismo.

Por eso lo seguí todo el día, aunque no pasó nada de otro mundo. Solo sabía que la pistola la había guardado en el maletín debajo de su cama. Y en mi cabeza aún me debatía si Haley tenía razón. Esto estaba mal. Matar a Aaron Grey no debía hacerme sentir bien, sino que debería sentirme horrible. Pero no podía, él me había matado. ¡Y por supuesto que quería devolverle el golpe!

Sonaba despiadado, pero no iba a mentir. La idea brillaba en mi cabeza, quería que él sufriera la misma pesadilla en la que yo estaba. Y si Haley no podía entenderlo no significaba que estuviera mal. Porque no lo estaba... ¿o sí?

Escuché unas pisadas detrás de Mark provenientes de alguien que venía hacia nosotros. Mark no intentó ocultar el cigarrillo ni tampoco mover la cabeza hacia la persona. No tenía ningún interés.

—¿Fumando? —la voz era de Diana.

Sí, la novia de James y la hermana de Aaron Grey e hija de Richard Grey. Zorra de cuarta. Mark, por su parte, le echó un vistazo para luego ni tomarle atención.

—¿Me das uno?

Este se encogió de hombros. Miró la cajetilla, que estaba encima de la mesilla de vidrio que había a un lado. Esta al tener su permiso caminó hacia ahí, donde le pidió que le prendiera el encendedor. Entonces Diana se acercó a Mark e hizo una calada. Esta no se movió, no acortó la distancia con Mark, pero se había quedado bastante cerca. Y yo sabía lo que quería.

—El auto me ha funcionado bastante bien, gracias a ti —esta pestañeó bastante, como para poner la típica cara que Lauren me hacía cuando quería que la besara frente a todos en el instituto.

—¿Ah sí? —Mark apartó la vista de ella, dando una calada.

—Sí. ¿Recuerdas el día que nos conocimos? —esta al parecer iba a seguir hablándole hasta que Mark cayera a sus pies. Mi hermano asintió con la cabeza—. Hoy me pasó lo mismo, solo que con mi jefa.

Mark, que seguía con el semblante duro e inexpresivo, lo relajó, mirándola esta vez con una leve sonrisa.

—Mientes.

—¡No, lo juro! Se me cayó todo el café encima de ella, ya sabes, estaba corriendo para no llegar tarde y choqué sin siquiera verla —Mark ahora sonreía de oreja a oreja, soltando una carcajada. Diana también lo hizo, dejando una sonrisa de diosa—. Fue vergonzoso.

Es que era bellísima. «No, Tyler, no caigas, es la hermana de Aaron Gay». Esta se pasó una mano por el cabello, desordenándoselo, mientras seguía sonriendo.

—¿Y qué te hizo? —le preguntó Mark, ahora con toda su atención en ella.

—Me sacó de un evento que había hoy por la noche, pero nada importante. Además, así podía venir a contártelo —esta le dio un empujón, acercándose aún más a él.

Diana empezó a darle caladas a su cigarrillo, y mientras tanto Mark aprovechó que esta no lo veía para mirarla, intrigado, y es que Diana al parecer estaba jugando bien sus cartas, cosa que me molestaba. Necesitaba que este me escuchara. Diana era mala, pero tan guapa que era imposible hasta para mí no caer en sus encantos.

—¿Y James? ¿Está dentro?

Bien Mark, así se hace. Noté que esta se demoró en responder, seguro que ni sabía qué diablos decir ante eso.

—Yo... —abrí los ojos sin creérmelo. Diana soltó un sollozo, y varias lágrimas comenzaron a caer por sus mejillas, temblando. Y antes de que Mark dijera algo se tiró a sus brazos, abrazándolo.

—Diana, ¿qué ocurrió? —Mark, que estaba igual de sorprendido que yo, dejó que esta se quedara ahí, mientras le acariciaba la espalda para calmar sus sollozos, que eran bastante fuertes.

—Fui a su habitación y... —esta demoró su respuesta, puesto que tenía la respiración entrecortada— estaba con alguien más. Escuché ruidos, pero nunca pensé en encontrármelo con... —esta no pudo terminar, pero ambos captamos la idea.

No le creía en nada, pero por su tan buena actuación hasta me daban ganas de ir a verificar si era cierto. Mark seguía siendo, muy dentro de él, Mark Ross. El hermano bueno. Así que este la siguió abrazando, consolándola, dejando el muro sin sentimientos que siempre estaba atado para ser dulce con Diana. «Maldita. Maldita. Maldita».

—No sabes cuánto me arrepiento de haberte hecho lo que te hice, Mark, realmente lo siento —esta se separó un poco de él, mirándolo a pocos centímetros—. Soy una estúpida, siempre aparto de mí a las personas que más quiero. Debes odiarme —esta volvió a soltar más lágrimas.

—¿Yo? ¿Odiarte? Vamos, no seas tan dramática.

Esta le sonrió de nuevo y Mark se iba a despegar de ella, pero Diana se lo impidió.

—No me sueltes, se siente bien volver a estar junto a ti.

Mark la miró, parpadeando, y noté que al fin tomaba conciencia.

—Diana... no quiero que confund...

«Estupendo, realmente estupendo». Esta había callado a Mark juntando sus labios. Al parecer había sobrevalorado a mi hermano, puesto que este ni siquiera forcejeó, sino que le siguió el beso sin dudarlo. «Maldita. Maldita. Maldita». La odiaba, aunque fuera jodidamente atractiva.

¿Y ahora qué? Diana ahora iba a cerciorarse de que Mark no abriera la boca, y mucho menos de que descubriera que ella era la hermana de Aaron. «Genial». Y yo, como un estúpido, seguía ahí parado mientras mi hermano y Diana se daban el lote a besos en el jardín.

Haley

—Roy, realmente eres el padre de ensueño —le comentó Marie mientras seguía riendo a carcajadas por su cara untada de mostaza.

Yo, en vez de reír, me quedé en silencio, observándolo. Y es así como había sido desde que había llegado con mamá, puesto que la teoría de Tyler ahora también formaba parte de mí. ¿Y si Roy era mi padre?

—Límpiate o no te dejo venir más —le comentó mi madre, parándose de su asiento para tomar unas cuantas servilletas, pero Roy la manchó a ella también, lo que hizo que Marie volviera a reír y mi madre soltara un grito.

—¡Te has echado al agua solo, Miller! Ahora me las pagarás —esta tomó el envase y lo apuntó a su rostro. Un chorro de mostaza estalló contra Roy, que se paró al instante riendo como un niño.

—¡Que me ha caído a la comida! —se quejó Marie, enfadada, al ver que su plato estaba untado del líquido amarillento.

—Qué dolor de cabeza que eres, Marie —comentó Roy molestándola, y esta, sin pensarlo dos veces, agarró la ensalada y se la arrojó en la cara. Mamá chocó los cinco con ella, guiñándole un ojo.

—Ven, Haley, tienes que ayudarme. Tu madre y Marie están locas —Roy intentaba no mancharse, pero ya era tarde.

No sabía si ir hacia él o no. Desde que había llegado con mamá apenas había abierto la boca, y es que el mero hecho de pensar que podría ser mi padre me ponía los pelos de punta. Entonces, ¿por qué me abandonó?

—¡Vamos, Haley! Yo sé que tú eres la buena de entre las tres, no me dejes morir.

Le eché un vistazo. Me sonreía de oreja a oreja. Y ahí me di cuenta de que Roy era una buena persona, y de que quizás, si había alguna posibilidad de que fuera mi padre, no me había abandonado porque sí, tendría una razón. Me levanté de mi asiento, sonriendo al fin.

Me adentré a ayudarlo, pero como era tan despistada me resbalé con la mostaza del suelo cayendo de bruces, ganándome carcajadas de todos los presentes.

—¿Realmente Roy crees que vas a ganarnos con eso? —Marie se reía de mí, y yo la miraba con los ojos entrecerrados.

—Ya, vas a ver qué puede hacer esto —me levanté de un salto y tomé la botella de bebida batiéndola rápidamente, y la abrí mientras Marie me miraba con los ojos abiertos de par en par.

—No te atreverás.

—Oh, sí —fue lo último que dije antes de abrir la botella, cuando el gas hizo que saliera a chorros hacia donde estaba Marie, mojándola por completo.

Una satisfacción me invadió de pies a cabeza. Miré a Roy y a mi madre, que estaban atragantándose de la risa, y me imaginé qué hubiera sido tener todos los días así. Con un padre, con Roy. presente. Todos esos problemas de dinero, de trabajo, de instituto, de comida, de electricidad, de gas, de ropa, de borracheras. Todos ellos, no hubieran existido y podríamos ser una familia feliz.

El punto era: ¿por qué no lo habíamos sido? ¿Qué había ocurrido para que mi madre hubiera alejado a Roy? ¿O que este se hubiera alejado de nosotras?

Tyler

Hoy no iba a suplicarle a Haley que me hablara. Estábamos en el instituto, las clases habían comenzado y desde hoy por la mañana que ninguno de los dos nos habíamos dirigido la palabra. Aunque noté que quería decirme algo, ni la miré. Aquí el enojado y ofendido debía ser yo. Le tocaba a Haley pedirme perdón por haberse pasado conmigo el día anterior.

En fin, ahora estaba caminando por los pasillos mientras Haley estaba con la profesora Torres hablando sobre literatura, seguramente. Así que ahí fue cuando nos separamos, y ahora yo buscaba algo de acción, como siempre. Pero mientras los iba observando a todos, noté que Marie Acuña estaba mirando el vitral de mi memorial. Este estaba en una de las paredes de vidrio, y dentro había unas cuantas fotos mías y dos trofeos de temporadas en las cuales fui capitán.

En eso, noté que ella estaba leyendo lo que habían escrito de mí muy concentrada. Tanto que ni notó cuando James pasó a su lado, y al igual que yo frenó su camino para mirarla con atención sin que ella se diera cuenta.

—¡Ei, Ross! Vamos a estar en las gradas. ¿Vienes? —dijo uno de sus amigos, que estaba a unos metros de distancia.

—Sí, vayan por mientras, ahí los alcanzo —respondió él, a lo que Marie al escuchar su voz tan próxima a ella se dio la vuelta de golpe.