Mi vida, a medias con mi vecino - Michael Fontain - E-Book

Mi vida, a medias con mi vecino E-Book

Michael Fontain

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Rápido, audaz, realista y con un suspense que te dejará sin aliento....

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Seitenzahl: 54

Veröffentlichungsjahr: 2021

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De tu familia que te quiere.

Empecemos. Hace un tiempo, visitamos una ciudad de la que nos habían hablado mucho y muy bien, tanto por su clima, calidad de vida, carácter de las personas, bien comunicada para poder prescindir del transporte propio, moderna y con una gran ventaja: estaba ubicada entre mar y montaña. Increíble pero nos pareció una buena apuesta.

Cuando llegamos y después de instalarnos en el hotel, preguntamos quien nos podía ayudar a encontrar una vivienda en la ciudad que fuera asequible pues queríamos pasar una buena temporada para conocer ese sitio de que tan bien nos habían hablado. Fue tan sorprendente que a la mañana siguiente nos propusieron un piso pequeño pero, al fin era solo para nosotros dos: mi mujer y yo. Tenia todo lo necesario y con vistas al mar!.

Al día siguiente firme el contrato y nos instalamos

Era una finca pequeña, de cuatro plantas y dos vecinos por planta, teníamos una pequeña terraza donde por la mañana podíamos tomar el desayuno en ella viendo el mar y el trajín de la gente disfrutando de la playa.

Ah perdón. Somos un matrimonio (casados hace 35 años) y estamos jubilados. Afortunadamente también tenemos una salud muy aceptable dentro de la edad: yo 68 y ella 65. Es verdad que, sobre todo yo, he tenido algún susto que otro, pero no me lamento. Económicamente no estamos mal ya que podemos permitirnos algún capricho que otro. Tenemos dos hijos de los cuales tenemos también dos nietos, preciosos, pero mucho trabajo para nosotros y como afortunadamente ellos, nuestros hijos, son muy capaces, nosotros intentamos vivir nuestra tercera parte de vida lo mejor posible, con el común acuerdo de ellos y sin perdernos de vista, por si acaso nos necesitamos mutuamente.

Una vez nos hemos presentado a Vd. querido lector solo me resta decirle que yo me llamo Roberto y mi mujer Carolina.

Empezamos a vivir el día a día y lo primero que mi mujer propuso es presentarnos a nuestro vecino de planta, comunicándole que eramos sus nuevos vecinos. Llamamos sobre las diez de la mañana, queríamos salir,provisiones., comida bebidas, latas etc.

–Buenos días–Nos abrió la puerta un señor más o menos de nuestra edad, con una muy buena presencia: iba vestido con pantalón de pijama y camiseta de manga corta , pues estábamos en primavera y el tiempo era excelente.

–Hola somos sus nuevos vecinos yo Roberto y ella, mi mujer, Carolina – Le alargue la mano y me la estrechó y también a Carolina. Con una sonrisa muy agradable, llamó a su mujer para que viniera a conocernos también mientras todavía no había dejado la mano de mi mujer.

–Me llamo Julio y mi mujer Encarnita–Encarnita enseguida le dió un beso a mi mujer y otro a mi. Carolina hizo lo mismo.

–Julio, como nuevos vecinos venimos a ofrecerles nuestra casa y si necesitan cualquier cosa no duden en decirlo, pues entendemos que entre vecinos debe de ser así – él me contesta que igual para nosotros y que estaban encantados de conocernos.

Una vez hecha la presentación les dijimos que nos íbamos porque debíamos hacer compras, les preguntamos si había alguna área comercial cerca y rápidamente Encarnita se entendió con mi mujer.

Nos despedimos deseándonos mutuamente encontrarnos pronto para tomar un café.

Una vez realizadas todas las compras acordamos una hora de entrega y aprovechamos para ir a comer cerca de la playa. Dimos con un restaurante pequeño pero con encanto, por el lugar, por la decoración y sobre todo por la comida; precio justo y servicio perfecto. Mi mujer, encantada por el sitio me hizo el comentario de que la recomendación de venir a esta ciudad iba por buen camino.

Después de caminar un rato por la zona decidimos irnos para casa pues tenían que traer toda la compra que habíamos hecho por la mañana y la teníamos que organizar. Llegamos sobre las seis de la tarde y como si lo tuvieran previsto al cabo de cinco minutos llaman a la puerta para realizar la entrega !fantástico¡

Una vez todo organizado, nos dimos una ducha. Carolina estaba preparando la cena cuando llamaron a la puerta. Fui a ver quien era.

–Hombre Julio ¿qué tal? ¿Qué deseas? ¿en qué te puedo ayudar?

–Roberto, no...nada, solo que mi mujer, Encarnita, me dijo que os invitara después de cenar a tomar una copa a nuestra casa para celebrar vuestra llegada a esta ciudad y ser vecinos nuestros.

–Espera Julio que lo pregunto a Carolina, pero la verdad es que hoy estamos bastante cansados y queremos ir ha descansar pronto, si te parece mañana podemos tomar café después de comer, estaremos mejor, mas descansados,¿te parece bien Julio?

–Quedamos así, yo se lo digo a Encarnita, ¡hasta mañana! ¡buenas noches!

–Igualmente Julio, hasta mañana.

Por la mañana, fuimos a una oficina de información turística para que nos orientaran (nosotros por internet ya hemos sacado nuestras rutas, lugares a visitar e incluso restaurantes) pero el contacto personal también va muy bien.

Después fuimos ha comprar unas pastas o algo dulce para tomarlo con el café en casa de Julio y Encarnita pero ntes pasamos por una tienda porque Carolina me dijo de comprar una gorra para protegerme del sol, pues en dos días tenia la cara como un cangrejo. En la tienda también compramos una crema protectora para los dos.La gorra que me compre era «anónima», quiero decir que no te tenia ningún logotipo; era lisa.

Dimos un paseo en dirección a casa y al pasar por una vinoteca compramos una botella de vino para comer. Ya en casa, Carolina preparo la comida: una pequeña ensalada y carne a la plancha y no podía faltar una copa de vino. Cuando recogimos todo, nos arreglamos y llamé a la puerta de mi vecino Julio para decirle a que hora veníamos a tomar el café.

–¡Hola Roberto!–me saludó de una forma tan efusiva que me contagió su optimismo – ¿podemos pasar?.

–Pasad cuando queráis, nosotros hemos comido ya , acostumbramos a hacerlo pronto.

–Perfecto Julio, aviso a Carolina y pasamos– le dejé la puerta de su casa abierta y fui a avisar a mi mujer y coger las pastas.

–Hola, ¿podemos pasar?.

–Pasad, pasad–respondió Encarnita desde su comedor. –¡y cerrad la puerta, por favor!–

Cerramos la puerta y nos dirigimos al comedor; mi mujer llevaba en la mano la bandeja con las pasta que habíamos comprado para la ocasión. Por lo que vimos Encarnita era una mujer muy ordenada, todo en su sitio: en la mesa de centro junto a los sofás, preparada ya la bandeja con su tetera para leche y otra para café y un juego de platos y tazas que no se si lo estrenaba ese día pero estaba perfecto y precioso.

Mi mujer le dio la bandeja a Encarnita y habló de que ya se había perdido la tradición y nos dio las gracias.