Aprende a amar[te] - Katherine Constanza Torres Castillo - E-Book

Aprende a amar[te] E-Book

Katherine Constanza Torres Castillo

0,0

Beschreibung

A Al le gusta Lara (al menos eso cree). A Mateo le gusta Al (aunque jamás se lo diría). Lara quiere pololear con Al (porque ya es hora) y Nina sólo quiere que no se desintegre su grupo de amigos (aunque lo ve casi imposible). El amor no es tan fácil como en las películas. No hay una forma de hacer las cosas, no existen los finales felices y uno no siempre sabe lo que realmente siente. Esta es una novela sobre la amistad disfrazada de amor, el amor disfrazado de amistad y las complicaciones que surgen cuando uno sólo está tratando de ser uno mismo. Aprende a amar[te] es una de las novelas ganadoras del concurso "Chicas Escritoras", el cual busca publicar obras escritas por mujeres entre 13 y 18 años que tengan un gran potencial literario.

Sie lesen das E-Book in den Legimi-Apps auf:

Android
iOS
von Legimi
zertifizierten E-Readern

Seitenzahl: 139

Veröffentlichungsjahr: 2020

Das E-Book (TTS) können Sie hören im Abo „Legimi Premium” in Legimi-Apps auf:

Android
iOS
Bewertungen
0,0
0
0
0
0
0
Mehr Informationen
Mehr Informationen
Legimi prüft nicht, ob Rezensionen von Nutzern stammen, die den betreffenden Titel tatsächlich gekauft oder gelesen/gehört haben. Wir entfernen aber gefälschte Rezensionen.



¡ADVERTENCIA!

La novela que estás a punto de leer fue escrita por una chica adolescente. Sí, como leíste: ¡una chica!

Te lo advertimos, porque sabemos que mucha gente mira en menos a las chicas adolescentes. En la tele, en la música, en los espacios culturales “serios”, las chicas son el objeto de burlas, pintadas como fangirls superficiales, impulsadas por un torrente hormonal, incapaces de tener un solo pensamiento profundo.

Pero tú no eres de las personas que piensan así ¿verdad?

Nosotras tampoco. Es más, estamos convencidas de que, contrario a lo que dictan los prejuicios, las mujeres jóvenes han sido un gran aporte para la sociedad y la cultura. Después de todo, fue una adolescente (Mary Shelley) la que fundó la literatura de ciencia ficción con su novela Frankenstein. Silenciar las voces de las mujeres jóvenes sólo sirve para mantener la desigualdad de género.

Por eso, a fines del 2017 lanzamos el concurso Chicas Escritoras, con el objetivo de descubrir chicas de entre 13 y 18 años que tuvieran mucho potencial literario. Nos llegaron decenas de manuscritos y de esos elegimos tres. Trabajamos con las chicas en la edición de sus textos, ayudándolas a conocer más sobre la industria editorial y potenciando sus capacidades escriturales, para que así pudieran ser publicadas.

La novela que tienes en tus manos es el resultado de ese proceso.

Aprende a Amar[te]

© Katherine Constanza Torres Castillo.

© Loba Ediciones Ltda.

Nueva Tajamar 481, Oficina 1403, Torre Sur

Las Condes, Santiago de Chile.

Teléfono: (56 2)32109829

www.lobaediciones.cl

Diseño y diagramación: Carolina E. Varela

Registro de propiedad intelectual: 292.864

ISBN edición impresa: 978-956-7388-09-7

ISBN edición digital: 978-956-7388-14-1

Primera edición: julio 2019

Diagramación digital: ebooks [email protected]

Ninguna parte de esta publicación, incluido el diseño de la portada, puede ser reproducida, almacenada o transmitida en manera alguna ni por ningún medio, sin el permiso previo y por escrito de los titulares del copyright.

ÍNDICE

[CURIOSIDAD]

[DUDAS]

[REENCUENTRO]

AGRADECIMIENTOS

[CURIOSIDAD]

1

ALFONSO

El primer día de clases es lo peor. El mismo curso que todos los años, con sus gritos y discusiones. No extrañaba nada de esto. Soy de los que se sienta al medio de la sala. Ni muy adelante, ni muy atrás. Una cabeza igual que las otras, sin destacar en nada. Me gustaría estar junto a Lara, pero ella es de las que agarran los puestos del frente, sobresaliente como siempre. Tampoco tengo que ir donde está; ni que fuera una lapa. Total, la vi los dos meses de vacaciones.

Es difícil volver a tomar el ritmo. Preferiría seguir de vacaciones y estar en el parque. De todas formas, a mis amigos los puedo ver en el recreo, sólo tengo que soportar una hora y media aquí. Esto es más aburrido que estudiar cuando no hay prueba. Lara tiene esa costumbre, que ya se le hace una manía. Y yo, aquí nomás, deseando que termine esta tortura.

Lara es así. Lleva dieciséis años igual: perfecta en todo. Me parece tierna la mayor parte del tiempo. Con el uniforme bien planchado, limpio y ordenado, se ve igual que una muñeca todavía en su caja. Todo lo contrario a mí. Es cuática la amistad que llevamos, de esas que son de años. Siento que cada vez la quiero más. A eso le he estado dando vuelta desde la última vez que conversé a solas con Mateo.

Lara y él son mis mejores amigos. Mat vive cerca de mi casa y lo veo casi siempre. Lara junto con Nina hacen el otro grupito. Igual con los tres nos juntamos en el parque. Desde diciembre hasta ahora hemos ido ahí casi todos los días para pasar el tiempo. Lo que hacemos es sentarnos en el pasto, reír y conversar. Mejor que pasarse la tarde encerrado con un montón de cuadernos para estudiar. Ahora con el colegio se hace un poco más complicado, pero al menos nos vamos para la casa todos juntos.

Mat y yo tenemos nuestras charlas de amigos, pero son más privadas. Se dan sólo cuando es realmente necesario, porque como dice él: no tiene sentido amargarse por nada. Hace poco me junté con él a jugar play y le conté sobre la idea loca que tenía en mi mente; ya íbamos en la quinta partida cuando se me ocurrió decirle. Según yo no era algo fuera de lo común.

—Oye, cachái que ando pensando una cosa hace tiempo…

—Suéltala.

—…Que parece que me gusta Lara —se lo dije sin preámbulos ni nada.

—¿Cómo que te gusta Lara? —le puso pausa al juego. Sus ojos se agrandaron de la impresión y casi soltó el joystick.

—No dije que me gustara… dije que parece.

—Ay, pero si es lo mismo.

—¿Tú creís?

—Sí poh, algo tiene que haber para que lo sientas distinto, ¿o no?

—No sé... Por algo te estoy preguntando.

—¿Y se supone que yo lo sé todo? Estái mal.

—Gracias por la ayuda entonces —me puso de mal humor su actitud. ¿Por qué tan agrio?

—Pucha, a ver —tiró el control a un lado y eso que otras veces le tiene tanto amor a suplay—. Vai a tener que explicarme con manzanitas.

—¿Conocís a Lara? La que es bajita, mi amiga de toda la vida. Amiga de tu amiga también —se puso a reír. Al menos le volvió la sonrisa de siempre, blanca y con los dientes parejos, casi de comercial.

—Que te ponís pesao, cabro chico. Obvio que la conozco.

—Bacán, porque ella es la que me gusta.

—¿Gusta, gusta o sólo «gusta»? —preguntó, haciendo las comillas con sus dedos.

—En eso me tenís que ayudar, poh

—Lo único que puedo decirte es que si no estái seguro, que te esperes.

—¿Cuánto tiempo?

—El que tú querái. Sólo eso: no te apresurís demasiado. Aguántate.

Desde que tuvimos esa conversación noto a Mateo medio extraño. Igual le he estado haciendo caso. La he pensado y vuelto a pensar, pero sigo más o menos en las mismas. Después de eso, una de las veces que nos juntamos en la plaza, intenté andar pegado a Lara. Mateo me miraba harto y me daba la impresión de que me estudiaba. Se preocupa caleta, pero no tanto como Nina. Ella puede llegar a ser incluso peor. Tiene un magíster en preocupaciones y cuidados, mención niños y adolescentes.

—¿Qué tenís? —Nina estaba sentada a lo indio y jugando con su pelo. Es cosa de todos los días verla trenzando sus mechas colorinas. Se puso a conversar con Mat. Nos quedamos callados un segundo y aprovechó de lanzarla.

—Nada. ¿Qué tengo según tú? —respondió Mat.

—Hai estado callado todo el rato —Nina lo conoce mejor que yo, pero con Lara yo le gano. O eso creo—. ¿Pasó algo?

—Estaba pensando nomás —me miró otra vez y se puso a jugar con el pasto—. Vamos a entrar a cuarto.

—¿Y? Es un año más —Nina le siguió la conversación—. No me vengas con que recién te estái preocupando. Eso no es lo tuyo.

—En todo caso, les queda el último —Lara se metió sola; le gustan esos temas. Estaba acostada en el pasto mientras yo le tiraba el pelo con suavidad.

—Y ahora a ustedes les toca el más difícil.

—Difícil va a ser para Al. A mí demás que me va bien.

—¿Y eso que no estái estudiando de los apuntes de Nina? —Mateo habla poco con Lara, cosa de él me imagino. De los cuatro son los que menos se pescan.

—Yo le tuve que insistir para que viniera —dije riéndome— estaba leyéndolos.

LARA

Es fome volver al colegio. Con suerte deben haber pasado 15 minutos y ya quiero mi cama. Lo bueno es que al terminar las vacaciones no dejo de ver al trío de locos que tengo por amigos… sólo que hoy a la salida quiero hacer una cosa sin todos ellos.

Desde que tengo memoria, volvemos de clases juntos: Nina, Mateo, Alfonso y yo. Hoy Al está diferente. Es mi mejor amigo desde siempre; según nos dicen éramos guaguas cuando jugamos en la plaza por primera vez. Obvio que no me acuerdo de eso, pero tampoco lo pongo en duda. Hemos caminado mil veces por estas calles, pero siempre en compañía. Hace días que anda distinto, un poco perdido. De tanto que le hinché, ahora me tiene que contar… si es que no se echa para atrás.

Damos unos pasos sin hablar. Se nota nervioso. Le doy mi mano; la toma con fuerza y me sonríe. Todo esto se siente raro. Lo miro y está rojo. Eso sí que es típico de Al. Seguimos juntos. Noto que le cuesta hablar. Tengo la mala costumbre de siempre meter la cuchara, aunque a ratos él también me sorprende con preguntas medias sentimentales, algo que no es típico en Al. Por ejemplo, la semana pasada cuando estuvo en mi casa:

—¿Te gusta alguien? —hablábamos de una banda, de esas electrónicas que sólo él conoce, y me lo preguntó de la nada.

—¿Onda, ahora ya?... No lo sé —pienso siempre cada detalle, lo reconozco. Éste es uno de esos temas con los que me pillan más desarmada.

—¿Y antes?

—Supongo que sí. Una vez, ¿no te acordái?

—¿Del tipo de los columpios? —me río diciéndole que sí—. Pero eso no es amor.

—¿No?

—Lo viste una vez, a los cuatro.

Me hizo sentir ridícula. Lo peor es que tenía razón: con cuatro años uno no cacha nada. Ahí me di cuenta de que no me he enamorado nunca… creo. Se me ocurrió preguntarle lo mismo a él.

—¿Qué sientes tú?

—¿De amor? —los mejores momentos son así, cuando habla porque quiere y no porque lo obligan—. Ahora estoy dudando, pero son cosas bonitas. Te ríes solo, buscas compartir más con esa persona. Es agradable —parecía hablar en serio.

—¿Lo de las mariposas es cierto?

—A ratos, aunque creo que las tengo siempre. Son como los nervios.

Su percepción de estar «flechado» no era lo que me esperaba. Resultó ser concreta y adorable. Me enterneció. Desde entonces que le intento dar una vuelta al tema. Aún no sé qué se siente, pero creo tener cierta sospecha. Sigo con su mano tomada. Avanzamos como una cuadra en total silencio. Ya me aburrí. Es bueno caminar así por un rato, pero no ahora que se supone que teníamos pendiente una conversa importante.

—¿Y? ¿Qué pasó?

—Creo que me gustas —me lo dice de forma sencilla, como que fuera lo más normal del mundo. Yo quedo paralizada.

—¿Por?

—Por lo que te dije el otro día, lo de sentirse bacán a tu lado.

—¿Y sólo por eso?

—Supongo, de estas cosas no sé… ya me conoces —seguimos tomados de la mano. En una como que la quiso apretar… pero no sé. Imagino que son los nervios.

—Pensaba que era algo más fuerte cuando se sienten esas cosas.

—Ah, bueno, entonces supongo que no —lo escucho y se nota más apagado. De seguro ya dije algo que no debía.

—O sea, es lo que pienso. Demás que sí.

—No sé... Por último ¿No te gustaría intentarlo?

Me quedo pensándolo un poco. Si gustar es sentirse bien con el otro, entonces también me gusta el Alfonso. Desde que somos chicos me apoya y confía en mí. Eso es lo que siempre se ve en las pelis y libro románticos. Quizás toda nuestra vida hemos estado viviendo un romance y recién nos dimos cuenta… bueno, él se dio cuenta. Tampoco suena mal probar con él. Ser mejores amigos demás que hace todo más fácil. Lo único que me está dejando dudas es por qué le gusto.

—O sea, ¿cómo? ¿Ahora ya?

—Si es que querís nomás, no te estoy obligando.

—No, si ya sé que no. Pero es que no sé —de verdad que me dejó pensando—. Es que tú cachái como soy, me importan más mis notas que tener algo.

—Será poh. Al menos lo intenté —pucha, esa carita que pone es para romperle el corazón a cualquiera.

—Ya, pero no te bajonées tanto —le tomo las dos manos. Entre tanto blah blah llegamos a la plaza—. ¿Tanto me querís?

—¿En serio me preguntái? —sigue rojito, es muy tierno así—. Sabís que caleta; erís mi mejor amiga. Es como obvio.

—Pero igual, eso lo podís sentir con cualquiera que sea tu mejor amiga, amigo, no sé.

—Lo tuyo es diferente. Conoces todos y cada uno de mis secretos, Lara —ni siquiera me está mirando, parece que de verdad está nervioso—. Si no te tuviera tanta confianza no me atrevería a intentarlo contigo.

Con esa frase me mató. Confío en él y lo quiero un mundo. En todo caso, podría atreverme, ya estoy en la edad para tener pololo. Total, si algo sale mal, la amistad que tenemos seguirá intacta… o eso espero. En teoría debería funcionar; ya nos conocemos al revés y al derecho, es como imposible que salgan mal las cosas.

—Igual podemos intentarlo. ¿Te tinca?

—Vale, cariño —lo dice riendo. No me demoro en sumarme.

—Pucha, que me ponís roja.

—¿Adónde? Nunca pareces tomate.

—Porque ese erís tú.

—Ya empezaste a molestar, Laura.

—¡Lara! —le grito haciéndome la ofendida—. Más de doce años siendo tu mejor amiga y ni te aprendís mi nombre. ¿Sabís algo? Terminamos.

—Pero, mi amor, no empieces...

—De «mi amor» nada, chao.

—Larita... Ya poh...

—¿Qué? Te dije que ya no voy a ser más tu polola.

—¿Y ahora con quién me pelo? ¿Con la Nina o el Mateo?

—Con quien sea. Seguro que te quieren más que yo.

Comenzamos a reírnos a carcajadas. O sea, dicen que Mateo podría ser gay, pero no me lo creo. Ha salido con varias de sus compañeras. Hasta donde sé, consigue ene amistades de donde sacar provecho. En cambio el Alfonso desde que lo conozco es piola. Nunca antes le había gustado nadie, pero ahora confirmo que le atraen las minas. Definitivamente, no podrían estar juntos. Con Nina tal vez. Es raro imaginarlo. Nina es bastante independiente para todo y no se le ve muy interesada en encontrar pareja, pero tampoco es imposible… aunque no sé si Al sería su tipo de persona ideal.

—Lara, cariño —me sostiene con los brazos. No es fuerte, para nada. Con mi metro 58 lo puedo mover.

—¡Qué no! Me dijiste Laura, eso no te lo perdono —y ahí vienen, las cosquillas, atroces cosquillas—. ¡Yaaa! Ya... ¡Alfonso, Ya! ¡Yaaa!

—¿Me perdonas, amorcito?

—Si me dejái tranquila —al segundo me suelta. Respiro más relajada—. Pero en serio, dime que sólo leseabai.

—¿Con lo de Laura o tanto apodo?

—Los dos.

—Sí oh, hay que ir de a poco. Tranquila.

Sonrío pensándolo. Me terminó gustando la idea, por ahora no se ve que vaya a terminar mal. Espero que no, porque no tengo idea si de verdad le gusto o sólo son tonteras. No creo que sea amor... no puede ser algo tan piola. Quizás querer. Eso sí lo acepto. Total, las cartas ya están tiradas. El resto depende de nosotros.

Entonces, recapitulando todo: Alfonso y yo estamos pololeando… o andando. Da igual. No era algo primordial para mí, pero demás que puedo acomodarme a tener un pololo. Me tendré que hacer el tiempo. Filo, cuando esté menos emocionada lo organizo bien. Ahora tengo que contarle a Nina. No puede estar sin saber de esto.

Pucha, igual me da lata Nina. Yo toda feliz contándole de las buenas nuevas y ella ocupada. Aunque después igual encuentra tiempo para hablarme, pero sería mejor que tuviera menos de qué preocuparse. Por suerte no pierde el tiempo, como que se las ingenia muy bien para poder con todo. No le quito mérito al esfuerzo que hace por casi criar a sus dos hermanos chicos. Bueno, decir «casi» es quitarle bastante mérito.

MATEO

A través de la pantalla puedo sentir la fuerza que me manda. Ella nos conoce a todos y se las da de ente maravilloso, moviéndonos igual que en un tablero de ajedrez. Ya sé que la analogía es exagerada, pero es más o menos parecido, sólo que sin manipularnos. Deja que fluyan las cosas entre los tres y si algo termina mal, hace de comodín. Es por mucho más madura que cualquiera. Si no fuera así, ni me habría molestado en conocerla.

Así que Alfonso lo hizo: al final está con Lara. Si es feliz, me alegro. Ya no me importa. Lo veía venir hace una semana, cuando me preguntó cómo fue andar con mi ex. Le respondí lo básico y que nunca estuve cien por ciento comprometido. Fue más complicado que las relaciones con minas que tuve antes. A pesar de eso seguí con él.

Aprendí cosas sobre mí mismo con él. Había tenido pinches minos, pero mi primer noviazgo gay fue ese, aunque con suerte duramos unos dos meses. Costó al comienzo porque me salió con que era hetero, pero terminamos juntos al fin y al cabo. Fue intenso, pero todos mis encantos no fueron suficientes para hacerlo salir del clóset.

Además de esa vez, nunca he estado interesado en