Misterios de Úbeda - N. Exvil - E-Book

Misterios de Úbeda E-Book

N. Exvil

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Beschreibung

Una ciudad y miles de historias. Una forma diferente de descubrirlas, donde el protagonista será el narrador. ¿Creías que las conocías todas? Seguro que más de una te sorprenderá. Realidad o leyenda, el misterio está servido en estos relatos. Adéntrate en ellos y descubre la otra cara de la ciudad de  Úbeda , lo que sus gentes vivieron hace muchos años.

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Seitenzahl: 100

Veröffentlichungsjahr: 2019

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N. EXVIL

MISTERIOS DE ÚBEDA

EXLIBRIC

MISTERIOS DE ÚBEDA

© Noelia Expósito Vilches (N. Exvil)

Diseño de portada: Dpto. de Diseño Gráfico Exlibric

Iª edición

© ExLibric, 2019.

Editado por: ExLibric

c/ Cueva de Viera, 2, Local 3

Centro Negocios CADI

29200 Antequera (Málaga)

Teléfono: 952 70 60 04

Fax: 952 84 55 03

Correo electrónico: [email protected]

Internet: www.exlibric.com

Reservados todos los derechos de publicación en cualquier idioma.

Según el Código Penal vigente ninguna parte de este o

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artística o científica.

N. EXVIL

MISTERIOS DE ÚBEDA

Índice de contenido
Portada
Título
Copyright
Índice
Prólogo
Agradecimientos
LEYENDAS
LA TÚNICA DEL MUERTO
EL HIDALGO DE BRAGUETA
LA ENTREGA DE UBBADAT
LA PETICIÓN DE FRANCISCO DE LOS COBOS
AMOR EN EL ARCO DE LA PUERTA DE GRANADA
EL COSTALERO DESCONOCIDO
CATACUMBAS DEL HOSPITAL DE SANTIAGO
LA TENTACIÓN DE LA MONJA
LOS SUSURROS DEL REAL
LOS SANTOS VARONES
EL RELIEVE DE SANTIAGO
LA PUÑALADA TRAPERA
LA HIJA DE LOS CONDES
LA TÚNICA DEL MISIONERO

A mi hija, Elsa, y a mi sobrina Zaira, para que descubran las historias de esta ciudad

Prólogo

Úbeda es una ciudad con una gran historia. Por ello, también sus misterios y leyendas son amplios y variados. Si bien es cierto que ya escribí un libro anterior con esta temática, llamado Leyendas tras la historia. Úbeda, en él únicamente destaqué diez leyendas, de las cuales la mayoría son por todos conocidas o se ha oído hablar de ellas. En este libro me dispongo a rescatar otras cuantas de estas historias que se contaban y que para muchos son ya cosa del olvido, dejando de esta forma un legado del misterio de la ciudad para que recuerden los más mayores y conozcan los más jóvenes, evitando que se pierdan y, de este modo, consiguiendo enriquecer la cultura de Úbeda.

Como en el anterior, en este también estarán esas historias que nos contaban nuestros padres, nuestros abuelos, a los que se las contaban los suyos, porque es una tradición que se está perdiendo y no se ha de olvidar. Aunque no solo aparecerán estas, sino que habrá otras más recientes, anécdotas que ya se pueden catalogar de leyendas.

Mi estilo de escribirlas es un tanto peculiar, pues no seré yo realmente quien las cuente, sino que, al igual que en el anterior, serán los personajes, aquellos que las vivieron, que son protagonistas de estas historias, los que se las hagan llegar de un modo muy especial y a su propio estilo. Obviamente, si hubiera alguna que careciera de dicho personaje, la narraré de una forma peculiar y amena para que disfruten de esta lectura y conozcan la otra historia de Úbeda, cerrando de este modo el ciclo de leyendas de esta ciudad y esperando que no se quede ninguna en el tintero, pues de ellas no me quisiera olvidar.

He de advertir que en este ejemplar no encontrarán las ya incluidas en Leyendas tras la historia. Úbeda, por lo que les invito a que lo adquieran, si no lo poseen ya, para conocer esas diez leyendas restantes. También me es grato informar de que el libro se ha convertido en una ruta visitable en Úbeda y que regalan el ejemplar en ella, a través de la empresa Fenice.

Este libro cuenta con más de diez historias. Algunas de ellas me han ayudado a recopilarlas ciudadanos interesados en que esas historias, que para ellos son especiales, no se perdieran; personas que han leído el anterior libro y les ha gustado la forma de contarlo. Por eso les dedicaré unas breves palabras para agradecerles su aportación en el apartado de agradecimientos.

Espero que disfruten de su lectura, porque yo disfruté escribiéndolo.

Noelia Expósito Vilches

Agradecimientos

Quisiera empezar agradeciendo a esta editorial, que ha hecho posible que este libro haya visto la luz y no se haya quedado olvidado en un cajón, porque sin ella no les llegaría a ustedes y no podrían disfrutar de estas maravillosas historias.

A Carlos, mi marido, por las horas de investigación que ha pasado conmigo en esta temática, por su apoyo, por su ánimo a publicar la primera obra y por ser mi lector más fiel.

A mi familia, que me apoyó desde pequeña para que escribiera y que siempre va a todas las presentaciones que hago, sean donde sean.

A mi peque, Elsa, por dejarme ese tiempo para poder escribir y ser tan buena, mi musa en las noches de escritura, pues esto lo hago por ella.

A Mónica de la Cruz Pereira, mi escritora de fantasía favorita, por su disposición a escribirme el prólogo de Jaslia. En la soledad de la calle, por sus largas conversaciones al teléfono, que me animaban a seguir escribiendo, y por convertirse en una buena amiga, un gran apoyo en este mundo tan solitario del escritor.

A los que ya no están aquí, pero siempre estuvieron ahí y no se les olvida con el paso del tiempo. Este libro va por ellos, que siempre permanecieron juntos y que ya descansan juntos.

A los que adquirieron la primera obra, que me dieron la oportunidad de colarme durante un rato en sus hogares para hacerles llegar mis historias y mi estilo de escribir. Gracias por confiar en una escritora novel y por animarme a escribir esta segunda parte.

A los que compraron el segundo libro, que, si bien era de una temática muy distinta, volvieron a darme una oportunidad de dejarles llegar mi narrativa, pues sin ellos seguramente no iríamos por el tercero.

A aquellos que van a las presentaciones, en especial a los que me han acompañado como presentadores y personajes en la mesa, que me ayudaron a amenizar ese rato y que son capaces de escuchar y de difundir el nuevo libro y comparten conmigo ese momento de gran ilusión.

A las personas que en este libro han querido aportar su granito de arena con una leyenda porque querían verla escrita de esta forma tan peculiar, como es el caso de Rafael Carvajal García, que no quería que se perdiera la leyenda de la túnica del muerto. Por ello, será esta la que dé comienzo a este nuevo libro, que se empezó a crear en aquel café.

A Amparo Jódar Quesada y Ginés Jimena Molina, que me recordaron algunas historias que ya tenía olvidadas o que eran desconocidas para mí y me animaron a seguir escribiendo.

Y en especial a todos los que van a leer este libro, porque hacen posible que yo siga escribiendo. Sin ustedes esto no sería posible.

Gracias.

LEYENDAS

LA TÚNICA DEL MUERTO

Si me permiten, me gustaría poder contarles aquello que me pasó antaño. Tal vez les resulte peculiar o anómala, mas es una historia breve en labios de un humilde servidor. He de decir que mi familia no es poderosa, ni siquiera es conocida en esta ciudad de Úbeda, pero aun así me gustaría que la escucharan. Es una curiosa vivencia la que tuve en ese momento y que aquí les quiero relatar. Espero expresarme bien, pues no fui a la escuela y lo que aprendí fue de la calle.

Mi nombre es poco común en la zona, pero lo eligió con mucho cariño, puesto que era un nombre que le gustaba mucho, mi santa madre y con el amor que le tenía lo llevo con todo orgullo. Me llamo Tadeo, aunque me conocen en mi barrio por un mote que me pusieron siendo ya mocico. Verán, este me viene de un percance que sufrí en una de mis piernas y que me dejó una cojera difícil de disimular. De ahí que desde entonces me conocieran como Tadeo el cojo. La verdad es que tenía mucho sentido el mote.

Mi casa estaba en el barrio de San Millán, un barrio de albañiles y gente muy humilde y sencilla. Creo que se podrán hacer una idea de cuál era mi oficio. Sí, era albañil. Mi trabajo me llevó al percance que dio con mi mote, pues un día caí del andamio y, al apoyar mal la pierna, esta quedó maltrecha. Pero eso es otra historia, que no viene a cuento ahora, aunque sí que quiero que les sirva para situarse en quién era. Que no quiero que luego se confundan o se pierdan.

A ver, hum… Vale, volvamos a mi historia, que me voy por los cerros. En fin, en mi casa el dinero he de reconocer que era muy escaso; apenas nos llegaba para llevarnos un trozo de pan a la boca. Aun así, desde niño había tenido una gran ilusión, que jamás perdí, y es que quería comprarme una túnica para salir en la procesión de Semana Santa. Entiendan que no era una túnica cualquiera; tampoco la cofradía lo era. Yo quería la túnica de la Virgen de la Soledad. Aunque el nombre de la cofradía es un poquito más largo: Cofradía de Nuestra Señora de la Soledad y María Magdalena. Ea, ahí es na. Les he de decir que esta empezó siendo una sociedad benéfica de albañiles y que es una de las más antiguas que existen en la ciudad, pues se fundó allá por 1554.

La túnica que tanta ilusión me hacía llevar estaba compuesta por un paño negro con bocamangas de bayeta blanca y encaje en blanco y negro, un peto blanco triangular en el que se luce el escudo de la hermandad, cíngulo blanco de tela, que termina en unas bolas blancas, y capucha de paño negro con cuello de gola de encaje blanco y negro. Como ven, no es una túnica más; es única. Para mí, la mejor. Sé que ha sonado muy profesional, pero esas palabras me las aprendí de memoria al leérmelas de los estatutos un amigo. Pero vamos, lo que viene siendo una túnica de tela recia negra y con cosas en blanco. Era la de la cofradía con la que soñaba desde niño y en la que no había podido salir jamás por el dinero. Prodigioso caballero don dinero: si lo tienes haces de todo y si no, sueñas con tenerlo.

Por desgracia para mis intereses, al quedarme cojo el tajo disminuyó y la economía de mi casa se vio afectada de una manera… Bueno, no diré esa palabra, pero se notó más de la cuenta. Había días en que el pan no entraba en casa, algo que me fastidiaba sobre todo por mis hijos, que aún eran muy pequeños para poder ayudar. Aunque siempre había alguna vecina que les daba un hoyo de pan y aceite para llevarse a la boca. A ellos no les faltaba de nada. Como no podía ser de otra manera, mi sueño, el de poder salir acompañando a la Virgen de la Soledad en procesión con mi túnica, se alejaba cada vez más. Debía ser realista. Primero estaba el mantener mi casa y luego, los caprichos. Al fin y al cabo, los sueños eran eso, sueños, y los pobres solo podemos optar a eso.

Mi mujer sabía de mi pena y me propuso un trato. Preparó un tarro en la cocina, donde metería lo poco que pudiera ahorrar y lo guardaría para poder comprarme mi túnica. A cambio, lo único que me pedía es que entendiera que si sufríamos alguna necesidad y debía usarlo no me debía enfadar con ella. Una santa ella, que estiraba lo poco que ganaba con gran maestría.