No se trata de ser bueno - Subhadramati - E-Book

No se trata de ser bueno E-Book

Subhadramati

0,0

Beschreibung

Mientras que existen numerosos libros sobre meditación y filosofía budista, hay muy pocos libros que estén totalmente dedicados a la práctica de la ética budista. Subhadramati comunica claramente, tanto los principios fundamentales como los métodos prácticos para encarnarlos. La ética budista no se trata de conformarse a una serie de convenciones; no se trata de "ser bueno" con el fin de ganar recompensas. Más bien, llevar una vida ética brota de la conciencia de que las demás personas no son diferentes a ti mismo. Puedes desarrollar esta conciencia de manera activa a través del cultivo del amor, la claridad y el contento. Ayudándote a acceder a una mayor armonía con todo lo que está vivo, esta es, en definitiva, tu guía hacia una vida más satisfactoria. "En contacto con la maravilla de estar vivo, Subhadramati es una guía realista y compasiva a la ética en el siglo XXI". – Vidyamala Burch, autor de Mindfulness for Health "Escribiendo con pasión, humor y delicadeza, maravillosamente libre de moralismo, su objetivo es ayudarnos a llevar una vida más rica y plena". – Maytreyabandhu, autor de Life with Full Attention

Sie lesen das E-Book in den Legimi-Apps auf:

Android
iOS
von Legimi
zertifizierten E-Readern
Kindle™-E-Readern
(für ausgewählte Pakete)

Seitenzahl: 290

Veröffentlichungsjahr: 2024

Das E-Book (TTS) können Sie hören im Abo „Legimi Premium” in Legimi-Apps auf:

Android
iOS
Bewertungen
0,0
0
0
0
0
0
Mehr Informationen
Mehr Informationen
Legimi prüft nicht, ob Rezensionen von Nutzern stammen, die den betreffenden Titel tatsächlich gekauft oder gelesen/gehört haben. Wir entfernen aber gefälschte Rezensionen.



NO SE TRATA DE SER BUENO

Una guía práctica hacia la ética del s. XXI

Subhadramati

Siglantana

© Editorial Siglantana S. L., 2024

© Subhadramati, 2024

Título original: Not about being good

Publicado en inglés por Windhorse Publications Ltd, 160 Mill Road.

Cambridge, CB1 3AN, Reino Unido 2013.

Maquetación y preimpresión: José Ramón Viza

Traducción: Verónica Bustos

Se ha otorgado la autorización para el uso de todas las imágenes.

Del Ted Hugues, extracto de ‘New Foal’, Ted Hughes: Poems Selected by Simon Armitage. Copyright ©2000 por Faber and Faber. Re impreso con autorización de Faber and Faber.

De Tomas Tranströmer, extracto de ‘Romanesque Arches’, traducido al inglés por Robert Bly, de The Half-Finished Heaven: The Best Poems of Tomas Tranströmer. Traducción copyright © 2001 por Robert By. Re impreso con la autorización de Grayolf Press. Minneapolis, Minnesota, www.graywolfpress.org De Chase Twicell ‘Weightless like a River’, The Snow Watcher. Copyright @ 1998 por Ontario Review. Reimpreso con autorización de Ontario Review Press.

Se han realizado todos los intentos razonables para contactar al titular de los derechos de autor de los versos citados de ‘Scotland’ por Alistair Reid, de Polygon Books; y el titular de los derechos de autor de la edición estadounidense que contiene el extracto de ‘New Foal’, Ted Hughes: Poems Selected by Simon Armitage. Copyright © por Farrar, Straus & Giroux. Los titulares de los derechos de autor están invitados a contactarnos en [email protected]

Reservados todos los derechos. No se permite la reproducción total o parcial de este libro, ni su incorporación a un sistema informático, ni su transmisión en cualquier forma o por cualquier medio, sea este electrónico, mecánico, por fotocopia, por grabación u otros métodos, sin el permiso previo y por escrito del editor. La infracción de los derechos mencionados puede ser constitutiva de delito contra la propiedad intelectual (Art. 270 y siguientes del Código Penal).

Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra. Puede contactar a través de la web www.conlicencia.com o por teléfono en el 91 702 19 70 / 93 272 04 47.

ISBN: 978-84-10179-13-4

A mis padres que me dieron la vida, y a Dhammarati quien me introdujo al Buda.

- ÍNDICE -

Lista de ilustraciones

Introducción

Capítulo 1

Hacerlo por ti

Capítulo 2

Hacerlo por los demás

Capítulo 3

Hacer algo que funciona

Capítulo 4

Una guía para vivir

Capítulo 5

Una motivación más profunda

Capítulo 6

Aprender a morir

Capítulo 7

Renacer

Capítulo 8

Más allá de la bondad

- LISTA DE ILUSTRACIONES -

Fig. 1: Un modelo sobre cómo funcionan la conciencia y la integración

Fig. 2: Del Abhaya Sutta: cómo se comunica un Buda

Fig. 3: El centro de la rueda de la vida, por Aloka

Fig. 4: Las Tres Joyas

Fig. 5: Los procesos del Dharma-niyama y karma-niyama relaciónados entre sí

Fig. 6: El Buda, por Aloka (Padmaloka)

- INTRODUCCIÓN -

Cuando era niña solía ir a la capilla con regularidad. Además de ir a la misa dominical matutina, también acudía al rosario y a la bendición episcopal por las tardes. Iba a misa cada mañana antes de ir a la escuela y me confesaba todos los sábados, pero también iba yo sola cuando la capilla estaba vacía y en silencio, no solamente a rezar, sino a reflexionar, con toda la intensidad de la que una niña católica de 11 años es capaz. Una mañana, mientras trataba de imaginar la gloria del cielo, me asaltó la idea de que quizá Dios no era más que un invento creado por el ser humano para explicarse las cosas que no entendía aún. Sintiendo que toda la estructura sobre la cual había cimentado mi vida interior se derrumbaba, intenté con todas mis fuerzas alejar de mi mente este pensamiento tan inoportuno, pero fui impotente ante él. Fue un momento crucial en mi vida. Ahora que lo revivo aún puedo ver con exactitud la banca de la iglesia en la cual estaba arrodillada (justo junto al viacrucis donde Verónica enjuga el rostro de Jesús) y recuerdo vívidamente mi desaliento.

LAS GRANDES PREGUNTAS

Después de eso aún continué yendo a la capilla, pero mi corazón se había alejado de mi devoción. Cuando entré a la adolescencia me alejé completamente de la religión y me acerqué a la ciencia. Pensé que si Dios había sido tan solo una explicación para todo lo que no podíamos entender en el universo, entonces con toda certeza la ciencia, en especial el estudio de la física, sería una mejor apuesta para tratar de encontrar la sabiduría inherente a los misterios de la vida. Deposité todas mis esperanzas en la ciencia para que esta me diera las respuestas a todas las preguntas que empezaban con ‘¿Por qué?’. Sin embargo, después de pasar cuatro años en la universidad, a pesar de que obtuve una licenciatura en filosofía natural (así se le llamaba al estudio de física pura en las universidades escocesas) y habérmelas ingeniado para meterme en la cabeza fórmulas matemáticas que bien podrían llenar la mitad de la página, no era yo más que otra veinteañera confundida. Le adjudiqué mi fracaso a encontrar ‘respuestas’ a que yo no era lo suficientemente lista, pero cuando más o menos un año más tarde conocí a mis primeros guías budistas, volví a repasar las mismas preguntas, para las que tanto había buscado respuesta. En lugar de enfocarme en por qué el universo es como es, el tema central se volvió cómo debería yo vivir mi vida dentro de este.

Lo que me atrajo de inmediato hacia este nuevo enfoque basado en el ‘cómo’ fue el hecho de que (al menos en la teoría) no importaba cuán confundida estuviera mi mente o cuán agitadas fueran mis emociones, había algo que yo podía hacer. Era un enfoque totalmente práctico. Sin embargo, más allá de eso, conforme empecé a seguir las enseñanzas budistas que se me daban, comencé a darme cuenta de que la verdadera sabiduría no es algo en lo que puedas pensar en términos abstractos o incluso metafísicos. Empecé a ver que no era algo que puedes ‘tener’, no importa con cuánto fervor lo pienses o cuán inteligente seas. Empecé a comprender que la sabiduría abarca todas nuestras actitudes de vida; todo nuestro comportamiento.

Este es, entonces, un libro sobre actitudes y comportamientos de vida reales. Es un libro acerca de la ética budista. Mi maestro budista, Sangharákshita, fundador de la Comunidad y Orden Budista Triratna, ha escrito y enseñado la ética budista durante años y uno de mis principales objetivos al escribir este libro es recopilar algunas de esas enseñanzas de diferentes fuentes (libros, conferencias y seminarios de estudio no publicados),1 las cuales me han sido de ayuda e inspiración y tengo la esperanza de que te inspiren a ti también. A la vez que explora el espíritu del enfoque budista sobre la ética, este libro es también una guía práctica hacia la misma.

Hay una historia budista acerca de un monje que vive en las montañas. De tanto en tanto baja al mercado. Un día un tendero bastante arrogante le pregunta despectivamente; ‘¿Qué diantres haces todo el día allá arriba en las montañas?’. Sin inmutarse, el monje sonríe y le responde, ‘Allá en las montañas es muy bonito, hay bosques silvestres en los cuales vagar y lagos cristalinos en los cuales nadar, pero no puedo bajar esos bosques y esos lagos aquí para que los veas. Tendrás que subir conmigo a la montaña y verlos por ti mismo’. Desde luego, el monje se refiere al gozo interno en el que mora al vivir una vida de renuncia. Es imposible explicarlo con palabras, debe experimentarse de primera mano. Es lo mismo con este libro. Tal vez puedo darte una idea general de mi propia inspiración y mi entusiasmo por la práctica budista, especialmente la práctica de la ética. Sin embargo, para realmente saber de dónde surge la ética budista y hacia qué apunta, tendrás que probarla por ti mismo. A lo largo del libro hago sugerencias de reflexión y ejercicios prácticos que puedes realizar en tu vida diaria. Estas reflexiones y ejercicios son los verdaderos maestros. Si te das la oportunidad de ponerlos en práctica, son ellos los que te permitirán ‘ver por ti mismo’.

UNA VIDA VERDADERAMENTE HUMANA

El problema de escribir un libro sobre ética budista en comparación con, digamos, un libro de meditación budista o sabiduría budista es que a menudo la gente tiene fuertes asociaciones relacionadas con el concepto de la ética y con frecuencia estas son negativas.

Una de las formas negativas en que podemos pensar sobre la ética budista es quizá la que evoca la historia que cuenta David Lurie, el personaje principal en la novela de J. M. Coetzee Desgracia. Es la historia de un perro, un golden retriever macho que se emocionaba incontrolablemente cada vez que había una perra por los alrededores. Sin excepción, cada vez que esto ocurría los dueños lo golpeaban. Esta acción continuó hasta que el pobre perro ya no supo qué hacer. Finalmente, aún con el simple olor de una perra, este daría vueltas por el jardín con la cola entre las patas, lloriqueando y tratando de esconderse. Ya no necesitaba ser golpeado; estaba listo para autocastigarse. Se había vuelto temeroso de su propia naturaleza y había empezado a odiarla. La hija de Lurie le preguntó a este si no habría sido mejor simplemente castrar al perro, lo que hace que la desesperación de Lurie crezca aún más. Está seguro de que el perro habría preferido que lo mataran en vez de que lo “arreglaran” y pasar el resto de su vida deslizándose en silencio por la sala.2

Si la visión que tienes de la ética es así, si la ves como que se trata de mantener controlada tu propia naturaleza o como algo que se te impone y que es sostenido por un sistema de recompensas y castigos (al parecer, más castigos que recompensas en el caso del perro) o, peor aún, como que te tienen que “arreglar” para encajar con las ideas de alguien más acerca del ‘buen comportamiento’, entonces no habrá de sorprender que tus asociaciones sobre la ética sean negativas.

En el budismo ser ético significa aprender a actuar cada vez más de acuerdo con tus valores. La ética budista dista mucho del tipo de sistema que nos hace rechazar nuestra propia naturaleza y nos convoca a distorsionarla. La ética budista no ve a la naturaleza humana como algo que debe ser golpeado hasta someterlo, amansarlo o domesticarlo. El budismo no está tratando de ‘curar tajantemente a la vida de sí misma’.3 El budismo es más acerca de la realización de nuestra naturaleza humana, no de disminuirla o mutilarla, y la ética budista forma parte tanto del camino hacia esa realización como de la expresión de la misma. La palabra ‘ética’ viene del griego ‘ethos’, que en nuestra lengua actual puede traducirse como ‘el carácter de un individuo tal y como lo representan sus valores y creencias’.4

Sonará extraño que te digan que debes aprender a actuar de acuerdo con tus valores, pero a veces es difícil saber cuáles son tus propios valores. Se pueden confundir con los valores de alguna autoridad o de algo que se percibe como una autoridad. Se pueden mezclar con tus propias suposiciones convencionales sobre lo que es la moral o pueden confundirse con algunos ritos y rituales religiosos. Es fácil ser influido de manera inconsciente por las ideas acerca de lo que es normal dentro de un grupo o cultura en particular. Por ejemplo, no fue sino hasta que el yerno católico de mi amiga judía rehusó circuncidar a su hijo en un ritual, que ella se paró a cuestionar algo que, hasta ese momento, simplemente había dado por sentado. Me dijo ‘era algo que hacías y punto. Era lo que te hacía parte de la comunidad’. Al principio se horrorizó con la sola idea de que eso no se llevara a cabo, de la misma manera que su yerno se horrorizó con la sola idea de que aquello se realizara, pero entonces ella reflexionó que quizá también había algo de razón en lo que él decía. Incluso recordó su propia aflicción al momento de la circuncisión de su hijo. Todo el incidente la hizo reconsiderar algo que ella había aceptado como bueno sin cuestionarlo y verlo de un modo distinto, desde otros puntos de vista.

En este tipo de situaciones la sociedad misma se convierte, sin que te des cuenta, en la ‘autoridad’, persuadiéndote para que te amoldes a algo, premiándote cada vez que te amoldas y castigándote cuando no. El problema está en que, debido a que cada tipo de sistema moral convencional se convierte en la norma dentro de la cultura, es fácil asumirlo sin pensar. Por definición, las reglas y convenciones morales cotidianas difieren de lugar en lugar y de época en época, de modo que puedes identificarlas súbitamente cuando te topas con personas de culturas, clases sociales o antecedentes religiosos diferentes a los tuyos. Por ejemplo, en la India se consideraría algo indecente que un esposo y una esposa se tomen de las manos en público, pero es perfectamente aceptable que los amigos de género masculino lo hagan entre ellos, mientras que en el Reino Unido lo contrario es lo común, un hombre y una mujer pueden ir tomados de la mano e incluso besarse en público, pero que dos hombres se tomen de la mano se considera algo inapropiado.

Desde luego, la moral convencional a veces se alinea con la moral natural. La clave está en que si quieres descubrir lo que realmente son los valores humanos tendrás que estar en una constante búsqueda de los valores que hayas aceptado sin cuestionar. Esto podría relacionarse con qué, cuándo y cómo comes; con quién duermes; en qué gastas tu dinero; cómo educas a tus hijos o cuidas de tus ancianos padres. En otras palabras, tendrás que estar continuamente buscando los momentos en que estás influido por una mera convención. Si cultivas este tipo de sensibilidad, te darás cuenta que allanas el camino para el desarrollo de lo que Sangharákshita llama ‘moral natural’.

La moral natural brota de la comprensión de que, en esencia, las demás personas no son distintas a nosotros. Ellos, al igual que nosotros, tienen sueños, miedos, gente que les importa y el deseo de realizarse en la vida. De forma crucial, el budismo reconoce que el potencial para esta comprensión es parte de la estructura de la conciencia humana. Es a lo que llamamos ‘conciencia‘ y viene con el ser humano. Puesto que el budismo reconoce que este potencial para la identificación imaginativa con los demás es innato, las enseñanzas del budismo no están ahí para crear nuestro sentido de la moral, sino para guiarlo, para educarlo. 5

Las enseñanzas son necesarias debido a que, pese a que nuestros impulsos naturalmente éticos son innatos, es decir, aquellos basados en nuestra identificación imaginativa con los demás, estos están compitiendo con el resto de nuestros impulsos. Se ocultan, o bien se confunden con la ‘ética convencional’. Se ven sepultados cuando permitimos que se desarrollen las tendencias opuestas a esta identificación imaginativa al hacer ciertas elecciones o encontrarnos (o ponernos) en ciertas condiciones. Se reducen o ‘pierden filo’ cuando no hacemos esfuerzos conscientes para ponerlos en práctica.6 En este libro, además de presentar enseñanzas sugeriré maneras de acercarse a ellas y a lo largo de este te recordaré que en el budismo ser ético significa ser verdaderamente humano.

ÉTICA, MEDITACIÓN, SABIDURÍA

En la práctica, por lo menos en Occidente, la mayoría de la gente se acerca al budismo principalmente para aprender a meditar. Muchos, al menos al principio, no tienen más que un interés pasajero en el budismo. Otros son bastante reticentes a cualquier cosa que se asemeje en lo más mínimo a una ‘religión organizada’. Al menos este era mi caso en un principio.

Sin embargo, ahora enseño meditación los miércoles por la tarde en nuestras clases abiertas del Centro Budista de Londres. Tenemos clases toda la semana todo el año, sin importar que sean las vacaciones escolares o la época navideña. Tuvimos clases incluso durante la semana de los disturbios en el Reino Unido en el 2011, cuando las tiendas locales pusieron barricadas en sus vitrinas y las sirenas de la Policía se escuchaban fuera del recinto. Las tuvimos también durante las semanas en que se realizaron los Juegos Olímpicos del 2012, cuando los extranjeros se ponían a charlar entre ellos en los parques. Antes de decirle algo acerca de la meditación, normalmente le pregunto a la gente que asiste a la clase qué es lo que los motivó a venir e invariablemente, no importa que época del año sea, que esté ocurriendo afuera o qué noticias haya en los diarios, siempre recibo respuestas muy parecidas. Esporádicamente alguien dice que viene a explorar la dimensión espiritual de la vida. En ocasiones alguien tiene el presentimiento de que la meditación podría ayudarle a dejar de enojarse tanto con su jefe. De manera habitual alguien admite, con ciertas dudas, que ha escuchado que la meditación puede ayudar a aliviar la ansiedad o la depresión, y muchos otros asentirán con la cabeza, pero la gran mayoría de las personas, casi todo el tiempo, dicen que quieren reducir el estrés y sentirse más calmados. Quieren aprender a aquietar sus mentes, especialmente en medio del frenético ritmo de vida que conlleva una gran ciudad.

Todos estos motivos son válidos y siempre les garantizo que, a pesar de que las meditaciones que enseñamos están arraigadas en el budismo, no se necesita ser budista o siquiera estar interesado en el budismo para poder practicarlas y beneficiarse con ellas. Al mismo tiempo sé que si alguien se toma con seriedad la meditación, tarde o temprano y casi de manera natural la práctica de esta lo llevara a reflexionar sobre la situación existencial en la que nos encontramos. En otras palabras, la práctica de la meditación nos conducirá, casi de forma intrínseca, hacia el campo dominante de lo que el budismo llama ‘el camino triple’ de la ética, la meditación y la sabiduría.

He aquí un par de ejemplos que ilustran la conexión natural entre la meditación y la ética. El primero es de mi propia experiencia. Recién acabando de aprender a meditar y después de haber estado practicando meditación de manera regular por unos meses, súbita e inexplicablemente empecé a sentir náuseas mientras estaba sentada en mi cojín y con los ojos cerrados. La situación empeoró de tal forma que incluso tenía que levantarme en cuanto empezaba a sentir esto y abandonar la meditación. Finalmente se lo conté al guía de la clase, muy segura de que éste me daría algunas instrucciones sobre alguna técnica que pudiera poner en práctica de inmediato para arreglar el problema, pero no me dijo absolutamente nada sobre la forma en que estaba yo meditando. En lugar de ello, me miró amablemente y me preguntó qué cosas estaban ocurriendo en mi vida fuera de clase en ese momento (yo tenía veintitrés años en ese entonces). Me quedé sorprendida con su pregunta. No era lo que yo estaba esperando. Sin embargo, quizá debido a que él me miraba de un modo muy amable, simplemente le solté que no estaba siendo muy honesta en mi vida personal. ‘Pero’, le dije de manera enfática, ‘no veo qué tiene que ver eso con mi meditación’. Él continuó mirándome fijamente, con amabilidad y, poco a poco, la verdad salió a la luz. La inquietud y la náusea que estaba yo sintiendo tenía todo que ver con la manera en que estaba yo viviendo. Me fui de ahí y empecé a poner en orden el caos en el que estaba metida. Ahí comencé a darme cuenta de que lo que hago en el resto de mi vida se vincula con mi meditación y la meditación se vincula con lo que hago en el resto de mi vida. No pueden tratarse como actividades separadas.

El foco de percepción que la meditación puede alumbrar en nuestras vidas no siempre es bienvenido. Un amigo mío, Canute, se había unido a una pandilla a los trece años de edad y para cuando tenía quince ya había pisado la cárcel juvenil. A los veinte llevaba una vida de alcohol y violencia en exceso, trabajando como portero en los clubes nocturnos de Londres, lo que él describe como ‘esperando que algo ocurriera y pudieras largarte de ahí’. Entonces, un encuentro casual con un viejo amigo reavivó su interés en la filosofía. Como consecuencia de esto acudió al Centro Budista y aprendió a meditar. Se aficionó a la meditación de inmediato porque era ‘como fumarse un porro sin fumárselo’. Los miércoles que venía al centro se volvieron su ‘día santo’. No tomaba ni fumaba ese día porque tenía que estar lúcido para poder sentarse a meditar, pero no pasó mucho tiempo antes de darse cuenta de que tendría que hacer cambios más radicales. Dijo: ‘no podía continuar meditando y cambiar mi estado interno sin tener que cambiar lo que pasaba fuera’. Se dio cuenta de que el tomar whisky y buscar peleas tenía que acabarse de una vez por todas. Hoy en día sacude su cabeza (aunque no puede ocultar su sonrisa) cuando dice que ‘La meditación es peligrosa porque te obliga a mirarte a ti mismo, a cambiar. De cierta manera la meditación ha arruinado mi vida’.

Espero que estos ejemplos muestren que, dado que se trata de volverse más consciente, practicar la meditación empezará a clarificar tu sentido natural de la ética. ‘Agudizará’ tu sentido de la conciencia, lo desenterrará y le dará vida. Si asumes la meditación con algo de seriedad, te darás cuenta de que meditar regularmente se vuelve más y más incompatible con actuar de formas que dañen a otros o a ti mismo. Como dice Canute, ‘Habría sido fácil dar marcha atrás y regresar a beber y pelear. Todo lo que hubiera tenido que hacer era renunciar a la meditación’.

En los capítulos 7 y 8 exploraré con más detalle la relación natural de la ética y la meditación con la sabiduría, el tercer paso en el camino triple. Por ahora, el principal punto que debe dejarse claro es que, a pesar de que el camino triple es progresivo, para empezar con la ética y ciertamente para poder mantener un desarrollo más o menos serio en una etapa posterior necesitarás de cimientos sólidos durante la etapa anterior. No es como si la ética y la meditación, estuvieran colocando ladrillos, uno encima de otro. Es mucho más orgánico que eso. Si estás practicando la meditación tu sensibilidad ética se volverá más armónica. Como resultado de esto, tu práctica real de la ética se fortalecerá. Esto a su vez actuará como un apoyo posterior para tu meditación, puesto que tu meditación se verá menos perturbada por emociones conflictivas. De modo que al practicar ambas, la meditación y la ética (si aún no has aprendido a meditar, te sugiero que explores la posibilidad de aprender) empezarás a crear un círculo de retroalimentación positiva en donde una apoyará la profundización de la otra.

PRACTICAR EL ARTE

En términos de la ética, no solo tus valores se vuelven más claros para ti conforme te vuelves más consciente, sino que estos se volverán más profundos a medida que tu sensibilidad ética se vuelva más armoniosa, a medida que te vuelves más sensible éticamente. Hasta ahora he hablado de que esto ocurre de modo orgánico. Sin embargo, es algo que también puedes desarrollar y cultivar de la misma forma en que desarrollarías y cultivarías cualquier tipo de arte o habilidad.

De hecho, en lugar de establecer si las acciones son ‘buenas’ o ‘malas’, el budismo se refiere a estas como habilidades. Las palabras budistas para esto son kusala (‘hábil’) y akusala (‘torpe’). Lo que determina si la acción es hábil o torpe no es únicamente la acción por sí sola, sino la intención detrás de esa acción. Los actos que son expresiones de generosidad hacia los demás, amor, buena voluntad hacia ellos o sabiduría son kusala y aquellas que son expresiones de egoísmo para con los demás, la mala voluntad u odio hacia otros o el delirio son akusala. De modo que tus estados mentales son el factor gobernante y no precisamente alguna regla preestablecida sobre lo que es ‘bueno’ y lo que es ‘malo’. Esto significa que el budismo no proporciona ni trata de hacer cumplir un código moral dominante para que todos lo acaten de manera colectiva. Por el contrario, enseña que cada uno de nosotros debe responsabilizarse individual y personalmente de sus propias acciones. Por ejemplo, cuando el dalái lama fue cuestionado sobre su sentir respecto a la autoinmolación de los tibetanos como actos de protesta, primeramente fue muy cuidadoso al decir que el hecho de que se lastimaran a sí mismos en lugar de lastimar a otros demostraba el compromiso con la no violencia. Sin embargo, agregó que si tal acción fue provocada por el enojo y el odio sería básicamente negativa, mientras que no sería algo negativo si la motivación fuera ‘primordialmente una más compasiva, de fe sincera en el Budadharma’.7

Este énfasis en la responsabilidad individual y personal es muy distinto al mensaje que a menudo escuchamos en los argumentos ‘religiosos’, que es el de que sin un esquema hecho de estándares absolutos no puede haber una conducta moral genuina (aun cuando no es difícil observar que no toda la gente ‘religiosa’ es ‘buena’ ni toda la gente ‘buena’ es ‘religiosa’). Puede ser liberador –lo fue para mí– descubrir que practicar la ética budista no es evitar ciertas actividades prohibidas, sino desarrollar intenciones hábiles. Sin embargo, también esto implica un reto, dado que la única manera de aprender una habilidad es, de hecho, practicándola. Nadie más puede hacerlo por ti.

Cuando voy a una librería me sorprendo de ver cómo la sección de cocina parece ser más extensa cada vez. Hay cientos de libros, cada uno más atractivo que el anterior. Al mismo tiempo, los anaqueles del supermercado parecen estar cada vez más y más llenos de ‘comidas hechas’, lo que sugiere que a pesar de que la gente compra más y más libros de cocina, en realidad cocina menos. No te volverás cocinero por el solo hecho de tener muchos libros de cocina. Aun cuando de verdad los leas únicamente los aprenderás de manera limitada. Lo sé muy bien porque soy de las personas que probablemente pasan más tiempo revisando recetas que haciéndolas. Lo que sí he notado, sin embargo, es que los libros de cocina pueden ser de dos tipos. Algunos se enfocan en dar listas exactas de ingredientes, tiempos de cocción y temperaturas de horneo, pero en otros el autor trata de comunicar el arte y el espíritu de cocinar, trata de inspirarte a sentir algo por la actividad misma, que captures el espíritu de esta, de modo que puedas responder y adaptarte a los cambios de las circunstancias, ya sea que no tienes los ingredientes completos, que tienes visitas sorpresa, tus propios estados de ánimo o el clima allá afuera. Está tratando de darte confianza de modo que no pierdas el entusiasmo de inmediato cuando algo es más difícil de lo que esperabas y está tratando de que encuentres la manera de ser creativo, de formas que sean totalmente nuevas, que si alguna vez lo conocieras, ¡tú le podrías enseñar a él! En este tipo de libros las instrucciones serán poco menos que precisas y algunas veces incluso aparentemente contradictorias.

Edward Brown, en los libros de cocina de Tassajara,8 dice que considera que su labor no solo es enseñar a la gente a seguir recetas, sino a despertar su propia capacidad para responder a las circunstancias, a ir más allá de tan solo hacerlo bien y darle vida a la comida, junto con su propia vivacidad. Puedes ver que él está tratando de facultar a la gente, no solo hacer que la gente haga lo que les dice que hagan. Él dice:

…si tienes el corazón para ello, mientras trabajas en cocinar, cocinar te trabajará a ti y te refinará, de modo que salgas del fuego siendo aún más generoso.9

Al igual que un libro de cocina, este libro tiene la intención de ser un libro práctico. Espero que te inspire a practicar la ética de forma cada vez más creativa y, al igual que los libros de cocina de Tassajara, este no enfatiza las ‘recetas’. No encontrarás ninguna regla que te diga que debes dejar de viajar en avión, empezar a beber leche de soja, hacer que tus hijos dejen de jugar Xbox, empezar a darle dinero a esa mujer indigente que ves cerca de la entrada del metro todos los días o donar tus órganos vitales. En su lugar espero que te ayude a despertar con más plenitud tu capacidad para responder a las circunstancias y las situaciones de la vida con creatividad e inteligencia. Este libro ofrece una serie de principios y prácticas probadas y comprobadas por más de 2500 años, de modo que, a medida que trabajes en tu ética, tu práctica de la ética trabajará en ti y saldrás del fuego siendo aún más generoso y más sabio.

UNA LISTA DE COSAS POR HACER PARA TODA LA VIDA

Hace años, cuando trabajaba en una tienda de regalos budista en Dublín, disfrutaba de pasar mi hora de comida en una librería de sótano de segunda mano. Me encantaba notar que sí la tienda estuviera al nivel de la acera estaría llena de compradores, pero estando abajo, en el sótano, era callada y pacífica, casi como una iglesia. Recuerdo un día en particular en que hojeando un libro de poesía encontré una página arrancada de un cuaderno escrita a mano. Era una lista de cosas por hacer que decía:

Comprar un reloj despertador

Ordenar los destornilladores

No olvidar el cumpleaños de Lucy

Tratar de ser menos egoísta hoy.

Las palabras en esa lista se quedaron conmigo. Nunca sabré quien las escribió, así que siempre pienso en el autor como el ‘hombre cualquiera’ listando sus tareas del día. Estoy segura de que esa lista le ayudó a recordar el reloj, los destornilladores y el cumpleaños, pero ¿habrá logrado ser menos egoísta ese día? No dudo de la sinceridad de su deseo. De hecho, es debido a la sinceridad del deseo que he recordado esa lista durante todo este tiempo, pero por experiencia propia sé muy bien lo difícil que es no ser egoísta, aunque sea solo un día. Yo me propongo no ser egoísta, realmente quiero no serlo. Me doy cuenta de que es lo mejor, pero llegado el momento la situación me rebasa y me olvido. Podemos vernos tan inmersos en la cotidianidad, entre las tareas diarias y los correos electrónicos, que simplemente se nos olvida que lo que realmente queríamos hacer era ser menos egoístas. Puede resultar muy difícil imaginar siquiera cómo podría ser un estado mental sin egoísmo. En el momento que aquella persona escribió la nota con toda seguridad lo sentía, lo deseaba, viendo que eso era lo mejor, pero muy probablemente lo haya olvidado, del mismo modo en que olvidó la nota.

El budismo diría que tienes razón al desear ser menos egoísta y tienes razón al pensar que es lo más importante, pero se necesita de guía, práctica, un contexto de apoyo y un camino para lograrlo con éxito. El budismo dice que es posible alcanzar un estado mental verdaderamente libre de egoísmo y actuar a partir de esa base, no solo por un día, sino de manera consistente. El budismo describe la generosidad genuina como un estado dinámico y positivo, un estado de creatividad ilimitada. Practicar la ética budista es un camino hacia este tipo de respuesta generosa espontánea. Es un camino práctico paso a paso, realmente no tan diferente a recordar comprar un reloj despertador o asegurarte de tener el tipo de destornillador correcto.

He escrito este libro para ayudar a la persona que olvidó esa nota a vivir a partir de ese deseo de ser menos egoísta. Lo he escrito para cualquier persona que desee (además de levantarse temprano para ir a trabajar, arreglar la gaveta con ese destornillador, recordar enviar esa tarjeta de cumpleaños) estar en contacto con un espíritu de generosidad, de amor, de respuesta pura.

CÓMO USAR ESTE LIBRO

Los capítulos de este libro están organizados de modo que te lleven a través de los pasos de este camino práctico. Se podría decir que la ética tiene tres niveles. En primer lugar, te das cuenta de que es tu interés actuar de una manera no egoica. Te das cuenta de que practicar la ética te llevará a una mayor felicidad y autosatisfacción, de modo que abordas la práctica con ese espíritu. Probablemente habrá algo de lucha, pero a medida que veas los beneficios, te convencerás más y más de que esa lucha vale la pena. Este nivel lo abordo en el capítulo 1. El segundo nivel de la ética brota de tu empatía natural por el mundo que te rodea y tu deseo de no causar daño. Exploro esto en el capítulo 2. En el tercer y más alto nivel de la ética ya no experimentas motivaciones egoístas en absoluto. Requiere de compromiso e implica aprender a dejar ir tu manera instintiva de ver las cosas de forma autorreferencial, de modo que puedes ver las cosas tal y como son sin estar ‘tú’ en el centro de todo. Lograr esta reorientación requiere de mayor entendimiento, por lo que he dedicado los capítulos restantes a esto.

Cada capítulo en este libro contiene un ejercicio meditativo o reflexivo, indicado con y una sugerencia de práctica para intentarla en tu vida cotidiana, indicada con . En ocasiones hay una sugerencia para que escribas algo y se indica con . Te exhorto a hacer estas reflexiones y ejercicios conforme accedas a hacerlas. Esto te ayudará, no solo a aprovechar al máximo este libro, sino a descubrir a un nivel más profundo el modo en que funciona la vida. Mi propio maestro, Sangharákshita, dice que ‘una pizca de práctica vale mucho más que toneladas de teoría‘,10 y como el budismo es primordialmente acerca de la práctica he buscado guiarnos a hacer y no solo a leer.

- CAPÍTULO 1 - HACERLO POR TI