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Adelle vive en un mundo que ha dado un giro en su desarrollo, hay sobrepoblación y polución, una sociedad corrupta por el amor al dinero que ha facilitado la delincuencia y los homicidios. Varios asesinatos han desatado las alarmas de los cuerpos policíacos, el misterio que los envuelve lleva a la inexperta Adelle a tratar de resolverlos, sin embargo, todo es confuso y mantiene en suspenso a la detective. Cada avance en la investigación se ve truncada por las constantes intrigas y las trabas que el mismo asesino pone a la detective Adelle Terán. ¿Será capaz de resolver los homicidios del asesino capital a pesar de los obstáculos? ¿Cuáles serán las consecuencias de enfrentar este primer caso? ¿Podrá superar sus temores e inseguridades? Este libro de misterio y suspenso te lleva de la mano por la historia de Adelle al tratar de resolver el misterio del Asesino capital.
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Seitenzahl: 214
Veröffentlichungsjahr: 2020
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GERARDO ESQUINCA
Copyright © 2020 Gerardo Esquinca
www.gerardoesquincaescritor.com
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Todos los derechos reservados.
Dedicatoria.
A mis motores en esta vida, sigan sus sueños y no se detengan para conseguirlos.
A ti que has creído en mi, apoyando un sueño que poco a poco se vuelve realidad.
A mis padres que siempre estarán conmigo en las buenas y en las malas.
A ustedes que con su valioso apoyo dieron forma a este libro con flores y anexos.
¿En qué momento tomamos la decisión o es la decisión la que nos toma a nosotros?
Cuando somos jóvenes e impetuosos nos dejamos llevar por todo lo que conlleva serlo y simplemente vivimos sin pensar, nos aventuramos a lo desconocido creyendo que no nos pasará nada.
La sensación de aventura, la adrenalina de empezar una nueva vida, hacer lo que nos apasiona, el cumplir las promesas que nos hicimos, con todo eso encima avanzamos hacía un mundo que nos abre sus amorosos brazos sosteniendo cuchillos en ambas manos para clavarlos en nosotros cuando estamos distraídos.
Hay que estar preparados, mantenernos alerta ante lo que nos viene.
Las academias nos preparan con mucho conocimiento pero no para vivir, eso se aprende día a día al enfrentarnos con las vicisitudes de la vida.
Así confrontamos nuestros temores y las sombras que nos persiguen hasta los mas recóndito de nosotros desnudando lo que somos.
La decisión de enfrentar nuestros demonios depende de la fuerza de voluntad y valor que se tenga, eso no lo enseñan, se obtiene dentro de nosotros.
La detective Adelle Terán era la hija de una familia cuyo asesinato quedaría impune como todos los que pasaban en la mega ciudad, su impotencia y dolor la llevarían a buscar la manera de vengar su muerte, por lo que iría a la academia de policía y se prometería a si misma ser la mejor de todos los detectives, creyendo que con eso lograría expiar la falsa culpa con la que crecería al no haber podido ayudar a sus padres.
Una vez graduada con honores, descubriría que sus blasones no le servirían de mucho para cambiar el mundo en el que se había metido, solo una mente fuerte, los lazos de amistad y el amor a la familia la mantendrían en el camino.
Al verse involucrada en su primer caso, un asesinato, encontraría que la corrupción y la indiferencia del cuerpo de policía hacían imposible una investigación en serio.
Es así que inicia su historia con todas las situaciones y gente en contra, buscando algunos indicios o pistas para encontrar al asesino, sin embargo las cosas no serían miel sobre hojuelas, el mismo cuerpo de policía trataba de que no resolviera su caso, a fin de mantener el estatus de vida que cómodamente habían creado.
Sus amigos, Patrice y Thomas, trataban de brindarle todo el apoyo posible, sin embargo la maldad del asesino lo llevaría a acosar psicológicamente a la detective Adelle, tratando así de desviar la investigación y tener el tiempo suficiente para acabar sus rituales de iluminación.
Adelle había perdido objetividad con la emoción de ir encontrando pistas, lo que provocaría que el asesino se aprovechara de su inexperiencia para atosigarla con cartas y la falsa idea de que estaba cerca de encontrarlo con sus propios medios.
El asesino llevaría la investigación a donde quería, manipularía los datos y al personal a cargo para encubrir pistas, lugares y rituales.
Pero, ¿sería suficiente para que la detective Adelle Terán se diera por vencido? ¿La llevaría a cumplir sus deseos y culminar su iluminación?
Deja que esta historia te lleve por los caminos del asesino, las pistas dejadas, la inexperiencia y el ímpetu de una novata investigadora que tratará de lograr lo que en más de cinco décadas no se ha hecho, resolver un crimen.
La luz del sol atravesaba los gruesos cristales de la habitación, podía observar que entre las rendijas de las persianas se dejaban ver sendos rayos que hacían sentir su calor.
Al deslizar la persiana se presentaba uno de los pocos bellos amaneceres de las costas del Caribe, aquellas que habían sido dañadas por la polución hace décadas. El bello paisaje era un motivo más para recordar este día, un momento único que me abrazaría, me incitaría a iniciar y prepararme para la graduación. La academia de policía de la mega ciudad costera tres haría su ceremonia para los nuevos detectives y policías, era un gran honor para mí poder ser parte de la generación saliente.
Habían sido cinco años de duro entrenamiento, pasando de las largas horas de estudio en las aulas y bibliotecas, hasta los días de desgastante ejercicio en los campos de entrenamiento y gimnasio. Pocos llegaban al final de la travesía pero yo lo había conseguido.
Mis padres estarían orgullosos de que su hija lograría el sueño que desde pequeña se había trazado, pero era lamentable que solo en mis memorias y en el corazón los llevaría, su muerte a causa de la delincuencia en el Sector Centro hacía tres años me había devastado, y desde ese instante se volverían en mi motivo para seguir adelante, quería convertirme en detective y esclarecer los delitos que querían mantener impunes, trataría a cualquier costa de que no volvieran a pasar situaciones tan difíciles como las que yo había pasado.
Estaba lista para tomar un buen baño que me serviría para terminar de despertar, después de eso utilizaría el uniforme de gala como marcaban los protocolos y partiría hacia la ceremonia.
Mientras el vapor desinfectante cubría mi cuerpo iba recordando los duros momentos que había pasado en la academia. Sonreía al ver en mi mente el rostro del oficial Mendoza, había sido muy duro en su entrenamiento táctico, no permitía falla alguna al momento de la planeación de la estrategia de operativos de control y qué decir de la puesta en marcha de los simulacros. Buscaba la perfección en cada movimiento, nos comentaba que todas las fallas en estrategias o en la ejecución de las mismas podrían llevarnos a una muerte segura. Los delincuentes no se tientan el corazón en matar a los oficiales de policía o detectives haciendo su labor, las ansias de poder de los criminales los llevaban a cometer asesinatos de aquellos que les estorbaban.
La pasión que trasmitía el oficial Mendoza nos serviría de inspiración, pero quien realmente marcaría mí trayectoria educativa sería la teniente Hooper, una mujer con mano de hierro, estricta, sagaz, siempre muy pulcra en su vestir y a la que jamás había podido ver sonreír.
Su fuerza y voluntad me inspiraba a ser como ella, con tantos reconocimientos por su valor y la cantidad de casos resueltos, todo eso me llevaban a imaginar que algún día tendría mi propia colección de trofeos y casos. Además de su porte y belleza, todo mundo la respetaba.
Recuerdo una frase que nos había dicho el primer día de clase en el segundo semestre, “Quien tenga el valor de vivir en esta sociedad que se cae en pedazos, sin dañar su integridad y sin caer en las manos de la delincuencia, es capaz de lograr una marca permanente en la historia de la humanidad, algo para ser recordado”. Hoy en día, la frase me sigue retumbando en la cabeza.
Desde ese entonces me preguntaría si tendría el valor de mantenerme siempre alejada de las tentaciones de la corrupción, actuando conforme a la ley y a mis propios principios.
Había escuchado de casos de oficiales que salían con honores de la academia y en las calles habían caído en manos de la corruptela, actuando así estaban causando mayores daños a la sociedad trabajando en nombre de la supuesta ley. No pretendía ser una santa pero si deseaba ser un orgullo para el nombre de mis padres. Lucharía porque así fuese.
Al fin terminaría mi baño. No había nada mejor que sentirse limpia después del vapor, en los libros de historia se escribía que hace varias décadas utilizaban el agua para bañarse, esta salía de la regadera a chorros y la regulaban con dos llaves, una para agua caliente y otra para fría.
En estos tiempos, por la escasez de la misma, sería imposible hacerlo, solo los ricos en sus grandes mansiones lo podían hacer, pero en los escritos decía que era de lo más relajante sentir el golpeteo del agua sobre el cuerpo, me habría gustado sentirlo.
Parada frente a mi uniforme podía sentir el esbozo de una sonrisa, estaba emocionada. El color negro con vivos dorados en los hombros, las insignias que había ganado durante mi estadía adornaban la parte frontal, todo combinaba perfecto para dar la elegancia que se necesitaba.
Al momento de ponérmelo sentía como la tela celular se iba amoldando a cada parte de mi cuerpo, la tecnología usada se adaptaba a cada persona en tamaño, peso y forma, ajustaba a la perfección sin necesidad de hacer arreglos adicionales.
Me veía muy elegante, un corte cruzado con una pequeña solapa de izquierda a derecha y lo ceñido del traje hacía lucir mi esbelta figura.
El transporte pasaría por mí diez minutos después de terminar, tiempo muy ajustado pero suficiente para realizar las tareas antes de mi partida.
Los edificios de apartamentos de los estudiantes de la academia albergaban a unos trescientos mil estudiantes y este día, después de todo el protocolo, dejaría vacío el lugar que había sido mi hogar durante el internado, extrañaría los pasillos en gris pálido con esa iluminación de luz fría, el elevador con su vista hacia la plaza del estudiante y la suave voz electrónica solicitando el piso deseado.
Otro lugar para recordar sería la recepción del edificio, siempre con un mundo de gente yendo y viniendo, recordaba la primera vez que había entrado por ese lugar, todo un caos para mí, no sabía cómo dirigirme a mi habitación asignada hasta que Sigma Morgan, una estudiante que me había topado en los pasillos, me daría una explicación del movimiento del edificio. Pobre Sigma, me enteraría que ella había muerto en los altercados de la calle doscientos del Sector Bajo Centro Azul, era una buena persona y excelente policía.
Al terminar de arreglarme, recorrería los pasillos recordando una vez más todas las aventuras en ellos, finalmente estaría saliendo del edificio, el aire frío de la mañana me pegaba en la cara refrescando mis ideas.
Miraría al frente y ahí estaba, puntual como siempre, el transbordador al centro académico. Los tres pisos de asientos de frío metal y sus treinta metros de largo estaban listos a partir para llevar a sus ocupantes a recibir la instrucción necesaria para ser los mejores policías y detectives de la mega ciudad.
Para subir usaría los sistemas de reconocimiento de ADN instalados en el transporte, los cuales hacían un trabajo excelente, evitaban que personas ajenas a las áreas de la academia se infiltraran, sería un peligro que así pasara. Se conocía de terroristas que lo habían intentado en diversas ocasiones para sembrar el pánico en este santuario de la ley.
El camino al Auditorio era hermoso, grandes espacios adornados con hologramas de árboles y flores, las estatuas de las leyendas de la justicia y una cantidad enorme de estudiantes caminando, leyendo en las bancas o simplemente disfrutando de un merecido descanso después de los exámenes.
Los habituales diez minutos de recorrido, ni un segundo más, ni uno menos. La exactitud en el transporte era vital en esta escuela, sería un caos si no fuese así.
Mientras descendía del transporte podía ver una gran cantidad de compañeros que entraban en el auditorio, todos enfundados en sus uniformes de gala.
El auditorio era uno de los edificios más grandes de este lugar, tenía capacidad para cien mil personas. Por el evento que se celebraba ese día, sus hologramas exteriores mostraban los emblemas de la academia y los del Gran Cuerpo de la Policía Mundial. Sus portones de acero en color negro, se encontraban pulidos al punto de espejo y los guardias, siempre imponentes, resguardaban la seguridad del lugar.
Me encantaba sus uniformes, hechos con tela de nanotech celular negro, diseñados para resistir los disparos de munición de plasma, sus cascos retráctiles incorporados al uniforme con tecnología de escaneo y rastreo. Eran increíbles y lo mejor que había para la protección y combate contra la delincuencia.
Los cubículos de registro estaban llenos, pero sería algo necesario para que me asignaran el lugar que me correspondía, lo bueno es que era rápido el trámite.
— ¡Cadete Adelle Terán¡ — La voz de una mujer me sorprendía por la espalda mientras esperaba en la fila de registro.
— ¡Katy Randall¡ — Katy había sido mi compañera en los dos primeros años, después nos habíamos separado por las asignaciones a cada una.
— Adelle, me da mucho gusto que estés aquí, creí que no te volvería a ver.
— ¡Oh Katy¡ Fue tan duro el proceso que también pensé que no lo lograría.
— Te ves genial Adelle, espero que te den un sector tranquilo, hoy en día hay muchos disturbios en los sectores centrales, no son suficientes los agentes policiacos ni los detectives. Además, se dice que hay sectores que no quieren mucho a la policía, las calles no son tan seguras. Yo solicité que me envíen a oficinas y por las buenas notas que tengo estoy segura que así será.
— Mi aspiración son las calles, quiero proteger a aquellos que no pueden hacerlo. Tengo una deuda que saldar.
— Pues si eso es lo que quieres no te detendré, solo cuídate y mucha suerte. Es tu turno, regístrate.
— Claro, tú también cuídate. Y Katy… no te olvides de mí.
— Jamás lo haré, y si tenemos suerte nos tocará el mismo distrito.
— Ojalá, te veré luego.
— ¡Hasta luego¡
Después de despedirme de Katy haría mi registro de ADN sin ninguna complicación, me asignaban el asiento cuatro mil doscientos trece, línea B.
El salón era enorme, encontrar mi lugar sería bastante complicado.
Recorrería las filas de asientos hasta que por fin podría hallar el correspondiente, estaba muy bien ubicado y con una vista fenomenal del estrado donde el Comandante Instructor Gerard Travis nos daría su discurso.
Minuto a minuto se iban ocupando los lugares, hasta que al final no cabía un alma más.
La ceremonia empezaría con el himno de la policía, sus notas hacían vibrar mis sentidos, me sentía muy emocionada. Una comitiva encabezada por el Gran Mariscal de la Policía Mundial hacía su entrada, marchaban haciendo gala de su disciplina.
Al finalizar la entonación del himno, el Comandante Instructor se acercaría al estrado mientras sus acompañantes tomaban asiento.
Comenzaría su discurso muy ceremonioso.
— Hoy, octubre treinta, siendo las nueve de la mañana, me es muy grato dar la bienvenida a la comitiva del gran Cuerpo de Policía Mundial encabezado por el honorable Mariscal Gregory Silas, General de Inteligencia Elizabeth Hurlie, General de Operaciones Marshal Thomas, General de Operaciones Encubiertas Patrick Muller, General de Investigaciones Isabel Ferguson, General de Brigadas de Choque Karla Camarena y finalmente General de Servicio Secreto y Asuntos Internos Marcus Pollar. – La plana mayor de la Policía. – Jóvenes cadetes que tomarán la alternativa de mayor honor en las Mega Ciudades, servir a la ciudadanía, proteger a los débiles, honrar y respetar las leyes, sean bienvenidos a su graduación.
Los aplausos no se hacían esperar en un una explosión al unísono. El Comandante agradecía con un movimiento de cabeza.
— Estando en sus asignaciones respectivas, ya sea en oficinas o en campo, recuerden lo aprendido aquí durante los cinco años de estadía, los estudios, la dedicación y esfuerzo, tanto físico como mental, deben ser puestos con empeño para la consecución de tan noble logro. Ustedes tomarán la protesta de ser Policías y Detectives en este acto de graduación. ¡Felicidades!
Una vez más la lluvia de aplausos abarrotaban el recinto, mi corazón latía como tambor en pleno concierto, no podía evitar que algunas lágrimas salieran de mis ojos, además sentía un gran nudo en la garganta.
El Comandante volvería a agradecer con la cabeza mientras esbozaba una leve pero agradable sonrisa, daría media vuelta y se dirigiría a uno de los generales. Empezaría el General Marshal Thomas con un discurso bastante largo y aburrido, a pesar de ser un hombre de cuarenta y cinco años y gran porte, tenía la energía de uno de ochenta. Continuaría la General Karla Camarena, una mujer de estatura baja, bastante corpulenta y muy mal encarada, unos sesenta años encima, con un discurso corto, bien redactado y muy directo; siempre con una misma entonación haciendo énfasis en su gruesa voz. La General Isabel Ferguson, con cincuenta años, era una mujer de estatura media, belleza promedio, una voz melodiosa y con un discurso dirigido a los que serían sus discípulos en el cuerpo de Investigaciones. El General Patrick Muller mostraba todas las señas de estar atrás de un escritorio desde hacía mucho tiempo, una figura rechoncha, con una tez pálida, barba y bigotes desaliñados y una calva prominente, su discurso resultaría ser de lo más relajado, hasta cierto punto cómico, siendo bajo de estatura no alcanzaba bien el micrófono, él haría mofa de su situación. El General Marcus Pollar con un aire soberbio, elevando su mirada sobre sus uno noventa y cinco de estatura, con una vestimenta increíblemente pulcra, se limitaría a felicitarnos y desearnos que no nos metiéramos en problemas, porque, si no, él tendría que actuar. Previo al Gran Mariscal sería la General Elizabeth Hurlie.
La General Hurlie, una mujer de treinta y cinco años, un atractivo impresionante, uno setenta de estatura, ojos verdes, cabello rubio, increíble figura y, sobre todo, una cara angelical. Frente al micrófono observaría a todo el público presente antes de decir palabra alguna, era como si realizara un escaneo previo para encontrar de entre nosotros algún objetivo en especial. Por un momento sentiría que su mirada se postraba en mí, inquisidora pero atrayente, como buscando el reto, la respuesta. Empezaría su discurso muy serena y segura de sí misma.
— Buscamos a los mejores estudiantes, los mejores policías, los mejores seres humanos. Ustedes son ahora la esperanza de esa interminable búsqueda de las personas dignas de portar los uniformes del gran Cuerpo de la Policía Mundial, ustedes serán ejemplo de los ciudadanos que viven en una sociedad decadente, cada uno de ustedes deberá demostrar que se puede y debe vivir en orden, conforme a las leyes que rigen nuestro mundo. La honorabilidad del cuerpo cae ahora sobre ustedes, mantengan su dignidad, valores y respeto por ustedes mismos. Sean sabios en sus acciones, tengan en mente que la inteligencia no es tener la mayor cantidad de conocimientos dentro de la cabeza, sino saber tomar las mejores decisiones en el momento oportuno. Vivan de forma honorable y mueran siendo libres. ¡Gracias!
Los aplausos de los reunidos saldrían por unas palabras que muchos no entenderían, pero para mí habían sido una flecha clavada en el corazón, las entendería bien y las tomaría como mías, estaba admirada por cada frase, cada palabra, las cuales retumbaban en mi cabeza siendo un foco de atención.
Estaba absorta en mis pensamientos, ligando el breve pero sustancioso discurso de Elizabeth Hurlie, tanto así que no escucharía el discurso del Gran Mariscal Gregory Silas, reaccionaría al escuchar la última frase.
— … ¡Felicidades graduados!
Todo mundo se pondría de pie, vitoreando el nombre del Mariscal, gritando de júbilo, me levantaría después de recuperar la noción al evento, gritaría como nunca lo había hecho y, tras algunos minutos, todo acababa. En los altavoces informaban a dónde dirigirnos para la asignación de distritos, todo dependía del ticket del asiento asignado.
Bueno, el mío era el cuatro mil doscientos trece, línea B. Tendría que dirigirme a la estación de asignación cuatro mil sección B.
Así que recorrería cada estación hasta llegar a la que me correspondía, había una fila de espera bastante amplia y mientras me encontraba en ella, las palabras de la General Hurlie seguían en mis pensamientos. “Sean sabios en sus acciones, tengan en mente que la inteligencia no es tener la mayor cantidad de conocimientos dentro de la cabeza, sino saber tomar las mejores decisiones en el momento oportuno. Vivan de forma honorable y mueran siendo libres”. Vivir honorable y morir libre, ¿Por qué morir libre? ¿Acaso no vivíamos en una sociedad libre? ¿A qué se refería? Tendría que buscar respuestas después, sería mi turno de asignación.
— ¡Cadete Adelle Terán, señor! – Las formalidades se debían respetar siempre, así que hacía un saludo oficial.
— ¡Descanse cadete!
— ¡Gracias señor!
— Ponga su mano en el escáner cadete, así sabremos a donde será asignada.
— ¡Sí señor! – Mi mano estaba sudando y no podía evitar mi nerviosismo. Un pitido y en la pantalla se mostraba el resultado.
— ¡Felicidades Detective! Fue asignado al Sector Centro, zona Fenix, tiene que reportarse mañana con el Capitán Mathew Bridick.
— ¡Gracias señor! Así lo haré.
— Como bien sabe Detective, debe desalojar el departamento que usó en la academia, el CPM – Así es como le llamaban al Cuerpo de Policía Mundial. – le proporcionará un nuevo departamento en el sector que le corresponde, la dirección la tendrá en su correo electrónico. El costo de este departamento correrá por su cuenta, así que asegúrese de cubrir los gastos pertinentes, solo el primer mes será cortesía. Deberá ocuparlo hoy mismo. ¿Entendió?
— ¡Sí señor! Gracias por todo.
— Suerte Detective, la necesitará.
El CPM se había ocupado de todo prácticamente, ahora debía recoger mis cosas y partir a mi nuevo hogar. El trayecto de regreso al departamento de la academia sería tranquilo, disfrutaría mucho mi último viaje.
Llegaría al edificio, que desde ya empezaría a extrañar, con la mente fija en recoger cada uno de los objetos personales que se encontraban ahí y allá, una maleta negra vacía que pronto contendría los recuerdos de mi alma mater; conforme iba llenando cada espacio con los trajes de entrenamiento, el uniforme de clases, el de gala, artículos personales y demás cosas, en mi garganta se iba formando un nudo. Es increíble cuantas cosas tenía acumuladas de los años en ese lugar. El recuerdo principal, la foto de mis padres, estábamos los tres en Mega Paraíso, mi padre me explicaba que era una isla artificial creada como centro de diversión, ahí trataban el agua de mar para limpiarla de las impurezas que la contaminaron, un lugar muy bello, estábamos en la playa de arena suave y blanca, mi madre esbozaba una gran sonrisa de satisfacción, había sido una semana hermosa, jamás podría olvidarla.
No podía evitarlo, las lágrimas salían de mis ojos a borbotones, los extrañaba tanto y desearía que ellos vieran este momento tan especial para mí. Me recostaría en la cama cubriendo mi cara con la almohada, no podía dejar de llorar y es que esto lo tenía atorado desde el día que murieron, no pudieron salir las lágrimas en su funeral y desde entonces siempre trataba de ser fuerte por y para ellos, solo hasta este día en que abandonaba la academia me desbordaría de sentimiento y con esto dejaría todo para salir adelante.
Sentía que había estado llorando por horas, aunque solo fueron unos minutos, pero sentía mis ojos tan hinchados y secos que parecía que así había sido.
Terminaría de arreglar lo que quedaba y me iría, dejaba este lugar y empezaba con algo nuevo y diferente, un nuevo comienzo, una nueva vida, una nueva ilusión, haría que se sintieran orgullosos de mí desde donde estuvieran.
Listo, todo guardado, antes de apagar la luz daría un último vistazo, en verdad agradecía el tiempo que había pasado aquí, adiós.
Era difícil dejar todo atrás, en cada parte había un recuerdo pero también me iba muy satisfecha.
El elevador me llevaría a la recepción y camino hacia Tina, la chica que siempre me recibía con una sonrisa y que me daría orientación en muchas ocasiones.
— ¿Tina? – Le preguntaba antes de despedirme.
— Mmmmm, no me digas nada, Detective Terán, ¿no es así?
— Así es, solo quería despedirme, ya me asignaron y debo agradecerte por todas las cosas tan bellas que pasamos juntas, fuiste un gran apoyo para mí.
— Adelle, no tienes nada que agradecer, mereces ser feliz y lo serás, yo solo facilité las cosas aquí. Si necesitas de una amiga para platicar, aquí estaré.
— Gracias Tina.
Nos fundiríamos en un abrazo, sentía que parte de mi alma se quedaba con ella, pero acababa más rápido de lo que quería. Me haría una seña para que partiera, ella no quería llorar y yo ya lo había hecho. Solo me despediría con la mano pero entre mis pensamientos le decía cuanto la quería.
A partir de ese momento no podría tomar el transporte de la academia pero había automóviles que me podían llevar al Sector Centro.
Éramos muchos los que dejábamos la academia, sin embargo, insuficientes para la ciudad.
Eran grandes filas para todo, esperaba que eso cambiara algún día. Al fin subiría al transporte.
— Lléveme al Sector Centro, por favor.
— Si señorita, ¿a qué parte va del Sector? – Había olvidado revisar el correo.
— Permítame, le digo en un momento. Mientras puede ir avanzando, gracias.
— Correcto.
Mi correo estaba saturado con tantas despedidas, no encontraba el correo en el brazalete holográfico. Un poco de revisión y ahí estaba, “Asignación de Sector y departamento”.
“Felicidades Cadete, usted ha sido asignado al Sector Centro, Zona Fenix, bla bla bla, su nuevo departamento se encuentra en:”
— Le digo el lugar señor, es: Torre Alpha Pegasus, Calle ciento veinticinco, Sector Centro, Zona Fenix.
— Correcto, ajustaré la trayectoria y en unos veinte minutos estaremos ahí, es un poco retirado.
— Lo entiendo, solo maneje con precaución.
Consultando el mapa podía ver que mi departamento se encontraba a unas cuantas calles del Centro Policiaco de la Zona Fenix. Eso era bueno.
— Debe tener cuidado señorita, el sector al que se dirige es peligroso. — Me comentaba el chofer observando desde el retrovisor.
— Pero ¿que zona no lo es actualmente?
El sector centro me traía amargos recuerdos, cerca de ahí mis padres habían sido asesinados por la delincuencia y, a pesar de las “investigaciones” realizadas, jamás pudieron esclarecer su homicidio. Tenía un sentimiento extraño al recorrer esas calles, sentía impotencia y a la vez rabia cuando llegaban las imágenes a mi cabeza de ese fatídico día.
