Siete Caos Entre Puntos - Aelarl Choi - E-Book

Siete Caos Entre Puntos E-Book

Aelarl Choi

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Beschreibung

En "Siete Caos entre Puntos - Primer Caos: Aelarl", nos adentramos en la vida de Aelarl, un joven que enfrenta una dura realidad marcada por los abusos escolares. Aelarl se siente atrapado en un ciclo interminable de intimidación y violencia, hasta que un encuentro inesperado cambia su vida para siempre. En medio de su sufrimiento, Aelarl se cruza con una enigmática chica llamada Kye Aelarl, quien parece tener una conexión profunda con él. A pesar de su breve encuentro, algo sucede que impide a Aelarl seguir conociendo a Kye Aelarl y descubrir la verdad detrás de su misteriosa presencia. La historia se sumerge en los conflictos internos de Aelarl, quien lucha por encontrar su lugar en un mundo hostil y por comprender la extraña conexión que siente hacia Kye Aelarl. A medida que se adentra en su búsqueda personal, Aelarl se enfrenta a obstáculos y desafíos que ponen a prueba su valentía y determinación

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Seitenzahl: 48

Veröffentlichungsjahr: 2023

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INDICE DE CAPITULOS

Prólogo: Choi Aelarl

0.1 Aelarl: Espejo

0.2 Aelarl: Mi luz/ Mi sombra

0.3 Aelarl: Sueño compartido

0.4 Aelarl: Borroso pasado

0.5 Aelarl: La tragedia

0.6 Aelarl: Fragmentos del corazón

0.7 Aelarl: Perdido

0.8 Aelarl: No te vayas

0.9 Aelarl: Negación

0.10 Aelarl: Nuevas amistades

0.11 Aelarl: Acéptame

0.12 Aelarl: Solo eres una ilusión

0.13 Aelarl: Mi recuerdo más bonito

Epílogo

Prólogo: Choi Aelarl

¿Importa realmente cómo te cuente cada día de mi vida? Quizás pienses que no tiene relevancia, pero deseo sumergirte en una realidad dolorosa y cruda, donde el sufrimiento se vuelve tangible y las heridas se abren una y otra vez. No busco que te identifiques con mi sufrimiento, sino que te enfrentes a la intensidad de las emociones que me han arrastrado al abismo.

En cada palabra que comparto, encontrarás la verdad desnuda, sin adornos ni promesas de un final feliz. Quiero que experimentes junto a mí la crudeza de una realidad que a menudo se empeña en destrozar nuestros sueños y hacernos sentir insignificantes. Deseo que te sumerjas en las profundidades de mis experiencias, donde el mundo se torna sombrío y la luz apenas se atisba en el horizonte.

No busco generar lástima, sino más bien que comprendas la realidad de aquellos que cargan con el peso de la desesperanza. Quiero que entiendas los desafíos y las dificultades que enfrentamos, y que te acerques a los corazones heridos de quienes luchamos por encontrar un resquicio de esperanza en medio de la oscuridad.

En este relato, no encontrarás respuestas fáciles ni soluciones mágicas. Más bien, te invito a adentrarte en la profundidad de mis experiencias, para que puedas sentir en tus propias fibras el dolor y la desesperación que me han consumido.

0.1 Aelarl: Espejo

Aquel joven permanecía parado frente al espejo, cuestionándose una vez más el porqué de su existencia. Las lágrimas trazaban surcos en su rostro mientras se preguntaba una y otra vez:

"Aelarl, ¿quién eres? ¿Por qué permites que aquellos que dicen amarte te lastimen sin defenderte? Eres vulnerable y dulce, pero tonto a tu edad..." Su voz interior resonaba con amargura y decepción.

Sus lágrimas recorrían su rostro, pero él rápidamente las secó, como si temiera mostrar su vulnerabilidad. Salió del baño con una sensación de que había cometido un error al abandonar aquel refugio momentáneo que le ofrecía cierta paz.

De repente, una voz llena de desprecio lo interrumpió: "¡Miserable escoria! ¿Estabas aquí? ¿Acaso crees que disfruto buscando desechos?" El cazador había vuelto a acecharlo, dejándolo una vez más indefenso y sin escapatoria.

El joven se sentía como una presa en manos de su depredador. Algunos solo buscaban sobrevivir, mientras otros se deleitaban causando sufrimiento a aquellos que intentaban vivir.

Había llegado al punto de rendirse ante el constante abuso. Había intentado luchar, resistir y detener aquella tortura, pero cuanto más anhelaba poner fin a su sufrimiento, más daño le infringían aquellos que se suponía que lo amaban.

El día escolar había llegado a su fin, aunque no era viernes, sabía que los golpes y las humillaciones no cesarían. Sin embargo, el camino a casa era su único refugio, el único resquicio de belleza que le quedaba en medio de la oscuridad. En casa, las cosas tampoco iban bien. Solo encontraba paz en la casa de su abuela, donde al menos podía respirar un poco de alivio.

Al cruzar la puerta principal, anunciando su llegada, sus padres lo esperaban con rostros tensos. ¿Podía empeorar aún más?

- Aelarl, ¿puedes explicarme por qué no eres un buen hijo? Estoy harta de tus malas calificaciones y de que el director me llame diciendo que provocas peleas en clase. Siempre finges inocencia en casa, pero estoy cansada. - La voz de su madre estaba llena de frustración y resentimiento.

El joven respondió en voz baja y temblorosa: "Lo siento, madre". Pero su disculpa no hizo más que encender la ira de su padre: "Estas faltas de respeto hacia nosotros no te las enseñamos. ¿Acaso quieres que te enseñe cómo ser obediente y respetuoso, malcriado?"

Tratando de mantener la compostura, Aelarl respondió con voz temblorosa: "No, señor, le pido disculpas... por mi actitud".

La respuesta de su padre fue implacable: "Retírate de mí vista. No soporto verte. Ojalá fueras como tu hermana, ella no nos causa problemas".

Las palabras que le lanzaban dolían más que los golpes físicos, pues se clavaban en su corazón como flechas afiladas. Se adentraban en su ser, convirtiéndose en pequeños cristales que recorrían su torrente sanguíneo.

En ese momento, Aelarl se sentía como una escoria desechable. ¿Cuál había sido su pecado? ¿El simple hecho de ser quién era?

Ya no importaba. Solo anhelaba el cariño y la comprensión de su abuela en ese instante. Desesperado, abrió la puerta y corrió hacia su casa, el único refugio donde encontraría consuelo y aceptación incondicional.

Al llegar a la casa de su abuela, tocó la puerta y las lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos sin control. Era incapaz de contenerlas. Su abuela abrió la puerta y él se abalanzó en sus brazos, buscando el abrazo que tanto anhelaba. Su abuela respondió con caricias amorosas, como pequeñas agujas de crochet que comenzaron a tejer una bufanda cálida con los retazos de su corazón destrozado.

Con la voz entrecortada, Aelarl balbuceó: "Abuela..."

Su abuela lo miró con ternura y preocupación: "Mi niño, ¿qué ha ocurrido?"

Las palabras no eran necesarias. Las lágrimas y el dolor en sus ojos decían más que cualquier explicación. Aelarl apenas logró articular: "Quiero quedarme contigo, abuela. Ya no puedo más... estoy tan cansado".