Un Misterio Por Correo - Cynthia Woolf - E-Book
Beschreibung

La guerra civil devastó al país, dejando a Rachel Sawyer atada a un tortuoso empleo como modista, y sin esposo. Los hombres escasean en Massachusetts, por lo que Rachel y su mejor amiga viajan al Oeste, a Seattle, junto con los atractivos hermanos Talbot. Jason Talbot, el hermano mayor, era el dichoso dueño de una famosa compañía maderera. Él está fuera de su alcance por tanto enamorarse de Jason es la cosa con menos sentido que ella pudiese hacer. Sin embargo, es exactamente lo que hace. Luego de un sensual encuentro a media noche, Jason la aparta. Jason Talbot y sus hermanos están desesperados por mantener a sus empleados felices en su empresa, y si esto significaba que debían viajar alrededor del país para transportar a cien mujeres quienes se convertirían en nuevas esposas por correo, lo harían sin decir palabra. Las esposas son para otros hombres. Después de haber perdido a su esposa diez años atrás, Jason no está interesado en ocasionarle otro golpe a su corazón. Cuando Rachel llama su atención, una guerra entre su mente y su corazón, comienza. Pero cuando un ladrón entra a sus vidas y la determinación de Rachel por resolver un misterio la conduce a un asesinato, Jason se da cuenta de que haría lo que fuese por protegerla.

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UN MISTERIO POR CORREO

Novias of Seattle – Libro I

Escrito por

Cynthia Woolf

UN MISTERIO POR CORREO

Copyright © 2018 Cynthia Woolf

Todos los derechos reservados.

ISBN-13: 978-1-947075-65-8

TABLA DE CONTENIDO

UN MISTERIO POR CORREO

Copyright

Capítulo I

Capítulo II

Capítulo III

Capítulo IV

Capítulo V

Capítulo VI

Capítulo VII

Capítulo VIII

Capítulo IX

Capítulo X

Capítulo XI

Capítulo XII

Capítulo XIII

Capítulo XIV

Epílogo

Biografía del Autor

Títulos Disponibles en Inglés

CAPÍTULO I

Seattle, territorio de Washington, agosto 01 de 1864.

Jason Talbot hizo uso de su impresionante altura para observar a los hombres que se reunían en la cantina de Dolly. La mayoría eran empleados de las compañías Pope Mill o Talbot Logging, la última siendo de su propiedad y de sus hermanos los últimos diez años.

Eran buenos trabajadores…en su mayoría. Algunos le temían a Dios y algunos no, unos bebían y otros no. Sin embargo, la mayoría habían trabajado con Talbot Logging por casi diez años. Pero ahora, estos hombres querían esposas. Querían una familia, y de no conseguir a una buena mujer para desposar, entonces buscarían empleo en otro lugar. La compañía de Jason no era la única maderera en el territorio de Washington.

En sus treinta y seis años jamás había tenido que llevar a cabo un plan como este. Tenía que tener éxito donde Asa Mercer había fallado. Asa, había prometido regresar a Seattle con cientos de mujeres, pero terminaron siendo sólo diez. Jason planeaba llevar cien de ellas y usaría a su hermana, el “catalizador”, como su ayudante. Suzanne sería capaz de correr la voz mientras promovía que las mujeres se fuesen a Seattle y lo mejor de todo era que Adam y Drew iban a encargarse de llevarlas ellos mismos. Jason y sus hermanos habían sido bendecidos con rostros agradables, y dado que habían pasado gran parte de sus vidas trabajando la madera, sus cuerpos transmitían seguridad y virilidad. Cuando las mujeres los vieran, con suerte, quedarían encantadas y deseosas de unirse a la aventura que cambiaría sus vidas.

Jason tomó el mazo y golpeó la madera de teca frente a él. Dolly Hatfield, la dueña, había remodelado el bar con su gusto exquisito hace seis años, para luego construir el salón.

“Silencio. Silencio,” gritó Jason para callar las inquietas voces de los hombres en la habitación.

El edificio de dos pisos albergaba el bar en la planta principal, y la residencia de Dolly en la segunda.

Dolly no era una mujer convencionalmente hermosa. Era rubia y de figura algo tosca, con un lunar en su mejilla izquierda. Tenía un corazón de oro, pero no permitía que nadie se aprovechara de ella. Sin embargo, era el hombro donde a muchos hombres les gustaba llorar.

Hoy, Dolly se sentó en el corredor, frente a su habitación, para observar el evento, sin tomar parte en él.

“Necesitamos mujeres, Jason. Queremos esposas” dijo Lester Holden, uno de los leñadores. “Todos nosotros.”

Jason, siendo el propietario de la compañía, miró a los hombres que habían convertido el lugar en simplemente una muchedumbre. Cada silla había sido tomada, así que otros hombres permanecían de pie, junto a las paredes, asintiendo.

“¿Cómo supones que consigamos que las mujeres vengan hasta acá?” preguntó Alfred Pope, el dueño del aserradero.

Pope, quien era mucho más bajo que Jason, siempre vestía costosos trajes al estilo dandi. Abrigo, camisa blanca, chaleco plateado de cachemir, corbata y pantalones. Su cabello se partía en el medio, cayendo a los lados. Jason jamás lo había visto diferente. Nunca utilizó la camisa de cuadros y los pantalones de lana propios de los hombres de Seattle, y ciertamente no era fanático de la piel de ciervo al igual que Jason.

“He estado pensando en eso,” dijo Jason. “Propongo que las importemos desde Massachusetts. La guerra acabó con la mayoría de los hombres allá, según cuenta mi hermana, Suzanne, quien vive en New Bedford. Le escribiré hoy y le preguntaré si puede encontrar mujeres que estén interesadas en viajar hasta acá y casarse. La próxima semana, Clancy regresará a Nueva York. Quiero que recoja a las mujeres junto con nuestros suministros regulares.”

“Asa Mercer ya lo intentó. ¿Qué te hace pensar que tú vas a lograrlo?” gritó Mark Delany desde el fondo de la habitación.

“¿Cuántas mujeres crees que lograrán venir hasta aquí?” preguntó Craig Rowan, un molinero. Craig era robusto, con cabello rubio, gran pecho y de barba abundante, la cual cubría su doble mentón.

“Cien,” respondió Jason. “Y lo haré, aunque Asa haya fallado porque yo soy yo, y mi hermana ya se encuentra allá” Ella buscará a las mujeres y las animará a unirse a este viaje antes de que Adam, Drew y yo lleguemos.” Tengo a doscientos cincuenta y cinco hombres que necesitan esposas, pero no puedo traer más de cien mujeres. El Bonnie Blue no puede trasladar a más de esa cantidad.

“No puedo hacerlo,” dijo Clancy Abrams, capitán del Bonnie Blue, sacando su pipa de entre sus labios; su acento de Nueva Inglaterra lo destacaba. Su gorro de capitán, el cual estaba en extremo viejo, descansaba sobre su cabello gris. Unas patillas gruesas y barba envejecida cubrían la mayor parte de su rostro. “El Bonnie Blue no será capaz de transportar nuestros suministros y a las mujeres.”

“Bueno,” respondió Jason mientras masajeaba su propio cuello. “Enviaremos por las mujeres y cualquier suministro que necesites para el viaje. Luego de que llegues y las damas se pongan cómodas, regresarás a San Francisco para buscar nuestros suministros regulares, aunque nos cueste más dinero. Mientras no estemos, lo cual será por unos seis meses, contrataremos otro buque para que transporte provisiones regularmente.”

“Me parece bien,” dijo Clancy.

“¿Cómo sabremos qué mujer será nuestra?” preguntó Russell Corbett, un leñador alto y de cabello oscuro.

“No lo sabemos.” Jason sabía que este acuerdo traería algunos problemas. Luego de contarles su idea, algunos hombres parecían solamente querer escoger una pareja y casarse con ella. “Todos deberán cortejarlas, ellas decidirán con quién se desposarán.”

“Así es como debe ser,” dijo el reverendo Peabody, mientras los miraba por sobre sus anteojos. “Ninguna de estas mujeres será forzada a casarse con nadie.”

“Estamos pagando cien dólares para traerlas hasta aquí, deberían al menos acceder a casarse con nosotros,” opinó Cy Bailey, un leñador conocido más por su espeso bigote que por su habilidad con el hacha.

“Eso no funcionará. No estamos comprando mujeres.” Jason suspiró mientras colocaba sus manos sobre su nuca. Él sabía que sería difícil, pero jamás pensó que sus trabajadores fuesen unos cavernarios. “Les preguntaremos si pueden viajar hasta aquí con la idea de casarse, eso es todo. Si ninguna mujer los encuentra atractivos, pues que así sea. El dinero que pagaron sólo cubre los gastos del viaje de las señoritas, el alimento que comerán durante el viaje y la construcción de un dormitorio donde se quedarán una vez lleguen.”

Golpeó el mazo contra la madera.

“Ese es el plan, tómenlo o doy por cancelado este viaje,” reveló Jason a los trabajadores.

Las voces se apaciguaron.

“Bien. Le escribiré a mi hermana y ordenaré que la embarcación salga hoy mismo; luego Adam, Drew, y mi persona iremos a Massachusetts para escoltar y quizá ayudar a convencer a las mujeres a unirse al viaje. Al escribirle a Suzanne con antelación, podemos hacer llegar la información más rápido.”

“Muy bien,” respondieron los hombres. Algunos se dieron la mano, otros se dieron ánimo y otros hasta lanzaron sus sombreros al aire.

“Es hora de abrir el bar,” gritó Dolly desde el balcón interno para luego bajar las escaleras con la elegancia de una señorita.

“Gracias por permitirnos tener nuestra reunión aquí, Dolly.”

“Sabes que haría lo que fuese por ti, Jason,” dijo con una sonrisa seductora.

“Sí, bien… Gracias.” Jason se retiró de la habitación y en el camino pensaba en que le diría a su hermana. Caminó rápidamente a la salida, llegando al camino de tierra. Las calles necesitaban entablados, pero no tenían el tiempo. Habían pagado por ello cada vez que la lluvia convertía los caminos en pozos de lodo, pero nunca se concluyó el proyecto.

Estaba feliz por el éxito de la reunión, pero no le emocionaba el viaje. No había ido hasta New Bedford desde la muerte de Cassie. Se sentía como un niño que corría tan rápido como un caballo, lejos de esos recuerdos. Pero ahora debía enfrentar a su pasado, y su mente no lograba enfocarse.

En su mente, su hogar estaba a kilómetros de la punta de la Bride Veil Mountain, desde donde se podía ver a la gente llegar por tierra. Sin embargo, en realidad era Dolly quien podía ver a las personas llegar desde el balcón que se encontraba sobre el bar. Un gran triangulo colgaba de allí para avisar que un buque estaba por arribar.

Cada buque que arribaba traía suministros, correo o incluso pasajeros. Luego de dejar la carga, la mayoría de los barcos eran cargados con madera—Madera Talbot. Tablas para la construcción de casas, postes para cercas y tablillas para los techos. Sea cual sea la madera solicitada, la compañía de Jason y sus hermanos la producirían sin problema, incluyendo las divisiones del ferrocarril que muy pronto recorrería todo el país. Sin embargo, muchos años pasarían antes de que los trenes tomaran el control del transporte norteamericano, pero Jason se mantenía optimista de que algún día ocurriría.

Cuando llegó a casa, tomó una pluma, tinta y papel, se dirigió rápidamente a la cocina y comenzó a pensar en cómo debía organizar sus palabras. Había un área designada para los negocios, en donde guardaba el papeleo de la compañía. Dado que vivía con sus otros hermanos, no existía un espacio designado para tener una oficina. Aunque no la necesitaba. Un cajón en su escritorio era suficiente, por ahora.

La cocina era una cocina para hombres. Contaba con una estufa de seis hornillas, heladera, lavabo con bomba, alacenas sobre los mostradores. Bajo los mostradores había cajones llenos de herramientas, cubertería, cuchillos y mucho más. La cocina no poseía despensa así que los alimentos estaban dispersos junto con ollas, sartenes y demás.

Luego de haber estado sentado en la mesa por minutos, finalmente pudo poner su mente en sincronía con sus palabras, por lo que escribió:

Agosto 01 de 1864.

Querida Suzanne,

¿Cómo te encuentras querida hermana? Tus hermanos y yo nos encontramos bien y te enviamos nuestro amor. Esperábamos que nos pudieses ayudar con algo. No encuentro una forma más delicada de explicarlo que esta, pero… necesitamos mujeres. Esposas para nuestros leñadores y los otros hombres del pueblo.

Mi intención es convencer a cien mujeres a venir hasta acá, y también quisiera que colocaras una especie de anuncio en el área para atraerlas; desde New Bedford pasando por Boston y hasta Nueva York.

Esta es la información que me gustaría publiques:

Se necesitan damiselas solteras, capaces para desposar caballeros trabajadores en el territorio de Seattle, Washington. Las mujeres tendrán cientos de hombres a elegir y si luego de un año las mismas no desean casarse o quedarse en la región, se les entregará un boleto de regreso a Massachusetts o San Francisco.

Las mujeres son la respuesta, Suzanne. Esposas. Mis hombres me han amenazado con irse, y necesito que se queden. Para ser honesto me encantaría que tus hermanos también sentaran cabeza. En cuanto a mí, creo que ese bote ya partió. Mi amor por muchas cosas desapareció con la muerte de Cassie. El único recuerdo que tengo de ella es nuestro hijo, Billy. No podrías reconocerlo, hermana. Tiene nueve años y es mi felicidad. Crece más rápido que la hierba y ya llegó al metro y medio. Si pudieses comprarle algunos libros, lo apreciaría. Ha leído todo lo que tengo al menos dos veces. El chico ha desarrollado un amor increíble por la astronomía y la matemática. ¿Podrías imaginarme a mí enseñándole sobre esos temas? Le muestro e instruyo tanto como se me es posible, pero no es suficiente y es por ello por lo que me gustaría que una de las mujeres que elijas esté suficientemente preparada para enseñar en la escuela del pueblo. Sólo hay cuatro niños en el lugar, incluyéndolo. Con la llegada de las mujeres se crearán familias, por lo que se necesitará más que nunca una profesora.

Por favor has los cambios pertinentes para que la información sea lo más clara posible. Traeré conmigo a Drew y Adam, así que espero nos recibas.

¿Cómo se encuentra tu irritable esposo, por cierto? Imagino que te mantiene despierta y alerta. Tu hijo menor, Peter, seguramente estará ya hablando y caminando para cuando lleguemos en tres meses. Ya tiene tres años, ¿verdad?

Nos vemos pronto.

Con amor,

Jason

Decidió leerla una vez más antes de doblarla e introducirla cuidadosamente en un sobre dirigida a la Sra. Suzanne Pruitt, 2410 Harbor Way, New Bedford, Massachusetts.

Jason miró el reloj sobre la mesa y recordó que solamente tenía diez minutos, antes de que el Gloriana, un barco arrastradero, dejara el muelle. La embarcación estaba llena con madera que se dirigía a San Francisco, pero también llevaba consigo correo de Seattle que sería entregado a otro buque para que fuese llevado a Nueva York y Boston. Tenía que correr, rápido, para llegar a tiempo. Por suerte era cuesta abajo.

El capitán del Bonnie Blue, el Sr. Clancy, partiría en dos semanas con más correo, órdenes de provisiones, Jason, Adam y Drew como pasajeros. El bote era una elegante goleta, de más de treinta metros de largo y nueve de ancho. Podía soportar grandes cargas de madera y provisiones, mas esta vez albergaría, con suerte, a cien mujeres y sus equipajes.

Jason había puesto todas sus esperanzas en este plan, dado que, si fallaba, perdería a sus trabajadores. Sin leñadores, no hay leña que trabajar y sin trabajo no hay dinero. Por lo tanto, no había espacio para el fracaso.

*****

Noviembre 04 de 1864.

Rachel Sawyer estaba sentada en la cocina de su amiga Lucy cuando la misma le entrego un anuncio que le habían dado en la ciudad. Lucy vivía con sus padres, pero quería mudarse lo más pronto posible, lo cual tenía sentido para Rachel. Lucy no soportaba vivir bajo las órdenes de su padre, quien no era un buen hombre.

Lucy tomó con sus manos una taza de té y escuchó a Rachel leer la hoja de papel.

A todas las mujeres casaderas. Solicitamos damas que deseen realizar el viaje de su vida hasta Seattle, territorio de Washington, donde se les garantizarán hombres a desposar. Seattle es una ciudad maderera que alberga a más de trescientos hombres que están en busca de esposas. Requerimos cien mujeres aventureras dispuestas a ser parte de un viaje que cambiará su destino. Comuníquense con Jason Talbot, a través de la Sra. Suzanne Pruitt, 2410 Harbor Way, New Bedford, Massachusetts.

“Damas. Casaderas. ¿Lucy, tú qué opinas?”

Chasqueó sus dedos. “Yo opino que deberíamos inscribirnos. Estoy segura de que nunca encontraremos esposos aquí. Todos se han ido a pelear en la guerra. A menos que quieras casarte con el extraño Sr. Keiper. Él siempre está en búsqueda de una nueva esposa.”

La imagen de ese hombre gordo y casi calvo le provocó nauseas a Rachel.

“¿Qué hace con ellas? No es posible que la desaparición de todas esas mujeres sea un accidente. Pienso que las asesina, para así buscarse una nueva. Siempre me he dicho que debo investigar, pero tratándose de él, seguramente es algo siniestro.”

Lucy encogió sus hombros y sacudió la cabeza. “Yo voy a hacerlo. Tú deberías también, esto suena más interesante que tu trabajo detectivesco con el Sr. Keiper y las esposas desaparecidas.”

Por supuesto que lo harás, quieres dejar la casa de tus padres, y amas viajar. La idea de lugares lejanos, y aventura es algo que te inspira. Siendo honesta, creo que a mi igual. Aunque mi situación no es la peor, quisiera tener una familia propia.

Rachel suspiró lentamente.

“Me siento igual. No quiero esperar a estar desesperada y aceptar la propuesta del Sr. Keiper.”

Si tan solo Ezra no hubiese muerto en la guerra, yo no estaría preocupándome por formar una familia. Ya la tendría. Una casa e hijos. Si solamente se hubiese casado conmigo antes de partir al combate, quizá tendría un hijo por el cual velar. Si esto continua, nunca seré capaz de ser madre.

“Oh, cariño. Eso no ocurrirá.”

Rachel observó a su amiga. Lucy era irlandesa, pero su cabello era negro como la noche, sus ojos color esmeralda y el tono de su piel era pálido, así que era difícil creerlo. Tampoco tenía el temperamento relacionado con las personas irlandesas. Algunas veces la gente la llamaba “Negra Irlandesa”. Sin embargo, no tenía los ojos oscuros asociados con las personas de ascendencia española e irlandesa.

“Tengo veintiocho años, Lucy. Me consideran una anciana. Tuve mi oportunidad con Ezra; estuvimos enamorados por más de diez años, desde que éramos niños. Ezra quería culminar la escuela de medicina e iniciar sus prácticas, pero la guerra toco a nuestras puertas y bueno, nunca regreso a casa.”

Lucy tomó la mano de Rachel. “Entiendo todo lo que me has dicho, si alguien merece una familia eres tú. No eres una anciana. Eres sólo dos años mayor que yo y me niego a pensar que estoy muy vieja para casarme. No hay hombres para desposar en este lugar. Ni siquiera has tenido la oportunidad de rechazar a alguien. Ezra no valía la pena…escogió la guerra antes que a ti.”

Rachel podía sentir la ira de Lucy cuando se hablaba de Ezra. Lucy estaba mucho más molesta con él que Rachel.

“Además, mírate. Eres hermosa. Tu cabello es dorado, y tus ojos reflejan el color violeta del cielo al atardecer. Si hubiera hombres aquí, no estarías soltera, te lo garantizo.”

“No lo creo. Ezra siempre pensó que era algo común pero que aun así me amaba. Por otra parte, tú si eres especial, Lucy. Ninguna de nosotras encontrará a alguien. No hay hombres en esta ciudad que podamos desposar. Ese buque a Seattle es nuestra última oportunidad, y la de nuestras familias ¡También me uniré a esta aventura!” Respiró profundamente, con sus ojos brillando de felicidad. Finalmente tenemos una oportunidad de crear una familia y un hogar. Quizá hasta encuentre el amor verdadero.

Lucy se levantó y caminó hacia el escritorio al otro lado de la cocina. “Está decidido, iremos a Seattle. Le escribiré a esa mujer y le diré que deseamos ir.”

Rachel golpeó la mesa con su mano. “No, eso tomará demasiado. Vive en New Bedford, no muy lejos de aquí, iré hasta allá mañana a primera hora y se lo diré en persona.”

Lucy levantó una ceja. “¿Por qué esperar hasta mañana?”

“Porque es muy tarde. No quiero regresar al anochecer.” A Rachel no le gustaba viajar de noche, aunque viviese en la tranquila New Bedford. Le traía terribles recuerdos de una fatídica noche en la que trabajaba como criada en una gran mansión. El dueño, quien numerosas veces había sido visto observándola, la atacó en uno de los pasillos del lugar. Rachel sintió como sus manos rompían su vestido mientras intentaba empujarla… ¡No! Ella nunca volvería a hablar de lo que pasó esa noche. Vas a tener que decirle a tu futuro esposo, dijo una pequeña voz. No, no puedo. Él no me violó, pero si su esposa no hubiese llegado para detenerlo… A pesar de no haber sido mi culpa, igual fui despedida; jamás me sentí tan feliz por estar desempleada. Volví a la fábrica después de esa noche. No ganaba mucho dinero, tuve que mudarme, pero al menos me sentía a salvo. Sus manos apretaban tan fuerte la mesa que sus nudillos estaban pálidos. Logró relajarse y dejo caer sus manos sobre su regazo.

“Iré contigo mañana. Compartiremos un carruaje hasta allá y de regreso.”

“Es un hecho. Nos vemos mañana a las nueve en punto de la mañana.”

*****

Lucy llegó justo a tiempo. Ambas planeaban tomar un carruaje hasta allá.

“Es hora de irnos.”

Rachel tomó la mano de Lucy mientras viajaban. Rachel planeaba contarles a sus padres de su decisión una vez los planes estuviesen en marcha. De esa forma no perdería tiempo.

Diez minutos después, ambas se encontrarían frente a la casa de Suzanne Pruitt.

Rachel inhaló profundamente. “¿Estás lista?”

Lucy asintió con la cabeza. “Asustada, pero lista.”

Ambas caminaron hasta la puerta principal y Rachel tocó la puerta con fuerza.

Una mujer de edad avanzada con cabello gris y uniforme blanco abrió la puerta.

“¿Puedo ayudarles, señoritas?”

“Sí, estamos aquí por el…Emm…”

“¿Están aquí por el aviso, correcto?”

“Sí, señora, exactamente.” Rachel comenzó a jugar con los hilos de su vestido.

“Síganme, señoritas”

La ama de llaves las condujo hasta el salón. Unas seis mujeres ya se encontraban sentadas allí.

“¿Estás aquí por el aviso?” Rachel preguntó a la mujer que se encontraba junto a ella, una voluptuosa pelirroja. Al mismo tiempo se preguntó por qué no había más chicas. Quizá era muy temprano y habían decidido llegar luego. También se propuso memorizar a todas las mujeres en el salón. Después de todo, una buena detective siempre está atenta a qué ocurre a su alrededor.

“Sí ¿Qué tal tú?” preguntó una mujer de cabello castaño oscuro.

“También. Vimos el anuncio ayer. Soy Rachel Sawyer y esta es mi amiga Lucy Davison.”

“Igualmente. Soy Nicole Wescott.” Volteó a ver a las otras mujeres en la habitación. “Esa es Karen Martell, de cabello negro, Bethany Van Ness, con el vestido azul, Charlene Belcher, con el vestido rosa, Bertha Corrigan, de cabello rubio y Nancy Picozzi con el vestido verde.”

“Es un gusto conocerlas a todas,” dijeron Rachel y Lucy. Se vieron mutuamente y rieron.

“Estoy algo nerviosa,” admitió Rachel. Era la habitación más extraña que jamás hubiese visto. Cada centímetro había sido tomado por estanterías… todas repletas con libros. Le encantaba la idea, pero no podía comprender de dónde habían salido tantos libros. Frente a la chimenea había un área de lectura con dos sillas y un sofá. Rachel amaba como se veía todo el lugar y soñaba con algún día tener un hogar similar.

“Todas lo estamos,” dijo Nicole. “Sólo espero que aun tengamos oportunidad de ir.”

“Buen día, señoritas” dijo una elegante y embarazada mujer. “Mi nombre es Suzanne Pruitt, ustedes están aquí para inscribirse en el viaje a Seattle, junto con mis hermanos. Ellos no se encuentran aquí aun, llegarán en unas dos semanas. Sin embargo, quiero correr la voz e inscribir a las potenciales candidatas.”

“¿Podremos ir todas?” preguntó Lucy.

“Oh, sí. Mis hermanos esperan transportar al menos cien mujeres, y este grupo ha sido el primero en llegar.”

Suzanne camino hasta la pequeña mesa junto a Rachel, la cual pareciese que hubiese sido puesta allí solamente para permitirles a las mujeres firmar. Dicha pieza de madera no iba en lo absoluto con la decoración del lugar.

“Ahora, señoritas,” Suzanne aplaudió para llamar la atención de todas. “Por favor, hagan una fila. Es necesario que todas firmen una aclaración. Incluyan sus nombres y direcciones. Mis hermanos anticipan que llegarán entre el día doce y el catorce de este mes. He solicitado un espacio cercano a la iglesia Presbiteriana para que puedan reunirse con ellos y conocerse. Por favor, programen estar allí el día quince para que puedan verlos, y hacerles las preguntas que deseen”

Las ocho mujeres que estaban en la fila escribieron sus nombres en la lista. Rachel fue la primera, y Lucy la segunda dado que ambas estaban más cerca de la mesa. Luego de que Lucy firmara, Rachel la tomó del brazo y sonrió.

“¡Lo hicimos! Nos hemos inscrito para ser esposas por correo ¿Puedes creerlo, Lucy? En menos de un año estaremos casadas ¿No estás feliz?”

“Sí, quisiera gritar de la emoción, pero creo que no es muy femenino.”

Rachel rio jocosamente. “No, creo que no lo sería”

“Muy bien. Nuestra siguiente reunión será en la esquina de la iglesia Presbiteriana, entre las avenidas Midway y Cape Cod, el día 15 de noviembre. Mientras tanto, chicas tengan todo su equipaje en orden, en caso de que deban partir con anticipación,” aclaró Suzanne.

“No puedo creer que esto esté ocurriendo,” susurró Lucy a Rachel.

Rachel asintió. “Sí, es verdaderamente increíble. Finalmente tendremos nuestras propias familias.”

“Oh, olvidé decirles,” aclaró Suzanne. “No se les está permitido más de una pieza de equipaje, y asegúrense que el mismo tenga su nombre escrito claramente. El barco cuenta con espacio limitado. El equipaje se colocará en la bóveda y por lo tanto será difícil de alcanzar. Les recomiendo que no lleven vestidos con armadores. Viajen ligero; las mujeres en Seattle llevan un estilo de vida muy diferente al nuestro. Es un lugar pequeño. Créanme cuando les digo que la ciudad les parecerá un mundo totalmente distinto.”

CAPÍTULO II

Noviembre 14 de 1864.

Hogar de Suzanne y Arthur Pruitt.

Jason tocó a la puerta de la casa de Suzanne y Arthur. Drew, Adam y él esperaron pacientemente en el porche antes de ser recibidos. Los tres hombres vestían largas pieles de animal para poder lidiar con el frio abrazador. Todos estaban ansiosos por escuchar las noticias de Suzanne sobre los anuncios y la lista de mujeres que había creado.

La puerta se abrió, y de ella salió una hermosa y claramente embarazada Suzanne.

“¡Jason!”

Suzanne se lanzó a los brazos de Jason.

Él la tomó como lo hacían de niños. Suzanne era la menor de los hermanos Talbot; con tan sólo veintiséis años y ya esperaba a su cuarto hijo. Claramente se había casado joven, y hasta donde Jason sabía, fue su decisión hacerlo a los diecisiete y con Arthur Pruitt.

Lo que su hermosa hermana veía en el malhumorado, corto de vista, de cabello castaño y maleducado Arthur Pruitt, era un misterio para todos, pero dado que no había nada que él pudiese hacer para que Suzanne cambiase de opinión, simplemente lo aceptó. Se casaron unos días después de que Jason y sus hermanos partieran a Seattle y a la montaña Bridal Veil, lugar donde compraron su aserradero más importante. Eso fue hace casi diez años, justo después de la muerte de la esposa de Jason, Cassie. Ella había muerto durante el parto de su único hijo, Billy. El dolor que esto le provocaba se hacía más tenue con el tiempo, pero su estómago aún se encogía cuando pensaba en ello. Sin embargo, su corazón parecía ya no sentir nada, lo cual agradecía. Diez días después de la muerte de Cassie, Jason tomó a su hijo y decidió criarlo en las montañas.

“Entren, rápido. Hace un frio insufrible.”

Dio un paso hacia atrás y los dejo pasar.

En el salón se encontraban Arthur y sus tres hijos: Gillian, de nueve años, Scott, de seis y Peter. El cabello de Arthur estaba comenzando a verse algo gris pero sus ojos brillaban cada vez que Suzanne estaba cerca. Jason no podía imaginar los sentimientos de su cuñado, ya que él era muy poco expresivo.

Gillian era la viva imagen de su madre. La pequeña tenía grandes ojos azules, el cabello largo y rubio, mientras que Scott y Peter se parecían a su padre. Ambos niños tenían el cabello castaño; Scott de ojos azules como Suzanne.

A Billy le hubiese encantado conocer a sus primos. Jason deseó haberlo traído.

“Gillian.” Suzanne dijo a sus hijos. “Scott y tú vayan y tomen los abrigos de nuestros invitados. Colóquenlos en el sofá del estudio de Papá.”

“Sí, Madre.” Dijo acercándose a Jason. “¿Puedo tomar tu abrigo, tío Jason?”

Jason se quitó el abrigo. “Aquí tienes, querida sobrina.”

Adam y Drew también se despojaron de sus pesados abrigos y se los dieron a los niños. Peter quien sólo tenía tres años, intentó llevar el abrigo de Drew al estudio, pero le fue imposible, así que tuvo que arrastrarlo.

Drew rio alegremente.

Suzanne caminó hasta el pequeño y tomó el abrigo. “Amor, aun eres muy pequeño para hacerlo. Deja que Gillian se encargue.”

Peter la miró. “Sí, Madre.”

Suzanne se puso de rodillas y besó la frente de su bebé. “El próximo año serás lo suficiente mayor para hacerlo ¿sí?”

Él asintió con la cabeza y corrió detrás de sus hermanos.

Jason avanzó y extendió su brazo.

“Arthur. Es bueno verte”

Se saludaron cordialmente.

“Igualmente, Jason.”

Jason era el más alto de los hermanos. Adam, quien llamaba la atención por su cabello rubio, era unos centímetros más alto que Drew, quien era el más bajo de todos los hermanos, tenía el cabello oscuro y los ojos verdes igual que Jason. Cada uno se dio la mano con su cuñado y abrazó felizmente a su hermana. Estaban juntos de nuevo.

Jason miró a su alrededor. Suzanne vivía en una gran casa de dos plantas la cual poseía enormes ventanales que dejaban pasar la luz del sol. El suelo estaba hecho de roble pulido, y había sido cubierto por alfombra oriental.

“Tienes un hogar hermoso.”