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Los relatos que ahora te confío son la prueba de quién soy, de lo que soy capaz de ver... de cuán lejos puedo llegar. Historias esperando ser leídas, acertijos que podrías descifrar si eres lo suficientemente hábil para conquistar lo desconocido. Este libro es la prueba de lo que he podido ver, hurgando en las penas de este mundo. Si te sumerges en estas páginas, querrás saber más. Las incógnitas que encuentres mientras lees sólo podrán ser respondidas por ti mismo, y mientras más avances, más conocerás del mundo de los muertos: menos reconocerás a tu mundo. Te presento estas historias como una prueba de que nunca hemos estado solos. Deberás probar que eres digno del conocimiento de ese mundo, hasta ahora oculto a tus ojos. Sólo así me encomendaré a traer las miles de crónicas que guardo en el silencio. Te invito a que viajes más allá del silencio. Mis secretos ahora son los tuyos, y juntos hallaremos respuestas a lo que ellos quieren que descifremos. Nuestro viaje comienza justo aquí.
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Seitenzahl: 42
Veröffentlichungsjahr: 2022
DANIEL GUEVARA
NOTAS DEL MÁS ALLÁ
Revelando las grietas del tiempo y espacio
A Allah. A mi familia, a Safiya y la familia Luke, a Sir Keithlyn Smith.
A Eduardo Failde y Hugo Cobas, mis primeros mentores.
A todos aquellos que me dieron
la mano en el largo y duro camino
de la vida.
PRÓLOGO
No me preguntes cómo supe que había algo más allá de los muros, separando la realidad de nuestros miedos. Veo a los espectros deslizarse entre las hojas del tiempo, tratando de llamar mi atención. Asomarme a través de los ojos de gente "normal" es un don y una carga, y es lo único que puedo decir: son los ojos el mejor de los portales. Las historias de fantasmas no son iguales en la vida real. Hay mucho dolor esparcido entre las brechas del espacio, y la humanidad sólo entiende lo simple que sus mentes aceptan comprender.Nuestro mundo está rodeado de misterio y aventuras. La muerte ha sido vestida con una capa de miedo y dolor, de la que supuestamente todos querríamos escapar, a pesar de su inevitable encuentro. Pero yo he visto el verdadero rostro de "la muerte"... yo he podido ver a través de los ojos de "la muerte", y he descubierto innumerables secretos. He aprendido a seguir los rastros de aquellos que aún no han aprendido a atravesar los límites del tiempo.
EL SAUCE
Y
LA GALLINA
La historia de este chico no es algo simple de contar. Al menos no sin derramar una lágrima de compasión y respeto. Ayer se fue a dar un largo paseo por los cerros. Como siempre, descalzo, vestido con pantalón azul -el único que aún se mantenía con vida, de los que ganó su tío en la zafra- ajustado a la cintura con una fibra de palma real. Era una pantalón muy ancho y desteñido, pero le gustaba. El resto del cuerpo sólo estaba cubierto por sudor y el aroma a café tostado.
Como cada mediodía, se fue al borde del acantilado. Allí pasaba largos ratos acostado bocarriba: una experiencia que hasta yo repetiría mil veces, no se sentía al sol quemar, pues el aire fresco de la montaña era estupendo. En esa ocasión se detuvo más de lo habitual en contemplar el batey. Vio claramente el guano de la casa, un respiradero humeante donde cocinaba su abuela, y justo debajo el cazador que perseguía a las gallinas de Guinea. Un modo de cazar muy peculiar: el ladrar de los perros bajo los cedros mantenía a las aves asustadas, demasiado como para atinar a volar, entonces era fácil situarse en un lugar cómodo desde donde disparar. Lo más atractivo de la cacería era ver los mismos perros correr a donde caían muertas las gallinas y quedarse allí hasta que el dueño las recogía y las echaba al morral.
De repente, así sin más, arrojó a un lado el tirapiedras, miró al cielo, suspiró profundamente y gritó “EXISTO… YO EXISTO”. Luego saltó al vacío, como si un deportista de clavado saltara a la piscina en cámara lenta. Una perfecta pirueta hacia adelante y luego los brazos abiertos, pero en lugar de estrellarse contra las rocas, comenzó a volar, como los gavilanes que desde arriba miraban. No tengo otra forma de describirlo: saltó, pero no cayó. Les juro que estaba volando, no como un Peter Pan, no como un super héroe: era el mismo muchacho que surcaba el cielo con los ojos cerrados, como si en un sueño pudiera ver a dónde ir … sin estar soñando, sin estar dormido.
Lo vi rozar con la punta de sus dedos las espigas de un maizal florecido. Más de un anciano, al verlo, sufrió desmayo. Un sinsonte lo persiguió para picotearlo, hasta que ya estuvo muy alto.
Mientras agitaba sus delgados brazos, observó cómo el mar emergía detrás de un grupo de montañas. Entonces comprendió que “el camino” podría estar más allá de las olas.
Recién se había detenido en el aire cuando se escuchó un disparo que resonó durante varios segundos en los farallones. Todas las criaturas del monte miraron al cielo, y una nube ocultó al sol.
Los perros corrieron a apuntar donde había caído la presa.
Delante de las botas del cazador, cayó él, con la cabeza llena de perdigones y casi ningún hueso intacto. Intentó voltearlo, en el rostro sin aliento todavía quedaba una sonrisa pintada, pero la piel comenzó a desvanecerse hasta desaparecer, del suelo brotaron miles de pequeñas raíces que se tragaron la sangre y devoraron el cuerpo. Unos segundos después emergió de las entrañas un árbol enorme repleto de flores (cuyo polen caía como lluvia e hizo que los perros estornudaran varias veces hasta que por fin los envolvió en un profundo sueño). De sus hojas brotaban finas gotas de agua que hacían crecer grandes flores rojas dondequiera que cayeran.
El cazador soltó la escopeta al ver que sus perros eran envueltos por raíces y tragados por la tierra; intentó correr, pero su marcha terminó cuando su piel se transformó en plumas.
