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Asesinos En El Tiempo.
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Veröffentlichungsjahr: 2016
Asesinos en el tiempo.
Melody Ryan
––––––––
Traducido por Laura Garcia
“Asesinos en el tiempo.”
Escrito por Melody Ryan
Copyright © 2016 Gold Egg Investing, LLC
Todos los derechos reservados
Distribuido por Babelcube, Inc.
www.babelcube.com
Traducido por Laura Garcia
Diseño de portada © 2016 Villiana Tat
“Babelcube Books” y “Babelcube” son marcas registradas de Babelcube Inc.
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Página de Copyright
NOTA:
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Laughing Deer es una pequeña ciudad ficticia en el estado ficticio de Kiowa, el cual se encuentra en algún lugar entre Iowa, Nebraska, Kansas Illinois, Indiana y Missouri.
1.3 millas y 44 años de distancia, dos grupos extremistas planean asesinatos a nivel presidencial...
Dan O’Malley
Jueves, 10 de Octubre, 1968 8:37 PM
Para esconder su ansiedad sobre votar, Dan O’Malley se inclinó sobre el respaldo de su silla.
Después de varios meses de reclamos, protestas y pruebas aún no habían logrado nada, y haciendo sondeos, influenciando y manipulando a los miembros del grupo, la Fase 1 de su misión estaba casi completa.
Los Pumas Negros de Laughing Deer estaban listos finalmente para comenzar la revolución.
Los matones.
O’Malley tomó otro cigarrillo de su cajetilla Marlboro. El cuerpo que él habitaba, Peter Brown, era fumador, así que él tenía que fumar. Los Pumas no podían enterarse que él no era Peter.
Que horrible hábito. Estaría más que contento de regresar al 2012.
Sin mencionar los cien millos de Dólares o su equivalente que le habían prometido recibir por este trabajo. Aún tenía que decidir si comprar un pequeño castillo en Suiza, Francia o Italia.
Los Pumas alzaron sus manos derechas diciendo, “Eso,” “Hazlo,” o “Eso es todo.”
Así que se le pasó.
El presidente y fundador de los Pumas Negros, Willie McGhee, se volteó hacia Dan.
“Peter, vamos a olvidarnos de nuestro Hermano Rey.”
“Ese jodido Ray acabó con el Hermano Rey y su filosofía de No-violencia,” Dan dijo. “Es tiempo de que los Hombres Blancos aprendan que vamos a responder balas con balas.”
Los otros murmuraron su aprobación y asintieron con sus cabezas.
“Aparte,” Dijo Dan, “Somos los Pumas Negros, no la NAACP*.”
“Espero que sepas lo que estás haciendo,” McGhee dijo. “Yo no quiero ir a la cárcel.”
“Es por eso que no podemos jugar furtivamente,” dijo Dan, inclinándose hacia adelante para enfatizar sus palabras y sus compañeros no se detuvieran a pensar, que no entendieran que sus palabras no tenían sentido.
“Así es como el FBI lo hizo. Contrató a un idiota, un ladrón blanco de poca monta como James Earl Ray para ser capturado, luego clamar que no actuaban de forma racista. Si tratamos de escondernos, nos encontrarán de todas formas. La gente no nos apoyará. Eso es lo que necesitamos, al pueblo apoyándonos. Tenemos que sumergirnos en el mar del pueblo.”
Estos pandilleros convertidos en falsos revolucionarios ni siquiera reconocían la referencia al Presidente Mao Zedong.
McGee dijo, “El hermano Jhon Thomas debe encargarse de los detalles del plan y el entrenamiento, ya que él acaba de salir del ejército hace sólo seis meses.”
Un veterano de Vietnam, Dan pensó. Perfecto. Probablemente sea el único de ellos que pueda disparar correctamente. Oh, que tormenta de mierda han desencadenado.
“Ninguno de nosotros está loco,” dijo Dan. “Y esa es la ventaja que tenemos sobre el Servicio Secreto. Ellos han estado buscando a un Lee Harvey Oswald en el sexto piso de la biblioteca de Texas. Nosotros iremos tras el candidato con tres carros llenos de hombres con pistolas, vamos a acabar con ellos.”
________
*NAACP por sus siglas en inglés “National Association for the Advancement of Colored People” - Asociación Nacional para el Avance de la Gente de Color
El 20 de Octubre, mientras el candidato de los Republicanos estaba dando su discurso de campaña en Front Street Park en Laughing Deer, Kiowa, los Pumas Negros vengarían el asesinato del Dr. Martin Luther King ajusticiando a Richard Milhouse Nixon por las personas.
Brian Brunswick
Jueves 11 de Octubre, 2012 8:37 PM
Brian Brunswick se sentó de frente en la silla giratoria de madera en la cocina, el respaldo alcanzaba su barbilla. Él sabía que estos Neandertales derechistas del medio oeste veían esto como postura para tomar el cargo. Todos los presentes lo conocían como Jack Hatcher.
Lance Delgado, uno de los miembros más amables del Comité de Americanos Contra el Comunismo Internacional (AAIC*), dijo, “Mira, las encuestas muestran que Obama va a perder la elección. Tres meses más y él será historia. ¿Por qué arriesgar eso? ¿Por qué no sólo esperar?”
Brian tenía que refutar ese argumento o su misión fracasaría rotundamente.
“Los Republicanos no son comunistas amantes de los Musulmanes,” dijo Brian, “pero eso es lo mejor que podemos decir por él. Él es el candidato anti-Obama. Él es un activista de la progresividad. América aún está siendo invadida por ilegales.”
Se escucharon muchos murmullos de aprobación.
“Eliminaremos a Obama en esta etapa,” dijo Brian. “Los ciudadanos Americanos aprenderán que no estamos jugando. Pelearemos de vuelta. No dejaremos que los europeos manden sobre nosotros nunca más. Tendremos un candidato que represente nuestros valores, valores americanos de verdad.”
Y si ustedes se creen ese basura, pensó Brian, ustedes grandes pedazos de idiotas se merecen lo que les pase.
Talvez los guardias federales los dejen hablar con Rush Limbaugh y Glenn Beck en la cárcel.
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*AAIC: por sus siglas en inglés (Americans Against International Communism).
No es que me importe. Seré un millón de dólares más rico ignorando su revolución fascista en una playa tropical muy lejos de aquí.
Su pedimento ganó la votación.
El domingo 21 de octubre de 2012, mientras daba su discurso de campaña en Front Street Park en Laughing Deer, Kiowa, el Presidente Barack Hussein Obama pasaría a la historia como el quinto Presidente de los Estados Unidos en morir asesinado.
Denise
Miércoles 16 de Octubre, 1968 9:07 AM
“Estas son las elecciones más salvajes y amenazantes desde que nuestros Padres Fundadores redactaron la Constitución.”
La maestra de civismo de Denise, el Sr. Svoboda esparció sus palabras en el aire como pólvora mágica seguida por fuegos artificiales.
Después de que no tuvo respuesta alguna, continuó dando vueltas, jugando con su corbata, lanzando un pedazo de gis amarillo de una mano a la otra.
Sentada en la primera fila, Denis vio una pequeña mancha en el frente de sus pantalones beige.
Descuidado.
“El 1 de Enero, todos los expertos creían que el Presidente Johnson ganaría las elecciones. Entonces comenzó la defensa de Tet. Y Eugene McCarthy amenazándolo en la primaria de New Hampshire.”
El Sr. Svoboda paró, se dio la vuelta, entonces miró a la clase como si fuera Marlin Perkins examinando a una horda de leones en su reino salvaje.
“En Marzo, Johnson, se convirtió en el primer Presidente en la historia de América en renunciar a postularse para su reelección- y eso fue sólo el comienzo.”
Denise escribió en su cuaderno lo que acababa de decir su maestro, cuidadosamente letra por letra, orgullosa de su caligrafía.
“El asesinato del Rey unos días después causó revueltas por todo el país comprobando que estamos al borde de una masiva y violenta anarquía. Después vinieron manifestaciones e increíbles protestas. Los estudiantes tomaron Harvard. El asesinato de Robert Kennedy justo después de que ganó las elecciones primarias en California. Ese también fue el primero en pasar.”
Denise supo todo lo que el Sr. Svoboda estaba diciendo ese día en la clase. Ella leía el periódico de The Laughing Deer Intelligencer cada mañana y veía Huntley and Brinkley cada tarde. También escuchaba los quejidos de su padre sobre los comunistas que querían tomar el control.”
Los problemas parecían muy lejanos, pero aún así le preocupaban. Se despertaba cada mañana en su misma cama segura e iba a la escuela. Laughing Deer era todavía la misma pequeña hermosa ciudad que ella recordaba desde que era una chiquilla. Pero ¿por cuánto tiempo? Incluso los niños aquí en Laughing Deer eran hippies y radicales.
Parecía imposible que ellos pudieran superar al sistema, pero aún así habían podido cerrar Harvard, París y Chicago- justo el mismo año.
“Estoy seguro de que mucho de ustedes vieron la convención democrática en TV,” dijo el Sr. Svoboda. “A mí no me importa de qué lado estén, policías o manifestantes, esa no es la manera en la que un país democrático elige a sus gobernantes. Amenaza la libertad que todos damos por sentado.”
Apuntó su dedo hacia Denise. “¿No es así jovencita?”
Sus labios se apretaron, uno contra el otro como una foto pegada a un marco de papel. Apenas podía pasar saliva por su garganta. “Sí, señor.”
“¿Qué pensaste cuando viste la convención por TV?”
A pesar de que contuvo sus rodillas una contra la otra sentada en su escritorio, su falda de lana se le había subido hasta los muslos.
Enderezó su espalda, pero dirigió su mirada hacia la esquina del salón, lejos del Sr. Svoboda mientras respondía. “Yo, Yo... no sé.”
“Señorita Reid, ambos sabemos que usted ya leyó todo el libro. Ya se sabe la Constitución mejor que la mayoría de los profesores de leyes. Usted pasará todos los exámenes con buenas calificaciones y le voy a dar el 10 que usted merece. Pero realmente apreciaría su participación en clase también, para que los otros estudiantes se puedan beneficiar con su punto de vista.”
Denise sintió como su estómago se torcía igual que una toalla en la lavadora. Su cara se sentía tan caliente como un asador. Sólo quería que se la tragara la tierra.
Miró de un lado hacia otro mientras buscaba una forma de escapar. Pero aún faltaban 20 minutos para que sonara la campana.
“Lo, lo... lo siento. Yo no sé. Me molestan. La policía trata de mantener la ley y el orden, pero los manifestantes siguen peleando contra ellos.”
El Sr. Svoboda levantó la cabeza para poder mirar a todos sus estudiantes. “Esta clase no es solo acerca de lo que dice el libro. Es importa, claro, pero solo lo que representa.”
Denise miró a su alrededor. Georgie Sanders, sentado como siempre en la parte de atrás, con sus largas piernas estiradas frente a él, con su mirada inconfundible de absoluto aburrimiento sin ganas de cooperar, había estado junto a ella en cuarto grado cuando se cayó del escenario, todos se rieron de ella y vomitó de la vergüenza.
Como siempre Georgie llevaba consigo su cadena hippie, un collar hecho por él mismo con madera y cuenta de plástico de colores, un recuerdito barato de plata y turquesa de una reservación de indios y el diente de un tiburón. Denis se estremeció por dentro. No entendía por qué a Georgie le gustaba acaparar atención con ese tonto collar.
El Sr. Svoboda se paró junto a ella, la mancha en su pantalón quedó justo frente a sus ojos. “¿Te encuentras bien Denise?” le preguntó directamente. “Lo siento si te molesté.”
Denise negó con su cabeza aunque sentía todo el peso del universo sobre sus hombros.
“Te daré un pase para que vayas a ver a la enfermera.”
“No, gracias. Ya me siento mejor.”
De vuelta a la clase del profesor, el Sr. Svoboda dijo, “la clase de la historia de América es acerca de cómo llegamos a ser una país libre. La clase de civismo es acerca de cómo seguir siendo libre.”
¿Acaso Georgie se acordaría de esa obra? Probablemente no. Se rio del incidente y luego se olvidó de lo ocurrido. Si tan sólo ella también pudiera olvidarlo.
Aún podía sentir la mantequilla de maní y mermelada de fresa revolviéndose con sus jugos gástricos.
El Sr. Svoboda dijo: “Nuestra democracia está siendo atacada, y no sólo por la Unión Soviética. Necesitamos defenderla, aquí igual que en el sur de Vietnam. Estoy seguro de que cuando se necesite, Denise hará lo que es correcto. ¿No es así, Denise?”
Denise ni siquiera asintió con su cabeza. Por supuesto. ¿Qué más? Ni siquiera tenía que pensarlo, era como el sol saliendo cada mañana o saludar con su mano sobre el pecho cuando escuchaba el himno nacional.
“Espero que todos ustedes hagan lo que es correcto cuando se necesite,” dijo el Sr. Svoboda. “Pueden empezar yendo a ver a Richard Nixon al parque Front Street este Domingo. Han pasado cuarenta y cuatro años desde que un candidato a la presidencia vino a visitar Laughing Deer.”
Georgie Sanders levantó su mano, dijo, “¿Podemos protestar contra él?”
Denise no pudo contener una pequeña sonrisa formándose en su boca. Recordó que en sexto grado solía estar enamorada de Georgie. Él nunca lo supo. Aún era lindo y buen muchacho aunque ahora era tan radical que le molestaba a Denise.
El Sr. Svoboda se rio junto con sus alumnos. “Ese es tu derecho en un país libre, siempre y cuando lo realices pacíficamente. Ese es mi punto.”
“No se preocupe Sr. Svoboda. Soy un amante, no un guerrero.”
Denise tuvo que admitir, que si todos los manifestantes eran como Georgie, no tendría por qué preocuparse por el futuro.
Pero, sabía que no todos eran como él. Los radicales como Los Estudiantes por una Sociedad Democrática y los Pumas Negros trataban de destruir todo lo que ella amaba de Laughing Deer y de los Estados Unidos de América.
Taylor
Miércoles 17 de Octubre, 2012 9:07 AM
“¿La anarquía es posible en los Estados Unidos?”
La Srita. Brownley, maestra de civismo de Taylor, movió su trenza de cabello negro pero canoso sobre su hombro izquierdo. Sus ojos se abrieron de par en par, motivando a sus alumnos a dar una respuesta, aunque por su tono de voz al preguntar, no esperaba ninguna.
Taylor se movió alrededor de su escritorio. Justo frente a ella, Lorraine McPherson estaba mandando mensajes en su iPhone.
La Srita. Brownley continuó: “hemos presenciado la más contenciosa y hostil elección desde 1968- y sólo fueron las elecciones primarias de los Republicanos.”
Se detuvo como los comediantes, esperando risas que no se escucharon.
“Y como en 1968, estamos en medio de grandes protestas sociales. El 99% de los movimientos protestantes están haciendo historia, y en algunos lugares están sobrepasando los límites de la libertad constitucional. Algunos son anarquistas y están haciendo llamados para realizar una revolución.”
El chico junto a Taylor sonrió hacia el aire como si estuviera borracho o drogado. Taylor no podía entender por qué muchos compañeros se emborrachaban o drogaban por la mañana. Ya tenía suficientes problemas con la escuela como para hacerlo más complicado.
“Quien sea que gane las elecciones el próximo mes enfrentará a una nación dividida por la economía. ¿Tú qué harían? Taylor Williams.”
Molestándome de nuevo.
“No lo sé. Nadie votaría por mí.”
“¿Qué tal si unos derechistas extremos dieran un golpe de estado?”
“O unos izquierdistas tomaran el poder.” Andre Peterson gritó. Taylor pensó que él estaba guapo. De hombros anchos y cintura delgada. Con ropa limpia, estilizada pero no cara. Mantenía su cabello a rapa, excepto por una mohicana larga.
Pero la mayoría de los chicos afro-americanos no se sentían atraídos para juntarse con Andre. Él decía cosas locas.
La Srita. Brownley dijo, “Okay, seamos no partidarios. Si algún grupo extremista tomara el gobierno, ¿Qué harías, Taylor?”
La simple idea hizo a Taylor sentirse como si se hubiera comido demasiados pedazos de pizza de pepperoni. “No lo sé.”
“¿Los dejarías destruir la Constitución, la cual protege nuestra libertad?”
¿Qué esperaba la Srita. Brownley que dijera? “¿Qué podría hacer?”
“Tú me entregaste un excelente ensayo sobre Eugene Sharpe.”
“Estuvo bien.” Susurró Taylor tan bajo que casi no pudo escucharse ella misma.
“Él es un experto en revoluciones sin violencia,” le dijo la Srita. Brownley a toda la clase.
Esas cosas pasaron en otros países, pensó Taylor.
“Me daría miedo si meto la pata,” dijo.
“¿Crees que las enseñanzas de Eugene Sharpe deberían ser aplicadas a la democracia constitucional como la de los Estados Unidos? Él escribe sobre cómo derrocar dictaduras, no países con gobiernos legalmente electos.”
Qué buena pregunta. Taylor nunca pensó en aplicar los pensamientos de Eugene Sharpe en derrocar el gobierno de Estados Unidos. Punto para la Srita. Brownley.
“El 99% de los manifestantes lo están leyendo,” dijo Taylor. “Supongo que piensan que el gobierno de los Estados Unidos es realmente una dictadura.”
Lorraine dejó de enviar mensajes, y miró a Taylor con una mirada electrizante. Sin levantar su mano antes, Lorraine dijo, “Los EU son una dictadura.”
“¿Por qué lo dices?” preguntó la Srita. Brownley.
“Observe como la policía ha evacuado todos los campamentos de manifestantes el año pasado. Y le dispararon a Scott Olsen en la cabeza. La policía de Laughing Deer usó gas lacrimógeno para evitar nuestra protesta en el Bank of America. El 1% controla todo.”
“¿Hablarías de lo ocurrido si supieras que la KGB podría venir por ti y secuestrarte para ser torturada y encarcelada o asesinada?” le preguntó la Srita. Brownley.
“¿Qué es la KGB?” respondió Lorraine.
Con su mentón sobre sus manos, recargado sobre sus codos en su escritorio, Andre Peterson levantó la mirada en señal de impaciencia. En sus labios se formó una leve sonrisa. Taylor pudo oler su desprecio hacia Lorraine.
Andre era muy raro, especialmente para ser un chico negro. Como un nerd que saca puro 10, pero sin ser tan friki.
Taylor trató de recordar que era la KGB pero era tan torpe, que no pudo.
¿Qué era la KGB?
Denise
Miércoles 16 de Octubre, 1968 2:26 PM
Mientras Curt acompañaba a Denise a la clase de cálculo, ella le contó sobre la discusión que tuvieron en su clase de civismo en la mañana.
“Será mejor que Georgie Sanders no se presente en el discurso de campaña de Nixon,” dijo Curt. “Si alguno de esos hippies trata de hacer una protesta, haremos que lo lamenten.”
“¿Quiénes son “nosotros” Curt?”
“Yo y algunos de mis compañeros del equipo de fútbol. Ya hablamos al respecto. No queremos que Laughing Deer sea avergonzada por unos radicales.”
“Yo pensé que nos íbamos a sentar juntos,” dijo Denise. “He estado esperando ese momento.”
“No te preocupes, nena,” le dijo Curt mientras le sobaba los hombros. “Nos la pasaremos muy bien.”
Y le dio rápidamente un pequeño beso en los labios.
Curt se apresuró para llegar su clase de periodismo antes de que sonara la campana. Ella lo observó por un momento antes de entrar a clase. Él tenía unos hombros tan anchos. Y muy al contrario de los otros jugadores de fútbol, que eran robustos y regordetes, él tenía un estómago plano. Era guapísimo con su cabello corto, aunque se lo peinaba pegado hacia un lado para que no pareciera corte de marinero.
Ella era tan afortunada. Muchas de las chicas la envidiaban. No era una porrista, no tomaba como muchos de los chicos populares y aún así mantenía una relación estable con uno de los jugadores del equipo de fútbol.
No una estrella, pero un primer apoyador*.
_______
*Posición en equipo de fútbol americano. Linebacker.
Él era tan bueno para ella en todos los sentidos. También era Presbiteriano, aunque su familia iba una iglesia diferente. Cada domingo se alternaban para ir a los grupos juveniles de cada uno.
Algunas veces él salía a tomar, pero sólo con sus amigos o si ella estaba presente en alguna fiesta.
Y la respetaba. Eso era muy importante. Él podía dejarla sin pensarlo y tener diez o veinte chicas que estarían dispuestas a darlo todo por él sólo por ser un jugador de fútbol. Pero no lo hacía.
Estaban enamorados, pero ¿podría durar? ¿Quién podía saber que pasaría el próximo año cuando ambos acudan a diferentes universidades?
Denise trato de imaginarse como sería estar casada con Curt. No fue tan difícil de hacerlo. Pero pasar el resto de su vida juntos- teniendo hijos, comprando una casa, viviendo juntos por tantos años... pero para eso faltaba mucho tiempo. Incluso navidad parecía estar tan alejada y eso que sólo faltaban dos meses.
De ninguna manera podía pensar en planear su vida entera.
Parecía tan alejado, como decían los hippies, cada día era el primer día del resto de sus vidas.
Denise se sentó, sacó su libro y cuaderno de cálculo para revisar sus problemas que tenía de tarea.
No tenía tiempo hoy para el futuro.
Taylor
Miércoles 17 de Octubre, 2012 2:26 PM
“Así que crees que puedes detener la revolución. Por primera vez, coincido contigo.”
Lorraine se paró frente a Taylor, sosteniendo su mochila verde para impedir que Taylor pasara por el pasillo.
Taylor trató de contener sus reacciones para que Lorraine no se diera cuenta de que le temblaba el estómago ni la tensión en su mentón. “No puedo hacer nada bien. Lo sabes desde que estábamos juntas en quinto año.”
“Fuiste a una de tus reuniones de revolucionarias.”
“Tenía curiosidad.”
“Pero no te gustó.”
“Lorraine, no te gustaría que esté a tu lado cuando la policía nos ataque con gas pimienta. Yo... no sé qué haría.”
“No te asustaste en la fiesta de cumpleaños de Phoebe, el verano pasado.” El tono burlesco en su voz avergonzó a Taylor.
“Mira, lo siento. Yo no sabía que Darren iría contigo.”
“Todos los sabían. ¿Irás a ver a Obama el Domingo?”
A Taylor le tembló la voz. “No lo he pensado aún.”
“¿Qué le pasó a tus pensamiento de esperanza y cambio?”
“Lo sé, tú dímelo.”
“Eres tan tarada.”
“Pensé que el 99% del movimiento era contra Obama también.”
Lorraine suspiró en señal de desaprobación. “¿Y dejar que los Republicanos ganen? Qué horrible.” Sonrió de una manera tan falsa que parecía un payaso malvado. “Te presentas o te sacaré los ojos con mis uñas y después le diré a mi papá que demande a tu madre por malas prácticas.”
Se fue contoneando sus caderas por todo el pasillo hasta llegar a su siguiente clase.
Taylor pensó: si escucho como interrumpen de nuevo un discurso político, yo misma me sacaré los ojos.
Lesen Sie weiter in der vollständigen Ausgabe!
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