1984 - George Orwell - E-Book

1984 E-Book

George Orwell

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Beschreibung

"1984" reproduce, en clave de sátira, un probable escenario global en guerra permanente, donde los grandes sistemas totalitarios manipulan la historia y la educación de la humanidad para controlar las vidas, los pensamientos y hasta los sueños de sus ciudadanos. Su protagonista se dedica a reescribir el pasado, siguiendo las consignas del Partido.

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Veröffentlichungsjahr: 2024

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George Orwell

1984

Edición, traducción, introducción y notas deJesús Isaías Gómez López

Introducción

1. EL CAMINO HACIA «GEORGE ORWELL»: DESDE ERIC ARTHUR BLAIR

Si observas tu mente, ¿eres don Quijote o Sancho Panza? Seguramente ambos1.

Para adentrarnos en la mente de George Orwell, el hombre y el escritor, debemos partir de la dualidad entre el hombre que nace como Eric Arthur Blair en Motihari, la India, estudia en el prestigioso internado de Eton College (Inglaterra), acaba su etapa como oficial de la Policía Imperial India en Birmania en 1927, y el hombre que firma su primera novela documental, De vagabundo por París y Londres2, como George Orwell en 1933.

El 19 de noviembre de 1932 nuestro autor, todavía Eric Arthur Blair, escribe una carta a su agente literario, Leonard Moore, sugiriéndole un seudónimo para su primera novela, De vagabundo por París y Londres: «Como seudónimo, el nombre que siempre uso como trotamundos y demás es P. S. Burton, pero, si no te parece un nombre verosímil, ahí van estos: Kenneth Miles, George Orwell, H. Lewis Allways. Yo prefiero George Orwell»3, seudónimo que le acompañará exitosamente durante toda su carrera literaria, pues «la elección del seudónimo era crucial. ¿Podrían el anodino Kenneth Miles o el irrisorio H. Lewis Allways haber escrito alguna vez 1984?»4. La novela será publicada por Victor Gollancz el 9 de enero de 1933, y es el propio editor quien elige el nombre de «George Orwell». ¿Cuál es la razón que lleva al joven Eric Arthur Blair a firmar en adelante con este seudónimo todas sus obras literarias? La mayoría de los críticos y estudiosos coinciden en el deseo de Orwell de marcar una línea divisoria entre su primera etapa, cargada de vivencias, pero de escasa creación literaria, y su siguiente etapa como futuro escritor prolijo. Entre ambos nombres encontramos a dos hombres llenos de contradicciones: en el primero, a un estudiante, un poeta, un vagabundo, un maestro de escuela y hasta un policía; y en el segundo, a un ensayista, un novelista, un periodista y hasta un reportero de guerra. La respuesta más clara a esta dicotomía la ofrece en su día el biógrafo y crítico orwelliano Bernard Crick con su oportuna afirmación de que «don Quijote equivale a Orwell el escritor, y Sancho Panza a Orwell el hombre»5, reflexión que delimita con gran exactitud la diferente postura entre el escritor-creador y el hombre-personaje ante su lugar y momento en el mundo. En el Orwell-Sancho nos encontraremos al hombre corriente, moderado en sus gustos y mesurado en sus razonamientos, que, si bien goza de una vida impregnada de fértiles experiencias y magníficas oportunidades, esta es profundamente sencilla y prosaica en sus aspiraciones. En cambio, en el Orwell-Quijote advertiremos al escritor quijotesco, de espíritu rebelde, que se enfrenta a los molinos de viento de su mundo y su tiempo con la intención de poner en tela de juicio a estos; pero, sobre todo, para intentar derribar buena parte de los caducos y falsos valores vigentes en el contexto histórico que le rodea.

1.1. Infancia: entre Motihari y Eton College

Eric Arthur Blair nace el 25 de junio de 1903 en Motihari, India, entonces colonia británica, y con apenas un año, en 1904, regresa a Inglaterra con su madre, Ida Mabel Blair, y su hermana mayor Majorie, para residir en Henley-on-Thames, del condado de Oxfordshire, mientras su padre permanece en Motihari, destinado en su empleo de funcionario civil británico, encargado de extensas plantaciones de adormideras en el Bengali Opium Service6, cargo que ostenta, durante treinta y siete años, hasta su jubilación y regreso a Inglaterra, junto a su familia, en enero de 1912. El padre de Orwell, hijo de un presbítero anglicano que empezó su misión religiosa en la India, también había nacido en la colonia, mientras que su madre, Ida Mabel Blair, era hija de Frank Limouzin, un importante maderero francés instalado en Moulmein, en la Baja Birmania7.

En su ensayo autobiográfico «Why I Write» [‘Por qué escribo’] (1946), Orwell explica su infancia solitaria, alejado de su padre, Richard Walmesley Blair, como una de las causas que impulsaron su creatividad literaria:

Yo era el segundo de tres hermanos, con una diferencia de cinco años con cada hermana. Apenas pude ver a mi padre antes de los ocho años. Por esta y otras razones, era bastante solitario, y enseguida desarrollé antipáticos manierismos que me hicieron impopular en el colegio. Tenía el solitario hábito de crear historias y mantener conversaciones con personas imaginarias, y creo que desde el principio mis ambiciones literarias se mezclaron con el hecho de sentirme solo e infravalorado8.

El regreso definitivo de su padre a Inglaterra será inmediatamente seguido por la marcha del pequeño Eric al colegio e internado preparatorio de Saint Cyprian, del que guardará un nefasto recuerdo, que con el paso de los años comparará con la férrea educación victoriana de la Dotheboys Hall9, la insufrible escuela dirigida por el malvado señor Wackford, de la novela Nicholas Nickleby de Dickens. La brutal disciplina que la institución imponía a sus escolares internos, junto a la precaria alimentación y los castigos frecuentes, harán que Orwell los denuncie en su ensayo «Such, Such, Were the Joys», publicado tras su muerte, en la edición de septiembre y octubre de 1952 de la Partisan Review: «El ensayo describe cómo Saint Cyprian’s sembró las semillas de muchos de los descontentos sociales y religiosos que impregnaron la vida posterior de Blair»10. El ensayo, escrito en 1947, es un intento —como admite Gordon Bowker— de reconstruir parte de su infancia perdida: «Es una pieza extraordinaria de reinvención retrospectiva, una versión adulta de una experiencia de infancia»11. Pero este ensayo, con efecto retroactivo, vaticina y enuncia a su vez buena parte de la inmundicia y miseria que advertiremos en muchos de los escenarios de 1984, por lo que, de algún modo, los sentimientos de miedo y traición, tan comunes en la novela, parecen haber enraizado en el mencionado escrito biográfico:

El mismo puchero, también, llevaba más grumos, pelos y cosas negruzcas e inexplicables de las que uno se pudiera imaginar, a no ser que alguien las pusiera a propósito […] y luego el agua pringosa de los baños municipales, que venía directamente de la playa y donde una vez vi flotando una cagada humana […] A los ocho años te sacan de pronto de tu cálido nido para meterte en un mundo de violencia, fraude y secretismo, como un pez de colores en un acuario lleno de percas12.

Durante los duros años de Eric Blair en Saint Cyprian’s se gestaría «la anatomía de la melancolía que se completaría con su última novela, 1984»13. Su posterior ingreso, como estudiante becado, en el prestigioso internado de Eton College14 en mayo de 1917, para continuar sus estudios de secundaria, le ofrece la oportunidad y el escenario ideal para integrarse socialmente y dar rienda suelta a su primera vocación literaria, la poesía. La composición de su poema «Wall Game»15, pese a ser una sólida diatriba contra la prestigiosa institución donde nace el juego, denota a su vez su compromiso con la institución y el reconocimiento que recibe de esta. Ya en su tercer año de estudiante en Eton College empieza a advertirse al Orwell-Quijote, a través de la poesía: «El que apunta a los más preocupantes dilemas del intelectual moderno»16. En efecto, a sus dieciséis años, Eric Arthur Blair reconoce haber descubierto «el placer de las palabras, los sonidos y las asociaciones de palabras» en los versos del Paraíso perdido, de John Milton, otro revolucionario de su tiempo. Eric Blair sigue la estela del poeta rebelde cuando la publicación de su poema «Wall Game», para la revista oficial del colegio, College Days17, revela una demoledora crítica de algunos de los legados más emblemáticos de la histórica institución, en el intento de esta por perpetuar una tradición caduca y absurda. El violento y surrealista deporte, exclusivo de Eton College, acaba siendo el objetivo de la ira más despiadada de un joven que, con un exquisito toque sarcástico, derriba los razonamientos que pretenden sustentar su popularidad y vigencia en la institución: «Si puedes rematar el implacable minuto / con sesenta segundos de auténtica tortura, / tuyo es el juego y todo lo que hay en él, / y te habrás ganado tu College Wall, chiquillo»18. Con este poema nos encontramos al Orwell-Quijote que triunfa por haber plasmado en la revista de la propia institución su diatriba poética, enfrentándose a sus compañeros, que sí participan con entusiasmo en el violento y aburrido deporte, y a la misma institución que lo apoya como si de una auténtica joya histórica se tratase; pero también tenemos al Orwell-Quijote que, sin importarle en absoluto, ya está predestinado al fracaso a ojos de los demás, por ser considerado un rebelde sin causa: «Invéntate una buena excusa para escaquearte de / una tarde de barro, sangre y lluvia». El poema sigue el hilo narrativo y estilístico del célebre poema «If—»19, de Rudyard Kipling, con idéntico número de estrofas, todas ellas iniciadas con la conjunción condicional «Si». El joven Eric Blair es consciente de la popularidad que en esos años tiene el poema de Kipling, uno de los más citados y conocidos del premio nobel, y, sin duda, también de los preferidos por el lector inglés en plena época de caída libre del Imperio británico. Eric Blair no realiza una simple parodia del poema de Kipling, va mucho más lejos, en cuanto sigue un fuerte paralelismo de índole estructural donde la imitiatio alcanza unas cotas de intertextualidad que rozan el plagio de principio a fin del poema20. Pero no nos confundamos, Eric Blair no sigue la pauta estilística y estructural del poema de Kipling por una posible devoción al poema y su autor, sino justamente por lo contrario, Eric Blair, en su poema, derriba la moral y los principios caducos de una de las más prestigiosas instituciones de enseñanza británicas y los pilares de una de las voces del imperialismo británico más reputadas del momento, pues, para este joven de dieciséis años, Kipling es solo un individuo de escasa moral y de censurable talento poético, tal y como veinte años después, en su ensayo «Rudyard Kipling», de 1942, denunciaría: «Kipling es un imperialista xenófobo, es moralmente insensible y estéticamente repugnante […] Él fue el profeta del Imperio británico en la fase de expansión»21.

En su ensayo «Why I Write» (1946), George Orwell echa una mirada retrospectiva a su nacimiento literario, que rememora en un rincón del Parnaso cobijado por el romanticismo poético inglés:

Compuse mi primer poema a los cuatro o cinco años, dictándoselo a mi madre. Solo recuerdo que era sobre un tigre, y el tigre tenía unos dientes como «las patas de una silla» —una buena frase—, pero me figuro que el poema era un plagio de los versos del célebre «Tigre, Tigre», de William Blake22.

Eric Blair publica su primer poema, «Awake! Young Men of England», el 2 de octubre de 1914 en The Henly & South Oxfordshire Standard, con apenas once años. El poema, con tres estrofas de cuatro versos de arte menor, de rima entrelazada y métrica contundente, muestra su fuerte compromiso político a través del verso: «¡Despertad, jóvenes de Inglaterra! […] nuestros soldados / valientes que están siendo liquidados / Despertad cuando vuestro País os suplica»23.

1.2. Jacintha Buddicom y «el famoso autor E. A. Blair»24

Continuando por la estela poética de Eric Arthur Blair también advertimos el verso de corte amoroso, que frecuentemente toma como destinataria lírica a la joven Jacintha Buddicom, vecina de la casa de Shiplake que los padres de Eric Blair acaban de alquilar en septiembre de 191425. Eric Blair entonces tenía once años y Jacintha, hija mayor de los Buddicom, trece. Los Buddicom eran una familia acomodada y cultivada que concebían la literatura como su mejor carta de presentación, circunstancia que de inmediato arrastró al pequeño Eric Blair hacia ellos como «una polilla a la llama»26. En casa de los Buddicom Eric era llamado «Eric el famoso autor», que les confesaba sus sueños de llegar a ser un gran escritor. Eric Blair y Jacintha compartían una parecida inclinación por autores de literatura infantil con títulos como Golden Age, de Kenneth Grahame, Through the Looking Glass, de Lewis Carroll; pero también por la poesía de Harry Graham, con su obra Ruthless Rhymes for Heartless Homes; si bien, según Jacintha, Eric Blair mostraba un especial interés por Dracula, The Turn of the Screw y Pigling Bland, de Beatrix Potter, obra esta última que parece haber servido de inspiración para su posterior Rebelión en la granja. Ambos solían leer fragmentos de todas estas obras en voz alta en la biblioteca de los Buddicom27. Desde el primer contacto entre ambos y hasta la marcha de Eric a Birmania, a finales de 1922, nuestro autor no dejará de pensar en Jacintha en clave poética; si bien no será un amor correspondido por parte de la joven. De ahí que en el último poema que Eric Arthur Blair dedica a Jacintha, «Amistad y amor», en el verano de 1921, la voz lírica acepta amargamente el definitivo distanciamiento de su destinataria: «Nunca podrá mi mente aspirar a tu ajeno corazón»28. Ambos acabarían perdiendo todo tipo de contacto, y con el paso de los años, ya en 1949, Jacintha, tras descubrir que aquel lejano Eric Blair se había convertido en el autor de la célebre Rebelión en la granja (1945), esta volvería a contactar con él en una carta enviada el 8 de febrero, esperando un reencuentro que nunca llegaría, pues Orwell fallecería en enero del siguiente año, 1950, sin llegar a producirse un nuevo encuentro con aquel lejano y memorable primer amor29.

1.3. Eric Arthur Blair, poeta en Birmania

Orwell obtiene con buena nota su graduación en Eton y, consciente de necesitar una nueva beca, que podía haber conseguido, para acceder a una titulación universitaria, descarta, para sorpresa de propios y extraños, seguir su formación universitaria, y opta por presentarse a los exámenes de ingreso en la Policía Imperial de la India, donde queda en la séptima posición de los aspirantes aprobados. El 22 de octubre de 1922 parte para Birmania, donde toma posesión de su primer empleo. Pese a unos buenos años de servicio en el cargo, donde se gana el crédito de sus superiores como competente oficial de policía, en 1927 decide regresar a Inglaterra, decepcionado con el clima y los métodos empleados por el Imperio para subsistir: «Lo dejé porque el clima arruinó mi salud, en parte porque ya tenía la idea de dedicarme a escribir; pero sobre todo porque ya no podía seguir sirviendo a un imperialismo que en gran medida consideraba una estafa»30. Estas vivencias en Birmania serán recogidas en su novela Los días de Birmania, publicada en 1934, y en sus célebres ensayos «A Hanging» (1931) y «Shooting an Elephant» (1936). Orwell había recorrido todos los rincones de la sociedad birmana como para reconocer que «si el imperio era inseparable del capitalismo era porque el capitalismo era inseparable del imperio»31.

Tras su llegada a Birmania el 27 de noviembre de 1922, donde permanece hasta julio de 1927, como oficial de la Policía Imperial India, experimentará un cambio drástico de actitud poética. El primer poema que encontramos de su etapa en Birmania, titulado «Romance»32, revela sus visitas a los burdeles locales de Mandalay, donde experimenta una nueva visión del amor desde un prisma puramente sexual: «Perdí mi corazón por una chica birmana / más hermosa que un sol», y donde, además admite participar, como uno más de sus compañeros, de las habituales componendas utilizadas en la región para el mercadeo del trato carnal: «Doncella, por veinte monedas de plata, / acuéstate conmigo» /… con su voz virgen, ceceando, / aceptó por veinticinco». Pese a lo moralmente censurable de estos versos, no se puede denunciar a Orwell sin situar al hombre, en esta ocasión el Orwell-Quijote, dentro de su contexto personal e histórico, el de un joven de diecinueve años que, alejado del hogar y aislado de su verdadero mundo, el único afecto y cariño cree encontrarlo entre los burdeles de Mandalay, arriesgándose, como auténtico don Quijote, a perder el corazón por una joven prostituta. En otro poema del último período de su etapa birmana, «El menor de los males»33, vuelve a recordar a esa misma o tal vez otra joven local de idéntica ocupación, esta vez dolida por sus escasas visitas: «Si yo no iba, moría su alma, / y diez rupias yo le daba». La ironía del poema reside en el dilema que plantea: la de verse obligado a elegir entre «la casa de Dios» o el burdel; pero será el recuerdo de «su grasiento cabello», no precisamente la llamada de Dios, lo que le lleva a elegir perderse en una iglesia antes que en el lupanar. Si bien el asunto del imperialismo es clave en la novela, tampoco hemos de ignorar que «pone el foco en el asunto de la identidad social y sexual y en el vínculo existente entre ambos. De hecho, el asunto sexual y de género no puede separarse del asunto del imperialismo en la novela»34.

De esta etapa birmana también encontramos el poema «Cuando los francos hayan perdido su poder»35, donde volvemos a advertir el tono dramático y sarcástico del narrador lírico que advierte, en clave poética, la caída de Occidente, encarnada principalmente en una de las primeras tribus germánicas que conquistara buena parte de Europa occidental a partir del siglo IV de nuestra era, los francos. Con el poema, Orwell está claramente vaticinando el principio del fin del imperialismo británico: «Cuando el último solitario inglés muera / en las pintadas torres hindúes, / bajo diez mil ojos ardientes / en una lluvia de flores sangrientas», a la vez que criminalizando los métodos y las prácticas aplicados por la metrópoli en la colonia, de las que él ha venido siendo un sufrido testigo directo: «Cuando la gente haya conquistado sus sueños, / y bajado la bandera del tirano». Aunque sus presagios tampoco traen la paz, sino el pesimismo y derrotismo de unos versos apocalípticos: «Cuando el aire retumbe con el trueno / y el impacto del caído trono, / y el crujido de los imperios devastados / y los gemidos del moribundo tirano / para contemplar el último final feroz del mundo», al estilo de T. S. Eliot en su dantesco poema «The Hollow Men» (1925): «Así es como acaba el mundo / no con un estallido, sino con un gemido»36, que Orwell ya había leído.

El dramatismo del poema viene anunciando las bases de su primera novela, Los días de Birmania (1934)37, surgida de sus vivencias en Birmania, toda una feroz crítica del Imperio británico. El héroe de la novela, John Flory, propio alter ego de su creador, lo rescata Orwell de su último poema inspirado en Birmania, «John Flory, nacido en 1890, murió por el alcohol en 1927»38, que a modo de epitafio simboliza el paroxismo más extremo de su paso por el país de la «tierra dorada», pues a todas luces parece recrear un crudo autorretrato de sí mismo durante esos cinco años en la India y Birmania: «Dinero, mujeres, cartas y ginebra / fueron las cuatro cosas que se lo cargaron», de lo que el propio «forastero» que de paso lee el epitafio —que en buena medida puede aplicarse también al propio Orwell— parece haber extraído una valiosa lección moral de sus errores: «Aprende de mí cómo no hay que vivir». Evidentemente asistimos a una metáfora de sí mismo, a un retrato patológico de este último desafortunado y tal vez desperdiciado lustro de su vida, por lo que su vuelta a Inglaterra supone una especie de simbólica muerte de una parte de su ser, que queda enterrada en Birmania, seguramente porque es donde reconoce, por primera vez en su vida, «como Eric Blair, o como John Flory, la maquinaria del despotismo»39.

2. LA INVENCIÓN DE «GEORGE ORWELL»

Dar una imagen de indigente puede ser fatal. Hace que la gente te quiera patear.

De vagabundo por París y Londres

2.1. Desde París y Londres

Ya en plena madurez literaria, a partir del 9 de enero de 1933, tras la publicación de su primer título de cierta extensión narrativa, De vagabundo por París y Londres, comienza a firmar toda su obra como George Orwell, extendiendo el hábito incluso hasta a su correspondencia epistolar. Orwell, desde su infancia, se sentía incómodo con su nombre de pila, tal y como manifestara con frecuencia entre sus círculos más íntimos. A Jacintha Buddicom ya le había confesado que Eric Blair «no era un nombre de autor»40. Varias décadas después, el 16 de abril de 1940, Orwell escribe una carta a su amigo Rayner Heppenstall,41 con motivo del nacimiento de la hija de este, en la que confirma la fuerza de un nombre para marcar el destino de una persona: «Rayner, no desgracies a la pequeña mocosa con una especie de nombre celta que nadie sabe deletrear, porque entonces ella crecerá como una vidente o algo así. Las personas crecen como sus nombres. Yo tardé casi treinta años en superar las secuelas de llamarme Eric»42.

El pseudónimo, como afirmase el novelista Anthony Powell (1905-2000), combina «el nombre inglés más peculiarmente cristiano»43 con el apellido Orwell, que toma de un río del condado de Suffolk, región muy apreciada por Eric Blair desde su adolescencia, cuando sus padres se trasladaron a vivir a Southwold, en la costa de Suffolk, en diciembre de 1921. Por tanto, su nombre Eric Arthur Blair quedaría a partir de entonces relegado exclusivamente al ámbito familiar y jurídico; si bien, como veremos en adelante, seguirá durante unos años firmando algunos de sus poemas sueltos con su nombre de pila. Como oportunamente advierte Hammond, Eric Blair decide adoptar un seudónimo «para dar la espalda simbólicamente a su vida anterior y asumir una nueva persona»44, y muy posiblemente, como advirtiera en su día su amigo Julian Symons, como una «nueva piel para cubrir el fracaso de “Blair”»45. La nueva persona, George Orwell, no tendrá fácil publicar su primer título, esta pieza documental cuya publicación sería desaconsejada por el asesor editorial de Faber, T. S. Eliot, por considerarla demasiado escasa de páginas46, hasta que finalmente será aceptada por Secker & Warburg y publicada el 9 de enero de 1933, con una tirada inicial de 4500 copias47. En esta obra, Orwell presenta su particular modelo de socialismo utópico con el que confía reformar las principales instituciones de la sociedad contemporánea. Estamos ante una lección magistral sobre la pobreza y la injusticia social de nuestra era moderna, con la que Orwell «puede enseñarnos mucho porque ya ha aprendido mucho»48. En esta dirección —como advierte Colls—, el autor recurre a un ingenioso recurso, la opacidad narrativa: «Nos acordaremos de sus aventuras, pero no nos acordaremos de él»49.

Es a su vuelta de Birmania cuando Orwell empieza a explorar más en profundidad sus convicciones políticas, con obras, poemas y ensayos que servirán de vehículo para expresarlas. A finales de 1927 y hasta principios del año siguiente, Orwell se traslada a vivir al East End de Londres, donde decide analizar, de primera mano, las condiciones de vida de los vagabundos londinenses, viviendo en ocasiones como uno más de ellos para así extraer el material necesario para la publicación de su primer ensayo, «The Spike» (‘La fonda’), que publica en la revista Adelphi, en abril de 193150. Entre la primavera de 1928 y diciembre de 1929, Orwell se traslada a Francia, a trabajar como friegaplatos en distintos restaurantes de París y finalmente como mozo de cocina en un lujoso hotel parisino.

Orwell utiliza la bifurcación literaria del título, con escenarios temáticos y estilísticos bien definidos por la separación entre estas dos ciudades, para ilustrar al detalle sus tesis sobre la jerarquía social con su inherente arrogancia. Su paso por la industria hotelera del París de los años veinte es una metáfora de una prosperidad social basada en la falacia del servicio de calidad y refinamiento a costa de la esclavitud de la mano de obra precaria que la sustenta. En cierto modo, Orwell está hablando de un sistema social de castas, al exhibir cómo cada posición en la escala laboral encuentra su reconocimiento dentro de una jerarquía social: arriba está el patrón, seguido del cocinero, considerado una especie de obrero, y en el eslabón más bajo encontramos a los camareros y los plongeurs (friegaplatos como Orwell), considerados simples sirvientes. Orwell critica en la obra el hecho de que este sistema jerárquico sea aceptado sin rechistar por todos sus componentes, además de sostenido por todos ellos. La experiencia parisina es sin lugar a duda mucho más dura que la londinense. Todas estas experiencias de pobreza y miseria ofrecen al propio Orwell la oportunidad de descubrir el verdadero sentido de la vida, que no es otro que seguir vivo. La sensación de pobreza supone incluso una especie de epifanía al reconocer la virtud de la indigencia para liberar al ser humano de los verdaderos males de su existencia, hasta entonces enmascarados por una falsa idea de la felicidad: «También descubres el gran rasgo redentor de la pobreza: el hecho de que elimina el futuro. Dentro de ciertos límites, es realmente cierto que, cuanto menos dinero tienes, menos te preocupas» (pág. 24)51.

Sus andanzas por Londres ocupan la segunda parte de la obra, ciudad en la que vive como un auténtico vagabundo. Orwell no solo se limita a vivir entre esta clase social y rodeado de mendigos, también los estudia con la finalidad de justificar la función de estos en la sociedad, como el caso de Bozo, su maestro, el «screever»52, uno de los populares pintores de tiza callejeros que deambulan realizando sus efímeras obras de arte por las riberas del Támesis: «Por aquel entonces había un pintor callejero casi cada veinticinco yardas por todo el embarcadero […] Vente a tomarte una pinta conmigo. Así que me tomé una pinta con él y desde aquel día he sido pintor callejero» (pág. 122). Orwell se adentra en este submundo absolutamente marginado de nuestra sociedad para mostrar la verdadera cara de la realidad: la esencia de los prejuicios que condenan a esa otra sociedad sin un análisis previo de su causa y realidad. De ahí que la abismal separación entre estos dos estamentos sociales, el ciudadano de bien y el vagabundo, solo responde a una mirada miope y no de conjunto de la realidad social. Orwell cree haber descubierto la razón por la que nuestro mundo establece barreras insalvables entre quienes siguen el sistema y quienes se encuentran fuera, y no es otra que el modelo capitalista de nuestra sociedad: «El dinero se ha convertido en la gran prueba de la virtud. Ateniéndonos a esta prueba, los vagabundos la suspenden, y por eso se los desprecia […] ellos simplemente han cometido el error de escoger un oficio en el que es imposible hacerse rico» (pág. 124). El acercamiento de Orwell a este submundo no solo es valiente, también es honesto y sincero, digno de la misma admiración que él siente por el desdichado e imperturbable personaje que defiende, como si se tratara de un familiar o incluso de él mismo. De ahí que en el capítulo trigésimo sexto nos ofrezca uno de los mejores y más brillantes estudios sociológicos y psicológicos de la figura del «tramp» (‘vagabundo’), mediante un retrato fiel del perfil psicológico de este desheredado que habita nuestras ciudades como un ser de segunda clase, más próximo al animal que al ser humano:

Sin duda, un vagabundo no es un atavismo nómada, no porque le guste, sino por la misma razón que un coche se mantiene en la izquierda; porque resulta que hay una ley que le obliga a hacerlo […] Él es un vagabundo porque, a los ojos de la ley, o es así o se muere de hambre. Pero la gente ha sido educada para creer en el monstruo-vagabundo (pág. 142).

La lectura de la obra revela una diáfana separación estilística y narrativa entre ambas secciones. El apartado dedicado a París es de un ritmo trepidante e intenso, donde el narrador llega incluso a integrarse como un personaje más. La segunda sección, de vagabundo por Londres, es un ejercicio brillante de periodismo literario, donde los frecuentes recesos de la narración generan profundos debates sobre la estructura de castas sociales de Inglaterra, el sistema de asilos para pobres y la situación de los vagabundos. El título, por tanto, ofrece todo un tratado sobre lo que se podría denominar «la política de la pobreza», que ningún Estado ni sociedad hasta su fecha, y la nuestra, ha sabido tratar siquiera mínimamente. Así las cosas, para Orwell, Londres «era el país de la tetera y la bolsa de trabajo, igual que París es la tierra del bistro y el taller clandestino» (pág. 133). De este modo, esta obra autobiográfica ha de interpretarse como un documento donde el autor critica el delirante curso del sistema capitalista, germen, por tanto, de su inmediato compromiso político literario.

2.2. Los prolíficos años treinta: entre la rebeldía y la rebelión

Entre 1932 y 1933, Orwell trabaja de maestro y director en un pequeño colegio privado, The Hawthorns, una antigua vicaría adquirida por el empresario Derek Eunson para ser reconvertida en escuela. Orwell vive y trabaja con la familia Eunson en el inmenso edificio destinado a vivienda y colegio53. De este año como docente de una docena de alumnos de entre once y dieciséis años extrae el material para su siguiente novela, La hija del clérigo, publicada en 1935. Al igual que otros autores de su generación, como Huxley, Lawrence, Graham Greene y Evelyn Waugh, entre una larga lista, Orwell tiene que hacer frente durante un corto período de su vida a las experiencias del docente, tarea que en absoluto es de su agrado, pero que le proveerá un sustento económico necesario para embarcarse definitivamente en la carrera de escritor. En la novela retrata la mentalidad puritana y filistea de los propietarios de The Hawthorns, con sus rígidas convenciones morales y asfixiantes rituales religiosos celebrados en la casa y el colegio, si bien la novela también incorpora parte de sus experiencias como vagabundo y recolector de lúpulo, recogidas en su integridad en su diario Hop-Picking Diary, que escribe entre agosto y octubre de 193154.

La hija del clérigo es la segunda novela de Orwell, publicada por Victor Gollancz el 11 de marzo de 1935, y, como advierte Robert Coll, la novela que inaugura la fase misantrópica de la obra de Orwell: «Tras De vagabundo por París y Londres, la obra de Orwell se volvió misantrópica»55. Como advierte Gordon Bowker, estamos ante «su novela menos amable», detalle que Bowker atribuye a la obsesión de Orwell hacia el amor no correspondido en su día por la joven maestra de escuela Brenda Salkeld56: «Considerando su habitual actitud hostil hacia las mujeres, resulta extraño que eligiera a una mujer como protagonista, y su obsesión con Brenda es el núcleo del asunto»57. De todos modos, el dato autobiográfico también está muy presente en la novela, si bien Orwell, para la ocasión, utiliza un personaje femenino para vivir, sufrir y explicar muchas de sus experiencias. Como apunta el profesor Scott Lucas, «Doroty Hare es “George Orwell” con vestido»58, si bien Dorothy Hare, la protagonista, es un personaje mucho más comprensivo que otros alter ego de nuestro autor, como John Flory (Los días de Birmania), Gordon (Que siga ondeando la aspidistra) o el mismo Winston Smith (1984).

Su siguiente novela, Que siga ondeando la aspidistra59, que publica en 1936, está, en buena medida, inspirada en sus vivencias como ayudante en una librería de Hampstead donde trabaja durante dos años a tiempo parcial. Este empleo de pocas horas semanales le permite dedicar más tiempo a su creación literaria, de modo que entre 1935 y 1936 empieza a escribir abundantes artículos y reseñas literarias en prestigiosas revistas. Sin embargo, su carrera como joven escritor no le proporciona los emolumentos suficientes para salir adelante, por lo que a principios de 1936 se traslada durante unos meses a una casa rural en el diminuto pueblo de Hertfordshire, a unas treinta y cinco millas de Londres, para sacar adelante una pequeña tienda-almacén que sí parece proveerle el tiempo y los ingresos necesarios para seguir sosteniendo su vocación literaria: «Supongo que no será más difícil que una librería. Si la abro será solo durante un horario establecido para no interferir con mi trabajo»60. En la novela, la aspidistra es una especie de seña de identidad del Imperio británico en la época que, para Gordon, el protagonista, es un símbolo de la grandeza de la clase media británica: «¡La planta de Inglaterra!, ¡que debiera estar en nuestro escudo de armas en lugar del león y el unicornio, la flor de Inglaterra!»61. Sin embargo, la aspidistra es el símbolo de la mediocridad, que únicamente puede representar a la autocomplacida clase media inglesa, como afirma el narrador: «Mientras haya aspidistras en las ventanas, no habrá revolución en Inglaterra» (pág. 47). Para Orwell la planta representa la decadencia del Imperio y la futilidad de una sociedad arruinada moral y espiritualmente.

2.3. Los prolíficos años treinta: hacia Wigan Pier, Cataluña y Marrakech

La obra de Orwell va adquiriendo un marcado tinte político en todos sus registros. Ya en 1936, recibe el encargo del editor Victor Gollancz de visitar Lancashire y Yorkshire durante la gran recesión económica para dar cuenta de la dramática situación económica que se vive en la región. Orwell escribe sus experiencias durante el viaje que realiza por las regiones más industriales del norte de Inglaterra para analizar las extremas condiciones de vida de la clase obrera compuesta fundamentalmente por mineros62. Como consecuencia del informe surge su siguiente obra, The Road to Wigan Pier (‘De camino a Wigan Pier’), un documento autobiográfico, mezcla de reportaje y análisis político, cuyo manuscrito entrega a Victor Gollancz el 15 de diciembre de 1936, unos días antes de su llegada a Barcelona el 26 de diciembre, y que se publica el 8 de marzo de 1937. Con todo, el propio Orwell, consciente de cierta precipitación a la hora de entregar el manuscrito final, hace autocrítica al considerar el documento «demasiado fragmentario y, en líneas generales, no muy de izquierdas»63. De hecho, Victor Gollancz le exigirá incluir una introducción para futuras ediciones y así contrarrestar las duras críticas que recibe la obra de parte de numerosos intelectuales comunistas, que la consideran un desproporcionado ataque de Orwell a los valores intelectuales de la izquierda64. Esta obra se erige en el punto de inflexión hacia el nuevo y más beligerante compromiso político que adoptarán los siguientes títulos de Orwell.

Orwell se casa con su primera esposa, Eileen O’Shaugnessy el 9 de junio de 1936, un mes después estalla la guerra civil española, y el 26 de diciembre del mismo año se alista en Barcelona en las milicias del POUM (Partido Obrero de Unificación Marxista). En estas memorias Orwell narra sus vivencias e impresiones como periodista y combatiente en Barcelona en 1937. Orwell llega a Barcelona el día después de Navidad del año 193665. Y a diferencia de la mayoría de los intelectuales de su generación, que se alistan en las Brigadas Internacionales, Orwell se enrola en las filas del POUM para apoyar al Gobierno oficial de la República66.

La guerra civil española será sin duda una de las experiencias más amargas vividas por Orwell, que, acusado de ser miembro del POUM, estará a punto de ser encarcelado por el bando comunista, y, para colmo de males, a las cinco de la madrugada del 20 de mayo de 1937 recibirá en Huesca el disparo de un francotirador en la garganta, que por poco le cuesta la vida:

La bala entró por el cuello justo debajo de la laringe, un poco escorada a la izquierda de su axis vertical y salió por el lado derecho dorsal de la base del cuello. Era un calibre normal de 7 milímetros, disparado a una distancia de unos 165 metros. A esa distancia, aún tenía una velocidad de unos 182 metros por segundo y a una temperatura candente. Tras el impacto, Eric cayó de espaldas67.

Aunque al poco tiempo recupera la voz, el percance es solo el triste colofón que viene a sumarse a la profunda decepción y desconfianza que le provoca el comunismo de Stalin, tal y como presencia en las purgas de Barcelona llevadas a cabo por socialistas y comunistas contra los «nuevos herejes», los anarquistas y trotskistas del POUM. De esas mismas purgas se libra Orwell y Eileen, a quienes se les estaba instruyendo una acusación formal de traición justo en el momento de la huida de la pareja, prácticamente en estampida, de Barcelona hacia Francia el 23 de junio de 1937, apenas seis meses después de su llegada. Tal y como confirma Ian Slater, «Orwell había aprendido que los izquierdistas podían ser tiroteados tan fácilmente por alguien de izquierdas como por alguien de derechas, lo que supuso un punto de inflexión en su vida»68.

De vuelta a Inglaterra, Orwell está decidido a denunciar con valentía los verdaderos hechos y la situación real que había presenciado como testigo directo en España. Pero el camino para plasmar estas reflexiones no le resultará fácil. De hecho, su principal editor, Victor Gollancz rechaza frontalmente la publicación de cualquier título crítico con el comunismo, por lo que Orwell se ve obligado a derivar la publicación de Homenaje a Cataluña, sus memorias de la guerra civil española, a otros editores, empresa que se convierte en un largo peregrinaje por distintas editoriales hasta que al fin Fredric Warburg se atreve a publicarla el 25 de abril de 1938 en su editorial Secker & Warburg. La obra, donde Orwell muestra hasta qué punto la verdad es siempre enemiga del dogma, pronto suscita las críticas más despiadadas de los estalinistas británicos, duramente criticados en la misma. Desde entonces, Orwell, con su particular modo de interpretar el socialismo, se convierte, como el propio Trotski, en un nuevo enemigo a batir por la crítica de izquierdas y el influyente politburo de la prensa inglesa: «La obra trajo, de forma previsible, bastantes respuestas violentas por parte de los estalinistas y sus simpatizantes políticos, todos los comunistas, que la tildaron de trotskista y denunciaron su hostilidad contra sus seguidores catalanes»69. En su artículo «Spilling the Spanish Beans», un anticipio de Homenaje a Cataluña, publicado en el New English Weekly el 29 de julio y el 2 de septiembre de 1937, justo a su regreso de Barcelona, Orwell ya había denunciado la instrumentalización política y sesgada que los medios de izquierdas británicos venían haciendo de la guerra civil española:

La guerra civil española probablemente haya provocado la mayor cosecha de mentiras de todos los acontecimientos acaecidos desde la Gran Guerra de 1914-18, pero dudo de veras, pese a todas las hecatombes de monjas violadas y crucificadas ante los ojos de los reporteros del Daily Mail, que sean los periódicos profascistas los que hayan causado más daño. Son los periódicos izquierdistas, el News Chronicle y el Daily Worker, con sus métodos mucho más sutiles de distorsión, los que han impedido que los británicos capten la verdadera naturaleza del conflicto70.

Orwell también recurre al verso para exponer sus impresiones más íntimas sobre sus experiencias vividas en Cataluña, de ahí que en 1939 escribiera el poema «El soldado italiano me estrechó la mano»71, poema que será publicado cuatro años después, en 1943, en la revista New Road, y que será posteriormente incluido en su ensayo, en siete partes, Looking Back on the Spanish War, para concluirlo72. Este es el tributo que dedica Orwell al desconocido miliciano italiano que también menciona al inicio de Homenaje a Cataluña. El lector se encuentra, por tanto, con el mismo soldado que abre el primer capítulo de Homenaje a Cataluña: «En los Cuarteles Lenin de Barcelona, el día antes de ingresar en la milicia, vi a un miliciano italiano de pie, frente a la mesa de los oficiales. Era un joven rudo, de unos veinticinco o veintiséis años, de cabello rubio tirando a pelirrojo y ancho de hombros» (pág. 7)73. El misterioso miliciano italiano simboliza el espíritu y los ideales del Orwell más Quijote, dispuesto a dar su vida por ellos: «¡Que la suerte te acompañe, soldado italiano! / Aunque el valiente no la precise»74. El soldado, del que ni siquiera sabe su nombre ni qué habría sido de él durante la guerra, encarnará en Homenaje a Cataluña al proletariado por el que Orwell decide luchar en Barcelona, para él la ciudad de los obreros: «Era la primera vez que yo pisaba una ciudad en la que estaban al mando los obreros» (pág. 8).

Orwell descubre entre Huesca y Barcelona que sus ideales son la antítesis de la realidad política que se encuentra en el conflicto español, barómetro y caldo de cultivo de la inminente Segunda Guerra Mundial. Lo que había comenzado como una lucha contra el fascismo se había convertido en una imparable lucha ideológica por el poder entre comunistas, socialistas y anarquistas: «La gente con conciencia política era mucho más consciente de una guerra de aniquilación mutua entre anarquistas y comunistas que de la lucha contra Franco» (pág. 108).

Es, por tanto, en Homenaje a Cataluña donde se gesta el convencimiento de Orwell de que los modernos gobiernos totalitarios tienen el deseo urgente de destruir la historia para reescribir una nueva, capciosa y acorde con sus objetivos de mantenerse en el poder a cualquier precio. De ahí que las experiencias que Orwell vive en Cataluña constituyan el banderín de enganche de sus siguientes sátiras políticas: «Esta noción [‘destrucción de la historia’] anunciada en Homenaje a Cataluña, desarrollada en la desenfadada sátira de Rebelión en la granja, iba a ser llevada a una siniestra y terrorífica conclusión en 1984»75.

A partir de la publicación de Homenaje a Cataluña, Warburg pasa a ser el editor oficial de toda la obra futura de Orwell, con la única excepción de compartir con Gollancz la publicación de la siguiente novela, Tomando un respiro76, ya comprometida para 1939. La frágil salud de Orwell sufre una grave recaída provocada por una tuberculosis pulmonar que le obliga a pasar cerca de seis meses, desde marzo hasta julio de 1938, internado en el Preston Hall Sanatorium de Kent. El novelista L. H. Myers77 adelanta, de forma anónima, las trescientas libras que Orwell necesitará para pasar el invierno en el cálido clima de Marruecos78. El 4 de septiembre de 1938 llega con su esposa a Marrakech, cuya estancia, de seis placenteros meses, origina su sátira cómica Tomando un respiro, miscelánea de sus memorias de dicha estancia en Marrakech, que será publicada el 12 de junio del año siguiente, 1939, así como su ensayo «Marrakech», publicado en la revista New Writing, en la Navidad de 1939. Pero Marrakech no solo le proporciona el suave clima que necesita su maltrecha salud, también comporta una especie de terapia emocional que le permite disfrutar de una dimensión de la vida que despierta su plano personal más desembarazado y doméstico:

Tenemos dos cabras que al principio nos daban media pinta diaria de leche con dos ordeños […] ahora su rendimiento ha caído. Sin embargo, las gallinas son buenas ponedoras. Compramos doce, cuatro murieron en seguida y las demás han puesto diez huevos en tres días. El resultado es todo un récord para la gallina marroquí79.

La novela Tomando un respiro inicia un nuevo curso de ideas respecto a las sátiras sociales anteriores y sus dos siguientes novelas, pues Orwell escribe esta novela a modo de prólogo del ser como individuo, con la finalidad de servir de enlace con sus dos siguientes obras de marcado tinte político. En este sentido, podríamos hablar de una especie de trilogía literaria donde Tomando un respiro, como primer acto, supone la introducción del ser individual con sus registros sociales y emocionales, desde una perspectiva historicista; seguida de Rebelión en la granja, un segundo acto de rebeldía, en clave más cómica, contra los poderes fácticos auspiciados y representados por los líderes de los sistemas capitalista burgués y el comunista totalitario enfrentados en Occidente, y un tercer acto, 1984, de vocación distópica, donde Orwell reproduce, en clave de sátira, un probable escenario global en guerra permanente, donde los grandes sistemas totalitarios manipulan la historia y la educación de la humanidad para controlar las vidas, los pensamientos y hasta los sueños de sus ciudadanos: «1984 podría muy bien interpretarse como la ampliación de una visión del futuro ya anunciada en Tomando un respiro»80.

Al conflicto civil español le sucede inmediatamente la Segunda Guerra Mundial, en septiembre de 1939, y aunque Orwell intenta por todos los medios alistarse, diversos tribunales médicos lo rechazan por su historial médico, con un diagnóstico de tuberculosis pulmonar crónica. Aunque el varapalo de ser declarado inválido para el Ejército no le impide sumarse a la Home Guard, la fuerza de apoyo a las tropas regulares del Ejército británico durante la Segunda Guerra Mundial, en calidad de periodista, donde ofrecerá sus servicios para el periódico socialista Tribune y la revista Time and Tide. Desde 1941 y hasta 1943 Orwell alterna sus tareas de escritor con las de director y productor de entrevistas en la BBC. Durante este período sale a la luz su célebre ensayo político The Lion and the Unicorn: Socialism and the English Genius81, publicado en Secker & Warburg en 1941 y estructurado en tres partes que reflejan su visión sobre la situación política y social de Gran Bretaña durante la peor parte del conflicto, con los bombardeos aéreos alemanes sobre Londres, conocidos como el Blitz. Es aquí donde refleja sus más vivas creencias en los valores del socialismo («no está claro que el socialismo sea en todos los sentidos superior al capitalismo, pero sí es seguro que, a diferencia del capitalismo, puede solucionar los problemas de la producción y el consumo») y del patriotismo inglés: «La bondad de la civilización inglesa es tal vez su característica más destacada. La sientes nada más pisar suelo inglés. Es una tierra donde los conductores de autobuses son amables y los policías no llevan pistola»82. De otra parte, sus experiencias como productor para la BBC también le ofrecen la oportunidad de conocer en profundidad el funcionamiento interno de organismos como el Ministry of Information, encargado de controlar la censura durante el conflicto internacional, y que le valdrá de patrón, como apunta Jeffrey Meyers, para crear el «modelo físico del Ministerio de la Verdad» en 198483. El conocimiento directo que obtiene Orwell de los sofisticados mecanismos de propaganda utilizados por el Ministerio de Información de su país le lleva al convencimiento de que cualquier contacto con la propaganda, incluso utilizada para un buen fin, acaba pudriendo y contaminando tanto a quienes la utilizan como a quienes la reciben. Ya en noviembre de 1943, deja su puesto en la BBC para ponerse al frente, como editor literario, del periódico Tribune y centrarse en su siguiente novela, Rebelión en la granja.

2.4. Rebelión en la granja: la rebelión como «un cuento de hadas»

Rebelión en la granja, una fábula política, y una ingeniosa sátira de la rebelión rusa, a modo de burlona reprimenda del estalinismo, será rechazada por su ataque directo a Rusia —entonces un firme aliado de Inglaterra— por un buen número de editoriales antes de ser por fin aceptada por Secker & Warburg, que la publica en Gran Bretaña el 17 de agosto de 194584. La negativa inicial de Gollancz había sido seguida por Faber & Faber, de la que su editor, T. S. Eliot, el principal referente de la poesía en lengua inglesa del momento, pese a considerarla «maravillosamente escrita», la descartaría al juzgar arriesgado el idealismo irreverente de Orwell expresado en la trama: «No estamos convencidos de que este sea el mejor punto de vista desde el que criticar la situación política del momento actual»85, una creencia también compartida por la mayoría de intelectuales británicos de la época que, según Newsinger, refleja el absoluto desconocimiento que todos ellos tienen de la verdadera significación de la fábula: «Rebelión en la granja no se escribió para atacar al socialismo, sino para intentar provocar una renovación del movimiento socialista, liberado de la influencia comunista»86.

Unos meses antes de su publicación, el 29 de marzo, fallece inesperadamente su esposa, Eileen, durante una intervención quirúrgica a consecuencia de la anestesia. Orwell pierde a su esposa y se queda con el bebé de apenas diez meses, Richard, que la pareja había adoptado en diciembre del año anterior, 1945. De modo que, paradójicamente, la infortunada situación familiar le impide disfrutar plenamente de la ansiada libertad económica que las exitosas ventas de Rebelión en la granja le deparan.

Rebelión en la granja: un cuento de hadas es el título que Orwell da a la novela, tal y como contempla su primera edición inglesa de Secker & Warburg, en Londres el 17 de agosto de 1945. Si bien la primera edición norteamericana se publica al año siguiente, el 26 de agosto de 1946, y sin el subtítulo, definitivamente descartado, sin duda, para evitar contrariar a la Unión Soviética. La decisión del editor norteamericano nunca cuenta con el beneplácito de Orwell; pero el título abreviado de Harcourt and Brace también acabará contagiando a las siguientes ediciones inglesas con el tiempo, hasta el punto de que el título completo de la obra solo será respetado en contadas ediciones87. La novela es una magistral hibridación de géneros literarios: la sátira de Esopo y la alegoría histórico-política, pues, como advierte John Rodden, el subtítulo, Un cuento de hadas, expresa «una desgarradora protesta apasionada, una estruendosa sirena de alarma para Occidente sobre la amenaza del totalitarismo en general y de la URSS en particular»88.

La novela, por tanto, constituye un acto de rebeldía, en clave cómica, contra los poderes fácticos auspiciados y representados por los líderes del sistema capitalista burgués y del totalitario soviético. Es ahí donde la obra adquiere toda su fuerza simbólica, como alegoría de corte político. Pero la fábula «ya llevaba incubándose varios años, remontándose a las experiencias de Orwell con la perfidia comunista de España»89. De ahí procede el interés de Orwell de subtitularla «un cuento de hadas», con la meditada intención de acentuar la importancia capital de la evolución de los personajes de la obra, que articulan una serie de convulsos acontecimientos que culminan con el triunfo final de la tiranía sobre el idealismo, con el telón de fondo de la construcción de la Unión Soviética. Rebelión en la granja es, por consiguiente, una alegórica crítica a la política de Stalin en la Unión Soviética, que Orwell denuncia por haber alcanzado el poder mediante la fuerza bruta, como los cerdos protagonistas de la obra, que, al igual que Stalin, también implantan en la Granja Manor (Unión Soviética) un gobierno totalitario. En síntesis, «Rebelión en la granja toma de la fábula de Esopo el ingrediente moral que la convierte en una especie de parábola de todas las revoluciones humanas, abocadas, antes o después, al fracaso; y se inspira en Stalin y en la Revolución rusa para expresar un lamento alegórico de una revolución fallida»90.

Orwell elige el reino de la fantasía para desarrollar un mundo de ideas dentro de un marco literario donde la sátira ofrece las coloridas imágenes y el trasfondo político pone el lienzo para plasmarlas, pues, tal y como el propio Orwell confiesa en su ensayo «Why I Write» en 1946: «Rebelión en la granja fue el primer libro en el que traté, con plena conciencia de mi propósito, de fundir en un todo el objetivo político y el artístico»91.

Esta obra marca un antes y un después en la situación financiera de Orwell, hasta entonces en paupérrimas condiciones. Las penurias económicas al fin se disipan de su vida, y, aunque le permite dedicarse íntegramente a escribir, su estado de salud es tan frágil que frena seriamente su capacidad productiva. No obstante, al año siguiente, el 14 de febrero de 1946, publica sus Critical Essays92, también en Secker & Warburg, colección de diez brillantes ensayos sobre la cuestión política, el peligroso avance y nocivo dominio de la propaganda en todas las manifestaciones artísticas y el uso del lenguaje en la literatura contemporáneas, con ideas que presagian la llegada de 1984. Ya en una carta del 3 de julio de 1945, un año antes de la publicación de Critical Essays, Orwell había manifestado a su agente literario, Leonard Moore, haber comenzado su siguiente novela, 1984 (todavía sin título), para la que iba a necesitar varios años93, tiempo que también aprovecha para seguir publicando ensayos y poemas sueltos en diferentes revistas y, ante todo, a dedicar buena parte de su tiempo a su hijo Richard, con quien disfrutaría de un largo retiro en la solitaria granja Barnhill, para cuyo fin la alquila en un paraje idílico y aislado al norte de la remota isla de Jura, en las islas Hébridas Interiores (Escocia).

3. «1984» Y «EL ÚLTIMO HOMBRE DE EUROPA»

Ninguno de sus invitados estivales de Jura recuerda que hablara ni del libro que estaba escribiendo ni de sus tiempos en la escuela. Solo oían el ruido de la máquina de escribir en su habitación.

Bernard Crick, George Orwell, A Life

3.1. Desde El último hombre de Europa hasta 1984

En septiembre de 1944, cansado de la agitada vida londinense, Orwell visita por primera vez el escenario idílico de la isla de Jura, en las islas Hébridas escocesas, que vuelve a visitar justo al año siguiente, donde espera poderse dedicar por completo a su siguiente novela, para la que aún no tiene el título. El 23 de mayo de 1946 alquila la granja Barnhill, al norte de la isla de Jura, a la que en pocos meses irán llegando su hermana menor, Avril Blair (1908-1978), su hijo Richard y la niñera de este, Susan Watson. Orwell, entre idas y venidas a Londres, fija la granja Barnhill como su primera residencia, donde pasa largos períodos de tiempo entre el 23 de mayo de 1946 y el 2 de enero de 1949, cuando, doblegado por la enfermedad, se ve obligado a abandonarla definitivamente, tras haber concluido, por suerte, las primeras pruebas de la novela.

Existen numerosas interpretaciones sobre la posible fecha en la que Orwell concibe la idea que da origen a la novela. Pero, elucubraciones al margen, seguramente tengamos que remontarnos al 17 de abril de 1940, cuando Orwell escribe una nota autobiográfica para Twentieth Century Authors en la que afirma estar «proyectando una extensa novela en tres partes que se podría titular The Lion and the Unicorn o The Quick and the Dead, cuya primera parte espero tener lista para 1941»94. Buena parte del mensaje y algunas de las ideas centrales de esta última novela también han sido gestados a raíz de la conferencia de Teherán del 28 de noviembre de 1943, tal y como le confesará a su amigo, el editor y traductor Roger Senhouse (1899-1970) cuatro años después, justo unos meses antes de enviar las primeras pruebas a su editor: «Lo que intento es discutir las implicaciones de dividir el mundo en “zonas de influencia” (pensé en ello como consecuencia de la conferencia de Teherán), además de demostrar, al parodiarlos, las implicaciones intelectuales del totalitarismo»95. Igualmente decisiva e influyente en las ideas seguidas en la novela sería la conferencia impartida por el profesor John Baker96 en la PEN Conference, entre el 22 y el 26 de agosto de 1944, con la mención del desastroso plan de ingeniería agrícola llevado a cabo en la Unión Soviética por el biólogo Lysenko, cuyas teorías, llevadas a la práctica, acabarían provocando años seguidos de hambruna que llevaron a millones de personas a fallecer de inanición en Ucrania: «El caso de Lysenko es una viva estampa de la degradación de la ciencia bajo un régimen totalitario»97. Deducimos, por tanto, que la conferencia de Teherán, en 1943, serviría de primera hipótesis para la novela, y la PEN Conference de 1944 insuflaría ciertas ideas centrales para avanzar en la tesis final de la misma.

En junio de 1945, Orwell empieza a escribir una primera versión de la futura novela, tal y como comunica a su agente literario al mes siguiente: «Acabo de empezar una novela. Teniendo en cuenta todo el trabajo que tengo, no espero terminarla hasta aproximadamente 1947; aunque estoy seguro de que Gollancz la rechazará llegado el momento»98. Pero será en la granja Barnhill, en agosto de 1946, cuando Orwell comienza a escribir la decisiva y verdadera versión de la novela, para la que aún no ha elegido el título definitivo, el mismo mes en que su anterior novela, Rebelión en la granja, empieza a ser un éxito tras su reciente publicación en los Estados Unidos.

Desde la isla de Jura, con un estado de salud decrépito, escribe una carta a su editor, Fredric Warburg, el 22 de octubre de 1948, sobre la novela ya concluida y para la que baraja dos posibles títulos:

No estoy satisfecho con el libro, pero tampoco absolutamente insatisfecho. Lo concebí por primera vez en 1943. Creo que es una buena idea, pero la elaboración habría sido mejor si no lo hubiera escrito bajo la tiranía de la tuberculosis. Aún no he decidido el título, pero estoy dudando entre 1984 y El último hombre de Europa99.

Orwell ha escrito a mano toda la novela, concluida en la primera quincena de noviembre, según se deduce de su carta del 29 de octubre de 1948 a su amigo Julian Symons:

Terminaré mi libro, Dios mediante, en una semana o diez días, pero me da bastante reparo mecanografiarlo, pues es un trabajo agotador y, en cualquier caso, no puede hacerse en la cama, donde tengo que estar la mitad del día. [Intentando conseguir que un mecanógrafo venga a Jura.]100

Ante las dificultades que encuentra Warburg para proporcionarle un mecanógrafo, ya a mediados de noviembre Orwell empieza a mecanografiarla con su propia máquina de escribir, tal y como le comunica por carta a su agente, Leonard Moore, el 30 de noviembre de 1948: «Entretanto, casi he terminado de mecanografiarla y la enviaré probablemente el 7 de diciembre»101. El 4 de diciembre, al fin logra mecanografiar por completo la novela y enviar las primeras copias en papel carbón a Fredric Warburg, al que, desde Jura, vuelve a escribirle otra carta el 21 de diciembre confesándole la prisa que se había dado en terminar la novela hasta el punto de haber pospuesto, seguramente demasiado tiempo, su regreso al hospital, dado su penoso estado de salud: «Más vale que consideres la dirección de Barnhill hasta que te confirme la otra [Cotswold Sanatorium]. Sé que debería haberme ido allí hace dos meses; pero quería acabar el maldito libro»102.

Desde el Cotswold Sanatorium, en el pueblo de Cranham, un hospital para tuberculosos, el 17 de enero de 1949 Orwell escribe una carta a su agente, Moore, comunicándole el título finalmente elegido para la novela, así como los diferentes títulos en la edición inglesa y en la americana: «Me alegro de que el nuevo libro esté ya listo en los Estados Unidos. Espero que no le perjudique tener un título diferente aquí y allí. Parece que Warburg prefiere el título 1984, y creo que yo también lo prefiero en parte. Aunque creo que sería mejor escribir Mil novecientos ochenta y cuatro»103. El 21 de enero, Warburg y su esposa Pamela visitan a Orwell en el hospital y queda 1984 confirmado como título definitivo104.

Para llegar al título final, Orwell antes había barajado otras fechas en la misma década, según advierte en su día el profesor Davison, tras ser el primer investigador en comprobar escrupulosamente el borrador de la novela:

Por casualidad, una de las primeras páginas que examiné contenía la fecha «1980» y después encontré «1982». Esto no era nada tranquilizador. Tratándose de una elección arbitraria, por ahora «1984» tenía una fuerza icónica y mítica. ¿Cuál sería la razón de 1980 o 1982?105.

Si bien sobran conjeturas al respecto, no hay ninguna prueba que explique con fundamento la razón por la que Orwell pudo haber pensado en esas otras fechas106. En cambio, sí queda claro, como afirma Davison, que Orwell, al elegir el título, 1984, posiblemente de forma fortuita, «sitúa su novela tanto en el presente como en el futuro»107. No obstante, la fuerza, también «icónica y mítica» del título inicial, El último hombre de Europa, finalmente descartado, seguirá reverberando en una escena central de la última parte de la novela, cuando O’Brien atribuye a Winston dicha condición: «Si es un hombre, Winston, entonces usted es el último hombre» (III, 3)108, calificativo que, dicho sea de paso, evoca el título de la novela de ciencia ficción El último hombre (1826), de la autora de Frankenstein, Mary Shelley, cuya historia, también futurista y de vocación distópica, parte del año 2973. Es evidente que Orwell deja para el final el título definitivo, además, en manos de su editor. Si recordamos que la novela la termina en noviembre de 1948, no sería disparatado pensar que el cambio de los dos últimos dígitos para el título final de la novela, 1984, evidentemente obedece al deseo del autor de situar su mensaje en el presente de 1948, cuando la termina, y el futuro de 1984, donde se desarrolla.

3.2. De George Orwell a Eric Arthur Blair: completando el círculo humano

El 2 de enero de 1949, tras una crisis aguda de tuberculosis, Orwell se ve obligado a abandonar definitivamente su apacible estancia en la isla de Jura para volver a ingresar el 6 de enero en el Cotswold Sanatorium, donde permanece hasta septiembre. Agravado su estado de salud, el 3 de septiembre es trasladado al University College Hospital, de Londres, y solo un mes después, el 13 de octubre, se casa en dicho hospital con la joven y atractiva Sonia Brownell, de treinta años, anterior secretaria de edición de la revista Horizon, dirigida por Cyril Connolly, crítico literario y amigo de Orwell, convencido de que dicho matrimonio le insuflaría el aliento necesario para seguir viviendo:

Tengo la intención de volverme a casar (con Sonia) cuando vuelva a la tierra de los vivos, si es que alguna vez estoy vivo. Supongo que todos se horrorizarán; pero a mí me parece una buena idea. Más allá de otras consideraciones, creo que podría vivir más tiempo si me casara y tuviera a alguien que me cuidase109.

La decisión de Orwell de casarse en la recta final de su vida sorprende a propios y extraños, generando todo tipo de opiniones. Hay quienes ven en el matrimonio de la pareja «un gesto de Florence Nightingale» por parte de Sonia y quienes incluso ven en el matrimonio cobrar vida «la aventura amorosa de 1984 […] con Julia como alter ego de Sonia»110