Reversaglio/Nigredo - Sofía Rosa - E-Book

Reversaglio/Nigredo E-Book

Sofía Rosa

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Beschreibung

Este libro contiene dos cuentos de la escritora uruguaya Sofía Rosa: Reversaglio y Nigredo. Ambos cuentos son narrados por niñas y tienen como temas centrales el hogar, la casa, la presencia/ausencia de la madre y la muerte. Escritos en prosa poética, estos relatos nos introducen en los mundos interiores de la infancia y nos permiten observar la vida y experiencias desde la mirada ingenua de sus protagonistas, donde la verdad, la mentira y la fantasía muchas veces no se distinguen. Es un texto lóbrego, oscuro y hermoso.

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Seitenzahl: 93

Veröffentlichungsjahr: 2024

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Reversaglio / Nigredo

Sofía Rosa

ISBN: 978-956-9498-50-3

ISBN DIGITAL: 978-956-9498-55-8

RPI: 2023-A-1016

Primera edición 2014, Montevideo, Uruguay

© 2022 Ediciones Oxímoron

» Colección | EN DISONANCIA

» Paula Gaete | EDICIÓN GENERAL

» Aporía | DISEÑO Y DIAGRAMACIÓN

» Cristián Elizalde | PINTURA DE LA PORTADA

» Francisca Veas Carvacho | ILUSTRACIÓN DEL COLOFÓN

[email protected]

WWW.OXIMORON.CL

DIAGRAMACIÓN DIGITAL: EBOOKS PATAGONIA

WWW.EBOOKSPATAGONIA.COM

[email protected]

Reversaglio/Nigredo ganó el Tercer Premio en Narrativa édita en los Premios Nacionales de Literatura del MEC (Ministerio de Educación y Cultura de Uruguay) en el 2016.

A Chichí, la abuela de todos

Tantos escombros dentro de mí,¿cómo vivir con tanta muerte?

AMÉLIE NOTHOMB, “BIOGRAFÍA DEL HAMBRE”

Hoy pongo la música fuerte y me encierro. Cierro las ventanas, las persianas, las cortinas verdes que me cosió mi abuela. Le pongo doble tranca a la puerta y le clavo mi camiseta preferida en la ranura inferior, para que no entre nada. Subo más el volumen. Es un disco viejo y defectuoso. Se tranca. Salta. Me desespera, pero no tengo otro. Me pongo de malhumor, muy enojada y con el martillo que tengo en la mano rompo todos los portarretratos y adornos. No dejo ninguno. La habitación se alfombra de astillas. Recuerdos rotos que debo empezar a recomponer.

Espejos vacíos

Otro es el que se fue

OLGA OROZCO, “LA VÍSPERA DEL PRÓDIGO”

1

Abro la puerta y salgo corriendo. Bajo lo más rápido que puedo las escaleras, sin caerme. Tengo todo lo que necesito. Las galletas en el bolsillo y las monedas que le robé a mi abuela mientras caminaba y se le caían del agujero que le hice en el monedero.

Me están esperando abajo. Ya me tocaron timbre. No pregunté quién era. Sonó, abrí la puerta y corrí. Debe ser algún amigo para ir a la placita.

Solo quedan los últimos escalones.

Y a través de la puerta de vidrio veo al que creo que es mi padre.

2

Todos en mi casa me quieren convencer de que en la noche no vienen fantasmas. Que es inútil hablar con ellos porque no existen.

Yo les digo que pude hablar con el abuelo, que me tocó la cabeza, me sonrió y me dijo que estaba orgulloso de mí. Que también vino mi padre, aunque no está muerto. Que se sentó en los pies de mi cama y me habló de viajes y sueños. Yo quise volar con él, pero no me dejó y saltó por la ventana.

3

El otro día me asusté. Pensé mucho en la muerte. Pensé que un día de estos podía venir por mí o por mi abuela, que es lo mismo. Yo me pongo sus zapatos y sus polleras. Colecciono monedas como ella y ya me regaló su colección de estampitas con olor a humedad.

El otro día me asusté de verdad. Cuando me levanté estaba su pollera tirada y sus dientes. Lloré mucho. La enterré en el ropero de mi cuarto. La velé durante horas. Me vestí de negro, como hubiera hecho ella en mi velorio. Pensé que en realidad no era tan malo, porque ahora tendría otro muerto con el que charlar de noche, porque mi abuelo ya me estaba aburriendo. Entonces me reí pero al abrir el ropero volví a llorar. Y me asusté. Y seguí llorando. Hasta que mi mamá me dijo que no se había ido al cielo, que estaba en un hospital porque se sentía mal.

4

Hoy voy a ir al hospital.

Le pregunté a mi madre si al hospital se llevan flores. Me dijo que no, porque los enfermos piensan que se están por morir. Pero yo le dije que a veces las flores daban felicidad. Y me dijo que con la presencia alcanza.

No entiendo por qué no existen flores para vivos y flores para muertos.

5

Yo no le tengo miedo a la oscuridad. Mi abuela insiste en que tenga una lamparita en la mesa de luz y yo le digo que no, que si prendo la luz mis amigos se van y yo me divierto con ellos. Mi abuela me dice que voy a terminar en un manicomio, y pienso que debe ser un lugar con muchos muñecos para jugar y charlar. Entonces le digo que sí, que me lleve y que se quede conmigo, que se va a divertir. Y se levanta riendo y apaga la luz y me da un beso desde lejos.

6

Nunca he ido a un hospital. Parece que a este que voy a ir es donde yo nací. Al parecer en los hospitales curan a los enfermos, hacen nacer a los bebés y matan a la gente. Yo no sé muy bien en qué grupo de estos entraría mi abuela.

Vamos a viajar en ómnibus, como a mí me gusta. Si puedo, me voy a sentar sola, aunque mi mamá no me va a dejar. Pero igual voy a mirar por la ventana y voy a mirar la cara de la gente y guardarla en mi memoria por si algún día, cuando sea grande, me cruzo con alguna.

7

Ayer mi madre hizo una torta. No le dije nada, pero la de la abuela es más rica. Por eso cuando comí, lloré.

8

Estoy cansada y me acuesto a dormir. Sin darme cuenta golpeo la puerta y se cae un adorno al piso. Era de porcelana. No me acuerdo quién me lo había regalado. Pienso que se van a enojar y me pongo a juntar los pedacitos y pegarlos con cinta. Me gusta armar puzles entonces pienso que esta puede ser una tarea divertida. Me corto, sin querer, los dedos y las muñecas. El osito, todo astillado, ahora parece muerto por hemorragia. Quizá yo me muera también. A veces me gusta jugar a que me muero. Pero sin sangre. Esta sangre mía que me mancha y ensucia no me gusta.

Entra mi madre. Estás bañada en sangre grita, y llora y me sube a sus brazos como una princesa.

No sé a dónde vamos ni quién viene a verme. Estoy con mi vestido favorito y entonces me pongo a llorar. Y, de pronto, me acuerdo de que ese osito de porcelana fue lo último que me dejó mi papá.

Entonces le pido a mamá para volver a casa y ella me dice que no, que es grave, que me quede quieta que no ves que están los señores curándote. Ella me pasa la mano por la cabeza, de eso me acuerdo. Papá quiere que esté con él, le digo, por eso me hizo esto. ¡¿Qué padre?!, me grita. Y entonces lloramos las dos.

9

Pienso que en los hospitales no puede nacer nadie. Yo no debo haber nacido ahí. No me gustan las cortinas, las paredes y el olor que hay. Es el olor de los que se están por morir.

Mamá no recuerda el número de habitación, creo, y por eso caminamos mucho por ahí adentro. Casi que lo recorremos todo. Le pedí para usar el ascensor, pero cuando fuimos a entrar se metió una camilla con tubos y mi madre me sacó agarrándome fuerte del brazo.

Quería ver a la abuela. Le traje sus dientes en el bolsillo. Pensé que los podría necesitar para comer, por eso se los lavé. Hace horas juego con ellos. Cuento cuántos dientes tiene, si son duros. Temo que de repente mi abuela aparezca allí, en el bolsillo, reclamando su dentadura, mordiéndome los dedos que ya están lastimados.

¿Te gustó el paseo?, me pregunta mi madre al parar frente a la puerta 614. Esto es un hospital. Me hubiera gustado saber qué le pasaba al hombre de los tubos, le digo bajito. Puede ser que la abuela no te conteste, pero vos hablale igual que ella te escucha. ¿Qué hago con esto?, le pregunté mostrándole los dientes. Se rio, abrimos la puerta, siempre en silencio y entramos.

10

No es bueno que una niña tan buena como vos esté así de triste, me dijo mi madre sentándose en la cama y mirándome a los ojos. Los ojos de mi madre a veces me asustan. Son tan transparentes que a veces creo que voy a poder ver para adentro. Y no quiero ver los huesos de mi mamá. Una vez escuché que los hijos entierran a sus padres pero a mí no me gusta la tierra. Entonces le pregunté si la podía tirar al mar cuando se muriera, si ella prefería eso y me dijo que esos no son asuntos de niños, que los niños tienen que jugar y divertirse; entonces me preguntó qué quería hacer para salir de la cama y yo le dije que quería ver el mar, que quería ir al lugar donde pescaba el abuelo.

Y caminamos mucho para llegar al mar. Y cuando llegamos le pedí a mi madre que me dijera todo lo que hacía mi abuelo aunque no tuviéramos cañas de pescar. Y entonces me agarró de la mano y nos acercamos hasta mojarnos las plantas de los pies.

11

Es difícil llegar a la mitad de la historia y no saber qué más mentir y tener que contar la verdad.

12

Mi madre se fue y me dejó sola. Ahora puedo revisar toda la casa. Sé que ella esconde cosas. Esconde regalos y recuerdos. Hay un cajón de su ropero que nunca he podido revisar. No he tenido tiempo.

Me dijo que me portara bien como la niña grande que soy. Que lea el libro que me dejó en la mesa que después me va a preguntar. Es un libro grande y grueso. Va a demorar. Me alcanza con leer el principio y el final. Ella siempre me pregunta cómo termina la historia. Es una historia triste, parece.

Ahora corro hasta su ropero y voy directo al cajón. Hay unos papeles viejos y amarillos que tienen feo olor. Al fondo, envuelto en una tela vieja, hay un álbum de fotos. Me encanta ver fotos y que me cuenten historias. Ahora me las voy a tener que inventar.

Me siento en la alfombra y le saco el polvo a los recuerdos. Reconozco a mi madre con una panza muy grande. Debo estar yo ahí adentro. Parece que está en la playa. En otra foto mi abuela y un hombre, con mucho pelo y enrulado. Joven. Se ríe, parece feliz. Me hace recordar a un vecino que he visto varias veces y que me ayuda con la bolsa de los mandados cuando me toca ir a mí. En la otra foto, seguramente mi abuelo, de espaldas, parado, pescando. El mismo hombre de pelo enrulado con mi madre. Le está dando un beso a la panzota. Es mi padre. Me está dando un beso a mí. Me río. No entiendo por qué no me acuerdo de ese beso.

Hay una foto que no entiendo. Está mi mamá, con su panza, mi papá y un bebé en los brazos. Parecen una familia feliz.

13

Me asusta un poco la cama fría y blanca. Es una habitación oscura aunque es de día. Le digo a mamá para abrir las cortinas pero no me deja.