Erhalten Sie Zugang zu diesem und mehr als 300000 Büchern ab EUR 5,99 monatlich.
"Ella se echa hacia atrás y le mira el pulgar. –Todavía está –dice y luego abre la boca. Una sacudida de placer se difumina por su cuerpo cuando se mete su pulgar en la boca. Lo chupa y él se tiene que morder el labio para no gemir. Cuando su pulgar sale de la boca de ella, no tiene ni idea de si ha pasado un segundo o una eternidad. Todo lo que sabe es que quiere más, mucho más." ——————— Eric no logra quitarse de la cabeza a esa mujer con la que tuvo un tórrido encuentro junto a la hoguera durante la fiesta de Navidad del colegio de su hijo. Quiere volver a verla, pero no logra encontrarla, no sabe su apellido, no sabe cómo se llama su hijo, además es nueva y no sabe si va a ser capaz de volver a verla. ¿Cómo podría Eric imaginarse que será precisamente el tipo de las luces de la fiesta, esas luces horrendas de las que se mofaron él y su misteriosa amante, el que le traiga la pista que le conduzca de nuevo a ella?
Sie lesen das E-Book in den Legimi-Apps auf:
Seitenzahl: 28
Veröffentlichungsjahr: 2020
Das E-Book (TTS) können Sie hören im Abo „Legimi Premium” in Legimi-Apps auf:
Sofia Fritzson
LUST
Una Hoguera de Deseo
Original title:
En glöd av begär
Translated by Cymbeline Núñez
Copyright © 2016 Sofia Fritzson, 2020 LUST, Copenhagen.
All rights reserved ISBN 9788726406467
1st ebook edition, 2020. Format: Epub 2.0
No part of this publication may be reproduced, stored in a retrieval system, or transmitted, in any form or by any means without the prior written permission of the publisher, nor, be otherwise circulated in any form of binding or cover other than in which it is published and without a similar condition being imposed on the subsequent purchaser.
Eric bebe un sorbo del ponche sin alcohol, alza la vista de su móvil y deja que su mirada recorra la cabaña rústica de madera y los veintidós niños de diez años enloquecidos por el azúcar y los seis padres cansados que hay ahí dentro. Cuando había alzado la mano para ser uno de los voluntarios para la fiesta de Navidad del colegio, lo había hecho más que nada, para asegurarse que el colegio se adhería al presupuesto y que no malgastaran el dinero en tonterías. Un vistazo a la fiesta en su apogeo le indicó que había fracasado miserablemente. Hay bolas plateadas de discoteca fijadas al techo y parpadean lo suficiente como para causar un ataque epiléptico. Las ventanas están cubiertas por nieve artificial y la sala está decorada con cientos de luces navideñas que cambian de color cada dos segundos. La música alta sale de los altavoces y aunque la fiesta acaba de empezar, él ya está deseando que termine.
Eric mira a los críos en la pista de baile y localiza la cabeza rubia de Felix. Ve que el niño se lo está pasando bien así que se termina su ponche y vuelve al móvil. La cobertura es mala en la cabaña de madera y se está quedando sin batería, pero ahora mismo el móvil es lo que le da seguridad y su intención es conservarlo el máximo posible.
De repente se da cuenta de que hay alguien de pie a su lado, alguien que huele a dulce, como a caramelo. La mujer a su lado tiene el cabello corto oscuro y lleva un vestido negro. Su brazo roza contra el suyo, y una sensación agradable le invade. Deseó que le tocara accidentalmente otra vez, pero ella está ocupada observando las luces navideñas parpadeando en la ventana.
Eric deja de mirarla y se fija en las luces. Van del amarillo al rojo, morado, verde, blanco y vuelven al amarillo.
–Horrible, ¿verdad? –dice Eric señalando las luces.
A mí me gusta. –dice ella. –Estoy pensando en conseguir algo así para la ventana de mi cocina.
Parece decirlo en serio y Eric no sabe si está bromeando con él o si realmente le gustan las luces horrendas. Ningún ser humano normal decoraría su ventana con estas luces, está seguro de eso. La estudia cuidadosamente. Su pelo es corto y con puntas y las luces parpadeantes hacen que parezca casi rojo. Tiene los ojos marrones enmarcados por largas pestañas ylos labios pintados de rojo.Sonríe.
–Deberías verte la cara ahora mismo –dice ella estirando la mano. –No nos conocemos, acabo de mudarme aquí. Soy Giselle.
Él ríe y toma su mano. Suolor dulce le hace pensar en pan de jengibre y chocolate. Huele a Navidad, y se percata de que le gustaría acercarse más a ella.
–Eric.–dice presentándose.–Imagínate tener eso en tu casa, vaya pesadilla.
