Wilf combate al pirata. Libro 2 - Georgia Pritchett - E-Book

Wilf combate al pirata. Libro 2 E-Book

Georgia Pritchett

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Beschreibung

A Wilf le siguen dando miedo muchas cosas. Todavía le dan miedo los ascensores, la mantequilla de cacahuete, los jerséis de cuello de cisne o los vikingos. Y estas son algunas de sus últimas preocupaciones: 1. El más malo, malimalumalísimo más malo de todo el malimundo sigue viviendo en la puerta de al lado y se llama Alan. 2. Alan es ahora un pirata. Y tiene un montón de planes diabólicos de pirata. 3. Wilf sigue siendo el único que puede pararle.

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Seitenzahl: 85

Veröffentlichungsjahr: 2018

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Título original:Wilf the Mighty Worrier Battles a Pirate

Edición en formato digital: 2018

© Del texto: Georgia Pritchett, 2015

© De las ilustraciones: Jamie Littler, 2015

Publicado en Gran Bretaña por Quercus Publishing Ltd (2015), y por Hodder and Stoughton (2016).

© De la traducción: Adolfo Muñoz García, 2018

© Grupo Anaya, S. A., 2018

Juan Ignacio Luca de Tena, 15. 28027 Madrid

www.anayainfantilyjuvenil.com

e-mail: [email protected]

ISBN Ebook: 978-84-698-4693-3

Conversión digital: REGA

Está prohibida la reproducción total o parcial de este libro electrónico, su transmisión, su descarga, su descompilación, su tratamiento informático, su almacenamiento o introducción en cualquier sistema de repositorio y recuperación, en cualquier forma o por cualquier medio, ya sea electrónico, mecánico, conocido o por inventar, sin el permiso expreso escrito de los titulares del Copyright.

Para mis chicos

1

¡Eh!

Pero ¿tú qué te crees que estás haciendo? Cierra este libro y vuelve a dejarlo donde es-taba inmediatamente. He dicho que lo cierres. Mira, voy a contar hasta diez.

Uno, dos, tres,

cuatro, cinco, seis...

Te lo digo en serio...

CAPÍTULO 1

EL COMIENZO

2

Siete, ocho...

No lo pienso repetir...

Nueve...

Vale, lo repetiré una vez más, pero solo una. ¡Cierra el libro...!

Diez.

Bueno, está claro que eres un niño muy desobediente. ¿Se puede saber por qué sigues ahí? Mira que te lo digo por tu propio bien... por-que es mejor que no sepas lo que pasó la sema-na pasada. Créeme. Fue un cacao de mil demo-nios, y... ¿sabes esa cosa grande, verde y azul? Sí, el mundo, el mundo este redondo de toda la vida... Pues casi se acaba. Así que haz lo que te están diciendo, y deja de leer. Lo digo en serio.

Deja de leer.

¡Deja... de... leer!

Vale, pero luego no digas que no te lo adver-tí. Si te empeñas en leer lo que sucedió, no me vengas después llorando, cuando te enteres de que es un libro lleno de monstruos marinos y de piratas y de gente con cosas que pinchan, y del malimalumalísimo más malo de todo el malimun-do: Alan. Y su mano derecha: Kevin Phillips.

Bueno, ¿conoces a ese niño del cole? Wilf. Sí, claaaaaro que lo conoces. Claro que sí. Ese que tiene el pelo todo alborotado y orejas de soplillo y el cerebro tan lleno de ideas como una palomitera

de palomitas de maíz que explotan una detrás de otra. Pues él, sencillamente, fue y salvó el mun-do. Otra vez.

Hay que reconocer que Wilf no es el típi-co superhéroe. No se llama Super-Wilf. No tre-pa por las fachadas de los edificios. Y nunca le ha picado una araña, MENOS MAL, porque les tiene terror a las arañas, así que si una le picara no tendría tiempo de convertir-se en Spider-man porque primero tendría que desma-yarse.

5

De hecho, Wilf tiene miedo a muchas cosas:

✔A los enanitos de jardín

✔A los cascanueces

✔A los osos

✔A las ratas

✔A los escorpiones

✔A las culebras

✔A los cangrejos

✔A los murciélagos

✔A los calamares

✔A las alturas

✔A que un pez le chupe los dedos de los pies

✔A que se lo coma el abominable hombre de las nieves

Wilf tiene una hermanita que se llama Comilla. Lo que le falta en tamaño, Comilla lo compensa en

olores. Comilla tiene un cerdo de orejas diferen-tes. Cuando digo diferentes, me refiero a que una es diferente a la otra aunque, pensándolo bien, también son diferentes en el sentido de que no son como las de otros cerdos. Así que el cerdo tiene unas orejas diferentes, pero diferentes. Algu-nos de vosotros ya sabéis por qué las orejas de Cerdo son diferentes (si eres de esos, choca esos cinco); y otros no lo sabéis, pero la culpa no es de nadie más que vuestra.

El caso es que una de las orejas está sucia, mientras que la otra oreja (como el resto de Cerdo) está absolutamente guarrindonga. Así es como se distingue cuál es la oreja nueva.

7

La semana anterior, Wilf había recibido una carta que contenía una nueva edición del folleto «Cómo dejar de preocuparse». Wilf se emocio-nó de ver que había llegado, porque le preocu-paba que el folleto se hubiera perdido por el ca-mino, porque si pasara eso nunca podría dejar de preocuparse por cómo dejar de preocuparse. Pero allí estaba el nuevo folleto, todo reluciente y nuevo y oliendo a reluciente novedad.

Abrió el sobre con mucho cuidado, porque le preocupaba que pudiera rasgar el folleto «Cómo dejar de preocuparse» si lo hacía de-masiado rápido.

Su madre pasó a su lado, lo vio olfateando su nuevo folleto y le dijo:

—Tú nunca dejarás de preocuparte. Pro-vienes de una larga estirpe de preocupados. Mi padre era un preocupado, su padre era otro preocupado, y lo mismo el padre de su

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padre. Llevamos generaciones preocupándo-nos.

Eso le dio una idea a Wilf. Podía buscar su árbol genealógico y comprobar todos los preo-cupados de la historia con los que estaba em-parentado. En cuanto se le ocurrió la idea, se fue derechito al ordenador (demorándose solo el tiempo imprescindible para limpiar bien la pantalla con una toallita, aspirar las migas del teclado y desinfectar el ratón).

Después de imprimir todo lo que había en-contrado, salió al jardín con su árbol genealógi-co para enseñárselo a Comilla.

—Mira, Comilla —dijo colocando el papel sobre el suelo con cuidado y sujetándolo con unas piedras—: Tú y yo estamos emparentados con Freddie el Temeroso,que fue el que in-ventó la camiseta porque le daba miedo que la gente se pillara catarros.

9

Comilla cogió una de las piedras e intentó metérsela por la nariz.

—Y también estamos emparentados con Annie la Ansiosa—siguió Wilf—, que fue la que inventó el gel de manos antiséptico, porque le preocupaban los gérmenes.

Comilla se metió otra de las piedras en el pañal.

—Nuestro tatara-tatara-tatarabuelo, Nor-man el Neurótico,escribió el primer cartelito que decía «Cuidado con el escalón» porque le daba miedo que la gente se pudiera tropezar cuando fueran a su casa —dijo Wilf.

Comilla se quitó uno de los calcetines y se lo pasó por la nariz.

—Y remontándonos aún más atrás —pro-siguió Wilf—, existen indicios que apuntan a que estamos emparentados con el cavernícola que vivía en la cueva de al lado del cavernícola

11

que inventó la rueda. Y que nuestro ancestro inventó los frenos —explicó Wilf con orgullo—. ¿Qué te parece todo esto?

Pensativa, Comilla mordió una esquinita del papel, y después estrujó toda la hoja hasta con-vertirla en una bola y la tiró hacia atrás por en-cima del hombro.

La bola de papel estrujado aterrizó en el jar-dín de Alan. Y ahí comenzó

todo el cacao.

12

—¡Ha caído una bola de papel estrujado en mi césped! —chilló Alan—. ¡Que alguien ponga remedio!

Kevin Phillips ladeó la cabeza y examinó la bola de papel estrujado. No dijo nada.

—¡Recoge esa bola de papel! —le ordenó Alan.

Kevin Phillips se dio la vuelta y se fue, como si tuviera cosas mucho más importantes en las que pensar.

CAPÍTULO 2

EL COMIENZO (OTRA VEZ)

13

—¡Se supone que eres mi mano derecha, y eso significa que tienes que hacer cosas como recoger las bolas de papel estrujado! —le gritó Alan a Kevin Phillips mientras este se iba.

Y lanzó un suspiro.

Se acercó a la bola de papel, la recogió él mismo y entró en casa para enseñársela a su esposa Pam.

—¡Pam, mira esto! —dijo Alan.

Pam estaba mirando un programa de coti-lleos.

—Mira, parece una especie de árbol genea-lógico —dijo Alan, desestrujando el papel.

Pam no respondió.

15

—Me pregunto cómo será mi árbol genea-lógico —siguió Alan.

—¡Chis! Estoy viendo un programa de coti-lleos —dijo Pam.

—¿Y no podrías dejar de ver cotilleos en la tele y ponerte a cotillear un poco en la vida real? —le preguntó Alan.

Pam lanzó un suspiro y se volvió para mirar a Alan.

—Me parece que voy a investigar cómo es mi árbol genealógico —dijo Alan.

—Sí, hay un programa en el que los famo-sos hacen eso —comentó Pam.

—Ya, pero yo voy a hacerlo para mí —dijo Alan.

Pam sacó su móvil:

—¿Qué número hay que marcar?

—¿Qué número hay que marcar para qué? —preguntó Alan, sin comprender.

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—Para que salgas eliminado —dijo Pam.

—¿Para que salga eliminado? ¡Tú no pue-des eliminarme llamando a ningún número! Es-toy aquí. Vivo aquí. ¡No se me elimina llamando a ningún número! —dijo, y se fue a su malvada guarida pisando fuerte en el suelo.

Alan pasó las horas siguientes investigando su árbol genealógico.

Y descubrió que procedía de una larga estir-pe de personas malvadas.

Su tatara-tatarabuelo había inventado la odontología, y había causado un dolor indecible a incontables personas en todo el mundo.

Su tatara-tatara-tatarabuelo había inventado el brécol, y había estropeado la comida del co-medor escolar a todos los niños que tenían que comer en el colegio.

Y su tatara-tatara-tatara-tatarabuelo había sido John Alan el Largo,el pirata más salvaje

de todos los mares. Lo temían todos cuantos lo conocieron. Y también otros que no lo cono-cieron pero oyeron hablar de él. E incluso otros que ni siquiera habían oído hablar de él.

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Alan lanzó un suspiro. Le gustaría ser como John Alan el Largo, y ser temido y respetado. Hasta ahora lo único que había logrado era que-mar algunas cejas, y gastarse el dinero en un

Caňón Gordo

con el que no había conseguido destruir el mundo (véase Wilf salva el mundo).

Alan salió al jardín.

19

—¡Kevin! —gritó—. ¿Kevin? —gritó más fuerte—. ¿Dónde está mi mano derecha? —pre-guntó Alan.

—Ha visto una ardilla y se ha ido corriendo detrás de ella —dijo Wilf,