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Al Rabino Ismael, un sabio judío del siglo II se le atribuye la autoría del texto o se le considera un canal a través del cual las enseñanzas de Enoc fueron preservadas y transmitidas. En el inicio del libro el Rabino Ismael asciende a los cielos y conoce a Metatrón, convirtiéndose así en un puente entre la antigua sabiduría mística y las generaciones posteriores, contribuyendo a la perpetuación de una cosmovisión esotérica que trasciende los límites del tiempo y el espacio. En cada capítulo, el Rabino Ismael comienza con las palabras: "Metatrón me dijo", lo que sugiere que está transmitiendo las enseñanzas y revelaciones que recibe directamente de Metatrón que es, a su vez, Enoc. Esta conexión entre el Rabino Ismael y el Enoc-Metatrón subraya la importancia de la transmisión oral del conocimiento místico y revela el papel crucial del Rabino Ismael como narrador y portador de la sabiduría celestial.