Mythology Quest - Lisandro Miño - E-Book

Mythology Quest E-Book

Lisandro Miño

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Beschreibung

Mythology Quest es un juego de realidad virtual de acción en tiempo real inspirado en las mitologías más conocidas, donde cientos de jugadores hispanohablantes se reúnen para vivir épicas aventuras, recorrer asombrosos mapas, desafiar a dioses y bestias extraordinarias, y realizar un sinfín de misiones. En este mundo, un grupo de amigos decide hacer su máximo esfuerzo para ganar la Guerra de Clanes que está por llegar. ¿Tendrán lo necesario para alcanzar la gloria? "Saga Online: Mythology Quest" es una novela que te traslada a un mundo lleno de increíbles paisajes, leyendas y criaturas míticas, con precisas e impresionantes secuencias de acción y combate. En estas páginas, podrás sumergirte en un divertido relato que te hará disfrutar de todo aquello que nos hace amar a los videojuegos.

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Seitenzahl: 174

Veröffentlichungsjahr: 2021

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LISANDRO MIÑO

Dirección editorial: Natalia Hatt

Diseño de tapa: H Kramer

Diagramación y corrección: Natalia Hatt

Fotografía: Giuliana Rubiano

Miño, Lisandro

Mythology Quest / Lisandro Miño. - 1a ed. - Paraná : Vanadis, 2021.

Libro digital, EPUB

Archivo Digital: descarga y online

ISBN 978-987-48061-7-8

1. Narrativa Argentina. 2. Literatura Juvenil. 3. Ciencia Ficción. I. Título.

CDD A863.9283

© 2021 Lisandro Miño

© 2021 Autopublicarte

www.autopublicarte.com

Todos los derechos reservados. Prohibidos, dentro de los límites establecidos por la ley, la reproducción total o parcial de esta obra, el almacenamiento o transmisión por cualquier medio, las fotocopias o cualquier otra forma de cesión de la obra sin previa autorización escrita del propietario de los derechos de autor.

Queda hecho el depósito que previene la ley 11.723.

25 de Mayo 838 1D, Paraná, Entre Ríos. Octubre de 2021.

TABLA DE CONTENIDO

PRÓLOGO

I. BATALLA EN EL MAR DE SANGRE

II. LA LLAVE AL TAKAMAGAHARA

III. EL ANUNCIO

IV. AMENONUHOKO

V. GUERRA DE CLANES

VI. ARMAS SAGRADAS

VII. LO QUE SIGUE

EXTRA #1

EXTRA #2

EXTRA #3

GLOSARIO

SOBRE EL AUTOR

Aunque el mundo de Mythology Quest y sus personajes nacen pura y enteramente de la imaginación del autor, los hechos que leerás en las siguientes páginas están libremente inspirados y adaptados de eventos que en verdad le sucedieron a él en sus años jugando en línea.

¡Que lo disfrutes!

Una vez matamos a un dragón que se decía imposible de vencer. Alguna otra vuelta nos perdimos en una caverna y ni muriendo parecía que podríamos salir, e igual escapamos. Recuerdo una larguísima batalla donde nos la pasamos arrinconados y, más por tercos que por hábiles, la volteamos y ganamos.

Le dedico esta historia a los que me acompañaron en esas aventuras.

PRÓLOGO

Raíces de Yggdrasil

F

irwe, con una lanza en la mano izquierda y una catana envainada en el cinturón, cruzó el túnel de piedra gris ubicado en el subsuelo del mapa. Había moho por todas partes y la oscuridad se alternaba con pequeños haces de luz que se filtraban por los agujeros del techo.

En medio del ruido de los pasos, poco antes de salir a la superficie, a los oídos de Firwe llegó la voz de su hermano, Honrey:

—Somos tres con vos, vamos en camino.

—Voy primero, apúrense —respondió el lancero, y aceleró hasta alcanzar su velocidad máxima.

Salió del túnel mediante una pendiente y el brillo del cercano sol lo obligó a bajar la cabeza y cerrar los ojos. Un espadachín aprovechó ese instante para atacar por sorpresa al salir desde detrás de una de las enormes raíces del legendario árbol Yggdrasil.

Firwe, rápido de manos, clavó su lanza en el suelo y desenvainó su catana, utilizó el filo como escudo, contraatacó y asestó un combo de siete cortes sobre su oponente, dejándolo tirado.

Un mago se mostró e invocó una prominente bola de fuego que quemó y lanzó a Firwe contra una muralla.

—¡Vengan rápido! —gritó el lancero a sus compañeros de equipo.

Un tercer contrincante apareció cayendo desde el cielo y perfiló su martillo para aplastar. Firwe creó una cúpula de hielo y previno el impacto. Una llamarada del mago acabó con esa defensa y, ya sin barreras de por medio, el martillo golpeó al de la catana, y lo lanzó de regreso a la salida del túnel.

Firwe se puso de pie, envainó su arma y recuperó su lanza. Sabía que sus compañeros no lo salvarían, quedaba luchar para que su sacrificio no fuese en vano. Usó una habilidad que lo envolvió en aura blanca: ganó velocidad y fuerza de ataque a costa de perder resistencia, y arremetió contra el fortachón del martillo; o al menos eso les hizo creer a todos.

Los tres enemigos concentraron sus skills en un punto y fallaron porque su objetivo hizo una finta y se movió por un lateral.

Ágil como pocos, Firwe se colocó delante del mago y le dio una primera estocada para arrojarlo hacia lo alto. En el aire lo cortó cinco veces y, antes de que los otros pudiesen intervenir, invocó su mejor habilidad: hizo crecer su lanza al envolverla con poderes de hielo, la lanzó y logró que perforase y se llevara al mago por el cielo.

El intenso combate continuó por un minuto más.

Honrey, que portaba un arco recurvo y un carcaj de flechas negras, llegó al final del túnel acompañado por un espadachín aliado. Al frenarse en la salida, vio a Firwe muerto sobre una de las tantas raíces que rodeaban el gran árbol. No muy lejos se encontraba el mago empalado y congelado a mitad de un tronco interminable.

—¡No te separes! —le ordenó el arquero a su aliado.

Sus palabras no sirvieron de nada, pues los espadachines de ambos bandos se entrelazaron en un enfrentamiento en medio del escenario. El arquero no tuvo otra opción más que apuntarle al que usaba el martillo.

—Tiene una armadura antiproyectiles —dijo un pequeño fantasma con forma de sábana. Era el fantasma de Firwe.

—Eso es bueno —comentó Honrey, que guardó la flecha que tenía preparada, tomó su arco con ambas manos y lo giró en sentidos opuestos, separándolo en dos. Un pequeño resplandor transformó las partes en dos dagas largas.

El del martillo necesitaba de mucha fuerza para blandir su prominente arma; eso lo desproveía de velocidad y capacidad de evasión. A Honrey le bastó con repetir una y otra vez la misma jugada: esperar el ataque rival, evitarlo, dar uno o dos cortes y alejarse.

El golpe definitivo sucedió pronto. El del martillo cayó muerto ante las dagas envueltas en llamas. Honrey apagó su fuego, unió sus dagas, invocó su arco de regreso, y disparó un montón de flechas contra el espadachín enemigo, que era el último que quedaba por aniquilar.

El equipo al que pertenecían Firwe y Honrey ganó. Los muertos revivieron, y cada usuario fue teletransportado a una ubicación diferente del escenario.

Los jugadores estaban en un torneo de Player versus Player en equipos de ocho. Se estaba disputando una de las llaves de los cuartos de final y el contador se igualaba en dos victorias para cada lado.

Comenzó la cuenta regresiva para la última ronda.

I. BATALLA EN EL MAR DE SANGRE

Ciudad de Midgar

M

ythology Quest Online era un videojuego de realidad virtual de mundo abierto. Una de sus características más destacadas era su gigantesco mapa que se dividía en cinco naciones y tres zonas llamadas Territorios Salvajes. La nación que más al norte se ubicaba era Tierras de Yggdrasil, inspirada libremente en la mitología nórdica.

Según la historia del juego, en las Tierras de Yggdrasil había siete ciudades autónomas. Midgar era la más extensa y poblada, y concentraba las tiendas y los NPCs más relevantes. Su territorio se dividía en dos: la parte rica, resguardada por altas murallas de madera; y la parte exterior, una zona empobrecida.

Un jugador podía pasearse de un sector al otro sin problemas, podía correr por las calles siempre húmedas, meterse entre los callejones de las casas altas y visitar el edificio central, donde el Rey de Midgar daba las mejores misiones.

Entre medio de tanto personaje vikingo y usuarios yendo y viniendo, una nueva jugadora llamada Hikari, ingresó al juego. Era una joven hondureña cuyo avatar destacaba por su largo cabello negro y sus ojos rosados brillantes. Como tenía el vestuario básico de una recién llegada, de inmediato llamó la atención de aquellos que no desaprovechan ninguna oportunidad para intentar conseguir al fin una novia.

«¿Puedo guiarla, señorita?», se mostró el primer acosador, parándose delante. «Venga conmigo, yo soy uno de los mejores» presumió otro, que era obvio que mentía. «No te preocupes, muchacha, heme aquí para salvarla de estos idiotas», habló un tercero.

Hikari dio varios pasos atrás deseando evitarlos, y chocó contra un corral de gallinas que le impidió seguir retrocediendo. Tuvo que soportar el palabrerío hasta que, a lo lejos, apareció el verdadero salvador.

—¡Firwe! —gritó ella y, abriéndose camino entre empujones, corrió hasta alcanzar a su amigo—. ¡Huyamos! —pidió.

Planicie de Brávelli

Si bien Hikari solo quería escapar de los acosadores, para Firwe fue mejor abandonar la ciudad para evitar el lag que generaba la conglomeración.

Al salir de Midgar por el norte, se encontraron con una larga planicie de pasto muy verde, con ligeras elevaciones y desniveles, rocas enormes por doquier y algún que otro fino camino de agua. Abundaban los animales de bajo nivel y cada tanto spawneaban soldados esqueleto. Era de noche y el firmamento brillaba de punta a punta dando la sensación de encerrarlo todo en una hermosa cúpula de estrellas.

Firwe se sentó en una roca elevada, activó una pantalla holográfica y táctil, y le envió solicitud de amistad a Hikari. Ella aceptó, y después recibió una solicitud de party. Al crearse el grupo, pudieron ver el nivel del otro: 70, y 1.

—¿Ya pensaste qué armas o qué magia vas a querer? —preguntó el de la lanza.

La chica nueva no supo responder.

—Por tu silencio, puedo adivinar que tu hermano no te orientó en nada.

La chica nueva movió la cabeza de lado a lado diciendo que no.

—¿Ves esto? —Firwe enseñó su lanza, una naginata negra—. Es mi arma principal, soy un guerrero de media distancia… Mi arma secundaria sirve cuando se me aproximan demasiado. —Levantó su catana envainada, cuyo nombre era muramasa. Se puso de pie e invocó magia: desde sus pies nació un camino de hielo que avanzó rápido varios metros por el suelo y terminó sorpresivamente en forma de estalagmita—. A la lanza y a la catana las combinó con hechizos de hielo.

Hikari aplaudió asombrada.

—En Mythology Quest podés dominar armas y magias según tu gusto. Lo ideal es que elijas alguna combinación con la que te sientas cómoda. Mientras más uses un arma o una magia para derrotar monstruos, jefes y otros jugadores, más se fortalece tu dominio. Si, por ejemplo, me das arco y flechas ahora, no sería más fuerte que vos utilizando arco y flechas… Dame una lanza y puedo pasar por encima de todos sin problemas.

Firwe había querido resumir así el funcionamiento del juego que disfrutaba desde hacía casi un año.

—Y… ¿Qué arma vas a elegir? —preguntó de nuevo.

La chica seguía sin saber qué responder.

Para facilitar las cosas, Firwe llevó a su amiga al cuartel de Midgar para que le asignaran un hacha.

—Más adelante decidirás si cambiar o no de arma, lo importante es que pruebes la mecánica —explicó él.

De regreso en la planicie, y siguiendo las indicaciones de su amigo experimentado, Hikari se enfrentó contra un Ciervo rojo. Fue difícil, el animal era escurridizo y quería escapar a como diese lugar. Hubo una persecución de tres minutos. Pasaron por encima de agua, saltaron por rocas, ella se cayó en un desnivel y tuvo que recuperarse rápido para no perder a su presa. Con mucho esfuerzo consiguió asestar el golpe de gracia, el ciervo cayó de costado, desapareció con el viento y dejó en el suelo algunos ítems, como pelaje y carne de bestia.

Hikari aprendió que en Mythology Quest no se luchaba contra un gran número de monstruos, bastaba con vencer a unos pocos para ganar la experiencia deseada. El equilibrio radicaba en que derrotar a las criaturas siempre era complejo.

—Si te cansás con un Ciervo rojo nivel 1, ¿cómo vas a hacer para ganarle a una Harpía de nivel 30? ¿O a los Pixiu hacia el 60? —La molestó Firwe.

—¡No me fastidies! —Hikari, enojada, lo miró feo y fue a perseguir a otro ciervo.

La jugadora subió al nivel 3 cuando comenzó a amanecer en la planicie y el entorno se entintó de violeta.

—Espera acá —dijo el lancero, le dejó una poción de vida a su amiga y se fue corriendo.

Regresó trotando, saludando desde lejos, siendo perseguido por un esqueleto. Hikari se asustó, y se aterrorizó al deducir que debía ser ella quien derrotase a esa cosa.

—Tené cuidado, parecen torpes hasta que de la nada aceleran. —Fue la única recomendación que el joven le dio.

El esqueleto tenía huesos negros, una completa y amarillenta dentadura, armadura blanca, casco ridículo, un pequeño escudo y una larga espada. Se movía temblando, lento y gracioso, como si fuese a romperse.

Hikari se paró delante del monstruo. Aunque tenía miedo, estaba segura de que lo vencería. Esa seguridad se esfumó en el instante en que, tal y como advirtió Firwe, el esqueleto cambió su velocidad, volviéndose tan rápido que acertó un espadazo imprevisto.

Hikari sufrió un daño importante. Se recompuso y usó su pequeña hacha para interceptar los siguientes cortes. Tras varios choques, la chica trastabilló y cayó de espalda. Se levantó a tiempo y comenzó a correr, siendo perseguida por el montón de huesos.

Firwe le gritó instrucciones y ella lo obedeció al pie de la letra: esperó, esquivó tres espadazos y dio un fuerte hachazo. Retrocedió y repitió el proceso cuatro veces. A la quinta parecía que iba a ganar, pero los nervios le jugaron en contra y no pudo moverse bien, recibió daño y volvió a caer.

Esta vez, Hikari fue lenta para levantarse. El esqueleto levantó su arma… y una magia de hielo lo congeló.

—¡Dale un hachazo! —alentó Firwe.

Hikari, muy enojada, hizo añicos al inmóvil esqueleto. Subió al nivel 4 y lo celebró. Quiso correr hacia Firwe para festejar juntos, y vio que había alguien más con ellos. Se detuvo sin ganas de acercarse.

El recién llegado era Nime, el hermano de Hikari, un guerrero con armadura y dos espadas cruzadas en la espalda, todo de color negro.

—¿Listo? ¿Ahora sí vamos a levear? —Le propuso el espadachín a Firwe, fingiendo que su hermana no estaba allí.

—En realidad, ya me estoy yendo a dormir. Es tarde acá.—Fue la respuesta.

Firwe era argentino, tenía tres horas de ventaja con respecto a Honduras.

En lo que Nime estiró la cara, el lancero le resumió su activo día:

—Con Honrey participamos en el torneo mensual de PvP por equipos, perdimos en los cuartos de final porque en nuestro equipo había tres noobs que le tiraban proyectiles a un tanque que tenía antiproyectiles; además, el otro equipo tenía un mago de fuego que era súper molesto. Perdimos. Mi hermano se fue, no sé por qué, y yo me quedé dando vueltas por acá sin saber qué hacer. Entonces apareció tu hermana y la estuve ayudando a levear. Cuestión, ¿podés conectarte mañana temprano?

—¿Qué es temprano? —indagó Nime.

—¿Como a las diez de la mañana en tu país?

Los dos muchachos siguieron conversando e ignorando a Hikari. Ella, sin saber qué hacer, abrió su interface de usuario e indagó entre pantallas, al punto que abrió más de quince hologramas. Se desesperó al tener tanta ventana encima.

—Movelas como si fueses a tirarlas. Es la forma de desactivarlas. —Le sonrió Firwe—. Nos vemos, Hikari, te dejo a cargo de tu hermano. Y a vos, Nime, te veo mañana en el puerto de Midgar.

Firwe se desconectó esfumándose en una estela blanca.

Como buenos hermanos que eran, Nime y Hikari se miraron feo y tomaron caminos separados. Hikari fue asesinada al poco rato por una Cabra gigante.

Ciudad de Midgar

Era mediodía en Argentina. Firwe, que ya había almorzado, se logueó, se sentó sobre un tronco de madera en el puerto y esperó a sus amigos.

La costa al mar tenía forma de medialuna, con una montaña a cada lado. Había varios muelles y barcos vikingos. El horizonte resplandecía, algunas nubes tapaban el sol, y el sonido de la marea era anestésico.

Pasaron diez minutos. Pasaron veinte. Se cumplió la media hora, y nada.

El lancero se distrajo al espiar a unos jugadores nuevos que completaban una misión que él ya había hecho hacía muchos meses: los vio correr de un muelle a otro, dialogar con marineros y un capitán, los vio perderse en los callejones de la ciudad, y volver luego porque algo les faltaba o no habían hecho.

Firwe caminó hacia ellos y los guio para que pudiesen continuar con su aventura. Tras hacer su buena acción del día, regresó a su asiento, se quedó mirando cómo una planta crecía y, al fin, se logueó Honrey.

—Me quedé dormido, recién terminé de almorzar. —Fue la excusa del arquero.

A los diez minutos llegó Nime.

—Me quedé dormido, anoche jugué hasta tarde. —Fue la excusa del espadachín.

La tardanza era algo muy común en los juegos.

Le pagaron con oro a un NPC capitán flacucho y se subieron a un barco que era una mezcla de tecnología moderna con adornos vikingos. Según la historia de Mythology Quest, un legendario carpintero llamado Hrafna-Flóki había diseñado cientos de navíos iguales, y la función de cada uno de ellos era ser el transporte entre los puertos de las cinco naciones.

El barco era más grande de lo que uno se imaginaba al verlo por fuera. Tenía una cubierta, por la cual se podía andar sin restricciones, y un mástil muy alto en el centro. El capitán del barco y otros ocho NPCs se encargaban de las tareas de navegación. Los jugadores tripulantes, que en ese momento eran siete en total, solo debían esperar hasta arribar en el destino.

Ese barco en particular se dirigía al Imperio del Sol Naciente, un país ubicado en el extremo oriental del mundo, conformado por nueve islas e inspirado libremente en la mitología japonesa.

—Se llaman Jikininki, son zombis que están en los cementerios de las ciudades del imperio. Spawnean de noche, tenemos varias horas para cazarlos —comentó Firwe.

En el juego, veinticuatro horas equivalían a seis horas reales y, como era invierno, la noche duraba más que el día.

—Me enteré de esos Jikininki buscando en un foro, un usuario dijo que son geniales para levear —presumió Honrey.

Nime no los escuchó ya que se había quedado dormido en la vida real. Su personaje estaba parado con los ojos abiertos, roncando.

Mar de Sangre

Uno de los dos mares del mundo era el Mar de Sangre, llamado así ya que, durante los amaneceres y atardeceres, sus aguas se volvían rojas, un espectáculo digno de apreciar y que esta vez no podría disfrutarse.

El viaje por aguas tranquilas, que debería durar seis minutos, se convirtió en un escenario de batalla por culpa de un evento que, si bien no era cotidiano, se había vuelto común: un ataque de piratas.

Los ocho NPCs vikingos dejaron de remar y corrieron a babor. Uno de ellos dio el aviso de que se acercaba un barco negro:

—¡Piratas!

El capitán salió de su camarote, se acercó y gritó:

—¡Prepárense! ¡Protejan las provisiones! ¡Escaparemos en cuanto se dé la mínima oportunidad!

Tal escape no sucedería, el escándalo solo era parte de la animación del juego. Los jugadores iban a tener que pelear contra los criminales, que se acercaban bastante rápido.

Volverse pirata en Mythology Quest no era fácil, y se decía que era más costoso que divertido. Adquirir el rango de capitán pirata automáticamente convertía al personaje en criminal: podía comprar su barco, aliarse con o contratar a otros jugadores; y comprar mobs piratas de bajo nivel para que ayudasen en la nada sencilla tarea de robarle a los barcos en los mares.

Cuando un barco pirata entraba en el rango de uno comercial, podía asaltarlo y comenzaba una misión.

—O nos eliminan o los eliminamos —le resumió Honrey a un novato, que estaba tan asustado que decidió desconectarse—. ¿En serio? ¿En serio se va? ¡Si ya van a asaltar el barco…! ¡Qué idiota!

Firwe miró a los otros tres usuarios que estaban en cubierta con ellos, y murmuró:

—Al menos uno de ellos es un impostor.

—Si no es el pelado de la esquina, es el hachero doble que está en la proa —habló Nime, que se había despertado por culpa del aviso de emergencia.

Era común que los criminales colasen un infiltrado en cada barco que zarpaba de las ciudades. Era la forma de hallar objetivos fáciles. Los asaltos pocas veces se daban por casualidad.

Honrey les mandó party a todos. Para incrementar el enojo de Nime, ni el calvo ni el de las dos hachas aceptaron ser parte del grupo.

—¿Y ahora qué? —Se acercó tímido, un mago de túnica celeste.

—Vos vas a ser la carnada, quedate acá y tratá de no morir tan rápido mientras nosotros limpiamos el campo —contestó Firwe, tan serio que el maguito tardó en reaccionar.

—¡Yo sé jugar!

—No es que no sepas jugar, la cuestión es que nosotros sabemos jugar mejor que vos. —Honrey se impuso.

—Se terminó el tiempo —sentenció Nime y desenvainó sus espadas negras.

Una pantalla holográfica con una declaración apareció: «¡Inicia la misión!».

En el barco pirata había ocho jugadores: tres arqueros ya posicionados, tres guerreros cuerpo a cuerpo que estaban en el filo de la proa esperando para asaltar, y el líder detrás de un escudero.

Cuando el barco negro se estrelló contra el lateral del barco vikingo, llovieron sogas que amarraron los navíos el uno al otro. Los mobs piratas, que iban de nivel 10 a 25 y tenían variados detalles, como parches o bandanas, invadieron y se pusieron a combatir contra los NPCs vikingos, que pasaron a ser criaturas de nivel 15. El capitán flacucho se escondió en su camarote.

Los tres jugadores piratas que estaban en la proa brincaron hacia el barco comercial y se cruzaron en el aire con Firwe, Honrey y Nime, porque estos últimos habían saltado hacia el barco negro.

En territorio enemigo, Honrey clavó una rodilla al suelo, estiró una flecha envuelta en fuego y disparó un proyectil todopoderoso que viajó a velocidad impresionante, directo al capitán rival.