Vivir con el jefe - Susan Meier - E-Book
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Vivir con el jefe E-Book

Susan Meier

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Beschreibung

Olivia Brady estaba locamente enamorada de Josh Nicholson, su irresistible jefe..., pero él no lo sabía. Después de aquellos cuatro años de amor a distancia, Olivia había decidido que ya era hora de superarlo. Sin embargo, cuando le dijo que se marchaba de la ciudad, Josh insistió en que se quedara... ¡en su casa! Teniendo a aquella belleza rubia tan cerca, Josh se dio cuenta de que la quería por algo más que por sus excelentes dotes como organizadora..., pero cualquier tipo de compromiso se encontraba totalmente fuera de sus planes. ¿Alguna vez conseguiría Olivia ablandar el corazón de Josh con sus tiernos besos?

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Seitenzahl: 120

Veröffentlichungsjahr: 2015

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Editado por Harlequin Ibérica.

Una división de HarperCollins Ibérica, S.A.

Núñez de Balboa, 56

28001 Madrid

© 2002 Linda Susan Meier

© 2015 Harlequin Ibérica, una división de HarperCollins Ibérica, S.A.

Vivir con el jefe, n.º 1699 - octubre 2015

Título original: The Boss’s Urgent Proposal

Publicada originalmente por Silhouette® Books.

Publicada en español 2002

Todos los derechos están reservados incluidos los de reproducción, total o parcial.

Esta edición ha sido publicada con autorización de Harlequin Books S.A.

Esta es una obra de ficción. Nombres, caracteres, lugares, y situaciones son producto de la imaginación del autor o son utilizados ficticiamente, y cualquier parecido con personas, vivas o muertas, establecimientos de negocios (comerciales), hechos o situaciones son pura coincidencia.

® Harlequin, Jazmín y logotipo Harlequin son marcas registradas propiedad de Harlequin Enterprises Limited.

® y ™ son marcas registradas por Harlequin Enterprises Limited y sus filiales, utilizadas con licencia.

Las marcas que lleven ® están registradas en la Oficina Española de Patentes y Marcas y en otros países.

Imagen de cubierta utilizada con permiso de Harlequin Enterprises Limited. Todos los derechos están reservados.

I.S.B.N.: 978-84-687-7311-7

Conversión ebook: MT Color & Diseño, S.L.

Índice

 

Portadilla

Créditos

Índice

Capítulo 1

Capítulo 2

Capítulo 3

Capítulo 4

Capítulo 5

Capítulo 6

Capítulo 7

Capítulo 8

Capítulo 9

Capítulo 10

Capítulo 11

Capítulo 12

Capítulo 13

Si te ha gustado este libro…

Capítulo 1

 

Adiós, Josh.

Olivia Brady se quedó junto a la puerta del despacho de Josh Anderson durante unos instantes, esperando que él se diese cuenta del verdadero alcance de sus palabras, pero no fue así. O bien no le daba importancia a lo que acababa de oír, o bien solo oía lo que quería oír. O quizá era lo que esperaba oír.

–Buenas noches –contestó Josh sin levantar la vista de los papeles que tenía encima de la mesa.

–Mañana me espera un viaje muy largo, así que en cuanto guarde todas mis cosas en el coche, buscaré un hotel para pasar la noche –dijo Olivia esperando que aquello le diese una pista de lo que intentaba decirle–. Ya me despedí de todo el mundo anoche, en la fiesta de despedida.

–Muy bien.

–Sí. Me cuesta creer que esté haciendo esto –continuó Olivia, y por primera vez desde que entró en el despacho de Josh, este levantó la vista.

Sus vivos ojos castaños la miraron fijamente y como siempre, Olivia se sintió abrumada por lo atractivo que era. No solo tenía una mirada límpida y directa, sino que todas sus facciones eran marcadas y llenas de personalidad. Tenía la nariz recta, los pómulos pronunciados y un mentón perfecto. Su espeso pelo negro enmarcaba un hermoso rostro y resaltaba sus oscuros ojos, y llevaba un traje negro, una camisa blanca y una corbata de estampados rojos que realzaban aún más su atractivo.

La única palabra para describirlo era «imponente».

–Lo siento, Olivia, pero realmente no tengo tiempo para charlar esta noche. Desde que el señor Martin me pidió que desarrollara un plan para evitar que los supermercados Bee-Great nos coman terreno en nuestra cadena de tiendas de alimentación, no he tenido ni un minuto de descanso. No quiero ser maleducado, pero tengo que terminarlo.

–Sí, me doy cuenta –dijo Olivia, aunque los ojos se le llenaron de lágrimas–. Lo siento.

–No te preocupes –dijo Josh volviendo a sus papeles–. Te veré el lunes.

–No me verás –susurró ella mientras se daba la vuelta y salía del despacho, para siempre.

No volvería el lunes.

 

 

No hacía ni diez minutos que Olivia se había marchado, cuando Gina, prima de Josh y directora de Recursos Humanos de Alimentos Hilton-Cooper-Martin, una cadena de tiendas de alimentación perteneciente a su padre y a la familia de los dos, entró disparada en el despacho de Josh. En aquella ocasión, éste no se molestó en ocultar su irritación.

–Gina, tú mejor que nadie deberías saber que tu padre me despellejará vivo si no termino esto a tiempo.

Gina lo miró furiosa mientras se apartaba unos mechones de pelo de la cara.

–¡Josh, eres un idiota! No solo eres tan maleducado como para no despedirte de tu secretaria, que ha sido más leal contigo de lo que te mereces, sino que además te niegas a ayudarme a encontrar una persona nueva.

–¡Un momento! Más despacio –dijo Josh–. ¿De qué estás hablando?

–No te hagas el despistado. Fuiste un presuntuoso y un maleducado al no ir a la fiesta de despedida de Olivia. Te mandé tres notas para recordarte que se marchaba y que tendrías que ayudarme a encontrar otra secretaria. Puede que Olivia te disculpase diciéndole a todo el mundo que estabas trabajando, pero yo no tengo tiempo para tus payasadas –espetó Gina, inclinándose sobre la mesa y mirándolo furiosa–. Necesito ayuda para encontrar a su sustituta, y, te guste o no, tú vas a ayudarme.

Mientras Josh miraba a su prima, todo empezó a encajar y la conclusión a la que llegó lo paralizó.

–¿Olivia se ha marchado?

–Vamos, Josh. Te mandé tres recordatorios.

El sudor cubrió la frente de Josh y sintió una presión en el pecho.

¿Olivia se había marchado?

Jamás terminaría aquel trabajo sin ella.

–Te juro que no los recibí.

Gina alargó la mano hacia los documentos que tenía en la bandeja de entrada y se los entregó a Josh.

–No solo los recibiste, sino que al parecer Olivia se desvivió por que los vieses.

Josh se hundió en la silla.

–¡Fui tan maleducado con ella!

–Me lo imagino.

Josh miró a su prima de manera fulminante.

–No le dije nada desagradable. Simplemente le dije que no tenía tiempo para hablar y que la vería el lunes por la mañana.

–No tuviste tiempo para ir a su fiesta y no tuviste tiempo para despedirte de ella. ¡Eres el jefe ideal! Me haces desear que mi padre no fuese el dueño de esta empresa y así poder trabajar para alguien tan maravilloso como tú.

–Puedes ahorrarte la burla, Gina –dijo Josh levantándose de la silla–. He estado muy ocupado. Me perdono a mí mismo.

–¡Bien por ti! Me alegro de que estés tan bien equilibrado emocionalmente –dijo ella con sarcasmo.

Pero Josh hizo caso omiso de su comentario. Había estado realmente ocupado, y como era su padre quien lo había abrumado con tanto trabajo, Gina también lo sabía. Solo deseó haber tenido tiempo para darse cuenta de que su leal y trabajadora secretaria se marchaba.

–Pero eso no te librará de buscar una sustituta para Olivia –dijo Gina mientras dejaba una pila de historiales laborales sobre su mesa–. El lunes por la mañana traeré más; quiero sugerencias y que me digas cuándo puedo organizar entrevistas con las candidatas.

–Lo haré –dijo Josh.

Gina suspiró indignada y salió del despacho, y Josh volvió al trabajo.

Pero cuando estuvo completamente seguro de que no lo veía, Josh se derrumbó sobre su mesa. ¿Cómo podía haber pasado por alto la dimisión de Olivia? Había sido maleducado y desconsiderado. ¡Ni siquiera había ido a su fiesta de despedida!

Había tenido mucho trabajo, pero en el fondo sabía que le debía una disculpa. Desgraciadamente, se había marchado y no tendría oportunidad de hacerlo.

Y peor aún, al mirar a su alrededor y ver la fila de archivadores en el cubículo de Olivia, se dio cuenta de que no sería capaz de formar a su sustituta.

Dos años atrás, Olivia se había hecho cargo de cosas como su correspondencia. Solo ella conocía el sistema de archivo: los nombres, las direcciones y los números de teléfono que él necesitaba.

¡Iba a tener problemas!

Claro que si se acercaba al apartamento de Olivia con la excusa de que lo ayudase a formar a su sustituta, también podría disculparse sin parecer demasiado desesperado. No solo se sentirían los dos mejor, sino que en cuanto él le explicase que no se había dado cuenta de que se marchaba, probablemente podría convencerla para que se quedase una o dos semanas más hasta que encontrasen y formasen a la persona que la fuese a sustituir.

Estaba seguro de poder convencerla. Olivia era una mujer equilibrada, sincera y comprensiva. Una mujer entre mujeres.

Y él era director de Marketing y Publicidad, y sabía cómo convencer a la gente para hacer lo que él quería.

 

 

Lo único que Olivia tenía que hacer para contener las lágrimas era recordar la cantidad de veces que había encubierto a su jefe, la cantidad de veces que él se había aprovechado de ella y la cantidad de veces que la había tratado como una conveniencia y no como una persona.

Mientras caminaba hacia su coche, no se fijó en las plantas que habían florecido con la llegada de la primavera a Georgia. No sintió la calidez del sol de marzo, ni el aire fresco que traía la nueva vida. Lo único en lo que podía pensar era en lo mal que la había tratado Josh y en lo tonta que era por habérselo permitido.

A medida que se acercaba a su apartamento, el dolor y la pena se apoderaron de ella. Pero el sentimiento dominante era la furia. Se alegró de poder seguir adelante con su vida y deseó no volver a ver a Josh Anderson nunca más.

También la alegró que Josh se hubiese comportado de aquella manera cuando intentó despedirse de él: resultaba doloroso pensar que había desperdiciado cuatro años de su vida estando enamorada de él y aquello era justo lo que necesitaba para forzarse a ver la realidad y asegurarse a sí misma que no cambiaría de opinión ni se arrepentiría.

Después de la forma en que la había tratado, estaba completamente segura de que no sentiría deseos de volver a ser amable con él, y menos aún de enamorarse de él.

¡No se quedaría en Georgia ni un minuto más de la fecha límite que se había establecido!

Cuando alguien llamó a su puerta unos pocos minutos después de llegar, Olivia se preguntó quién podría ser. Segura de que sería alguien para desearle un buen viaje, y, con un poco de suerte, alguien que la llevase algo para cenar, abrió la puerta con una sonrisa.

Al ver a Josh, la sonrisa desapareció de su cara.

–¿Qué quieres? –le preguntó.

–¡Vaya forma de tratar a una persona que ha venido a pedirte disculpas!

Olivia lo miró. Resultaba extraño. Ahora que se había enfrentado a la realidad y que él ya no era su jefe, no sentía el habitual cosquilleo en el estómago. Estaban al mismo nivel, y él ya no tenía su futuro en sus manos.

¡Si ya ni siquiera le gustaba!

Podía hablarle como quisiese.

–Voy a adivinar: estás aquí porque Gina finalmente consiguió hacerte ver que hoy era mi último día.

Josh movió los pies inquieto.

–Sí y no. Vamos, Liv. Sabes mejor que nadie que he estado muy ocupado. Lo siento. Lo siento mucho, y me siento como un canalla por no haberme dado cuenta de que te marchabas.

–En la oficina había una tarta para mí junto a la cafetera. ¿Te comiste tres porciones y no viste que ponía «Buena suerte en Florida»? Eres un prodigio del marketing que se graduó en la universidad de Princeton, estoy casi segura de que sabes leer.

–Vamos, Liv. He estado ensimismado con el trabajo. ¿Te mudas a Florida?

–Mi madre vive allí.

–¿Así que te mudas para vivir con tu familia?

Olivia estuvo a punto de decirle que se mudaba para alejarse de él, pero lo pensó mejor. No es que no se lo mereciese, pero no quería que supiese que se había pasado los últimos cuatro años desesperadamente intentando que él se fijase en ella y que se enamorase de ella. Ya la había avergonzado lo suficiente, o quizá había sido ella misma al no darse cuenta a tiempo. Pero había abierto los ojos y no iba a bajar la guardia.

–Escucha, Josh. Estoy muy ocupada, tengo que guardar todas mis cosas en el coche, después tengo que buscar un hotel y acostarme pronto para poder salir mañana temprano.

–¿A qué parte de Florida vas?

–¿Qué más da? –dijo Olivia empezando a sentirse furiosa. Justo cuando ella quería sacarlo de su vida, él parecía decidido a acampar junto a su puerta.

–Solo es curiosidad. Hemos pasado tres años juntos y…

–Cuatro –lo interrumpió ella.

–Cuatro años. Cuatro largos años –corrigió Josh mientras entraba en su salón, que estaba vacío salvo por las cajas–. Y ahora te marchas. No parece lo correcto.

Por primera vez desde que Josh había llegado, Olivia empezó a debilitarse. Había dado en el clavo: su marcha no parecía lo correcto. Le parecía forzada y rara.

Aun así ya era demasiado tarde.

–Sí, resulta extraño –dijo ella moviéndose inquieta.

–Y es el peor momento para la empresa.

Olivia tragó saliva. Aquello era algo de lo que se arrepentía y su talón de Aquiles. No había planeado marcharse justo cuando la empresa, que le había dado trabajo y un buen sueldo, tenía problemas. Pero se había dado un año como tope para que él se fijase en ella, y se había prometido a sí misma marcharse si no lo hacía. Durante los últimos doce meses lo había intentado todo para que Josh la viese como una mujer, para que la invitase a salir o simplemente para que mantuviese una conversación un poco más íntima con ella, pero no lo había hecho. Así que mantuvo la promesa que se había hecho y dio por imposible aquel amor no correspondido.

Había entregado su dimisión antes de que Hilton Martin le asignase a Josh el proyecto que tenía entre manos y que lo había sumido en un montón de trabajo, pero a pesar de la gravedad de la situación, no podía echarse atrás. Había sido suficientemente duro obligarse a pensar que su vida se estaba estancando y que tenía que seguir adelante, como para tener que volver a hacerlo.

–Lo siento.

Josh la miró a los ojos y le dedicó aquella dulce sonrisa que hacía que se derritiese.

–Podrías salvar tu conciencia y mi puesto de trabajo si te quedases otra semana para ayudarme a formar a otra persona.

Olivia negó con la cabeza.

–No puedo.

–¿Ya tienes otro trabajo?

–Tengo una entrevista.

–Podemos cambiar la fecha de la entrevista –dijo él como si aún tuviese derecho a planificar su vida, y aquello hizo que Olivia volviese a abrir los ojos.

–Ya no se trata de nosotros, Josh. Esto es algo entre otra empresa y yo…

–¿De qué empresa se trata?

Josh nunca había mostrado tanto interés en su vida. Olivia sabía que parte de aquella curiosidad provenía de su don innato para analizar una situación y hacer que le resultase favorable. Pero también se dio cuenta de que había algo más.

Josh estaba de pie en el salón vacío, mirando las cajas como si fuesen cosas extrañas y maravillosas que debía investigar, y Olivia sintió que algo no marchaba bien. Sabía que él se arrepentía de perderla y que se arrepentía de haberse portado tan mal con ella, pero el pobre parecía estar a punto de sufrir un ataque al corazón.

–Es un despacho de abogados –murmuró ella.